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Asunto:NoticiasdelCeHu 68/11 - El ciudadano posthumano
Fecha:Viernes, 11 de Febrero, 2011  15:46:44 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 68/11
 

El ciudadano posthumano

                                                                           Alfredo César Dachary

 

         Hoy es algo cotidiano hablar entre amigos de la velocidad con que corre el tiempo; unos dicen que en la niñez el tiempo es muy lento y luego se va acelerando. ¿Será algo relacionado con la edad o de los nuevos tiempos?

         Una de las principales características de esta nueva era global es la alteración de dos conceptos fundamentales en la vida: el tiempo y el espacio, el primero se reduce al “achicarse” las distancias y el segundo se expande al ampliarse las dimensiones, como uno nuevo, el ciberespacio que es el único espacio infinito, hasta hoy.

         El hombre, como especie no como género, demoró muchos siglos en controlar a las otras especies, a las que les llamó animales a diferencia de los hombres, que les quitaba su libertad y les llamaba esclavos. Luego de controlarlas, las amansaron; unas sirvieron para el trabajo como el caballo y el buey; otras para alimento, como las gallinas y vacunos, y una más para entretención como los toros, entre los más conocidos.

         En esta época parece que se está dando un fenómeno diferente, según lo plantea Umberto Eco, y es que la sociedad del ocio, defensora de la naturaleza y transformadora profunda de la misma, hombres y bestias interactúan sin conflicto, como en los parques temáticos donde las bestias logran su felicidad humanizándose y las personas se animalizan, ya que el domador o guía los lleva por un sendero, los hace reír, llorar, comprar, sentar y callar, con la disciplina de un verdadero amansador.

         Pero el proceso de amansamiento no es nuevo, quizás cambien las estrategias desde la fuerza bruta en el pasado a las nuevas tecnologías hoy, al extremo que son tan grandes y rápidos los cambios que no nos damos cuenta, ni a veces los contabilizamos. 

         La pregunta general que nos haríamos sería ¿quiénes se benefician con estos cambios, los productores de tecnología que la crean y fabrican? No cabe duda que sí, pero hay alguien más que se beneficia de la existencia de una nueva religión: la tecnología, en momentos en que el hombre ya dejó de creer en los grandes discursos religiosos occidentales.

         No nos hemos dado cuenta cuando dejamos de caminar, y quizás reflexionamos cuando debemos pagar una “caminadora” para poder caminar y así estar a la moda de los cuerpos moldeados y las mentes reformateadas.

         Tampoco no muchos se acuerdan, porque pocos sobreviven al cambio del radio por el televisor, de oír las cosas como algo lejano a verlas cerca como algo que ocurre en el mismo lugar que estamos o muy lejos pero que nos hace sentir cerca.

         El cambio de vida de la ciudad segura a la ciudad fortaleza; de la ciudad de todos a los cotos cerrados; de las plazas públicas a las plazas comerciales; de la naturaleza como algo propio del lugar a la nueva naturaleza reconstruida en parques, jardines y campos de golf.

         El fax, la máquina de escribir y la televisión con un inmenso tubo se han ido sin despedirse; los cines se anticiparon a los distribuidores de películas y estos últimos también siguen en la lista de cosas que han dejado de ser “útiles” al ciudadano, o sea, necesarias en la sociedad de consumo.

         Los artesanos, que se auto empleaban por la calle,  ya no caben en una ciudad vigilada y altamente transitada por todo tipo de vehículos, por ello las bicicletas se han transformado en un adorno de la ciudad para los fines de semana, donde hay que vestirse para tal fin, aunque en las grandes capitales hay una emergencia de este vehículo.

         Pocos recuerdan lo que es un cartero, hoy un empleo público que reparte propaganda, cuentas de banco, de la luz y el teléfono, antes un empleado muy esperado porque era portador de muchas noticias, buenas y malas; el tiempo del correo ha concluido, el de las cartas y postales es parte del museo del recuerdo y el Internet es el presente.

         Pero el mundo del Internet va más allá de ser un nuevo instrumento, para unos de trabajo, para otros de ocio o entretenimiento, para ser un nuevo elemento que nos está moldeando nuevamente la vida, en este proceso regresivo de “amansamiento” del ciudadano actual.

         Vivimos en el tiempo en el que las mercancías y demás productos que el hombre consume tienen la “muerte programada”, nada tiene arreglo, porque los artesanos ya no están, los fabricantes están muy lejos y el que distribuyó el producto hoy vende otros diferentes.

         Para Dany- Robert Dufour, hay una muerte programada del sujeto en la modernidad, que la encara el neoliberalismo, ya que éste deshace todas las formas de intercambio que subsistían, los mismos no tienen referente; el dinero hoy es una ficción; no hay referencia a un orden trascendental o moral, todo se ha reducido a la mercancía.

         Hay una desimbolización del mundo donde todo se rige por las reglas del mercado, ya que al desaparecer los grandes referentes todo se simplifica a una circulación de mercancías.

El neoliberalismo no creó nuevas conductas ni cohesiones, así los hombres comienzan a adoptar a la mercancía como lo único real. Por eso, el sujeto actual es acrítico, abierto a todas las fluctuaciones indentitarias y dispuesto a seguir todas las ramificaciones comerciales.

Así el nuevo hombre se asume en el individualismo y sus referentes son el mundo del dinero y el lujo, con una cultura transformada en modas sucesivas, donde la historia se aplana ante la inmediatez de los eventos y lo instantáneo de la información, donde no hay vanguardias.

Ello deriva en la desinstitucionalización de la familia, el antiguo eje de la sociedad, un interrogante cada vez mayor sobre la identidad sexual, la cual es cuestionada desde las modas y un desinterés en la política, todo ello en medio de la pérdida de lo privado invadido por lo público a través de las nuevas tecnologías.

Esta situación, que ya han planteado diferentes expertos, hoy tiene un nuevo elemento que no sólo lo confirma sino que va más allá, al sostener que el Internet “está emocionando la capacidad de controlar nuestros pensamientos y de pensar de forma autónoma”.

Luego de esta afirmación, me puse a pensar y revisando mi vida, me di cuenta que me levantó y voy a la máquina a leer los diarios, los cuales los puedo ver cada dos o tres horas y los encabezados y las fotos van cambiando, se construyen a la velocidad de los acontecimientos, ya lograron que el ciudadano deje de leer el diario en papel.

La tecnología no es neutral, es una manera nueva de controlar al hombre, al mismo que dejó de caminar y requiere una caminadora cuando baja del auto y que cuando llega a su casa cada miembro está en una tecnología diferente, unos viendo televisión, otros en Internet, otros en la consola y alguno en teleconferencia a través de Skype.

La tecnología encanta al hombre  “…¿por qué no te conectas al Facebook?, te han invitado…”, dejaste de estar en la red de Messenger o al abrir el Hotmail aparecen tus amigos en nuevas fotos invitándote a verlas. Voces moduladas y dulces, creadas por tecnología te llaman, nuevas redes te pretenden cooptar, ¿para qué estar en ellas si cada día estás más solo?

Hace cincuenta años no tener teléfono era ser pobre o era difícil de tener línea; hoy el celular lo tienen todos, incluido los que viven en la calle, por lo que no tener celular es ser: “raro, anormal”. No entrar a la red de Facebook es no querer  “compartir” fotos, soledad y la necesidad de reconocimiento en un mundo plano.

Ayer dejó de servirnos el cartero, pronto será el librero y todos los que se asocien al papel, ¿Por qué?, ¿por ahorrar y ser más ecologistas? No, es porque las computadoras y todas estas tecnologías tienen en cada programa una trampa que les permite medir la penetración, medir el gusto y así ir cerrando el círculo del ciudadano consumidor total.

El posthumano ya se está conformando, el ADN se puede manipular, partes del cuerpo se pueden cambiar cada vez más o reemplazar. La mente, lo que nos hace diferentes de los que antes amansamos, hoy está en el mismo camino; al final no se sabe si somos diferentes a otras especies o nosotros estamos divididos en dos subespecies: los que controlan nuestra mente, gustos y emociones y la gran mayoría, el mundo de los autómatas.

alfredocesar7@yahoo.com.mx