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Asunto:NoticiasdelCeHu 176/11 - Pasajeros de Proa: INMIGRACIÓN Y COLONIZACI ÓN ITALIANA EN LA PROVINCIA INVENCIBLE
Fecha:Miercoles, 2 de Marzo, 2011  00:50:57 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 176/11
 

 

INMIGRACIÓN Y COLONIZACIÓN ITALIANA EN LA PROVINCIA INVENCIBLE.

 

AUTORA:  Prof. Liliana Esperanza Olivello de Neder.

 

                El ingreso de extranjeros fue una variable permanente, fundamental  de la dinámica y crecimiento poblacional  argentino. En las siguientes páginas se procuró analizar las causas y consecuencias que provocaron desde principios del siglo XIX  la inmigración extranjera hacia nuestro  país  y específicamente en la Provincia de Santa Fe; dedicando especial atención a los aportes italianos.

 

                Para iniciar la investigación  fue llevado a cabo un  relevamiento de  datos en bibliografía relacionada directamente con la temática elegida.

 

                Posteriormente se realizó una consulta de las fuentes documentales en el Archivo General de la Provincia.

 

                Lo que la bibliografía y documentación aportaron permitieron estructurar una síntesis dividida en tres capítulos que se refieren respectivamente: el primero, a la colectividad italiana y su próspera influencia en nuestra República; el segundo, a las colonias fundadas por italianos en la Provincia de Santa Fe y el tercero, a la inmigración italiana y el crecimiento demográfico en ésta  provincia  concretando un estudio de los diferentes censos nacionales y provinciales ( 1858, 1869, 1887).

 

                El cuerpo del trabajo finaliza con algunas consideraciones críticas sobre la tarea desarrollada por aquellos “gringos” que, a pesar de las difíciles condiciones de vida , contribuyeron con su esfuerzo al engrandecimiento y progreso de la Nación Argentina.

 

                Con lo expuesto, creemos haber contribuido a los nobles y elevados fines que inspiraron  la convocatoria de este  Congreso Argentino de Inmigración y IV Congreso de Historia de los Pueblos de la Provincia de Santa Fe.

 

 
 
 INTRODUCCIÓN

 

                A través del correr de las páginas intentaremos analizar las causas y consecuencias que provocaron desde principios del siglo XIX la inmigración extranjera hacia nuestro país y específicamente  en la Provincia de Santa Fe; deteniéndonos  con especial atención  en los aportes italianos.

 

                Para ello dividiremos el presente en tres capítulos que se refieren respectivamente: el primero, a la colectividad italiana y su próspera influencia en nuestra República; el segundo, a las colonias fundadas por italianos en la Provincia de Santa Fe y el tercero, a la inmigración italiana y el crecimiento demográfico en  esta provincia  realizando un estudio de los diferentes censos nacionales y provinciales (1858, 1869, 1887).

 

El cuerpo del trabajo finaliza con varias consideraciones críticas sobre la tarea desarrollada por aquellos “gringos” que, a pesar de las difíciles condiciones de vida , contribuyeron con su esfuerzo al engrandecimiento y progreso de nuestra nación

 

Con lo expuesto, creemos haber contribuido a los .fines que inspiraron la convocatoria del Congreso Argentino de Inmigración y IV Congreso de Historia de los Pueblos de la Provincia de Santa Fe.

 

   

 

 

Capítulo I: LA COLECTIVIDAD ITALIANA Y SU PROSPERA INFLUENCIA EN NUESTRA REPÚBLICA

 

                Cuando en la República Argentina hablamos de colonización estamos refiriendo al establecimiento de campesinos agricultores en tierras destinadas a ese objeto y, como complemento necesario, debe unirse a éste el tema de la inmigración. Ambos son la consecuencia de un mismo problema: el desierto, la falta de habitantes, la ausencia de capitales en nuestro país para desarrollarlo en todos sus aspectos.

 

                El desierto, inmensa extensión de territorio, era del dominio del Estado. Como corolario, el tema de la inmigración y colonización está ligado al  régimen jurídico de la tierra pública

.

                Tierra pública desierta, era el problema básico por resolver y se deriva del mismo todo lo que significa construir  una nación civilizada, porque tierra pública desierta era, prácticamente, el país de los argentinos.

 

                Entre 1870 y 1914 se registraron las tasas más altas de crecimiento económico, aumento de población e inversiones extranjeras. En un marco de “Paz y Administración”, con el sustrato positivista de “Orden y Progreso” y la continuidad del Partido Autonomista Nacional, el país pasó a estar entre los principales agro exportadores del mundo.

 

                La mayoría de los inmigrantes no provenían de las regiones del noroeste europeo donde el capitalismo estaba más desarrollado y su mano de obra era más calificada técnica y culturalmente ( como esperaban los teóricos del 80) sino del sur menos desarrollado y agrario.

 

                Quienes  arribaron  traían la ilusión de convertirse en propietarios de una parcela de tierra de cultivo, o bien  de hallar un empleo bien remunerado en los trabajos rurales.

 

                A partir de los años 80 se tornó muy dificultoso el acceso a la propiedad, y complicados los mecanismos de arrendamiento. En muchos casos, los inmigrantes se radicaron en los centros urbanos del área de colonias o bien en las grandes ciudades trabajando en obras públicas, en talleres industriales o viviendo de sus oficios. Los que contaban con cierta  capacitación , preparación, con una base de capital  se insertaron en actividades empresarias  relacionadas con la colonización o en sectores de gerenciamiento, administración y ejecución de ferrocarriles y otras obras de infraestructura.

 

                Con discontinuidades y contradicciones, la atracción de inmigrantes y capitales fue impulsada con acciones desde el Estado nacional y provincial.

 

                Nuestra nación recibió de Europa: capital y trabajo. De Inglaterra,  Alemania, Francia y Bélgica, recibió capital; de Italia, brazos.

 

                De los tres millones de europeos en que se calcula el saldo incorporado a nuestra población desde 1856 por la inmigración  extranjera, Italia ha contribuido con más de un millón de habitantes.

 

                La italiana fue la inmigración más numerosa que arribó , ocupó y colonizó la provincia de Santa Fe. Se establecieron decenas de pequeñas colonias en todo su territorio, pero fundamentalmente en el centro oeste de la provincia.

 

                El trabajo fue el elemento que nos prestó Italia para nuestro engrandecimiento, y tal es el factor más considerable, puesto que su aporte en más de un millón de personas, de individuos enérgicos, sanos y emprendedores, al unirse con la población preexistente sirvió de gran apoyo  en el camino del progreso argentino.

 

                “La razón de la influencia del Italiano en la República, como en otras tierras que han recibido su corriente inmigratoria, está en los fines que ha perseguido al emigrar de la  Patria superpoblada. No se ha dado con reservas ni ha pretendido especial categoría y sólo le ha atraído la posibilidad del trabajo en ambiente de libertad constituyendo anhelo  y aliciente la esperanza de mejorar económicamente para lo cual ahorrará y no cuestionará la extensión e la jornada si es proficua”.(1)

 

                En nuestro territorio eran necesarias todas las expresiones del trabajo humano. De Italia llegaron  de todos los oficios (especialmente agricultores, albañiles, carpinteros) y aún sin oficios, pero todos dispuestos a dar lo que cada uno pudiese en la visión de una vida mejor, de un soñado bienestar ganado con el trabajo que redituaría  para ellos y para el adelanto de la nación.   

 

                Si en la actualidad se examina el nombre de las colonias santafesinas y la nacionalidad de sus pobladores se observa el lugar preponderante que ocupa la inmigración italiana en las labores del campo. Y lo propio ocurre  en las demás provincias productoras.

 

                Los italianos que más se han destacado en los trabajos de agricultura  fueron los lombardos y piamonteses; mientras   que los napolitanos y otros tipos originarios   del sur de la Península itálica, gustaron de la vida gauchesca.

 

                Desde la Lombardía y el Piamonte llegaron familias de inmigrantes para colonizar nuestras tierras: venían, en muchos casos, con sólo un puñado de granos de trigo y esas semillas constituían un verdadero tesoro.

 

                Es muy poco, casi nada, lo que los inmigrantes nos enseñaron en materia de agricultura. Y los conocimientos que traían algunos, provenientes de las aldeas donde cortaban el trigo con la hoz, lo cosechaban con horquillas de madera y trillaban a mano las gavillas, de poco les sirvió. Lo mismo ocurrió en materia de conocimientos  empíricos, metereológicos, estacionales, suelos, etc.

 

                En nuestras tierras aprendieron todo, incluso aquello en lo que no habían soñado siquiera: destroncar el monte, romper campo virgen, destruir pajales y espartillares, aprender el cultivo del algodón y el maní, zanjear la saltona, banderear a pie y a caballo la langosta voladora, trillar con yeguas. (2)

 

                Este aprendizaje no desmerece en absoluto  al “gringo” en su lucha por hacer productivas las vírgenes y feroces llanuras argentinas. Pero no sólo en la labores rurales es donde  la inmigración italiana ha proporcionado positivos éxitos: en las actividades intelectuales como en ciertas industrias que hoy resisten la competencia mundial, su huella se destaca luminosa.

 

                Hasta en las mismas orientaciones destinadas a favorecer nuestra evolución social influye el consejo de los italianos cultos radicados en el país, difundiendo las concepciones de sus pensadores y la de su propia experiencia. La obra de sus técnicos y el consejo de sus hombres utilizados para nuestra administración nos simplificó las dificultades inherentes a una República en formación.(3)

 

                La mayoría de los inmigrantes constituían  inmigración espontánea, que llegaban al país sin contrato, por la sola atracción de la liberalidad de nuestras leyes y la riqueza de nuestro suelo. Hubo diferentes posturas frente al problema de la entrada de población extranjera: los partidarios de la inmigración artificial y los que defendían la voluntaria. (4)

 

                Más allá de las opiniones o posturas, lo cierto es que: “Las oficinas argentinas de propaganda en el exterior les prometían a los inmigrantes tierra, trabajo, seguridad y vivienda. Al llegar  al puerto con sus familias se encontraban con una realidad hostil opuesta a las promesas de un Estado que sólo se preocupaba por obtener mano de obra barata”.(5)

 

                “Los inmigrantes italianos se establecieron, especialmente en la llanura del litoral lo que contribuyó en grado sumo, a la diferenciación de ese litoral con el interior. El litoral sacudió la inveterada rutina del coloniaje español, se hizo dinámico y  toda iniciativa  halló el calor y el apoyo de los inmigrantes que traían afanes y eufórica convicción de que el trabajo haría prodigios en los campos ubérrimos. El interior, con excepción de algunas zonas, conservó tradiciones y costumbres y se demoró en su evolución porque le faltó  el aliciente de la corriente inmigratoria europea”.(6)

 

 

 

 

Capítulo II: LAS COLONIAS FUNDADAS POR ITALIANOS EN LA PROVINCIA DE SANTA FE

 

                El primer contrato de colonización en la historia Argentina corresponde a la colonia ESPERANZA.,estipulado en 1853 entre el gobernador capitán general Domingo Crespo, el ministro de Gobierno  Manuel Leiva, y el ciudadano Aarón Castellanos. (7)

 

                El contrato establecía la introducción de 1000 familias de labradores europeos. Indicaba en algunos de sus artículos que se adjudicaba a cada familia 20 varas cuadradas (equivalente a 33ha). Por su parte, el gobierno entregaría a cada una, como adelantos reembolsables en dinero, después de 2 años, alimentos, semillas y 12 cabezas de ganado. Eximía por cinco años el pago de todo impuesto. Los exceptuaba del servicio militar, aunque los autorizaba a formar una guardia armada para su  propia defensa y seguridad.

 

                Al arribo de las primeras familias, como los ranchos que debía construir el gobierno no fueron terminados a tiempo, los inmigrantes fueron transportados  en carretas hasta la estanzuela del General Echagüe, en Guadalupe, distante apenas 1 legua de la capital, donde permanecieron por un tiempo, para luego ser trasladados al lugar de fundación de la colonia, cerca del río Salado, al sur.

 

                Los años iniciales de la colonia fueron muy duros, pues las primeras cuatro cosechas se perdieron por sequía  y grandes mangas de langosta. Evidentemente una situación dramática envolvió sus comienzos, quedaron patentes dificultades e imprevisiones por inexperiencia en materia de colonizar, por inestabilidad política en los momentos cruciales. Pero los problemas fueron superados poco a poco con el esfuerzo común de sus habitantes: los suizos, alemanes, franceses, belgas  e italianos conformaron una gran familia que con su trabajo y sacrificios convirtieron el retroceso de la colonia en prosperidad. Los inmigrantes fueron venciendo inconvenientes en la reconocida “provincia invencible” y en todo momento buscaron permanecer unidos.

 

                Fue tomada como fecha de su fundación el día de la Natividad de la Virgen, patrona de la ciudad: el 8 de septiembre de 1856.

 

Por gravitación de su  arraigo civilizador, ESPERANZA promovió el  movimiento  colonizador  ininterrumpido y un florecimiento tal de colonias agrícolas en la Provincia de Santa Fe, que nos permite llamarla con razón: Madre de Colonias.

 

                Siguiendo el ejemplo de Castellanos en 1857, los suizos Beck y Herzog, fundaron SAN CARLOS, la cual fue colonizada con 150 familias seleccionadas en el Piamonte y Lombardía,  con tal buenos resultados que se convirtió en el más rico y progresista centro agrícola de la provincia.(8)

 

 

                El contrato firmado entre el gobierno y el representante de dicha empresa  establecía  en algunos de sus artículos  el compromiso de traer familias  laboriosas y honradas. La empresa despachó desde Europa elementos de trabajo como arados, sembradoras, cultivadoras y otros implementos agrícolas. Además se entregaba a cada grupo familiar 20 cuadras de tierra cultivable, 10 cabezas de ganado, así como una cantidad importante de semillas de cereales y hortalizas. Hasta la recolección de la primera cosecha se le proveía de los víveres necesarios para su manutención , comprometiéndose  cada familia a entregar a la Compañía , durante 5 años, la tercera parte de sus respectivas cosechas. Lo novedoso y adelantado de este contrato, es que dicha empresa, debía fundar y poner en funcionamiento una chacra modelo supervisada y dirigida  por un agrónomo suizo para enseñar y aconsejar todo lo relativo a la agricultura.

 

                También la empresa tenía que construir un gran rancho para que sirviera de alojamiento transitorio a los recién llegados que no tenían dónde vivir.

 

                Se contemplaba lo referente a la realización del culto una vez por semana, y que se desarrollara la actividad escolar tres veces en el mismo lapso. La empresa protegía al inmigrante  de un modo especial. Con motivo de que durante los primeros años, por causas climáticas más que nada, las colonias no pudieron cumplir sus compromisos   puesto que las cosechas  se perdían   o tenían un rinde ínfimo, la empresa sufrió un desastre económico que motivó su liquidación, debiendo fundarse otra con capitales suizos. Por tal causa Carlos Beck, perdió todas sus pertenencias puestas en el emprendimiento a pesar de haber sido el gestor y la vida de la misma.

 

                Ante la adversidad, continuaron los años de trabajo y esfuerzo por parte de los inmigrantes, de construir sus casas con elementos precarios: barro, algunos pedazos de madera y paja. Cualquier material servía para guarecerse de la intemperie. Con el tiempo, estos gringos pioneros empezaron a crecer económicamente. Pasaban sus días en los campos  desde ante del alba y hasta después de que el sol se hundiera en la línea del horizonte.

                Tanto lombardos como piamonteses, antes de emigrar habían crecido en la escuela del trabajo como único medio para medir su capacidad y coraje, formándoseles así un carácter duro, perseverante , recibido de sus padres, quienes a su vez lo habían heredado de los suyos a través de líneas sucesorias en las que el jefe de familia era la autoridad..

 

                No había animales suficientes para ponerlos bajo el arado y las herramientas de trabajo eran pocas en relación con las necesidades., sin embargo, los nuevos campesinos lograron sembrar y recoger la cosecha hasta dos veces al año: en verano y en invierno. Para la estación fría los problemas eran muchos: las temperaturas muy bajas hacían que se llegaran a encender grandes fogatas para mantener la tierra tibia y evitar que murieran las semillas.

 

                Al maíz y al trigo, que debían ser triturados para transformarlos en harina, había que trasladarlos hasta ESPERANZA, donde estaba el molino más cercano. Las bolsas se cargaban sobre carros arrastrados por bueyes. El viaje extremamente lento resultaba  para los “gringos” una curiosa aventura.

 

 Lentamente, las chacras , con sus tierras cultivadas , se fueron ensanchando: desaparecía el pasto y aparecían las espigas. Cada pedazo de pradera se transformaba de tierra de nadie en expresión de laboreo.

 

Formando parte de SAN CARLOS  también estuvieron presentes familias de ligures dedicados al comercio, la fabricación de muebles y  artesanías de cristal.

 

                En 1858, cinco familias de inmigrantes suizos alemanes que no se instalaron en la colonia de Esperanza aceptaron el ofrecimiento de un fuerte terrateniente Ricardo Foster para establecerse al oeste de la misma.

                Este fue el origen de la colonia SAN JERÓNIMO, que los primeros años atrajo más inmigración suiza y luego incorporó italianos; recién en diciembre de 1914 recibió el nombre de SAN JERÓNIMO NORTE.

 

                Hacia 1860 el señor Lambruschini fundó CAVOUR, que se constituyó con 49 familias italianas y un número inferior de franceses, alemanes, españoles y suizos, aunque estos últimos en menor proporción.

 

                A partir de 1865 se inició la venta   directa de campos y en esa forma pudieron surgir 30 colonias más. Según la opinión de algunos historiadores, LAS TUNAS, habría surgido de ese grupo de colonias, creada en 1868 por Ricardo Foster y poblada por italianos dedicados a la actividad agrícola ganadera.

 

                Dos años después Mauricio Franck copiando la iniciativa del anterior fundó cerca de la capital santafesina, la colonia FRANCK, cuyos  primeros habitantes fueron 30 colonos italianos con sus familias.

 

                Ya en 1874 el vicecónsul italiano en Rosario Luis Petrich y el señor Agustín de Iriondo crearon las colonias NUEVA ESPAÑA Y MATILDE  respectivamente. Al año siguiente Julián de Bustinza acompañado por Angel Colcini echaron los fundamentos de SANTA TERESA, al paso que Lhemann y Cristiani junto a un grupo de agricultores piamonteses colonizaron NUEVA TORINO y más adelante (1881) SUSANA. (9)

 

                En el territorio santafesino también fue muy  importante la presencia de los friulanos en localidades como AVELLANEDA, COLONIA ORTIZ, RICARDONE, MALABRIGO, LAS TOSCAS, LANTERI, entre otras.

 

                Los friulanos comenzaron a trabajar la tierra sorteando múltiples problemas y peligros, sostenidos por una profunda fe cristiana y una esperanza ciega en el porvenir. Los ayudaba a templar el espíritu la oración cotidiana y la misa dominical.

 

Con el paso del tiempo, las familias friulanas y sus descendientes fueron emigrando hacia otras latitudes dando origen o incorporándose  a lo que hoy son las localidades de VILLA OCAMPO, VENADO TUERTO, LAS PAREJAS, INGENIERO CHANOURDIÉ, LA SARITA, BERNA y BARROS PAZOS.

.

                Hacia el año 1881 el visionario colonizador Guillermo Lehmann y sus socios  fundaron una colonia que centralizó la actividad  agroindustrial de la provincia. En un campo de 148 km2 se instalaron unas setenta  personas  y al emplazamiento se le  dio el nombre de RAFAELA.

 

                Este emprendedor colonizador fundó , desde 1875 a 1884, 9 colonias en la provincia, que persistieron en el tiempo.

 

                El primitivo lugar de ubicación de RAFAELA fue creciendo y se estableció un servicio de postas y mensajería entre ésta y Esperanza,  pero ya en 1886 fue habilitada una estación del ferrocarril que unía la capital con ella y otras colonias.

 

                Esta colonia goza de un clima templado que influyó para que el colono se incline más por la ganadería que por la agricultura . Así surgieron gran cantidad de tambos, dando origen , con el tiempo, a una gran industria láctea.

 

                Otro hijo de Italia, Rafael Escriña fundó en 1889  el pueblo de SAGUIER, que fue aprobado por el Superior Gobierno de la Provincia a través del Decreto de fecha 10 de agosto de 1901.

 

Los inmigrantes continuaron trabajando las tierras, así nació SANTA CLARA DE SAGUIER, pueblo y colonia fueron  instituidos respectivamente por Ataliva Roca en 1883 y Rafael Escriña en 1891, siendo aprobada su traza por  Decreto del 7 de noviembre de 1883 el primero y  el 4 de septiembre de 1891 la  segunda. (10)

 

                Sustentándose sobre idénticas bases y con el concurso creciente de los italianos, fueron creados  y poblados numerosos pueblos y colonias, a veces independientemente de las estaciones ferroviarias, las que representaban a menudo  un descanso a lo largo de los ramales que atravesaban los campos vírgenes. Entre esas numerosas colonias Guillermo Lehmann fundó en 1884 REY HUMBERTO Y REINA MARGARITA. El 7 de octubre de ese año aquel visionario dio posesión a los primeros pobladores  de las concesiones que constituirían  la hoy localidad  de Humberto 1ª, en su mayoría provenientes de la Península itálica. Allí se fue formando el pueblo que hasta 1935 se designó como NUEVA ROMA, pero en virtud de gestiones de la Dirección General de Correos y Telégrafos quedó unificado el nombre del pueblo con la Estación Ferroviaria bajo la denominación de HUMBERTO 1. (11)

 

                En 1886 los señores Bustinza y Lanworty crearon las colonias PIAMONTE y FLORENCIA respectivamente. También  en ese año surgió la colonia  GARIBALDI, pero de acuerdo al criterio  de distintos autores, algunos afirman  que su fundador fue  Camilo Aldao y otros los señores Lubary e hijos.

 

                Al año siguiente Angel Angeloni junto a otros italianos sacó a luz la COLONIA ANGELONI, a la par que Ernesto  Brandt y Hércules Antonietti hicieron lo propio  con el pueblo SORRENTO.

 

                En agosto de 1888  otros connacionales de aquellos  echaron los fundamentos de ELISA. (12)

 

                Hacia 1890 la Compañía de Tierras del Gran Sud de Santa Fe   fundó la colonia ELORTONDO, cuyos campos son apreciados de primera clase para el desarrollo de la actividad  ganadera.

 

Como ya afirmamos, todas estas colonias  recibieron el aporte de la población italiana que preferentemente se dedicó a la agricultura, cultivándose  especialmente   en las distintas zonas: trigo, maíz, lino, algodón y maní. (13)

 

                Si bien el alemán Juan Godeken es quien fundó la colonia y pueblo de CHAÑAR LADEADO durante los años 1890 y 1891, fueron también  italianos los que iniciando  el trabajo agrícola , llamaron a  sus amigos y parientes para animar  tanto al  pueblo como el campo y, enriqueciendo el paraje con su labor, se convirtieron en dueños de la situación. Algo parecido sucedió en el mismo año en el sitio conocido hoy como KILÓMETRO 409, cuya colonia mereció,  por sus grandes  cosechas,  la respectiva estación  del ferrocarril. (14)

 

                En 1892 los señores Traill, erigieron el pueblo y colonia CRISPI, el cual fue aprobado  por el Superior Gobierno de la Provincia  de Santa Fe el 2 de septiembre del mismo año. (15)

 

                Por iniciativa de Guillermo Ripamonte y Terragni un año después surgió  la  colonia RIPAMONTI, rica zona de producción agropecuaria

.

                Luego en 1894, Thomas George  Armstrong y Carlos Cristiani fundaron CARMEN y TACURALES respectivamente

 

                Hacia el año 1900 otros hijos de Italia iniciaron la colonización del sitio denominado LOS QUIRQUINCHOS.  En la misma época surgió la colonia LAZZARINO, instituida por el propietario que tenía ese nombre. De igual modo, dos años más tarde, Felipe  Migliore  creó BERAVEVÚ, siendo un gran número de italianos arrendatarios y propietarios de sus tierras.

 

                Ya en 1904, la Compañía Camino de Colazo, sacó a luz la colonia CEPEDA, cuya estación fue inaugurada  a solicitud de sus habitantes oriundos de la Península itálica

.

                Santa Fe recibió además un importante número de inmigrantes calabreses y sicilianos, y cuentan hoy con una vasta descendencia. Se dedicaron a diversos oficios: zapateros, sastres, carpinteros, peluqueros y músicos.

 

                Con respecto a los inmigrantes procedentes del Lazio (Roma, Viterbo y Riettil), su ingreso a  la Argentina y su radicación en Santa Fe fue el segundo destino, después de haber probado suerte en los Estados nidos. La mayor parte salió en busca de un nuevo lugar para vivir en el mundo en el marco de condiciones políticas generales: la finalización de la Primera Guerra Mundial, el ascenso del fascismo , los prolegómenos y secuelas de la segunda Guerra Mundial.

 

.               De las regiones centrales de Italia, la de mayor emigración fue la del pueblo marchigiano. Entre los problemas que los acompañaban, sobresalían su escasa instrucción y la falta de capital. Por lo tanto sus ocupaciones iban a ser las de asalariados en la agricultura, peones , operarios de las industrias manufactureras y albañiles. También puede citarse una actividad no expresada habitualmente: la marinería. Estos partieron de Sirolo y Numana y de toda la costa marchigiana (Senigallia y San Benedetto del Tronto) portando sus conocimientos y hábitos a nuestro país y a esta región, desarrollando la navegación de cabotaje (tanto de mercaderías como de pasajeros) en bergantines sobre el río Paraná.

 

                En la provincia de Santa Fe hubo polos marchigianos  importantísimos, como ROSARIO y su entorno. Otros asentamientos se han  detectado en  RECONQUISTA,  la ya mencionada RAFAELA y pueblos vecinos , sobre todo los lindantes con el norte de Buenos Aires y este de Córdoba.

 

                Se calcula que entre 1876 y 1925 llegaron 170.000 marchigianos, cifra inferior a las del Piamonte y la Lombardía  (por las regiones del Norte) y de Calabria y Sicilia (por las del Sur), regiones éstas con mucha mayor población que Le Marche.

 

                El inmigrante marchigiano, cauto y reflexivo, profundamente ligado a su tierra, se aventuraba a destinos lejanos, no para establecerse definitivamente, sino por el tiempo necesario para reunir un cierto capital  que le permitiera , una vez en su tierra natal, adquirir un campo propio o emprender otra actividad lucrativa.

 

La rebelión marchigiana como la de tantos inmigrantes italianos por las promesas incumplidas, la lejanía de su terruño, los hicieron más fuertes, recluyéndose en sus familias y en su fe como la tabla de salvación ante tanta iniquidad. Apostaron a la educación de sus hijos (pues en su mayoría eran semianalfabetos o analfabetos), aún a costa de grandes sacrificios. No se equivocaron: hay cientos de testimonios  que ya en segundas y terceras generaciones sus descendientes han descollado en sus oficios y profesiones.

 

Otro hecho que caracterizó al fenómeno inmigratorio fue el trabajador “golondrina”: practicado por los campesinos y peones que partían en octubre o noviembre de Italia, llegaban a  nuestras tierras para trabajar en los campos y regresaban a Le Marche (aprovechando las estaciones invertidas) a tiempo para  trabajar allá. .Muchos inmigrantes regresaron a su patria. Por supuesto también hubo otras causas, por ejemplo la falta de adaptación  al medio , la brutalidad de los trabajos a los que fueron sometidos, y la convicción de que “hacer la  América” no era tan sencillo, como se había instalado en el imaginario colectivo, a raíz de las promociones de las compañías y los agentes de viajes.

 

En fin, interminable sería la lista de las colonias pobladas por italianos a lo largo y ancho de nuestra provincia. Duro fue sin duda el acostumbramiento para el gringo, el quebrantamiento de la nostalgia. Sin embargo, su fuerza creadora, sus hábitos de trabajo, fueron los que se impusieron lentamente y contribuyeron al engrandecimiento y prosperidad  de la República Argentina.

 

  

 

Capítulo III: INMIGRACIÓN ITALIANA Y CRECIMIEMIENTO  DEMOGRÁFICO EN LA PROVINCIA DE SANTA FE  (Censos Años 1858, 1869, 1887)

 

                La provincia de Santa Fe  en el siglo XIX recibió una gran cantidad de inmigrantes que no sólo poblaron el territorio sino que contribuyeron a su desarrollo y progreso.(16)

 

                En el presente capítulo, realizaremos un estudio de los  diferentes censos poblacionales ( nacionales y provinciales) con datos referentes a Santa Fe para obtener conclusiones concretas.

 

                En 1858 se hizo un empadronamiento de la población de Santa Fe que dio estos números:

 

 

DEPARTAMENTOS

HABITANTES

 

 

 

 

 

NACIONALES

EXTRANJEROS

TOTAL

 

I

La Capital

9.435

1.174

11.209

 

II

Rosario

20.327

2.424

22.715

 

III

San Jerónimo

4.771

67

4.838

 

IV

San José

2.424

39

2.463

 

 

Totales

36.957

4.304

41.261

(17)

 

                Es decir, que había en 1858 un poco más del 10% de extranjeros en nuestra provincia.

 

                Con respecto a la nacionalidad, predominan en los cuatro departamentos que la  constituyen, los italianos con 1.156, los suizos con 716, los franceses con 653 y los españoles con 623 individuos. (18)

 

                En cuanto al sexo se registraron las siguientes cifras:  21.097 varones y 20.164 mujeres. En la población extranjera la distribución era de 3.033 hombres y 1271 mujeres.

 

                Ahora bien, en el caso particular de la población italiana se observa un predominio de inmigrantes varones (922), siendo escasa la presencia de mujeres (234).

 

                Según el Primer Censo Nacional de 1869, Santa Fe contaba con 75.178 argentinos y 13.939 extranjeros, lo que da un total de 89.117 habitantes.

 

                Había entonces en nuestra provincia 15,6 extranjeros por cada 100 habitantes.

 

                En lo referente a la nacionalidad los italianos suman 4.223, los suizos 2.272, los franceses 1.728, los españoles 1.559 y los alemanes 1.146 personas.

 

                De los 89.117 habitantes, tenemos que 49.375 son hombres y 39.472 mujeres. En el elemento extranjero, debido a que la mayor parte de los inmigrantes son varones (9881) se nota una mayor desproporción entre hombres y mujeres (4.058). (19)

 

                En la población italiana apreciamos igualmente una notable diferencia  con respecto a la cantidad de hombres y mujeres. De los 4.223 italianos, tenemos que 3.139 son varones y 1.084 mujeres.

 

                En el año del Primer Censo de la República Argentina, a 13 años de la fundación de la colonia Esperanza, considerada primera  colonia agrícola  del país, los italianos constituyen la población extranjera más numerosa.

 

                Cotejando las cifras del primer empadronamiento provincial y el Primer Censo Nacional, tenemos lo  siguiente:

 

 
Departamentos

1858

1869

Aumento Absoluto

%

I

La Capital

(Las Colonias-San Javier)

11.209

21.392

10.183

90,8

II

San José

2.463

6.785

4.322

175,4

III

San Gerónimo (e Iriondo)

4.838

11.448

6.610

136,6

IV

Rosario

22.751

49.4492

26.741

117,5

 

Totales

41.261

89.117

47.858

115,9

“Hubo evidentemente, un aumento de población de un 115,9% en un período de 11 años pasados , desde abril de 1858 hasta septiembre de 1869, lo que equivale a un 10,1%; proporción extraordinariamente fuerte, que demuestra la exuberante vitalidad del país”.(20)

 

                El 6, 7 y 8 de junio de 1887 durante la gobernación del Dr. José Gálvez y bajo la dirección del Dr. Gabriel Carrasco se realizó el Primer Censo General de la Provincia de Santa Fe, la cual estaba dividida en nueve departamentos.

 

                Este Censo dio un total de 220.332 habitantes, 136.117 argentinos y 84.215 extranjeros, es decir, que  más de la tercera parte de los individuos que conformaban la provincia eran extranjeros.

 

                Predominan los nacidos en Italia  con 57.665 habitantes, después los suizos con 5.729, los españoles    con 5.477, los franceses  con 4.081, los alemanes con 2.846 y los ingleses con 2.119. (21)

 

                El Censo revela la preponderancia absoluta y relativa del sexo masculino:

 

 

Departamento

Varones

Mujeres

Total

I

La Capital

12.675

10.408

23.083

II

San Javier

8.412

5.801

14.213

III

Las Colonias

22.899

16.553

39.452

IV

San José

4.475

3.810

8.285

V

San Gerónimo

11.805

9.192

20.997

VI

Iriondo

10.209

7.132

17.341

VII

San Lorenzo

14.193

9.388

23.581

VIII

Rosario

37.715

25.537

59.252

IX

Gral. López

7.871

6.257

14.128

 

Total General

126.254

94.078

220.332

 

“Aquí no son las leyes naturales del aumento vegetativo las que han ocasionado ese desequilibrio enorme, sino la inmigración extranjera compuesta de varones en sus dos terceras partes”. (22)

 

                En el caso particular de la población italiana se observa también un predominio de inmigrantes varones (38.450), siendo escasa la presencia femenina (19.215). (23)

 

                En 1887, el Censo Provincial demostró que en Santa Fe  se había duplicado la cantidad de habitantes extranjeros  en relación a los Censos anteriores.

 

                Examinando los datos de los departamentos, notamos que la población extranjera es tanto mayor  cuanto más agrícola es el distrito de que se trate, disminuyendo en los que se dedican a la ganadería.

 

                Realizando un estudio comparativo de los tres censos analizados, no resulta asombroso el crecimiento de la población en nuestra provincia:

 

                “Si se examinan las cifras absolutas tenemos:

 

 

Población en 1858, habitantes

41.261

 

Aumento de  1858 a 1869

47.858

 

Aumento de  1858 a 1887

131.215

 

Aumento de  1858 a 1887

179.071

 

                En cifras relativas, resulta un crecimiento por ciento:

 

 

De 1858  a    1869 (11.41 años)

115.9

 

De 1869  a    1887 (17.72 años)

147.2

 

De 1858  a    1887 (29.13 años)

434.0

 

                Es decir que en menos de 30 años, la población se ha multiplicado más de cuatro veces.

 

 

 

                Si se examina el aumento anual, por ciento, durante esos períodos resulta:

 

 

De 1858  a    1869

101.0

 

 

De 1869  a    1887

8.3

 

 

De 1858  a    1887

14.9

(24)

 

                Estos números revelan uno de los crecimientos más fuertes que se conocen en la historia demográfica , demostrando su persistencia a través de proporciones casi iguales durante un tercio de siglo.

 

                Santa Fe fue pionera en el empeño de dar impulso a la inmigración como lo demuestra el siguiente cuadro comparativo:

 

“ AÑO

POBLACIÓN

DATO DOCUMENTADO

 

1858

41.262

Primer empadronamiento

 

1865

48.900

Estadística Nacional

 

1869

89.117

Primer Censo Nacional

 

1875

135.000

Larguía, Jonas; insp.  de Colonias

 

1880

190.000

Carrasco, Gabriel

 

1885

210.000

Carrasco, Gabriel

 

1887

220.332

Primer Censo Provincial”

(25)

 

                Ahora bien, efectuando el mismo estudio pero deteniéndonos específicamente en la población italiana, podemos observar claramente que el ingreso a la provincia fue aumentando en forma vertiginosa, a tal punto que las diferencias con relación a la población total a lo largo de los años son cada vez menores, como se advierte en la siguiente pirámide poblacional:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1887

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1869

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1858

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AÑOS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

10

20

30

40

50

60

70

80

90

100

110

120

130

140

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

POBLACIÓN

 

(en miles)

 

 

 

 

 

ITALIANOS

 

 

ARGENTINOS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1858

1.156 hab.

 

1858

36.957 hab.

 

 

1869

4.223 hab.

 

1869

75.198 hab.

 

 

1887

57.668 hab.

 

1887

136.117 hab.

 

 

                Hasta aquí  hemos intentado realizar un somero análisis  de distintos aspectos referentes a la Inmigración y Colonización Italiana en  nuestra provincia invencible de Santa Fe.

 

                Reflexionando sobre ello pretendemos elaborar algunas conclusiones finales.

 

CONCLUSIÓN

               Por medio del estudio de los diferentes Censos, es indudable que la inmigración produjo en la Provincia de Santa Fe un acelerado crecimiento demográfico, con implicancias en los aspectos sociales, culturales, económicos y religiosos. Este movimiento humano estuvo vinculado con una política de fomento de la colonización, instrumentada a través de una administración pública elitista progresista y de la acción particular

Desde la sanción de la Constitución Nacional, los gobiernos de nuestra provincia dictaron gran cantidad de normas que procuraron hacer efectiva la política inmigratoria que alentaba el Artículo25.

                Entre los años 1856 a 1880, en la Provincia de Santa  Fe se reunió el grupo más destacado de los que emprendieron la tarea relativa a la colonización. Estaba conformado por : Castellanos, Beck, Franck, Lehmann, entre otros.

 

                La provincia fue pionera en el empeño de dar impulso a la inmigración, con la creación de la Comisión de Inmigración, la cual tuvo la finalidad de subsanar todos los inconvenientes motivados por el traslado y alojamiento de los inmigrante

                Después de un largo e incómodo viaje, los inmigrantes arribaban a lo que era el puerto de Buenos Aires. Como los barcos de mayor calado no podían entrar  en él, arribaban al de Montevideo y los viajeros eran trasladados a embarcaciones más pequeñas, para llegar así a Buenos Aires. Al no poder éstas arrimarse a la orilla, los pasajeros pasaban a canoas o grandes carretas que se acercaban a los mismos para llevarlos a tierra.

                Ya en Buenos Aires se hospedaban en el Hotel de Inmigrantes por unos días, luego los que se quedaban en la ciudad, por no tener otro destino, se alojaban en los conventillos y el resto continuaba su camino hacia el interior de la rica Argentina.

 

                Nuestra Santa Fe recibió durante el siglo XIX una inmigración de tal magnitud que contribuyó a poblar su territorio, con su consecuente engrandecimiento y su mayor prosperidad, ya que los inmigrantes se distribuyeron  en el mismo fundando colonias estables y productivas.

 

                En lo que hace al origen nacional de los inmigrantes es bien conocido el hecho de que hasta 1914 vinieron en su mayoría , de los países de Europa Meridional. Hasta 1900 los italianos ocuparon el primer lugar aunque su asentamiento no fue igual en las distintas zonas

 

                Muchas explicaciones se han intentado acerca e la preferencia de este tipo de inmigración y del porqué no llegaron al país inmigrantes de las regiones de Europa noroccidental. Sin duda razones de índole cultural, religiosa, de lenguaje y aún de clima, condicionaron la preferencia. Pero no debe descartarse que, en gran medida, ello se debió también al período en que transcurre la inmigración, ya que cuando las corrientes inmigratorias, adelantada la segunda mitad del siglo XIX, se orientaron hacia el sur las condiciones económicas reinantes en los países de emigración hicieron que ésta disminuyera en el norte de Europa mientras aumentaba en el sur.

 

                Los inmigrantes extranjeros , pero en especial los italianos, no llegaron para sacarnos de la “barbarie” brindándonos generosamente su cultura. Llegaron ávidos de obtener una situación económica superior a la que tenían o dejaban en su tierra natal, con el propósito de enriquecerse  en poco tiempo para vivir en paz en nuestras pampas o para regresar a su patria.

 

                Llegaron  muchos capaces y otros incapaces. Los más aptos se enriquecieron, los incapaces volvieron a sus lares hablando pestes de nuestra nación.

 

                La perspectiva de alcanzar un bienestar que en Europa no podía siquiera soñarse incitó en ellos el espíritu de previsión moviéndolos un vehemente afán de ahorro y lucro que en muchos casos llegó a ser morboso transformándose el hábito ahorrativo en mezquina avaricia.

 

                La primera ola inmigratoria trató de preservar sus características y costumbres del país de origen. Poco a poco , en ellos se fue forjando un vínculo de naturaleza con el suelo estimulado por la necesidad de defender sus tierras contra el indio, contra el matrero, contra las plagas, contra el viento   y contra la sequía. Y al defender la tierra sabían que estaban defendiendo la patria de sus hijos, esa noble tierra que los había esperado para borrar con su sol las noches de tantas sangrientas guerras.

 

                Es así que aquellos que vinieron buscando simples riquezas materiales sin darse cuenta se encontraron anclados a una tierra virgen  que supo ganar sus corazones, la cual se transformará en un crisol de razas, que sin distingo de nacionalidades modeló la imagen del hombre argentino de hoy.

 

 

“ESTA PATRIA QUE SIEMBRO ES MI PATRIA Y LA QUIERO.

NUDO DE MI EXISTENCIA. CANTO, SUDOR Y LÁGRIMA.

PARA QUERERLA TANTO COMO LAS QUIERO, TENGO UNA RAZÓN

PROFUNDA. ME COSTÓ ENAMORARLA.

CON EL PRIMER RASTROJO TUVE COLCHÓN. LA CHALA.

ES LANA DE COLONOS. MI PUÑO, DESDE NIÑO, SE ABRIÓ COMO UNA ROSA  EN ADEMÁN AGRÍCOLA PARA ECHAR EN EL SURCO EL CORAZÓN DEL TRIGO.

MI ABUELO HIRIÓ SU SENO CON TERNURA DE NOVIA SOBRE SU GEOGRAFÍA, BAJO EL SOL INCLEMENTE, LA VOZ MEDITERRÁNEA DE MI PADRE DECÍA SUS CANCIONES DE FE. Y ELLA NOS DIO SU MUERTE”. (Del libro Poemas  con labradores de Carlos Carlino, 1940)

 

 

  

CITAS BIBLIOGRÁFICAS

 

                 (1) GRATTAROLA, Lázaro: La inmigración italiana en la República Argentina   y especialmente en la Provincia de Santa Fe. Revista de la Junta Provincial de Estudios Históricos de Santa Fe, 31. Santa Fe, Castellví, p.38.

                (2) VIGO, Juan M: Nuestra Colonización y el Gringo. Revista Todo es Historia, 9. Buenos Aires, Honegger, 1968, p.67-69.

(3)     Diario LA NACIÓN: Número especial en el Centenario de la Proclamación de la Independencia 1816 9 de julio 1916. Buenos Aires, 1916,  p.362-363.

(4)     GRATTAROLA, L:  Op. cit,  p. 37.

(5)     PIGNA, Felipe y otros: Historia La Argentina Contemporánea. Buenos Aires, AZ editora, 2003. p. 80.

(6)     GRATTAROLA, L: Ibidem,  p.39.

(7)     SERGI, Jorge: Historia de los italianos en la Argentina. Los italianos y sus descendientes a través del Descubrimiento de América y de la Historia Argentina. Buenos Aires, Italo Argentina, 1940, p.258.

(8)     SERGI, J: Op. cit,  p. 258-259.

(9)     SERGI, J: Ibidem,  p. 259-260.

(10)  A.G.P. MINISTERIO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y FOMENTO. SECCIÓN FOMENTO: Segunda Guía Oficial de la Provincia de Santa Fe. Santa Fe, 1933,  p. 284.

(11)  Diario EL LITORAL: Suplemento Especial La Región, sus raíces y su destino. Santa Fe, diciembre 198l., p. 41.

(12)  SERGI, J: Op. cit, p. 259.

(13)  FERNÁNDEZ,  A.R: Prontuario informativo de la Provincia de Santa Fe. Rosario, La Minerva, 1896,  p. 178-262.

(14)  FERNANEZ, A. R: Op. cit,  p. 346=347.

(15)  A.G.P. MINISTERIO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y FOMENTO: Op. cit,  p. 1683.

(16)  ENSINCK, Oscar Luis: Historia de la inmigración y colonización de la provincia de Santa Fe. Buenos Aires, FECIC, 1979, p. 25.

(17)  CARRASCO, Gabriel (dir): Primer Censo General e la Provincia de Santa Fe. 6, 7 y 8 de junio de 1887. Buenos Aires. La Plata, , Peuser, 1888,  p. XXVI.

(18)  CARRASCO, G: Op. cit,  p. XXIX.

(19)  CARRASCO, G: Ibidem,  p. XXXII= XXXIII.

(20)  CARRASCO, G: Idem,  p. XXXVI.

(21)  CARRASCO, G: Id, . p. LIII.

(22)  CARRASCO, G: Ibidem,  p. LVII.

(23)  CARRASCO, G: Idem,  p. LX.

(24)  CARRASCO, G: Id., p. XLII.

(25)  LEIVA, EMILIO Manuel Ignacio: La inmigración en Santa Fe. Santa Fe, Rastros y Memorias, 38. Santa Fe, El Litoral, 20004,  p. 448.

 

 

 

                BIBLIOGRAFÍA

 

                A.G.P. MINISTERIO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y FOMENTO. SECCIÓN FOMENTO: Segunda Guía Oficial de la Provincia de Santa Fe. Santa Fe, 1933.

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                CARRASCO, Gabriel ( dir): Primer Censo General de la Provincia de Santa Fe (República Argentina y América del  Sur)  6, 7 y 8 de junio de 1887. Buenos Aires. La Plata, Peuser, 1888.

                DANERI, Graciela: Procedentes de la Liguria. Revista Orígenes e identidad  de los santafesinos, 20. Santa Fe, El Litoral, 2004.

                DIARIO  EL LITORAL: Suplemento Especial La Región, sus raíces y su destino. Santa Fe, diciembre 1981.

                DIARIO LA NACIÓN: Número especial en el Centenario de la Proclamación de la Independencia 18l6 9 de julio 1916. Buenos Aires,  1916.

                DI BIASIO, Pascualina: Italia central: el Lazio. Revista Orígenes e identidad de los santafesinos, 18. Santa Fe, El  Litoral, 2004.

                ENSINCK, Oscar Luis: Historia de la  inmigración y la colonización en la provincia de anta Fe. Buenos Aires, FECIC, 1979.

                FERNÁNDEZ, A. R: Prontuario Informativo de la Provincia de Santa Fe. Rosario, La Minerva, 1896.

                GALLO, Ezequiel y CORTES CONDE, Roberto: Argentina. La República Conservadora. Buenos Aires, Paidos, 1984.

                GRATTAROLA, Lázaro: La Inmigración italiana en la República Argentina y especialmente en la Provincia de Santa  Fe. Revista de la Junta Provincial de Estudios Históricos de Santa Fe, 31. Santa Fe, Castellví, 1965.

                MATALONI, Hugo: Sicilianos y calabreses, del mar al río. Revista Orígenes e identidad de los santafesinos, 23. Santa Fe, El Litoral, 2004.

                PALLOTTI, F.Enrique: Italia central. Región Marche. Revista Orígenes e identidad de los santafesinos, 22. Santa Fe, El  Litoral, 2004.

                SERGI, Jorge: Historia de los Italianos en la Argentina. Los italianos y sus descendientes a  través del Descubrimiento de América y de la Historia Argentina. Buenos Aires, Italo Argentina, 1940.

                TALSKY, Alicia: Eran miles y traían sueños. Revista Orígenes e identidad de los santafesinos, 6. Santa Fe, El Litoral, 2004.

                TOURN, Guido Abel: Del Piamonte y la Lombardía. Revista Orígenes e identidad de los santafesinos, 19. Santa Fe, El Litoral, 2004.

                VIGO, Juan M: Nuestra Colonización y el Gringo. Revista Todo es Historia, 9. Buenos Aires, Honegger, 1968.


 www.santafe-conicet.gov.ar/sipar/2005_​inmigracion/olivello.doc






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