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Asunto:NoticiasdelCeHu 82/11 - El Berlín 1989 de los árabes (Javier Valen zuela)
Fecha:Sabado, 12 de Febrero, 2011  09:21:15 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 82/11

El Berlín 1989 de los árabes

Javier Valenzuela
La Nación El País

Madrid, 12/2/11 

MADRID.- Ha sido duro, muy duro, y hermoso, muy hermoso. El pueblo egipcio, liderado por su ciberjuventud democrática, ha dado al mundo una inmensa lección de claridad de ideas, valentía y tenacidad.

La inmensa multitud de la plaza Tahrir, jóvenes y mayores, de clase media y pobres, hombres y mujeres, cristianos y musulmanes, insistía en la salida del autócrata Mubarak antes de contemplar siquiera la posibilidad de una transición más o menos negociada, y tenía toda la razón del mundo. Nada de lo que se le prometiera tenía el menor viso de credibilidad si seguía en el trono un faraón convertido en momia, un cadáver político testarudamente aferrado al cargo.

Mubarak se acaba de ir. El pueblo le ha ganado la pulseada. Anteanoche Mubarak aún insistía en quedarse, en aguantar hasta septiembre, en liderar en persona la transición. Era un disparate monumental, por mucho que lo apoyaran los halcones israelíes, otros déspotas árabes, los elementos más conservadores del establishment norteamericano y la pusilanimidad de los dirigentes europeos.

Era un despropósito porque el pueblo de Tahrir no se iba a ir, no iba a abandonar el combate. Al contrario, iba a redoblarlo, aún más decepcionado y frustrado, con el refuerzo, además, de otros cientos de miles de egipcios. ¿Cómo podían contenerse las riadas humanas que han ocupado las calles de las principales ciudades egipcias? Sólo una matanza de proporciones descomunales, una matanza nunca vista en vivo y en directo en la historia de la humanidad, podía intentar contener hoy al movimiento egipcio, y aún así era improbable que consiguiera su objetivo.

A partir del momento en que el ejército, la institución más prestigiosa del país, se había negado a disparar contra las masas, la revolución ya estaba en vías de ganar. Ahora acaba de conseguir su primer objetivo directo: la salida del autócrata. Y es momento para el regocijo. De los egipcios, los pueblos árabes y todos los demócratas del planeta.

Tahrir significa "liberación". Y para la gente que ha hecho de esa plaza el corazón palpitante de la lucha por la libertad, de lo primero que cabía liberarse era de ese general de rostro pétreo que ha gobernado con mano de hierro durante 30 años. Ya habrá tiempo para insistir en la necesidad de un gobierno en el que los demócratas tengan un papel relevante y que aborde las tareas de elaborar una nueva constitución y elecciones libres. Para analizar los méritos de personalidades alternativas como Mohammed el-Baradei o Amr Mussa. Y hasta para especular sobre el destino de la Hermandad Musulmana.

Acaba de triunfar la primera, y decisiva, fase de una revolución democrática. La humanidad no había vivido nada semejante desde la caída del Muro de Berlín y la disolución del imperio soviético. Y es que esta primavera árabe tiene poco que ver con Teherán 1979. Sólo cabe entroncarla en Berlín 1989. Es la historia en movimiento, es, en plena crisis económica, el regreso al primer plano de la política internacional de la lucha contra las dictaduras y por los derechos humanos.

Ya son dos los autócratas árabes caídos en esta revolución democrática que arrambla con tantos estúpidos prejuicios occidentales, como ése que afirma que lo árabe y lo musulmán son intrínsecamente incompatibles con la democracia. Que demuestra que las cautelas en Occidente no son sólo cobardes traiciones a los principios democráticos, sino también fruto de la pereza intelectual, de no haber hecho los deberes, de no haberse enterado de que el protagonista del mundo árabe en este siglo no son los islamistas, sino los jóvenes.

Y ahora, ¿quieren saber cuál es el próximo autócrata árabe que podría ser derrocado? La respuesta es fácil: mire donde pasaron sus vacaciones de Navidad los ministros del gobierno de Sarkozy. Esto no ha terminado.






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