Inicio > Mis eListas > humboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 12360 al 12379 
AsuntoAutor
201/11 - Brasil - Noticias
202/11 - Pasajeros Noticias
203/11 - VIAJANDO: Noticias
204/11 - La OTAN, Noticias
205/11 - Pasajeros Noticias
206/11 - VIAJANDO: Noticias
207/11 - SISMOS DE Noticias
208/11- Largest an Noticias
209/11 - Magnitude Noticias
210/11 - Historic Noticias
211/11 - Terremoto Noticias
212/11 - Pasajeros Noticias
213/11 - RÉPLICAS Noticias
214/11 - Dicen que Noticias
215/11 - VIAJANDO: Noticias
216/11 - Los terre Noticias
217/11 - Un mundo Noticias
218/11 - Pasajeros Noticias
219/11 - Los estad Noticias
220/11 - VIAJANDO: Noticias
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Noticias del Cehu
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 12631     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:NoticiasdelCeHu 205/11 - Pasajeros de Proa: INMIGRANTES EN LA PROVINCIA DE SANTA FE
Fecha:Viernes, 11 de Marzo, 2011  01:35:33 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 205/11
 
 

INMIGRANTES EN LA PROVINCIA DE SANTA FE

Desde distintas partes del mundo llegaron al país grupos de inmigrantes.
Las colectividades se afincaron y formaron pueblos, barrios e instituciones, en los que trataron de conservar sus costumbres.

La gran inmigración al país estaba compuesta mayoritariamente por meridionales: españoles e italianos. Si bien no eran obreros calificados, afinidades idiomáticas y religiosas facilitaron su integración.

La utopía agraria propiciaba el poblamiento en espacios desiertos del mundo con extranjeros, que serían pioneros y civilizadores a la vez. Para Europa la emigración fue una válvula de escape a muchos problemas locales. El auge de la navegación de vapor permitió un traslado transoceánico rápido y barato.

Buenos Aires fue la puerta de entrada entre 1869 y 1914 cuando duplicó su población. Entre 1881 y 1930 desembarcaron cuatro millones de personas. En 1895 el 72 % eran extranjeros, con un 43 % de italianos y un 33 % de españoles. El criollaje vio invadido su escenario. Esa gringada, que se pensó iría a poblar el desierto, se concentro en la urbe y cubrió todos los puestos de trabajo. Hasta los policías eran extranjeros. La crisis de 1929 frenó ese empuje. Desde 1938, se combatió la inmigración clandestina, y solo se admitió la selectiva. El flujo poblacional se reanudará, en medida mucho más modesta, al fin de la Segunda Guerra Mundial, entre 1945 y 1950. En el Litoral (Santa Fe, Entre Ríos y en menor medida, Corrientes) desde mediados del siglo anterior se venían instalando colonias de las diversas colonias de los más diversos orígenes étnicos: judíos, suizos, franceses, alemanes, eslavos y los omnipresentes españoles e italianos. Dieron origen a lo que se llamó Pampa gringa o Pampa sin Gaucho. En 1912 apareció la llamada INMIGRACIÓN GOLONDRINA, donde los grupos de cosecheros atravesaron el Atlántico, trabajaron y luego regresaron a su patria llevando algún dinero para su familia. De modo que los inmigrantes se asentaron en las ciudades, en especial Buenos Aires y más tarde en Rosario.

El castellano era la lengua  obligada para intermediar esa diversidad y sufrió las influencias de los distintos grupos extranjeros.

 

Desde 1830, la Argentina se acostumbró a genoveses y napolitanos. Los del norte de Italia eran mayoría en un principio, pero desde1895 arribaron los de Campaña (napolitanos, Calabria y Sicilia). Los septentrionales, sin embargo, solían retornar con mayor frecuencia a la patria. Italia vivía momentos de unificación. Se decía que en los buques transatlántico no venían italianos, sino piemonteses, genoveses, calabreses, napolitanos, friulanos. El sur de Italia padecía la falta de tierras y no existía ninguna política estatal para la emigración. Así, campesinos, peones y pequeños artesanos con baja clasificación, en su mayoría analfabetos emprendieron lo que dio en llamarse fuga de masa.

Construyeron sus casas en la Boca para luego radicarse a orillas del Riachuelo.
Al comienzo, fueron acumulándose viviendas de madera, luego de chapa. Para proteger de la intemperie esos materiales se usaba la pintura sobrante de los buques que ahí recalaban. Así nació la policromía de las paredes. Fue barrio de marinero
s, pero también de disidentes: republicanos, masones, anarquistas, activos militantes de sindicatos.

En 1914, el contingente itálico se expandió, tomando Santa Fe.

 

Los españoles, pese a su número merecieron menos atención ya que no significaban ninguna novedad entre nuestras etnias constitutivas.

Los gobiernos españoles no dejaban partir a sus connacionales. Tres millones y medio de españoles, en su mayoría gallegos, cruzaron el mar en la gran migración. Ya contaban con los vascos, pastores y lecheros, arribados en el siglo XIX. Estos dos grupos iniciales son importantes, porque establecieron lo que se ha dado en llamar la cadena migratoria. Un millón y medio de españoles eligieron nuestro país para migrar. Mayoritariamente eran campesinos, ejercieron la agricultura y otros se ubicaron en servicios. Se ocuparon, particularmente, como mozos de cafés y restaurantes y guardas de tranvías. En 1914 la décima parte de la población era española. Cientos de vascos eran traídos en barcos, con la seguridad de encontrar un mundo diferente. Y no fueron defraudados ya que se los estableció proporcionándoles parcelas de campos y haciendas para ayudarlos a labrarse un porvenir cierto.

 

La inmigración de los británicos es muy antigua y se vincula con las luchas independentistas. No sobresalieron en agricultura. Crearon en 1930 la colonia Victoria en Misiones. En oficios y ocupaciones los ingleses descollaron. Fueron banqueros, ingenieros y financistas. Echaron raíces en Buenos Aires y penetraron en el resto del país siguiendo el trazado de las líneas férreas, dejando el inconfundible estilo arquitectónico de sus estaciones ferroviarias. Desde épocas tempranas tuvieron sus propios templos,  donde se oficiaba en su lengua, y sus escuelas. Trajeron innovaciones tecnológicas en la industria frigorífica y tuvieron gran influencia sobre  la ganadería.

 

Entre los inmigrantes alemanes se destacan los llamados Alemanes del Volga.
Son alemanes sacados por la zarina Catalina la Grande para colonizar el Volga meridional en el siglo XVIII. Ejercieron obligadamente la agricultura, conservaron distintas confesiones religiosas (católica, evangélica, menonita) así como su lengua y buena parte de su acervo cultural. Desde los grupos iniciales, la presencia alemana fue expandiéndose hasta La Pampa, Santa Fe, Chaco y Misiones.

 

Cuando un árabe (vulgarmente llamado turco) llegaba al país, declaraba indefectiblemente ser de profesión comerciante. Al ver los registros, podía comprobarse que en verdad era agricultor en su tierra. Pero el paisano que lo llamaba le aseguraba su colocación en el comercio ambulante y el inmigrante asumía de antemano ese papel. Se formaron verdaderas redes de distribuidores de telas y baratijas, a partir de un árabe con negocio instalado, que mandaba al interior a los recién llegados. Estos, con una caja o baúl al hombro, llegaban hasta apartados rincones rurales a ofrecer su mercadería, sabiendo poco y nada del idioma. En 1906 el comercio ambulante sufrió una crisis en Buenos Aires, lo que hizo que los árabes se desplazaran hacia el interior. Pronto alcanzaron una distribución uniforme en todo el país. En 1914, el 72 % de los árabes habitaba en medio urbano. Los que prosperaron se interesaron en la industria y en otras actividades. Sólo en la segunda o tercera generación enviaron sus hijos a la universidad.

Los judíos llegaron al país organizados gracias a la obra del barón Mauricio de Hirsch, que consiguió sacarlos de Rusia, donde sus vidas no estaban garantizadas, e instarlos en colonias agrícolas, la primera de las cuales fue Moisesville. En Santa Fe y Entre Ríos prosperaron esos que Gerchunoff  bautizó como los gauchos judíos. Trabajaron también como artesanos (en el estereotipo popular, como sastres) y comerciantes. Muy preocupados por la educación utilizaron las facilidades de nuestro sistema educativo para destacarse como profesionales, científicos y artistas. Al original destino agrícola siguió la migración hacia las ciudades, itinerario común de nuestros campesinos. Allí se dedicaron al comercio y a la industria.

 

Pero no todos los inmigrantes vinieron de Europa. A comienzos de siglo un convenio con el imperio japonés trajo a algunos comerciantes de aquel país al nuestro. En 1914 los orientales eran poco más de mil, la mitad de ellos residían en Buenos Aires y grupos menores en Santa Fe, Córdoba, Salta, Mendoza y Jujuy. La mayoría provenía de la isla de Okinawa, cercana geográfica y culturalmente a China, mucho más abierta al extranjero que el territorio central. Hacia 1920 se definió la inserción japonesa en el mercado laboral: fueron floricultores, horticultores y tintoreros. Popularmente se los sitúa en esta última profesión, pero no siempre fue así. En 1912 una mujer recorría las casas pidiendo ropa para lavar. Allí comenzó el camino de la colectividad hacia la tintorería.

 

En 1965, arribaron grupos coreanos y chinos. En la década del ochenta los primeros participaron de una operatoria que fomentaba el ingreso de inmigrantes con capital. Hoy son 40.000, si bien su llegada declinó a partir de 1989. El primer grupo era más pobre y, como todos, los inmigrantes tuvieron que dedicarse a tareas no queridas por los nativos y mal pagas: fueron mozos, lavacopas, lustrabotas.

 

 

Nueva Inmigración

 

Ya no bajan de los barcos. Ahora llegan en aviones. Mujeres jóvenes, solas. Expulsadas por el hambre o abandonadas por sus hombres, cuidan hijos ajenos para enviar dinero a los suyos, que quedaron en sus países al cuidado de algún pariente solidario. Ellas buscan fuera del país el pan o la libertad que les faltaba, las dos fuerzas que impulsan los destierros. Muchas eluden las restricciones legales amparadas en el trabajo a puertas cerradas, el de las empleadas domésticas. En Argentina, arribaron antes paraguayas y bolivianas, ahora lo hacen las peruanas, obligadas en su mayoría por la crisis económica que atraviesan sus países. Comenzaron a llegar a partir de 1992 atraídas por la propaganda oficial, los elogios a la situación económica del país y los altos salarios comparados con los de su patria. Por orgullo o para evitar sufrimientos, el inmigrante nunca admite ante sus familiares o amigos las dificultades. Vienen en una proporción de seis mujeres por cada cuatro hombres. Las peruanas se acercan a pedir ayuda a instituciones humanitarias, especialmente las iglesias. Son urbanas, se instalan en el centro de la ciudad, en hoteles o piezas de alquiler. Tienen estudios secundarios, en algunos casos universitarios.

 





BeRuby te regala un euro!
- SOLO PARA ESPAÑA - En BeRuby puedes ganar dinero haciendo lo que ya haces en la red
beruby