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Asunto:NoticiasdelCeHu 180/11 - Pasajeros de Proa: La casa como instrumento del arraigo
Fecha:Jueves, 3 de Marzo, 2011  10:46:43 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 180/11
 

 

La casa como instrumento del arraigo. Santa Fe, 1860 – 1886.[1]

 

Dócola, Silvia; 

Puig, Mónica;

Geremía, Carlos

arquitectos.

Laboratorio de Historia Urbana. CURDIUR. FAPyD. UNR

 

 

 

La casa como instrumento para inventar una ciudad moderna

 

En 1860, un editorial del periódico El Progreso, editado en Rosario le otorga a Rosario el rol de ser “el emporio de la nación: la gran ciudad, el más concurrido puerto, la plaza mercantil más fuerte...”[2].  Muestra la antinomia ente un pasado cercano y ese presente esperanzado: “Rosario era una villa en 1850, una aldea, un desierto, sin población, sin edificios, sin relaciones, sin comercio, sin rentas, y en la actualidad es lo que ya hemos dicho: una ciudad de importancia, con su cómodo puerto visitado por numerosas embarcaciones de comercio de ultramar y una plaza donde se verifican cada día transacciones mercantiles de inmensa cuantía...”.  Los edificios son una de las condiciones de este despegue de la aldea a la ciudad.  Su inexistencia una de las condiciones de desierto

 

Una de las primeras ordenanzas que dicta la naciente Municipalidad de Rosario, fue prohibir la construcción de ranchos a cuatro cuadras de la plaza. Con el argumento de evitar los incendios, se expulsan los ranchos hacia las afueras y se espera que estos sean  reemplazados  por casas de azotea, en un intento de construir un  área fundacional en la ciudad sin fundación.

 

Entre 1863 y 1866, al tiempo que se discute ampliar el radio de las cuatro cuadras, en las actas de las sesiones municipales se registran pedidos de particulares, como excepción a la reglamentación,  para techar de paja piezas o construir ranchos. En el Concejo se instala el debate sobre la materialidad que deberá tener la casa. Los que están a favor de la vigencia de la ordenanza plantean que “el centro de la ciudad se halla expuesto con algún incendio producido por la quemazón de algún techo pajizo”. En el otro extremo los que pretenden anular la ordenanza expresan su opinión sobre lo anticonstitucional de la misma, basándose en el derecho privado de propiedad. En los debates aparece una tercera opción: la casa de madera. La discusión, por momentos,  se desplaza de un problema de seguridad a un problema de imagen:   quienes intentan despegarse de la idea del peligro de los incendios afirman:  “los techos de tablas no presentan un aspecto desagradable en general” (Bustinza), “podrían pintarse” (Maldonado) “los techos de madera son admitidos en todas partes del mundo (Perkins)[3].

 

J. Tilston dibuja la ciudad de Rosario en 1866[4]. Para describirla realiza  tres imágenes: Rosario desde el río Paraná,   las proximidades a la estación de ferrocarril y la plaza de las carretas.

En la segunda, la barranca define un abajo y un arriba. El abajo se halla ocupado por edificios para almacenamiento,  entre ellos el edificio del depósito de la Aduana marca el centro de la imagen.  En el arriba, contrastando con la línea de horizonte, torres y chimeneas marcan tensiones verticales. Las torres de la iglesia señalan  el edificio de valor singular.  Las chimeneas refuerzan la dimensión productiva de la ciudad.

En la representación tomada desde las cercanías a la estación de ferrocarril presenta la coexistencia de dos mundos: por un lado, en primer plano, el mundo rural precario, de límites imprecisos, ordenado según la topografía conformado por ranchos de paja  en la barranca;  por el otro, haciendo de fondo/horizonte el mundo de la ciudad, con dos focos de atención que constituyen un contrapunto: en un extremo las torres de la iglesia, en el otro, una chimenea símbolo de la actividad industrial incipiente, vinculados por una masa edilicia continua  conformada por casas bajas de azotea. Una ciudad en equilibrio entre su pasado rural y su futuro industrial.  La oscura diagonal de los ranchos de paja se muestra en la brutalidad de  su inestable imagen de precariedad.

 

En el mismo momento Alfeld, un fotógrafo radicado en Rosario toma vistas de la ciudad[5]. En ellas centra su atención en el armado de calles con fachadas continuas conformadas como adición de casas de azotea que utilizan el mismo lenguaje. Entre estas casas, oculta la casa pajiza[6] entre las vistas de la ciudad y las desdibuja entre la barranca, sus ropas tendidas al sol, sus tunas... Una mirada atenta y dirigida permite observar que esos  aparentes ranchos son las casas de madera aludidas.

Rosario, ciudad sin fundación, sin pasado colonial  no tenía casas de las cuales ufanarse. La casa colonial, aquella que llamaban Andaluza, la que  plagaba Buenos Aires y otras ciudades capitales del antiguo Virreynato, la que describe Lina Beck Bernard como  suya en Santa Fe[7],  no se había desarrollado en Rosario. Esa ciudad apenas inventada, que no tenía edificios singulares de los cuales enorgullecerse, apostaba a la construcción del conjunto homogéneo. Un cronista  afirmaba “El pueblo del Rosario presenta todo el aspecto de una ciudad nueva, y tiene una apariencia distinta a cualquier otra de la República. Aquí no hay nada que recuerde la dominación española; ... (la antigua raza española) si no construían caminos, ni alimentaban al pueblo, ni procuraban el progreso, ni procuraban conservar las interesantes tradiciones de la antigua América, al menos, edificaban suntuosas iglesias, colegios y cabildos, hacían lindas quintas y sólidos monumentos.  Al lado de nuestra superior civilización estas cosas no son malas, y el Rosario por ser nuevo, es la única ciudad de la República que no las tiene. Mientras que en Santa Fe, hay grandiosos edificios, y centenares de casas en el mismo pueblo con su naranjales seculares, el Rosario está todavía sin edifico público de mérito y sus terrenos casi pelados. Esto da una apariencia  triste a nuestro pueblo por un lado, mientras que las casas modernas, con su  linda arquitectura, debida a la inmigración, debida a la inteligencia (sic) de la grande inmigración italiana al Rosario, le da por el otro lado un aspecto risueño, de que carecen todos los otros pueblos fuera de Buenos Aires...”[8].

El irónico cronista pondera  la ausencia de pasado y  apuesta a esta ciudad que será solo presente y futuro, construida desde el concepto de superior civilización. Rosario, como ciudad inventada, se piensa sólo en su condición de moderna. La arquitectura no se destaca sino conforma las paredes urbanas continuas que Alfeld muestra en sus imágenes de calles. La casa se suma a su lindante, a un banco, a un comercio,  unificando los usos, construyendo un tejido heterogéneo que supone la anulación de estructuras jerárquicas previas. Una arquitectura laica  sustentada en la unidad que expresa la heterogeneidad cultural, de una sociedad migrante en proceso de arraigo. La generación  de una ciudad construida a su vista, con sus manos... como herramienta fundamental para ser, para existir.     

 


La conversión del desierto en territorio.

La casa como instrumento para la producción

 

La idea del par dialéctico familia colona / lote agrario centra  a la casa como uno de los instrumentos necesarios para arraigar a los colonos (generalmente inmigrantes) a la concesión. Si esta tiene la dimensión tipo (de 20 a 25 cuadras cuadradas) funcionales a una familia (pensada como consanguínea, en algunos casos de frontera como corresidente, de 5 integrantes en condiciones de trabajar, en sus diversos roles) la casa puede asumir diversas materializaciones:

En Esperanza, en 1855,  se promete que el gobierno “suministrará un rancho de dos cuartos cuadrados de 5 varas de frente cada uno, comunicantes entre sí; uno tendrá una puerta y el otro una ventana, el todo del precio de 50 patacones”[9];  en 1870  Perkins, en su rol de Superintendente de Tierras del Central Argentino, espera a los colonos  en Roldán, con una casa de madera. Las narraciones de un colono que recuerda su llegada de niño a la colonia nos enfrenta a la precariedad de tales viviendas: “Cada colono recibió del ferrocarril un lote de aproximadamente 35 hectáreas de tierras con una casita de madera de dos habitaciones de cuatro por cuatro metros. Cada pieza tenía una sola ventana y el techo era de tablillas o tejas. Estas casillas se armaban en Roldán en la Administración y se cargaban en una carreta para conducirlas y descargarlas sobre el lote asignado, en medio del campo... Como piso no tenían, formaban el parquet de estas aireadas habitaciones el pasto fuerte de un metro de alto... Al parecer la Administración de las colonias consideraba de suficiente espacio la más pequeña choza para una familia de nueve a diez personas...”[10]. El tono crítico de la narración nos permite una lectura de la distancia entre quienes planificaban la vida en las colonias y quienes experimentaban esa vida. 

La idea del rancho / casa de madera estaba asociada indisolublemente al lote cercado, a los árboles frutales plantados, y al pozo de balde. La casa como instrumento del arraigo  fijaba el inmigrante al suelo, haciéndole echar raíces, primera acción para transformar el desierto en territorio. 

La misma idea era utilizada también para otras empresas que necesitaban del arraigo..  A mediados de la década de 1850, la empresa de Timoteo Gordillo y Cía. abrió un nuevo camino  al que llamaron Del Norte como corredor para  sus diligencias y carros, reduciendo en 36 leguas el recorrido del camino del Sur entre Rosario y Córdoba. El nuevo camino seguía la trayectoria del trazado proyectado por Campbell para el ferrocarril. A lo largo del nuevo camino la empresa instaló, postas cada cuatro leguas, instalando familias, montes de durazneros y quintas[11].  De este modo,  en puntos pautados distribuidos homogéneamente en corredores de atravesamiento, se apropiaban del suelo, mediante la estrategia del arraigo en términos de producción.

 

Algunos asumían la aventura de comprar casas de fierro. Los hermanos Seymoor[12]. compraron terrenos a bajo precio al gobierno de esta  provincia en 1865,  en Fraile Muerto en territorio de Córdoba. Lo hicieron para dedicarse a la cría de ganado lanar.  Richard narra: “... me enteré que había realizado una importante compra en Buenos Aires ¡nada menos que una casilla de hierro! Habíala adquirido a un emprendedor comerciante, quien recientemente importara varias de estas viviendas de diferentes tamaños y precios. La nuestra costó unas ochenta libras, y aunque no era la residencia más confortable del mundo -pues todos los cambios del tiempo tanto de calor como de frío, instantáneamente los sentíamos, al punto de poder haber ejercido de termómetros-, resultaba, en conjunto muy útil. Su presencia provocó gran sensación en Fraile Muerto, donde fuimos prestamente conocidos  "los dueños de la casa de hierro", y se nos consideraba con gran respeto, al extremo que cuando alguno de nosotros pasaba por la calle, las preguntas sobre nuestra identidad eran por lo común contestadas por: "!el dueño de la casa de fierro! ", a lo cual el admirado populacho replicaría sin duda: "!que hombre!"[13] .

La elección de una casa de novedosa tecnología  ayudaba en la rapidez del arraigo y en la huella  que imprimían sobre el territorio se marcaba su diferencia, apoyado en su interés en subrayar su origen como expresión de valores, considerados por ellos mismos, superiores.  Lo precario y azaroso del itinerario, la lentitud de los viajes, contrastaba con la rapidez del montaje de la casa. Y  estas diferencias se acentuaban cuando a esta casa producida industrialmente en un espacio lejano se la plantaba en un sitio rodeado de una simple excavación en la tierra que actuaba como foso defensivo  “Los hombres trabajaban muy satisfactoriamente. Habíamos ya trazado el foso, que encerraba un espacio de 50 yardas cuadradas, y al que deseamos darle unos seis pies de profundidad por otros tantos de anchura,... fue un momento de alegría intensa el que experimentamos, cuando, después de dos días de ardua labor, terminamos de armarla y tuvimos nuevamente sobre nuestras cabezas un techo algo más sólido que una lona. Contábamos con dos habitaciones, de unos 12 pies cuadrados cada una, y habíamos cobrado algunos banquitos y mesas para amueblarla. Estos, agregados a nuestras camas, lavatorios, dos cómodas y un sillón, infundían a aquel rústico ambiente un cierto confort...[14]

Pero si estas eran las condiciones de partida para lograr un primer punto de fijación al suelo, construyendo el territorio, el desafío estaba en constituir la casa como hogar.

A pocos años de instaladas las primeras familias en las colonias se ensayan las primeras constataciones de funcionamiento. Cada colonia se constituye en experiencia , en campo de prueba experimental, que más allá de la marcha del caso en sí, se realiza en pos del ajuste del sistema, para evaluar la acción y proyectar cambios o transformaciones.

 

 

Guillermo Wilcken elabora un Informe sobre el estado de las colonias agrícolas de la República Argentina, a partir de la visita realizada a las mismas en 1872[15]. En 1871 la Comisión Central de Inmigración creó el Cargo de Inspector General  nombrándolo como tal. Como primer tarea se le encarga la elaboración de un informe sobre el estado actual de las colonias en “el litoral”.  El objetivo central  de la Comisión era fomentar la inmigración, para ello se volvió imprescindible registrar  “con exactitud un conocimiento propio” ...   “para poder fundar con acierto  ya sea sus apreciaciones sobre su porvenir, ya sea la introducción de reformas prácticas aconsejadas por la experiencia...”. El inspector de la comisión, debe entonces recorrer el territorio, de colonia en colonia, para poder construir un conocimiento que se supone veraz que supere los informes anteriores que,  en el decir de la Comisión,  exageraban sobre la prosperidad de las mismas, creando  perjuicios en quienes habían llegado a estas tierras tomando como base dicha propaganda.

El informe es una detallada descripción de 350 páginas, y planos en gran escala de cada una de las  colonias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Córdoba y Buenos Aires, incluyendo en estas últimas las colonias en Chubut. Más allá  del registro permanentemente emite juicio sobre  cada una de las colonias y culmina con una síntesis evaluativa. En el caso de Santa Fe,  luego de registrar las colonias del centro y oeste de la provincia se detiene en el conjunto de las colonias del Ferrocarril Central Argentino. 

Wilcken describe un cuadro de situación y narra la pequeña  historia de dos años de las colonias de la CTCA para evaluar donde han estado los errores a fin de poder aprender de ellos. De ese modo construye el conocimiento. Cuenta que el Superintendente de Tierras del Central Argentino contrató directamente en Suiza a las primeras familias,  las cuales fueron instaladas en Roldán apenas llegadas. Se tenía todo preparado para recibirlas: “casas de madera, alambre para cercos, implementos, provisiones, etc, etc; de modo que los colonos pudieron emprender sus trabajos una hora después de su arribo a la colonia”[16].  Y es desde esa urgencia de radicación,  que implica una puesta en funcionamiento de las familias colonas, que se evalúa esta particular historia. Esta no puede estimarse  de igual manera que la de las colonias  anteriormente fundadas,  ya que aún se encuentra “absorbida por los trabajos de instalación definitiva”.  Cuenta que la empresa tiene registrados en los libros de la administración “bosquejos” de las diversas familias  en “una prolija clasificación de todos sus colonos” que son calificados en muy buenos, buenos, regulares y malos. Wilcken reproduce algunos de estos bosquejos por familia y registra las leguas ocupadas concesión por concesión.

Al medir los resultados un buen colono no sólo es quien ha podido poner “en funcionamiento” el lote agrario sino que el  capaz  de transformar el territorio a través de la construcción  “Sólo los muy buenos colonos han edificado casas más sólidas, más espaciosas y por consiguiente más cómodas, que las que recibieron de la administración para instalarse. Procediendo en consecuencia de sus buenas aptitudes, han principiado a embellecer sus concesiones, y darles méritos y valor con la plantación de árboles de toda especie”[17]. Pero esta transformación no puede ser inmediata por la naturaleza del terreno ya que “desgraciadamente nuestras pampas no se prestan a un embellecimiento inmediato. La naturaleza no nos ha dado más que lo útil, esto es, un suelo fértil cubierto de tupido pasto o nociva maleza. Cosechas de mieses, sí, que se consiguen inmediatamente, pero se necesitan algunos años antes de poder obtener los bellos prados y arboledas tan comunes en Europa”[18]. De ese modo sólo a futuro, con esfuerzo, con la enseñanza de la quinta agrícola,  con los “buenos ejemplos a imitar”,  padeciendo “sufrimientos” y  con el control de la administración se lograría convertir hasta al ”de inservible condición” en un buen colono. La  conversión por el trabajo, el trabajo que transforma el territorio y el territorio transformado borrando la extrañeza  que produce en los colonos la pampa.

Wilcken, desde el interés de construir ese cuadro de situación  que constituye su informe, visualiza un problema: el del arraigo. Entre las familias que considera han logrado instalarse en las Colonias del FCCA, venciendo los obstáculos, superando el desarraigo elogia a la familia Weihmüller. Ella, oriunda del cantón de Bern  es “una familia rica” y dice  en 1872: “todavía no hace un año que llegó, pero en este corto tiempo tiene 24 cuadras cultivadas, buena huerta, 200 árboles de durazno y una concesión zanjeada y cercada con cina-cina. Está edificando una grande casa (sic) de material y tiene lechería y quesería, sótano para esta industria, gallinas y dos hornos: uno para hacer pan otro para quemar ladrillos. En once meses se ha establecido, rodeándose de todo género de comodidades y recursos industriales”[19].

 

 

En 1878 se  publica una  litografía de Carcarañá[20].  En ella  se definen tres franjas horizontales.  En la central,  una perspectiva aérea que tiene como estructuradora a las vías del ferrocarril Central argentino, definiéndose claramente los límites urbanos hacia el sur. En el campo superior se registran en la parte central dos hoteles y en las esquinas cuatro dibujos menores de edificios exentos: a la izquierda  la casa de campo de Fleuty y la casa de colones (sic). A la derecha la estación del ferrocarril y una casa de campo.  En la parte inferior tres imágenes de mayor tamaño: el molino de Carcarañá, el puente ferroviario sobre el río y la casa de campo de Mr. Thomas.

  

Como  imagen general del poblado, este se dibuja como un pueblo largo estructurado en relación al eje del ferrocarril, con un amplio espacio abierto a ambos lados, con calles paralelas a la vía en las cuales se encuentran claramente definidos  los límites edilicios.

 

El molino, la casa de Mr Thomas y el puente del Carcarañá  son la base de la litografía. Las tres imágenes se destacan en tamaño, el paisaje es el tema central. En los dos primeros un paisaje productivo, con un fuerte acento en lo tecnológico. El molino se presenta como un complejo edilicio en el cuál cobra preponderancia el edifico en tres  plantas. Es vital la relación con el río, allí donde se genera un salto se instala el molino en un claro aprovechamiento de la energía hidráulica. En la litografía del puente, el  río correntoso, las altas barrancas, la técnica moderna en hierro del FCCA con el ferrocarril siempre avanzando hacia el oeste y la dilución en la pampa con referencias a asentamientos lejanos marcados por la presencia del árbol y la casa como par signante de transformación

               

La  tercera imagen  que constituye la base es la casa de Mr Thomas. Esta se registra como casa de campo. Es interesante observar el armado del parque en primer plano: una ordenada colección de plantas exóticas. 

 

Las cuatro imágenes restantes se refieren a construcciones exentas menores: una de ellas la estación del ferrocarril que apenas se vislumbra en la perspectiva central, las otras dos casas “de campo” y una casa de colonos.

Dos hoteles y la estación ferroviaria marcan el movimiento, el tránsito. El molino el peso de la industria.  Algunas casas tienen propietario que cumpliendo el pronóstico de Wilcken,  se constituyeron en colonos excepcionales y  la casa de colonos demuestra la trasformación que,  familias anónimas,  han impreso al territorio. 

Algo que llama la atención es la animación que ilustra en Carcarañal (sic): gente paseando a solas o en familia, hombres señalando sitios, diversos carros con paseantes, hombres cabalgando, gente realizando taras del campo.

 Uno puede imaginarse escenas: la señora recibiendo en la puerta de su casa rural  a una visita, los niños corriendo sobre las vías delante de la locomotora,  el hombre mostrando a la mujer y a la niña el nuevo poblado… Predominan las imágenes referidas al ocio, de un espacio apropiado para el disfrute, la contemplación… En algunas instantáneas se hace presente el carácter de colonia agrícola: se registran actividades productivas como el ordeñe o la cría de aves. 

El tren avanza hacia el oeste, las banderas flamean,  las chimeneas humean, la gente vive. La casa se nombra por el nombre del propietario, se cultiva y se cosecha, la casa se ha convertido en hogar.

 

Richard Seymoor decía  a propósito de la estación de Fraile Muerto... “esta se parecía a muchas de la campiña inglesa” y que “su sala  de espera proporcionábame una sensación de encontrarme en mi propio país, mayor que cualquier otro sitio de aquel pago”.[21] Tener imágenes del hogar,  implicaba traer a este mundo nuevo y diferente la atmósfera de aquello que lo retrotrayera a lo conocido. Fragmentos de la lejana Inglaterra permitían una ilusión de pertenencia en este tránsito hacia la radicación. 

A la mirada de este inglés, un simple rancho de paja podía  leerse como hogar. En su narración de una visita a sus compatriotas residentes en Entre Ríos, señala “Alguno de los residentes rurales más antiguos, se han construido confortables viviendas y sus estancias ostentan ese ambiente de hogar que los ingleses se complacen en llevar consigo a cualquier parte del mundo... Esto ocurre especialmente cuando viven con ellos sus esposas, y es común encontrar en Entre Ríos familias inglesas muy felices. Pero ninguna mujer sin embargo podría aventurarse a llevar esta clase de vida, a menos que posea buena salud, un corazón valiente y activas manos, condiciones todas ellas absolutamente necesarias para desenvolverse en semejante medio...”[22].  Este hombre solo, que vino con su hermano a hacer fortuna, ve en la pareja la  base constitutiva de una familia ideal: aquella  que asume la aventura de vivir en estas tierras.

 

El rosarino Estanislao Zeballos[23], abogado, periodista, fundador y/o miembro de diversas Sociedades Científicas argentinas y extranjeras, radicado en Buenos Aires, realizó un viaje recorriendo las colonias - Candelaria,  del Central,  y las situadas al oeste de la ciudad de Santa Fe-  y algunas ciudades del área - Rosario, San Lorenzo  y Santa Fe-  en 1878  para realizar una experiencia directa de la marcha del proceso de colonización de la Provincia de Santa Fe.  En 1882   realizó un segundo viaje con el objetivo de actualizar ciertos datos.

El resultado de esta experiencia y de otros viajes  que realiza –en 1879 al sur de la Provincia de Buenos Aires,  y un tercero al área de cabañas - se publica como colección  bajo el título general de “Descripción amena de la República Argentina”.  El particular viaje pampas al norte de Rosario aparece editado como Tomo II, con el nombre “La rejión del trigo” (sic)[24],  momento en el cuál se desempeña como Diputado Nacional.

Como objetivo explícito manifiesta  su intención de hacer conocer el País. Esto es para Zeballos una herramienta práctica para atraer la inmigración,  para lograr lo que él llama una de “sus más vivas esperanzas de engrandecimiento del Estado”. Su pensamiento es causalmente científico: si demuestro con datos veraces la potencialidad del territorio y los logros obtenidos y los hago conocer de modo sistemático,  lograré incentivar la inmigración,  y de ese modo extender y profundizar la experiencia colonizadora. La consolidación de la región del trigo asegurará la construcción de la Nación. 

Este hacer conocer tiene que ver con especulaciones científicas, pero complementados con datos históricos y sucesos de viajes para captar la atención de un amplio número de lectores locales y extranjeros,  lo que posibilita  su edición como literatura de divulgación. Esta necesidad de dar a conocer se basa tanto en el desconocimiento como en el mal conocimiento que tanto Sociedades Geográficas cono pobladores extranjeros tienen del país[25].

Toma como referencia la experiencia norteamericana: el ejemplo de las publicaciones de la Oficina de Colonización de los Estados Unidos quien en 12 volúmenes describe (haciendo) “conocer la tierra con todas las calidades, con todas las seguridades de los datos científicos”. Estas publicaciones, según Zeballos, permiten a alguien en Bs. As comprar un pedazo de tierra que conocerá como su propio pañuelo”[26].

En el  relato hace referencia a un pasado cercano, el que surge en los recuerdos de su anterior visita a las colonias en 1864, cuando tenía tan sólo 10 años. Se detiene en describir sucesos  con términos como horror, pavor, zozobra, llantos, matanzas, muertes,  definidos en un escenario de campos talados, de comarcas envueltas  en el silencio de los cementerios[27]. Construye la imagen de la destrucción. Esta le permite armar un fuerte contraste con el presente, basado en la transformación productiva:  la vista de los campos sembrados en un continuo ilimitado, infinito, las grandes maquinarias de segar y trillar.

Múltiples experiencias narran el presente: “Cuando me veía obligado a detener frecuentemente mi caballo ante inmensas sábanas de trigo, me creía en Chivilcoy: y al contemplar desplegadas sobre un campo de batalla de 10 leguas, más de doscientas cincuenta máquinas agrícolas de los mejores sistemas, soñé que viajaba en California, no en la de las minas de oro de perdurables recuerdos, sino en el California de los exuberantes trigos“ [28].

La metáfora de la pampa como mar es transformada. Burmaister había dicho:“... nos encontramos ya sobre la pampa y vemos extenderse ante nuestra vista, una planicie sin fin cuyo suelo está cubierto de un pasto fino, tan alto que llega hasta las rodillas. Ningún objeto de  alguna particularidad se destaca allí; el vasto horizonte se esfuma en un azul violeta y exactamente como en el mar nos rodea un campo visual circular siempre equidistante cuyo límite extremo, aún en su colorido tiene semejanza con el horizonte marino”[29]. Perkins ha parangonado a la pampa en estado puro con la  verdaderamente triste y desanimado de nuestros mares terrestres que llamamos pampas”. Para Zeballos “Recorrer la colonia San Carlos es paseo encantador, sobre todo en el verano, cuando maduros los trigos, se presentan en campos ilimitados para la mirada, cubriendo parte de los edificios, que surgen de entre  las espigas como los buques del mar...[30] .

La arquitectura aparece, irrumpe surcando los mares.

Zeballos incorpora algunos grabados  donde grafica esta idea. En Campos de Trigo,  construye una imagen  a partir de un punto de vista aéreo: Divide el cuadro en tres fajas horizontales superpuestas: camino,  campos sembrados y cielo. Entre estos dos últimos  la línea de horizonte sugiere lo ilimitado del campo sembrado. Este se encuentra cruzado por caminos  perpendiculares al camino mencionado del primer plano y divide la franja en parcelas regulares  del mismo tamaño. De cada una emerge el conjunto  casa / árbol, esa imagen de barco semisumergido en un mar de espigas  de tamaño desmesurado.  La distorsión de la proporción  le permite construir esa imagen.  La vivienda  con un tipo edilicio  de casa de ladrillo revocada  blanca cubierta con techo de tejas a dos aguas, la imagen del Chalet al que hace referencia  cuando narra  a los colonos de Esperanza “viven a la europea, en chalets preciosos”.  Europa y esta tierra contemporáneamente con las mismas posibilidades. La imagen regular  sintetiza la concepción de colonia agrícola como unidad  física / productiva constituida en base al par dialéctico familia colona / lote agrario. En la franja del camino la imagen  de un hombre camino al trabajo y una mujer manejando un carro con  sus niños. La naturaleza organizada permite a través del trabajo asegurar la prosperidad de la colonia.  Sintetizar  en esa imagen la colonia, mediante, nuevamente la distorsión en la proporción, en este caso de los diversos lotes para hacerlo entrar “en cuadro” le permite mostrar a la colonia como posibilitante de la vida comunitaria.

En el ángulo superior izquierdo emerge con fuerza una imagen de producción fabril,  probablemente un molino - por el  modo en que en otras imágenes del libro aparecen graficados estos - molino en el Carcarañá, molino sobre el Paraná . Su chimenea humeante muestra una actividad a pleno. El presente de la región del trigo es la expansión de la próspera colonia.

Para marcar el éxito de las colonias, en el texto,  personaliza en algunos casos de pobladores de Esperanza, que inicialmente fueron  de los más pobres ” y hoy son millonarios”.   Incluso personifica en un colono inmigrante – Lehmann - el tipo inteligente, enérgico, emprendedor e infatigable que de simple labrador se convirtió en industrial, en fundador de colonias, director de diario, jefe de partido político... el hombre tipo que se necesita:  “que reclaman nuestros desiertos”. Esto no es nuevo tanto Alberdi como Oroño, el mismo Perkins,  el Inspector de colonias Wilcken, han cualificado a la inmigración y planteado los valores que se esperan para la materialización de esta idea. Zeballos muestra que el sueño está cumplido. lo constituye como el colono paradigmático

De este modo el presente supera el pasado y permite asegurar el futuro.

 

 

Proyectar el desierto, generar el arraigo.

 

Para la construcción de este espacio productivo, el suelo necesitaba  ser vaciado. Poco a poco, aquello que estaba habitado por los indios  fue proyectándose como desierto “...pero es conocida la configuración geográfica del desierto. Montes inaccesibles y bañados sin término... Nadie ignora que las tribus viven dispersas y siempre en hostilidad, no reuniéndose sino para una gran invasión.”[31] Pocos reconocían las características particulares de las distintas tribus y sus conflictos internos. En general al indio se lo reconocía  como el otro, borrando sus diferencias, homogeneizándolo.  En ocasiones se lo consideraba un elemento más de la naturaleza, “pero es necesario convencerse que el desierto y las tribus vecinas son para nosotros un quinto elemento, siempre devastador, siempre ruinoso...“[32], “Tenemos otro mar, otro fuego, otro huracán.” [33].

 

Si los sonidos propios de la naturaleza que acunaron  el largo sueño se interrumpió con el sonido de la apropiación del territorio por medio de los nuevos sistemas de transporte, al mismo tiempo fue necesario producir un silencio. Callar los sonidos que trababan el proyecto anhelado “... Cada  invasión es un trueno, capaz de despertar el sueño más profundo.  En pos del trueno viene el lamento de las víctimas...”[34]   “hasta que el alarido del salvaje nos venga a recordar y enseñarnos cómo se penetra hasta las riberas de los ríos, porque no hay diques que los contengan.”[35]

 

La  definición del indio como bárbaro es constante “barbaros del desierto” [36] “bárbaros”[37], “hordas bárbaras” [38], “salvajes” [39], en ello una recurrencia su definición como opuesto a civilizado.  El modo de agrupación queda establecido “hordas”,  “tribus”[40] , las acciones .que realizan se detallan :  “ amedrentan” [41],  “asolan, incendian , roban” [42], se convierten en “ invasores”[43]... 

en  1864 [44] en una serie de preguntas formuladas a la Comisión de Inmigración en Rosario, Carlos Beck, agente de inmigración en Europa, interroga: “¿son necesarios fusiles, revolvers, ...?”.  El secretario de Inmigración contesta cerrando la serie de preguntas:

“Para asegurar la vida y la propiedad no hay más necesidad de armas aquí que en otros países nuevos. Si se forman  por los inmigrantes colonias cerca o sobre la frontera, entonces sería bueno tener rifles, a cuyas armas los indios tiene un saludable temor...”. Sin embargo el tema de empuñar armas no fue menor sino que, en algunos casos, llego a utilizarse, incluso, como estrategia de invasión preventiva.

La inmovilidad de siglos del espacio de frontera se transformó en acción: no esperar los anunciados ataques sino desplazarse a cientos de kilómetros  para destruir sus campamentos.

De alguna manera lo había anticipado  Lina Beck-Bernard  cuando  describiendo  a unos indios dice ”Estos rasgos parecen propios de los pueblos destinados a morir y que sienten instintivamente la agonía de su raza”.[45] La agonía que precede a la muerte, a la desaparición. Las acometidas de la “civilización”que habiendo tomado nota del valor  del desierto, supuestamente vacío, decide hacerlo desierto para luego ocuparlo productivamente. Al decir del gobernador  Oroño “recuperar”como si alguna vez les hubiera pertenecido. Esto habilita también para llamarlos “invasores”.

 

Las  documentaciones  que relatan las relaciones entre un nosotros pocas veces nominado (tratado siempre en primera persona del plural) e indios ponen énfasis en los datos cuantitativos de los bienes perdidos o recuperados.[46].

Si la vaquería practicada durante siglos había sido, para los civilizados,  una práctica constante y aceptada, cuando la misma era llevada a cabo por los indios  justificaba  el uso de la violencia para la defensa de la propiedad.

 

Pareciera que, según los registros hasta ahora consultados,  en el tiempo transcurrido en los límites de este trabajo (1852 – 1886) o bien los malones fueron lejanos, o cercanos y circunstanciales, o consistieron en episodios singulares o, en la gran mayoría  se trataban de robos de haciendas que incluían negociaciones y transacciones con propietarios en áreas  de fronteras[47]. 

Si pensamos en el desalojo del territorio que luego se modela como bota ganadera,  en la concreción del desierto algunos datos bastan: “Samuel Sager realizó 22 expediciones contra los indígenas y Gaspar Kaufmann ganó gran prestigio como activo cazador de indios[48]. Cuando Guillermo Wilcken visita Colonia California, en marzo de 1872 informa ”…sufren permanentemente el ataque de los indígenas, que roban su ganado, pero que gracias al valor de sus hombres y ser poseedores de armas de fuego modernas, recuperan siempre su ganado”[49].

Guillermo Moore, inicia en julio de 1875 la expedición conocida como de los indios montaraces, con el objetivo de repeler y escarmentar los “ataques / secuestros / robos / muertes. La expedición fracasa al no resistir las largas marchas hacia el objetivo: cientos de lenguas al norte.  Una nueva expedición de 40 integrantes para recuperar 2 niños robados en la Colonia Romang, esta vez apoyada desde el Gobierno, es realizada en diciembre al Gran Chaco,  tenía, también por objetivo, “ vengar los asesinatos y saqueos de toda clase….”.  “destruyeron  cuanta toldería encuentran en sus camino, toman numerosos prisioneros, matan a aquellos que se resisten y recuperan gran cantidad de vacunos y caballos” [50].

Un año después  Moore propone unas bases para el establecimiento de una colonia militar que, cuarenta días después se sanciona con fuerza de ley. Moore se compromete a instalarla a la altura de colonia California a cambio de 3 leguas de tierra que pretende obtener en propiedad.  Esta colonia se compondría de  12 a 16 familias de 4 o 5 personas c/u, teniendo como mínimo 12 soldados armados montados sostenidos a su costa en servicio militar activo  a disposición del gobierno durante seis años,  quienes serían convocados por el  gobierno para  rechazar  invasiones y hacer expediciones[51].

Estos norteamericanos exiliados, soldados y familias del sur,  aparentemente aquellos derrotados en  la Guerra de la Secesión[52] permitiría  la construcción del hogar: "La colonización de este punto por familias norteamericanas, lo hará sin ninguna duda el punto más valioso de la Provincia. Ellos son los únicos que están acostumbrados a meterse en el desierto y formar en él un jardín floreciente[53]. 

 

La expedición preventiva se encontraba  ya legitimada, desde hacía tiempo,  en el discurso oficial. Fue el Gobernador Fraga quien en su Mensaje a la Asamblea Legislativa del 29 de agosto de 1859 relataba:

“la expedición se internó más de 50 leguas en el Chaco. Encontró una toldería de salvajes que se creían seguros a esa distancia donde no habían llegado nuestras fuerzas… los batió completamente, dejando en el campo a su cacique que había desafiado años enteros con su lanza nuestros cantones, tomóles toda la chusma y caballadas que tenían, y limpió el desierto de sus bárbaros habitantes, en un radio de más de cien leguas. Después de este triunfo, las tribus atemorizadas doblegaron su altanería, y mandaron enviados a negociar la paz con el gobierno…El gobierno no les admitió más condición que la de subordinarse a su autoridad sin restricciones, y habitar el lugar que ella les designase.”

 

En 1861, Pascual Rosas, afirmaba “sabéis que se han hecho varias invasiones a los indios con soldados de las fronteras y guardias nacionales, bajo las órdenes del comandante Telmo López. Los resultados de ellas han sido siempre felices, y el de algunas de ellas, ha sido el destrozo completo de sus tolderías, la muerte de sus guerreros y la cautividad de más de 70 individuos. Esto ha sembrado el terror entre los indios y cuasi todos se han venido a pedir reducción a San Javier, retirándose los otros muy lejos de la provincia, donde es notorio también que han sufrido crueles desastres.”

Resulta sorprendente la asociación de los términos “felices” y “terror” para narrar el resultado de la destrucción.   Ya no hay lugar posible para la existencia, sólo la rendición.  El discurso asume con naturalidad una especie de determinismo fatal que implica la expulsión del territorio provincial de los sobrevivientes.

 

No solamente la  estrategias  consistía en expediciones punitivas  que empujaban a los indios fuera de sus territorios lo cual aumentaba la distancia física entre los opuestos sino que, mediante  las estrategias empleadas en la  construcción de relaciones de los cristianos con los indios  se aumentaban las distancias entre las culturas [54].

 

Contando detalles de una fiesta en Santa Fe, observando a la dueña de casa y a una criada india: “El contraste, tan nuevo para mí, me impresionó a un punto difícil de explicar. Era  el lujo de la civilización junto a la barbarie, tal como Santa Fe a las puertas del Chaco. Ambas mujeres personificaban de manera sorprendente dos razas que se mantienen enemigas después de trescientos años y que lo serán siempre como los pueblos desposeídos frente a sus invasores”

La identidad del otro se aniquila en el sometimiento y la metáfora del indio civilizado asegura su exterminio. Apetencias de territorio para la producción parecen sostenerse en la construcción del otro, los discursos, especialmente el periódico,  sólo legitima el exterminio.

 

Como precedente de esta expulsión / exterminio se planteó otra estrategia, la de la anulación del indio con la  domesticación en la civilización. Rosendo Fraga lo explicita claramente, sin sutilezas,  en su Mensaje de 1860: “Toca ahora daros cuenta de las colonias indígenas que tiene la provincia, en El Sauce, San Pedro, Calchines, Cayastá y San Javier. Los religiosos misioneros están distribuidos en ellas, y prestan importantes servicios. El Gobierno os propone la fundación de un pueblo en cada una de estas colonias, donando solares y suertes de chacra  a lo indígenas reducidos. .De este modo se establecerán allí los elementos primordiales de toda sociedad: la propiedad y la familia.

La causa de la disolución de las antiguas reducciones, ha sido la ausencia de esos principios constitutivos de la unión y del adelanto. No habiendo propiedad privada, y siendo todos los bienes comunes sin el estímulo que produce el incremento de lo que nos pertenece, era lógico que el día que desapareció la autoridad de los padres, los indios corrieron a buscar la libertad de los bosques, y los halagos de la vida independiente del salvaje. Habiendo propiedad existe interés por el orden, apego a lo que ha costado sudores y perseverancia. Habiendo familia, fundada en el amor y conservada por la igualdad brotan vínculos indisolubles que garanten el  porvenir de toda asociación”.[55]

 

La intención de inculcarles “propiedad y familia” desconoce una situación cultural diferente donde  tanto una como otra  encierran concepciones diversas. La calificación que marcábamos se planteaba desde el periódico La Confederación en el mismo año de 1860, como “hordas salvajes” a su forma de asociación supone un dis-valor que, una vez más, se intenta suprimir mediante la domesticación del indio mediante la célula estable de la familia. Si bien no se menciona a la casa puede suponerse que en esa asociación al lote agrario está  implícita. La fijación del indio, imponiéndole la construcción de una familia,  en un sitio,  anula dos de sus valores constitutivos: la pertenencia a la tribu y el nomadismo.

 

Es paradójico que en el periódico La Inmigración,  (“periódico cosmopolita, órgano de los extrangeros (sic) residentes en Rosario y el Interior)  se reflexione: ” si hubiese alguien que quisiera tener derecho a llamarse hijo del País, serían ciertamente los indios. Ellos pertenecen a una raza distinta, o mezclados de otras razas que originan la cobriza...  En la pampa, pues, están los verdaderos hijos del país. En la República no hay más que los conquistadores europeos y mal pueden estos dar el nombre de extranjeros” [56]-

 

Algunas voces reconocen al indio como antiguo poblador, como legítimo y legal portador de derechos sobre el territorio de las pampas. Pareciera que la República soñada, la de los inmigrantes,  se instala por sobre el país de los indios. La organización del territorio para la construcción de la república necesita instalar la malla de nuevas jurisdicciones (el municipio, la provincia)  haciendo desaparecer las pampas como vasto territorio. 

 

Con respecto  a las luchas de frontera  dice Estanislao Zeballos ”Si por amor a mi patria no suprimiera algunas páginas negras de la administración pública en las fronteras, y de la conducta de muchos comerciantes, se vería que algunos feroces alzamientos de los indios fueron  la justa represalia de grandes felonías de los cristianos….”.[57]

 

Zeballos, decíamos, construye  en su libro la imagen de la destrucción corporizada en los indios, la cuál le permitía armar un fuerte contraste con el presente productivo, apostando a la construcción del futuro. En otro momento, a partir del balance de su experiencia como  uno de los constructores de la patria,  se explica  las ofensivas de los indios como defensa ante lo inminente de la anulación, como lucha de resistencia. Si inicialmente sostenía que  el proyecto productivo tansformaba  el desierto, luego, aunque no pueda decirlo, asume que dicho proyecto solo podía materializarse construyendo  con urgencia el desierto.

  


[1].- El presente trabajo es un avance de la Investigación en curso La Conformación de la Provincia de Santa Fe, 1852 – 1886. Territorio, ciudad y arquitectura Proyecto de Investigación acreditado en la SCyT. UNR. 2003 – 2005.   llevada adelante por el equipo conformado por los arquitectos Dócola, Silvia;  Puig, Mónica; Payro. Pablo; Geremía, Carlos  en el Laboratorio de Historia Urbana. CURDIUR. FAPyD. UNR.

Algunos de los conceptos desarrollados en este trabajo se han elaborado en producciones anteriores:

Dócola, S; Puig, M; Payró P. IMÁGENES DE LAS PAMPAS: VIAJAR PARA CONTAR / CONTAR PARA PROYECTAR.  En  1º Encuentro Las Metáforas del Viaje y sus imágenes . La literatura de viajeros como Problema. Rosario, agosto 2002

Dócola, S; Puig, M; Payró P. PAMPAS AL OESTE. SABERES  DANDO FORMA AL TERRITORIO. CARCARAÑÁ  1871 - 1878. IX Jornadas Inter. Escuelas / Departamentos de Historia.  MESA 16: Construcción y organización de los saberes sobre el territorio en el Río de la Plata (1853-1930).  Córdoba  setiembre 2003.

Dócola, S; Puig, M.  RESISTIR LA DISOLUCIÓN (DE LA PROVINCIA) CONSTRUIR   LA REGIÓN (ROSARIO) 1861-1870.I Jornadas de Estudios sobre Rosario y su región.  Viejos problemas, nuevas perspectivas.

Rosario, octubre 2003.

Dócola,S;  Puig, M., Payró.P.  FRONTERAS VIVAS.  PROYECTANDO LA REGIÓN / PROYECTANDO LA PROVINCIA III Jornadas Nacionales. Espacio, Memoria e Identidad. Mesa Nº 14: Estudios problemas regionales en el mundo colonial y la Argentina moderna. Rosario, 2004.

Dócola S. Puig, M , Payró, P.  Geremía, Carlos. ENTRE DISCURSOS Y EXPERIENCIAS. Producción en CD.

I Encuentro  de la RED DE HISTORIA  URBANA Y TERRITORIAL (RHUT) . La Armonía,  noviembre 2004. 

[2].-  “La ciudad del Rosario”. El Progreso, Rosario. Año 1, nº1 23-2-1860.

[3] .- Dócola, S. DE LA ALDEA A LA CIUDAD MODERNA. ROSARIO, 1866 : LUGAR DE DEBATE.

En Cuadernos del CIESAL  nº 2 y 3. Pags. 59 a 77. Rosario, 1995. Argentina.

[4]. - Imágenes de Tilston  en  Thomas. Hutchinson . BUENOS AIRES Y OTRAS PROVINCIAS ARGENTINAS, CON EXTRACTOS DE UN DIARIO DE LA EXPLORACIÓN DEL RÍO SALADO EN 1862 Y 1863. Traducción del original inglés de Luis. V. Varela. Imprenta del siglo. Bs. AS. 1866

[5] .- Dócola, S. LA FOTOGRAFIA COMO INSTRUMENTO DE PROYECTO.  FOTOGRAFIA Y CIUDAD. ALFELD  Y  ROSARIO EN 1866.  En Historia de la Fotografia. Memoria del 3º Congreso. Pags. 155 a 160. Buenos Aires, 1995. Argentina.

[6] .- En 1869 sobre un total de 3674 casas en la ciudad se registra sólo una casa de tres cuerpos, 66 casas de dos cuerpos, 1607 casas de un cuerpo, 7 casas de teja de un cuerpo, 3 casas de maderas de dos cuerpos, 228 casas de madera de un cuerpo y 1863 casas de paja de un cuerpo.

[7] .- “La casa que ocupamos es muy amplia y dispuesta al modo oriental como los las casas antiguas de país, que conservan los usos y costumbres de Andalucía. La entrada principal o zaguán y más puertas que ventanas. La entrada principal o zaguán conduce al primer patio, a cuyo alrededor se abren las puertas y ventanas de nuestras habitaciones. Un hermoso parral, formado de cuatro cepas, una de las cuales tiene el grueso de un árbol mediano, da sombra muy grata sobre las baldosas rojas del patio. Porque aquí no se usa la piedra como en Buenos Aires. Los techos son de azotea. Encima de la puerta de entrada hay, como en muchas casas de Oriente, una pieza única, llamada altillo con un balcón a la calle que llaman mirador”.  Beck Bernard, Lina. EL RÍO PARANÁ. CINCO AÑOS EN LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA. 1857 – 1862. Memoria Argentina. EMECE. Buenos Aires, 2001. Pag. 76

[8] .-  “El Rosario y la Inmigración”. En Perkins, W. ÁLBUM  DE RECORTES. Pág. 158. Artículo sin firma ni fecha insertado entre dos artículos fechados el 16 de diciembre de 1864 y el 19 de diciembre de 1869.

[9].- Contrato del 15 de junio de 1855 entre Aarón Castellanos y el Gob. de la Pcia de Santa Fe

Art. 1:  100 familias de labradores europeos todas las que serán honestas y laboriosas.

Art. 2: cada familia agrícola se compondrá de 5 personas, masculinos en su mayor parte, capaces de trabajar

Art. 7: el gobierno de Santa Fe adjudica a cada familia agrícola 20 cuadras de 150 varas por cada lado cuya suerte o porción de terreno quedará a los 5 años de la llegada de cada grupo de familias, de la propiedad absoluta de cada una de ellas, en retribución de las ventajas que se promete de su industria para el país.

[10].- Weihmüller, Luis. MEMORIAS DE LA FUNDACIÓN DE LAS COLONIAS SUIZAS SOBRE EL FERROCARRIL CENTRAL ARGENTINO. Policopiado.  Realizado entre 1930/32. a pedido del cónsul suizo de Rosario, el Ing. Juan Scholdkneckt, es publicado en el Schmazer Echo, en su número de noviembre de 1932, el original en alemán de las memorias de un inmigrante suizo que se radicó en las colonias del Central Argentino a principios de los años 70.  En Archivo Carcarañá.

[11] .- Algunos datos nos ayudan a pensar en la magnitud de estas empresa: en Rosario entre 1854 y 1855 entraron o salieron 6100 carretas (de 15 tn) y 17416 mulas (c/u con 14 arrobas).

[12] .- Richard Arthur Seymoor. UN POBLADOR DE LAS PAMPAS. VIDA DE UN ESTANCIERO DE LA FRONTERA SUDESTE DE CÓRDOBA ENTRE LOS AÑOS 1865 Y 1868.   Buenos Aires, Editorial y Distr. Del Plata.. 1947. 

[13] .- Ídem, Pág. 66.

[14].-  Idem,  Pág. 78

[15].- Wilcken , Guillermo. LAS COLONIAS. Imprenta y litografía y fundición de tipos a vapor de la Soc. Anónima. Buenos Aires 1873

[16].- Idem, Pag 148

[17].- Idem, Pág. 160

[18].- Idem. Pág. 158

[19] -  Idem  Pág. 167

[20] .- Litografía Carcarañal. En Municipalidad de Carcarañá.

[21] .- Seymoor. Cit, Pag. 137

[22] .- Idem, pag. 34.

[23].- Nacido en Rosario en 1854. Radicado en Buenos Aires. Ejerció la profesión de abogado y despacho en la redacción del diario La Prensa. Fundador de la Sociedad Científica Argentina. Fundador y presidente del Instituto Geográfico Argentino. Miembro de la Academia de Ciencias de la República. Miembro de sociedades en Italia y Francia

[24].- El viaje pampas al sud aparece publicado como Tomo I con el nombre de “VIAJE AL PAÍS DE LOS ARAUCANOS”, en 1881.

El viaje a las colonias fue publicado como Zeballos, Estanislao. DESCRIPCIÓN AMENA DE LA REPÚBLICA ARGENTINA.  TOMO II. VIAJE A REJIÓN  (sic) DEL TRIGO.  Peuser. Buenos Aires, 1883.

[25].-  “en la Europa Central y Boreal somos totalmente desconocidos, con excepción de los círculos científicos de Alemania, que saben más que los mismos argentinos, nuestra geografía, pues han hecho los mejores mapas de nuestro país, y han profundizando, admirablemente  su historia Natural”. Ídem. Página 218

[26].- Ídem. Página 261

[27].- Ídem. Página 26

[28].- Ídem. Página 37

[29].- Carlos German Burmaister.  REISE NACH DEN LA PLATA – STAATEN, publicado en 1861 narrando una visita en 1857. La versión española es de 1861.

[30] . Zeballos. Cit.  Página 171

[31] .- “Defensa de fronteras”  El Progreso. Rosario, 04 / 04 / 1860.

[32] .- “Seguros contra los indios”. La Confederación  Rosario, 15 / 05 / 1865.

[33] .-   Ídem.

[34] .- ·”Seguridad en las fronteras.” Cit.

[35] .- “ Aseguremos la frontera”.  El Litoral. Rosario , 12 / 01 / 1859

[36] .- “ Aseguremos la frontera” . Cit

[37] .- “ La conquista del desierto”  La Confederación,. Rosario, 25-04-1860

[38] .- “Aseguremos la frontera”.   Cit

[39] .-  entre otros: “Sobre fronteras” .  El Progreso.  Rosario, 20 / 4 / 1860; ” Defensa de fronteras” . El Progreso. Rosario, 02 / 04 / 1860 y “ Seguridad de las fronteras”. La Patria. Rosario, 21 / 11 / 1862

[40] .- “Defensa de fronteras” . Cit. 

[41] .-  “Aseguremos la frontera”. Cit.

[42] .-  “Defensa de fronteras”. Cit. 

[43] .- Entre otros:“ Seguridad de las fronteras”. Cit , “ Nueva Invasión de Indios”. El Ferrocarril. Rosario, 30 / 09 /  1863, “ Invasión de Indios”. La Capital. Rosario, 19 / 11 / 1867

[44] .- Comisión de Inmigración En Perkins W. ÁLBUM  DE RECORTES. Pag 151.

[45] .-  Beck Bernard, Lina .Cit.   Pág. 113.

[46] .-  Ya en 1844 se consigna que “una fuerza de 600 indios invade nuevamente por Arroyo del Medio, robando gran parte de la hacienda. Pero fueron cortados por el Cnel Arnold y sus tropas, y en duro combate lograron recuperar la hacienda robada, contándose 8 indios muertos y 2 prisioneros”.  En el mismo año una partida de 1000 indios  llega a 4 leguas de San Nicolás de los arroyos. Nuevamente el Cnel Arnold les corta la retirada y recupera 20000 cabezas de ganado, además de 300 caballos  traídos de las tolderías. El saldo: 2 soldados muertos y más de veinte indios caídos en la lucha.  En 1845  donde también  se recatan 25.000 animales resultan 22 indios muertos en pelea. . Datos tomados de Abad de Santillán. Cit.   

[47].-  Hablando de la colonia Esperanza Gastón Gori plantea:   “….podíamos reconstruir una realidad que fuera luego magnificada en cuanto al peligro inmediato y efectivo del indio con implicancia en la colonia, para formar esa tradición influyeron  estados  de ánimo, temor, más que hechos reales, que cuando los hubo a leguas de distancia, la víctima  fue el indio, cuyo delito más común fue el robo de hacienda”. EL INDIO Y LA COLONIA ESPERANZA  Museo de la Colonización. Publicación Nº 2. Librería y Editorial Colmegna S.A. Santa Fe. Argentina, 1972.

[48].- Tur, G. COLONIAS Y COLONIZADORES La Historia popular Nº 86. Vida y milagros de nuestro pueblo.  Centro Editor de América Latina.1972.

[49].-  Wilcken, Guillermo. Cit..  Pág.133

[50] .- Tourn, A. COLONIA ALEJANDRA.  Santa Fe, 1986.

[51].-.  W Moore era uno de los expedicionarios que acompañaron en 1866 a Wiliam Perkins en su viaje hacia el norte y que se establecieron en Colonia California. La inmigración norteamericana era propiciada: en febrero de 1866 Perkins, a través del periódico, inscribía la necesidad de un agente de inmigración provincial en Norteamérica ya que "en los Estados de Luisiana, Georgia, Mississipí y las Carolinas, el grito popular es: A Sud América!. Y hay esfuerzos de toda naturaleza para conseguir noticias sobre la región bañada por el Plata ... ".

"La Provincia de Santa Fe como punto de Inmigración" III. S/f. Recopilado en Perkins W.  Álbum ...  Cit. Página 355. El  10 de febrero de 1866 el Gobierno provincial lo nombra su agente para traer inmigración de EE.UU. Archivo General de la Provincia. Registro Oficial. Santa Fe. Tomo V. Página 119.

[52].- En 1865 Perkins apoyaba  la inmigración a Santa Fe de exilados de los Estados donde se desarrollaba la guerra y sugería enviar datos y mantener contactos tanto allí como en Canadá. Para ello se utilizaría el periódico inglés de Rosario The Argentine Citizen, con el fin de "aumentar dicho caudal". "La Inmigración de los Estados Unidos". El Cosmopolita. Rosario, 6/1/1865. Posteriormente seguía insistiendo: "Hay muchas familias en California que sólo esperan la conclusión de la guerra en este país para venir a juntarse con sus compatriotas en el Chaco".  "Informe sobre las Colonias de Santa Fe" de fecha 4-4-68. Recopilado en Perkins.  Álbum ...  Cit. Página 413.

[53].- "D. Boone". Recopilado en Perkins, Álbum ....  Cit. Página 362. Artículo firmado.

[54] .- Cervera  al respecto explicita: “…..sostenían y aumentaban el odio contra los cristianos otros malos y viciosos procederes de los jefes y subalternos de fronteras, que a los indios mansos y amigos, esquilmaban en el intercambio de los productos, robaban en las cuentas, despreciaban en las conferencias, y mataban impunemente, al mismo tiempo que les quitaban sus mujeres. Luego implantóse la costumbre de repartir los indios prisioneros sin atender a los lazos de sangre y la familial entre el vecindario de varias ciudades…..”

Cervera, Manuel. HISTORIA DE LA PCIA. DE SANTA FE. Tomo II, Pág. 868.

[55] . Mensaje del Gobernador de la Provincia de Santa Fe Don Rosendo Fraga a la H Asamblea Legislativa. Año 1860. En Comisión Redactora de la Historia de las Instituciones de la Provincia de Santa Fe HISTORIA DE LAS INSTITUCIONES DE LA PROVINCIA DE SANTA FE . Santa Fe, 

[56] .- “ La inmigración y el hijo del país”. La Inmigración. Rosario, 25 / 06 / 1870.

[57] . Cit en Tur. Op. Cit. Pag. 73

 


CONGRESO ARGENTINO DE INMIGRACION y IV CONGRESO DE HISTORIA DE LOS PUEBLOS DE LA PROVINCIA DE SANTA FE.

Esperanza, 2005.





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