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Asunto:NoticiasdelCeHu 368/10 - El capitalismo como geografía
Fecha:Martes, 28 de Septiembre, 2010  01:59:47 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 368/10
 

El capitalismo como geografía

 

 

por Gerardo Mario de Jong

 

No es relevante hacer este tipo análisis, el del capitalismo como geografía o el de la geografía del capitalismo, si perduran en los geógrafos las viajas tendencias a la descripción de la sociedad y la naturaleza en sus contextos territoriales, como aquellos a que fue reducida la geografía del capitalismo, particularmente luego de la revolución industrial. No tiene sentido aceptar como válidas ciertas medidas acerca de la participación de ciertas economías regionales en el todo nacional y, más aún, de la participación de ciertos países en la economía mundial si eso no se puede explicar en el seno de las transformaciones a que está sujeto el modo de producción capitalista, el sistema capitalista. Tampoco es posible analizar los procesos de degradación de ciertos recursos naturales o la sobre utilización de otros, si no se plantea el problema desde el tipo de dinámica social que los agrede, con una indagación profunda en las relaciones sociales que se encuentran actuando en un momento determinado o de las relaciones de poder emergentes. Asimismo, no es posible explicar parcialmente las relaciones concretas, propias del sistema, para explicar la relación dialéctica entre la sociedad y la naturaleza, sin entender qué es lo que se encuentra en juego en cuanto a la alteración del medio natural. Me pregunto: ¿Qué sentido tiene decir que debido a la acción de decisiones sociales equivocadas el Partido de Patagones esta cubierto por un manto eólico y sus correspondiente médanos, si un geógrafo no puede decir algo más que el origen del proceso? Quizás, antes de hablar del capitalismo como geografía, enunciado que trasunta un cierto aroma a descripción, sería importante indagar sobre qué tipo de conocimiento y sobre qué tipo de bases teórico metodologías es posible producir conocimiento comprensivo en geografía. Más aún, la dicotomía enunciada en la primera oración del presente párrafo perdería sentido, ya que la comprensión de la geografía del capitalismo (análisis de las relaciones sociales que actúan en la conformación de un territorio, su historia, su sociedad, sus modificaciones del medio natural) sería la base de la comprensión del capitalismo como geografía (la descripción del mundo desde el S. XVI hasta el presente) para aportar lo necesario al estudio y comprensión de los cambios que están acaeciendo actualmente.

El párrafo anterior mostrar que es necesario evitar decir cosas tan simples como que en la etapa de la expansión en ciertas áreas del mundo del capitalismo mercantil y, luego, que el dominio de bastas regiones terrestres que vino de la mano de la diferenciación industrial de capital, todo ello con centro el Atlántico norte, incluida la organización territorial tipo factoría de los territorios dominados (esto le encanta a los geógrafos). También sería bueno superar, en esta etapa del capitalismo tardío, la mera enunciación de que el área del centro capitalista se ha trasladado al Pacífico ante la mala planificación estratégica y de la administración de EEUU, explicación muy lineal y poco meritoria para aquellos que se ocupan de la producción de conocimiento en la geografía y en las demás ciencias sociales. Indudablemente, es necesario relacionar este cambio geográfico con las transformaciones acaecidas recientemente en el modo de producción capitalista, hábilmente aprovechada por varios países, en particular China. A la vez, la supuesta salida de la crisis de sobreproducción, en el marco de un sobre consumo, de Europa y EEUU, llevó a esos países a inventar ciertas prácticas, que podríamos llamar “usureras”, para lograr inventar un excedente que no existía, con artilugios que apuntan y apuntaban a potenciar el papel moneda sin el debido respaldo y con la apelación a la fuerza militar bruta imperial y/o decisiones corruptas por parte de gobiernos locales para imponer y organizar los mercados; o bien, para obtener determinados recursos naturales (petróleo, mineros, agua dulce, etc.).

En el campo de la producción de conocimiento científico la búsqueda de linealidades o las causas y sus efectos está tan impuesta a nivel ideológico que muchos científicos (sobre todo cuando emiten su discurso sin el tiempo necesario para reflexionar que brinda la escritura), se expresa en explicaciones sin sustento suficiente, absolutamente rechazables por parte de quienes hemos tenido una formación dialéctica: Me refiero a aquella destinada, siempre, a entender la parte dentro del todo, a través de los diversos códigos de diálogo en que se manifiestan las contradicciones del todo social. Todo que incluye a la naturaleza en tanto es modificada por la sociedad (vale aclararlo porque no son pocos los que tiene dificultades pare entender este axioma tan simple).

 

El tono divulgación se agota: veamos los procesos de transformación recientes

Sería un signo de fatuidad lo que he expresado hasta aquí si no me refiero a hechos y relaciones entre ellos de carácter concreto, aunque siempre manteniéndome dentro de la escala sistema social – cambios regionales en el mundo – naturaleza. De cualquier manera, esto puede ser bajado a cualquier caso de estudio particular.

En cualquier parte del mundo, la realidad regional es una expresión histórica en la que sus rasgos físicos y las modificaciones construidas a través de la historia por una determinada cultura son definidos, justamente, por ese proceso histórico.[1] Es importante tener en cuenta que el análisis fragmentado de las relaciones sociales sólo contribuye a la enajenación de la posibilidad de entender, y por lo tanto transformar, a la sociedad y su espacio, aquel que pertenece a la cotidianeidad de los integrantes de la sociedad. En esto es notoriamente destacable el hecho de que no es posible confundir las relaciones del corto o mediano plazo con la construcción histórica en el largo plazo. Por lo tanto, lo que importa a los efectos de la planificación de los intentos orientados a transformaciones sociales determinadas, ó, como mínimo, la comprensión de los acontecimientos contemporáneos, es que ese conjunto de relaciones y las fuerzas sociales que actúan en un momento determinado sean analizadas exhaustivamente a los efectos de obtener cierto éxito. El cuentito descriptivo de los fenómenos descriptivos solo aporta la nada. Es necesario, en consecuencia, verificar los procesos que acompañan a cambios producidos recientemente en el comportamiento regional a escala mundial.

Aquí se expresarán un conjunto de fenómenos ineludibles a los efectos de la explicación de los hechos acaecidos. Solo se pretende que esto que aquí se aporta oriente sucesivas investigaciones.

Los cambios producidos en los procesos productivos no se darían si no se hubiesen dado, a la vez, cambios en las relaciones sociales de producción. Desde que surgió el capital industrial, diferenciado del capital mercantil, la innovación tecnológica tuvo un papel significativo en la posibilidad de apropiación de los excedentes generados. En los primeros tiempos de la revolución industrial la innovación estuvo relacionada a cambios progresivos que las empresas, mayormente de carácter familiar, iban introduciendo progresivamente en sus productos. Era la empresa conducida por el jefe de la familia[2], que en sus principios había pasado de ser un taller de artesanos a un ámbito donde los productos se reproducían sistemáticamente, con empleados en vez de aprendices. Los bienes fabricados se mejoraban en calidad funciones y procesos a medida que se reproducían y, tal como ahora en este tipo de empresas, el perfeccionamiento se daba mediante cambios progresivos y excepcionalmente espectaculares. Normalmente, implicaban pequeñas transformaciones que se daban hacia el interior de la planta. A los cambios introducidos en la etapa de la empresa que había sido gerencia da por el abuelo, se sucedían los que se incorporaban en las conducciones de su hijo y de su nieto. Fue la proyección, en la industria naciente, de aquella capacidad original del hombre, aquella que lo distingue de los animales, la de prefigurar un objeto o herramienta en la mente y luego fabricarlo. Tal vez, era el único cambio innovador de relevancia producido en una generación.

Las excepcionales innovaciones relacionadas a la física y la química aplicadas que dieron lugar a las transformaciones tecnológicas en materia de máquinas industriales, así como a la revolución en el transporte y la industria por el uso del vapor, primeramente y, luego, al motor de combustión interna, sin excluir las innovaciones en materia de comunicaciones y uso de la energía, provinieron, en general, de centros de investigación o investigadores cuya iniciativa individual era el fruto la formación adquirida en las universidades. En ese contexto, un nuevo producto basado en los mencionados avances tecnológicos, daba lugar a una profunda transformación de una planta existente o a una nueva planta industrial, hecho que inducía a transformaciones que fueron introduciendo formas diferenciadas en que operaba el capital. Poco tenía que ver la planta manufacturera o industrial, de los orígenes de la revolución industrial, con la línea de montaje y las dimensiones del capital de los procesos fordistas. No obstante hasta ese momento se podía hablar de capital industrial indiferenciado; pero el camino de la diferenciación estaba en marcha.

Así, en la mencionada etapa fordista, se vio que la línea de montaje hacía más eficiente el proceso industrial mediante un uso eficiente de la fuerza de trabajo y el perfeccionamiento a ultranza de la división técnica del trabajo. En ese contexto, una innovación que daba lugar a una nueva planta industrial permitía un retorno más rápido de la inversión en la medida en que la reproducción del bien fabricado se lograba a través de un mayor número de unidades en un tiempo más corto. El esfuerzo estaba puesto en una mayor inversión inicial, que lograba un retorno más rápido porque permitía una reproducción más eficiente del bien fabricado con un aumento notable de la productividad de la fuerza de trabajo. Había, no obstante, un inconveniente: el proceso de montaje de la planta era largo e introducía cierta inercia en el procedimiento, ya que la modificación de la planta requería inversiones importantes y un proceso de adecuación de la calificación de la fuerza de trabajo a una nueva estructura rígida. Pero la innovación seguía siendo una forma de acceder a tasas de ganancia extraordinarias, ya que, como antes, la empresa que fabricaba un nuevo producto lo hacía más eficiente y mejor adaptado a las condiciones de uso, por lo que podía obtener mejores precios y tasas de ganancia más altas. Paralelamente, y progresivamente, la presentación de los productos y la divulgación de sus ventajas iban ocupando un lugar cada vez mayor en la obtención de mejores precios. Esto, hasta que ya en la etapa pos-fordista se ha logrado hacer consumibles bienes que sólo responden a necesidades ficticias de uso. Ya en el presente, la planificación de las plantas de las multinacionales que tienen capacidad de financiar la innovación, la planificación de las mismas se ha ocupado tanto de los procesos más eficientes de producir (con incluso independencia del lugar en que se lo hace) como de generar la necesidad del consumo de lo producido y de todos los componentes superestructurales e informacionales involucrados.

La innovación tecnológica, que ahora abarca todo ese conjunto, se transformó así en la forma más eficiente de obtención de tasas de ganancia extraordinarias, por lo que de la velocidad de la innovación depende el logro de tasas altas constantes, habida cuenta de que el período de vigencia de la innovación es siempre corto. Dura mientras el producto de la innovación no es superado por otro de la competencia o hasta que las bondades del mismo pierden vigencia, tal el caso de bienes impuestos en base a la divulgación de ventajas ficticias acerca de su consumo.

Hasta aquí se habla de bienes porque es más fácil dirigir la información si subyace la imagen de un bien de consumo directo. Pero las innovaciones, según se ha expresado, pueden tener lugar en materia de procesos, de mecanismos de divulgación y propaganda (comunicación), de conocimiento de las decisiones de la competencia, de espionaje de innovaciones, procedimientos y superestructuras administrativas, o del conocimiento avanzado de la forma en que opera el mercado financiero, o de presión sobre las superestructuras gubernamentales, etc.

Todas las innovaciones mencionadas tienen lugar en el ámbito del gran capital tecnológico monopólico, especialmente en las grandes corporaciones internacionales, las que acompañan un poder político y económico que supera el poder de los Estados nacionales (en ese marco se inscriben los presuntos recientes acuerdos entre EEUU y China para la reforma y control del sistema financiero internacional y para lograr una cierta estabilidad que se dará con la consolidación del rol del sometimiento del primero como consumidor), a los que condicionan hasta el punto de colocar sus representantes en cargos de niveles medios y altos mediante un juego que se llama democracia. Son las empresas que desarrollan innovaciones permanentemente, sean estas el fruto de sus propias investigaciones o de la compra a precio vil de pequeñas empresas intelecto intensivas, con fuertes limitaciones en materia de disponibilidad de capital como para llevar adelante las innovaciones que producen. Tampoco pueden vender sus avances tecnológicos sino al precio que fijan las empresas con capacidad de implementar esas innovaciones. Esas grandes empresas de capital tecnológicamente potenciado disponen tanto del capital, como de la capacidad de endeudamiento, de la capacidad de gerenciamiento y del equipamiento, necesarios para implementar todos los tipos de innovaciones que hacen posible la obtención de ganancias extraordinarias. La constante innovación en todos los frentes posibles asegura esas altas tasas basadas en productos que registran precios relativos cada vez más altos y mercados cada vez más reducidos pero que se muestran ávidos por la posibilidad de consumir los nuevos productos (para ello han desarrollado, ideológicamente, una especie de reflejo condicionado). La relación de este fenómeno con la exclusión es directa, tanto por el aumento de la productividad del capital (emplea cada vez menos fuerza de trabajo) como por la fragmentación social originada en la diferenciación de los niveles de consumo.

La acción de esas empresas no se reduce solamente a la innovación, a la inserción de sus productos en el mercado y en los encadenamientos hacia delante y hacia atrás que ese propósito supone. La tecnología que ya no logra las tasas de ganancia esperadas tiene la posibilidad de ser transferida a empresas cuyas dimensiones de capital no permiten procesos propios de innovación o los admiten a una escala reducida. Así se da la posibilidad de que, mediante el pago de un arancel (precio de la tecnología transferida), ciertas empresas puedan usar la tecnología ya desarrollada, la cual logra en las mismas (empresas licenciatarias) tasas de ganancia acordes con la dimensión del capital de las mismas. Ese fenómeno supone, además, la posibilidad de las empresas monopólicas innovadoras de condicionar y definir, usualmente, la tasa de ganancia de las empresas licenciatarias. Escapan a esto aquellas empresas que copian tecnología, las que obviamente son perseguidas internacionalmente, por las grandes corporaciones, las que hacen gala de defensa de la “libertad en los mercados” y de acuerdos internacionales al respecto. Ejemplo de esto son una buena parte de la industria farmacéutica en la Argentina o de las copias de alta tecnología industrial en Brasil, China y otros países del Este de Asia.

En ese mundo de las empresas subsisten las empresas industriales de capital indiferenciado, las antiguas empresas familiares que perfeccionan en términos prácticos sus productos y que parecen encontrarse en progresivo proceso de desaparición, ya que se encuentran empobrecidas y dedicadas a la fabricación de productos de tecnología difundida universalmente. Son talleres pequeños o empresas agropecuarias al borde de la subsistencia, en las que la fuerza de trabajo establece una relación altamente comprometida con el grupo familiar dueño del capital.

La relación operativa de la empresa de capital tecnológico potenciado (por su dimensión) mediante la capacidad de innovar (ellas son las grandes empresas monopólicas ya mencionadas) con el capital financiero, asegura y consolida, tanto en las operaciones de producción como en las financieras, las altas tasas de ganancia del capital monopólico. La relación de esas empresas con la superestructura de poder a escala mundial, asegura el control monopólico de las comunicaciones, del uso de las tecnologías críticas (como la energía nuclear), el control de los recursos naturales (hidrocarburos, agua dulce) y el control del poder militar que aseguran las armas de destrucción masiva (poseídas por las potencias controladas por las grandes corporaciones del capital tecnológico monopólico)[3].

En los países del tipo de los que se mencionaron más arriba, en particular China, la innovación tecnológica en los tipos de empresas industriales tradicionales, en las empresas licenciatarias de tecnología y en las empresas basadas en la permanente innovación no constituyó una restricción para la obtención de altas tasas de crecimiento de la economía. El éxito estuvo vinculado a una mano de obra barata pero con alto nivel educativo y con sus necesidades básicas cubiertas, la que estuvo disponible para:

ü   la fabricación eficiente de productos relacionados a la tecnología de dominio universal;

ü   acuerdos con empresas de países desarrollados que usaron esa mano de obra para la producción de productos de tecnología media con licencias de marcas fácilmente introducibles en el mercado mundial habida cuenta del bajo costo relativo de la fuerza de trabajo y;

ü   nuevas marcas de productos de alta tecnología fabricados mediante la copia de los similares en occidente o, más recientemente, sobre la base de desarrollos tecnológicos propios.

Todo ello en el marco de un tipo de cambio razonablemente favorable y un respaldo total del poder político a establecer límites a las apetencias de las empresas que licencian tecnología o a las presiones ejercidas por las corporaciones monopólicas multinacionales en torno a productos copiados por empresas locales. Complementariamente, la organización del comercio y el acceso a los mercados que consumen productos chinos se organiza en torno a un eficiente desarrollo de los eslabones de empresas que:

ü  hacen posible el acceso a los mercados donde serán consumidos (caso de las empresas industriales de capital indiferenciado o de aquellas de capital industrial potenciado por la capacidad de innovar) o,

ü  la comercialización de efectúa mediante las cadenas ya constituidas por las empresas occidentales que fabrican en esos países bajo licencia.

Es decir que se organizan verdaderos subsistemas de capital con la plasticidad necesaria como para adecuarse rápidamente a los cambios del mercado en las distintas regiones del mundo.

 

Los cambios regionales en curso

Tal como se desprende de los puntos desarrollados con anterioridad y en atención a lo expresado en el primer punto, no es posible entender al fenómeno regional como un mero diagrama de flujos, sea cual sea el fenómeno regional que preocupa al investigador: un continente, un país, una parte de un país o regiones de espacios discontinuos. Sólo es posible entender la inserción de un tramo sociedad-problema en el contexto de su inserción global ya que lo que sucede en una parte del sistema afecta a todo el sistema (incluidos, obviamente, los aspectos derivados de la relación de la sociedad con la naturaleza agredida). No es posible seguir analizando la realidad económica y política de América Latina con categorías propias de un mundo polarizado en torno a la cultura, la historia, la economía y, por ende, la geografía noratlántica. Es que decididamente, en el centro del poder político y económico del mundo no pasa, en la historia, exclusivamente por Europa Occidental-América del Norte, aún cuando desde el siglo XVII esa región del mundo ejerció su poder sobre el resto, tal como antes lo había hecho Grecia y el cercano oriente. Algo se dirá al respecto un poco más adelante, pero antes es necesario verificar, según los parámetros conceptuales expuestos en el apartado anterior, los cambios sociales y territoriales acaecidos recientemente.

Es imprescindible entender las pautas de comportamiento reciente del sistema capitalista si se busca una inserción armónica en el mudo actual. Por lo tanto, hablar del sistema capitalista actual y de la crisis evidenciada en el mundo capitalista tradicional es, también, hablar de la capacidad demostrada por las naciones realmente emergentes (Brasil, Rusia, India, China y, eventualmente otras) para enfrentar los cambios del sistema a escala global, aún cuando su éxito es todavía aleatorio. Pero las variables a considerar en la actual forma en que opera la reproducción del capital en escala creciente son las mismas; lo que cambia es la enorme variedad de situaciones que involucra cada región, históricas y de recursos naturales, en torno la capacidad de generar, acumular, distribuir y gestionar los excedentes y, por ende, de planificar en términos de la historia y de las contradicciones actuales a las sociedades regionales o nacionales.

Para ello es necesario tener en cuenta, como ya se ha afirmado, que en cualquier parte del mundo la realidad regional es una expresión histórica en la que sus rasgos físicos y las modificaciones construidas a través de la historia por una determinada cultura, las que son definidas, justamente, por ese proceso histórico, proyectadas en las actuales contradicciones entre todos sus componentes.[4] En esto es notoriamente destacable el hecho de que no es posible confundir las relaciones del corto o mediano plazo con la construcción histórica en el largo plazo. La unidad del conocimiento de la historia de la resolución de contradicciones diversas apunta a evitar la aludida enajenación de la capacidad social (símil de la capacidad individual otorgada por la naturaleza) de transformar la realidad contradictoria del presente.

Los cambios producidos en los procesos productivos, que han sido tratados más arriba, no se darían si no se hubiesen consolidado, a la vez, cambios en las relaciones sociales de producción. Desde que surgió el capital industrial, diferenciado del capital mercantil, la innovación tecnológica tuvo un papel significativo en la posibilidad de apropiación de los excedentes generados. Así, la reproducción sistemática de bienes, a una velocidad no conocida antes, se transformó en la forma más eficiente de obtención de tasas de ganancia extraordinarias dentro de los alcances de la segunda figura de la mercancía.

El mundo y por lo tanto sus distintas regiones, se organizaron en términos de esa nueva forma de producir. Cada región tuvo, no obstante, sus particularidades: sea disputando al “centro hegemónico” partes de la capacidad de apropiar excedentes (naciones con economías coloniales de enclave y desarrollos capitalistas locales acotados) o sea, entregando totalmente sus recursos naturales bajo un sistema de total dominación política (naciones coloniales subdesarrolladas).

Cada una de esas situaciones dio lugar a particularidades regionales cuya transformación, dentro del marco de las prácticas políticamente posibles, dependen de la capacidad local y del conocimiento de las potencialidades emergentes de las variables locales factibles de transformación. Cada región, en ese contexto, admitía y admite, cierto grado de sujeción a los poderes mundiales (como emergentes de una determinada base material) y, también, dentro de límites acotados, cierto grado de reducción de la tasa de inequidad. Como ejemplo, puede tomarse a América Latina hasta el momento de la manifestación de la decadencia del capitalismo industrial tradicional, manifestado en el frustrado intento de eliminar sus contradicciones como sistema, surgido e impuesto a partir del Consenso de Washington (acuerdo que evidenció la debilidad imperial). Frente a ello, surgieron los procesos políticos liberadores a partir del debilitamiento de la hasta entonces principal potencia económica y militar del mundo, la que, luego de cuatro derrotas militares (Corea, Vietnam, Irak, Afganistán) y con la “seguridad” supuesta que le brindaba su poder militar, eligió el camino de operar a través del sistema financiero para apropiar excedentes. Este método funcionó sólo parcialmente y no generó los excedentes necesarios como para financiar el rol de primera potencia, hecho que se verificó en la incapacidad material de apropiar los recursos hidrocarburíferos de medio oriente y de ponerle límites a Venezuela en su proyecto de liberación política y económica. A todo esto contribuyeron las derrotas militares. Paralelamente, EEUU transfirió buena parte de la capacidad de innovación a China, India, Rusia y Brasil. Más aún que su capacidad de innovar, no aceptó o no quiso aceptar que el desafío del mundo futuro (por un tiempo difícil de prever) estaba en los excedentes extraordinarios que podían provenir de una nueva modalidad de operar el capital (diferenciación).

Según se expresó más arriba, es necesario entender concretamente las relaciones de producción capitalista basadas en que las innovaciones en los procesos productivos, en los nuevos productos, en las nuevas formas de comunicación, en la generación de la “necesidad” de consumir determinados productos mediante la acción de estimular ciertas formas de percepción, inducen a tasas de ganancia extraordinarias que se mantienen o se incrementaban. Con ello, el poder político emergente da lugar a un mundo totalmente nuevo en su funcionamiento regional, un nuevo esquema de distribución del poder regional mundial basado en las nuevas relaciones sociales de producción.

Las innovaciones mencionadas y según se comentaron en el punto anterior, tienen lugar en el ámbito del gran capital industrial tecnológico monopólico, especialmente en las grandes corporaciones internacionales, las que se acompañan de un poder político y económico que supera el poder de los Estados nacionales, a los que condicionan hasta el punto de colocar sus representantes en cargos de niveles medios y altos mediante un juego que se ha dado en llamar “democracia” (nada que ver con la democracia ateniense, según al clasificación de las formas de gobierno realizada por Platón primero y Aristóteles después). Esas son las empresas que desarrollan innovaciones permanentemente, sean estas el fruto de sus propias investigaciones o por la compra a pequeñas empresas intelecto intensivas, con fuertes limitaciones en materia de disponibilidad de capital como para llevar adelante las innovaciones que producen.

Esta capturada capacidad humana de innovación, en términos de operación de la reproducción del capital, es lo que ha permitido a países como los mencionados utilizar eficientemente la calidad y la tecnología e insertarse fuertemente en los mercados de los países del centro capitalista. Entre 1995 a 2003, China pasó de cubrir un 5% del mercado de productos electrónicos de la Unión Europea, a un 20%. Mientras que en 1998 el 80% de los productos chinos introducidos en el mercado de la UE eran televisores, videojuegos y similares, en 2003 eran sólo un 20%. El otro 60% son ahora productos de alto nivel (informática y comunicaciones). Ese proceso está apoyado por importantes inversiones en investigación para el desarrollo (ID), tal como el complejo de 56 universidades y 232 institutos de investigación coordinado por la Academia China de Ciencias. Esto incluye actividades conjuntas con empresas extranjeras.[5]

Mientras tanto, los países europeos y EEUU, más allá de las decisiones a nivel del sistema financiero para operar sin el respaldo necesario y las libertades otorgadas al manejo de los paraísos fiscales, a nivel de su desarrollo industrial optaron por la salida más fácil, a primera vista. Lo hicieron mediante la contratación en el exterior de actividades en campos como farmacología, biotecnología e informática (equipos y programas) en países como India, China y Rusia (ejemplo. Intel opera laboratorios en los que se genera tecnología de punta en el campo de microprocesadores en Novosibirsk y San Petersburgo).[6] En la misma línea se pueden contabilizar los avances tecnológicos de Brasil en materia de tecnología aeronáutica, logrados a través de su empresa Embraer, que exporta sus productos a países del antiguo centro capitalista, en los que esa tecnología  fue de punta en el pasado. En Argentina, casi como una excepción, la tecnología nuclear y de diseño de satélites y radares compite de igual a igual con aquella de los países que hasta ahora fueron cabeza en la materia[7]. Lo importante de estas transformaciones es que sólo son posibles mediante una atención muy seria a los procedimientos en el propio proceso de innovación tecnológica, en la simplificación de los procedimientos de inserción de la tecnología en la producción de nuevos productos, en la simplificación de los procedimientos administrativos, en la eficiencia funcional de los equipos de investigación y desarrollo (ID) y en los costos de la producción en términos de menor burocratización de los procedimientos. Pero la principal conclusión, relacionada con el objetivo de dar sustento a la necesidad de lograr eficiente procesos de planificación regional y nacional (que es regional, en su ajuste a una geografía económica y política), tiene que ver con el hecho que todas las decisiones comentadas, en unos u otros países, surgen de un tipo de conocimiento de sólidas bases teórico- metodológicas y de no menos sólidas decisiones planificadas, tomadas en cumplimiento de objetivos de mediano y largo plazo.

 

Los procesos históricos no se pueden mostrar con una fotografía

Así es, los procesos históricos requieren de un análisis de largo plazo en materia de resolución de contradicciones, tanto que puede abarcar muchos siglos. No es posible leer el surgimiento y desarrollo del mundo centrado regionalmente en el Atlántico Norte, sin retrotraer el proceso de apropiación de tal conocimiento hasta los orígenes de la industria en Bizancio y de ciertas modalidades de apropiación de la tierra en el siglo III d.C., es decir, más de mil años antes del surgimiento de la industria en Flandes.

Las condiciones políticas, económicas y sociales que produjeron la consolidación de Imperio Romano (¿?) de Oriente, como tal, fueron muchas. No obstante, y fundamentalmente, la sólida base material que se tradujo en la riqueza que lo caracterizó (más allá de sus muchas crisis políticas), fue muy diferente a la del decadente modo de producción esclavista del occidente europeo. Mientras que en Roma, en el momento de la caída definitiva de esa gran capital en manos del germano Odoacro en el año 476, supuso el fin del imperio, en el de Oriente se consolidó una economía mercantil asentada en la pequeña propiedad rural y en una pujante actividad artesanal que, con los años, daría lugar al comienzo de la producción industrial.

Mientras en la parte romana del imperio, a partir del siglo III, los terratenientes volvían a sus tierras ante el colapso de la vida urbana y sometían a sus ex-esclavos a servidumbre (porque ya no se podían hacer cargo de ellos), en la parte helénica del imperio los campesinos libres para producir y comerciar aseguraban una base material al estado creado por Constantino. Este proceso daría lugar, en occidente, a una forma de producir (a la que sólo cabe el nombre de evolución decadente del modo de producción esclavista) que se ha definido en la historia como feudalismo, en el que los excedentes generados por los siervos de la gleba, además de alimentar la economía de sus señores, admitían la flexibilidad de comerciar y concretar excedentes sólo cuando aparecía en escena el adquirente del bien disponible. Es decir, la necesaria flexibilidad de una economía elemental, rural y de subsistencia. Hasta el siglo XIII, el asalto a otras regiones y la apropiación de las riquezas de otras sociedades se transformó para los europeos occidentales (como en los tiempos inmediatamente posteriores a la revolución agrícola), en un método bárbaro, usual en su aplicación por parte de los señores feudales. En el área helénica, por lo contrario, un campesinado poseedor de sus tierras en forma consuetudinaria, concretó excedentes que hicieron posible el mantenimiento de la sociedad urbana de la época.[8]

Como el lector puede apreciar, el interés económico de los terratenientes estaba por encima de los intereses del Estado y, por tanto, de aquellos de la sociedad en general. No obstante la realidad bizantina era muy distinta a lo que sucedía con la tenencia de la tierra (que incluía la fuerza de trabajo en la forma social de los “siervos de la gleba”) en los países europeos occidentales. En Bizancio, aún con dificultades, el excedente generado por la tierra estaba asegurado por el acceso a la tierra por parte de os mencionado campesinos libres, cosa que no sucedía en el área feudal.

Fueron, justamente, esos excedentes los que hicieron posible un Estado fuerte y duradero, que se caracterizó por tener la capacidad de sostener un conjunto de ciudades pujantes que no desmerecían a la gran capital, Constantinopla, célebre por sus riquezas. Nicea, Trebisonda, Antioquia, Tesalónica, Damasco, Jerusalén y Alejandría son ejemplos de ese mundo urbano que retornaba artesanías hacia las áreas rurales (armas, instrumentos de labranza, papel –que fue conocido hacia el siglo VI-, etc.). Otras ciudades de menor jerarquía completaban un sistema que tampoco desmerecía a los sistemas urbanos actuales. Hacia los siglos VII y VIII cayeron, ante las invasiones árabes las tres últimas ciudades mencionadas, pero la influencia territorial, económica y política de Bizancio aseguró el funcionamiento del conjunto urbano, aún fuera de sus fronteras. Largas rutas comerciales unían a ese conjunto con Persia, Samarcanda, Ceilán, India, Eritrea, Zanzíbar, Crimea, Kiev, Novgorod, Gotland y los asentamientos pseudo urbanos ubicados sobre el mar Báltico. Las rutas hacia Europa occidental eran marginales en ese esquema, siempre que se exceptúen las posesiones bizantinas del sur de Italia, la isla de Sicilia y los Balcanes. La eficiencia militar y el control del arma secreta del “fuego griego” (que todavía no se ha logrado develar), cerraron el esquema de poder.

Constantinopla era el mercado más importante de Europa y el cercano oriente en la época, pero las ciudades ya mencionadas no le iban en zaga.[9]

Debe quedar claro que el comercio no se mantuvo o consolidó sólo en base a los productos agropecuarios, a cuya generación contribuían Tracia, Asia menor, los valles fértiles de los ríos Eufrates y Tigris (en los primeros siglos), Palestina y Siria, así como también el valle del río Nilo, poderoso proveedor de trigo. Una actividad artesanal acorde con el desarrollo urbano, según se mencionó, concurrió hacia el aludido intercambio.

Un papel fundamental en ese sentido lo tuvo el conocimiento y desarrollo de la tecnología de la seda a partir del siglo VI, que dio lugar a la pujante producción de telas basadas en el hilado de esa fibra. Completaba el panorama de intercambio la tecnología naviera que dio lugar a un eficiente sistema de transporte y al control militar total del Mediterráneo, el “mare nostrum” de los bizantinos hasta el siglo VII, y parcial a partir del siglo VIII. El dominio de las rutas hacia Zanzíbar, Ceilán e India por el océano Indico, a partir del mar Rojo, fue posible también en base a esta tecnología. Para cerrar este párrafo referido a la base económica bizantina, cabe mencionar que, hacia los siglos IX y X, la fabricación de tejidos de seda había adquirido un franco perfil industrial: la reproducción de estos tejidos podían encuadrarse perfectamente en la segunda figura de la mercancía, es decir, en el intercambio mercantil basado en bienes reproducidos sistemáticamente. Atenas, Tesalia, Sicilia y las ciudades costeras de Asia Menor se habían constituido en centros de esa actividad, la que se desarrollaba en talleres estatales que empleaban grandes cantidades de operarios (obreros) que concurrían todos los días a los talleres (fábricas) a desempeñar la tarea, dentro de los alcances de una cierta división técnica del trabajo. Había nacido la industria, en una época anterior y en un lugar distinto a Flandes (siglo XVII). La seda, como mercancía reproducible, tuvo especial significación para la consolidación de las rutas comerciales bizantinas. Probablemente no fue la única mercancía reproducible que estimuló el intercambio mercantil, pero fue sin duda la manifestación tecnológica más acabada de la complejidad de la base material que consolidaba a Bizancio.[10]

Existía, además, una dificultosa ruta marítima que ha sido descripta por el marino Cosmas Indicopleustes, exterior al dominio del Imperio Persa, por la que se navegaba el mar Rojo y el océano Índico hasta Ceilán.[11] Ese ordenamiento de la circulación y de intercambio de mercancías se mantuvo hasta el comienzo del siglo XIII, momento en que se produce la caída de Constantinopla en manos de fuerzas de los países europeos occidentales, en ese entonces en un estadio de desarrollo muy inferior. La pobre estructura productiva feudal, que supuso la degradación del modo de producción esclavista en el occidente europeo, no fue tal en el área bizantina, la que evolucionó tempranamente hacia la industria.

Unos monjes [s. VI], o según otras fuentes, un persa, lograron, burlando la vigilancia de los aduaneros chinos, pasar algunos capullos de gusanos de seda desde Serinda al imperio bizantino, donde enseñaron a los griegos el secreto de la cría de dicho gusano. La nueva industria progresó rápidamente y, en breve, aparecieron grandes plantaciones de moreras. Se crearon y desarrollaron con rapidez fábricas de sedería. La más importante fue la de Constantinopla, pero hubo otras en las ciudades sirias de Beirut, Tiro y Antioquia, y más tarde en Grecia, sobre todo en Tebas [luego en Corinto]. Existió una fábrica de seda en Alejandría y, las llamadas sedas ‘egipcias’ se vendían en Constantinopla. La industria de la seda pasó a ser monopolio del Estado, suministrando al gobierno un importante manantial de ingresos. Las sedas bizantinas se exportaban a toda Europa y ornaban los palacios de los reyes occidentales y las casas particulares de los mercaderes ricos.[12]

Pero la estructura productiva del imperio griego bizantino no duró, como se sabe, eternamente. El escenario de las transformaciones fue el siglo XII, período en el que ciertos errores trascendentales en algunas decisiones que tomó inicialmente el emperador Alejo I, degradaron la producción de excedentes mercantiles a favor de los mercaderes de la República de Venecia y, con ello, se degradó la industria de la seda y la industria naviera. La destrucción final de la economía imperial estuvo a cargo de los príncipes occidentales de la IVa. Cruzada que, junto con la toma de Constantinopla en 1204, cambiaron la estructura de la tenencia de la tierra, descalabraron la administración y redujeron notablemente los excedentes agrícolas. El desconocimiento de las variables que hacían posible la reproducción de los excedentes, por unos y por otros, jugó un rol muy relevante en los sucesos acaecidos.

Ese cambio vino de la mano de dos hechos que se conjugarían para ello. Uno, muy importante, fue la concesión del manejo de las rutas mercantiles bizantinas a los mercaderes marginales venecianos en el siglo XI, a cambio de servicios militares de la flota veneciana en el mar Adriático y en el mar Jónico. Éstos, actuaron con un criterio extractivo en el manejo de las relaciones comerciales (parecido al esquema del comercio con América que instauró España), muy distinto al comportamiento de los comerciantes bizantinos, quienes protestaban por las ventajas otorgadas a Venecia. El otro, en parte consecuencia del primero en tanto la concesión había dado muestras de lo exitoso que era el comercio a través de la rutas bizantinas, fue la toma de Constantinopla por la cuarta cruzada en 1204 (cualquier paralelo con las derrotas de EEUU es mera coincidencia), que fuera financiada por el Dogo de Venecia y que, además del saqueo de las riquezas culturales y materiales acumuladas durante nueve siglos, tuvo un impacto económico temible. Contra todo lo que se ha dicho en la historiografía occidental, fue esa toma por parte de los subdesarrollados europeos occidentales la verdadera caída del Imperio Bizantino. El aludido efecto económico estuvo relacionado a la redistribución de la tierra entre señoríos feudales controlados por señores de occidente, lo cual destruyó la base agrícola imperial mediante el sometimiento a servidumbre de los campesinos (no obstante, cabe mencionar que algo de esto venía sucediendo, a una escala muy reducida, como consecuencia de ciertas concesiones de tierras a terratenientes bizantinos como forma de pagar servicios militares).

El otro hecho remarcable (los paralelos a realizar con respecto a la actitud China del presente son inevitables!) en esta caída, económica y consecuentemente política, fue el absoluto control del comercio que exigió el Dogo de Venecia como pago de la participación de su flota y ejercito en la toma de la ciudad más desarrollada del mundo contemporáneo, hecho que acentuó el rol ya desempeñado por los venecianos a partir del siglo XII. Esas rutas comerciales, manejadas alternativamente por venecianos y genoveses a partir de la “restauración” del “imperio” en 1264 (sólo dominaba unos pocos kilómetros cuadrados en torno a Constantinopla, Nicea y Pérgamo en Asia Menor y, una parte relativamente reducida de la actual República Griega), fueron definitivamente cortadas hacia el Mediterráneo a partir de la caída del imperio en manos de los turcos, incluida Constantinopla, el 29 de Mayo de 1453, es decir, a partir de mediados del siglo XV.

Impulsados por estos acontecimientos, y a partir de esa época, los estados europeos occidentales se preocuparon por inventar alguna otra forma mercantil, o símil de la misma, para lograr concretar el desarrollo al que aspiraban. Mientras las ciudades Estado italianas sufrían las consecuencias del corte de las relaciones mercantiles que habían heredado de Bizancio, los empobrecidos reyes españoles y portugueses buscaban su salida del conflicto coyuntural mediante la navegación:

1 - hacia el oeste, los españoles;

2 - hacia Asia (con extensión hasta la línea del tratado de Tordesillas), circunnavegando África, los portugueses.

Y así, estos países decían que “comerciaban” con América. Es un tipo de comercio muy particular que no se ejercía en los términos de la primera figura de la mercancía, ya que no se puede hablar de valores equivalentes, de bienes con distintos niveles de disponibilidad, cuando uno de los términos de la relación tiene un trabuco apuntando a su pecho. La exacción abarcó materias originales de América y Asia[13], alimentos, germoplasma y, sobre todo, oro y plata; todo ello a cambio de chucherías, espejitos, vidrios de colores, armas y tejidos que algunos europeos occidentales habían comenzado a fabricar en imitación de las industrias de oriente a partir del siglo XIII. A estos hechos, la historiografía europea occidental los ha llamado “expansión del capitalismo mercantil europeo hacia el resto del mundo”; dicho de otra manera, la mundialización o primera globalización del modo de producción capitalista, lo cual revela, por lo menos, una gran ingenuidad.

La decadencia del imperio no pasó desapercibida para los capitales, hasta entonces de origen mercantil, del norte de Europa. Desde el momento de la cuarta cruzada (principios del siglo XIII) hasta los primeros siglos del dominio turco de Constantinopla, existieron estrechas relaciones comerciales entre el Norte de Europa y el cercano oriente, sea por la ruta de los Balcanes o por la ruta que, a través de la isla de Gotland, Novgorod y el principado de Moscú, unía las ciudades hanseáticas con Persia, Trebisonda y la mencionada gran ciudad griega (luego turca).

Más allá del conocimiento que los flamencos tenían de Bulgaria (Estado que por ese entonces controlaba la casi totalidad de los Balcanes) y de Bizancio desde los siglos VII y VIII, es interesante constatar, en los resultados de una investigación búlgara, que:

“El conde Floris III de Holanda fue uno de los lideres de la expedición punitiva de los cruzados contra Plovdiv. El conde arribo a las tierras búlgaras como participante de la cruzada de Federico Barbarossa en 1189.”

Los mismos investigadores agregan más adelante:

“Otra colección de mapas (que se encuentra en el Algemeen Rijksarchief en La Haya) atrae la atención de los estudiosos también. Contiene un mapa del mar Negro, dibujado por Nicolaas Witsen (1641-1717). Está considerado como una de las piezas maestras de la cartografía temprana holandesa del mar Negro. [...] Nicolaas Witsen fue burgomaestre de Amsterdam y una de las más poderosas personas de la política holandesa. Fue un gran viajero y un coleccionista también, con intereses muy variados. Fue amigo personal del zar Pedro I, por lo que viajó a través de Rusia y dejó un interesante libro de viajes acerca de ese país, el cual contiene el mapa previamente mencionado del mar Negro y sus costas.” [14]

La presencia de mercaderes del norte de Europa fue usual en Constantinopla, llamada Estambul por los turcos, lo cual implicaba un flujo de información que no pudo ser desatendida por los europeos en cuanto hace al aprovechamiento de la misma y de la riqueza de experiencia que caracterizaba a estas regiones, antes con el imperio Bizantino y, luego con la constitución del imperio Otomano, el que dominó espacios similares al anterior. Al respecto de esa presencia, S. Faroqhi ha escrito un libro, fruto de sus muy documentados estudios, en el cual demuestra que no hubo un bloqueo en los contactos entre la vieja y desarrollada sociedad del viejo Imperio Bizantino [concepto agregado por quien esto escribe] y del nuevo Imperio Otomano con el resto del mundo de esa época, durante los primeros tiempos de la Edad Moderna. En este enfoque, que destruye las bases, ideológicamente estructuradas, de la historia moderna, se muestra como existió una gran red de conexiones mercantiles, financieras, culturales, religiosas y diplomáticas con los imperios de Asia y los modernos estados de Europa y, particularmente, Inglaterra, Francia, Holanda y Venecia.[15]

Faroqhi expresa, además, que:

“Cuando los holandeses solicitaron tratados particulares [al Imperio Otomano] a principios del siglo XVII, ellos no estaban preocupados por tener soporte político otomano (en ese momento]. Como sucedió a menudo en tiempos modernos tempranos, las necesidades del desarrollo de la industria textil parecen haber sido decisivas. Para algunos de los ‘tejidos de lana’ que estaban siendo manufacturados con considerable éxito en la ciudad de Leiden, se podían encontrar compradores en el Levante. Asimismo, una muy considerable porción de esta producción, conocida en holandés como ‘greinen’ no estaba totalmente hecha con lana y contenía pelo de cabras de angora. El mohair original venía exclusivamente de los territorios otomanos, principalmente del área de Ankara [anteriormente llamada Angora] y, en una menor proporción, desde la región de Aleppo. Esta manufactura de ‘greinen’ hecha en Leiden continuó floreciendo durante el siglo XVII, pero declinó luego de 1700.”[16]

Está claro que la industria en el norte de Europa ya había nacido! Por lo tanto, no se puede ignorar la fuente de conocimientos sobre el mundo más desarrollado de la época (aunque en decadencia a partir de la toma de Constantinopla por los ejércitos occidentales en 1204), la que suponía (más allá de la importancia del intercambio mercantil) aportes sustanciales para los sucesos que acaecieron en cuanto a los cambios sociales y regionales, basados en una nueva forma de producir que condujo al surgimiento de la revolución industrial moderna y que sobrevivió en el mundo europeo-atlántico durante los siglos XVIII a XX. Es decir, que el mundo subdesarrollado de la época encontró, en el conocimiento y la práctica de una innovación tecnológica, esto es, en el uso eficiente de la energía y de la física aplicada, la forma de potenciar la reproducción de bienes que había nacido en el siglo VI en Bizancio. A su vez, los otomanos no supieron rescatar la inercia productiva industrial y agropecuaria que había sido el gran éxito bizantino hasta 1204, con lo que dejaron al nuevo imperio supeditado a las riquezas ya existentes en esas regiones y, a su poderío militar.

La capacidad de generar y acumular excedentes de la industria, que ha legado al resto del mundo la consolidación de la diferenciación industrial del capital, se inició en Flandes en la primera mitad de siglo XVII (con fibra de la ovinicultura inglesa y local) y se trasladó a Inglaterra en la segunda mitad del mismo (parcialmente con fibra de España), desde donde se extendió a las colonias de América septentrional durante el siglo XVIII. Esta claro, entonces, que esos cambios no fueron ajenos a la construcción social desarrollada en Bizancio entre los siglos VI y XVII. El conocimiento y los intercambios que la Liga Hanseática mantuvo con los Balcanes y con Bizancio primeramente, y con los turcos luego, no fue fruto de la casualidad. No se hacen mapas detallados de esas regiones para nada, sobre todo cuando los mapas eran reveladores de geografía, más que de topografía y planimetría.

La mirada eurocéntrica occidental ha soslayado, en general, la sustancia de esta parte de la historia consistente en las transformaciones previas a la consolidación del capitalismo industrial e ignorado la importancia que tuvieron la modalidad de tenencia de la tierra y la aparición de las relaciones de producción industrial originadas en Bizancio, para la aparición del capitalismo industrial en el norte de Europa. Ahora ignoran las virtudes del capital tecnológico.

Los cambios regionales a partir de los aludidos procesos dialécticos, hacia la más notoria y significativa transformación del modo de producción mercantil (que dio sus primeros pasos con la naciente industria del oriente del mediterráneo) hacia un capitalismo industrial que mundializó las relaciones sociales de producción (a partir de la industria nacida en el norte de Europa), en la medida en que los cambios en el uso y manejo de los recursos naturales y la energía (en torno a los nuevos procesos industriales), obligó a bastas áreas del planeta a proveer insumos para esa industria energéticamente potenciada.

En ese desarrollo de la industria en Flandes, que no por casualidad comenzó con la innovación tecnológica que acompañó el desarrollo de la industria textil, se dio conjuntamente con el mantenimiento y consolidación de las únicas rutas entre Europa y Asia que se mantuvieron activas luego de la toma de Constantinopla por los turcos. La ruta unía la liga anseática del norte de Europa con Gotland en el Báltico, a ésta con Novgorod en Rusia y el Principado de Moscú; seguía luego por el río Volga, que los eficientes varegos navegaban sin dificultad y a través del mar Caspio y el mar Negro hacia Persia y Samarcanda (actual Uzbekistán) y, desde allí, a la India, Ceylán y China. Esta importante ruta tenía otra complementaria, a través de la península balcánica y también por el mar Negro, a Trebisonda y Constantinopla.

En Bizancio, las decisiones de entregar las rutas comerciales, de debilitar su marina, de debilitar también con mercenarios su ejército, de transformar la estructura de tenencia de los medios de producción y debilitar su industria, condujo a la decadencia del imperio. Ahora, la operación sobre el capital financiero de los países del Atlántico implica marginar la importancia de la generación de excedentes con la mira puesta en operar, sobre excedentes ya generados, mediante ese K financiero. Pero, volviendo a la línea argumental, fueron aquellas sociedades que entendieron los aspectos positivos sobre los que descansó el poder económico bizantino en torno a un modo de producción renovado, las que generaron ideas que se hicieron realidades materiales hacia la construcción de las sociedades avanzadas en el origen de la revolución industrial. Entender, ahora, las razones de la decadencia de las sociedades del Atlántico norte y del surgimiento de las sociedades emergentes en la actual crisis de los sistemas económico y financiero, permite identificar la inserción posible de Latinoamérica y el Caribe en el contexto internacional actual. En el presente, sus sociedades poderosas, sus pueblos dominados, sus regiones de pobres o de ricos, es la expresión de aquellos cambios acaecidos hace unos 600 años, el punto de arranque de un mundo distinto.

Se podrían hacer importantes inferencias sobre la influencia de la forma de conocer y de alimentar la toma de decisiones, desde el conocimiento creado, en torno al rescate del pensamiento griego luego de la constitución del Imperio Romano de Oriente (el proyecto político-ideológico de Constantino y la erección de Constantinopla como centro político). Los efectos de ese proyecto en la continuidad de un ámbito científico bizantino de cierta libertad de pensamiento (verificado en la conservación de las fuentes antiguas y la libertad en el uso de las mismas y las bibliotecas) y de un bloque científico-intelectual que alumbró las transformaciones mercantiles verificadas en la consolidación de las rutas del comercio con oriente (Ceilán, India, Persia) y su progresiva proyección desde el norte de África, Sicilia y sur de Italia hacia el occidente europeo (sobre todo el resto del Mediterráneo, España e Italia), son espacios de investigación casi vírgenes. No obstante, una primera lectura de la información bibliográfica y de cronistas existente, da pie a hipótesis subyugantes.

En resumen, pareciera entonces que, a la luz de los cambios aludidos, es necesario indagar, para entender las transformaciones actuales que se mencionaron al principio, en las decisiones ideológicas y políticas relacionadas con el comportamiento de la base material de la sociedad y, justamente, en los cambios que han alumbrado el modo de producción capitalista, con sus consecuentes cambios regionales. Ese tipo de reflexiones son necesarias para entender que la modalidad de operación del capital industrial, tecnológicamente potenciado, es a la vez la razón de ser de la decadencia de occidente (entorno del Atlántico) y del surgimiento de potencias económicas como Brasil, Rusia, India y China. Ninguna potencia económica que registra la historia pudo sostener indefinidamente a grandes grupos de población al margen de un determinado modelo productivo. Ninguna potencia pudo sostener a ultranza una ineficiencia productiva. Las decisiones de hoy, alimentadas por las transformaciones surgidas en el modo de producción, pueden ahogar o estimular a sociedades enteras. Las decisiones tomadas en el marco del conocimiento que la dinámica social amerita, pueden potenciar procesos de desarrollo. Tal vez a ciertas sociedades no les suceda que “entreguen sus rutas comerciales” o subvaloren sus ventajas comparativas, por desconocimiento acerca de lo que ello implica. Depende de la dinámica del sistema social y de su conocimiento la determinación de las ventajas comparativas a tener en cuenta en el contexto de la posible vía de resolución de las contradicciones del presente. Estas preguntas deben estar presentes en quienes tienen la responsabilidad de “pensar” a la sociedad argentina en el proceso actual de cambio.

 

Cambios en las regiones continentales: fragmentación previsible de EEUU

El título tiene una cierta connotación catastrófica para quienes se han acostumbrado a pensar que el mundo actual con sus poderes políticos y económicos y su correspondiente proyección hacia la organización territorial son inmutables. No es así. Presuntamente, EEUU será, en los años venideros, el equivalente a la Italia de las ciudades estado luego de la desarticulación del modo de producción basado en la esclavitud.

Vistos los argumentos desarrollados hasta aquí, es fácil prever que en un país con tantas diferencias culturales (tantas o más que aquellas del cercano oriente), expresadas mayormente en un racismo que pretende atribuir las fallas del sistema a “los otros”, el riesgo de fragmentación social y territorial es tangible.

La historia de la degradación polivalente de los viejos imperios no es suficiente para asegurarlo, pero tampoco existen razones para pensar que los imperios del presente puedan tener una trayectoria diferente. El más reciente imperio desmembrado, el inglés, sólo vive de sus antiguas glorias y tuvo que vencer (con el apoyo de una de las dos primeras potencias militares del mundo) a un militarmente poco poderoso país sudamericano para poder hacer gala de la otrora soberbia imperial. Sostenido apenas por los anglosajones del otro lado del Atlántico, cuando todavía podían hacerlo.

EEUU no necesariamente escapará a la regla, sobre todo cuando su decadencia económica y militar los hace vulnerables, a la vez que extremadamente peligrosos. Existen tres grandes grupos culturales en ese país, los anglosajones (con algunos adherentes noreuropeos), los afrodescendientes (con sus respectivas raíces) y los latinoamericanos y sus descendientes (con diferencias de matices entre ellos, pero con una coherencia cultural casi intacta), todos ellos con cierta unidad e identidad cultural, con fuertes resistencias del conjunto a la impronta de cada uno de ellos sobre la sociedad norteamericana. La hipótesis de la conformación de tres países diferentes en el contexto del actual territorio de los EEUU, con una eventual guerra civil de por medio y más allá de la definición territorial que resulte de tal fragmentación, no parece descabellada. Tres naciones diferentes pueden aspirar, por lógica, a tres estados diferentes con tres o más territorios diferentes, sobre todo cuando el bienestar del conjunto ya no se puede financiar la felicidad material de esas sociedades (ejemplo: Obamacare).

Oportunamente tuve la ocasión de trasmitirle esta idea al periodista jefe para Sud América del New York Times, Larry Rother, cundo andaba por la Patagonia promoviendo su secesión, al servicio de sus amos del “stablishment” norteamericano, quien se horrorizaba porque percibía la real posibilidad de acontecimientos de esta índole en un futuro sobre el cual él tenía más información que la mía. En esto fue honesto, en el resto no.

Hasta aquí las ideas volcadas en este documento lucen endebles. Véanse ahora los argumentos que las sostienen, a nivel político, militar, socioeconómico y territorial.

En primer término, desde el punto de vista político, es relevante consignar que según lo ha publicado el excelente periodista de “La Jornada” de México, A. Jalife Rahme, quién trasmite la opinión de Newton Leroy Gingrich (ex-líder del partido republicano), en el sentido de que la inestabilidad política de los EEUU durante los próximos diez años conducirá a una guerra civil. A eso se suma la opinión del británico Paul Mason, periodista, investigador y comentarista de la BBC, quién ha revelado que una transnacional anglosajona (BP y/o Shell) maneja un escenario propio de un modelo prospectivo que resulta en una probable guerra civil norteamericana. En ese escenario la causa no radica en un motivo ideológico, sino en “la rapidez con que el mayor consumidor del mundo de productos del petróleo (EEUU) no pueda mantener su abastecimiento” del precioso insumo. La resultante será que el “sistema político se fragmentará una vez que el petróleo sea escaso. En palabras de A. J. Rahme, el anglosajón Mason “comenta lúcidamente que EEUU es un país con un déficit de presupuesto insostenible, un papel en el mundo que es desafiado por China” y que “es adicto, económicamente, a una sustancia, el petróleo, que tendrá una disputada y menguada oferta durante las vidas presentes”. En aquello que de recursos naturales se trata, cabe advertir además, que las carencias en materia de agua dulce en bastas extensiones es un riesgo cierto que podrá contribuir agudizar el conflicto político, a la vez que es riesgoso para los países que disponen del líquido elemento en abundancia (caso de la Patagonia). A ello se suma la indigencia que afecta a numerosos contingentes de negros y latinos, principalmente.

Desde un punto de vista militar, las armas de destrucción masiva tienen un doble filo. Tanto las nucleares como las químicas solo podrían ser usadas masivamente en el caso de una agresión a una potencia tanto o más poderosa que EEUU (Thatcher pensó seriamente en usarlas contra Argentina en el caso que no pudiesen ganar la guerra de Malvinas). Ya los yankees corren con el oprobio de haber utilizado las atómicas en Hiroshima y Nagasaky, las químicas en Vietnam y las de uranio sucio en Irak, cosa que la sociedad mundial no les perdona y la tiene guardada en la memoria, desde donde la utilizará oportunamente. Para las guerras convencionales los soldados de los ejércitos deben tener una mística de combate que EEUU perdió hace tiempo, en oportunidad de la segunda guerra mundial, cuando supuestamente luchaban por un mundo más justo. Así es que perdieron las guerras de Corea, Vietnam e Irak y, sin duda, perderán la de Afganistán. Ahora bien, hasta estos últimos años, esa gran potencia lucía como uno de los amos del mundo y la pérdida de las guerras se podía disimular por el tremendo esfuerzo propagandístico, en el que películas de por medio, las guerras perdidas aparecían ganadas para el espectador medio norteamericano. Ahora que esa presencia en el mundo está debilitándose aceleradamente, con la caída del capitalismo del Atlántico norte y con el surgimiento de la potencia económica y militar China, basada en un nuevo paradigma productivo, sólo queda un futuro de subordinación a esta otrora gran potencia. Mientras tanto, los anglosajones (élite norteamericana) dejaron de integrar los cuadros de soldados. Fueron reemplazados por latinos y negros que han aprendido a usar las armas que les dieron y su actitud ante la guerra puede cambiar si se ven enfrentados a una lucha por su subsistencia. La oficialidad tiene cuadros anglosajones pero también tiene importantes contingentes de cuadros latinos y negros. Si se ha seguido en las noticias periodísticas la historia del Tea Party, todo esto deja de ser utópico.

¿Como se refleja ideológicamente lo dicho en el pueblo de EEUU, decadencia de por medio? Las reacciones de las distintas comunidades nacionales serán diferentes ante este destino decadente. Los anglosajones no tolerarán la misma y harán responsables del fracaso a los negros y a los latinoamericanos, tal como ya lo están haciendo con el ya mencionado Tea Party y el manifiesto oprobio que sienten por tener un presidente negro. Eso se lo han hecho sentir a Obama, a escala nacional y local. Las agresiones están a la orden del día y, en esa línea, se inscriben las medidas adoptadas por la élite anglosajona de Arizona en torno a la inmigración de mexicanos (que vana vivir a EEUU porque el TLC los ha dejado sin trabajo!). Otro tanto sucede con la guerra política desatada en torno a la ley de servicios de salud. Estos acontecimientos y los odios entre las comunidades nacionales se irán acrecentando a medida que se acentúe la decadencia, hecho que ayudará a estimular los enfrentamientos entre las mismas (¿Cuántas marchas como la reciente de los latinos en Nueva York, con todas las consignas en castellano, tolerarán los anglosajones?).

Desde el punto de vista socioeconómico EEUU parece haber perdido la iniciativa. Todas las medidas tomadas por los grupos hegemónicos en torno a la crisis están orientadas fundamentalmente a la preservación del sistema financiero, salvataje de los bancos de por medio, cuando en realidad la crisis es de carácter estructural. En ese sentido, las terapias de choque aplicadas hasta ahora remiten a las tendencias al manejo de instrumentos de política económica en el marco de la ideología neoliberal, la que responde a la idealización de un marco político que es imposible en cuanto a su viabilidad estructural. En este sentido, por ahora parece imposible que EEUU, condicionado por China, pueda recupera su competitividad productiva y recuperar su capacidad de generar los excedentes necesarios como para reponer el “American Dream”. Todo esto debe ser visualizado a través de los atributos propios de estas contradicciones atinentes a los cambios que la modalidad de generación y apropiación de excedentes que el capital tecnológico introdujo en el sistema global, según se vio más arriba, el cual fue eficientemente manejado por China y sus vecinos asiáticos.

La proyección territorial de estas contradicciones indica que la fragmentación tendrá como escenario a las actuales áreas con predominio de las distintas comunidades culturales. Así, el Sur y Sudoeste con alta proporción de latinoamericanos, el Norte Centro Norte y Noreste con fuerte influencia anglosajona y, el Centro Sur y Sudeste con mayor proporción de negros, serán las áreas disputadas por esas comunidades. Esto sin considera el peso relativo de los grandes capitales de negros en dirección Norte. El aumento de las contradicciones comentadas más arriba llevará inexorablemente a que el enfrentamiento entre comunidades e intereses económicos y políticos, en el marco de las carencias fruto de la crisis estructural, tenga como punto de partida a esa distribución territorial actual.

¿Qué puede suceder en Europa en las actuales circunstancias? La actual crisis europea en torno al Euro, con las medidas de ajuste implementadas, hace suponer un futuro de mayor flexibilidad (azarosa) de las fronteras entre los países, tal como sucedió en el pasado. Claro que este es un futuro que apenas empieza a insinuarse y no está tan claro como en el caso anterior. No obstante, es posible afirmar que la UE ya no está en condiciones de disciplinar a los mercados díscolos como lo hicieron con Servia, con la ayuda de la capacidad destructiva de la fuerza aérea de EEUU. Poco a poco, los sometidos harán jugar su fuerza para liberarse de los sometedores, tal como lo ha sugerido Cohn Bendit en el Parlamento Europeo. El tiempo mostrará la evidencia de los procesos en curso.



[1] Cfr, de JONG, G. M.: Geografía, método regional y planificación, Capítulo 3, pp. 273 a 406, Editorial Catálogos, Buenos Aires, 2009.

[2] El desarrollo que se hace aquí acerca de la diferenciación y comportamiento del capital tecnológico ha sido tomado del libro de LEVIN, P.: El capital tecnológico, Parte Tercera “Tesis en el marco del capital diferenciado”, Catálogos, Facultad de Ciencias Económicas, UBA, 1997, pp 313 a 404. Los números romanos entre paréntesis remiten a la tipología de empresas de capital tecnológico industrial. Esa tipología de LEVIN refleja los cambios producidos en las actuales relaciones sociales que caracterizan la reproducción ampliada del capital en la era del capital tecnológico. .Ibídem, pp 336 a 353.

[3] AMIN, S.: “El futuro de la polarización global”, en Realidad Económica N° 130, pp 5 a 14, Buenos Aires, Febrero – Marzo de 1995.

[4] Cfr, de JONG, G. M.: Introducción al método regional, Capítulo II, LIPAT (Laboratorio patagónico de investigación para el ordenamiento ambiental y territorial), Departamento de Geografía, Facultad de Humanidades, Neuquén, 2001, pp. 47 a 80.

[5] Cfr. GIDDENS, Anthony: Europa en la era global, Capítulo II; “Cambio e innovación en Europa”, Paidos, Barcelona, 2007, pp. 51-84. Los datos están tomados de ese texto; la interpretación de los mismos no.

[6] Ibidem.

[7] El desarrollo de la capacidad aeroespacial de Argentina, más allá de los satélites allí construidos, fue frustrada, en gran medida por el veto de EEUU a la construcción del eficiente vector Cóndor, con capacidad portadora para la instalación de satélites en órbita.

[8] WALKER, J. M.: Historia de Bizancio, Cap. XXIX, “La actividad económica”, pp298 y 299, EDIMAT Libros S. A., Madrid, 2005.

[9] MAIER, F. G.: Bizancio, Cap. 2, “La crisis de la iconoclastia”, p 107, Siglo XXI editores S. A., México, 2004.

[10] VASILIEV, A.: Historia del Imperio Bizantino, Tomo I, “De Constantino a las cruzadas, punto El comercio bajo Justiniano”, p122, 2007.

[11] COSMAS INDICOPLEUSTES: Topografía Cristiana, libro XX, p333, Ed. Winstedt, Cambridge, 1909.

[12] Ibidem, p125, 2007.

[13] El crédito de América a Europa por las exportaciones americanas de los siglos XVI a XVIII todavía está pendiente de pago.

[14] SLOT, J., GEORGIEVA, C. y RIMPOVA, A.: The NetherlandsBulgaria: Traces of relations through the centuries, Cap. I, “Medieval Bulgaria in Dutch archieves”, State publishing house, “Septembri” Sofía, 1981, pp 10 y 11. Traducción del autor de la presente obra.

[15] FAROQHI, Suraiya: The Ottoman Empire and the world around it, chapter “On sobereignty and subjects: expanding and safeguarding the Empire”, p29, I. B. Tauris & Company Ltd., London, 2007. El autor es profesor de Estudios Otomanos en la Ludwig Maximilians University de Munich y autor de varios estudios sobre el Imperio Otomano. Traducción del autor de este artículo.

[16] Ibidem, Cap.6, Trade and foreigners, punto denominado Links to the capital of the seventeenth-century world economy: the Dutch case, p150, 2007. Traducción del autor de este artículo.


Conferencia dictada en el XII Encuentro Internacional Humboldt "El Capitalismo como Geografía", La Rioja, Argentina - 20 al 24 de setiembre de 2010.




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