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Asunto:NoticiasdelCeHu 271/03 - Trama Geográfica en las Utopías de Sarmiento
Fecha:Sabado, 5 de Abril, 2003  01:43:55 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 271/03

TRAMA GEOGRÁFICA EN LAS UTOPÍAS DE SARMIENTO

Jorge Amancio Pickenhayn
Profesor Universidad Nacional de San Juan (Argentina)


Trama geográfica en las utopías de Sarmiento (Resumen)

Domingo F. Sarmiento, escritor, político y educador argentino del Siglo XIX, dejó una profunda huella en el ideario americano. Su pensamiento influyó en la historia y el paisaje de su tiempo. En el presente trabajo se muestran las facetas de su obra vinculadas con la geografía , particularmente en algunos escritos tempranos, como Facundo, Argirópolis o Recuerdos de Provincia y otros producidos al final de su vida, como los que se agruparon bajo el sugerente título Por el camino del Lacio.

Palabras clave: Sarmiento/Argentina/utopías



Geographical frame in Sarmiento's utopies (Abstract)

Domingo F. Sarmiento, born in Argentina in the XIX Century, was a writer, politician and educator who left a deep trace in the american ideals. His thoughts had an influence in the histori and lanscape of his time. The present paper shows the facets of his work,which are related to Geography, namely his early books Facundo, Argirópolis and Recuerdos de Provincia; and other late productions grouped under the suggestive title : Por el camino del Lacio.

Key words: Sarmiento/Argentine/utopies


Domingo Faustino Sarmiento nació en San Juan, provincia de la región de Cuyo, en 1811, época en que la Argentina comenzaba su proceso independentista. Autodidacta y lector fervoroso, desarrolló su carrera turbulenta alternando tres perfiles fundamentales: el de educador, el de político y el de escritor. Considerado en su tierra como uno de los próceres más relevantes, su figura es controvertida y polémica. Unitario por elección, fue el más enconado adversario de Juan Manuel de Rosas, líder del partido federal y gobernador de Buenos Aires. Fundador de escuelas, periodista sagaz y viajero, Sarmiento ocupó diversos cargos públicos en la Confederación Argentina, entre ellos el de Gobernador de la Provincia de San Juan, Senador Nacional y Presidente de la República. Entre sus obras más reconocidas pueden citarse Facundo, o Civilización y Barbarie, Educación Popular y Recuerdos de Provincia. Falleció en Paraguay en 1888. Sus obras completas, utilizadas en el presente trabajo -que vincula dos escritos anteriores publicados por la Universidad Nacional de San Juan (Jorge Pickenhayn, 1988 a y b)- fueron recopiladas por su nieto, Belín Sarmiento, en 53 volúmenes.

 

Civilización o barbarie

Argentina: país de la Modernidad que estuvo signado en su historia por una pertinaz metáfora geográfica.La contradicción de sus paisajes formales -llanura y montaña-, de sus ecosistemas -selva y desierto- y aún de sus estructuras funcionales -ciudad y campo-, trocaron en contradicciones aún más profundas, inspiradas en la geografía del comportamiento. Lejos de imaginar un determinismo avieso, Daus alguna vez prefiguró estas diferencias internándose en la psicología social de aquellas áreas culturales del país que, sumidas en un aislamiento tenaz, definieron un tipo de comportamiento popular basado en un confinamiento casi hermético.

"En su convivencia decantada con el medio geográfico, el hombre adquiere una noción perceptiva, con la cual se forma una imagen que es su concepción válida del medio vivido, pero que no es, necesariamente, la del medio real" (Federico Daus: 1976: 63)

Aún cuando pueda ponerse en discusión el acierto del término real, atribuido aquí al dudoso mundo de los datos objetivos, hay en este párrafo una idea generadora, suspicazmente reiterada entre los analistas de la compleja historia social de los argentinos: el asilamiento moviliza una forma de percepción -que luego se transforma en conducta- refractaria a las innovaciones que pudieran llegar del exterior.

Civilización o barbarie. Ésta fue la opción que, hace más de cien años, le propusiera Sarmiento a su generación, dando origen a una polémica que no termina aún de resolverse, tanto en el campo de las letras, como en la vida cotidiana. Argentina se debate en su metáfora geográfica casi sin solución de continuidad, y no es sencillo comprender los pormenores de la opción. No es fácil porque los estereotipos de Sarmiento tienen muchos matices que hace falta conocer para lograr una interpretación cabal.

Cabría preguntarse en qué medida estos estereotipos se alimentan del paisaje. Baste, para responder, que tratemos de evocar la geografía histórica de los ámbitos rurales, alejados de Buenos Aires, los cuales, en el Siglo XIX, tuvieron que hacerse cargo de una pesada responsabilidad: marcar el comienzo de una confederación de individualidades que habría de integrarse en un conjunto políticamente estable. Las identidades regionales se diferenciaban por el peso de dos factores. Población y producción, fueron asociándose a los ambientes de montaña, selva, bosque, monte o llanura en cada espacio particular, aunque repitiendo una fórmula de aislamiento.

En cada sitio los contactos escasos fueron alentando una autonomía creciente, donde los hombres se acostumbraron a no depender de ninguna forma externa de organización. Los productos se movían en circuitos estrictamente limitados por las posibilidades de circulación que cada espacio podía brindar.

Dentro de este esquema se desarrollaron las estrategias políticas del federalismo, refractarias a todo proceso de dependencia que pudiera generar la influencia innovadora de la metrópoli.

Sarmiento, enrolado en una militancia unitaria, contraria a estas concepciones, hizo del progreso un camino para romper las barreras geográficas que, de la mano de la ignorancia, impedían la necesaria difusión de las innovaciones a partir de una política basada en la conexión como instrumento de apertura contra el aislamiento del interior del país.

En esta problemática la geografía maneja algunas claves, y esto es lo que avizoró Sarmiento. Por eso nos adentramos en algunos aspectos de su obra Bprecisamente aquellos que se relacionan con la geografíaB para tratar de desentrañar algunas facetas principales de su pensamiento.

 

La ruta del Lacio

Virgilio describe, en La Eneida, uno de los móviles más caros de la Antigüedad. Inspirado por los dioses, el héroe emprende el más excelso de los trabajos: conducir a sus hombres a la conquista de la Tierra Prometida. Para ello está dispuesto a someterse -y en esto se repite una leyenda como la de Moisés- a los mayores sacrificios.

"Troya te confía sus objetos sagrados -dice Héctor a Eneas desde ultratumba-; busca para ellos nuevas murallas, que fundarás, grandes por fin, después de andar errante mucho tiempo por los mares." La Eneida, Libro II

Para Eneas, jefe de quienes habrían de asumir la representación del poderío romano como líderes de una civilización naciente, la promesa de un espacio de asentamiento, tiene un doble sentido: vale por su imagen ideal, como trofeo que siempre esta allí pero nunca se alcanza, y vale además por el atractivo que ofrece todo aquello que ha de vencerse para imponer un orden nuevo y, por añadidura, mejor.

"lleva a Italia la flor de tus guerreros -le aconseja Anquises- los corazones más esforzados, pues -son designios de Júpiter- tienes que doblegar en el Lacio a una gente inculta y brava." La Eneida, Libro V

La parábola territorial del Lacio muestra, en versión clásica, que las utopías no son sólo buscadas por los hombres como forma de materializar un sueño, una meta. También, a la inversa, es la utopía quien busca a sus seguidores, como forma de concretar un ideal que no necesariamente es inalcanzable.

"Entonces el mismo dios de aquellos sitios, el Tíber, se apareció a Eneas en la figura de un anciano, entre los frondosos álamos de la ribera, y, (...) le habló así, sosegando su espíritu con estas palabras: (...) '(Oh tú, esperado en el suelo de Laurento y en los campos latinos! Aquí encontrarás segura morada y seguros pensantes.' " La Eneida, Libro VIII

 

El progresista

El camino del Lacio fue la parábola utilizada por Sarmiento para explicar el compromiso personal que había asumido con esa Argentina americana que pocos de sus contemporáneos avizoraron.

Estimó necesario que el instrumento de comparación resultase lejano, casi inalcanzable. Por eso eligió el clásico de Virgilio para proyectarse en su ejemplo. Siguiendo empero una costumbre propia, no tuvo paciencia para aguardar que alguien entendiese su juego literario. Por el Lacio, ése que Eneas prometía a sus troyanos cada vez que el desencanto se adueñaba de sus campamentos, Sarmiento usaba la idea de progreso. Se trata de una fuerza automática, pero, con optimismo, puede hacérsela funcionar como una meta.

En todo se parece esta construcción hacia el futuro, a las utopías que tentaron a tantos escritores de la época... En todo menos en los resultados, porque el progreso es incentivo y esperanza.

Sarmiento casi ha desaparecido a la sombra de sus exégetas. Cada vez resulta más difícil separar la paja del trigo: lo que opinan que era de lo que él mismo hubiera estado dispuesto a suscribir sinceramente, respecto de sí. Es en este último plano, el perfil más rico de su docta biografía, desde donde pretendemos comenzar a ahondar.

Eneas usaba el Lacio como meta de su senda olímpica. Ningún esfuerzo es vano si lo enmarca el horizonte de alguna esperanza materializable. La tierra proyectada hacia el progreso: he aquí el sino de la conducta de Sarmiento. Muy útil resultará, en este intento por develar algunas premisas geográficas suyas, que conozcamos mejor esta conducta peregrina y progresista, inmersa dentro de un proceso histórico bien definido.

Hay varios Sarmientos, concluyen quienes tratan hoy de definir su biografía recurriendo a la lectura cronológica de sus obras. Muchos otros Sarmientos habrán descubierto quienes lo vieron actuar y reaccionar. Por lo pronto, y como claramente lo define uno de sus analistas desde la filosofía (Daniel Zalazar, 1986), hay un perfil opuesto entre aquel autor de Facundo, folletinesco y premonitorio -en última instancia, historicista, en tanto le asigna un sentido al proyecto fatal del progreso- y el escritor mordaz del inconcluso Conflictos y armonías, donde se hace evidente un metódico positivismo. 1845 y 1883. Casi cuarenta años separan los pies de imprenta de ambas obras. Antes y después de que desarrollara su extenso período en ejercicio del poder el brigadier Juan Manuel de Rosas. En ese lapso Sarmiento tuvo ocasión de luchar y ser gobernador de su provincia, de viajar por el mundo y asumir la máxima magistratura de la nación.

En realidad, las circunstancias ecológicas de cada instante modelaron sus aciertos y desniveles. Las ideas de Sarmiento -y en esto lo superó aún a José Hernández- son ideas con paisaje. Fueron ideas imbuidas, talladas por ese ambiente multifacético que tuvo en su fuerza expresiva al instrumento propicio para prevalecer. Cada libro leído, cada lance político y, muy especialmente, cada excursión, representaron un cambio apasionado, un viraje en su ideario.

Distinguimos a esta altura, como premisas provisorias, dos planos y una constante en el Sarmiento geográfico que nos proponemos analizar.
 

  • El primer plano refleja una actitud simbiótica respecto del entorno. Siempre, detrás de cada uno de sus pensamientos renovadores, se oculta una geografía capaz de dañes impulso a conceptos y pareceres.
  • El segundo nivel no es ya el del hombre "con" la geografía sino del hombre "por y para" la geografía.


El Lacio es la constante, "el hado" de Sarmiento; porque es a través del progreso como motor evolutivo, que él logra conjugar ambos planos.

Como un científico nato, capaz de abandonar sin sentimentalismos una teoría en el mismo instante en que ésta se hace vulnerable, Sarmiento teje una red de hierro donde sólo se protege una idea central. El progreso es un verdadero axioma en su lenguaje. Como tal, posee múltiples facetas y no puede ser considerado con criterio superficial. Su noción de civilización, por ejemplo, es más compleja de lo que podría definirse en una tablilla escolar. Las universidades, en este esquema, han sido consideradas por él como un elemento retardador (Domingo F. Sarmiento, Obras Completas: Tomo XXXVII. 140-143). La república, ese concepto tan bien desarrollado en sus escritos agrupados bajo el título Las doctrinas revolucionarias, es, en cambio, un arma básica para alcanzar las transformaciones por él requeridas dentro del esquema sólido y duradero de la democracia y de la ley escrita (Sarmiento, Obras Completas: Tomo XXXIX. 222).

Simbiosis con el paisaje

"Sarmiento el soñador sigue soñándonos". Con este verso aludió Jorge Luis Borges no a él, sino a nosotros, sus personajes del futuro. Fuimos sueños alentados por una obstinada fe en el porvenir.

El episodio del debate sobre ferrocarriles en el Senado de la Nación, que tan brillantemente narrara Leopoldo Lugones, es una simple prueba de quién era el verdadero, el real destinatario de sus discursos. Cuando su colegas tomaron con sorna sus previsiones para el futuro (rápidamente cumplidas, por otra parte) gritó, furioso:

"Pido a los taquígrafos que hagan constar esta hilaridad en actas. Quiero que las generaciones venideras aprecien mi inquebrantable confianza en el progreso de mi país" (Leopoldo Lugones, 1960).

El interlocutor, sin duda, no está sentado en las bancadas de la cámara: es la posteridad. No se trata de una simple garantía para inversiones ferroviarias; son las prioridades nacionales lo que a Sarmiento le desespera.

La vida de quien constantemente atacó y recibió ataques, fue un duelo; un duelo perpetuo. Respecto de su relación con el ambiente, por lo tanto, lo primero que puede decirse de él es que fue un experto en supervivencia. Y la principal de las reglas de la supervivencia implica estar en constante transformación; no ofrecer nunca el mismo flanco.

Sarmiento fue modificando su propio medio mientras avanzaba. Así podía amoldarse a su oponente para contraatacar, siempre con renovado -y a menudo inesperado- enfoque. Ejercía además la estrategia del golpe por adelantado, la técnica de estar siempre un paso más allá.

En este contexto, se valió incontables veces de las utopías geográficas. Argirópolis, la capital insular por él concebida para los "Estados Unidos de Sudamérica", es un claro ejemplo de lo que afirmamos. Usó de las utopías, sí; pero jamás perdió la percepción clara del tiempo y el espacio propios. Mostrar sus proyectos con una fachada quimérica fue la táctica que lo caracterizaba; pero detrás de ese romántico planteo, que termina conquistando por su inocencia conmovedora, subyace siempre la muralla de hierro de sus propósitos como hombre de acción.

Ésta es su forma de plantear una polémica. Como buen gladiador, conoce el terreno y sabe cómo usarlo en su favor. La ley natural encaja perfectamente dentro de la anatomía de su discurso: todo se transforma, nada se destruye. Un incidente en la calle, el último periódico leído, las experiencias de la marcha hacia el destierro, el clásico literario memorizado en la infancia, todo sirve... Cada una de estas circunstancias puede generar puntos de apoyo convertidos por sus manos en armas letales.

Dentro de estas pautas ambientales, los rasgos geográficos fueron sus principales instrumentos: usó de los oasis cuyanos para recrear su infancia; de los ásperos llanos de La Rioja sacó la materia necesaria para construir a Facundo; del teatro de operaciones producido en la campaña del Ejército Grande hizo una plataforma política; de la isla Martín García, un Zollverein aduanero; del estado norteamericano de Iowa, un circunstancial modelo de política educativa; de las Lagunas de Guanacache, un .ejemplo teórico para explicar las influencias raciales en el Continente Americano.

Podrían seguir enumerándose ejemplos: la laguna bautizada por Sarmiento con su propio nombre (nada mejor que un topónimo para hacerse inmortal); la modificación del nombre "Fraile Muerto" por "Bell Ville" (¿Cómo va a prosperar un pueblo que se llame Fraile Muerto?); los pertinaces grabados en la roca, con los que se propuso trascender más allá de su tiempo ("On ne tue point les idées" y "Argirópolis - 1850 - Sarmiento - 1851"); el elogio al Delta del Paraná y sus carapachayos, habitantes primitivos en los que buscó infundir un nuevo género de vida basado en la producción y la industria; la visita -según parece, equivocada- a la isla elegida por Defoe para su Robinson, con el ánimo de sentirse él también un pionero; el criterio que aplicó para la distribución espacial de las escuelas, verdadero modelo premonitorio de análisis territorial.

Los rasgos que acaban de mostrarse revelan, con la evidencia de una reiteración, detectable en todas sus épocas de escritor, el ensamblaje constante entre Sarmiento y la tierra. Una geografía concreta nutre al estadista y al literato.

Este papel protagónico del medio en su acción y sus escritos no significa que pueda definírselo como determinista. El determinismo, en tanto doctrina orgánica, aún no se había desarrollado en aquellos tiempos; pero esto no puede considerarse como un argumento definitivo, y menos, aplicado a quien se adelantara en tantos campos. Es del análisis global de su obra que se desprende que no fue determinista. Si bien usó del paisaje para imprimirles mayor fuerza a sus relatos y descripciones; si bien alardeó a menudo con sentencias generalizadoras By buena muestra de ello es toda la primera parte de Civilización y barbarieB no proyectó esta concepción en cuestiones pragmáticas. Quien nunca ejerciera idolatrías, difícilmente se dejaría llevar por la fe ciega en las influencias de la naturaleza sobre la cultura. Quien acepta el progreso como meta y cree en la educación como medio para alcanzarla no puede adherir a tesis contrarias al albedrío humano... Y si algo no abandonó Sarmiento fue su constante convicción de estar pisando el camino del Lacio.

 

La condición geográfica

Debió haber sido muy difícil para un intelectual desenvolverse en el Siglo XIX, cabalgando entre el amor de Saint Simón y la moral de Owen, entre el socialismo de Marx y el positivismo de Comte, y usando como pista al evolucionismo, todavía inocente, recién avizorado por Charles Darwin. Todos estos autores, algunos tempranamente, como Marx, fueron conocidos y usados por Sarmiento.

Igualmente difícil debió haber resultado por aquel entonces ampararse en la geografía, la etnografía, la historia o la economía política, estando dentro de esa enorme encrucijada donde sólo el culto a las utopías permitía acceder a la buena senda de la moda intelectual (Frank y Fritxie Manuel, 1981).

Sarmiento actuó con astucia frente a esta difícil elección: por un lado construyó impactantes utopías, y, simultáneamente, se alió con las ciencias, empleándolas como fuente concreta de información y desarrollo técnico.

Él mismo, por ejemplo, consideraba irrealizable su proyecto de instalar una capital multinacional en el vértice del Río de la Plata. Esta solución utópica es, sin embargo, un canal de comunicación con sus contemporáneos, tan adictos al estilo de Fourier y a los magos sociales que inventaban falansterios. Simultáneamente, con otro código, emite desde Argirópolis, un mensaje completamente distinto, realista y práctico: sus instrucciones para redactar una constitución (obsérvese el momento clave -1850, prácticamente las vísperas de la Convención Constituyente de la Confederación Argentina- en que se lanzan a la opinión pública).

De todas las utopías, las que mayor utilidad le prestaron a Sarmiento fueron las que encerraban veladamente críticas concretas, por el estilo del Cándido de Voltaire, pensador coincidente con él respecto del concepto de civilización. En Conflictos y armonías de las razas en América, al criticar el sistema de colonización y -según su criterio- la falsa igualdad reinante en las reducciones jesuíticas del Paraguay, usa el siguiente argumento de inestabilidad empleado en Cándido en 1759: "los padres lo poseen todo, y el pueblo, nada".

Como puede observarse, Sarmiento se sirvió de las utopías geográficas para usar de ellas, selectivamente, aquellas partes que le interesaban concretamente. Fueron especies de catalizadores, instrumento capaces de tentar al lector y atraerlo, en forma aguda y refinada hacia definiciones prácticas.

En general, mucho se ha dudado de la erudición de Sarmiento en temas de biología y geografía. Coinciden en esto mentores y detractores. Lugones, a quien ubicamos entre los primeros, debe reconocer que "era, a decir verdad, escaso de Ciencias Naturales" (Op. cit.). Menos benevolente, observa Rivas: "Sus conocimientos geográficos tampoco justifican el profesorado. En su libro Argirópolis sitúa a la ciudad de Santa Fe en la desembocadura del Carcarañá" (Marcos Rivas, 1960).

Probablemente esta fama haya sido adquirida por su costumbre de manejarse con un escaso aparato erudito. Su habitación de trabajo no estaba abarrotada de libros como podría suponerse. Citaba poco y por lo común de memoria. Su transcripción de Humboldt en Facundo resulta textualmente inhallable, tanto en el Cosmos como en Cuadros de la Naturaleza.

Sin ánimo de construir un panegírico sarmientino enumeramos a continuación argumentos que demuestran sus grandes condiciones geográficas en campos específicos de este saber:

Su capacidad para observar y describir. Respecto de este punto existen innumerables pruebas, entre las que extraemos, como ejemplo, su estudio sobre las Provincias del Río de la Plata, publicado en 1846 por la Universidad de Gotinga como complemento de la investigación del doctor Wappaüs sobre emigración alemana.

Sus condiciones para realizar la elipsis de un tema. Una brillante síntesis geográfica es la referencia a la España de su tiempo que esboza al finalizar su carta a Victorino Lastarria del 15 de noviembre de 1846.

Su sagacidad para aplicar criterios de regionalización, como puede apreciarse en el primer capítulo de Facundo.

Su dominio de la geografía histórica. Esta faceta puede verse -entre muchos otros escritos- en Conflictos y Armonías, cuando analiza comparativamente la instalación de los españoles en América y la ocupación de España por los moros.

Su manejo fluido de las estadísticas, particularmente de los censos parciales anteriores a 1869, año en que, bajo su presidencia, se realizara el primer censo nacional (citas sobre el tema pueden hallarse en Recuerdos de Provincia, en el capítulo denominado Geografía moral de sus Viajes o en el compendio de El camino del Lacio.

Su dominio de situaciones estratégicas (hoy le llamaríamos capacidad geopolítica). Pruebas suficientes son sus obras: Ambas Américas y Argirópolis.

Existe, finalmente, una razón, cuya trascendencia obliga a que le asignemos un tratamiento especial, por separado: su contacto directo con los geógrafos y su obra.

 

Las relaciones con la ciencia

Anécdotas contadas por Sarmiento lo sitúan entre los científicos en una relación de franca complicidad. En un artículo para El Nacional del 28 de junio de 1878, confiesa:

"Para introducir 'Argirópolis' en la cueva del león,[se refiere al ingreso de sus libros, de contrabando, en Buenos Aires, por entonces dominada por Rosas] fue encargado Bompland, el célebre naturalista, compañero de Humboldt. Costó menos plata y menos circunlocuciones" (Sarmiento, Obras Completas: Tomo XXXIX. 283).

El rígido Burmeister le hizo una broma científica al dedicarle una mariposa por él descubierta (Discophus Faustinus) cuya característica (eso es lo que significa discophos en griego), por igual que la de Sarmiento, era la sordera. Otros científicos, como Lorenz y Kayser, le hicieron homenajes parecidos, sin buscar humorísticas coincidencias en las denominaciones linneanas.

Esta actitud de mutua simpatía se debió a la intervención constante de Sarmiento como protector de la ciencia. En este marco, obtuvo, en 1885, la investidura de presidente honorado del Instituto Geográfico Argentino Borganismo antecedente de actuales instituciones como la Academia Nacional de Geografía y la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, instancia en la que pronunciara una conferencia de despedida para el astrónomo doctor Benjamín Gould.

Respecto del autor del Cosmos -como él le llama: evangelio de una nueva teoría- pueden rastrearse innumerables contactos. Más de veinte veces es citado Humboldt en los escritos de Sarmiento. Según éste afirma, habían sido presentados junto con los ministros de Prusia, en ocasión de una visita a Postdam durante su primer viaje a Europa.

Pero hay algo más importante que haber conocido personalmente a una renombrada autoridad del mundo intelectual, y es haber conocido su obra. En este caso, de las citas acertadas que se realizan, puede deducirse que Sarmiento leyó con detenimiento los principales libros del barón alemán, atributo que no adorna ni al veinte por ciento de los geógrafos de la actualidad. Las referencias al Cosmos y a Cuadros de la Naturaleza son muchas y, conceptualmente al menos, correctas; pero además alude a otros dos trabajos muchos menos consultados aunque igualmente enjundiosos. Uno de ellos es el Estudio político sobre el Reino de la Nueva España, comentado a propósito de los rendimientos de la industria azucarera en La Habana; el otro es el voluminoso Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, emprendido entre 1799 y 1804 de treinta volúmenes, y que es citado en una parte clave, en la que se relata el trayecto emprendido por la selva para demostrar la conexión entre el Orinoco y el Amazonas.

Entre los grandes que Sarmiento oportunamente convocara se encuentran Bravard y Latzina. Respecto de este último -alma del primer censo nacional argentino- existe una correspondencia en la que responde a una consulta política sobre cómo establecer tasas demográficas con datos reducidos y donde queda de manifiesto -la última carta pertenece al 21 de junio de 1887- no sólo la actualidad de la respuesta sino, también, la sagacidad de la pregunta (Sarmiento, Obras Completas: Tomo XXXVIII, pp. 182- 188).

Quien merece un párrafo aparte es Germán Burmeister, a quien su amigo -el presidente- calificara como el "Humboldt de la parte austral de Sudamérica". En la dedicatoria de su obra cumbre -Descripción física de la República Argentina- le llama con afecto "mon protecteur et excellent ami" y le brinda el trabajo en reconocimiento por los estímulos recibidos (Max Birabén, 1968). Los unió una gran obra conjunta en tiempos que Sarmiento actuaba como ministro de Bartolomé Mitre en la Provincia de Buenos Aires: el Museo de Ciencias Naturales del Parque Centenario. Burmeister moriría a los 85 años, cuatro después que Sarmiento, como consecuencia de una caída de las escaleras de aquella institución.

Las menciones bibliográficas que hace Sarmiento en relación con la geografía abarcan todo el espectro que en aquel momento podía dominarse. Podrían agregarse nombres clave, como Darwin, Parchappe, Ameghino, Félix de Azara, D'Orbigny, Parish y Francisco P. Moreno.

Pero ya es hora de cerrar el análisis con algunas conclusiones iniciales, siguiendo el modelo clásico. Sólo pretendió demostrarse que una de las más ricas facetas de ese Sarmiento comprometido con su época -y más aún, artífice de ella-, es la que lo vincula con la geografía.

Sin duda, hubo un paisaje argentino y sudamericano que aquel luchador transitó en su peregrinaje por el camino del Lacio.

 

Los Estados Unidos de Sudamérica

Argirópolis vio la luz en 1850, escrita sin interrupción de trazos por Sarmiento, mientras éste, aún en Chile, avizoraba la tumultuosa caída de aquel enemigo que nunca llegaría a ver, pero que conocía en lo más íntimo de su psicología: ese Rosas que se le parecía en el perfil autoritario y por tener exactamente los mismos objetivos de unidad nacional. Más federal el primero, más unitario el segundo, aunque las divisas que asumieron en la política de su tiempo pudieran llamar a confusión a los desprevenidos, ambos concibieron planes parecidos para la geografía del Cono Sud. Más prohombres que San Martín en este punto, no lograron empero desarticular el mecanismo ing1és dirigido a lograr en el continente un rompecabezas multicolor, aún cuando actuaron en tándem, uno tras otro, justo en la bisagra histórica precisa. Podrá decirse, en descargo común, que sólo eran dos románticos enfrentados al férreo materialismo del imperio inglés.

Pero no nos ocuparemos sino del primero, en virtud de la idea central elegida. Coincidente con el casamiento de su hija con el editor Julio Belin, salían de la imprenta de su nuevo pariente y socio las pruebas de la tirada inicial correspondiente a un libro que, como el mismo Domingo Faustino Sarmiento contentara un tiempo después desde Rosario, estaría "hasta en las mochilas de los soldados" que habrían de pelear en Caseros.

Extenso título para una obra breve, casi un opúsculo:

"Argirópolis: Capital de los Estados Confederados del Río de la Plata. Solución de las dificultades que embarazan la pacificación permanente del Río de la Plata, por medio de la convocatoria de un congreso, y la creación de una capital en la Isla de Martín García, de cuya posesión (hoy en poder de Francia) dependen la libre navegación de los ríos y la independencia, desarrollo y libertad del Paraguay, el Uruguay y las Provincias Argentinas del Litoral" (Sarmiento, Obras Completas: Tomo XIII).

En Argirópolis se revela Sarmiento con la fuerte cuota geográfica de su formación intelectual. Fue el presbítero Oro quien lo puso en temprano contacto con esta ciencia. Más tarde en sus primeros balbuceos latinistas, fruto del tiempo robado a su empleo juvenil en una tienda de la ciudad provinciana de San Juan, también se empapó de algún clásico geográfico dudoso. Maestro de esa especialidad, entre otras, mientras estuvo al frente de la Escuela Normal de Preceptores de Chile, su verdadera escuela, sin embargo, fueron los viajes, que emprendiera alentado por Mott, desde Santiago, y que, tras un largo peregrinar por Europa alcanzarían su ápice en los Estados Unidos, país al que, desde el primer hallazgo, se adscribiría intelectualmente.

Ya en Facundo hay un esbozo de geografía que se insinúa en el primer capítulo, titulado Aspecto físico de la República Argentina y caracteres, hábitos e ideas que engendra. Alude aquí al perfil del continente, a la inmensidad de las extensiones del desierto y a un espacio ecuménico ralo donde distingue tres paisajes predominantes: el bosque, la pampa y la selva, conectados entre sí por los matorrales espinosos del monte -un ecotono, explicaríamos hoy- como "degradación enfermiza" que se intercala en un continuum panorámico donde hasta al cielo le cuesta diferenciarse.

"Pudiera señalarse, como un rasgo notable de la fisonomía de este país -dirá- la aglomeración de los ríos navegables que al Este se dan cita de todos los rumbos del horizonte, para reunirse en el Plata y presentar, dignamente, su estupendo tributo al océano".

Hay en este alegato por la opción entre "civilización o barbarie" un verdadero estudio de geografía de la percepción, en el que, como señaláramos al comienzo, se inspiraran las páginas ya citadas de Federico Daus sobre "los pendencieros" (Daus, 1976: 156) Otro de los capítulos de la misma obra es encabezado por Sarmiento con una cita de Humboldt atribuida al Cosmos: "Ainsi que l'ocean, les steppes remiplissent 1'esprit du sentiment de l'infinit". Esta idea ya había sido adelantada por el sabio alemán, en sus Cuadros de la naturaleza de 1808. Es la misma, por otra parte, que plasma en el libro dedicado al Orinoco y el Amazonas, parte de su Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente.

"El panorama de un espacio infinito -observará aquí- ofrece en cada lugar un carácter propio". Tras referirse al mar, "la inmensa extensión de agua que sólo se anima por el aspecto movible de su superficie", comparará: "... la estepa, polvorienta y hendida, resulta lúgubre por su monotonía" (Alexander von Humboldt, 1982: 395).

 

Esta es la imagen paisajística de la barbarie que obsesiona a Sarmiento.

Argirópolis, prácticamente, es todo geografía. Sin embargo, el corazón de este enfoque se aprecia en el tercer capítulo cuando comienza el tratamiento del Mapa geográfico de la República. Opina de este símbolo lo geográfico: "Se notará que es, casi sin excepción de país alguno de la Tierra, el más ruinosamente organizado para la distribución proporcional de la riqueza, el poder y la civilización, por todas las provincias confederadas". (Sarmiento, 1961: 53). Pasa revista, a renglón seguido, de sus impresiones sobre los cuatro puntos cardinales: el Oeste, con cordilleras escarpadas, tiene By esto no ha cambiadoB cortado su contacto comercial con Chile; el Sur, con el desierto (entendiendo por tal a la ausencia de blancos) sufre las devastaciones de los salvajes; el Norte es estéril al intercambio lucrativo con Bolivia; el Este, increíblemente dotado con una efectiva red fluvial, carece del auxilio de inteligencias para prosperar.

"Buenos Aires -sigue nuestro autor- es el punto de una circunferencia adonde convergen de todos los otros extremos las líneas de comunicación, resultando que los puntos más distantes están, por este solo hecho, condenados a la ruina inevitable que traerá a la larga, la diferencia de los precios de producción acusadas (sic) por el mayor costo de exportación".

Definiciones, éstas, de acre contenido, calan profundo en el síndrome de aquella patria, hiriendo el sentir profano de sus hombres, labriegos o burgueses, políticos o guerreros. Se han escrito con rigor de verdad y casi sin pensar en los efectos contraproducentes que pudieran generar en el ciudadano común de aquel tiempo, ése que dentro de poco habría de elegir a sus representantes. No eran momentos de urnas sin fraude, pero siempre fue decisivo el rumbo de la opinión pública.

Si no es al pueblo o al ciudadano, ¿a quién se dirige entonces este libro? Es probable que tenga un destinatario único: Justo José de Urquiza. A modo de un maquiavélico Príncipe, el destino de sus páginas es quien habrá de asumir el poder tarde o temprano, para el que dicta una verdadera instrucción detallada. Apunta a un general (el vencedor de Rosas) de estrictas convicciones, que posee la idea del fin -la Constitución Nacional- pero carece la de los medios.

Lo que pretende Sarmiento es diseñar, con trámite fogoso, un bosquejo de estrategia para dotar con objetivos claros al proyecto de unidad nacional. En este punto se observan paralelismos con el presente. Sarmiento, cabe aquí decirlo, hace una referencia directa al propósito de estudiar la geografía institucional del país para lograr su pacificación. Así queda de manifiesto en la introducción de Argirópolis.

Pero hay mucho más conjugándose tras esta idea motivadora de unidad. Trataremos de pasar revista rápida a estos problemas latentes intentando aproximar cada uno de ellos a la concepción del pensador en su época.

1. La guerra con las potencias europeas extiende una amenaza real en el ámbito de todo el territorio. El esquema comercial que definiera en buena parte a los sucesos de Mayo una generación atrás (los que produjeron el primer gobierno patrio en el Río de la Plata), se está resquebrajando. Tienen que entrar buques a los puertos del Plata y, por ende, es imperativo mejorar relaciones con los países del Norte.

2. Sitiada por Oribe, Montevideo se debate en un conflicto interminable de subsistencia. No es solamente un enfrentamiento entre blancos y colorados, ni entre federales y unitarios. Predominan allí, del otro lado del gran río, las tensiones heredadas de la vieja oposición hispano lusitana y los intereses externos que necesitan tener divididos a los pueblos del área.

3. No son halagüeñas las perspectivas con el Paraguay. La guerra de la Triple Alianza está por desencadenarse. La lejana experiencia de las misiones jesuíticas confirma lo endeble del equilibrio de los estados "tapón" en América.

4. Hacen falta definiciones categóricas respecto de la frontera con los indios. Los gastos son cuantiosos y los resultados, magros. Mientras el frente del Salado, línea de fricción situada en la pampa, no muy lejos de Buenos Aires, se mantiene con escasas variantes -excepción hecha de la avanzada de colonización de territorios indios hecha por Rosas- las tropas regulares, previstas para otros fines, desatienden la Campaña del Desierto.

5. Ya no hay grandes diferencias entre federales y unitarios. El duelo se ha reducido a un intercambio de epítetos entre "bárbaros" y "salvajes". Los unitarios ya aceptan la forma de gobierno de los federales, y estos aprestan sus ejércitos para derrocar al más poderoso de los caudillos localistas: el gobernador Rosas.

6. La elección de una capital definitiva amenaza con transformarse en un factor insalvable de desentendimiento. El monopolio de la aduana irrita los resquemores en ese juego constante de intereses que separa al Interior impaciente de un Buenos Aires impotente.

7. La alardeada convención constituyente, necesaria para una organización jurídica definitiva en tierras argentinas, ya lleva dos décadas de postergaciones y comienzan a escasear las respuestas políticas que justifiquen la espera ansiosa por el orden institucional prometido en cuanto "pacto preexistente" se haya firmado entre los líderes.

8. Diezmados en luchas intestinas, los hombres comunes de la Confederación son cada vez menos, y priva un sentimiento colectivo de inseguridad. Peligran, en consecuencia, las expectativas de inmigración por falta de garantías, y los intelectuales, tanto de una como de la otra orilla del Plata, se están quedando sin interlocutores.

9. Una guerra civil, sin cuartel ni interrupciones desde 1810, ha permitido que escaparan del ejido de la República los estados confederados más comprometidos con la integridad del conjunto. Argentina marcha fatalmente hacia el modelo de un estado compacto en desmedro de la concepción integradora de una federación sin límites.

10. Por último, Martín García Bínsula barataria de curiosa posición estratégicaB es rehén de los franceses, aquellos que por convicción política afirmaban renunciar a toda guerra colonial. Con este hecho se ha sellado el ahogo de la circulación por las vías fluviales.

Estas son las claves de una crisis que cobra verdadero carácter si se asume que no son tantos los dones que adornan a la naturaleza aparentemente feraz del país. Tierras áridas o inundables. Así calificaba Sarmiento a nuestro paisaje predominante. Con este juicio, pesimista pero valiente, se adelantaba al tiempo para poner en descubierto al eufemismo que nos consuela a menudo: "desconocemos los enormes recursos que posee la Argentina". "¿Cómo podemos inferir que son cuantiosos -reflexionaba el doctor B. J. Quartino no hace mucho en una reunión geográfica- si en verdad los desconocemos?"

Este espectro de factores, este asumir de una realidad para nada idílica, pone a Sarmiento en las instancia de formular una propuesta de cambio. Así lo evalúa uno de sus biógrafos:

"La geografía del país, con su puerto único, había hecho que Sarmiento se inclinara al 'unitarismo'; ahora, para hacer viables sus sentimientos 'federales', propone una reforma de la geografía con muchos puertos y una isla por capital.[...] A primera vista parece un utópico programa de pacificación nacional: imitar la república federal de los Estados Unidos de América; corregir el monopolio aduanero de Buenos Aires a fin de dar autonomía comercial a las provincias del interior; integrar la Argentina, Uruguay y Paraguay en un sistema político con una nueva capital en la isla Martín García, a la entrada de los ríos libremente navegables por barcos de todas las banderas. En el fondo, el programa era un ataque a Rosas, porque promovía contra él una gran coalición de intereses." (Enrique Anderson Imbert, 1962: 88).

Hay, evidentemente, un contenido polémico en toda la propuesta, una gran colisión de fuerzas políticas. Pero no es menos cierto que el enunciado resultó más realista de lo que la historia admite.

En esta apreciación hay dos facetas complementarias. Está el geopolítico, el gran diseñador de planes que había en Sarmiento, y el geógrafo, capaz de interpretar un paisaje y asignarle significado y proyección.

En cuanto al primer aspecto, mucho se ha escrito sobre la actitud ambigua de los tiempos de periodista en El Progreso de Chile en cuanto a la cuestión de Magallanes y su criterio sobre la posesión de la Patagonia. Se acusa a Sarmiento, ya como presidente de la República, de no haber apoyado en su momento la misión de soberanía en el Sur que emprendiera Piedrabuena al mando del navío Espora. Acerca de esta cuestionable posición comenta un autor que no es precisamente su adulador incondicional:

" el caso es que, aunque de modo indirecto, la ha renegado, a lo menos en cuanto a la Patagonia. Desde 1872 ha venido otorgando concesiones de tierras en esa región. [...] Pero nada tan revelador del cambio de ideas de Sarmiento como la creación de dos territorios nacionales y el proyecto de colonizarlos: el de Patagonia, que llegará hasta el río Santa Cruz, y el de Magallanes, desde ese río hasta la Tierra del Fuego inclusive." (Manuel Gálvez, 1952: 343).

Tras un áspero debate con Alberdi, será él mismo quien reivindique su faceta de planificador y mentor constitucional. Sus ideas de Argirópolis sobre libre navegación y apertura al inmigrante pueden verse tiempo después plasmadas en las Bases. En una de sus cartas dirigidas a Mitre desde Yungay -la del 23 de octubre de 1854- califica así a su oponente Alberdi: "no es más que un Américo del pobre Colón encadenado y desechado".

La idea central del libro que analizamos trasciende los límites del territorio patrio: apunta a la unión americana, organizada en torno al eje del Plata y basada en un criterio de regionalización hídrica. Los planes de Sarmiento siempre se dirigieron más allá del marco de esa confederación, resultado lamentable, para él, de la historia de sucesivos desmembramientos. Quizá lo más endeble de esta tesis sea el punto fuerte del sistema, concebido en una capital pequeña, al estilo norteamericano. El congreso en una isla... esta idea sería hábilmente refutada por Alberdi, quien afirmaba que de este modo el país hubiera tenido "la cabeza en libertad y el cuerpo en cadenas".

Pero no es éste el concepto que Sarmiento rescatará de su propia obra. No tardará en desdecirse, para asignarle el privilegio de ser capital a Rosario y más insistentemente aún a la misma Buenos Aires. Sarmiento toma su manual de Argirópolis como silabario de política y lo mantiene hasta su muerte.

No por ello deja nuestro autor de plantear el análisis geográfico de la isla Martín García. Son muchas las referencias que pueden citarse, especialmente aquellas que se anotan en el capitulo 5. Sin ocultar el aspecto utópico de la iniciativa generada, se pregunta, por ejemplo: "¿Qué obstáculos impedirían que la idease convirtiese en hecho práctico, que el deseo se tornase en realidad?". Presenta los casos de Génova y Venecia para demostrar que la isla puede contener una ciudad, y luego observa: "!A cuántas aplicaciones públicas se ofrece el laberinto de canales e islas que forman el delta del Paraná!"

Y continúa planificando como geógrafo:

"Una plataforma culminante servirá de base al capitolio argentino, donde habrá de reunirse el congreso de la Unión. La piedra de las excavaciones de Martín García sirve de pavimento a las calles de Buenos Aires y no hay gloria sin granito que la perpetúe. Argirópolis (la ciudad del Plata) nacería rica de elementos de construcción duradera; los ríos, sus tributarios, le atraerán a sus puertos las maderas de toda la América Central".

Sarmiento visitó especialmente la isla en noviembre de 1851, en un alto de su viaje a Montevideo, después de haber estado seis días en Gualeguaychú. Fue a raíz de su entusiasmo por ella -la conoció esa primavera, pero ya la había avistado antes desde un barco poco más de un años atrás- que escribió en una piedra de su escarpa granítica, remedándose en su pretérita actitud de San Juan, el lema guerrero "1850 - Argirópolis 1851 - Sarmiento". Allí fundaría imaginariamente su Zollverein, esa unión de aduanas de fórmula ideal para los pueblos de Sudamérica. Ya a la vuelta del camino, y esto puede comprobarse en el artículo Martín García, correspondiente a uno de los últimos tomos de su obra denominado globalmente Por el camino del Lacio. Volvería allí a hablar geográficamente sobre la isla y sus posibilidades.

Por su inquietud personal constante hacia la geografía, puede vérselo a través de su vida, siempre en contacto con geógrafos y naturalistas, apoyando su obra algunas veces, amigo interesado, otras.

Son importantes, a título de referencia, sus citas al doctor Wappaüs, al ingeniero y geógrafo Arenales, de Angelis, Azara, Félix Frías, Woodbine Parish y D'Orbigny, que se realizan en Recuerdos de Provincia.

El mismo Parish es ampliamente citado en Argirópolis, en su descripción de la ciudad y territorios de Santa Fe, perteneciente a la obra Buenos Aires and the Provinces of the Río de la Plata, their present state trade and debt, que curiosamente fuera dedicada a Rosas, cosa que el mismo Sarmiento hace notar.

En su fuero íntimo era un amante de la naturaleza, como lo demuestra su pasión por el Delta y los carapachayos, como jocosamente llamaba a sus habitantes. Actuó en Chivilcoy en favor de la fauna y la flora y hasta llegó a vanagloriarse de bautizar una laguna como el Mar de Sarmiento. Varias especies biológicas llevan su nombre, cortesía de los científicos que lo respetaban y reconocían su acción tutelar. A la hora de los bautismos, su máxima anécdota ha originado el nombre actual del antiguo pueblo de Fraile Muerto. Cómo puede progresar, preguntó el estadista a sus habitantes, con semejante nombre?. Consultó, acto seguido, por el apellido del más antiguo morador, un tal Bell, y así nació Bell Ville.

Vistas las dos facetas, una geopolítica y otra geográfica, del ex presidente argentino, queda aún por analizar, dentro del contenido mismo de Argirópolis, su preocupación por el desarrollo del conocimiento geográfico, al menos, en la acepción que entonces se le daba.

En el séptimo capítulo sentencia que el Departamento Topográfico, como ente central de colonización, "debiera ser el foco de donde partiesen y a donde volvieran todos los trabajos de reconocimiento, mensuración y demás". Le otorga inclusive la facultad de enajenar tierras cultivables "a fin de que los emigrantes que lleguen de Europa -su sentido del ingreso de extranjeros era selectivo- sepan adonde dirigirse y no se acumulen en las costas por la incertidumbre y el temor de aventurarse a ciegas en un país desconocido". Reconocimiento de pozos artesianos, relevo de diligencias, postas, telégrafo, exploración de ríos, todos son temas que asigna a la responsabilidad de este organismo.

"¿Quién puede emprender este cúmulo de trabajos, sino un gobierno nacional interesado en el desarrollo de todas las partes del territorio, sin preocupación de favorecer los intereses de una provincia en perjuicio de otra, y con fondos nacionales cuyo empleo deba hacerse en pro común? Bompland, Parchappe, D'Orbigny han visitado las riberas del Plata y enriquecido la ciencia europea con datos preciosísimos. ¿Qué hemos sacado nosotros del contacto de tan ilustres huéspedes?".

Realmente, asombra la lucidez de pensamiento, a la distancia, tras la tosca fachada de una figura tan controvertida. El crédito al Sarmiento pensador y erudito, al menos en nuestro campo, está otorgado.

Se podrá argumentar acerca de su volubilidad en materia conceptual. Es cierto: cambió de forma de pensar muchas veces en su vida. Varias veces negó su ínsula, y ello es solo un ejemplo, aplicable a muchos otros casos similares. Como sus idilios pasajeros con tantos hombres políticos como Urquiza, Mitre, Alberdi o Avellaneda, también encontramos que sus grandes odios, llámese inclusive el mismo Facundo, terminaron por ser abandonados con espíritu amplio. La reconciliación era su fuerte. Lo importante es que esto no puede definirse como debilidad o inestabilidad de los pensamientos.

Podría interpretarse, en cambio, como posesión del espíritu científico. Bajo el método riguroso, las ideas firmes son, precisamente, las que menos perduran.

Allí, en ese sentimiento remoto, abandonado en la calzada de los combates políticos, quedó para Sarmiento aquél islote en el que depositara el sueño de la unión sudamericana. Como era su costumbre, la concibió con un propósito y como medio de una argucia de persuasión, pero terminó enamorándose de su propio malabarismo. En ese momento imprimió vida intelectual al proyecto en sí y le dio una sólida fundamentación. El resultado, arriesgamos, no era inaplicable.
 

Bibliografía

Obras principales de Sarmiento

Por Ley Nacional del 14 de septiembre de 1884, el gobierno argentino dispuso la recopilación e impresión de las obras completas de Sarmiento, prevista en 52 volúmenes y un índice general. Su pariente Belín Sarmiento estuvo a cargo de la edición, cuyos primeros siete tomos se publicaron en Chile, entre 1886 y 1888, y los 45 restantes con el índice en Buenos Aires, entre 1896 y 1903. Se ofrece a continuación una breve lista cronológica de sus obras:
1839: Primeros artículos para el periódico sanjuanino El Zonda.

1842: Análisis de las cartillas, silabarios y otros métodos de lectura conocidos y practicados en Chile. Publicación encargada por el gobierno de Chile.

1843: Instrucciones a los maestros de escuela para la aplicación del método de lectura graduada. Publicación oficial de Chile.

1845: Facundo. Civilización y Barbarie.

1846: Memoria sobre la inmigración alemana al Río de la Plata. Sobre el estudio del profesor alemán Wappaüs.

1848: Educación popular.

1849: Viajes en Europa, África y América. Entrega inicial.

1850: Recuerdos de Provincia.

1850 Argirópolis o la capital de los Estados Confederados del Río de la Plata.

1852: Campaña del Ejército Grande. Boletín de guerra transformado en libro.

1852: San Juan, sus hombres y sus actos en la regeneración argentina.

1853: Las ciento y una. Polémica con Juan Bautista Alberdi.

1855: Plan combinado de educación, silvicultura e industria pastoril en el estado de Buenos Aires.

1861: Apuntes biográficos de Antonio Aberastain.

1883: Conflictos y armonía de las razas de América.

1886: Vida de Dominguito.

1887: Último artículo en El Diario: Tema: Condición de los extranjeros en Argentina.
 

Bibliografía secundaria
 

ANDERSON IMBERT, Enrique.Genio y figura de Sarmiento. Buenos Aires: EUDEBA, 1962.

BIRABÉN, Max. Germán Burmeister. Su vida. Su obra. Buenos Aires: Ediciones Culturales Argentinas, 1968.

DAUS, Federico. Desarrollo y comportamiento. Buenos Aires: El Ateneo, 1976.

GÁLVEZ, Manuel. Vida de Sarmiento, el hombre de autoridad. Buenos Aires: Tor, 1952.

HUMBOLDT, Alexander von. Del Orinoco al Amazonas. Barcelona: Guadarrama, 1982.

LUGONES, Leopoldo. Historia de Sarmiento. Buenos Aires: EUDEBA, 1960.

MANUEL. Frank E. y MANUEL. Fritxie P. El pensamiento utópico en el mundo occidental (III), Madrid: Taurus, 1981. 3 tomos.

PICKENHAYN, Jorge A. Argirópolis San Juan: Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes, Universidad Nacional de San Juan, 1988.

PICKENHAYN, Jorge A. Sarmiento geográfico y el Lacio. In Algo más sobre Sarmiento, San Juan:  Instituto de Literatura Ricardo Güiraldes, Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes, Universidad Nacional de San Juan, 1988, p.189-199.

RIVAS, Marcos P. Sarmiento: mito, realidad, Buenos Aires: Peña Lillo, 1960.

SARMIENTO, Domingo F. Obras de Domingo Faustino Sarmiento. Editada por A. BELIN SARMIENTO, Santiago- Buenos Aires: varias imprentas, 1886-1903.

SARMIENTO, Domingo Faustino. Argirópolis. Buenos Aires: Concejo Deliberante, 1961.

ZALAZAR. Daniel E. La evolución de las ideas de Domingo F. Sarmiento. New Jersey: Slusa. 1986.


Scripta Nova Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales.
Universidad de Barcelona [ISSN 1138-9788]. 
Nº 62, 15 de abril de 2000.


www.ub.es/geocrit/nova.htm