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Asunto:NoticiasdelCeHu 53/10 - VIAJANDO: Vacaciones de Invierno en Misiones
Fecha:Miercoles, 9 de Febrero, 2011  19:42:30 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 53/10
 

Vacaciones de Invierno en Misiones

 

Si bien como paisaje el lugar que más me gusta de la Argentina, es el Camino de los Siete Lagos en la provincia del Neuquén, toda vez que puedo vuelvo a Misiones. En invierno, claro está. Porque muchos bellos lugares del país lo son desde el punto de vista fotográfico, es decir, que generan sensaciones visuales espléndidas. Pero Misiones ofrece placer a los cinco sentidos.

A la vista, la tierra roja contrastando con la verde vegetación, las mariposas revoloteando constantemente, la diversidad de los animales y los atardeceres multicolores; al oído, el canto de los pájaros y el sonido del agua de sus cascadas; al olfato, el perfume de sus flores; al tacto, el calor y la humedad del ambiente penetrando en la piel; y al gusto, el sabor de su fruta madura.

Más que suficiente para rumbear hacia allí con mis hijos Alicia, Joaquín y Martín. Es el mes de julio de 1998. Iremos en micro ya que no hay más ferrocarril: Menem lo hizo. Con el Expreso Caraza circulamos por la ruta 14, bien llamada la “Ruta de la Muerte”, que bordea la Mesopotamia por el este. Ha habido algunos cambios respecto de cuando hacía ese mismo recorrido más de veinte años atrás, cuando vivía en Posadas. La construcción del puente ferrovial Zárate-Brazo Largo que evita las balsas del río Paraná en que eran cargados trenes y micros, y la mejora de la ruta y de los micros han permitido disminuir el tiempo de viaje de 20 horas a 12 ó 13. Pero, la falta de ferrocarril y el aumento de tránsito por ser la ruta del Mercosur, ha incidido negativamente respecto del número de accidentes.

 

Llegamos a Posadas y rápidamente cruzamos a Encarnación, en el Paraguay; pero ahora no tenemos que tomar las lanchitas, sino que lo hacemos en un colectivo a través del puente "San Roque González de Santa Cruz".

Encarnación ha crecido, pero no ha perdido su fisonomía tradicional. Los negocios se han sofisticado en parte, pero continúan las ventas callejeras y la marcada segregación social. La idea del cruce inmediato tiene que ver con  mi interés en comprar una filmadora, exactamente a la mitad del precio que en Argentina. La cantidad de comercios de electrodomésticos es realmente increíble, los que ofrecen el pago en cualquier moneda del mundo, con cualquier tarjeta y en cómodas cuotas, lo que en realidad no es así. También ofrecen facturas correspondientes a Paraguay, Argentina y Brasil: truchas, desde ya.

Me dicen que voy a tener problemas para pasar una filmadora, pero que si compro diez, me las entregan al día siguiente en un hotel de Posadas y a un precio mucho menor. Como no estoy en el negocio, compro solamente una y como prevención le quito la caja, la rayo un poquito y me la cuelgo del cuello. Otro recaudo es no tomar remises ni otro vehículo que ellos recomiendan, sino el colectivo de línea, cargado con gente del lugar, paquetes y bolsas que ocupan los asientos y alguna gallina que otra. De esta manera, los guardianes de la frontera no se tientan pidiendo dólares como les ocurre a los turistas o a quienes cruzan con buenos autos.

 

Recorremos Posadas, que cada vez está más linda, y llevo a mi hija Alicia a reconocer la Clínica de Diagnóstico donde ella naciera 23 años atrás. Queda en la calle Bolívar, frente al mercado, pleno centro de la ciudad. Paseamos por los lugares vividos: la casa de la calle Reguera, la plaza, la catedral, los barcitos, el Colegio Santa María y el Instituto del Profesorado “Antonio Ruiz de Montoya” donde diera mis primeros pasos como profesora de Geografía. Visito a mis familiares y me encuentro con una ex-alumna. ¡Qué emoción! Ella era una adolescente y ahora estaba con sus hijos. Ahí tomé conciencia del tiempo que había pasado, a pesar de que había vuelto varias veces, en esos años.

 

Al día siguiente partimos para San Ignacio. La provincia de Misiones lleva este nombre por las misiones jesuíticas que se desarrollaron hasta el siglo XVIII, y si bien las ruinas se encuentran en todo el territorio, incluido el Paraguay, las de San Ignacio son las mayores y mejor conservadas. Fueron descubiertas bajo la selva como ha ocurrido con Machu Picchu (en Perú) y en muchos otros lugares, por lo cual faltan los techos y gran parte de las paredes, pero de todos modos se puede apreciar la estructura del poblado.

Luego visitamos la casa del escritor Horacio Quiroga, autor entre muchas otras obras, de “Cuentos de la Selva”, del cual mis hijos han sido asiduos lectores. En el actual museo se conservan sus pertenencias y se relata su desafortunada vida. El sitio está a la vera del Alto Paraná, con una vista maravillosa y cercana a un cañaveral de tacuaras. En esa zona, al igual que en Posadas, el río conserva altas barrancas que evitan las inundaciones.

 

Continuando hacia el norte, toda la ruta 12 es maravillosa, aunque no tanto como en la década del ’70, cuando la recorrí por primera vez. Actualmente han raleado la mayor parte del monte para reemplazarlo por plantaciones de pino, materia prima de las papeleras de la región y de las fábricas de muebles baratos (y no tanto) de todo el país. Con suaves ondulaciones, producto de las estribaciones de la meseta misionera o sierras de Misiones, se pasa por localidades como Puerto Rico, Montecarlo, Eldorado y Wanda, hasta llegar a Puerto Iguazú.

 

 

Puerto Iguazú es una localidad tranquila en todo el sentido de la palabra por lo que podemos caminar sin peligro a cualquier hora del día. La gente es muy amable y tranquila como en el resto de la región. Las temperaturas son agradables y la noche está estrellada, lo que nos permite cenar al aire libre y festejar en la calle los 14 años de Joaquín.

Estamos con el tipo de cambio uno a uno (1 peso igual a 1 dólar), por lo que todos los productos, incluidos los comestibles están a menor precio en Brasil y Paraguay. Esto obliga a que todos sus pobladores crucen a Foz do Iguaçu, Brasil para hacer sus compras diarias. Lo mismo ocurre con el turismo. Un hotel de varias estrellas del lado brasilero cuesta casi igual que una posada del lado argentino, lo que no ha favorecido durante años a esta ciudad argentina.

 

Al día siguiente vamos hacia las Cataratas. Hay muchas formas de recorrerlas, y prefiero comenzar por el circuito superior. Es decir que recorremos las pasarelas viendo los saltos desde arriba. Al día siguiente hacemos el circuito inferior que nos permite sentir el placer del agua cayendo al lado de nosotros. Salto Bosetti y San Martín son unos de los más imponentes.

Carlos Bosetti fue un naturalista italiano que exploró la Selva Paranaense. "Bosetti es uno de esos mártires y víctimas del chucho, del hambre, del jejen, del mosquito y del mbarigüí, que con el machete en mano desfloran la guirnalda de isipós suspendida en el laberinto enmarañado de la zona yerbatera y señalan cada paso con el sudor inagotable, o con la sangre, recibiendo como única recompensa las mieles escondidas en los troncos y más tarde el monopolio extraño que los arraiga sobre las picadas que ellos mismos abrieran", decía el escritor Eduardo Holmberg.

En el salto San Martín, de más de 70 metros, hay un cartel que dice: “al héroe misionero nacido en Yapeyú…” Actualmente la ciudad de Yapeyú pertenece a la provincia de Corrientes, pero en 1778 formaba parte de una ex misión jesuítica situada a orillas del río Uruguay en la Gobernación de las Misiones Guaraníes del Virreinato del Río de la Plata.

Pero el broche de oro lo constituye la Garganta del Diablo, que no solamente se destaca por la cantidad de agua y sus 80 metros de caída, sino por su curvatura, que hace que las aguas se concentren hacia el interior de las paredes, semejando una enorme garganta tragándolas.

Este espectáculo único de la naturaleza, considerado como una de las Siete Maravillas del Mundo, se originó hace unos 200 mil años, en el sitio que hoy conocemos como “Hito de las Tres Fronteras” (Argentina, Brasil y Paraguay), donde confluyen el río Iguazú y el río Paraná.

Una falla geológica producida en el cauce del río Paraná hizo que la desembocadura del río Iguazú quedara convertida en una abrupta cascada. Desde aquel punto, donde se originaron las Cataratas, hasta donde hoy en día se encuentra la Garganta del Diablo existen 27 kilómetros de distancia, debido al retroceso lento erosivo, pero continuo en la posición de las Cataratas.

Esta gran cascada original, se ha convertido en dos grandes arcos sinuosos de 2700 metros de extensión. Según el río posea más o menos caudal se pueden admirar entre 160 y 260 saltos, que en términos medios serían unos 1500 metros cúbicos de agua por segundo. La violencia de la caída produce una niebla permanente, en la cual los rayos solares conforman múltiples arcos iris de insuperable belleza.

 

 

En estas circunstancias adhiero totalmente a las palabras de José Ortega y Gasset: “Lo real supera siempre al concepto que lo intenta contener”.

 

Al otro día vamos a ver las Cataratas del lado brasilero. Llegamos al puesto fronterizo y el gendarme que sube al colectivo, me pregunta si traje permisos para el cruce de mis hijos menores de edad. Le digo que sí, pero no hago ni gesto de mostrarlos. Hace la misma pregunta a otra mujer que venía con sus niños. Ella contesta que no, por lo que el agente le dice que la próxima vez se acuerde. Cruzamos la frontera y en el sector brasilero, hay un controlador con el pulgar levantado, ¡y pasamos nomás!!!! Téngase en cuenta de que se trata de una de las fronteras más permeables por donde seguramente pasan a menores de edad que desaparecen de otras regiones, aunque Misiones es una de las que ocupan los primeros puestos en el trato de blancas y en el comercio ilegal de órganos.

Aquí las Cataratas se presentan como vista panorámica. No hay acercamiento posible. Se puede subir al mirador y desde allí obtener buenas vistas. Pero en el Parque está permitido darle de comer a los animales, algo impensado en el lado argentino, por lo cual los coatíes se acercan a la gente para recibir golosinas. A mi hijo Martín, de 7 años, se le abalanzaron quitándole el helado.

 

Desde Foz do Iguaçu decidimos ir al Paraguay, pero esta vez a Ciudad del Este, la que durante la dictadura se llamara Puerto Stroessner. Cruzamos el Puente de la Amistad, que en realidad debería denominarse Puente del Contrabando. Y esto realmente supera todo lo imaginable.

La Ciudad es más impactante que Asunción, la capital del país. Y si bien en las estadísticas el producto bruto paraguayo aparece como muy bajo, me animaría a decir, que en cifras en negro, Ciudad del Este lo supera largamente. Hay negocios absolutamente de todo tipo de ramo y nacionalidad, predominando los chinos y los árabes. Los hay de muy buena calidad y de las peores fraguas. Los conocedores dicen: “¡Hay que saber dónde comprar!” Absolutamente todas las marcas de prendas, perfumes y electrodomésticos están en sus versiones originales y truchas, pero todo a precios increíbles. Compramos algunos artículos y regresamos más que satisfechos al húmedo invierno de Buenos Aires.

 

 

Ana María Liberali

 





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