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Asunto:NoticiasdelCeHu 218/11 - Pasajeros de Proa: INDIOS, INMIGRANTES Y CRIOLLOS EN EL NORDESTE SANTAFESINO (1860-1890).
Fecha:Domingo, 13 de Marzo, 2011  02:39:17 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 218/11
 
 

Revista ANDES Nº 18 - 2007. Antropología e Historia

Centro de Estudios Promocionales de Investigaciones en Historia y Antropología

“Dr. Guillermo Madrazo” - CEPIHA

Facultad de Humanidades. Universidad Nacional de Salta

ISSN 0327 - 1676

ISSN 1668 - 8090 (en línea)

Javier Leandro Maffucci Moore | Indios, Inmigrantes y Criollos en el Nordeste Santafesino

(1860-1890). Un caso de violencia en una sociedad de frontera

 

 

INDIOS, INMIGRANTES Y CRIOLLOS

EN EL NORDESTE SANTAFESINO (1860-1890).

UN CASO DE VIOLENCIA EN UNA SOCIEDAD DE FRONTERA

 

Javier Leandro Maffucci Moore1

 

 

A mediados del siglo XIX lo que se conocía como Chaco santafesino era aquella porción del Chaco Austral ubicada al norte del río Salado, limitada al Este por el río Paraná, al Oeste por los difusos confines con la provincia de Santiago del Estero y al Norte por el Arroyo del Rey que oficiaba de límite con lo que entonces era todavía “territorio indígena libre”.2

La imagen del “desierto” fue también aplicada a esta área y oscureció no sólo la realidad sino su interpretación al fijar la errónea idea de una zona de tierras vacías que debían ser ocupadas, donde no había gente, ni relaciones sociales y donde el “otro” que lo habitaba no merecía mayor consideración.

El área santafesina de la región chaqueña estaba habitada por las parcialidades toba, abipón y mocoví; estos últimos dos grupos inicialmente instalados entre el Bermejo y el Pilcomayo habían seguido un patrón de migración similar hacia la parte oriental y sud-oriental del Chaco concentrándose mayormente en las cercanías de la ciudad de Santa Fe hacia mediados del siglo XVIII (Lucaioli, 2005: 101 y 106).

Tobas, mocovíes y abipones -actualmente englobados en la familia lingüística guaycurú- no poseyeron en general prácticas agrícolas, eran esencialmente cazadoresrecolectores, los caracterizaba por ende una amplia movilidad y es probable que haya habido entre mocovíes y abipones un uso compartido de cotos de caza y libre circulación por territorios amplios en función de alianzas interétnicas (Lucaioli, 2005:120).

A diferencia de sus vecinos lules, vilelas y mataguayos, se ha descripto a los guaycurú en general como portadores de un ethos guerrero, definiéndolos como una parte importante de la reproducción social y material (Lucaioli, 2005: 108). Esta sociedad altamente belicosa, donde la guerra y sus prácticas derivadas significaban una  tendencia hacia las guerras intestinas se habría potenciado tras su adopción del caballo, a consecuencia precisamente del tipo de práctica de subsistencia que se dio entre ellos, mas no fue la guerra la actividad exclusiva de estos indios (Nesis, 2005: 51).

Los contactos entre indios e hispano-criollos en el Gran Chaco abarcaron una amplia gama que fue desde la violencia al fructífero comercio y se extendieron a lo largo de casi dos siglos lo cual produjo, inevitablemente, transformaciones en las formas de articulación económica de las sociedades indígenas pues, a la par de las tradicionales actividades de caza y recolección, se generaron prácticas de nuevo cuño como los asaltos en busca de ganado a los fortines y asentamientos de frontera. Es que así como la sociedad hispano-criolla de las fronteras se nutría de bienes y productos del espacio chaqueño, las sociedades del interior del territorio obtenían algunas ganancias mediante el comercio con las ciudades de fronteras así como con los otros grupos indígenas que detentaban una mayor integración –por la vía pacífica- con la sociedad blanca (Paz, 2005: 35).

Ante la marcada fragilidad de la frontera santafesina se creyó hallar una respuesta en la política de establecimiento de reducciones. Durante el siglo XVIII varias misiones jesuíticas se establecieron en el espacio del Chaco santafesino con el objetivo principal de poner freno a las ataques de los indígenas, entre las principales, San Javier en 1743 y San Pedro en 1754 ambas de mocovíes, y San Jerónimo del Rey en 1748 de abipones.

Tras la instalación de las reducciones cesaron las incursiones sobre la ciudad de Santa Fe pero los indios reducidos… parecen haber volcado sus incursiones sobre otras áreas reservándose la jurisdicción santafesina para el intercambio comercial… Respecto de los grupos que se encontraban hacia el norte, las relaciones de hostilidad previa parecen haberse mantenido (Nesis, 2005: 143).

La irrupción de los misioneros en la vida de los indígenas sumó nuevas fricciones a las que ya existían entre ellos y los jesuitas terminaron involucrados en las rencillas de poder que existían entre los grupos, el objeto de pacificar no se cumplió y pronto las reducciones se transformaron en “una suerte de bases operativas para un teatro bélico tan dinámico como las alianzas que se tejían en ese camino hacia la concentración de poder político” (Paz, 2005: 23; Aleman, 1997: 115-116).

Tan contradictorio fue el uso y destino de las misiones que las autoridades coloniales y luego las criollas demandaron servicios militares de parte de los indígenas reducidos, ello implicó necesariamente la supervivencia de pautas guerreras mediante la preparación para la milicia y el suministro de armas.

La expulsión de los jesuitas y luego la revolución y la independencia implicaron el paulatino abandono y decadencia de las misiones.3 Santa Fe gozó de alguna prosperidad mientras actuó como punto central de comunicación entre Buenos Aires y el Paraguay, y las provincias ubicadas más al Oeste, haciendo las veces de intermediaria entre esos puntos y las misiones guaraníticas; esta envidiable posición comenzó a debilitarse antes de la expulsión de los jesuitas al trasladarse el centro de gravedad de aquellas a las estancias de ganado del Uruguay. Así hacia mediados del siglo XVIII una estructura compleja y diversificada va dando lugar a una más rustica dominada por la ganadería, el comercio languidece, la agricultura es ínfima y se produce una creciente ruralización de la vida santafesina apoyada casi exclusivamente en el comercio de cueros y la cría de mulas (Halperin Donghi, 2002: 30-31).

Retirada la tropa veterana de las guarniciones de la frontera norte, que es enviada a la desastrosa campaña anti-artiguista que tiene lugar en Entre Ríos en 1814, el notable desguarnecimiento de aquella línea provoca un recrudecimiento de los ataques indígenas que llegan a las cercanías de la propia ciudad de Santa Fe, y amenaza con provocar consecuencias desastrosas a la economía provincial en tanto importaba la imposibilidad de expandir las tierras consagradas a la ganadería y, peor aún, la pérdida del goce pacífico de aquellas que venían ya destinándose a ese negocio (Halperin Donghi, 2002: 310-312; Napp, 1876: 520-522).

La llegada al poder de Estanislao López impide lo que parecía una inminente catástrofe a partir de la implementación de una serie de medidas que, sin dejar de lado las campañas militares punitivas, incluyó la refundación de reducciones4, las negociaciones y pactos con los indios, y un sistema de fortines más o menos estables a pocas leguas de la ciudad.

Mientras el brigadier López estuvo en el gobierno la frontera vivió un periodo de paz relativa; esto no impidió que siempre siguiera latente la amenaza de los ataques, que se hacían realidad de tanto en tanto, y que seguían llegando a las cercanías del ejido urbano santafesino.

Las defensas en la frontera norte no tuvieron casi variación entre la desaparición del brigadier López y la caída del régimen rosista; iniciado el proceso de construcción del Estado Nacional se dispuso la nacionalización de las fuerzas fronterizas con lo cual el estado federal financiaba las tropas, pero éstas continuaban a inmediatas ordenes del gobierno local, bien que en muchos asuntos debían entenderse con el Ministerio de Guerra de la Nación, dualidad de mando que trajo no pocos entredichos (Aleman, 1997: 59-60).

Hubo varios intentos previos pero quien le dio un fuerte impulso al objetivo de imponer la soberanía provincial sobre el Gran Chaco fue el gobernador Nicasio Oroño a través del expediente de la venta de tierras públicas y la instalación de colonias de inmigrantes; en su mensaje a la Legislatura en 1866 señalaba el Gobierno comprende que la población extranjera acumulada en nuestro suelo, estimulada por las ventajas que le ofrece la liberalidad de nuestras leyes, es el elemento indispensable de nuestro progreso y el medio más eficaz para retomar a la provincia su dominio a los vastos territorios que hoy ocupan las tribus del desierto” (Ensinck, 1979: 36- 37).

El “redescubrimiento” del Gran Chaco en los ’60 tuvo en Guillermo Perkins5 su mejor propagandista. Desde las páginas de El Ferro Carril y El Cosmopolita, y sus notas en The Standard se consagró con singular afición a auspiciar todo tipo de proyectos económicos, incluida una singular campaña destinada a llamar la atención sobre la necesidad de poblar y colonizar el Gran Chaco, captando para ello el descontento de los sureños tras el fin de la Guerra Civil norteamericana “hay miles de familias en Georgia, Mississipi y Louisiana que nunca se someterán a los yankees.

Debemos conseguir un gran número de ellos”.6

La idea rindió sus frutos pues en febrero de 1866 fue designado por Nicasio Oroño agente del gobierno para "atraer a esta provincia familias de inmigrantes de la República de los Estados Unidos de Norte América” con el objetivo de “poblar los campos desiertos de la feroz campaña del Norte de la Provincia”, y le encargó llevar adelante una expedición para la mensura y reconocimiento de la costa del Paraná, entre el pueblo de San Javier y el arroyo El Rey.7

El objetivo de la empresa estaba muy claro para Perkins partirían “con el propósito de limpiar el territorio de Indios hasta El Rey…la intención es establecer una colonia norteamericana.… El Chaco, como siempre ha sido mi opinión, es la tierra prometida para la inmigración anglosajona en este país”.8

Mucho se especulaba acerca del futuro de esas tierras caracterizándose la presencia del indio como un “obstáculo” para el éxito a alcanzar el capital y el arado han de enseñorearse de aquel inmenso valle… Es aquí, a mi juicio, donde se abre una nueva era de engrandecimiento colonial para Santa Fe, que solamente la presencia del indio ha podido retardar, y que servirá de base á la transformación agrícola del Gran Chaco” (Zeballos, 1984: 263).

La respuesta militar a la cuestión indígena no fue dejada de lado por Oroño sino que –como ya lo había sido también en el pasado- fue parte de la política estatal dirigida a los aborígenes.9 En enero de 1866 Oroño despachó al teniente coronel Matías Olmedo quien al mando de unos 300 hombres y en sucesivos encuentros mató 74 “indios de pelea” entre ellos los caciques Ponciano Morcona, Antonio Aichaiguihancale, Juan de la Cruz Cacitoquí, Cruz Pobladora y Nicolas Amaquin hicieron prisioneros otros 109 de “chusma” y rescataron siete cautivos; resultaron muertos el teniente Cecilio Bazán que rodó y fue lanceado, y heridos otros tres, el cacique Javier escapó herido. “Los indios han hecho una defensa tan tenaz que aun son dignos de la mejor causa que no se ha podido hacer rendir uno solo con la garantía de sus vidas”, en pocas palabras como ninguno aceptó la rendición fueron muertos.10

A raíz de otro malón se lanzó una nueva expedición militar contra los indios el 22 de diciembre de 1866, enfrentándose “en el intermedio de La Sarnosa y Las Playas” las fuerzas del coronel Olmedo con las huestes del cacique Mariano Salteño y sus caciques José Espinero, Lucas y Valentín Teoti, Miguel Antonio, Roque, Dorado y Saturnino. Primero atacaron las tolderías de Salteño y Espinero dieron muerte a siete indios, recuperaron tres cautivas y 15 caballos. Desde tolderías cercanas acudieron otros caciques y ultimaron cuatro guardia nacionales, sin que nada pudieran hacer las tropas al internarse los indios en la espesura de los montes (Minitti, 2000, Ap. Doc. 3).

La opinión trasmitida por Perkins a raíz de esta expedición no puede ser más ilustrativa acerca de cual era la visión que –muchos- tenían entonces acerca de los indios y su destino “es una palabra muy dura pero no hay nada que hacer con ellos.

Para elementos como los gauchos de La Rioja y los Indios de La Pampa y el Chaco parece no haber otra alternativa que su total destrucción”.11

El grupo organizado por Perkins12 llegó hasta los restos de la vieja reducción de El Rey, y brindó a su regreso un amplio panorama informativo y documental de las potencialidades de la región catalogada como un desierto al cual sólo los norteamericanos ya acostumbrados a ello podrían transformar en jardín floreciente (Docola, Puig y Payro, 2002).

A poco de regresar de la expedición el grupo de norteamericanos13 solicitó la venta de un terreno fiscal que estaba destinado al pueblo de San Javier alegando que era muy extenso aunque aumentara mucho la población de ese sitio y que “una población de agricultores y plantadores americanos al lado de aquellas tolderías indígenas puede decirse será un ejemplo y garantía inapreciable para su civilización y progreso”. El gobierno aceptó la compra que, algo bastante inusual, fue abonada en efectivo y así la Colonia California dio sus primeros pasos hacia agosto de 1866.

Aunque en un principio no hubo problemas con los indios, los colonos eran conscientes que podía surgir el conflicto y no abrigaban dudas acerca de cómo responderían en caso de ser atacados. A tres meses de instalados uno de ellos, Charles Allen Hildreth, expresaba

los indios, de los cuales habíamos tenido tan malas referencias antes de

nuestra expedición a El Rey, todavía no han hecho su aparición; pero

nosotros estamos siempre listos y al alcance de la mano, cargados, o al

hombro llevamos un buen número de rifles, escopetas, fusiles y

revólveres;… a los salvajes les espera una calurosa recepción si vienen

con viles intenciones.14

Las relaciones entre los colonos y los indios “reducidos” de San Javier parecían hasta entonces gozar de las mejores perspectivas. En octubre de 1866 Thomas Moore le comentaba a Guillermo Perkins “me olvidaba de decirle que cuando llegamos por primera vez al Fortín los Indios nos recibieron muy amablemente”.15

Alexander McLean, director de la Colonia California16, formulaba similares comentarios dejando entrever que la “pax” obedecía a la potencial capacidad de respuesta de los colonos los indios montaraces17 no han tenido problemas con nosotros y de hecho, no hemos visto ninguno todavía. Los indios reducidos de San Javier no se han entrometido con nosotros tampoco; si ellos lo hicieran nosotros podríamos ocupar todo su poblado.18

En la correspondencia de los colonos, y en las notas y cartas de Perkins19 se advierte un marcado esfuerzo por atraer mayor número de inmigrantes, ya que en ello radicaba la esperanza de desalentar, o repeler con éxito, los eventuales ataques indígenas.20

A los pocos meses de instalados hubo pequeñas sustracciones furtivas de ganado vacuno y caballos en Colonia California pero sin que mediaran enfrentamientos directos, pero ante la repetición de los robos de animales los colonos no hesitaron en responder persiguiendo a los indios y tratando de recuperar el ganado robado (Vogel, 1946; Warren Hunter, 1912; Bennet Wooding, 1925).

La mayoría de los atacantes eran indios “montaraces” que provenían del interior del Gran Chaco pero que, según entendían los colonos, por intermedio del cacique de la reducción de San Javier y en connivencia con él estaban al tanto de cuanto sucedía en Colonia California. “Los indios sublevados insultan a todos los que no toman parte en sus atentados y amenazan con el degüello a los habitantes pacíficos, al Padre y aun al comandante mismo, tan tirante y angustiosa es la situación actual”.21

Pero la relativa calma sólo parecía preceder a la tormenta. La revolución contra Oroño y su posterior derrocamiento (1867), y la Guerra del Paraguay provocaron el desmantelamiento de las guarniciones y el consiguiente avance de los indios por diversos puntos de la frontera norte. En agosto de 1868 Mariano Cabal encabezó una campaña contra los indios, y secundado por el mayor Jobson abatió a un grupo en las cercanías del Monte Aguará, recuperó el arreo y dio muerte al cacique Pedro Antonio y un grupo de indios montaraces (Aleman, 1997: 183-184).22

A fines de 1869 a través de una petición -que se transformó en el principal canal de expresión de los colonos- Alexander McLean a nombre de todos los colonos de la Colonia California expone al gobernador que por los últimos dos meses los indios de este punto de San Xavier, nos han hecho grandísimos perjuicios robándonos varios animales y aun los frutos de nuestros trabajos, tanto de nosotros como de la vecina Colonia Francesa y que la autoridad no tiene suficiente poder para imponerles el orden por falta de fuerzas militares, razón por la que pedimos… reforzar este cantón con la fuerza necesaria para mantener el orden y la garantía de nuestros intereses.23

La situación se tornaría más dramática cuando en abril de 1870 dos ingleses –los hermanos William y Henry Waspe- fueron sorprendidos por varios indios cuando estaban cortando leña en un monte cercano, William fue aniquilado mientras Henry pudo escapar y refugiarse en el fortín gracias a que su caballo era más veloz (Tourn Pavillon, 2001: 39; 99).

El 12 de mayo de 1870 un grupo de indios atacó la Colonia Eloísa24, mataron a León Henriet y otros dos colonos, le perdonaron la vida a una mujer pero se llevaron a uno de sus hijos, junto con 16 vacas y bueyes y 3 caballos. Los colonos no dejaron de expresar su poca confianza en la fuerza militar.

Cuando llegamos al lugar de los asesinatos allí estaba el teniente del fortín San Javier con sus soldados indios. Pero ¿qué podía hacer él con soldados indios peleando contra indios? ¿Acaso existe en el mundo un hombre lo suficientemente corto de mente como para creer que un indio va a disparar o lancear a uno de sus hermanos para ayudar a unos extranjeros?.25

Cinco colonos de Colonia California partieron en persecución de los atacantes, dieron con ellos a unos 40 km, mataron a tres e hirieron a otro, Thomas Moore rescató al niño cautivado y volvieron con el ganado robado (Vogel, 1946; Bennet Wooding, 1925; Warren Hunter, 1912).26 Hechos similares se repitieron en abril de 1871, sumado a ello lo anegadizo de los terrenos y la fuga del administrador hicieron fracasar el proyecto de Colonia Eloísa.

En 1870 nacía una nueva colonia unos 60 Km al norte de Colonia California. La casa bancaria londinense J. Thomson, T. Bonar and Co. obtuvo una concesión de la legislatura santafesina sobre el río San Javier, en el paraje conocido como Pájaro Blanco, donde estableció la Alexandra Colony, única colonia específicamente británica que, aparte de la colonia galesa en el Chubut, se establecería en la Argentina (Platt, 1964).

La diferencia de escala y el contar con el respaldo de una firma bancaria europea, jugaron a favor de la transformación de Colonia Alejandra en un foco de atracción para los demás pobladores de la zona27, pues sumarse a este proyecto brindaba mayor seguridad frente a los ataques indígenas y mejores posibilidades de progreso y trabajo, amén de la ocasión de socializar con quienes compartían idioma y fe.

El 8 de octubre de 1871 al tratar de socorrer a un grupo de colonos que –sólo armado con revólveres- arreaba ganado, los indios mataron al director de la Colonia Alexandra, Andrew Weguelin y al joven colono italiano Esteban Rostan. Todo sucedió en pocos minutos y nada pudieron hacer los que estaban cerca de la casa de la administración, algunos fueron a pie hacia el fortín de San Javier y a Colonia California a pedir ayuda, reconocieron entre los atacantes a Pablo, hijo del cacique Juan Gregorio y otros reducidos de San Javier. Una partida salió de Colonia California pero no logró dar con los indios ni recuperar lo robado. 28

La muerte de Andrew Weguelin, pariente de uno de los socios de Thomson & Bonar, produjo gran conmoción29, los colonos y la prensa hicieron sentir su queja pues los atacantes eran indios de la reducción de San Javier “que reciben paga, comida y vestimenta del Gobierno”.30

Días después, a través del cónsul británico en Rosario, habitantes de Colonia California se dirigieron al presidente Sarmiento haciéndole saber que desde el arresto del Cacique indio, Juan Gregorio, por el Coronel Obligado, todo transcurrió pacíficamente y pensamos que los problemas con los Indios habían terminado, pero tras los nuevos ataques registrados es imposible para nosotros vivir aquí. Lo que humildemente pedimos…es primero, protección para la vida y las propiedades; en segundo lugar, si para el Gobierno es imposible protegernos, deseamos instalarnos al lado de nuestros sembrados con nuestros rifles, por seis o hasta doce meses, para ayudar al Gobierno a reprimir a los Indios, con la condición de que el Gobierno asista a nuestras familias durante nuestra ausencia y nos recompense por nuestro tiempo.31

Poco después, habitantes de las colonias California y Alexandra explicaban al presidente Sarmiento que en un principio tuvimos recelos de los indios salvajes o montaraces del Chaco, pero luego comprendimos que estos no eran un elemento de retardo ni obstáculo serio a nuestro progreso, si no fuesen secundados por los indios que se llaman mansos o reducidos que habitan en los pueblos de San Javier, Santa Rosa… gentes ociosas que no se ocupan del trabajo sino del robo y del pillaje y frecuentemente entrometiéndose con los montaraces, cometiendo asesinatos alevosos y llevando robados a nuestros animales.32

Consultado el Jefe de la Frontera Norte, coronel Manuel Obligado, desde el Fuerte Gral. Belgrano, contestó que es cierto cuanto exponen los colonos con respecto a los males que causaron los indios reducidos de San Javier, Calchines y Santa Rosa…

Repetidas veces he tenido quejas de estos indios por los asesinatos y robos que han cometido en las colonias, pero por más deseos que he tenido de reprimirlos no ha estado en mis manos hacerlo por cuanto esos indios dependen de las autoridades provinciales y moran donde hay juez de paz y comandantes militares de la provincia… las autoridades locales…cooperan en mantenerlos en la vagancia y la vida errante, pues los jueces de Paz son pulperos que negocian con los indios las pieles de nutria, ciervo y tigre, a cambio de pólvora, balas y aguardiente, haciendo un negocio usurero confirma que los indios reducidos comercian con los montaraces y que se aprovechan de los permisos que tienen para ir a cazar a las islas, en grupos y armados, para atacar a las colonias.33

El traslado de la línea de fronteras más al Norte por el cual bregaba Obligado, recién pudo concretarse a partir de 1872, pues en el ínterin el asesinato de Urquiza y la rebelión de López Jordán mantuvieron ocupadas a las tropas en esos entuertos, amén de la oposición que ejerciera el gobernador Simón de Iriondo enfrentado políticamente a Obligado.

Pero ello no detuvo la reacción de los indígenas tanto en la retaguardia como sobre la nueva frontera, el 24 de junio de 1872 un fuerte malón de doscientos lanceros encabezados por los caciques López Lanchi y Sánchez, 300 tobas a pie comandados por el cacique Villalba y varios gauchos correntinos con armas de fuego cayó sobre Reconquista (Aleman, 1997: 215-218).

Durante la primavera de 1872 los hermanos Ebenezer y Lewis Burell, vecinos de la colonia Galense34 al ser atacados mientras araban la tierra salvaron sus vidas por la oportuna intervención de sus vecinos, William T. Moore y su hijo Jefferson, que corrieron tras los indios empuñando los rifles que usualmente colgaban del arado.35 En 1873 la colonia Alejandra era nuevamente atacada y William T. Moore sale tras los indios y recupera el arreo (Vogel, 1946).

El 10 de junio de 1875 –cuenta W.T.Moore- varios indios armados de buenas lanzas y perfectamente montados atacaron la colonia Mal Abrigo.36Una fuerte neblina ayudó a los indios, quienes saquearon, incendiaron y asesinaron a varias familias y dieron fin a la carrera, llevándose dos cautivos. Dos días después de este suceso lamentable, un chasque enviado por el señor Don Teófilo Romang… suplicaba a nombre de todos que organizara una expedición para perseguir hasta los toldos a los indios. …El día 14 del mismo mes tenía ya reunidos los amigos que me debían acompañar y a los que no tenían elementos de movilidad se los proporcionaba con mis escasos recursos.

Finalmente sorprendieron a los indios, mataron 19, hirieron varios y regresaron sin poder atacar otra toldería cercana pues sus caballos estaban agotados.37

El 29 de junio de 1875 los indios vuelven a atacar la Colonia Romang de una corrida impetuosa agarraron todos los caballos que estaban afuera, mataron a un hombre y a una mujer y llevaron dos muchachos...

Al grito de ¡los indios! ¡Los indios! los colonos que tenían caballos los persiguieron, mataron un indio o más y recuperaron seis caballos

Obtenido el apoyo gubernamental el 3 de julio de 1875 una nueva expedición de 25 hombres, voluntarios de las colonias California, Alejandra y Romang, salía desde esta última bajo el mando conjunto de William T. Moore, Benjamin Logan Moore, el cacique Tomás Valdez, Kaspar Kaufmann y Samuel Sager. Llegaron al Fuerte Unión donde el comandante Racedo les proporcionó provisiones, algunos soldados y baqueanos. Tuvieron problemas por falta de agua, atacaron una toldería “ocasionándoles, al menos, 17 muertos, entre ellos el cacique José Domingo ó José Peralta. El resto de la indiada se dispersó en los montes". Como los caballos estaban en muy mal estado debieron regresar efectuando una breve parada en el fortín El Toba.38

Con la venia del gobernador la denominada Expedición al Gran Chaco partió desde Colonia California el 2 de septiembre de 1875.39 Atacaron una toldería, tres indios que huyeron fueron perseguidos y muertos; sólo quedaron mujeres y niños que fueron cargados y llevados al campamento. Se les dio ropa a los niños y a la mañana siguiente un grupo partió en tareas de reconocimiento. Las indias apresadas indicaron que cerca estaban los tobas con mucha hacienda, pero como esos indios nunca habían atacado las colonias se decidió no perturbarlos. Rumbean hacia el Sureste buscando la costa del Paraná y atacan a otros indios que huyen hacia los montes, apresan dos mujeres, siete niños y un hombre, el resto escapa. La noche del martes 5 de octubre llegan a la capital donde son recibidos por Patricio Cullen, al día siguiente los prisioneros junto con el “Diario de Marcha” son entregados al gobernador.40

El 8 de octubre de 1875 los indios entraron en Romang y Alejandra, en ésta última robaron varios de los mejores caballos de William Henry Moore41 éste salió en persecución de los indios hacia el arroyo Saladillo Dulce acompañado del peón Pío García, su amigo James R. Holman y Arthur L. Powys, administrador de la colonia. A 10 kms del punto de partida avistaron a los tres indios con los caballos robados, los siguieron pero los perdieron en una isleta de monte, cuando llegaron al lugar fueron emboscados por otros diecisiete indios que les cayeron encima; Pío García se había retirado para resguardar los caballos, al llegar encontró muertos a Moore y Powys y gravemente herido a Holman, montó entonces el caballo más veloz y partió a llevar la noticia a Alejandra.

La repercusión de este hecho y de las expediciones no tardó en llegar42 mientras parte de la prensa -dando un giro en su línea editorial- sostuvo que la expedición ha olvidado las leyes de humanidad que deben ser sagradas tanto para blancos como para los indios. …lamentamos profundamente la muerte del hijo del señor Moore, deploramos aun más esta guerra de tal naturaleza que no puede llevar a nada bueno, mas que profunda y duraderas heridas43; otros sostenían que la única manera de imponer respeto á los indios es el sable y la bala. Las misiones religiosas no existen entre nosotros sino como una excepción... ya sabemos la fe que los indios tienen á los tratados y el cumplimiento que les dan. El único medio que nos queda para librarnos de esa plaga, es el sable y el plomo.44

Frente a los reclamos que se formulaban al gobierno nacional “con referencia a los tristes hechos ocurridos en la Colonia Alexandra” la Comisión Nacional de Inmigración emitió un comunicado deslindando toda responsabilidad: no puede causar ninguna extrañeza que en esta guerra entre los colonos y los indios a veces uno o dos granjeros sean asesinados. El Gobierno está llenó de admiración por el ánimo valiente y corajudo y la osadía de estos colonos, pero no puede aprobar la imprudente exposición de sus vidas, y tomará las medidas apropiadas tan pronto como esté en posesión de todos los detalles.45

El 5 de noviembre de 1875 William T. Moore salió al mando de la tercera espedición autorizada” por el gobernador desde “la estancia de don Samuel Sager, en la costa del Malabrigo, con una partida bien suplida de caballos y armas, de hombres escogidos…Tte. Cnel. Raymundo Oroño, el teniente Isidro Bugayo, el alférez Wenceslao Franco, veinte hombres de la Guardia Nacional de esta provincia (de la gente al mando del Comandante Romero) y 31 colonos (yo incluido) de las colonias de esta provincia46. Vino también el indio Balthazar (contratado en la última espedición) para servirnos de baqueano, siendo el total de 54 hombres armados y 53 caballos del estado, 77 caballos particulares y 7 mulas...

Atacaron dos tolderías, dieron muerte a 35 indios entre ellos los caciques José Ignacio y Nedaré ó Redaré, capturaron 61 prisioneros, en su mayoría mujeres y niños, y un gran arreo de caballos robados en Alejandra y Romang. Hubo varias bajas entre los expedicionarios incluyendo el sargento Laureano Gómez, los muchachos cautivados en Romang no fueron encontrados pues según una de las indias capturadas habían sido llevados más al Norte.47

La creciente violencia desplegada por los colonos provocó la reacción de la prensa que, sin salir del todo de cierta antinomia bien-mal, señaló si esto es cierto la muerte del hijo de Moore y de Powys ha sido terriblemente vengada… esto es de dudosa ventaja por el creciente odio que se infundirá en los ánimos entre civilizados e incivilizados, a través de la matanza de tantos de estos últimos”48. “No existe evidencia de que las victimas hayan sido realmente los que atacaron a los colonos... nadie defiende a los Indios…y es verdad que Moore está plenamente justificado para castigar no sólo a los que mataron a su hijo, sino a todos los que sean de la misma toldería que ellos, …y nuestras simpatías están junto a ese padre a quien tan cruelmente se le robara un hijo, así como junto a los corajudos y laboriosos colonos de las colonias California, Alexandra y Malabrigo, que durante 10 años han trabajado sus tierras sin ayuda de nadie… sin embargo nos parece necesario reducir la violencia de estas expediciones…¿qué piensa hacer el gobierno de Santa Fe con 59 mujeres indias y sus niños, y con qué derecho se los aparta de sus familias?.49

Los colonos negaron haberse vengado50 ninguna de las expediciones ha estado animada por algún espíritu de crueldad lasciva, por el contrario, todos los colonos deseaban tener cordiales relaciones con los indios, quienes, sin embargo, fueron los primeros en atacar a las colonias sin haber sido provocados… bajo ningún punto de vista consideramos que hayamos sido inmisericordiosos. No aceptamos que se nos trate de crueles y sanguinarios, no estamos dispuestos a sufrir ultrajes… y si no podemos defendernos sin dudas preferiríamos abandonar el país…. No podemos admitir que se diga que los Indios han sido tratados sin piedad, aunque si hayan sido severamente castigados.51

En 1876 William Tandy Moore propuso al gobernador Servando Bayo el establecimiento de una colonia militar entre los arroyos Saladillo Dulce y Amargo, al norte de Colonia California; a cambio de la entrega de tierras, proponía radicar de 12 a 16 familias, con hombres montados y sostenidos a su costa en servicio militar activo y a disposición del gobierno por el término de 6 años para “concurrir al llamado de cualquier autoridad de campaña, rechazar invasiones indígenas y hacer expediciones si el gobierno las ordenara”. El 12 de septiembre de 1876 fue sancionada la ley que autorizaba el contrato, en octubre Moore informa que no puede ir a firmarlo pues se halla gravemente enfermo, pero "tan pronto como cesen mis dolencias" afirma que cumplirá dicho cometido. Esta colonia militar nunca llegó a instalarse y no puede dejar de relacionarse el abandono de este proyecto con los conflictos políticos que poco después se sucedieron en la provincia, en los cuales Moore tuvo activa participación, y que enturbiaron su relación con el gobernador Bayo (Perez Martin, 1975). 52

En diciembre de 1876 los indios volvieron a atacar el puesto de Samuel Sager en colonia Romang llevándose gran número de animales. W.T. Moore con 7 colonos, 1 baqueano y 3 indios reducidos, salió tras ellos. Les dieron alcance a unas 70 leguas de la colonia y allí comenzó la pelea, el cacique Mateo intentó escapar pero fue abatido junto a 4 indios más, rescataron a un niño francés que, tras contar que habían matado a su padre y a su hermano al cautivarlo meses atrás, advirtió sobre la existencia de más tolderías en las inmediaciones. Poco después una partida de unos 80 a 100 indios caía sobre ellos, los colonos mataron unos 30; ante ello los indios emprendieron la retirada.53

Durante la mayor parte de la década del ’70, la economía argentina sufrió una fuerte crisis cuyos primeros signos comenzaron a hacerse visibles hacia 1873. Los efectos de esta debacle se extendieron durante el primer quinquenio del período, afectando a casi todos los sectores de la actividad económica aunque no simultáneamente (Elia, 1977: 191; 198; Ferns, 1977: 374-375).

Luego de los prósperos ‘60 comenzaron a hacerse sentir varios factores negativos para los colonos: el alto costo del transporte de la producción a los puertos (si tenemos en cuenta que el acceso por tierra era muy dificultoso a la zona nordeste santafesina y que el ferrocarril no llegó a esta región a pesar de algunos planes nunca concretados54), la pronta percepción de que la zona de la costa sobre el Paraná no era la más apta para los cereales, y los enfrentamientos con los indígenas en la frontera que – como vimos- aumentaron considerablemente durante la década del ‘70.

A las consecuencias de la crisis económica se sumaron el fin de la Guerra del Paraguay que hizo desaparecer el mercado que ésta había originado y que había favorecido a las colonias, y el cese de la exención impositiva en su momento acordada55 producto quizás de la participación de los colonos de la región en la fracasada revuelta contra el gobernador Bayo en marzo de 1877.56

En ese marco critico, y en medio de un clima muy pesimista, varios de los habitantes de Colonia California, decidieron regresar a su país natal, en 1877, el mismo año en que el propio gobernador de la provincia decía a la legislatura las cosechas de los últimos cuatro años han sido diezmadas por las terribles plagas de langostas que han asolado el territorio de la provincia; por la seca, la piedra y el granizo en muchos casos; … todo esto unido a los desastrosos efectos de la crisis monetaria ha debido paralizar el desarrollo y prosperidad creciente de nuestras colonias (Ensinck, 1979)

Quizás también contribuyo a esa decisión el hecho de que la situación en los Estados Unidos había cambiado, la crisis –que también había hecho sentir sus efectos allí tras la Guerra Civil- iba terminando, el periodo de la reconstrucción estaba finalizando y se vislumbraba a futuro un periodo más promisorio.

Tras el retorno de William T. Moore a los Estados Unidos en julio de 1877, su hermano Benjamin Logan Moore continuó liderando algunas expediciones punitivas para poner coto a los ataques indígenas57, aunque estos ya hacia fines de la década fueron atenuándose considerablemente58; a ello contribuyó el más decidido avance de la línea de fortines hacia el Norte, el afianzamiento hacia fines de los 70 de Reconquista como baluarte del avance, y finalmente la conquista militar del Chaco emprendida por el Gobierno nacional en 1884.

El uso de las armas sin contemplaciones contra los indígenas no constituyó ninguna novedad –como erróneamente lo entendió alguna miope historiografía (Cervera, 1939; Vigo, 1967-1988; Duarte, 1970)- pues ya había sido parte de la estrategia blanca en su relación con el indio desde los tiempos de la conquista hispánica y ese legado de experiencias anteriores continuó siendo ejecutado por quienes ejercieron el poder estatal luego de la revolución y la independencia, en lo que constituyó una línea de continuidad a lo largo de casi tres siglos.

El hecho inesperado de que la iniciativa estuvo ahora encabezada por inmigrantes extranjeros marca la ruptura. Esta conducta fue inusual para estas latitudes ya que si bien siempre hubo habitantes de la frontera o colonos que hicieron frente a las incursiones indígenas, el modo en que estos lo hicieron, organizados mediante una marcada militarización y con alguna permanencia temporal, incluido el ofrecimiento de una especie de “servicio militar” al estado local, otorga a los sucesos ribetes de excepcionalidad en el contexto argentino.

Ese accionar parece haber estado influido por fuertes vivencias anteriores visto que los pobladores de Colonia California se habían forjado en su gran mayoría en la dura vida de frontera del oeste norteamericano, y aunque no fueron soldados confederados como se creyó59, sí habían tenido experiencias similares en su país de origen.

Es necesario tener presente que el estado provincial y aún el nacional, durante el período en que ocurrieron los hechos narrados, eran un fenómeno en construcción y si esto es visto con claridad antes de 1880, aún después la expansión social y espacial de la influencia estatal, fue un proceso gradual. Por eso, aunque formalmente la frontera avanzara hacia el norte la capacidad de ejercicio del poder propio de las instituciones estatales era muy relativa en esos lejanos parajes. Esta marcada fragilidad poder estatal unido a las experiencias anteriores que estos colonos, y sus ancestros, habían tenido en su país de origen y el lógico interés en defender sus vidas y propiedades los llevó a armarse y arremeter contra los indios.60

Esta actitud generó, como contrapartida lógica de la protesta y el reclamo, una fuerte corriente de solidaridad entre estos inmigrantes y los pobladores de otras colonias vecinas pues “en épocas de malones aquellas colonias siempre pedían ayuda a los californianos quienes invariablemente salían tras los Indios dejando desprotegidas sus propios hogares para ayudar a sus vecinos”.61

La opción por la violencia como modo de resolución del conflicto no puede entenderse sin comprender que la corriente de pensamiento que negaba la realidad de las comunidades indígenas, la importancia de su cultura y, especialmente, su dignidad como seres humanos, era marcadamente predominante en la época, y ello derivó -en la práctica- en la destrucción total o parcial de muchos grupos étnicos a partir de su supresión física o su vaciamiento cultural (Martínez Sarasola, 1992: 18).

Es cierto que no sólo la conquista por las armas fue el recurso usado por los españoles primero, y los criollos después, pero tampoco fue el caso para estos inmigrantes pues sus intensas relaciones con los indios incluyeron también la convivencia pacífica, el intercambio comercial y los trabajos rentados.62 Así la Colonia California por ejemplo dependía en parte de los indios reducidos de San Javier para los trabajos, les pagan 4 reales por día por hombre y 3 reales por día a las mujeres.

Normalmente McLean tiene unos 20 trabajando para él… Los indios pueblerinos de San Javier están admirados y se pelean entre ellos para ganarse la confianza de los colonos y conseguir algún empleo.63

Frente a la militarización de los colonos el gobierno provincial adoptó una actitud complaciente64, brindó apoyo material a las expediciones que ellos organizaron, a las cuales como vimos sumó en ocasiones soldados y pertrechos65, ya que ello le convenía ante su incapacidad para hacer frente a la degradación creciente de la situación de la frontera indígena.66

Por otro lado, muchas veces el gobierno hizo oídos sordos frente a los reclamos contra los indios reducidos que también participaban de incursiones67 pues a estos los necesitaba como tropa y para fines electorales; a su turno también los colonos avezados en el uso de armas fueron a su vez utilizados en las luchas políticas facciosas que fueron particularmente violentas en Santa Fe durante el periodo. Involucrados como se vieron estos inmigrantes -más numerosos colonos especialmente de origen suizo de colonias vecinas- en una revolución contra el gobernador Bayo, su marcha al encuentro armado con las fuerzas oficialistas fue lado a lado con numerosos grupos indígenas, explosiva mezcla que la prensa oficial no dejo de destacar “no han tenido sino ignorantes colonos y más ignorantes indios que tomasen las armas para alterar el orden en la provincia.”68

Además, estos inmigrantes a los cuales se enviaba allende la frontera cumplían otra función asignada por el gobierno local: la de asegurar –sin costo alguno para el estado- un notable crecimiento de las fuerzas productivas al posibilitar la expansión física de la frontera y de la tierra en condiciones de ser explotada. El propio Oroño afirmaba “la persecución de los indios es cuestión de progreso. Si la frontera no está segura, la industria no se desarrolla, nuestros campos, en vez de crecer su valor, desmerecen. En una palabra la población y seguridad del Norte es la vida de Santa Fe” (Díaz Molano, 1977: 83).

La suerte de los indios sin dudas fue la peor parte, dejando de lado los muertos en los enfrentamientos, aquellos destinados al servicio militar no podían ocuparse de sus familias o su porvenir, y aplacadas las incursiones o reducidos, las promesas de entregas de tierras tantas veces reiteradas no se concretaban; en 1868 a los reducidos de Calchines “se los trata como esclavos y sin consideración, sin terrenos de donde poder sacar su sustentación, y sin otros recursos que sus brazos para ocuparlos en beneficio de otros intereses que no son los de ellos”; todavía en 1876 los indios de la Reducción de Santa Rosa “quieren trabajar pero no tienen tierras… algunos se contratan de peones con los criollos, pero muy pocos porque no les gusta ni les hace cuenta como dicen”, y para la misma época los indios reducidos de San Javier “no tienen ni una pulgada de terreno y temen que los echen de sus ranchos de paja… lo que hace que no quieran labrar sus campos ni cultivar la tierra”; y a veces cuando si disponían de tierras estas no eran adecuadamente utilizadas, en la Reducción San Martín “las tierras son de propiedad de los colonos pero desgraciadamente no los cultivan o sea que han abandonado su vida montaraz solo a medias… le dan [al Cacique] 40 pesos fuertes al mes el Gobierno Nacional y ración de carne diaria, así que no hay hambre”, o se

deshacían de ellas rápidamente “no basta con que obtengan suertes de estancia que algunos tal vez venderían por una botella de ginebra o cosa equivalente.” 69

 

A modo de conclusión.

En el caso que nos ocupa los colonos extranjeros se instalaron en tierras -que el gobierno les vendió- donde “los indios de San Javier y los montaraces tienen una especie de convenio tácito ya que hasta allí pueden cazar los indios reducidos” (Perkins, 1867: 49), bien pronto los indios advirtieron que ese no sería el final del avance blanco pues “creen que esas colonias eventualmente arruinaran sus cotos de caza y tomarán posesión del Chaco”.70

Estos episodios dan cuenta de una lucha por el aprovechamiento del espacio, por eso a medida que la frontera avanzaba hacia el norte era predecible que los conflictos entre los diferentes grupos indígenas, y entre estos y los “blancos”, irían en constante aumento.

Desde inicios del siglo XVIII la economía de los grupos indios del Gran Chaco tenía al ganado como núcleo central, y el malón –que no era por cierto una actividad pacífica- era una forma de abastecerse de bienes que eran necesarios para el sustento y el comercio (ganado vacuno) a la vez que otros elementos indispensables para los enfrentamientos con otros indios o los colonos extranjeros y criollos (caballos y armas de fuego). Por otra parte las incursiones de los indígenas sobre las colonias o los poblados no dejaban de ser un modo de resistir y mantener la autonomía frente al avance “blanco”.

Asomarse a ese mundo de frontera que vio la luz en el norte santafesino en la segunda mitad del siglo XIX, permite advertir que el conflicto, como invariablemente ocurre en aquellos de índole social, tiene raíces varias que tienen que ver con los fines concretos que los grupos en pugna persiguen y, al mismo tiempo, con las interpretaciones que cada uno de ellos hace de lo que está en juego.

La violencia era una de las formas culturalmente aprobadas, en ambos bandos, para el logro de las metas en disputa, y era parte de la constelación de normas, prácticas e instituciones de ambas sociedades, por ende no puede causar sorpresa su presencia en el catalogo de contactos entre ellas ni puede ser atribuida, como aporte novedoso y exclusivo, de los extranjeros al asunto.

El conflicto fue despiadado y cruel eso es indudable, como tantos otros a los que la historia de la humanidad nos tiene acostumbrados con trágica regularidad, pero el choque, en esas condiciones, era casi inevitable; la expansión más allá del río Salado hacia el Norte ineludiblemente importó avanzar contra los indios que hasta entonces ocupaban más o menos pacífica e intermitentemente ese espacio que, no sin razón, consideraban propio; esa lucha por el control económico de un territorio no significó la inexistencia de fuertes contactos de orden diverso, pero el enfrentamiento estaba en la lógica de la relación entre ambas sociedades, una disputa donde el más fuerte se terminaría imponiendo al más débil (Garavaglia, 1999: 39-41).

 

 

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Indios, Inmigrantes y Criollos en el Nordeste Santafesino (1860-1890). Un caso de violencia en una sociedad de frontera

 

Resumen

El trabajo trata de explicar cómo la violencia jugó un rol en las interacciones específicas y los conflictos entre indios, inmigrantes y criollos sin recurrir a las categorías facilistas de víctima-explotador, o la glorificación o satanización de cualquiera de los grupos en pugna. Para ello intenta desentrañar qué estrategias desarrollaron los grupos en competencia para sobrevivir e interactuar; qué impacto tuvo la situación de frontera sobre sociedades indias que en gran parte se encontraban fuera del control directo de las autoridades; qué representó la frontera para los blancos, en especial, los inmigrantes; y qué alternativas abrió para los indios; sobre qué bases se estableció esa convivencia, y cuál fue el papel del Estado en esas circunstancias; cuál fue la influencia del legado de contactos anteriores y de las experiencias propias previas de los inmigrantes, y cómo la ausencia de un poder coercitivo estatal que hiciera sentir su presencia reguladora efectiva parece haber marcado, con tintes muy particulares, las conductas de los protagonistas.

 

Palabras Clave: Abipones – Santa Fe – Frontera – Guerra – Siglo XIX

Javier Leandro Maffucci Moore

 

 

Indians, Immigrants and Local Population in northeast Santa Fe (1860-1890)- A

Violence Case in a Frontier Society

Abstract

This work intends to explain the role violence played in specific interactions and conflicts between Indians, immigrants and Criollos without resorting to simple victimexploiter categories, or by glorifying or demonizing any of the groups in struggle. With this purpose in mind it intends to find out the following: the strategies that the rival groups developed to survive and communicate between themselves; the impact of the frontier situation on Indian societies that were to a large extent outside the direct control of the authorities; the meaning that the frontier had for the Whites, specially the immigrants, and the alternatives it opened for the Indians; the bases on which coexistence was established and the role of the State in those circumstances; the influence of the legacy of previous contacts and of the immigrant’s previous experiences, and how the lack of a state coercive power –that could exercise an

effective control- seems to have developed very particular behavioural traits in the different actors.

 

Key Words: Abipones – Santa Fe – Frontier – War – XIXth Century

 

1 Universidad T. Di Tella, Departamento de Historia- Posgrado. Miñones 2059 Capital Federal (C1428ATF) Correo Electrónico: javmoore@fibertel.com.ar

2 El art. 3° de la constitución santafesina de 1843 estipulaba que la provincia se extendía al norte “hasta el Gran Chaco” y la de 1863 estableció que el límite norte era “el arroyo del Rey situado aproximadamente en el grado 29° de latitud” (Sabat, 1972)

3 Expulsados los jesuitas en 1768, tomaron su lugar los mercedarios en la reducción de San Javier hasta 1808 aunque ello no impidió la franca decadencia del lugar. Hacia 1812 fueron los franciscanos dependientes del Convento de San Carlos, en San Lorenzo, quienes continuaron esa tarea.

4 La reducción de San Jerónimo continuó su labor en manos de los mercedarios, pero cuando los franciscanos se hicieron cargo -1795- estaba casi abandonada, decadencia que continuó hasta que fue casi destruida por un ataque de indios “montaraces” en 1818; en 1825 el gobernador Estanislao López trasladó a los abipones reducidos que quedaban hacia El Sauce a unos 40 km al oeste de la ciudad de Santa Fe, allí conformarían los “Lanceros del Sauce” que prestaron innumerables servicios militares a la provincia, aun en contra de otras parcialidades indias, al mando de su jefe el capitán Nicolás Denis. La reducción de San Pedro desapareció, muchos de sus habitantes se unieron a los indios “montaraces”, algunos se sumaron a la de San Javier, y en 1834 Estanislao López reinstaló a los mocovíes de San Pedro Chico en el pago de Añapiré. Abandonada la reducción de San Javier por los franciscanos en 1825, lo que quedó de la población indígena fue trasladada en 1834 a la reducción de Santa Rosa de Calchines, y recién hacia 1856/1857 regresaron a San Javier, otorgándose el estatus de Colonia Indígena en 1866, aunque un grupo permaneció en Cayasta con el cacique Valdez y otro en Calchines siguiendo al cacique José Rojas.

5 Vivió en California durante la “fiebre del oro” allí trabo amistad con la familia Navarro, catamarqueños exiliados durante el gobierno de Rosas, a quienes volvería a encontrar en Chile a mediados de los ’50; casado con Parmenia Navarro Ocampo hacia 1860 se instaló en Rosario, donde se dedicó al periodismo, el comercio, la hotelería, la exportación y los negocios inmobiliarios. Fue secretario de la Comisión Nacional de Inmigración, sede Rosario.

6 The Standard & River Plate News, 20/2/1866, en adelante The Standard.

7 “El principal cometido de la expedición es el relevamiento, mensura y mapeo de la concesión anglo argentina entre los ríos Paraná y El Rey, frente a Goya”, Hurra for the Gran Chaco, The Standard, 4/3/1866.

8 Carta de Perkins a un amigo en Australia, The Standard, 12/1/1867.

9 En agosto de 1859 el teniente coronel Telmo López, hijo del Brigadier y jefe de la frontera norte, llevó adelante varias expediciones contra los indios incluyendo un encuentro en el Zanjón de las Conchitas con la toldería del cacique José Araya que resultó en “el exterminio casi total de todos ellos” incluyendo al cacique, el capitanejo Lorenzo Seco y 30 y tantos “indios de pelea”; el avance del Cnel. Du Graty había provocado la reacción de los caciques Araya, Bonifacio, Roque y otros, que avanzaron sobre los cantones Narvate e Iriondo llegando a las puertas de la ciudad de Santa Fe (Aleman, 1997:. 64-66, 92).

10 The Standard, 2/2/1866.

11 The Standard, 13/1/1867.

12 Alexander McLean, William Tandy Moore, James B. Lockett, Zina Post, Francis Benitz, Josiah Carrico Reeves, Harlow D. Snow, William Henry Moore y Moses Thomas Moore, Charles W. Burton, Albert Vidler, M.T. English, Charles Stewart, Charles Allen Hildreth, Edward Washburn, John Pennington, los caciques Juan Gregorio, Tomas Valdez, y Matías Villalba y 20 indios jóvenes de San Javier.

13 AGSF, Escribanía de Gobierno, 1866, T. 2., Expediente nº 52, fs. 512/518, Alexander McLean, Harlow

D. Snow, Josiah Carrico Reeves, William Tandy Moore, John Smith, James B. Lockett, Zina Post, Moses

Thomas Moore, Francis Benitz y William Henry Moore.

14 The Standard, 8/12/1866, carta fechada 10/11/1866.

15 Brazil & River Plate Mail, 7/1/1867; The Standard, 1/11/1866.

16 Alexander McLean era alfabeto y el hombre de más edad de la colonia con lo cual no sorprende que se le encargara la representación de la colonia ante las autoridades.

17 Apelativo con que los abipones reducidos o asimilados denominaban a los mocovíes, y que luego se utilizó para llamar a todos aquellos indígenas libres de la dominación del hombre blanco.

18 The Standard, 7/2/1867.

19 “Esperamos 30 familias desde California, recibimos cartas diciendo que partirían el 1º de este mes trayendo todo tipo de herramientas. Todo lo que deseamos son unas 200 familias norteamericanas para hacer del Chaco un paraíso”, carta de W.T. Moore a Perkins, fechada Colonia California, 21/8/1867, The Standard, 18/9/1867. Perkins se contactó con un tal Hennessy de Texas interesado en enviar inmigrantes quien comisionó a Martin M. Kenney que estuvo un tiempo en Colonia California. The Standard, 4/9/1867 y 18/9/1867.

20 “Lo que más se necesita ahora son colonos, americanos o ingleses, preparados para colonizar en los montes, y armados para defenderse ellos mismos o por si la colonia necesitara protección. Hemos recibido ya tres familias inglesas de Buenos Ayres y dos hombres solteros desde California. Si ves alguna familia americana, inglesa, escocesa o irlandesa, u hombres solteros que quieran ser agricultores, no dudes en decirles que este es el mejor lugar de la República Argentina”, carta de Martin M. Kenney, The Standard, 2/2/1686. Tal era el entusiasmo de los colonos que, a principios de 1867, comisionaron a Alexander McLean para que invitara al gobernador Oroño a visitar el establecimiento y mostrarle su progreso, The Standard, 7/2/1867.

21 Memoria presentada al Congreso Nacional de 1870 por el Ministro de Justicia, Culto e Instrucción

Pública, Buenos Aires, Imprenta de la Penitenciaria, 1870.

22 Carta de Cabal al gobernador Simón de Iriondo 2/9/1868, AGSF, Archivo Iriondo.

23 AGSF, Gobierno, 1869, fº 1227.

24 Hacia mediados de 1869 la empresa Warnes, Herbert y Cía., conformada por los hermanos Ovidio A. y

Joaquín Warnes, uruguayos, y Joseph Hebert, francés, de Colonia San José, Entre Ríos, recibieron una concesión de tierras unos 27 Km. al norte de Colonia California para establecer una colonia agrícola,

AGSF, T. 35, f. 1104.

25 Carta de William Henry Moore, The Standard Weekly, 5/10/1870.

26 Alexander McLean comenta a Perkins que el comandante del fortín mandó a su teniente y ocho soldados “lo peor del país”. Denuncia que los indios reducidos de San Javier se entienden con los montaraces, que todo está bien en Colonia California pero que no sabe si pronto no correrán la misma suerte que los franceses, The Standard, 7/6/1870, quienes salieron tras los indios fueron William T. Moore, Moses Thomas Moore, William Henry Moore, Harlow D. Snow, James H. Mounts y Alexander McLean, The Standard Weekly, 5/10/1870.

27 El significativo aporte de bienes de capital (trilladoras, vapor de caminos, barcazas de transporte, molinos a vapor, arados, máquinas segadoras, etc.), algunos nunca antes vistos en la zona, brindó una ventaja comparativa a Alejandra respecto de otros sitios, de ahí que para 1874 se obtuvieran mejores precios por los productos agrícolas que, por ejemplo, en San Javier. Esto sin duda atrajo a más colonos, quienes además, respondieron al aumento de la demanda de mano de obra generada por aquellas innovaciones.

28 Carta del mayor Francis I. Rickard, apoderado de Thomson, Bonar and Co., The Standard, 14/10/1871.

29 En marzo de 1872 el encargado de negocios británico en Buenos Aires, H. G. Macdonell, informaba que "no sólo están estos colonos californianos diariamente expuestos a los malones indios, sino que el Gobierno no admite sus reclamos por protección alegando que los colonos se establecieron a sabiendas en un lugar expuesto, y deben hacerse cargo de las consecuencias", esta respuesta se la dio el Ministro de Relaciones Exteriores argentino al protestar el cónsul frente al asesinato de Andrew Weguelin y la falta de apoyo gubernamental en cuanto protección de los colonos, Remarks on the River Plate Republics as a field for British Emigration, 14/3/1872.

30 The Standard, 11/11/1871, el editorial alaba un decreto del gobernador santafesino que autoriza a considerar como montaraz a todo indio armado que esté a más de una legua de su pueblo. Francis I. Rickard, agente de Thomson & Bonar, dice que el gobernador los autorizó a disparar a los indios que anden armados a más de una legua de San Javier y que tuvo dificultad en evitar que los colonos atacaran y mataran a una partida de caza de más de 60 indios reducidos que pasó cerca del corral, a los que junto con 47 hombres y un oficial de línea y algunos soldados capturó y envió al fortin donde espera sean castigados por haber ido más allá de los lugares permitidos, reitera que esos indios “son pagados, vestidos y alimentados por el Gobierno Nacional, reciben por mes 130 cabezas de ganado, el Jefe recibe 70 pesos fuertes y los demás en proporción a su rango”, The Standard, 14/10/1871.

31 Parliamentary Papers, Informes consulares de la Argentina, Mr. Mcdonell to Earl Granville, nº 8, inclosure 1871, Guildhall Library, Londres.

32 Firman la carta, fechada el 3/11/1871 en Colonia California: Francis I. Rickard, en representación de J. Thomson, T. Bonar & Co., William T. Moore, William H. Moore, Abraham Fisher, Alexander Schmeader, Robert Waspe, Briggs, Joseph Beckley, William Beckley, David Morgan, Morgan Morgans, John William Reade, Thomas Hughes, Robert Moulsdale, David Jones, William Davies, John Morgan, Wilkinson, John C. Thompson, Hector McLean, Joseph L. Francis, Samuel Gibson, M. Thomas Moore, Francis Benitz, Henry Wasp, Thomas Beckley, Richard Morgan, John Roberts, John Davies, Louis Morgan Burrell, Griffith Price, Hugh Hughes, James W. Hurt, James H. Mounts, Isaiah Davies, Milton L. Mounts, Alexander McLean, Josiah Reeves y Ebenezer Burrell, AGSF, Gobierno, 1871, T. 35, fº 1772 y ss.

33 AGSF, Gobierno, 1871, T. 35, fº 1772 y ss. Poco después el coronel Obligado le reclamó al gobernador que removiera a los indios de San Javier, formuló severas apreciaciones acerca del cura señalando que su interés sólo se limita a que los indios aprendan a rezar y que los apaña en cuanto a los robos e incluso admite que tengan cautivos, acusa a varios indios reducidos como partícipes en los ataques y se queja pues tras apresar al cacique Juan Gregorio éste ha sido indultado a pedido de las autoridades provinciales.

34 Por decreto del 29-11-1867 el gobierno santafesino destinó tierras para el establecimiento de una colonia de pobladores galeses dirigidos por Guillermo Davies. Se trataba de un grupo de familias provenientes de las colonias galesas instaladas en el valle del Chubut que no querían regresar a la Patagonia, presumiblemente ante el fracaso de las primeras cosechas en aquel inhóspito paraje, y formaron así la colonia Galense o Inglesa.

35 En Vogel, Warren Hunter, Bennet Wooding y Tourn Pavillon se apunta que Eben Burrell murió en esa ocasión, pero Ebenezer Burrell falleció en realidad el 29/9/1880 en Colonia California, a los 42 años, soltero, producto de una fiebre inflamatoria, Registro de Entierros, 9 oct 1871 c. 1877, 43.40.11, Iglesia Anglicana de San Bartolomé, Rosario.

36 Malabrigo fue el nombre que recibió en un principio, y que correspondía al arroyo y la región que este recorre, en 1885 la población adoptó el nombre de su fundador Teófilo Romang; la población que hoy conocemos como Malabrigo recién fue fundada en 1891 con el nombre de Colonia Ella. La familia atacada habría sido la de Modesto Brüe y su esposa María Kappeler, y sus dos hijos los cautivados.

37 Carta de W. T. Moore al gobernador de Santa Fe, 31/7/1875, AGSF, Gobierno, 1875, T. 42, apéndice

38 Expedicion contra los Indios Montaraces, AGSF, Gobierno, T. 42, 1875, apéndice 25.

39 AGSF, Gobierno, T. 42, 1875, apéndice 25. William T. Moore, su hermano Benjamin Logan Moore, su sobrino Medford Moore, Héctor Mc Lean, Henry Griffith, Nicolás Blassy y Juan Grobet, de Colonia California; César Henriet, Pablo Valory, Lorenzo Richard y Luis Savoni (ó Savomin), de Colonia Eloí a;

Abraham Fisher, Henry Taylor, Nelson, John Pugh, George Spencer, Yorkshire, S. Martin, Fortuno, Perico Agrelo, Colman, el capitán Baylis, Pedro Bernard, cuatro miembros de la familia Davies, Fast, Ernest Simpson, William Henry Moore y George Chapman, de Colonia Alejandra; y R. Kaufmann, A. Lehmann, el cacique Tomás Valdez, A. Leonhardt, Kaspar Stirneman, Miguel Adolfo, V. Nicolatti, F. Salezan, S. Vitter, P. y S. Inocencio y Samuel Sager, de Colonia Romang. Luego se agregaron tres hombres enviados por el señor Vatry, director de la Colonia Vanguardia, conducidos por el ingeniero Andrieux, el criollo Simón Frutos, y dos indios de la reducción de El Rey, Francisco Cabral y Juan Gómez, más víveres y caballos. El informe fue redactado y escrito a pedido de William Moore por Juan Grobet, fundador de Colonia Eloísa, luego vecino de Colonia California y juez de paz de San Javier.

40 “1 hombre, 5 mujeres, y 13 chicos, las mujeres en su mayoría con criaturas, fueron llevadas ante el Gobierno y una multitud los siguió por las calles de la ciudad, serán distribuidos como sirvientes en casas privadas y se habla de hacer una subscripción para Moore y su grupo”, The Standard, 15/10/1875.

41 Hijo mayor de W. T. Moore y Winnifred S. Doty, trabajaba para la administración de la Colonia Alejandra y fue el primer juez de paz del lugar, AGSF, Gobierno, T. 42, 1875, fº 388 y 1003.

42 “Las noticias de ayer han creado una profunda impresión en los círculos británicos locales, y gran ansiedad por conocer mayores detalles de lo ocurrido… una sola cosa está clara, la protección militar de la frontera no es la adecuada”, The Standard, 14/10/1875.

43The Standard, 23/10/1875.

44 La Prensa, 30/10/1875.

45  Brazil and River Plate Mail, 8/11/1875.

46 Integraban esta expedición William T. Moore, Thomas Moore, Medford Moore, Héctor McLean, Samuel Gibson y Henry Griffith de Colonia California; Rudolf Kaufmann, Jacob Kauffman, Enrique Kiner o Kiener, José Binder ó Bentz, de Helvecia; Laurent Richard de Estancia Grande; C. Tarr, Niels, B. Arnetz, J.C. Taylor, George Spencer, W. Harris, capitán W. Bailey, y Edmund Coopinger, director de la colonia y juez de paz, de Colonia Alejandra; y Samuel Sager, Gaspar Kaufmann, Antonio Aleman, C. Krieger, Juan Frant, Peter Brun, Francisco Salazar, Jacob Burguer, Teodor Frei y Miguel Adolf de la colonia Malabrigo (Romang).

47 AGSF, Gobierno, 1875, T. 42; “El Comercio de Rosario dice que el Gobierno de Santa Fe le ha pagado a William Moore 200 patacones por su última expedición, así como otros 400 patacones por los gastos”, The Standard, 19/11/1875.

48 The Standard, 7/12/1875.

49 The Chaco Indians: Moore’s Last Expedition, The Standard,

50 Carta de Edmund Coopinger, The Standard, 19/12/1875.

51 Carta de Edmund Coopinger y W. Bailey, The Standard, 14/1/1876

52 AGSF, Gobierno, T. 48, 1876; Archivo de la Legislatura de la provincia de Santa Fe, Documentos de la

H. Cámara de Diputados, t. 21, fº 1002, 1876.

53 The Standard, 5/1/1877. “Sabemos que hemos sido criticados…. Se nos ha acusado de crueldad y de animosidad sedienta de sangre hacia los Indios, pero todo ha quedado claro ahora. Fuimos a rescatar a los cautivos y a castigar a los agresores, y lo logramos, y si vuelven a molestarnos, estamos confiados en que sabremos retribuirles adecuadamente” carta de Samuel Sager y Benjamín L. Moore a los editores, The Standard, 12/1/1877.

54 Archivo Histórico de la provincia de Santa Fe, Tomo 64, Gobierno, 1881, f. 288.

55 Por ley del 4 agosto 1871, y decreto del 9 agosto 1871, se eximió de impuestos directos a las colonias agrícolas “hasta la altura de Helvecia” por tres años, y las ubicadas más allá de Helvecia por cinco años.

Registro Oficial Santa Fe, Tomo VII 1869-1872.

56 En marzo de 1877 Patricio Cullen, ex gobernador, poblador de la costa, y caudillo del llamado Partido

Liberal u oroñista encabezó una revuelta, fracasada, destinada a destituir al gobernador Servando Bayo (autonomista), que contó con el apoyo de un grupo de colonos extranjeros de la región nordeste, como así también de grupos criollos e indígenas. "En un combate fue muerto por las fuerzas del Gobierno el señor

Cullen, ex-gobernador de Santa Fe, una de las personas más respetables de aquella provincia. En el mismo combate fue herido el señor Iturraspe, y parte de las fuerzas de infantería de los revolucionarios se componían de colonos mandados por el célebre Mr. Moore... La muerte del respetable señor Cullen, su participación en la revolución, y la parte que han tomado los colonos denuncian la existencia de un mal profundo..." La Prensa 23/4/1877. "El señor Patricio Cullen era un honrado ciudadano. Ha sido muerto en el campo de batalla en Calchines junto con veinte vecinos más de esa provincia... El señor Cullen llegó el 20 al mando de 300 hombres, entre los cuales había 70 infantes reclutados en las colonias al mando de Mr. Moore, el famoso espedicionario al Chaco..." La Tribuna, de Marco, Miguel Ángel La Revolución santafesina del 17 de marzo de 1877, III Congreso de Historia Argentina y Regional, vol. 1, Santa Fe-Paraná, 1975, 161/173.

57"El 30 de enero de 1877 nueve indios invadieron la Colonia Alejandra y robaron cuarenta yeguarizos  al colono Pedro Bernard, cinco personas los persiguieron pero no los alcanzaron…como es natural se alarmó la gente en las dos colonias invadidas (los indios venían de atacar a Romang) y se preparó una haya tenido participación efectiva en la Guerra Civil, más allá de su afinidad ideológica con los sureños que era evidente: W.T.Moore bautizó a dos de sus hijos como Jefferson Beauregard y Robert Lee: Jefferson Davis fue el primer y único presidente de la Confederación y los generales Pierre Gustave Toutant de Beauregard y Robert Lee fueron prominentes comandantes del ejército confederado. Por su parte Alexander expedición... yo dí parte al Ministerio de Guerra a Buenos Aires... pero como el servicio de Fronteras que desde algún tiempo está paralizado... veinte colonos voluntarios de aquí y otros tantos de Malabrigo (Romang) bajo el mando de don Benjamin Moore salieron al Chaco el día 9 del presente año para pelear a los montaraces.... El día 18 la expedición regresó a Mal Abrigo (Romang). Allí se enteró del asesinato por los indios de don Samuel Sager el día 11 de este mes... y de otro robo de vacas... A consecuencia de este lamentable suceso don Benjamin Moore encabezó otra expedición cuyo objeto es recorrer los campos adentro de las fronteras, donde se encuentra, según declaraciones de la china prisionera, el cacique José con más de noventa indios desde Año Nuevo" AGSF, Gobierno, 1877; El 25 de noviembre de 1878 el juez de paz de Alejandra informa que "la expedición de voluntarios de acá y de la colonia Romang que el 3 del presente mes marchó contra los indios salvages ha vuelto el 19 último con resultado negativo: un indio y dos mujeres con criaturas que se entregan al Coronel Obligado", el jefe de la expedición era Benjamín Logan Moore y que "se han sucedido nuevos robos por los indios de San Martín" AGSF, Gobierno, T. 50, f. 473.

58 Hacia 1883 "el peligro ha desaparecido ya [aunque] durante mi visita á las colonias reinaba en las más fronterizas, cierta alarma producida por una invasión de montaraces" (Zeballos, 1984: 137).

59 Se ha especulado (Harrison, 1950) con la posibilidad de que William T. Moore y su grupo fueran soldados confederados pero no existe constancia que alguno de ellos McLean firmó, junto a otros vecinos como Benjamin L. Moore, una carta en apoyo de Houghton, corresponsal en el condado Lake, del Napa Co. Register, periódico que apoyaba a aquellos que estaban en contra de Abraham Lincoln y en favor de los confederados, Napa County Register, 29/8/1857, Archivo Abercrombie, Lake County Genealogical Society, California.

60 En el caso de W.T. Moore se sumó el haber sido condenado a “la pena de tres años de servicios a las armas,  onde el Poder Ejecutivo se sirva determinarlo”.conforme sentencia del 2/7/75 impuesta por el homicidio de James Whitset Hurt cometido en 1873, el juez dijo que Moore debía ser “severamente castigado sin menoscabo de su honra y de su valor”, pero consideró que la pena prevista por la ley no era prudente pues “la honradez de ambas personas y su importancia social, especialmente la del reo cuya honorable foja de servicios lo destacan satisfactoriamente las numerosas solicitudes elevadas al tribunal por los habitantes del Norte de nuestra provincia, inducen a creer por parte del último que sólo por efecto de un violento arrebato y exceso de celo por su honra ha podido precipitarlo a la consumación de un hecho como éste”, AGSF, Expedientes Civiles, 1879 14 a 16, Expte. 15.

61 The Standard, 2/8/1877.

62 “Durante tres años no han sido molestados por los Indios hasta que hace 4 meses atrás unos 30 tobas armados con lanzas y montados les robaron 108 caballos y un buey, pero los persiguieron 5 colonos que recuperaron 45 caballos, se produjo un enfrentamiento, 3 indios fueron muertos y 2 heridos uno de los

colonos fue boleado en la cabeza y el hombro, y uno de esos indios trabajaba como pastor para los colonos según se pudo averiguar luego”, The Standard, 20/7/1869.

63 Impresiones de comerciantes de La Paz, Entre Rios, que visitaron Colonia California, The Standard, 18/6/1867.

64 “El Gobernador hizo llamar a Moore y le agradeció en nombre de la provincia: él recibió una pequeña herida de bala, lo que demuestra que los Indios consiguen armas de fuego de una u otra manera. Moore se propone realizar otra expedición, toda vez que los Indios volvieron a atacar Malabrigo”, Moore’s victory over the Indians, The Standard, 7/8/1875.

65 “El 4 de septiembre William Moore, de la Colonia California, salió con 43 hombres en una expedición contra los Indios, el gobierno les dio 60 caballos y rifles, y provisiones para tres semanas”, The Standard, 1/ 10/1875.

66 En este sentido "la correspondencia entre Nicasio Oroño y Marcos Paz, vicepresidente de la República (a cargo de la Presidencia pues Mitre comandaba las tropas de la Triple Alianza en la Guerra del Paraguay), muestra con claridad la impotencia de las autoridades provinciales para dar una solución satisfactoria al problema que planteaban las continuas invasiones indias" (Gallo, 2004: 41).

67 Informe del Cnel. Obligado, a pedido del Ministro de Guerra, AGSF, Gobierno, T. 35, fº 1772 y ss.

68 El Sol, 28/3/1877.

69 Memoria presentada al Congreso Nacional de 1870 y 1876 por el Ministro de Justicia, Culto e

Instrucción Pública.

70 The Standard, 1/9/1868.

 

 

Javier Leandro Maffucci Moore






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