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Asunto:NoticiasdelCeHu 467/11 - VIAJANDO: ¡¿Otra vez a Chile?!
Fecha:Miercoles, 11 de Mayo, 2011  02:53:57 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 467/11
 

 

 

¡¿Otra vez a Chile?!

 

“¡¿Otra vez a Chile?!” – es lo que expresaron mis hijos cuando les anuncié el destino de las vacaciones de febrero del ’95. Y fue así como vinieron solamente los más chicos: Enrique (13), Joaquín (10) y Martín (4).

Volvimos a tomar el Pullman del Sur, cruzamos la majestuosa Cordillera de la que nunca nos cansamos, llegamos a Santiago y con el Tur Bus, fuimos directamente a Arica. Allí estuvimos muy contentos en la playa, y seguros por el tamaño de la ciudad que no ofrecía peligros, ¡y tranquilos porque no iba a llover!

Todos los días íbamos en colectivo desde el hotel a la playa La Lisera, que es de aguas bastante tranquilas, ideal para los chicos. Se denomina así porque pueden verse saltar las lisas desde la costa.

Y después de una semana, bajamos a Antofagasta. Pero el ambiente era otro. De hecho, que en la playa del Centro, mientras fuimos al agua, se llevaron las zapatillas de los chicos.

Otro día fuimos a conocer la localidad de Mejillones, que en ese momento era un pequeño puerto de pescadores, y allí disfrutaron de los frutos del mar, y luego, ¡a los juegos!

 

 

 

 

Enrique y Martín con Joaquín, en la localidad de Mejillones.

 

 

Lo que ellos no sabían era que tomaríamos un micro que nos llevaría a Jujuy. La intención era conocer el Paso de Jama, que se había inaugurado cuatro años antes. Se trataba de un trayecto a gran altura (4200m), pero más rectilíneo que otros pasos cordilleranos.

Salimos de Antofagasta bien temprano y al llegar a Pedro de Atacama, nos bajamos para que nos sirvieran la comida. Lo que nadie nos dijo era que casi en forma inmediata íbamos a comenzar con el ascenso.

Pusieron una película: El Rey León. El sonido estaba altísimo. El micro comenzó a subir repentinamente. El sol nos daba en la cara. El paisaje, increíble. Pasábamos cerca de los conos volcánicos. Pero mi cabeza estallaba y no lo podía disfrutar. Enrique se durmió, pero Joaquín y Martín comenzaron a vomitar y no los podíamos parar. A mucha gente le pasó lo mismo. Ese micro no llevaba tubos de oxígeno…

Al llegar a la localidad de Susques, en que estaba el control argentino, empecé a vomitar yo también. ¡Un desastre!

Pese a la situación en que nos encontrábamos, alcancé a ver los cambios producidos en Susques respecto de seis años atrás, en que había estado por primera vez. En esa ocasión no había casi víveres. Nadie nos había querido vender comida para no desabastecer al pueblo. El combustible estaba en manos de una persona que lo llevaba en un tambor y se lo vendía a quien él quería y a cualquier precio. No había médicos y el maestro atendía los partos como podía. La mortalidad infantil era elevadísima. Y ahora, solo por ser lugar de paso, con las migajas de tantos vehículos, la situación había mejorado sustancialmente. Aunque se había aculturado, claro.

A medida que íbamos perdiendo altura rumbo a Purmamarca, nuestros organismos se fueron componiendo. Y de allí nos dirigimos a Tilcara, donde nos quedamos para vivir el carnaval jujeño que es uno de los más divertidos del país. Con harina y agua, jugamos una semana entera.

Y al querer volver a Buenos Aires, por una típica lluvia de verano, en la Quebrada se cortaron los caminos, y quedamos varados sin poder viajar. En realidad, no nos preocupamos demasiado. Yo avisé que faltaría a los exámenes, y muy  tranquilos, al mejor estilo colla, disfrutamos unos días más.

 

 

Ana María Liberali