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Asunto:NoticiasdelCeHu 230/03 - Los alcances de la patria contratista. O las limitaciones del capitalismo serio.
Fecha:Lunes, 31 de Marzo, 2003  19:25:36 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 230/03

 

La batalla por los dólares. La reconstrucción de Irak. Los negocios de la guerra.

 

Por Juana Libedinsky     

                                                                             

Bush ya adjudicó a una empresa cercana a Dick Cheney el contrato para reconstruir Irak, un negocio millonario. Quiénes ganan y quiénes pierden con la guerra

 

Nueva York 

 

En una fiebre del oro se hacen ricos los que descubren las minas; pero también los que venden picos y palas. Algo similar está ocurriendo con la guerra en Irak. Hay negocios de billones de dólares (el control final del petróleo) y negocios de millones de dólares (la reconstrucción). Pero también hay sectores muy menores, incluso Pymes, que están experimentando un miniboom, con la venta de teléfonos satelitales y hasta cursos de supervivencia para corresponsales. Y también están los grandes, medianos y pequeños perdedores, aunque en líneas generales las expectativas económicas son pesimistas para casi todos. No sólo al hablar de guerra y negocios es el tema central, sino que fue el motivo de uno de los escándalos más recientes de la administración Bush. Todo el mundo escuchó hablar -lo creyera o no- de que ésta es una guerra por petróleo. La frase, repetida a diestra y siniestra por cuanto grupo opositor a la política exterior norteamericana, no necesitaba más fuerza. Y, sin embargo, hasta quienes todavía guardaban un lugar para la duda tuvieron que enfrentar una noticia fulminante: los primeros contratos para la reconstrucción de Irak ya fueron otorgados a una serie de empresas, no sólo norteamericanas y grandes contribuyentes a la campaña de Bush, sino que tienen a la empresa de servicios petroleros y tercerización militar Halliburton a la cabeza. Halliburton, como nadie deja de recordar, tuvo hasta hace poco al vicepresidente Dick Cheney como miembro del directorio.

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¿Escándalo y corrupción? El gobierno no ha salido con grandes declaraciones a aclarar la situación. Sin embargo, los máximos especialistas en temas de petróleo, como Vijay V. Vaitheeswaran, de The Economist, aseguran que el problema probablemente sea de prepotencia, no de corrupción.

"La elección de Halliburton y las otras compañías fue transparente, pero una pésima movida política. Ensuciar el nombre de la presidencia siquiera con sospechas en un momento como éste es suicida. Al mismo tiempo demuestra cómo Bush y su junta piensan que los medios son de centroizquierda y siempre los van a criticar, que la opinión pública es idiota y siempre los va a criticar, y que ellos son los únicos que saben. Es la misma forma de razonar que usaron al decidir ir a la guerra. Son soberbios y no les importa lo que piensen los demás, pero hasta ahora en el tema contratos fueron limpios", explicó Vaitheeswaran a La Nación, después de un exhaustivo examen de los papeles.

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Vaitheeswaran también aclaró que, si como los rumores sugieren, las licitaciones para la reconstrucción de Irak fueron solicitadas solamente a compañías norteamericanas, eso no sería ilegal, ni siquiera poco frecuente en temas relacionados con la defensa, aunque políticamente una movida nefasta. Excluir a los franceses sería comprensible bajo las circunstancias actuales, pero definitivamente no a los ingleses, que están enojadísimos con el tema y que ven difícil competir por futuros contratos cuando EE.UU. ya anunció hasta sus planes para una embajada de 36 millones en Bagdad.

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Pero la administración asegura que contratistas de otros países, incluido Irak, serán parte del consorcio final, y de esta manera tendrán ganancias cuando la reconstrucción comience. En realidad, eso es lo único importante. Los 900 millones de dólares en trabajos de reconstrucción que fueron a Halliburton y compañía son nada más que caramelitos en relación a los billones que eventualmente saldrán cuando se decida qué hacer con el petróleo. Al respecto, Bush afirmó que "el petróleo iraquí será para los iraquíes". Pero que efectivamente así sea está por verse.

"La historia juzgará hasta qué punto esta guerra es por petróleo. En cinco o diez años algún periodista independiente se pondrá a rastrear cada dólar (o dinar) y contestará las preguntas: ¿Adónde fue? ¿Quién se enriqueció? ¿Quién perdió inversiones? Lo que parece hasta ahora es que la administración Bush planea usar la mayor parte de los ingresos futuros por el crudo para la reconstrucción de Irak", aseguró a La Nación Christopher Preble, director de Estudios Internacionales del Cato Institute, un think-tank de Washington, que se opone a la guerra.

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Un solo rival

 

¿Y por qué elegir a Halliburton para esta primera etapa no fue errado? Según The Economist, Halliburton tiene un solo rival serio en el rubro de servicios petroleros: Schlumberger, que es... de origen francés. Pero en materia de tercerización militar, la división Kellog Brown & Root de Halliburton tiene un récord mucho más impresionante que cualquiera de sus rivales. En los últimos años construyó el centro de detención de Guantánamo, en Cuba, y tiene empleados especializados tanto en Afganistán como en Kuwait. Si eso también suena turbio, vale recordar que no sólo la empresa floreció durante los años de Clinton, sino que también es dueña y maneja algunas de las instalaciones clave de la defensa británica.

 

En 1999, cuando todavía estaba a cargo de Halliburton, Cheney declaró que "la primera persona en recibir a los soldados norteamericanos cuando llegan, y la primera en despedirlos cuando se van es alguien de nuestra compañía". Estaba hablando de los Balcanes, donde Halliburton administró los aeropuertos. No sería sorprendente que ese mismo papel también lo cumpla en Irak.

 

¿Pero qué está representando la guerra para las empresas de productos y servicios? Ciertos negocios se han visto claramente afectados. Las firmas dedicadas a la publicidad, por ejemplo, fueron golpeadas por el temor de los clientes a publicar cualquier mensaje que pueda ser considerado irrelevante al día siguiente, o simplemente frívolo. Informes deprimentes proporcionados por los fabricantes de automóviles y de electrodomésticos sugieren que los consumidores norteamericanos están postergando las grandes compras.

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Al igual que en la Guerra del Golfo, en 1991, las aerolíneas están de mal en peor. Algunas aeronaves están cruzando el Atlántico con más tripulantes que pasajeros. Las empresas de turismo en Londres afirman que el mes de febrero, que usualmente es un mes pico para las reservas de estadounidenses y de japoneses que llegan al país, fue tétrico.

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La Asociación del Transporte Aéreo (ATA), que es la asociación comercial de esta industria en los EE.UU., señala que la guerra podría sumar 4000 millones de dólares a los 6700 millones de dólares que la industria ya esperaba perder este año. La ATA afirma que se perderán otros 70.000 puestos de trabajo.

 

Otros costos también aumentaron abruptamente. Los bancos están solicitando a quienes toman préstamos que compren más seguros contra la disolución de los negocios antes de acordar la financiación del proyecto que fuere en cualquier parte del mundo que ahora sea considerada peligrosa, lo que significa prácticamente en todos lados, según el Willis Group, una corredora de seguros que opera mundialmente. Además, los controles de seguridad más estrictos en los aeropuertos y en las terminales marítimas se han sumado a los costos del transporte.

 

Las preocupaciones vinculadas con la seguridad han provocado que el Departamento de Estado de los EE.UU. sea más riguroso con la entrega de las visas. Las solicitudes de visa que alguna vez llevaban días ahora tardan meses. Para muchas firmas que venden grandes cifras en bienes de capital, esto puede ser una pesadilla. Según The Economist, Cincinnati Machines, una de las compañías que fabrican las herramientas más importantes de los EE.UU., durante cinco meses tuvo en su planta de Ohio una máquina para cortar metal valuada en 5 millones de dólares esperando que los compradores chinos, que no pudieron ingresar en el país, realizaran una inspección final.

 

No obstante, hay algunos casos exitosos. Los que tienen barcos están de parabienes. Los militares alquilan buques cargueros para trasladar tanques, provisiones y equipos. Las tarifas aumentaron, y hay muchas sonrisas en ese ambiente.

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Pedido de ayuda

 

También hay casos muy curiosos floreciendo. Después del 11 de septiembre de 2001, el Departamento de Defensa hizo un llamado a la ciudadanía para que aportase ideas para "atacar objetivos difíciles, realizar complicadas operaciones en áreas remotas y desarrollar formas de defenderse frente a armas de destrucción masiva". El anuncio no fue la mejor idea para tranquilizar al público. Para muchos analistas en los medios era demasiado claro el mensaje de "¡Ayuda: no sabemos qué hacer!". Sin embargo, fue efectivo. El Pentágono recibió cerca de 12.500 propuestas, seis veces más de las que le suelen enviar cuando llama a concurso. Ahora tiene que decidir cuáles serán los 50 o 60 que se repartirán 60 millones de dólares en contratos finales, cuyas ideas serán usadas en Irak.

 

Pero para los que no los reciban tampoco será tiempo perdido: para el próximo verano boreal ya hay algunos que están anunciando la salida de sus productos al mercado. Sensatez, una compañía de Nueva York que fue preseleccionada, lanzará su Smart Shirt ("camisa inteligente") a unos US$ 175. Además, será llevada por las fuerzas especiales del ejército. La clave está en un género especial ("inteligente") que tiene entretejidos sensores que envían señales a un monitor: desde las calorías quemadas hasta los latidos del corazón, la respiración y el nivel de oxígeno en la sangre. La información es recolectada por la camisa y enviada de manera inalámbrica a una base remota, por lo que se vuelve ideal para un soldado en campo de batalla, pero también para los que corren por el Central Park o los ancianos que viven solos.

 

El Pentágono también anunció que está financiando nuevos productos para detectar la exposición a armas de destrucción masiva. Estos incluyen unas tarjetas que parecen las de crédito y que muestran con barras de colores la presencia de agentes nocivos. Además hay una crema humectante que podría funcionar contra el ántrax.

 

¿Y qué ocurre con el principal aliado, Gran Bretaña? Si bien para la mayor parte de la economía británica la guerra ha sido hasta ahora nefasta (con la posibilidad de participar en los grandes proyectos de reconstrucción de Irak todavía en veremos y el creciente costo de mantener 45.000 tropas en la batalla), al igual que en EE.UU. hay pequeños nichos creativos en los cuales los beneficios están siendo espectaculares.

 

Por ejemplo, Gran Bretaña logró ponerse a la cabeza mundial en la oferta de servicios de equipamiento y entrenamiento de los periodistas encargados de cubrir el conflicto, y los encargados de la ayuda humanitaria. Y, por supuesto, en la venta de todo el kit que debe acompañarlos. Además, las ventas de teléfonos satelitales para la prensa se cuadriplicaron en Sat Com Distribution, una compañía con sede en Salisbury.

 

Por cada periodista, fotógrafo o camarógrafo enviado a la zona de guerra, las grandes empresas de noticias gastan como mínimo unos 2500 dólares para el curso de entrenamiento básico, 1600 por un teléfono satelital y unos dos mil dólares para la ropa protectora elemental. Cuando a esto se suma el costo de los respiradores, kits contra la contaminación, medicamentos varios y trajes para ataques químicos, los precios se disparan. Y, por supuesto, también se están beneficiando los que venden cosas más elementales, como catres de campaña, bolsas de dormir y sistemas purificadores de agua. En total, todo suma a un miniboom que contrasta altamente con la caída en sectores tradicionales como el turismo.

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Aliado sin contratos

 

Pero si bien Blair y Bush se reunieron el jueves para conversar sobre planes conjuntos de reconstrucción, la realidad es que hasta ahora el gran aliado no consiguió contratos fuertes en el Irak de la era pos-Saddam.

 

Esto, naturalmente, molesta a muchos ingleses. Y si el principal aliado está resentido, ni qué hablar del resto de Europa. ¿La creciente división política internacional respecto de Irak está comenzando a perjudicar los negocios y podría sobrevivir a la crisis actual? Según The Economist, el riesgo es enorme en dos áreas. Los gobiernos de ambos lados del Atlántico pueden sancionar a las firmas de los países que se opusieron a ellos en el tema de Irak. Y los consumidores pueden comenzar a interesarse por saber qué país produce las mercaderías que ellos compran.

 

Hasta el momento, a pesar de todo el "ruido" a ambos lados del Atlántico, la guerra política ha seguido siendo principalmente verbal. El Congreso de los EE.UU. les puso un nuevo nombre a las papas fritas, que pasaron de ser french fries a freedom fries (de papas francesas a papas de la libertad). Asimismo, fracasó un contrato militar estadounidense con Krauss-Maffei Wegmann, un fabricante alemán de vehículos blindados.

 

Pero al mismo tiempo los halcones recibieron el jueves último un golpe duro cuando se decidió en la ONU mantener el programa "Petróleo por alimentos" que querían cambiar por otro, dados los contratos preexistentes altamente sospechosos que China y Rusia tienen con este sistema que permite a Irak vender petróleo a cambio de alimentos y medicinas.

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Una preocupación mayor gira en torno a la ronda de negociaciones comerciales de Doha, que lleva a cabo la Organización Mundial del Comercio. En Washington está creciendo el respaldo a los países florecientes que sustentan las políticas militares de los EE.UU. con acuerdos comerciales bilaterales en vez de buscar compromisos multilaterales. Pero aunque se respira un aire negativo, hasta el momento nada parecido a una guerra comercial. Credite Swisse First Boston, un banco de inversiones suizo estadounidense, dice que recientemente acordó un complejo compromiso financiero con aproximadamente 100 potenciales inversores institucionales. En una movida sin precedente, diez de los compradores se negaron a participar porque la compañía que recaudaba los fondos era de origen francés.

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Temores de la industria

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Los líderes de la industria automotriz alemana, encabezados por Helmut Panke, director general de BMW, hicieron lobby contra el canciller alemán Gerhard Schršder por el daño que su posición pacifista está causando a las expectativas de los alemanes en el vital mercado estadounidense. Una encuesta revela que el 20 por ciento de las firmas de ingeniería de Alemania considera que las exportaciones hacia los EE.UU. han sido dañadas.

 

Mientras tanto, las empresas estadounidenses temen que los consumidores europeos puedan seguir el camino de las de Medio Oriente. Coca-Cola, McDonald´s, Starbucks y Altria (antes Philip Morris) fueron afectadas por la expansión de los boicots que comenzaron contra las firmas que comercializaban con Israel hace medio siglo.

 

En el balance general pocos miran los efectos de esta guerra sobre la economía con esperanza. Francia, por supuesto, ni qué hablar, mucho más allá del temor a que más gente cometa actos simbólicos como tirar un Dom Perignon en una cloaca a la vista de las cámaras de televisión. "Como es bien sabido, junto con Rusia tienen fuertes intereses comerciales con Irak, y temen no sólo perderlos sino que el clima de inestabilidad continua afecte sus inversiones. También les deben billones en deudas impagas, y con razón cuestionan las posibilidades de alguna vez recuperar esa plata después de la guerra", explicó Preble a La Nación.

 

Aun dentro de EE.UU., lejos está cualquier clima de euforia financiera. Más allá de que los mercados esperaban una victoria rapidísima, que no vino, para salir de la recesión a la que contribuía el clima de incertidumbre, no hay grandes apuestas a una pronta recuperación.

 

"Todas las guerras tuvieron efectos altamente expansivos sobre la economía norteamericana, salvo la Guerra del Golfo que fue recesiva. La única pregunta que hay que hacerse es a qué se parece más lo que estamos viviendo: ¿A la Segunda Guerra? ¿A Vietnam? ¿O a la Guerra del Golfo? No hay que ser un genio para adivinar lo que va a pasar", concluyó Vaitheeswaran.


Fuente: Diario La Nación, del 30 de marzo de 2003, Buenos Aires - Argentina.