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Asunto:NoticiasdelCeHu 225/03 - El Espacio Pesquero ¿Argentino?
Fecha:Lunes, 31 de Marzo, 2003  16:50:15 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

Maíz

NCeHu 225/03

 

EL ESPACIO PESQUERO ¿ARGENTINO?

 

José María Cóccaro

 Joël Le Bail

 

¿LO TENEMOS SIGNIFICADO?

 

Si a un ciudadano desprevenido de un lugar de la Argentina se le propone que confeccione una lista de las principales exportaciones de la Argentina, hoy, estamos casi seguro que, muy excepcionalmente, aparecerán enumeradas el  turismo y la pesca. Es más, si formulamos la misma pregunta en otros ámbitos: familiar, escolar, administración pública, ¿universidad?, ¿en qué grado de jerarquía ubicarían estas actividades?. Es que no son percibidas como actividades que forman parte del “curriculum” argentino como “espacios curriculares” esenciales y típicos de la Argentina. Estas actividades tienen un punto central en común: ritmos de estacionalidad . En un caso impuesto por la temporada turística, en el otro por el comportamiento de las especies con todo lo que ello implica como condicionamiento de los ritmos socio- económicos subordinados: disponibilidades variadas de ofertas, ritmos de empleo de mano de obra, inversiones de reacondicionamiento de infraestructura, concentración de ingresos, funcionamiento de servicios conexos. Quizás en el imaginario colectivo está presente una dimensión que vincula ambas actividades: la costa y el mar, aunque esta vía de acercamiento es más producto del interés turístico que de la concientización del mar como espacio productivo y producido(Figura 1). Así, en los hechos, un puerto de pesca artesanal puede integrar un eslabón de algún circuito turístico, especialmente en el contexto construido de la tendencia de valorizar lo típico, tradicional, lo autóctono que tiene mucho más de espectáculo que de conocer realmente la historia y la situación social de sus actores.

 

Cuesta realmente internalizar en el pensamiento colectivo el sentido de pertenencia al territorio. Es más, muchas de nuestras pautas de conducta, inducidas por el modelo construido, parecen manifestarse como producto de vivir en un país alquilado, donde el relacionamiento de pertenencia parece  darse en ese plano, con todo lo que ello implica, especialmente en los espacios urbanos que concentran la historia de la organización del espacio argentino.  Ni que hablar cuando se trata de internalizar en ese pensamiento colectivo la pertenencia del espacio marítimo como productor y producido. Es cierto que la realidad es y parece y nosotros somos y parecemos en función a cómo hemos aprendido a verla o a vernos. De allí la histórica no integración a la economía nacional, ni a la sociedad argentina del espacio marítimo en cuanto a su valorización significativa. Pero no debemos  dejar de señalar que ha existido una valorización del espacio marítimo como zona de circulación desde el poder multidimensional y multiescalar, que ha sido decisiva en el proceso de organización del espacio argentino entendido está como expresión de los diferentes momentos de la inserción argentina en el mundo en contextos con diferentes relaciones de fuerzas. Hoy el poder, con una nueva estructura o una estructura resignificada, hace en el mar sus buenos negocios, sin estar internalizada  esta realidad en la sociedad, salvo en los sectores afectados.

 

 

¿QUÉ NOS DICEN LOS NÚMEROS DE LA PESCA?

 

Los números parecen decir que hemos pasado de ser un país con pesca  a ser un país pesquero.

Con fluctuaciones, que obedecen a varias razones, las capturas declaradas por la flota nacional crecieron significativamente en los últimos 30 años, especialmente en esta última década(Ciocco, 1998). Las 200.000 toneladas/año de la segunda mitad de los años sesenta se sextuplicaron en 1997 alcanzando 1.340.000 toneladas desembarcadas de las cuales se exportaron 671.672,2 toneladas que representaron 1.014 millones de dólares. A nivel de capturas mundiales la Argentina pasó en 6 años del puesto 33 (1989: 475.529 toneladas) al 22 (1995: 1.148.761 tn) (Gráficos: 1 y 2).

 

En los últimos años se han “producido” mundialmente algo más de 100 millones de toneladas de productos acuáticos- marinos y de agua dulce- provenientes tanto de la pesca como de los cultivos. Pero hablar de este resultado como “producción” enmascara  una realidad que se reproduce y multiplica en diferentes escenarios del océano mundial: la pesca ha pasado, en el proceso de producción del espacio marítimo, de ser una actividad de recolección a ser una actividad de extracción “minera” potenciando, a través del perfeccionamiento y selectividad de las técnicas de extracción, la vocación paleolítica que le quiere desarrollar el poder con las consecuencias  que sufren unos y  se benefician otros.

Así sólo el 14% de lo “producido” es realmente producido mediante el cultivo de organismos marinos y de agua dulce que representa un volumen de 25 millones de toneladas. (Scelzo, 1997)

 

 

 ¿PERO QUE IMPLICA SER UN PAIS PESQUERO?

 

¿Cuál debe ser el papel económico, social y espacial de la pesca desde una perspectiva situada? El crecimiento de la producción pesquera puede generar divisas con la exportación; el consiguiente desarrollo de la flota requiere compras al sector industrial, a los astilleros y a las fábricas de artes de pesca, así como promueve la expansión del sector de la construcción portuaria; la transformación de la producción implica el desarrollo de la industria agro- alimentaria, del comercio, de las comunicaciones y de los servicios. El mejoramiento de la población marítima se traduce en consumo e inversión. Asimismo, el desarrollo de la pesca representa la creación de empleo y el mejoramiento de la alimentación.

 

La pesca produce un espacio que tiene una singularidad: su extraordinaria especificidad y originalidad que le confiere ser un espacio diferenciado producto de las peculiaridades que imprime el contacto de dominios diferentes, involucrando las franjas contiguas de tierra y agua  Creemos que debe ser visto como continente y contenido de una realidad relacional, definido por el espacio relacional como categoría de análisis, que nos permita la reproducción de la estructura que asegure su explicación.  Es resultado de un proceso histórico de producción y contribuye a producir, reproducir y transformar los modos de producción. No es un espacio neutro Se diferencian zonas de pesca (costera, de altura y oceánica) de acuerdo a la localización de las pesquerías, su distribución estacional, el alcance de la flota y la distancia a que se encuentran de los puertos de operaciones así como los tipos de embarcaciones y artes de pesca requeridas para las capturas. Se delimitan zonas jurídicas (mar territorial, zona económica exclusiva) que expresan el proceso de apropiación nacional de los bordes oceánicos y de sus recursos y diferentes delimitaciones. El tipo de pesca que se realiza en la zona más cercana es la pesca artesanal. La más distante es la pesca industrial. Este espacio de producción puede representar también un espacio de conflictos entre la pesca artesanal y la pesca industrial, la pesca nacional y la pesca extranjera.(Le Bail, 1996)

 

Además, los puertos son espacios de trabajo y de vida donde se pueden analizar los flujos de productos, bienes, servicios y  mano de obra. El puerto artesanal tiene un poder de organización más reducido que el puerto de pesca industrial, pero contribuye al desarrollo de la zona costera.

 

El espacio pesquero es una combinación de subespacios en su producción:

 

-     un sub - espacio pesquero generado por un pequeño puerto que se integra a un espacio regional.

-     un sub - espacio pesquero generado por un puerto de pesca industrial que se integra a un espacio regional, nacional e internacional.

 

La evolución de esta coexistencia puede plantear diferentes tipos de combinación: el crecimiento de un puerto de pesca industrial puede provocar la desaparición de la pesca artesanal o, al contrario, puede dinamizar, los pequeños puertos.

 

Este espacio  producido tiene una dinámica temporal que puede resultar de los cambios por la evolución y diferenciación de procesos que llamamos naturales (migraciones de peces, modificaciones climáticas- oceanográficas, por ejemplo) o por procesos de diferenciación y comportamiento socio- económicos(evolución de los precios nacionales e internacionales, del consumo,  impactos del esfuerzo de pesca o sobrepesca)

 

Esta aproximación o reflexión teórico- conceptual pretende mostrar las ventajas de esta actividad y sus limitantes y condicionantes supuestos que, enmarcados en el análisis del contexto de la realidad relacional argentina, revela que el impacto económico, social y espacial fluctúa según las estrategias desarrolladas. Desde esta perspectiva, el espacio pesquero “argentino” es parte del espacio producido, definido y construido desde el poder multidimensional y multiescalar: con agentes sociales decisivos que han actuado y actúan desde diferentes instancias: gubernamentales, privadas, transnacionales y  técnico - científicas.

 

EN PESCA. ¿EL HOY ES EL FUTURO DEL AYER?. Etapas

 

No se puede entender el manejo de los recursos y el uso del espacio en países como la Argentina separado del acontecer mundial, cuando muchos de sus rasgos específicos han obedecido a formas particulares en que la Argentina se ha integrado o insertado en el mundo a través del tiempo, con relaciones de fuerza diferentes y teniendo como resultado desarrollos regionales y beneficios diferentes. (Villar et al., 1996) “El análisis histórico de las variaciones que tuvieron que tuvieron lugar en el sistema internacional, en el comportamiento de los mecanismos internos de acondicionamiento y respuesta a las decisiones generadas desde afuera permitirá observar los cambios en las formas espaciales de los sistemas nacionales” y el comportamiento activo o marginal de sus diferentes unidades espaciales. (Rofman, Romero,1974:58).La actividad pesquera no ha sido la excepción.

 

En un intento de caracterización de la evolución del contexto y de sus variables, con la identificación  de sus respectivas causas, podemos reconocer etapas en el proceso de “producción” del espacio pesquero ¿argentino?  los últimos 30 años, secuencia en que las capturas declaradas crecieron significativamente La necesidad de empirizar efectivamente el espacio y el tiempo a través de una periodización permite definir o redefinir las cosas que se nos presentan como representándose a sí mismas. Porque las cosas, las personas y las relaciones son resultado de un proceso histórico. (Santos, 1996), perspectiva que no ha sido internalizada en las dimensiones de análisis y elaboración de estrategias de solución, no sólo en el tratamiento de la problemática planteada sino en otras que se multiplican porque forman parte de un modelo.

 

La pesca en la génesis de la deuda externa

 

Hasta principios de la década del 60 la pesca marítima se desarrollaba exclusivamente orientada al consumo interno y sostenida por especies  destinadas a satisfacer las exigencias de la industria conservera, de la salazón y el consumo en fresco, con el puerto Mar del Plata como centro de operaciones. El producto era capturado por la flota costera compuesta por unidades cuyo alcance oscilaba entre 8 y 100 millas y con una autonomía alternativa, según las características de la embarcación, entre 16 y 36 horas. Al incorporarse la flota de altura integrada por barcos convencionales (trawlers o arrastreros) y congeladores, permitió una mayor inserción en el mercado de oferta interna proporcionando materia prima para el consumo en fresco y para la industria del congelado. Con el correr de la década del 60 se advierte  cómo la pesca de altura supera a la costera,  situación relacionada con el cambio de destino de la producción hacia el  mercado exterior, y que se reafirma en la década del 70 al acordarse la constitución de empresas conjuntas- argentinas y extranjeras- orientadas a la producción de productos congelados.

El aumento de estas exportaciones no tradicionales y su colocación en el mercado, limitado hasta entonces para las posibilidades argentinas, obedeció a relaciones de fuerzas de un contexto global emergente en dos instancias: en el plano pesquero propiamente dicho y en el monetario- financiero.

En el plano de la actividad pesquera las capturas en el ámbito mundial habían aumentado desde el final de la segunda guerra mundial hasta los primeros años de la década del 70,  en los que se alcanzó casi 60 millones de toneladas, triplicando la extracción. En ese lapso se diferencian dos ritmos diferentes de aceleración: hasta 1958 con un crecimiento medio anual de  alrededor de 1,5 millones de toneladas y entre 1958 y 1970 de casi 3 millones de toneladas.

La rápida expansión en este período es producto de la convergencia de factores múltiples:

 

* el desarrollo de las técnicas que permitió, por un lado, la posibilidad de equipar a las unidades pesqueras con los elementos más eficaces para satisfacer las exigencias de su doble función de medio de transporte y medio de extracción y por el otro el mejoramiento de la infraestructura para la conservación del producto;

 

* la ampliación del mercado de subproductos que facilitó y estimuló el paso del pescado alimento al pescado industrial: con al producción de harina, aceite y alimentos balanceados con el boom espectacular de Perú entre 1956 y 1970.

 

* la conversión del océano mundial en escenario de pesca.

 

A partir de 1970 la expansión pesquera se desacelera, estabilizándose con avances y retrocesos, que responden a límites y dificultades en la explotación:

 

* aparecen varias “pesquerías” con síntomas de notable disminución de rendimiento por “sobrepesca” y agotamiento no sólo las tradicionales como las del Atlántico NO(arenque) y  Mar del Norte sino también las más recientes para la época, como la peruana, en la que cíclicamente aparecen también alternancias del Ñiño con el “upwelling”

 

* se manifiesta la “apropiación” nacional de los bordes oceánicos como reivindicación de los países ribereños que se multiplicó unilateralmente ante el vacío jurídico imperante y que llevó a la reducción de las capturas por parte de las potencias pesqueras en las aguas más productivas.

A partir de 1976 casi todos los estados ribereños aplicaron las 200 millas cómo límites pesqueros en encargándose de explotar las disponibilidades o concediendo licencias de pesca a terceros(Carré, 1988). Las Conferencias del Mar convocadas por Naciones Unidas en 1958 y 1960 constituyeron el marco para ir concensuando estas reivindicaciones que se expresarán en el Acta Final de la Convención de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar de 1972/82.

 

Estas condiciones fueron limitando las zonas de operabilidad de las grandes flotas pesqueras mundiales y reduciendo, consecuentemente, su oferta en el mercado exterior, ya disminuida, además, porque sus pesquerías tradicionales se hallaban en el límite de la sobrecaptura. Esto motivó el traslado del centro de gravedad de la actividad pesquera hacia las “fresquerías” subutilizadas y el consiguiente ingreso, en el mercado, de países como la Argentina.

 

Así, entre 1971 y 1979 el incremento de las capturas se vio estimulado por la demanda internacional de productos pesqueros argentinos, especialmente los congelados. El incremento anual acumulativo fue en ese período del 133 %, aunque, como se observa en el gráfico 1, sufrió una interrupción en el lapso 1974-1975 que refleja la retracción de la demanda internacional vinculada con la crisis del petróleo.

 

Las empresas realizaron elevadas e importantes inversiones para responder a la expansión del período que requería: incorporación de unidades pesqueras, reequipamiento de las plantas de elaboración y adecuación de la cadena de frío, tomando créditos a precio dólar y bajo costo. Y aquí converge el contexto de la actividad pesquera con el contexto monetario- financiero.

 

Desde fines del decenio de los sesenta se fueron produciendo transformaciones en el funcionamiento del régimen monetario y de la intermediación financiera internacionales. El régimen de Bretton Wood que se mantuvo agónicamente hasta los primeros años de la década del 70 fue reemplazado por otro en que la liquidez pasó a ser generada y distribuida a través de la banca internacional, operando desde mercados financieros, muy poco controlados por autoridades monetarias oficiales. Este mecanismo que generó la crisis de la deuda de los 80 de los distintos países, en especial de América Latina, adoptó una gran diversidad de formas en cuanto al modo de utilización de los estos recursos externos: para ampliar la capacidad productiva, aumentar el consumo, acumular reservas oficiales, financiar políticas de apertura financiera.

 

Así, “de crédito escaso, público, “atado” a proyectos o programas de inversión, con tasas de interés fijas, más inversiones externas de riesgo, se pasó rápidamente a crédito abundante, privado, prácticamente incondicional, de corto plazo (renovable), con tasas de interés variable”(Hopenhayn, 1989:88).

 

El destino que se le dio  a los recursos financieros así obtenidos, durante la segunda mitad de los años 70, incidió en el comportamiento y evolución posterior de las actividades económicas que acumularon deudas en esta época, entre ellas la pesca.

 

Las capturas muestran un drástico descenso a  inicios de la década del 80(Gráfico 1): Estados Unidos modifica su política monetaria interna produciendo una fuerte contracción de la liquidez y un aumento del costo del dinero internacional, los bancos dejan de prestar; reaparece el crédito de fuentes oficiales con montos inferiores a los intereses “a pagar” por las deudas contraídas por los países con la banca privada internacional siempre que sean destinados al pago de intereses y para aplicar políticas de ajuste. La actividad pesquera atraviesa por una situación crítica signada por una política cambiaría, que afectó negativamente a una industria que dependía en gran medida de las exportaciones (la paridad dólar- peso se incrementó en breve lapso en un 28 por ciento); por el alto costo del crédito bancario  que afectó negativamente a las empresas que habían realizado inversiones; por el elevado costo de los insumos y de la mano de obra- encarecida por la fuerte demanda operada entre 1976 y 1979 y por la inextensibilidad del mercado de consumo interno para absorber los excedentes. (Cóccaro, 1983).

 

A inicios de la década del 80 la situación estaba caracterizada por la presencia de una flota pesquera, con edad promedio de 16 años, superando apenas el límite de eficiencia del servicio, por el consiguiente elevación de los costos operativos; con especies cercanas a los niveles de máxima captura posible como la merluza común, el calamar, langostino, pescadilla y corvina que anticipaban el rumbo del hoy; por la expansión de la pesquería de Uruguay desde la firma del tratado del Río de La Plata y su frente marítimo en 1974 como la consecuente competencia en los mismos mercados a precios subsidiados y la presión sobre la merluza que, en 1987, sumó 416.000 toneladas sobre una captura máxima sostenible estimada en 353.000 toneladas en la Zona Común. La situación que ya planteaba la necesidad de reducir el esfuerzo pesquero para preservar fundamentalmente a los juveniles (Bertolotti, 1985 y Lerena,1989). Hoy este stock de merluza del norte (argentino - uruguayo) tiene establecido una captura máxima permisible de 3.900 toneladas anuales y con 35.000 tn/año alcanzaría alto riesgo de colapso.

 

En este contexto las consecuencias de la guerra de Malvinas incorporan una dimensión de análisis conflictiva al cuadro del espacio pesquero, con la presencia de grandes flotas en la zona de exclusión impuesta unilateralmente por el gobierno de las islas, ejerciendo presión sobre las disponibilidades y que, a su vez incursionaban sobre la ZEE Argentina, compitiendo en nuestros mercados compradores tradicionales.

 

Malvinas y la etapa de los acuerdos pesqueros

 

A la disputa por las islas se la interpreta como un simple hecho bélico, más que como una enajenación histórica de recursos(Olivier, 1990). Pero la presencia de buques extranjeros  pescando en la ZEE a través de permisos de pesca ya estaba enmarcada legalmente desde 1966 en artículos de las leyes 17.094/66; 17.5000/67; 20.136/73; en decretos y disposiciones de 1970/72/73; en el Tratado del Río de la Plata y en las leyes 20.489 y 21.514, el decreto 4.915/73 y la resolución 204/87 y las leyes 23.493/86 y 23.494/86.

 

Cuando se inicia la actividad de buques extranjeros en 1966/67, especialmente soviéticos, el esfuerzo de pesca se centro en especie demersales costeras con destino principalmente a la industria de reducción(harinas y aceites) sometiendo a la castañeta a una fuerte sobreexplotación. Esta fue una de las primeras especies que sufrió el efecto cascada de los ciclos de sobrecaptura en el mar argentino; luego le seguirían, la merluza, el langostino, el calamar y la merluza negra en distintos momentos y contextos.

 

Pero la presencia de buques extranjeros en las pesquerías argentinas, ejerciendo presión sobre diferentes “recursos” se institucionaliza en 1986 a través de los Acuerdos Marco firmados con la Unión Soviética y Bulgaria. Los argumentos manejados por la Cancillería Argentina se sostenían en el contexto de la situación generada por la guerra de Malvinas y el establecimiento de la Zona de Exclusión por el gobierno inglés; en el reconocimiento por parte de terceros de la reafirmación de la soberanía en el área adyacente a las islas; en la promoción y reactivación de la actividad pesquera y en el incremento de las fuentes de trabajo (Lerena, 1989).

 

El esfuerzo de las capturas de las flotas rusa y búlgara se concentró en especie demersales, especialmente la polaca con una fuerte presión sobre la misma, sin aportar un impacto significativo de ocupación de mano de obra argentina, en particular, debido a una reducida participación en el personal embarcado y a la inexistencia de generación de procesamiento en tierra de la materia prima capturada. Cabe mencionar solamente algunos acuerdos puntuales que pudieron beneficiar a un reducido número de empresas argentinas, asociadas a las que estaban obligadas a comprar un 30% de sus necesidades de materias primas. Por licencias otorgadas la Argentina obtenía un canon del 3% de la producción.

 

Los acuerdos marco con la ex Unión Soviética y Bulgaria señalan el ingreso, institucionalizado en materia pesquera, de la Argentina en el contexto construido de la globalización desde el poder multidimensional y multiescalar.

 

Este ingreso se expresa también en un cambio en la configuración del espacio pesquero argentino que ya se había comenzado a delinear a fines de la década del 70 al acordarse la constitución de empresas conjuntas- argentinas y extranjeras- orientadas a la producción de productos congelados. Los establecimientos tienden a instalarse en la zona patagónica al amparo de un marco de disposiciones y franquicias otorgadas por leyes y decretos (decreto 2529/77, ley 21.608 de promoción industrial; ley 21.382 de inversiones extranjeras,  que permitía la formación de sociedades mixtas de poner en operación su flotas de largo alcance; ley 21.514 de concurso internacional para adjudicar la explotación de recursos pesqueros al sur del paralelo 40 S, reembolsos créditos y avales del banco Nacional de desarrollo para inversión y refinanciación de pasivos y créditos del banco de la Nación Argentina para evolución. (Bertolotti,1985)

 

En este proceso de producción del espacio se producen cambios, durante la década del 80, en la configuración del espacio pesquero emergiendo los puertos patagónicos (en especial Deseado, Pto. Madryn y Ushuaia) como polos de estructuración en cuanto a zonas de alcance de las capturas, centralización de las plantas de fileteado y congelado y puertos de expedición de rubros de exportación. Los mayores exportadores se radican en el sur y son empresas vinculadas con los grandes grupos económicos y asociadas (joint-ventures mediante) a firmas extranacionales. Hoy sobreviven de esta etapa Alpesca y Harengus, entre otras. Mar del Plata, a su vez, asume el papel de concentrar las áreas de captura tradicional y el sector industrial de conservas y salado y procesamiento y fileteado para el mercado interno.

 

LA HISTORIA RECIENTE

 

La historia reciente tiene un disparador en los Acuerdos con la Comunidad Económica Europea.

 En marzo de 1993 estaban conformadas y en actividad trece empresas mixtas de capitales españoles y argentinos que habían exportado en 1992 por valor 162 millones de dólares equivalentes a una participación del 28,9 % del total de las exportaciones pesqueras argentinas. Estas empresas eran propietarias de 55 buques factorías de los 160 que contaba la flota argentina y constituían un contexto favorable para la firma de un convenio que “beneficiaría” al estado argentino con un préstamo no retornable de 32 millones de dólares destinados a desarrollar el programa de investigación científica. Este acuerdo con la Comunidad Europea firmado el 30 de noviembre de 1992 en Buenos Aires otorga anualmente 250.000 toneladas por cinco años(1993-1997). De ese total una tercera parte podrá capturarse con buques que enarbolan bandera comunitaria, en el marco de las asociaciones temporales, estableciéndose cupos totales anuales de las distintas especies, que pueden modificarse de un año para el otro. (Espoz Espoz, 1994)

 

¿Qué vendría como (contrapartida) a los 32 millones de dólares? Buques inactivos que pasarían a las empresas conjuntas como inversión de capital buscando como contrapartida acceder a los recursos pesqueros argentinos incrementando sus capturas. Existía un gran lucro cesante de buques financiados por bancos alemanes y españoles. Había que ponerlos a trabajar. Se habían agotado los caladeros africanos y se trasladaron a estas aguas, utilizando unidades extractivas con parámetros no comparables para transferir esfuerzos. Una de las causas determinante en la producción de la situación de sobrepesca hoy, ha sido, desde el punto de vista biológico pesquero, la configuración de las flotas que se usaron. Se utilizaron flotas de mucho poder de pesca para trabajar sobre recursos que no estaban en condiciones de soportar semejante esfuerzo. Si hasta se llegó a afirmar desde la Secretaría de Agricultura Ganadería y Pesca: ”no haber estudiado mejor la potencia de los buques que vieron y los permisos otorgados” (Clarín, 1997) al referirse en su momento a los efectos de sobrepesca por la situación creada en el marco de los acuerdos con la Comunidad Económica Europea. ¡Inconcebible! El convenio aceleró la sobrepesca de casi todos los stocks; especialmente de la merluza hubbsi. En 1998 se ha denunciado el Acuerdo y están suspendidos en etapa de re- negociación.

 

En este marco: ¿Qué lectura podemos hacer de esta situación? Es la decisión de política económica de poner a un sector de la economía al servicio de la deuda externa y del déficit fiscal por ser una actividad de rápida respuesta. Fiel a los principios de una economía paleolítica de recolección: tirar y sacar, permitió superar los 1.000 millones de dólares en valor de exportaciones y llegar a convertir a la actividad de recolección en actividad minera con las consecuencias que “sufren” unos y se benefician otros. El modelo enfrenta la pesca artesanal con la pesca industrial: un enfrentamiento que reproduce en diferentes escenarios construidos por que es necesario unificar el mundo para satisfacer las necesidades de una nueva manera de “producir”(vaya término paradojal si se trata de hablar de la actividad pesquera en estas condiciones!). Y todo esto es legalizado e institucionalizado en el marco de acuerdo con  terceros.

 

¿Qué hacer? Por  un lado el S.O.S merluza enarbolado por algunas organizaciones ecologistas. Por el otro el S.O.S. pescadores artesanales sostenido por el sector afectado y algunos “relictos” de la comunidad social. Ambos gritos de socorro  quedan contenidos en el todavía confuso pero concensuado, en términos genéricos, concepto de desarrollo sostenible, sobre el que mucho habrá que caminar para resignificarlo frente a su construcción conceptual desde el poder para legitimar esta nueva manera de “producir”. En este concepto, de fuerte matiz “naturalista” por su origen, se acentúa el énfasis de la visión intergeneracional: supeditar el modo de uso de los recursos hoy, pensando en las generaciones futuras. Preocupa el mañana (y esa preocupación es legítima). Pero: el aquí y el ahora? Es urgente contemplar no sólo la calidad de vida de las generaciones futuras sino los intereses sociales, los asuntos económicos y la equidad intrageneracional (aquí y hoy), incluso como camino ineludible para asegurar aquellas. Qué ocurriría, sin perder la visión intergeneracional, si ponemos el acento en el pasado, en lugar de proyectarnos hacia un futuro indeterminado, integrado por agentes y posibilidades indefinidos e imprecisos?: nos encontraríamos con hechos concretos y actores sociales responsables. Les proponemos pensar que el hoy es el mañana del ayer, en la actual crisis pesquera:

 

1.          El INIDEP (Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero) con sede en Mar del Plata dio la voz de alerta en 1996: no más de 340.000 toneladas de merluza común por año. Las capturas reconocidas oficialmente (sin los descartes) alcanzaron en promedio, en los dos últimos años, las 600.000 toneladas(Gráfico 3).

 

2.          La relación tipo de flota, volumen de captura y tiempo en el área de pesca- tres variables que generalmente no se asocian en el análisis- es abismal entre los buques de la pesca industrial y los barcos pesqueros. Los días de pesca efectiva de un buque congelador está en el orden de los 300; mientras que un buque artesanal, al agregarle los ida y vuelta al caladero y días de reparación que tiene en tierra está solamente 200 días sobre la pesquería. Nos referimos a los buques congeladores de más de 10 años de antigüedad que, como lucro cesante de empresas de la Comunidad, entraron a trabajar en la zona de pesca con gran poder de captura al liberarse su importación por decreto del poder Ejecutivo Nacional.

 

3.          Estudios serios realizados sobre el impacto de la flota costera de Rawson en la pesquería de merluza común  indican que es apenas del 1%.

 

4.          La pesca artesanal genera actividades y servicios vinculados directa e indirectamente al sector produciendo esta crisis un verdadero impacto social

 

Ubicados en esta visión retrospectiva y teniendo en cuenta esta situación coyuntural donde las personas, las cosas y las relaciones son productos históricos: no se debería aplicar una justicia distributiva en cuanto a la responsabilidad de asumir los costos de la crisis?; qué garantías existen y quienes asumen esas garantías para asegurar que el costo social a pagar hoy por el sector de pesca artesanal, como consecuencia de la veda de la merluza, asegure a ese “precio” trabajo en el futuro y que no otros”, los de siempre, sean los beneficiados? El hoy, que fue el futuro inmediato del ayer, nos hace desconfiar.(Cóccaro,1999)

 

La movilización de los trabajadores directa o indirectamente afectados por la posible paralización de la actividad, los consecuentes  reclamos del sector y la solidaridad de otros sectores y de la población, la movilización de  los pesqueros marplatenses a La Plata en los primeros días de junio provocaron la sanción de la Ley de Emergencia Pesquera y un decreto del Poder Ejecutivo. La Ley suspende la asignación de cuotas de captura  y envía al sur del paralelo 48 S la flota de congeladores y factorías argentinos o fuera del área patrimonial, con permiso de pesca vigente y antecedentes de ejercicio en actividad con plantas de procesamiento en tierra con anterioridad al 31 de diciembre de 1996. El decreto levanta la veda impuesta a partir del 1ro de junio para los buques “fresqueros” pero la mantiene para los buques congeladores extranjeros que operan en alta mar y establece que las cuotas las asigne, de acuerdo a la Nueva Ley de Pesca 24.922/98, el Consejo federal Pesquero. Como existe una gran presión de intereses en la Reglamentación de la ley, sobre todo, en cuanto a la asignación de cuotas, la situación está ahora en una encrucijada normativa, entre el Congreso, el Consejo Federal Pesquero y el Poder Ejecutivo.

 

 

RAWSON: UN “ZOOM”DE LA CRISIS

 

Hoy el futuro de Rawson juega entre la merluza, la veda, las incertidumbres de la nueva Ley de Pesca, las relaciones entre Provincia y Nación, pero el presente es un producto histórico. Rawson tiene una historia muy particular. Se desarrolla como puerto pesquero con la  llegada de pioneros italianos de la flota amarilla marplatense. A diferencia de Mar del Plata y Madryn, que tienen un amplio escenario de pesca, Rawson, al igual que San Antonio Oeste tiene una pesca local y regional. Su flota costera que se compone de 25 unidades trabajan en el área de la isla Escondida, al sur del puerto, que constituye hoy el centro más caliente de la pesca en la Argentina, dado que es la principal zona de desove y reproducción de la merluza hubbsi (Figura 2). Históricamente es una actividad de zafra. Cuando no había problema con el recurso, la flota artesanal, con artes y modalidades tradicionales, trabajaba estacionalmente sobre la merluza en ese sector con muy buenos rendimientos: 12.000 tn/15.000 tn/año sobre un promedio en los dos últimos años de 600.000 toneladas. Esta zona se veda de octubre a enero. La Nación autorizaba a la  Provincia con la condición que la Provincia designara un número de barcos de la flota amarilla para entrar a pescar en época de plena veda de la merluza. Pero hoy la merluza está en sobrepesca y Rawson paga un precio no proporcional a la presión que sobre el recurso merluza ha realizado la flota internacional.

 

Si hay un lugar donde se puede observar la movilización y dinámica que una actividad económica provoca, este es Rawson. La pesca tiene un impacto económico y social muy grande. Genera mano de obra directa e indirecta y en los servicios conexos; transporte, combustible, insumos, talleres, construcción. Rawson era un pueblo de militares: el penal y la gendarmería. Con la pesca empieza a crecer económicamente. Cinco plantas trabajaban todo el año a comienzos de la década del 90. Una de ellas Mellino S.A. trabajando en el 90% de su capacidad absorbía 300 empleados, que expresaba una vinculación indirecta de 1.200 personas, sobre un total de 22.000 habitantes de la capital de Chubut. Hoy trabajan sólo dos, claro que la coyuntura del recurso no debe dejar de ver los problemas económicos, financieros y de mercado que el contexto de la globalización ha generado.

 

Si bien Rawson es un lugar, en todo lugar se expresa lo global. De la lista de posibilidades de lo global el lugar, por su contenido, selecciona algunas de esas posibilidades y las expresa. El modelo construido como estrategia política y amparada en una concepción neoliberal apunta, para legitimarse, en fracturar el tejido social –dado que la solidaridad es un mecanismo para fisurar un sistema injusto- y crear un “clima” de conflicto interno, típico en esta etapa de globalización, que se expresa entre diferentes sectores. Así en la actividad pesquera aparecen los antagonismos cualquiera sea el lugar de referencia: Rawson, por ejemplo. Un sector congelador que defiende una modalidad de extracción, un sistema de concesión de permisos y que tiene bases en puertos de Patagonia y otro sector que ha crecido dando otro tratamiento al recurso, convivía cuando la abundancia de la merluza era una realidad. La actual situación del recurso hace emerger las diferencias que siempre han existido en el sector y que son producto de la reproducción del modelo que las ha potenciado. Unos contra otros: las divisiones y los lobys políticos; la proliferación de Cámaras y Federaciones que responden a uno u otro sector. Antagonismo entre los artesanales y los congeladores y factorías argentinos. El árbol intencionalmente “plantado” para que no deje ver el bosque. Esta situación se reproduce en otros “lugares”, quizás más ruidosamente, como es el caso de Mar del Plata

 

¿EL HOY QUE SE REPITE  Y SE REPETIRA?

 

En el discurrir de la historia reciente de la pesca comercial marítima en la Argentina todas las etapas tienen en denominador común: los efectos de la mundialización y el impacto en cascada sobre la presión de los recursos.

 

En la década del 60, previa a la etapa de la expansión pesquera en la génesis de la deuda externa, la presión sobre la castañeta, que ejerció la flota soviética para la industria harinera, puso en evidencia el peligro de someter especies demersales costeras a un esfuerzo que supera la capacidad de renovación del recurso.

 

La crisis pesquera desatada, al final de la etapa de generación de la deuda externa, fue atenuada en parte (1982) por la aparición” del langostino, especie de gran fluctuación anual que a partir de 1981 permitió capturas diez a quince veces superiores al promedio histórico. El 54% del valor en dólares de las exportaciones de 1984 correspondió a los productos de langostino (Bertolotti et al: 1985). Luego “desapareció” de los lugares que habitaba. Ahora ha reaparecido con capturas no superiores a las 25.000 tn/año. Su extracción está asociada necesariamente a la experiencia europea, fundamentalmente española. España es el socio principal de la CEE y de hecho el que incorporó más buques a la flota en el marco del Acuerdo y tiene una larga tradición en Patagonia. Es el país que más empresas mixtas ha integrado. Tiene una fuerte presencia en el golfo de San Jorge, donde se sitúa el núcleo de la pesca del langostino, con fuerte incidencia sobre las administraciones provinciales. Empresas como Argomasa y Argenova (Pescanova) han aportado buques “tangoneros”, relativamente pequeños, congeladores, no superiores a 30 metros de eslora, especialistas en mariscos con redes muy apropiadas para trabajar en zonas costeras complejas. El esfuerzo sobre el recurso es grande.

 

En términos de cantidad es importante la presión que se ejerce sobre otros recursos alternativos como la polaca y la merluza de cola con capturas por especie de alrededor de 100.000 tn/año. Esta pesca la realizan buques factoría con base en Ushuaia, principalmente japoneses, con gran capacidad de captura. Se dedican especialmente a la elaboración de surimi, una pasta base con la que se obtienen diferentes subproductos.

 

Otra especie donde el impacto fue grande es la merluza negra. Hoy no está. Hay que buscarla muy lejos en aguas subantárticas, próximas a las islas Georgias. Para su pesca se incorporan nuevas tecnologías: el palangre. Un barco puede calar 10.000/20.000 anzuelos.

 

En el caso de estas especies, el impacto del esfuerzo de pesca es mayor dada su longevidad y lenta velocidad de renovación del stock: los adultos viven más de 20 años.

 

El esfuerzo sobre el calamar tiene peculiaridades. Ha sido manejado geopolíticamente a los efectos de sentar en la mesa de negociaciones al gobierno inglés con relación a Malvinas y las aguas adyacentes. El calamar  tiene un ciclo migratorio: desova en el sur, en aguas subantárticas y la corriente de Malvinas lo transporta hacia el norte, fuera de la zona de exclusión, retornando por corrientes exteriores hacia la región. Una flota “argentina” pesca el calamar antes que regrese a la zona de exclusión. “Argentina”, es un decir dado que el grueso de las capturas se realiza a través de buques poteros “charteados” con bandera extranjera que se incorporaron por decreto presidencial de 1992, generalmente de procedencia asiáticos (chinos, taiwaneses, coreanos). Ha dejado dinero por licencias pero, si descontamos lo que el Estado ha tenido que pagar por reembolsos, el balance queda ahí. El análisis de la situación permite observar que se ejerce sobre el recurso una presión que intenta traducirse en términos políticos y al mismo tiempo se intenta poner en valor  un recurso que se está capturando a un promedio de 100.000 tn/año.

 

La castañeta, el langostino, la merluza, el calamar, la merluza negra son los nombres y apellidos de los ciclos de sobrecaptura que han sostenido, en diferentes momentos y contextos, el crecimiento y expansión de la actividad en los últimos treinta años.

 

Se hace imposible de comprender si no construimos el marco de análisis que nos permita “descubrir”  la realidad que oculta la apariencia.

 

 

REFLEXIONES FINALES

 

La coyuntura pesquera argentina no es más que una expresión de la realidad relacional cuya lectura y comprensión debe emerger del desafío no renunciar a construir los marcos de análisis que nos permitan organizar la información, conocer esa realidad relacional y producir un discurso político  positivo que articule lo geográfico, en sentido estratégico, a los fines de su aplicabilidad.

 

  

 


Grafico 1. Evolución de las capturas en volumen desde1972-1982 y 1988-1997.

 



Grafico 2. Evolución de las exportaciones en valor desde 1987-1997.


 

Grafico 3. Evolución de las capturas en volumen de la merluza y el calamar.



Figura l.

 

 

Figura 2.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

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Agradecemos profundamente toda la información y colaboración aportada por Lic. Raúl González, Lic. Eduardo Zampatti, y Dr. Marcela Pascual del Instituto de Biología Marina y Pesquera “Almirante Storni”; Lic. Nestor Ciocco del Centro Nacional Patagónico; Lic. Fernando David, gerente de planta de Mellino Sa. Rawson, Chubut. Prof. María Inés Robiani Facultad de Humanidades y Ciencias de la educación de la Universidad Nacional de la Plata; Dr. Nicolas Bernard de la Universidad de Bretagna Occidental; Lic. Marilú Re del Centro Nacional Patagónico y Prof. Mirta Vallejos.