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Asunto:NoticiasdelCeHu 148/11 - Universidades y democracia ¿una muerte progra mada?
Fecha:Domingo, 27 de Febrero, 2011  01:11:17 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 148/11
 

Universidades y democracia ¿una muerte programada?

“El pensamiento no es la reproducción intelectual de lo que de todos modos ya existe…su aversión a ser rápida y fácilmente satisfecho, rechaza la sensatez estúpida de la renuncia”. Theodor W. Adorno

                                                                           Alfredo César Dachary

 

         Terry Eagleton, crítico literario y un experto en temas de literatura y cultura de los últimos dos siglos, se pregunta en un artículo publicado por “The Guardian” en diciembre de 2010, sobre el destino de las universidades en esta primera década del siglo XXI. Su pregunta parte de una afirmación que varios habían anunciado: ¿estamos frente a la muerte de las universidades?

La afirmación la realiza a partir de una serie de políticas orientadas a hacer desaparecer las Humanidades en las universidades inglesas, a partir de devaluarlas, reduciéndolas y llevándolas a ser un “agradable complemento”, algo opuesto a la idea de la universidad que históricamente han tenido como núcleo las Humanidades.

Una formación sin historia, filosofía, junto al arte y a la literatura, son la fórmula perfecta para formar un técnico, frío y maleable al servicio del capital, deshumanizado y falto de un compromiso con la sociedad y su desarrollo más allá de la técnica.

Para Eagleton, en la universidad moderna que se consolida a finales del siglo XVIII, surgen las disciplinas humanísticas las cuales tenían un papel crucial, que consistía en nutrir y proteger la clase de valores para lo que un orden social filisteo tenía poco de su precioso tiempo.

Dos siglos después, en Inglaterra, ante la llegada del neoliberalismo con Margaret Thatcher, el papel de las universidades se ha reducido a servir al status quo, en vez de desafiarlo en nombre de la justicia, la tradición, la imaginación, el bienestar humano, el libre juego de la mente o las visiones alternativas de futuro.

Pero una vez más, Inglaterra lleva la delantera, ya que la autoridad de Cualificaciones y Curriculum ha dado vía libre a que McDonald’s pueda desarrollar programas educativos y dar titulaciones oficiales a los empleados. Esos títulos equivaldrán en nivel de estudios a cursos de acceso a la universidad y esta autorización se ha hecho extensiva a la compañía de trenes Network Rail y a la de compañía de vuelos de bajo costo Flybe.

Pero estas experiencias han sido sintetizadas en la reforma de la educación superior generada por el Tratado Bolonia de la Unión Europa, que ya ha sido definido por sus opositores como “un invento de mercado para colocar a la universidad  a su entero servicio”.

Bolonia pretende reducir el costo de las universidades públicas, como forma de reducir la presencia y responsabilidad del Estado en la educación superior, trabajando en grupos pequeños para aplicar una dinámica docente de pocas horas de clases presenciales, luego prácticas y tutorías. Aprovechando la web, esta gigantesca red controlable y gran galimatías sin organización donde la gente por lo general entra y asume tenerlo todo aunque entienda muy poco o no sepa el origen de sus afirmaciones construida por millones de documentos, ideas y propagandas.

Pero nada de esto es casual; el neoliberalismo en su visión fanática de que el mercado lo puede todo (hoy ya se ve que eso es falso) ha establecido políticas para desmantelar el Estado y, entre ellas, las instituciones que facilitan la producción de una cultura formativa en la cual los individuos aprendan a pensar de manera crítica. Esto afecta a la universidad, donde la austeridad neoliberal  reduce la autonomía del trabajo académico y la pedagogía crítica, así como la búsqueda de una educación de calidad, lo cual reduce las posibilidades de crear actores con capacidad para ejercer y exigir una mejor democracia.

En este proceso, la universidad pública como el centro de la enseñanza democrática es reemplazado por la universidad “útil” ansiosa de recibir los financiamientos del sector privado para poder cumplir con sus metas de producir mejores técnicos, más sumisos y menos críticos.

Los nuevos administradores de estas universidades del denominado “Primer mundo”, comparten su gestión con la participación en Consejos corporativos lo cual les genera importantes ingresos, ya que transforman las universidades en verdaderos y “eficientes negocios”.

En un estudio realizado por “The Chronicle of Higher Education” salió como resultado que 19 de 40 presidentes de las principales universidades, participan como mínimo en un Consejo de una gran corporación. Ello debido a que la educación cada día se hace más costosa, incluido la pública en los países centrales, como se ha dado ahora el caso del elevado aumento de las matrículas en Gran Bretaña.

Por ello, los estudiantes, un potencial de futuro, cuando terminen su formación se transforman para las grandes universidades y bancos en un potencial de presente, ya que se endeudan con estas instituciones para poder pagar su educación y así ingresados al mercado laboral comenzar a desembolsar la deuda, la cual está avalada por bienes familiares.

Estas universidades “modernas” se corporativizan aceleradamente a la vez que se militarizan, al tener un sistema de control policial, fondos que en vez de destinarse a incrementar la planta se dan para equipamiento y control, ya que la cátedra tradicional ha desaparecido. Hoy los alumnos son consumidores y los maestros proveedores de una mercancía vendible, que son las habilidades y destrezas para realizar una actividad laboral determinada.

En medio de este nuevo “orden”, la crítica es considerada una visión “obsoleta”, la gente deseosa de poder tener ingresos en una sociedad que cada vez hace más precario y difícil el trabajo no puede pensar en crítica o análisis, sólo quiere “formarse” para salir al mercado laboral.

Esta nueva situación aleja a los profesores de plantearse los temas de actualidad y la sana criticidad para poder entender el tiempo y las coyunturas en que están inmersos, ello es reemplazado por un lenguaje especializado, técnico y profesionalizante, alejado de la práctica de la democracia a partir de formar verdaderos actores pensantes y críticos de la sociedad en que viven.

En las grandes universidades, comienza a privar la mentalidad corporativa empresarial en vez de la comunidad académica de ideas enfrentadas para un ejercicio democrático. Con esta nueva lógica enfrentan la reducción de los presupuestos y la trasformación de la currícula para hacerla más profesionalizante, menos pensante y más gerencial.

La investigación de importancia en los grandes centros se liga a la seguridad nacional, al Estado y sus amenazas reales o imaginarias, a los temas que ayudan a entender la seguridad interior a partir de la visión fraccionada y racista de la misma, ciudadanos e inmigrantes, blancos y negros, pobres o ricos, exitosos o marginales.

Cornelios Castoriadis sostiene que esta nueva situación lleva a que no pueda existir una investigación crítica, el debate público, los actos humanos de justicia y la deliberación pública, ya que la falta de democracia, no puede generar “pensadores críticos capaces de cuestionar las instituciones existentes”.

A ello se le agrega que la educación superior puede ser una de las pocas esferas públicas que quedan donde el conocimiento, los valores y la erudición ofrezcan una idea de la promesa de la educación como fuente para nutrir los valores públicos, la esperanza crítica y sustantiva.

Esto obliga a las nuevas generaciones a enfrentar este reto de recuperar la universidad en la dimensión actual dentro de la democracia, y ello lleva a Tony Morrison a afirmar: “… si la universidad no toma seria y rigurosamente su papel como guardián de libertades civiles más amplias, como integradora de problemas éticos más y más complejos, como preservadora de prácticas democráticas más profundas, algún otro régimen o combinación de regímenes lo hará por nosotros, a pesar de nosotros y sin nosotros”.

La privatización creciente de la educación superior pública coincide con el principio que hoy prima en la educación en general, el de ser un producto vendible en un mercado y cuyo valor lo determinaran las leyes del mercado, algo que hoy ya es realidad en el seno de la OMC.

En ese marco, la universidad para formar nuevas generaciones en la profesión y en la formación cívica humanística y democrática es una foto de un pasado que ha dejado de ser vigente por las leyes del mercado, o sea, una obsolescencia decretada y no un ocaso aceptado por una sociedad que pretende sobrevivir en esta nueva realidad.

 

alfredocesar7@yahoo.com.mx






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