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Asunto:NoticiasdelCeHu 320/11 - VIAJANDO: De Posadas a Foz do Iguaçu
Fecha:Viernes, 1 de Abril, 2011  13:13:34 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 320/11
 

 

 

De Posadas a Foz do Iguaçu

 

A fines de febrero del ’75, Roberto (Benítez) y yo recorrimos la provincia de Misiones con el fin de buscar posibilidades de trabajo en relación con nuestra carrera, ya que en Buenos Aires era prácticamente imposible.

Al cabo de unos días de visitar diferentes reparticiones en Posadas y hacer algunos contactos, partimos a dedo por la ruta 12, rumbo a Cataratas.

Como nos aconsejaran quienes ya lo habían hecho, nos paramos en la garita de salida de la ciudad, desde donde rápidamente un viajante nos llevó en su auto hasta San Ignacio.

Visitamos las ruinas jesuíticas y la casa de Horacio Quiroga, y después del almuerzo, caminamos hasta la ruta y comenzamos a hacer dedo, sin ningún tipo de refugio cerca.

La temperatura ambiente rondaba los 42ºC, pero nosotros al rayo del sol, estábamos soportando algunos grados más. Además, en la banquina había pequeños orificios desde donde se oían suaves silbiditos y cada tanto veíamos alguna viborita aplastada en el medio de la carretera.

Al cabo de un largo rato, un camionero que iba a Puerto Iguazú, con el fin de no aburrirse en el camino, nos dejó en nuestro destino.

Ese camino con banquinas de tierra colorada en contraste con el verde intenso de árboles y plantas, y con suaves ondulaciones, me parece hermosísimo.

Permanecimos varios días caminando por Puerto Iguazú, recorriendo las Cataratas y una tarde, antes de regresar, decidimos cruzar a Brasil.

En ese momento, la única manera de hacerlo era a través de una pequeña embarcación, tipo bote, previamente presentando la documentación en Gendarmería y haciendo aduana. Como era la hora de la siesta, prácticamente nosotros éramos los únicos que queríamos cruzar. Así que nos presentamos en la oficina correspondiente, y el gendarme, quien estaba tomando tereré (mate frío), mientras sus compañeros dormían ante nuestra vista, para que no los molestáramos, sin mirar siquiera las cédulas, nos dio un cartón de pase permanente. Ese permiso es lo que se les entrega, previo diferentes trámites, a quienes trabajan de un lado u otro de la frontera. Así que nosotros podíamos entrar y salir cuantas veces quisiéramos.

Al llegar a la ribera brasilera del río Iguazú, en Porto Meira, había un ómnibus esperando para llevarnos hasta Foz do Iguaçu. Nunca nadie nos pidió papeles, ni siquiera tuvimos que mostrar el cartoncito.

Foz do Iguaçu en ese momento era muy pequeña y carecía de gran cantidad de servicios, por lo que la mayor parte de la gente hacía sus compras del lado argentino. La edificación era bastante precaria y el ambiente social muy tenso.

Tal cual en Misiones, la inmigración alemana había sido muy fuerte, y por eso podíamos ver gente con características étnicas muy particulares. Por ejemplo, negros con ojos azules, o bien rubios con rasgos afroides. Un verdadero crisol.

Con el idioma, ningún problema, ya que como en casi todo el sur de Brasil, se habla en portuñol. Tampoco hubo inconvenientes con el cambio porque se aceptaban tanto dólares como las tres monedas de la frontera sin distinción. Pero la ciudad no tenía demasiados atractivos, salvo la visita a las Cataratas, que desde este sector del río, solo se ofrecía como vista panorámica. Así que al día siguiente, volvimos a cruzar el río, sin que nadie, ni de Brasil ni de Argentina, controlara absolutamente nada.

 

 

Ana María Liberali

 

 





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