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Asunto:NoticiasdelCeHu 479/11 - VIAJANDO: A Honduras por el CLAG
Fecha:Sabado, 14 de Mayo, 2011  19:21:51 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 479/11
 

 

 

A Honduras por el CLAG

 

A fines del ’95, en una cartelera de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, vi un afiche que anunciaba una Reunión del CLAG (Conferencia de Geógrafos Latinoamericanistas), en Tegucigalpa, para los primeros días del mes de enero. Realmente me interesó muchísimo, en primer lugar para interiorizarme sobre las temáticas que se estaban tratando en esa organización, y además para conocer algo de Centroamérica.

Piénsese que en el ’95, las comunicaciones por correo electrónico eran muy limitadas y que prácticamente no aparecían direcciones de internet en este tipo de eventos. Por lo que tomé el único número de teléfono que figuraba como referencia. Y llamé. Pero ese número resultó ser el del hotel donde se realizaría la reunión, por lo que el conserje no tenía idea de las condiciones de presentación ni de ningún tipo de inscripción, por lo que me dio el teléfono del Ministerio de Educación de Honduras, que aparecía como patrocinante.

Llamé al Ministerio de Educación. Me atendieron en Secretaría Privada y me dijeron que para averiguar algo sobre ese congreso, debía hablar con la ministra. “¡¿Con la ministra, para preguntar por un congreso?! – dije yo. “Sí, sí…, ella no se encuentra porque vive en Miami y viene solo cuando hay reuniones de gabinete. Así que le paso el teléfono de la casa”, me respondieron del otro lado del teléfono. “¡¿Cómo voy a llamar a una ministra a la casa?!”, respondí. “Claro que sí, ella atiende a todos desde Miami. El teléfono es…” ¡No lo podía creer! Todo me era insólito. Que una persona miembro del gobierno de un país residiera en otro, y que atendiera sus obligaciones públicas en su casa. Era como que nuestros funcionarios vivieran en forma permanente en Punta del Este.

Me parecía tan desubicado hacer ese llamado como en Ushuaia cuando las mamás no acordaban con la maestra en el Jardín de Infantes e iban a hablar con el Ministro de Educación, o como en algunas universidades privadas argentinas donde los alumnos aplazados piden una entrevista con el Rector. Pero en esta oportunidad, no tenía otra opción…

Y llamé a Miami. Alguien me atendió en inglés. También en inglés le expliqué que hablaba desde Argentina y que necesitaba hablar con la Ministra. Entonces, mi interlocutora me explicó, ahora en español, que ella era la empleada doméstica, y que su patrona había salido de compras. Pero que le dijera la razón del llamado porque tal vez me pudiera resolver el problema sin necesidad de que volviera a llamar más tarde. Y así fue. Me dijo que el Coordinador de la reunión del CLAG era el Prof. William Davidson, de la Lousiana State University, y me pasó el teléfono. Ya todo esto nos daba una pauta de que con qué tipo de país nos encontraríamos.

Me comuniqué con el Prof. Davidson. Muy amablemente me puso al tanto de que ya estaba cerrada la admisión de ponencias, pero aceptó darnos un espacio para la presentación de MERIDIANO.

Y allí con Omar Gejo nos pusimos en campaña para resolver cuestiones del viaje. Primeramente fuimos a la Embajada de Honduras en Buenos Aires para averiguar temas de documentación. La Embajada era solo un departamento de un edificio común, y allí nos atendió la Agregada Cultural, quien con sus propias manos nos sirvió un té con masitas mientras le explicábamos los motivos del viaje. No había nadie más en el lugar. La charla se prolongó por espacio de dos horas. Nos mostró en un mapa los campos de propiedad de su familia y nos dijo que le gustaba mucho vivir en Buenos Aires, pero que se sentía muy aburrida porque nunca iba nadie a preguntarle nada. Por lo tanto, cuando volviéramos fuéramos a contarle el viaje. Era lógico que no se la consultara, porque además de que prácticamente nadie va desde Argentina a Honduras, ella no tenía casi folletería ni información. Uno de los pocos datos que obtuvimos era que debíamos ir por LACSA (Líneas Aéreas Costarricenses S. A.), pero que no operaba desde Buenos Aires sino de Santiago de Chile.

Como el evento comenzaba el 2 de enero, debíamos viajar antes de fin de año. Salimos de Buenos Aires después de Navidad rumbo a Santiago de Chile por el Pullman del Sur. Cualquier pretexto era bueno para volver a cruzar la Cordillera. Es otro de los lugares recurrentes en mis desplazamientos. En cada estación del año, se la ve distinta. Es imponente, majestuosa, indescriptible…

Y el 29 de diciembre desde Santiago tomamos el avión de LACSA. Al recorrer el aeropuerto Merino Benítez en los micros que van hasta la escalerita del avión, que sin duda estaba muy lejos, lo que me sorprendió desfavorablemente, fue que los mejores lugares no correspondían a las aeronaves de LAN (empresa chilena), como era de esperar, sino a las de American Airlines (empresa norteamericana), dando la idea de que ese era el patrón de la estancia.

En esa época casi todas las empresas aéreas tenían un sector para fumadores y LAN era una de ellas, pero no se podía fumar mientras sobrevolara territorio chileno.  Así que en cuanto entramos en territorio peruano, el avión se llenó de humo, para nuestro pesar. Sobrevolamos el Pacífico, justo sobre la corriente de Humboldt, por lo que las condiciones meteorológicas fueron óptimas y desde la ventanilla podíamos ver toda la Cordillera en vista panorámica, el puerto de El Callao, pueblos de Ecuador, el Chimborazo, y con todo detalle el Canal de Panamá con los barcos que desde la altura parecían de juguete.

 Hicimos una corta escala en la Ciudad de Panamá para que bajaran algunos pasajeros y subieran muchos paquetes. Se notaba que hacía calor y todos los que cargaban al hombro los bultos, eran negros.

Continuamos a San José, donde cambiaríamos de avión. Era alrededor de las tres de la tarde. La temperatura estaba en ascenso, por lo que nos convidaban con limonada con mucho hielo picado. La combinación se demoraba más de lo establecido. Nos dijeron que se había roto el asiento del piloto y que si no conseguían repararlo antes de las cinco de la tarde, el vuelo se pospondría para el día siguiente. A nosotros nos pareció ridículo, pero después entendimos las razones. A las seis de la tarde se hacía de noche y el aeropuerto de Tegucigalpa no tenía luz.

La entrada a Tegucigalpa es muy peligrosa. Se hace en tirabuzón por estar rodeada de montañas y la seguridad no es lo que la destaca. Todo era manual, inclusive el retiro del equipaje. Muchas personas se abalanzaban sobre nosotros ofreciendo cambio de moneda, transportes, hoteles… Tomamos un coche que nos pareció bastante seguro y nos hospedamos en un hotel de categoría intermedia, cómodo, bonito, pero un poco alejado del Centro. Allí había un congreso religioso por lo que cantaban y oraban durante todo el día, lo que nos resultaba un tanto pesado, en especial si queríamos leer en el lobby o en el jardín.

Para desplazarnos debíamos tomar taxis que solían estar bastante destartalados, y al recorrer la ciudad, pudimos ver que se trata de una enorme villa miseria, una mezcla de los peores lugares de Bolivia y Paraguay, que trepa por los cerros, con una pequeña franja de lujo en el sector más bajo. Y en ese lugar se llevaría a cabo nuestra reunión.

William Davidson nos recomendó el hotel donde él se alojaba parte del año para hacer sus trabajos de investigación, que era de inferior categoría del que estábamos, pero desde donde podíamos ir caminando hasta el lugar del evento. Y luego nos invitó a cenar. Nos propuso hacerlo a las seis de la tarde, pero era demasiado temprano para nosotros, por lo que aceptamos, con sacrificio de ambas partes, a las siete y media. Davidson resultó ser una persona muy agradable y con mucha experiencia de investigación en América Central, por lo que la charla se prolongó como hasta las diez de la noche.

El 31 de diciembre salimos a recorrer Tegucigalpa, y nada mejoró nuestra primera impresión. Durante el día fuimos conociendo a los otros participantes, que si bien los había latinoamericanos y europeos, la mayoría eran norteamericanos. Nos sorprendió la escasa participación femenina entre los ponentes y que los norteamericanos vinieran con sus esposas, lo que es poco frecuente en los eventos de latinoamericanos. Allí conocimos a William Crowley (EEUU), David Robinson (inglés radicado en EEUU), César Caviedes (chileno radicado en EEUU), Álvaro Sánchez Crispín (México), Noé Pineda Portillo (Honduras), Jaime Incer (Nicaragua), Pascal Girot (francés radicado en Costa Rica), Hildegardo Córdova Aguilar (Perú), Christoph Stadel (Austria), Xavier Paunero i Amigo (España) y María Teresa Ayllón (española que luego permanecería un largo tiempo en México), entre otros.

Iba a ser el primer Año Nuevo que pasaríamos lejos de nuestras familias, por lo que consultamos qué haríamos a la noche, ya que ellos acostumbraban a cenar temprano y nosotros, muy tarde. Dijeron que por ser la noche de Fin de Año, iríamos a comer todos juntos más tarde.

Llamamos por teléfono a nuestras casas y nos vino la melancolía. Todas las veces que viajo extraño mucho a mi familia, pero esa fue la peor de todas.

Así que cenamos a las ocho y media en un restorán chino. Es interesante cómo el chop suey estaba adaptado a las costumbres hondureñas, con chile y frijolitos. Luego brindamos con gaseosas, nos deseamos “Happy New Year", ¡y rápidamente a las diez, se habían ido todos a dormir! En el hotel cerraron las puertas con las típicas cortinas metálicas y montones de cadenas y candados. Porque en la calle solo había algunas barras tirando petardos y rompeportones de lo más potentes, y eso era todo el festejo. Con Teresa y Omar, me quedé mirando por televisión los festejos de todo el mundo. Y cuando pasaron los de Argentina, me largué a llorar sin parar.

La reunión del CLAG fue muy interesante, a pesar de la disparidad de las ponencias, cuyo tratamiento respondía a paradigmas muy diferentes entre sí, muchos de ellos muy antropológicos más que geográficos o demasiado acotados. Sus miembros se plantearon hablar en español todo lo que les fuera posible, tanto por las temáticas tratadas como por respeto a los latinoamericanos. Presentamos nuestra Revista y algunos colegas pasaron a formar parte del Comité Editorial.

Hubo varias salidas de campo a las áreas rurales y todo terminó con una gran cena donde se otorgaron distinciones tanto a los veteranos como a estudiantes destacados.

 

 

Ana María Liberali

 

 

 





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