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Asunto:NoticiasdelCeHu 167/11 - Ni Facebook ni Twitter: son los fusiles (Mois és Naim)
Fecha:Lunes, 28 de Febrero, 2011  21:26:29 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 167/11


Ni Facebook ni Twitter: son los fusiles

Moises Naim 
LA NACION

Buenos Aires, 28/2/11

WASHINGTON.- La de Túnez fue la revolución de WikiLeaks y la de Egipto fue la revolución Facebook.

Gracias a WikiLeaks, los tunecinos conocieron el cable en el que el embajador norteamericano revelaba la extraordinaria corrupción del dictador y su familia. En Egipto, fueron los jóvenes hartos de Hosni Mubarak y su régimen quienes se encontraron y organizaron a través de Internet. Facebook y Twitter hicieron posible que, por fin, el pueblo se lanzara a las calles. El resto es historia.

Pues no. Esta no fue ni es la historia. Esta incompleta visión de lo que allí sucedió no ayuda a entender la marea árabe y su posible evolución de ahora en adelante.

No hay duda de que las redes sociales, en especial Facebook y los mensajes a través de Twitter, y las filtraciones de WikiLeaks tienen algo que ver con los alzamientos populares en el mundo árabe. Algo. Pero explicar lo que sucedió en Túnez, Egipto y Libia, primordialmente en términos del impacto que allí han tenido las nuevas tecnologías de la información, es una exageración.

Esta perspectiva no nos explica, por ejemplo, por qué Libia, un país con una bajísima penetración de Internet (cerca de 350.000 usuarios en una población de más de seis millones) o en Yemen, con índices aún más bajos, han sido de los países más sacudidos por las revueltas populares. Una de las sorpresas de las protestas callejeras en Egipto ha sido su diversidad social, religiosa, generacional y regional. Y aunque en Egipto hay proporcionalmente más usuarios de Internet que en el resto de la región, cabe suponer que un porcentaje importante de quienes participaron en las revueltas no tiene una cuenta en Facebook ni "twittea"; muy probablemente, ni siquiera usa de manera regular Internet.

Claro que, una vez que surge un grupo de líderes coordinados por Internet y que logra movilizar a un número mayor de seguidores, muchos otros que comparten sus exigencias y deseos de cambio se les unen, habiéndose enterado a través de canales distintos a Internet. Aquí, la frase más importante es que comparten sus exigencias y deseos de cambio.

Es esta frustración generalizada, producto de décadas de malas políticas económicas, combinadas con vasta corrupción, creciente desigualdad y una amplia desesperanza, lo que crea motivación para tomar las plazas. Y ver por televisión que en otros países esto da resultados y que el pueblo en la calle logra derrocar a un dictador que hasta hace poco era intocable también es una potente fuerza movilizadora. Y en esto los canales de noticias en árabe que llegan vía satélite han sido una fuerza mucho más poderosa que Internet. Pero, quizá, lo más relevante es que la fascinación por el papel de las nuevas tecnologías en los cambios políticos en el mundo árabe ha opacado la importancia que en todo esto ha tenido una vieja tecnología: los fusiles.

El papel de las fuerzas armadas en lo que sucedió en Túnez y Egipto ha sido tanto o más determinante que Facebook. En estos países, los militares les quitaron el apoyo a los dictadores, y a estos no les quedó más opción que irse. Si bien inicialmente fueron los grupos en Facebook los que convocaron a los egipcios a la plaza Tahrir, fue el ejército el que hizo posible que la plaza se transformara en el lugar donde las familias podían ir sin miedo a manifestar su repudio al régimen.

Fragmentadas

Afortunadamente, los militares egipcios no tuvieron la propensión genocida de algunos de sus colegas libios. En Libia, las fuerzas armadas se fragmentaron y algunas unidades y los mercenarios de Khadafy se mostraron dispuestos a liquidar a sus opositores. Otros uniformados están luchando al lado del pueblo. Si los militares no se hubiesen dividido y todos hubiesen acatado las órdenes de Khadafy de matar como ratas a quienes protestan en las calles, el futuro del régimen libio no estaría en duda.

Al final, los que definen cuándo y cómo muere una dictadura son los militares. ¿Y qué tiene que ver Internet con todo esto? Mucho menos de lo que estamos leyendo y oyendo en las noticias de estos días.

Reconocer esta realidad ayuda a vislumbrar mejor el futuro de los países sacudidos por estas revueltas. En Egipto, por ejemplo, a menos que la presión popular continúe y obligue a las fuerzas armadas a aceptar reformas más profundas, la revolución sólo habrá servido para reemplazar una pequeña elite corrupta por otra. Los militares egipcios son un importante factor económico y obtienen enormes beneficios de las malas políticas que tienen a miles de jóvenes egipcios sin empleo y sin futuro. Y quitar los privilegios al estamento castrense seguramente exigirá mucho más que montar una página en Facebook o denunciarlos en Twitter.






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