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Asunto:NoticiasdelCeHu 535/11 - El mundo del turismo y la metamorfosis de la realidad
Fecha:Lunes, 30 de Mayo, 2011  01:32:13 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 535/11
 
El mundo del turismo y la metamorfosis de la realidad
 
Alfredo César Dachary

 

Los viejos pensadores de la primera mitad del siglo XX y parte de la segunda, basados en un marco creado por la sociedad industrial o era de la industria, creían que los servicios eran algo complementario de la industria ya que no aportaban un producto, fruto de la transformación de materias primas.

Esa realidad, como todas las que nos toca creer que son eternas, tiene una vida corta, ya que es una construcción social adecuada al momento histórico de su definición, el cual va cambiando cada vez más rápidamente, haciendo que la propia realidad se considere un producto de “vida útil programada”.

El turismo es una industria que opera a través de servicios; mucho se ha hablado de la industria del turismo pero más en referencia a la era industrial, al extremo de aplicar por analogía comparativa la pobre definición de “industria sin chimeneas”, hoy considerado no sólo algo erróneo sino “ideológico”.

El turismo es una gran industria y su materia prima es muy compleja, ya que como industria tiene muchos productos y muchos procesos combinados, todos integrados a una sola realidad que es la que da como referencia sus características: el desarrollo capitalista hoy en su versión global.

Las materias primas que procesa esta industria son de tres grandes grupos: las vinculadas a los imaginarios de la gente, o sea, a las ideas, aspiraciones, sueños de cada uno y los propios de cada sociedad, que van cambiando acorde se va transformando la misma; éste como primer y complejo yacimiento de materias primas, que hoy lo comparte con el mayor imaginario - meta de la sociedad en el planeta: el consumo.

El segundo gran yacimiento de materias primas a transformar es la realidad que nos rodea, en la que vivimos nosotros u otros grupos humanos; esta realidad es la tierra donde se siembra y extraen los productos del turismo, por ello ésta debe ser transformada para que genere frutos.

Hace dos o tres décadas, estas dos realidades eran consideradas como algo etéreo, ideas; hoy, son productos. Facebook, la fábrica de soberbia para unos y la mejor fuente de información para el crimen organizado, la mercadotecnia y los agentes de guerras asimétricas, es un ejemplo típico de algo que se crea para una función y sirve para muchas a la vez, pero dentro de una lógica de un tiempo histórico.

El hombre es hoy la principal materia prima de la industria más grande del planeta: el consumo de antidepresivos y antiansiolíticos, disfrazados de curas mágicas, que van desde lograr la perfecta salud a la eterna, pasando por la belleza, el cuerpo perfecto y la inteligencia absoluta, todas mentiras  para que el producto siga siendo consumido por este “nuevo hombre” que quiere ser eterno, bello y figurar en donde pueda.

Con el humano como principal materia prima, el turismo encontró competencia en su yacimiento, por ello se suma y crea el turismo de salud, el turismo de contemplación, los SPA en cruceros, lugares de descanso de la mente, y una larga serie de ideas que sintetizan las aspiración del sujeto de hoy.

Todos queremos figurar, todos queremos que nos escuchen, la sociedad de consumo nos lleva a que nos exhibamos con tal de tener un poco de atención, todos somos líderes, aunque sea en la casa o en la imaginación, los espacios son flexibles.

El turismo es uno de los modelos que asume el capitalismo y más en la era actual que va más allá de la venta de algo, se trata del control de los sujetos, hacerlos “adictos” a este consumo, que va de acuerdo con la nueva sociedad, viajar y no subir todas las fotos al Facebook es imposible, y hoy lo hacen todos, antes ese “honor” era para los importantes, los que aparecían en las páginas de sociales entrevistados en aeropuerto sobre su viaje, hoy es un “derecho” de todos, se socializa la exhibición y se populariza la idiotez.

El sujeto tiene una metamorfosis; hace medio siglo salía de vacaciones, de preferencia por un mes con toda la familia, era un derecho de pocos, los que no podían hacerlo mandaban sus hijos de viaje a visitar unos parientes, para que puedan contar algo al retornar a la escuela.

Hoy eso ha desaparecido; todos viajan, se socializó el consumo, en autobús desde su pueblo un grupo de vecinos, hasta de su ciudad un grupo de gringos, igual de clase media pero “gueros” llegan también en “grupo” al todo incluido, una semana viviendo como lo que no son, la gran metamorfosis del turismo.

Al igual que en los cuentos, por una semana son señores, atendidos, recibidos con sonrisas, donde lo que piden es ley, donde pueden ver por debajo de su hombro a los que sirven, con el consuelo que esa semana son superiores, están en otra dimensión, han sufrido una metamorfosis.

Lo mismo ocurre con el resto de la realidad; ayer era un pueblo de pescadores pobres al que nadie se acercaba, salvo algún vagabundo que esté recorriendo las carreteras hasta llegar al día de mañana, pero eso cambia; el viejo poblado es “descubierto” por el progreso y se transforma en un lugar mágico.

Cortar cocos, tarea diaria para hacer agua y leche o aceite, era una tarea pesada, de golpe es un atractivo turístico; salir a la mar una necesidad pero de repente se transforma en un placer; las casas modestas se ocultan hasta que llega un persona, antropóloga por afición, y cree descubrir el “paraíso” y así la casa, como en el cuento de Blanca Nieves, se transforma en un atractivo lugar donde el tiempo se ha detenido.

El pueblo abandonado se transforma primero en atractivo, luego en lugar de especulación y los nuevos amos del progreso reparten dinero, con la única condición que se vayan más adentro, que formen parte de un nuevo paisaje junto a la naturaleza y dejen las playas a los nuevos descubridores.

Esta es una segunda metamorfosis, de una industria que transforma todo desde la mente al cuerpo, desde los intereses a las inversiones; el hombre consumo se debe meter en el turismo como en Facebook, para poder figurar, viajar por cortos tiempos y así poder decir que es un sujeto globalizado, total todo es en cuotas y la tarjeta aguanta.

El nuevo turismo, el del mundo global, es una gran caja de sorpresas, se puede llegar a todos los lugares, el costo a veces es alto, pero al hombre que olvidó el ahorro por ser algo obsoleto y a la prevención, porque hay que hay vivir el presente porque el futuro es incierto, no le preocupa, vive otra adrenalina diferente: pagar la tarjeta a fin de mes.

Ayer, las grandes industrias como Krupp, construían trenes, locomotoras, grandes infraestructuras; hoy desde un lugar pequeño un sujeto, con una computadora en Internet, vende el mundo, no tiene más que entrar al mercado de la imaginación y allí buscar los niveles de soberbia, las ansias de querer ser algo diferente por un corto tiempo, para hacer un buen negocio.

El mundo ha cambiado, el turismo más, antes se llegaba al aeropuerto de traje y corbata, hoy de short y tenis, todo se des-ritualizó, porque nuevamente se re-ritualizó, esta vez se dejó a un costado las formas para llegar al fondo, buscando la necesidad narcisista del hombre que es nada en medio de todo.

“La metamorfosis”, un libro clásico de un hombre excepcional como Kafka escrito a comienzos del siglo XX adelantaba este proceso, que medio siglo después Guy Debord, completaba con “La sociedad del espectáculo”, eran los anticipos de una nueva realidad, el canibalismo del hombre por el hombre por una sola meta: el consumo.

La metamorfosis del turismo es la de la sociedad. No hay industrias sin humos ni viajes por paz; no es el camino para conocernos o conocer más; es un proceso de consumo más en el mundo mágico del capitalismo global.

alfredocesar7@yahoo.com.mx


 

 





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