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Asunto:NoticiasdelCeHu 254/03 - ¿Megaciudades o ciudades globales?
Fecha:Miercoles, 2 de Abril, 2003  23:08:04 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 
 
 
 
NCeHu 254/03
  
 
 Las metrópolis latinoamericanas en la red mundial de ciudades:
 ¿megaciudades o ciudades globales?

 Margarita Pérez Negrete[1]
 Ciudad de México (México), febrero de  2002.


 
 Cuando se habla de ciudades globales[2], habitualmente se hace  referencia a aquellas urbes que participan y tienen una función específica en  la economía mundial. Los estudios sobre éstas se han centrado en las funciones de control y de mando que ciudades del Primer Mundo desempeñan en la dinámica  internacional. Por otro lado, cuando se habla de megaciudades, por lo general  se hace alusión a grandes conglomerados metropolitanos del Tercer Mundo, que  exhiben los efectos adversos de un crecimiento desordenado. De esta manera, se  ha estudiado tradicionalmente a las metrópolis latinoamericanas desde este  segundo enfoque y pocos estudios han cuantificado su creciente participación  en la escena internacional.
 Por ello, quisiera destacar en este ensayo la  manera en que, en los últimos 15 años, metrópolis latinoamericanas, como la  Ciudad de México, Buenos Aires o Sao Paulo han ido adquiriendo características  de ciudades globales, pero con una especificidad inherente a su carácter  periférico.
 Ellas también, al igual que las ciudades del mundo desarrollado  pero en diferente grado, son parte activa de una red o un entramado dentro del sistema internacional en donde se crea y se reproduce la acumulación del sistema capitalista mundial.
 De manera general, las ciudades globales han  estado ejerciendo determinadas actividades en la conservación del sistema y,  dentro de éste, las metrópolis latinoamericanas, aun cuando no son ejes de  poder, cumplen funciones importantes para el mantenimiento del mismo. No  obstante y tomando en cuenta este nuevo rol que han ido adquiriendo en la  escena internacional, se sigue enmarcando a nuestras urbes en los estudios urbanos como megaciudades. Esta connotación, especialmente, ha tratado de resaltar los aspectos negativos de las metrópolis y se ha dirigido a estudiar  estos espacios en relación con su peso demográfico, con la pobreza y  marginalidad y con los efectos caóticos que el mismo crecimiento acelerado ha  generado.
 Así, de la misma manera en que prevalecen las manifestaciones de  un crecimiento desordenado, nuestras grandes urbes están actualmente teniendo un peso específico en el sistema mundial de ciudades. Esto es una consecuencia  de los cambios ocurridos en el sistema internacional y tiene que ver con la  manera en que América Latina profundiza su integración a
 este proceso. Desde  luego, ello no quiere decir de manera simplificada que el sistema mundial esté  determinando el comportamiento de nuestras ciudades, pero sí es un hecho que  las actuales transformaciones urbanas de la región -que tienen que ver con la  nueva división internacional del trabajo o con el auge del sector de  servicios, por ejemplo- no pueden entenderse si no tomamos en cuenta las  tendencias mundiales.
 De esta manera, la realidad urbana latinoamericana  debe comprenderse a partir del reconocimiento de que existe un proceso dual,  que propicia que las metrópolis profundicen su integración a los procesos  mundiales adquiriendo el carácter de globales, al mismo tiempo que mantienen y acentúan los efectos negativos de su condición de megaciudades. ¿Cómo se combinan ambos factores? ¿Cómo coexisten dos mundos distintos en un mismo espacio? ¿Es ésta una de las causas que han profundizado la polarización social en nuestra región? De aquí se desprenden algunos de los principales interrogantes sobre los cuales quisiera reflexionar en estas líneas.
 Para  ello, en un primer espacio destacaré la importancia que en la actualidad han  ido adquiriendo las ciudades en el nuevo orden internacional y el papel que  desempeñan en el sistema de acumulación de capital global. Como segundo punto,  ubicaré el lugar que ocupan algunas metrópolis latinoamericanas dentro del  régimen de acumulación de capital global y además destacaré la relevancia que  algunas de ellas adquieren como centros de articulación de economías  nacionales y regionales. En un tercer espacio, abordaré algunas  características de las metrópolis latinoamericanas desde el punto de vista de  su condición de megaciudades, haciendo hincapié en los principales aspectos  problemáticos que el mismo crecimiento desordenado ha generado. Como cuarto  punto, me referiré a las principales transformaciones que la estructura social  urbana ha experimentado como resultado de la tensión entre los procesos de integración y exclusión, es decir, por un lado como espacios integrados al sistema capitalista mundial de ciudades y por ende participantes activos del  proceso de acumulación y, por otro, como espacios donde se viven y se registran los índices más abultados de pobreza y marginación  social.
 
 
 Características del nuevo orden internacional y  las ciudades como centros de acumulación global :
 Al  concluir la guerra fría y desaparecer el sistema bipolar que aseguraba el  balance de poder en el mundo, lejos de vivirse un nuevo orden internacional  basado en el equilibrio entre naciones, nos encontramos frente a una especie  de sistema multipolar, donde los principales centros de poder están  constituidos por ciudades globales establecidas en distintos puntos del Primer  Mundo. Algunas investigaciones[3] dan cuenta de este fenómeno y destacan  el papel preponderante que determinadas urbes ejercen como centros de  articulación de economías nacionales, regionales, e internacionales. Las  ciudades globales, en este sentido, conforman espacios de acumulación global  donde se concentran y se materializan los beneficios de los distintos procesos  productivos de la nación o región a la que pertenecen. Las actividades más  relevantes y las variables económicas más abultadas del sistema internacional  se contabilizan en estos territorios.
 Según Saskia Sassen, en la  actualidad existen tres ciudades globales que desempeñan un decisivo papel de  control y de mando y que a su vez están a la cabeza articulando todo un  entramado de ciudades: Tokyo, Londres y Nueva York. Estos espacios se han  dedicado a desarrollar intensamente actividades financieras y de servicios que  son inherentes al mismo proceso de acumulación y que les confieren la  capacidad de controlar y liderar extensas áreas geográficas en el mundo. No  obstante, otras ciudades -aun cuando no están consideradas como globales en el  sentido estricto del término- asumen funciones especializadas en determinadas  áreas y participan activamente en este proceso de acumulación de capital  global.
 Así, las ciudades organizadas jerárquicamente de acuerdo con el papel  que desempeñan en el funcionamiento del sistema internacional se constituyen en espacios donde convergen la liquidez, la tecnología, la información y la comercialización de la producción global.
 En la actualidad, en las áreas  urbanas existe una creciente y densa gama de interacciones, de tal suerte que  no es posible identificar un solo rincón en el mundo que no esté vinculado a  estos espacios de acumulación.
 Incluso, puede decirse que las diversas  actividades económicas, políticas o culturales que se desarrollan en las zonas  rurales buscan constantemente el referente de los centros urbanos.
 En este  sentido, puede observarse cómo las ciudades emergen en el escenario  internacional como las protagonistas de las principales transformaciones  políticas, sociales y económicas, al tiempo que se convierten en los espacios  donde la revolución tecnológica y comunicacional va marcando avances sin  precedentes. Las diversas actividades propiamente urbanas articulan y tejen  vínculos con otros lugares del mundo, de tal suerte que el proceso de  globalización cobra su existencia en estos lugares.
 
 
 Las  ciudades de América Latina en el nuevo régimen de acumulación: En medio de este protagonismo urbano, América Latina está ganando un espacio. La integración de nuestras metrópolis al sistema de acumulación y a  la red mundial de ciudades cada vez es más notable. Si de alguna manera nuestras grandes urbes siguen siendo dependientes del mundo desarrollado y conservan su carácter periférico, también ellas se afirman en la escena internacional como focos de enlace con el sistema mundial. No son centros de  poder, como pueden serlo ciudades del tipo de Nueva York, Tokio o Londres,  pero están desarrollando funciones que están confiriéndoles un papel destacado  en determinadas áreas de la dinámica mundial.
 Si antes de los ochenta  nuestra región podía permanecer un tanto ajena a algunos procesos externos  -que tuvieron como consecuencia que en América Latina se diera el impulso al  modelo de sustitución de importaciones y el desarrollo industrial  dependiente-, ahora es posible observar cómo esta posición se ha modificado de  manera substancial. Actualmente, la región, particularmente a través de sus  metrópolis, se muestra altamente sensible a los cambios que operan en el  sistema mundial y, además, sus actos pueden tener un fuerte impacto en la  economía internacional, como lo mostró claramente el caso de México en 1994.  El peso específico que tienen algunas zonas urbanas de América Latina, dentro  del sistema mundial de ciudades, es una clara evidencia de la manera en que se  ha profundizado la integración a la dinámica internacional, pero no sólo eso.  Además, esta participación ha hecho de las principales metrópolis  latinoamericanas los puntos estratégicos donde el proceso de globalización del  país y de la región cobra su existencia.
 A nivel global, para determinar  qué ciudades de la región están insertándose de una manera más activa al  proceso de acumulación de capital, he tomado algunos datos provenientes del  GaWC (Globalization and World Cities Study Group)[4]. Este centro se ha  dedicado a la investigación de ciudades globales y ha realizado estudios  reveladores en este ámbito. Por ejemplo, ha medido la participación de las  ciudades que forman parte de la red mundial en función de determinados  servicios estratégicos que ellas proporcionan. Así, entre las metrópolis de  América Latina que figuran en la organización jerárquica de la red, de acuerdo  con su capacidad global, figuran Buenos Aires, Caracas, la Ciudad de México, Santiago y Sao Paulo. Para medir esta facultad, el GaWC se ha valido de la metodología[5] de  Saskia Sassen, en la cual se considera que son específicamente 4 ramas de  servicios de avanzada que van determinando la formación de una ciudad global:  contabilidad, finanzas, servicios legales y publicidad. Considerando el peso  específico de estos sectores en la actividad económica de las ciudades, se les  ha clasificado en Alpha, Beta y Gamma [6]. Asimismo, dentro de estas 3 categorías  se ha establecido una escala del 1 al 12 para determinar la importancia que  tiene cada una de las ciudades como centros mundiales de servicios. La  distribución resultante es la siguiente: la Ciudad de México y Sao Paulo  ocupan el primer lugar entre las ciudades de América Latina con la categoría  Beta y una escala de 8; en la categoría Gamma, figuran Caracas y Santiago con  una escala de 5 y Buenos Aires con una escala de 4 [7]. Ello quiere decir que las ciudades  mencionadas son ciudades globales, porque los servicios que ellas proporcionan  les confieren la capacidad de ser espacios de transmisión de flujos globales.
 Además de las facultades que les dan presencia en la escena internacional, nuestras grandes metrópolis, éstas que el GaWC califica como globales, realizan una importante función en la región. Son los puntos centrales donde  América Latina se enlaza con el mundo. La capacidad global hace indudablemente  a una ciudad ser relevante a nivel regional y, de esta manera, las metrópolis  que figuran en el esquema anterior se han convertido en los lugares  estratégicos donde se produce la globalización de la región. Por ejemplo,  después de haber revisado los destinos de las principales empresas  multinacionales de origen británico y estadounidense, [Beaverstock,  Smith and Taylor, 2000] y [Beaverstock, Taylor and Walker,
 2002], se comprobó que Sao Paulo y la Ciudad de México se han convertido en los lugares más atractivos para estos inversionistas en América Latina.
 Por  otro lado, si de alguna manera estas ciudades destacan por su capacidad para  ser centros de servicios globales, también han diseñado estrategias para  establecer oficinas regionales y ser proveedoras de servicios al resto del  continente.
 Como afirma Parnreiter en una interesante interpretación que  hace de las estadísticas recabadas por GaWC, refiriéndose particularmente a la  Ciudad de México: «Tiene un porcentaje de formación de ciudad global  ("world city formation") de 12 por ciento; está por encima de otras ciudades  como Sao Paulo, Buenos Aires y Caracas (6 por ciento cada uno) y Santiago (5  por ciento)» «La Ciudad de México es un centro global mayor en los cuatro subsectores (establecidos por Sassen), mientras que Sao Paulo lo es sólo en tres y Buenos Aires solo en uno» [Parnreiter, 2000].
 Asimismo y como dato adicional que da cuenta de la importancia regional de nuestras urbes, cabe mencionar que Sao Paulo es el principal centro financiero  de la región. La Bolsa de valores de Sao Paulo (Bovespa) es la más importante  de América Latina seguida por la Bolsa Mexicana de Valores de México. Aun  cuando la participación de ellas representa un porcentaje muy bajo del capital  invertido globalmente y son altamente dependientes de las bolsas más fuertes  del mundo, su existencia resulta ser esencial para el sistema financiero de la  región, como se ha podido demostrar claramente con los recientes  desequilibrios financieros de América Latina y consecuentemente con el impacto  que han tenido en el sistema económico internacional. De esta manera, es así  como las ciudades mencionadas juegan un papel destacado en el proceso de  globalización de la región y colocan a nuestras ciudades como puntos  ineludibles donde pasan y convergen los flujos que dan vida al sistema  económico mundial.
 Finalmente, estas ciudades son, naturalmente, espacios  fundamentales donde el proceso de globalización del país se lleva a cabo. Una  especificidad muy palpable de las principales ciudades de América Latina es  que han sido desde el pasado zonas de alta concentración de población, de  recursos, de actividades administrativas y de poder político. En el caso de  Sao Paulo, aun cuando el poder administrativo y político está ubicado en otro  punto del país, históricamente su papel ha sido y sigue siendo de primer orden en la dinámica interna de Brasil. De tal suerte, en estas metrópolis latinoamericanas, encontramos los puntos clave donde el país establece sus vínculos con el exterior. Aun cuando esta situación se ha modificado en los últimos años, sobre todo por el crecimiento que han tenido las ciudades medias, impera todavía una innegable primacía urbana, donde se da la presencia  de una ciudad que es varias veces mayor que la ciudad siguiente en jerarquía a  nivel nacional. Este fenómeno ha sido una constante en el proceso de  urbanización de la región y citando nuevamente a la Ciudad de México, es  posible observar cómo ésta, ha llegado a concentrar en el decenio de los  noventa hasta el 34 por ciento del PIB nacional, el 40,85 por ciento del  empleo urbano nacional y es el lugar donde se ha llegado a localizar hasta el  50 por ciento de las empresas más importantes de país [8]. En el caso argentino, el  Area Metropolitana del Gran Buenos Aires (AMBA) concentró en 1991 el 33,5 por  ciento de la población nacional, generó más del 50 por ciento del producto  bruto industrial del país y concentró, al mismo tiempo, el 40 por ciento del  total de empresas.[ Meichtry, 1994]
 
 
 Las Ciudades de  América Latina como megaciudades :
 Por todo lo mencionado  hasta este momento, resulta evidente la manera en que algunas zonas  metropolitanas de América Latina están insertándose en la dinámica mundial y  forman parte activa de la red de ciudades donde se produce el proceso de  acumulación de capital global. Pero además, el carácter de estas ciudades está  conformado por aquella especificidad con la que tradicionalmente se ha  caracterizado a las metrópolis del Tercer Mundo: son megaciudades. Como había  mencionado anteriormente, el término generalmente se asocia con el número de  habitantes de ese territorio, con espacios aglomerados y caóticos, donde la  pobreza, el sector informal precario y la violencia se hacen presentes.
 El  constante deterioro del nivel de vida que se registra en las principales urbes  de América Latina muestra que aun cuando algunas de ellas forman parte del  entramado mundial de ciudades, un sector considerable de la población que las  habita se encuentra en un total abandono. La calidad de vida no es congruente  con el papel que ellas desempeñan en la creación y generación de la riqueza  mundial. Por ejemplo, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos de  Argentina (INDEC) en Buenos Aires se han registrado, en este año, los  peores niveles de pobreza desde 1991. Este instituto asegura que hay 3.960.000  de pobres[9] y se  estima que 1 de cada 3 familias vive en estas condiciones. Esta cifra es  inferior para otras ciudades de América Latina.
 De esta misma forma,  resulta difícil entender que, al mismo tiempo que la Ciudad de México y Sao  Paulo cuentan con los centros financieros más importantes de la región,  figuran entre los centros urbanos más aglomerados del planeta con los niveles  más altos de contaminación ambiental [UNEP/WHO, 1992]. Tampoco  es suficiente conformarse con las cifras que indican que la explosión  demográfica de nuestras ciudades ha llegado a su techo y que el índice de  crecimiento poblacional se ha desacelerado, cuando las condiciones de vida, la  desigualdad y la polarización social parecen intensificarse.
 
 
 La nueva estructura social urbana: se profundiza la  polarización :
 Finalmente, quisiera mencionar algunas  transformaciones que están marcando a las grandes metrópolis latinoamericanas  con un sello distintivo, en donde la exclusión social figura como un  componente básico de la dinámica de las ciudades. Nuestras metrópolis viven,  ahora y más que nunca, el fenómeno de la dualidad urbana [10]. Éste ha generado algunos  cambios en la composición de la estructura social que acentúan, por un lado,  nuestra condición de megaciudades, pero simultáneamente nos mantienen  involucrados con los procesos globales.
 Históricamente, nuestra región se  ha distinguido por el alto grado de polarización de sus sociedades. Pero ahora  esta polarización se ha modificado y se ha profundizado substancialmente.  Hasta la fecha, pocos estudios se han llevado a cabo al respecto y existe un  gran vacío teórico y conceptual para lidiar con este fenómeno. Sin embargo, es  claro que en las mismas ciudades, y con mucha más intensidad en las zonas de  nuestra región, las consecuencias de estas transformaciones son evidentes. El nuevo régimen de acumulación y su impacto en la composición social urbana han  motivado el interés de diversos teóricos, que como Ingersoll  [Ingersoll, 1993] tratan de explicar la manera en que están  orientándose estos nuevos esquemas en la composición social. Él señala que en  la cúspide de los centros urbanos se encuentran los propietarios que controlan la producción y la información electrónica. Debajo de ellos, hay diversos grados de "ciberproletarios", que dependen de la telemática para efectuar su  trabajo. Finalmente, en las bases hay una subclase, el lumpen, que literalmente es irrelevante y marginal para este proceso de acumulación. De acuerdo con esta clasificación, se podría desprender que esta clase constituye  la mayor parte de la población de las grandes zonas metropolitanas  latinoamericanas. En este sentido, se genera un creciente desfase, por un  lado, entre las dos primeras clases que reproducen y mantienen el régimen de  acumulación y, por otro, entre la última clase que es totalmente marginal al  mismo.
 Desde otra óptica y como factor explicativo de los cambios en la estructura social urbana, cabe mencionar el auge y relevancia del sector servicios. Como es sabido, nuestras metrópolis han experimentado una importante transformación en los últimos 30 años y han dejado de especializarse en la industria para consolidar sus actividades en este sector  de la economía. La Ciudad de México concentró en el decenio de los noventa  hasta el 40,95 por ciento del empleo urbano formal nacional y además registró  en el mismo lapso el 40 por ciento del PIB urbano [11].
 Así, este ramo se ha convertido en la  principal actividad productiva de nuestras urbes y ha sido muy claro cómo al  mismo tiempo que se desarrolla un sector terciario formal va expandiéndose,  por otro lado, un sector informal. Es decir, de un lado del polo existe un  pequeño cuadro altamente calificado y especializado que participa en la  creación de la riqueza y, por otro, crece paralelamente un gran sector  informal que depende profundamente del primero y del grueso de los  consumidores urbanos. Este fenómeno es aún más marcado en el caso de América  Latina, porque, al mismo tiempo que se desarrollan servicios de avanzada ávidos de personal calificado y con conocimientos especializados, por otro  lado se expande un sector informal que generalmente es de autoempleo.
 Así,  el que metrópolis como éstas se hayan especializado funcionalmente en los  servicios es un elemento que ha contribuido a profundizar la polarización.  Desde luego, existen fuertes vínculos entre la economía formal e informal y,  aun cuando no es posible determinar que exista una relación causal entre  ambos, hay algunos factores que pudieran explicar parte de este fenómeno:
 ·       En primer lugar,  el perfil del mercado laboral requerido por el sector terciario avanzado deja  fuera a la mayor parte de la población urbana que no está preparada para  ejercer esas funciones.
 ·       En segundo  lugar, se dice que el deterioro de las condiciones laborales ha propiciado el  crecimiento de un sector informal que promete mejores ingresos.
 ·       En tercer lugar,  los altos ingresos que percibe la población que labora en los servicios  formales avanzados demandan servicios personales informales a un bajo costo [12].
 El número de trabajadores  empleados en el sector informal ha ido en aumento y, en condiciones de crisis,  este número se ha incrementado considerablemente. Según la OIT  (Organización Internacional del Trabajo), el 47 por ciento del trabajo urbano  de la región es informal y este mismo organismo ha calculado que desde el  inicio de los noventa entre el 60 y el 70 por ciento de los nuevos puestos de  trabajo se generaron en la economía informal. En este sentido, el sector  informal juega un papel protagónico en las grandes ciudades de la región,  evidentemente por la mayor concentración de consumidores potenciales para sus  productos.
 De esta forma, el auge del sector servicios característico de  las grandes ciudades de América Latina genera varios tipos de ocupaciones que requieren, por un lado, de un alto grado de educación y sueldos elevados, y,  por otro lado, demanda servicios sociales y personales que por lo general son  cubiertos por el sector informal y marginal de la economía. Se muestra así la  presencia de un sector que participa activamente en la creación de la riqueza  de la ciudad a la que pertenece y, paralelamente, de otro sector que  indirectamente crece de manera mucho más acelerada y permanece completamente  ajeno a la acumulación de capital global.
 
 
 Las  desigualdades en la vida cotidiana :
 A lo largo de estas  líneas, he tratado de destacar, de manera paralela, dos aspectos centrales de  las metrópolis latinoamericanas: por un lado, su importancia como componentes  básicos de un sistema mundial de ciudades; y por otro, como territorios donde  se profundizan las desigualdades y la polarización social. Es claro que,  mientras una parte de las zonas urbanas participa y está altamente integrada a  la dinámica internacional, deja fuera a otra parte que parece ser irrelevante  y marginal a esta lógica.
 Permanecen, entonces, sin resolver los problemas  históricos de exclusión social de la misma manera en que la polarización se  profundiza.
 Así, nuestras metrópolis dan cuenta de un proceso de  coexistencia de dos mundos opuestos y desarticulados. Un Primer Mundo resulta  ser una especie de enclave que concentra y asume actividades de primer orden  en la creación y generación de riqueza del país, de la región y del sistema de acumulación capitalista mundial. Así lo exhibe la zona de Santa Fe en la Ciudad de México, el centro financiero de la Avenida Paulista o Retiro en Buenos Aires. Por otro lado, en un espacio casi inmediato, vemos un Tercer Mundo que vive la parte más desafortunada de la ciudad, atrapado en la pobreza, en las actividades económicas informales, en la marginación y la exclusión. Los contrastes son, como lo fueron en el pasado, la principal característica del componente urbano de nuestra región.
 Los que vivimos y  habitamos estas ciudades lo vemos todos los días. Hemos integrado las  desigualdades a nuestra vida cotidiana. Para llegar a la zona de vanguardia de  la Ciudad de México donde se agrupan los centros corporativos, comerciales y  universitarios más importantes no sólo del país sino también de América  Latina, tenemos que atravesar caminos sin pavimento, rodeados de hogares  autoconstruidos de manera irregular, donde el hambre, el hacinamiento, la  miseria y la pobreza son una práctica habitual. La mujer indígena se  autoemplea vendiendo chicles de cara al edificio de la Bolsa Mexicana de la  Valores. La "muchacha" que vive en Neza trabaja en una casa de Polanco. Todos  ellos forman parte de una misma ciudad; todos ellos son demasiado distantes y  a la vez demasiado próximos.
 La ciudad los hace ser autónomos y al mismo  tiempo muy dependientes; algunos de ellos son demasiado globales, otros, más  numerosos, demasiado marginales.
 De estas líneas surgen algunos  interrogantes que quisiera dejar como espacios abiertos a la reflexión. ¿Cómo  estudiar el papel que desempeña la ciudad global latinoamericana en el mundo,  relegando a la ciudad local, marginada y excluida? O invirtiendo la pregunta,  ¿cómo entender los procesos sociales de exclusión y marginación social dejando  de lado la inserción de las metrópolis en la dinámica mundial? Existe, pues,  una especificidad de las urbes latinoamericanas, que acentúa las disparidades y exacerba contradicciones; existe una característica peculiar que marca una  franja muy ancha entre Primer y Tercer Mundo y ello, hoy más que nunca, se  convierte en un gran reto para el estudio macrosocial urbano de nuestra  región. Las grandes ciudades latinoamericanas no pueden ser consideradas en su  totalidad como ciudades globales, pero tampoco el enfoque de las megaciudades  parece ser una herramienta analítica suficiente, porque presentan rasgos y  características que las hacen distinguirse como ciudades globales, pero al  mismo tiempo exhiben importantes mecanismos de exclusión, polarización y  marginación social [Pérez Negrete, 2000], es decir, la ciudad  tradicional no integrada, marginada de todos los procesos urbanos más  dinámicos, vive, coexiste y es testigo de la inserción en su mismo territorio  de un Primer Mundo, simbólicamente distante y geográficamente  inmediato.
 ______________________
 
 Referencias  bibliográficas
 Beaverstock, Smith and Taylor (1999) «A Roster  of World Cities» (Cities,
 16 (6), pp.445-458, también en GaWC Research  Bulletin, No. 5, en
 
http://www.lboro.ac.uk/gawc/rb/rb5.html)
 
 Beaverstock, Smith and Taylor (2000) «The Global Capacity of  a World City:
 a Relational Sutdy of London» (GaWC Research Bulletin, No.  7, en
 
http://www.lboro.ac.uk/gawc/rb/rb7.html)
 
 Beaverstock, Taylor and Walker (2002) «Firms and their  Global Service
 Networks» (Research Bulletin, No. 6, GaWC, en
 
http://www.lboro.ac.uk/gawc/rb/rb6.html,  también editado en S Sassen,
 Global Networks, Linked Cities, New York,  London: Routledge, 93-115.)
 
 Ingersoll, R. (1993) «Computers  Rus» (Design Book Review, 275, citado en
 Knox Paul, World cities in a  world-system, p.15)
 
 Meichtry, Norma (1994) «Sociedad y  Alta Primacía en el Sistema Urbano
 Argentino» (en Anuario de Estudios  Urbanos, No. 1, 1994, UAM,
 Azcapotzalco, México)
 
 Parnreiter,  Christof (1998) «La Ciudad de México: ¿una ciudad global?» (en
 Anuario de Espacios Urbanos, 1998, pp.19-52)
 
 Parnreiter,  Christof (2000) «La ciudad de México en la red de ciudades
 globales» (Anuario de Estudios Urbanos 2000 UAM; México)
 
 Pérez  Negrete, Margarita (2000) «Las ciudades latinoamericanas y el
 proceso  de globalización» (en Memoria, Nº134, México, en
 
http://www.memoria.com.mx/134/Perez/;  también en Magazine Electrónico
 Dhial, Instituto Internacional de  Gobernabilidad, PNUD, Barcelona, España,
 septiembre de 2000)
 
 UNEP/WHO (1992) Urban Air Pollution in Megacities of the  World (Blackwell,
 Oxford Basil)
 
 Fecha de referencia:  23-2-2003
 
 1: Artículo aparecido en el número 156 de la revista Memoria
 
http://www.memoria.com.mx/156/Perez.htm
 Margarita Pérez Negrete es licenciada en Relaciones Internacionales.
 Colaboradora en proyectos de investigación de la UNAM sobre aspectos
 teóricos  de globalización.
 
 2: Haciendo una recopilación de varios  autores, García Canclini afirma que
 una ciudad global es aquella que mantiene  vínculos, relaciones y un alto
 grado de interdependencia con otras ciudades,  países o regiones en el
 sistema capitalista. Para ser global, se necesita: «a)  fuerte papel de
 empresas transnacionales, especialmente organismos de gestión,
 investigación y consultoría; b) mezcla multicultural de pobladores
 nacionales  y extranjeros; c) prestigio por la producción de élites
 artísticas y  científicas; y d) alto número de turismo internacional» (La
 Globalización  Imaginada, p. 167).
 
 3: Borja y Castells, Sassen Knox y Friedman,  principalmente, se han
 dedicado a estudiar los diversos procesos de  acumulación que se generan en
 las ciudades y la manera en que éstos les  confieren a las mismas,
 actividades de control y de mando en el sistema  internacional.
 
 4: Para consultar los principales documentos y resultados de las
 investigaciones realizadas por el GawC, véase la página web
 
http://www.lboro.ac.uk/gawc/
 
 5: Para  más detalles sobre este tipo de medición, véase [Beaverstok, Smith
 and  Taylor, 1999]
 
 6: ver figura 1 del artículo de Beaverstock,  Smith y Taylor en la página
 del GaWC:
http://www.lboro.ac.uk/gawc/rb/rb5.html#f1
 
 7: ver cuadro 1 del artículo de Beaverstock, Smith y Taylor en la página
 del GaWC:
http://www.lboro.ac.uk/gawc/rb/rb5.html#t1
 
 8: Para un análisis más completo sobre la participación de la Ciudad de
 México en el sistema urbano mundial, así como su importancia económica para
 el  país, véase [Parnreiter, 1998].
 
 9: El INDEC considera pobre a  una familia que en esta región del país gana
 menos de 470 dólares por mes e  indigente a una familia cuyos ingresos
 están por debajo de los 200 dólares.
 
 10:  Castells y García Canclini emplean este término frecuentemente,
 refiriéndose a  los dos espacios de contraste que se manifiestan en
 nuestras urbes.
 
 11:  INEGI
http://www.inegi.gob.mx/
 
 12: En  este rubro, entra el servicio doméstico, de limpieza, de
 jardinería, de  mantenimiento.
 
 
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 Marie-Christine LACOSTE,  CNRS
 Coordinadora de "RUMBOS"
 Lista de Informacion Cientifica y Red  de Investigadores
 sobre y de America Latina - Ciencias Sociales y Humanas
 Idiomas de la Lista : Espanol, Frances, Ingles, Portugues
 
 GRAL,  Maison de la Recherche, Université de Toulouse-le-Mirail
 5, Allées Antonio  Machado - 31058 Toulouse Cedex 9 (France)
 Tél : (33) (0)5 61 50 43 08  Fax : (33) (0)5 61 50 49 25
 e.mail : lacoste@univ-tlse2.fr

Fuente : Ciudades para un futuro  más sostenible
 Boletín CF+S. Número 22.
 Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID.

Gentileza: Lic. Javier Lindenboim - CEPED - Universidad de Buenos Aires.