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Asunto:NoticiasdelCeHu 168/11 - Sin trabajo y sin libertades (Ana Carbajosa)
Fecha:Lunes, 28 de Febrero, 2011  21:40:19 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 168/11


Una excepcional nota que reúne todos los elementos para entender de qué se trata el volcánico escenario del mundo árabe. Originada en el suplemento dominical económico del diario El País, de España, la extraemos de la Red de Geografía Económica(RGE) que ayer mismo -día de publicación en el matutino madrileño- la dio a conocer acompñada de otras notas de esa sección del medio hispano.

Sin trabajo y sin libertades

Las reformas económicas en los países árabes son insuficientes si no van acompañadas de cambios políticos

ANA CARBAJOSA

El País  (Negocios) 

Madrid, 27/02/2011

Apenas una semana antes de que los manifestantes egipcios acudieran a su primera gran cita en la plaza de la Liberación, en El Cairo, los dirigentes árabes reflexionaban sobre la revuelta tunecina y verbalizaban sus miedos durante una cumbre económica en la ciudad-balneario de Sharm el Sheij. "Los recientes acontecimientos en Túnez son un ejemplo de las grandes crisis sociales a las que están expuestas las sociedades árabes", dijo aquel día Amro Mousa, secretario general de la Liga Árabe. "En la mente de todos está que el alma árabe está rota por la pobreza, el desempleo y la recesión general".

Al margen de que tanto a Mousa como al resto de dirigentes presentes les resultara más conveniente centrar el problema en la economía que en la falta de libertades y de democracia, en Sharm el Sheij se habló de algo que los expertos llevan tiempo advirtiendo y que los regímenes del norte de África y de Oriente Próximo han preferido obviar: que la economía de la región está anquilosada; que cuando hay crecimiento económico, este es lento y los beneficios se distribuyen de forma desigual y poco transparente; que el paro juvenil no hace más que aumentar, y que el deterioro de las condiciones económicas, sumado a la mejora de la educación y a la falta de participación política y de libertades, forman un cóctel explosivo.

Los datos que publica el Fondo Monetario Internacional indican que el crecimiento medio anual en Oriente Próximo y el norte de África ha sido del 3,5% en las tres últimas décadas, comparado con un 5% del conjunto de los países en desarrollo.

"Los dictadores de Oriente Próximo y el norte de África pensaron que si la gente tenía un poco de dinero estaría contenta, incluso sin libertades, pero no tuvieron en cuenta la desigualdad, ni los efectos de la corrupción, ni que al final, no se ha producido el desarrollo al ritmo que la gente esperaba en los países árabes", afirma Yusuf Mansour, que ha ocupado varios cargos en el Ejecutivo jordano y ahora asesora a Gobiernos e instituciones internacionales sobre asuntos económicos de la región.

Los análisis económicos tienden a dividir la zona en dos realidades económicas bien diferenciadas: los países que producen y exportan petróleo y los que no. Es cierto que la subida del precio del crudo ha beneficiado a los países productores, mientras que para el resto ha supuesto un encarecimiento de las importaciones. Pero pese a estas importantes diferencias, la ola de revueltas populares, que ha prendido en países petroleros como Libia, Bahrein o incluso Yemen, demuestra que más allá de las cifras macroeconómicas, el descontento popular lo determinan el modo injusto de repartir la riqueza que se genera y el bajo grado de derechos y libertades políticas de que goza la población. El petróleo ha sido capaz de atenuar la frustración en algunos países, pero no hasta el punto de vacunar a todos ellos contra las revoluciones futuras.

En el grupo de países no productores, muchos de ellos se han afanado en los últimos años en poner en marcha programas de reformas liberalizadoras, que han generado crecimiento económico, pero han sido el germen de una creciente frustración entre las clases más desfavorecidas, privadas de los subsidios estatales y de su correspondiente trozo del pastel. Para las clases medias, fue pan para hoy y hambre para mañana. "El crecimiento económico de principios de la década pasada sirvió para mitigar la frustración entre las clases medias, pero cuando llegó la crisis y esa misma gente se empobreció y encima siguió sin poder participar en la vida política del país, saltó la chispa", explica Taher Kanaan, del Centro Árabe de Investigación de Estudios Políticos, con sede en Qatar.

Túnez ha sido precisamente durante años uno de los grandes modelos de crecimiento. Emprendió reformas liberalizadoras y programas de privatización alabados en el extranjero, mientras las exportaciones ejercían de motor económico. Cuando se hablaba del modelo tunecino, tendía a obviarse, sin embargo, la corrupción rampante que permitió el enriquecimiento desmedido de la familia del presidente Ben Alí. "El problema es que en estos países, el retraimiento del Estado se produce en un contexto de falta de transparencia y de corrupción", indica Djavad Salehi-Isfahani, profesor de Economía de la Universidad de Virginia e investigador de la Brookings Institution. "Las privatizaciones requieren de una meticulosa aplicación de la ley".

Ocupados estaban los países de la zona en modernizar (a su ritmo) sus economías cuando estalló la crisis financiera internacional. El revolcón se cebó sobre todo con las economías de países del norte de África y de Oriente Próximo que exportan bienes -textiles y agrícolas, nada de automoción o de tecnología de mayor valor- y que dependen del turismo, caso de Túnez, Egipto o Jordania. El consumidor europeo perdió poder adquisitivo, y las exportaciones a los países ricos se resintieron. Por otro lado, al tener menos dinero los europeos, también disminuyeron las excursiones turísticas. Terminó de dar la puntilla la arrolladora producción china, con la que los países árabes no han sido capaces de competir.

En una desesperada carrera por aplacar la ira de los manifestantes y evitar ser la próxima ficha del dominó revolucionario, los Gobiernos de Egipto, Jordania, Libia, Argelia o Marruecos han anunciado en las últimas semanas generosas ofertas a su población en forma de subidas salariales, reducciones de impuestos o ayudas al combustible o a los alimentos. Los economistas advierten, sin embargo, que estas medidas, más allá de ahondar el déficit, no surtirán gran efecto en muchos países. Llegan muy tarde, y si en algo coinciden los expertos es en que al margen de dádivas puntuales, para que la economía funcione y, sobre todo, para que el crecimiento se traslade a la población, hacen falta reformas políticas estructurales. Mansour lo expresa en pocas palabras: "No puede haber crecimiento económico sin democratización".






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