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Asunto:NoticiasdelCeHu 365/11 - VIAJANDO: Baile sobre el Atlántico…
Fecha:Domingo, 10 de Abril, 2011  02:33:27 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 365/11
 

 

 

Baile sobre el Atlántico…

 

Martes 13 de agosto. Gracias a la superstición de otros, conseguimos pasaje desde Europa a Sudamérica en temporada alta. En el Aeropuerto de Schipol (Amsterdam, Holanda), nos encontramos con Witold Wilcynski, geógrafo de Polonia a quien habíamos conocido durante el Congreso en La Haya. Nos sacamos fotos y nos despedimos con la intención de realizar alguna actividad de conjunto. Él tenía una concepción de lo que debía enseñarse en los programas de Geografía de la escuela, muy similar a la del Centro Humboldt.

Bien temprano por la aerolínea holandesa KLM salimos rumbo a Zúrich, donde de manera inmediata tomamos el avión de VASP con el que cruzaríamos el Atlántico, pero esta vez de día.

No solo que no habíamos conseguido ventanilla sino que nos tocaron los asientos del medio, que son los que menos nos gustan. Yo siempre quiero la ventanilla. Si es de día saco fotos, aunque sea a las nubes; y si es de noche, apoyo allí mi almohadita y duermo como en mi cama.

Al mediodía pasó la azafata preguntando si preferíamos “frango o peixe” (pollo o pescado), pero como los primeros consultados eligieron pollo, se terminaron las porciones y todos los que no comemos pescado, nos quedamos sin almuerzo. No solo que no había otra cosa en el almuerzo, sino que eso era lo único que servirían en todo el trayecto. Pero el consumo de bebida era libre, incluida la alcohólica, y en eso no ponían límites. Tomé varios jugos, leí todo lo que tenía conmigo, pero el vuelo se estaba tornando demasiado aburrido…

Cerca de nosotros había un grupo de brasileras jovencitas, con buenas formas y poca ropa. Detrás de ellas se ubicaba un grupo de italianos maduros que las piropeaban permanentemente y les hacían chistes. Tanto unas como otros habían comido poco y comenzaron a tomar cerveza y continuaron con caipiriña y otras bebidas por el estilo, ¡agua jamás! Y cuando estábamos en la mitad del Atlántico comenzaron a pararse y bailar en los pasillos del avión, hasta hicieron un trencito e invitaban a sumarse a los demás, yendo de un lado a otro. Cuando algunos pasajeros se quejaron, las azafatas trataron de que fueran a sus asientos, pero no lo lograron. Seguido a esto comenzaron a cantar. Las garotas, canciones de Roberto Carlos y ellos las de Eros Ramazzotti. Pero después de un rato, ampliaron el repertorio y cantaron hasta tangos, mientras seguían tomando.

Estábamos llegando a la costa brasileña y el “show” continuaba. Ya teníamos que aterrizar en Recife, y cuando tanto las azafatas como el comisario de a bordo los obligaron a sentarse, se pusieron a llorar y se volvieron a parar tratando de abrazar a los demás pasajeros…, incluidos nosotros. El avión comenzó a dar vueltas sobre el aeropuerto porque en esas condiciones no podía bajar… No sé si por el movimiento o por la etapa lógica de la borrachera, llegó la hora de los vómitos, tras lo cual fueron a sentarse y pudimos hacer la escala prevista. Como era de esperar, en el tramo Recife – Sao Paulo, estaban todos dormidos.

Bajamos en Sao Paulo y al cambiar de avión, me “perdieron” el carrito con rueditas donde apoyaba un bolso lleno de pesados libros. ¡Lo que fue cargar con eso por todos los pasillos!

Debo reconocer que la vuelta no fue para nada aburrida, pero tal vez deba hacer caso a los supersticiosos, porque todo esto ocurrió a lo largo del día martes 13.

 

 

Ana María Liberali