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Asunto:NoticiasdelCeHu 415/10 - Brasil: tiempos de cambio
Fecha:Lunes, 11 de Octubre, 2010  09:40:58 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 415/10
 
 

Brasil: tiempos de cambio

                                                                           Alfredo César Dachary

         Las elecciones presidenciales en Brasil no han sido un tema electoral más en la agenda de los procesos políticos de América del Sur sino un verdadero plebiscito sobre el futuro gobierno y el destino de ésta, la potencia emergente más importante de América Latina y una de las cuatro grandes del nuevo orden mundial multipolar.  

El triunfo de la candidata promovida por el Partido del Trabajo (PT) y respaldada por el presidente Lula Da Silva, Dilma Rousseff, no logró el 50% de los votos pero quedó justo con un 46.5%, la primera minoría, seguida por la derecha moderada que representa José Serra y luego, en tercer lugar, la líder ecologista del Partido Verde, cuyos intereses y posición política estarán en juego durante la segunda vuelta, obligatoria ante estos resultados.

La lógica hace pensar, y las encuestas lo vaticinan, un triunfo de la abanderada del PT, considerada como la continuación de la estrategia promovida por el gobierno de Lula, que ha logrado posicionar a Brasil como una de las cuatro potencias emergentes a nivel mundial junto a Rusia, China e India, el famoso BRIC.

Pero el gobierno de este ex obrero metalúrgico, definido como socialista, ha ido más allá de reposicionar a Brasil, ya que ha logrado sacar más de veintiocho millones de ciudadanos de la pobreza, lo que es su mayor hazaña, mientras a la vez crecía el mercado interior y se consolidaba el país frente a la crisis mundial, que parecía no haber llegado nunca a América del Sur.

Lula, el presidente que dejará el poder tras dos mandatos consecutivos, se irá del Palacio de Planalto con la mayor aprobación de un presidente saliente en Brasil y a nivel mundial, entre el 80 y el 84%, algo que se vio en las campañas electorales donde hasta el opositor Serra se considera un continuador de los logros de Lula.

Esto es posible por varias razones, pero la principal es que Brasil es un país con una diversidad de ideas políticas pero con un sentimiento de nación y una idea de lograr ser una potencia que se podría considerar única en América. Este es un país donde la derecha no tuvo miedo a un gobierno socialista, algo que terminó en tragedia en Chile y en comedia en México.

Recuerdo cuando estudiaba en el Chile de Allende, a mis maestros Fernando Enrique Cardoso y José Serra, junto a otros profesores de ideas opuestas como Theotonio dos Santos y Ruy Mauro Marini, junto al rector de nuestra facultad (FLACSO), el que luego fuera presidente de Chile, Ricardo Lagos, discutir y reconocer que este diálogo se extendía a sus enemigos de la época, los militares, porque su gobierno era transitorio, pero que ellos como brasileños estaban por encima de las grandes diferencias políticas.

Esto nos hizo entender como países con una dictadura pasaron a la democracia más rápidamente que otros, como el propio Chile y Argentina, donde las huellas de ésta fueron muy duraderas y hasta hoy son un lastre para las democracias que han logrado.

El Brasil de Lula ha llegado en esta década a ser la séptima potencia en el PIB nominal, por encima de varios de los países “desarrollados” de la OCDE, dentro de un sistema capitalista pero con una perspectiva social de hacer de las grandes ganancias una verdadera revolución en la sociedad.

Lo más espectacular es el salto en materia energética, ya que inicialmente era un importador neto de hidrocarburos y luego pasó a ser el líder en la producción de etanol, a partir de la caña de azúcar y luego más diversificado.

De allí a los grandes descubrimientos de yacimientos, a la vez, que el apoyo a la búsqueda de nuevas tecnologías para la explotación petrolera, lo cual le permitió lograr estos importantes avances, que han hecho de la pionera Petrobras, la empresa más importante de su ramo de este continente.

Junto a la extracción está la industria naval para hacer los buques tanques que estarán transportando el crudo y la construcción de las plataformas de explotación, o sea, no sólo la extracción sino la creación de un cluster del petróleo.

El capitalismo que desarrolló el gobierno del PT  jugó en el centro, sin privatizar los bancos, permitió la compra de algunos y fortificó a otros, al igual que la industria nacional que hoy, con la fabricación de aviones Embraer, compite con el gigante de Estados Unidos, la Boeing.

El sector agropecuario es otro de los fuertes del gobierno de Lula, al expandir la frontera cerealera hasta límites impensados, enfrentándose a los ecologistas que defendían la conservación de gran parte de la selva Paranaense que es la más afectada con esta expansión.

Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay son los grandes productores mundiales y junto a Estados Unidos han logrado un holding que controla más del 80% de la soja del planeta, algo impensado en otras épocas donde nadie apostaba por las tierras tropicales. Así, las cosechas de Brasil crecieron entre 1996 y el 2006 en un 360% y la producción de carne se multiplicó por diez, logrando desplazar a Australia del segundo lugar como exportador.

Así, Brasil pasó de ser un importador de alimentos a un exportador y una vez más logró no sólo incrementar la producción, sino lograr semillas adecuadas a sus tierras y generar la gran maquinaria agrícola, la agroindustria en grandes grupos como Brasil Foods, Cosan y JBS Friboi.

La expansión hacia el Amazonas, una cuestión sumamente discutida con los ecologistas brasileños y las organizaciones verdes mundiales, es un tema de agenda, en un país donde el agua es un bien excedente, al extremo que Brasil tiene más de 8,000 millones de metros cúbicos de agua al año para 190 millones de habitantes y esto es el doble de lo que tiene Asia para mantener 4,000 millones de habitantes.

Brasil está llamado a ser el motor de América del Sur, donde los grandes recursos naturales están siendo redescubiertos a partir de que se ha ampliado la infraestructura y con ello se han abierto nuevas fronteras para la expansión de una economía mundial cada vez más necesitada de estos recursos.

La hidrovía, el proyecto más ambicioso de América del Sur, que hoy opera desde el Pantanal, Estado de Matto Grosso del Norte hasta Argentina pasando por Paraguay, se ampliará hasta llegar al Amazonas y de allí al río Negro hasta el Orinoco para terminar uniendo el Caribe con el río de La Plata.

Hoy, en la primera etapa, hay ya una integración entre los productores de arrabio del centro-sur de Brasil y Argentina utilizando esta vía fluvial del río Paraná – Paraguay, que pese a las represas es navegable a partir del uso de exclusas. Por allí baja la soja de Paraguay y de Brasil a los puertos de embarque rumbo a China e India, dos grandes consumidores.

Lo interesante del gobierno de Lula es que logró en sus dos mandatos varias cosas que se consideraban imposibles; la primera es dejar la tutela de Estados Unidos, sin que ello signifique un enfrentamiento sino una relación entre iguales, que deben respetarse para poder convivir y realizar avances juntos.

La segunda es que no usó el ya obsoleto modelo neoliberal con que la Thatcher inauguró una etapa negra de la historia para las mayorías y grandes ganancias para las minorías. Lula no reformó la ley del trabajo, no aceptó la flexibilización laboral y tampoco mantuvo un modelo cerrado, fue ajustando pero sin dejar de cuidar los intereses de las grandes mayorías.

La tercera es que redefinió y transformó el MERCOSUR en un modelo de integración más dinámico y orientado a integrar este nuevo bloque para competir con mejores posibilidades frente a los demás bloques regionales desde la Unión Europea al TLC de América del Norte.

En su política de apertura trabajó con Irán, con quién tiene relaciones en la industria petrolera y la nuclear, y fue un freno a las políticas de exclusión con este país que no logra rendir Estados Unidos, lo mismo con Cuba o Venezuela todos enfrentados al coloso del norte, mostrando un gran manejo político y realismo en un mundo multipolar.

La apertura de América del Sur a China quizás sea en política exterior uno de los grandes logros ya que este subcontinente se considera “patio trasero de Estados Unidos”, algo que ha hecho sin enfrentamiento y con unidad.

Lula no sólo logró sentar las bases del Brasil moderno y más equitativo, sino que demostró que la política no se hace con grandes títulos sino con estrategias, visión de futuro y con pragmatismo, algo que lo ubica como un líder mundial en mundo donde el liderazgo es lo que falta.

 

alfredocesar7@yahoo.com.mx


 





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