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Asunto:NoticiasdelCeHu 111/10 - 2005 - Libro Geografía(s) de América La tina y Séptimo Encuentro
Fecha:Jueves, 20 de Mayo, 2010  01:34:07 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 111/10
 

2005

Libro Geografía(s) de América Latina y Séptimo Encuentro

 

Libro Geografía(s) de América Latina

En el mes de marzo de 2005, el Centro Humboldt edita el libro Geografía(s) de América Latina, junto con la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, la Unión Geográfica de América Latina y la Red Latinoamericana de Estudios Geográficos de la UGI (Unión Geográfica Internacional).

La compilación estuvo a cargo de la Lic. Ana María Liberali (Argentina) y del Dr. Álvaro Sánchez Crispín (México). Allí se publicaron artículos de geógrafos argentinos, mexicanos, brasileños y chilenos. Y para el prólogo se contó con el Dr. José Luis Palacio Prieto (UGI/ Universidad Nacional de México).

Este trabajo fue presentado en el X EGAL (Encuentro de Geógrafos de América Latina) realizado en la ciudad de Sao Paulo (Brasil).

 

http://elistas.egrupos.net/lista/humboldt/archivo/indice/10839/msg/11093/cid/4697A00A9E8842D892915B8E3BE1892A@ANA

 

Séptimo Encuentro Humboldt

Se realizó en el mes de setiembre en la Villa de Merlo, provincia de San Luis – Argentina, bajo el lema “América Latina en el Sistema Mundial”

 

 

AMÉRICA LATINA EN EL SISTEMA MUNDIAL.

Una crisis estructural

 

Prof. Omar Horacio Gejo

Lic. Jorge Osvaldo Morina
 
Centro Humboldt

Universidad Nacional de Luján

 

 Durante la década pasada asistimos impávidos a la reposición con inusitada vehemencia de los antiguos eslóganes de la "economía de mercado". Uno de los motivos esenciales para ello, qué duda cabe, lo constituyó el fin del "sistema socialista". Con él se desató una descomunal ofensiva ideológica que allanó la triunfal marcha de la catequesis "pro-mercado".  Y América Latina, nuestra geografía, fue entonces el escenario privilegiado de la cruzada de la vulgaridad mercantil[1]. Argentina, en particular, fue uno de los dilectos abanderados de la campaña en favor de las "reformas estructurales", el eufemismo noventista, la versión edulcorada, pretendidamente positiva, de los desgastados -cuando no denostados y resistidos- "ajustes estructurales" de los ochenta, el epítome de la cartilla terapéutica de las agencias de gestión del imperialismo, el Fondo Monetario Internacional (F.M.I.) y el Banco Mundial (B.M.). Los resultados están a la vista. El rotundo fracaso -anunciado por cierto- ha horadado y resquebrajado aquel monolítico discurso que se abrió paso a tambor batiente por aquellos años. La "ortodoxia", por lo tanto, ha perdido peso específico, acuerdo general, consenso; el mismo que ha ido ganando, por el contrario, la "heterodoxia", que está retornando, hasta cierto punto, con algunos bríos[2].  

 El presente trabajo abordará la problemática de la región latinoamericana confrontando, como es lógico, con la visión tradicional, ortodoxa, en retirada, pero también cuestionaremos la nueva orientación, en vías de constituirse en paradigmática, la de recambio, la que podría resumirse en la acepción de "neodesarrollismo"[3].

 

La ideología de la globalización 

Los noventa fueron el epicentro de lo que se ha denominado "globalización", una nueva era, que como toda nueva época llegó para instalarse definitivamente y producir un corte neto entre ella y la que le precedió; un verdadero divisor de aguas, un antes y un después, la "historia" dejando atrás a la prehistoria, o aun algo más provocador, yendo más allá de la historia. En diversos trabajos hemos enfrentado, valiéndonos de nuestro modesto arsenal interpretativo, estos postulados que calificamos, sin ambages, como declarada y descaradamente antigeográficos (Gejo y Morina, 2004; Gejo, Liberali y Morina, 2001;  Gejo y Liberali; 2001).

A nuestro entender, la globalización puede resumirse en unas pocas ideas clave desde una perspectiva geográfica. La primera de ellas, engendradora del resto, es aquella que anuncia el fin de la etapa recesiva o estancacionista de la economía mundial, abierta desde fines de los sesenta o principios de los setenta. Ese período de casi dos décadas se habría dejado atrás en los años noventa con la irrupción de una "nueva economía", menos industrial, menos material, con una tendencia inmanente al crecimiento continuo. Se habrían abolido, por lo tanto, los ciclos económicos. Si bien esta visión esmerilaba la materialidad de la realidad, la que en el límite de la audacia era transformada en virtualidad, la avasallante proclamada inmaterialidad terminaba, sin embargo, referenciándose, anclándose geográficamente en la aparente hegemonía indisputada norteamericana de la posguerra Fría.

La segunda idea, consecuencia de ésta que acabamos de presentar, es la que presumía la probabilidad de una especie de condominio capitalista fraternalmente universal, que cabalgaría sobre la briosa marcha de esa economía de crecimiento rápido y sostenido: era el capitalismo transnacional consumado, expresado como global, sin nacionalidad. Es decir, a  la puja Este-Oeste le habría sucedido, o le sucedería, esta entente de los capitalismos centrales, desarrollados.

Por último, una tercera pieza en este renovado tablero del entrante milenio era la desaparición de las categorías problematizadoras de las desigualdades inherentes al desarrollo del capitalismo. Es que se postulaba que esta nueva etapa dorada daría cabida plena, por fin, a aquellas realidades nacionales hasta aquí desdichadas. Las nociones de periferia, de dependencia y hasta de subdesarrollo, entonces, dejaban así de existir en la práctica. Como un fenómeno paralelo, como consecuencia de este sueño, se propaló desde fines de los ochenta la idea de los mercados emergentes, una gruesa concesión a los hipotéticos beneficios del automatismo mercantil, condición ahora aparentemente suficiente para el logro del desarrollo[4]. Era evidente que el propósito central de estos desatinos no era otro que el de enterrar el concepto geográfico de imperialismo[5].

Trasladando estos burdos planteos al caso latinoamericano, la conveniente y congruente receta argüía la necesidad de una absoluta inserción de la región en el mercado mundial -como si esto no fuera una realidad tangible ya, histórica-, allanando esta vía por el fértil expediente de una abrupta "mercantilización" de su vida, ensayo al que propendían las mentadas "estructurales" reformas.

 Nuestra posición al respecto es clara y sencilla: no se puede analizar a América Latina al margen del sistema económico-político mundial; y es  esta integración sistémica, y capitalista, en su correspondiente fase imperialista, el insoslayable punto de arranque para la comprensión de su problemática y de sus manifiestos visos de insustentabilidad.

 

Una participación comercial marginal irresuelta

Uno de los objetivos básicos de las “reformas estructurales” era el devolverle competitividad a las economías nacionales de la región. Por ello debía entenderse, entre otras cosas, el escalar posiciones en el comercio internacional, indicador supremo, según este credo, de la capacidad de una economía para desenvolverse.

Ateniéndonos a cifras del año 2002, América Latina, tras una década larga  de aplicación extendida de la mentada pócima rejuvenecedora[6], sigue constituyendo una región de participación acotada, limitada, en el comercio mundial. Para ese año, en su conjunto la región apenas superaba la vigésima parte de él, siendo su registro exacto 5,4% de las exportaciones mundiales, equivalente a 350.300 millones de dólares[7].

Encabeza la participación regional México, que con 160.700 millones de dólares prácticamente araña el 50 % de ella (Véase el cuadro Nº 1). Con estos números alcanza a ubicarse en el puesto número trece de los exportadores mundiales, un lugar asombroso para un referente latinoamericano. Luego le siguen Brasil, con 60.400 millones de dólares, el 0,9 % del comercio mundial (puesto 27); Venezuela, con 26.900 millones de dólares, el 0,4 % (puesto 40); Argentina, con 25.400 millones de  dólares, también con el 0,4 % (puesto 42) y Chile, que con 18.300 millones de dólares es el 0,3 % (puesto 45). Esto cuatro países representan, respectivamente, el 17,2 %, el 7,7 %, el 7,2 % y el 5,2 % de la participación del conjunto regional[8].

Cuadro Nº 1: La marginalidad latinoamericana (1990-2002)

 

PAÍSES

2002

miles de millones

de U$S

2002

PM%

1990

PM%

2002

PR%

1990

PR%

México

160,7

2,5

0,8

45,9

27,7

Brasil

60,4

0,9

0,9

17,2

21,4

Venezuela

26,9

0,4

0,6

7,7

11.9

Argentina

25,4

0,4

0,4

7,2

8,4

Chile

18,3

0,3

0,3

5,2

5,7

 

 

4,5

3,0

83,2

75,1

Fuente: O.M.C. (2003) / CeHu.

 

Si nos remontáramos a 1990 como punto de partida de los mentados cambios, el ejercicio comparativo sería ilustrativo de la situación comercial regional: estos mismos cinco países aparecerían como los únicos representantes  dentro de las cincuenta economías más dinámicas mercantilmente. Como una excepción en cuanto a su evolución  se hallaría México, ya que siendo el país 26 en ese año ha avanzado trece puestos en el período, pasando de 27.700 millones de dólares a los ya mencionados 160.700 millones de dólares de 2002, y de su lejano 0,8 % al actual 2,5 % de significación internacional, catapultándose del 27,7 % de la región al ya conocido 45,4 %. Por supuesto que esta performance encuentra su explicación en la articulación de su economía con el mercado estadounidense, el que ha oficiado de norte absoluto para las exportaciones mexicanas[9]. Una situación no fácilmente reproducible para el resto de las economías de la región.

Por lo tanto, los años noventa no han representado cambio alguno para la participación de la región en el comercio internacional, a excepción del peculiar caso mexicano. La estatura mundial de la participación regional, por ende, sólo puede caracterizarse como marginal y, como veremos, se podría hablar de ella como de un verdadero piso, dando cuenta así del mínimo casi histórico en el que se encuentra. 

 

Una declinación de larga data

En el cuadro Nº 2 puede observarse la evolución del comercio internacional de los siete países de la región con mayor participación comercial. Se trata de la historia económica moderna al abarcar más de 130 años, involucrando desde el último tercio del siglo XIX a la actualidad. En él pueden observarse distintos cortes temporales, la mayoría referentes significativos. Observamos en el comienzo de la serie, por ejemplo, el arranque mismo del proceso de constitución de lo que ha dado en llamarse el mercado mundial; sigue 1913, como la antesala de la Primera Guerra Mundial; luego 1929, señalando la Gran Crisis, llamada a ser un parteaguas; después 1950, momento de cambio tras la Segunda Guerra y el advenimiento de la guerra de Corea; más tarde 1973, año de la crisis del petróleo, imputada como la bisagra frente a la larga onda de crecimiento de la posguerra; finalmente, dos registros: uno para el inicio de la década del 90 y el otro, el de cierre, a la sazón, hoy.

Cuadro Nro 2: Una larga declinación (1870-2002) (en porcentajes del comercio mundial)

PAÍSES

1870

1913

1929

1950

1973

1992

2002

Argentina

0,6

2,8

2,8

1,9

0,6

0,3

0,4

Brasil

1,5

1,7

1,4

2,2

1,1

1,0

0,9

Chile

0,5

0,8

0,9

0,5

0,2

0,3

0,3

Colombia

0,3

0,2

0,4

0,6

0,2

0,2

0,2

México

0,5

0,8

0,9

0,9

0,4

0,7

2,5

Perú

0,5

0,2

0,4

0,3

0,2

0,1

0,1

Venezuela

0,3

0,1

0,5

1,5

0,8

0,4

0,4

Total

4,2

6,6

7,3

7,9

3,5

3,0

4,8

Fuente: Maddison (1997) / O.M.C. (2003) / CeHu

Las observaciones del cuadro son obvias. Se ve la expansión regional que culmina hacia 1929, que cierra así la etapa primario-exportadora exitosa, que tendrá sin embargo una prolongación, parcial, hasta 1950. Y decimos parcial porque atinge sólo a Brasil, Venezuela y Colombia, debiendo interpretarse este fenómeno como los estertores del viejo programa oligárquico de desarrollo, el que durante las dos décadas que van entre la Crisis y la Segunda Guerra tuvo en estos tres países las ventajas situacionales de unas acrecentadas necesidades de abastecimiento por parte de los Estados Unidos.

Pero a partir de allí queda patéticamente retratada la dramática caída de la participación de las exportaciones regionales, que llegan a ser a comienzos de  los noventa apenas un tres por ciento del total mundial, y que marca el registro más bajo de toda la serie. De allí a la actualidad, al rebote, limitado, circunscripto al repunte de la evolución exportadora de un solo país, México, encadenado a la demanda estadounidense.

 Agregaríamos nada más que tres apreciaciones. Es impactante el derrumbe de Argentina: su participación relativa ha caído siete veces desde los años treinta. También es interesante constatar el retroceso de Brasil desde los cincuenta y su falta de respuestas en los últimos veinte años. Y de conjunto, con estos dos ejemplos, es evidente la falta de participación mundial activa del proceso de industrialización en la región. Aparece en toda su magnitud allí la “restricción externa” de una industrialización dependiente de los debilitados ingresos del sector primario, amurado por las modificaciones del mercado internacional.

 

El oscuro contexto de posguerra (1948-2002)

En el cuadro Nº 3 se puede observar la crucial evolución del comercio internacional a lo largo de algo más de media centuria, la segunda parte del siglo XX, la etapa en que hemos visto se produce una clara regresión comercial regional. Veremos ahora aquí el trasfondo de aquella declinación.

Cuadro Nº 3: El oscuro contexto de Posguerra  ( 1948 – 2002 )

 

48

53

63

73

83

93

2002

Mundo en miles de millones de U$S

58,0

83,0

157,0

578,0

1835,0

3.752,0

6.272,0

EN PORCENTAJES

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

Eu. Occ.

31,0

34,9

41,0

44,8

39,0

43,7

42,4

Asia

13,8

13,2

12,6

15,0

19,1

26,3

25,8

Am. Norte

27,5

24,6

19,4

17,2

15,4

16,8

15,1

Am. Latina

12,3

10,5

7,0

4,7

5,8

4,4

5.6

Eu. C/O.

6,0

8,2

11,0

8,9

9,5

2,9

5,0

Or. Medio

2,1

2,1

3,3

4,5

6,8

3,4

3,9

África

7,4

6,5

5,7

4,8

4,4

2,5

2,2

Fuente: O.M.C. (2003) / CeHu

Debe tenerse en cuenta, ante todo, el cuadro geoeconómico y geopolítico de ese período. Se asistió en lo inmediato, tras la Segunda Guerra, al esfuerzo de reconstrucción de Europa Occidental por parte de los Estados Unidos, frente al desafío de la constitución de la Europa Oriental socialista. Poco después, tras el año 1949, los sucesos de China, de Corea y, finalmente, de Vietnam hicieron que Asia también se transformara en otro escenario primordial del período. Así, las reconstrucciones de los capitalismos centrales europeos y japonés resultaron en dos décadas los hechos definitorios de la futura circulación económica internacional y de la transnacionalización del último tercio del siglo pasado (Hobsbawn, 1999; Gejo, 1995).

En este cuadro de situación nos encontramos con el incremento sostenido de la participación comercial central, desarrollada, entendiendo por esto a la sumatoria de Europa Occidental, América del Norte y Asia, que de un 72,3 % en 1948 llega a 83,3 % en 2002. Estos once puntos de ganancia de las regiones centrales los ha cedido el mundo periférico, es decir, la conjunción de América Latina, África, Medio Oriente y Europa Oriental.

En la esfera central es digna de mencionar la caída relativa de América del Norte, hecho que refleja el re-posicionamiento de las otras dos regiones desarrolladas, en particular Asia. De todas maneras, el retroceso productivo-comercial de Estados Unidos no puede analizarse al margen de la indiscutida primacía que esta economía mantuvo al encabezar la transnacionalización, proceso que naturalmente desconcentró, en términos norteamericanos, la geografía capitalista desarrollada, beneficiando, ante todo, la eclosión de la potencialidad asiática de la posguerra. Un comentario ulterior, complementario, lo merece la reconfiguración geoeconómica al interior del espacio asiático: allí la declinación británica también dejó sus huellas[10].

Con respecto a la periferia, la zona de nuestra referencia, los números son dramáticamente elocuentes: América Latina y África juntos representaban casi el 20 % de las exportaciones mundiales (19,7 % exactamente) en 1948; en el año 2002, únicamente 8% (7,8 %, para ser más precisos), lo que implica una caída del 60 %  en términos relativos. Para decirlo polémicamente, al parecer de una lectura desprevenida, la historia independiente de África ha sido una ruina comercialmente hablando; y la industrialización sustitutiva de importaciones en América Latina casi otro tanto[11].

 

América Latina frente al “regionalismo” imperialista

Nos adentraremos ahora en el seguimiento de las tres áreas centrales del capitalismo en su evolución en los últimos cuarenta años. Es decir, nos centraremos en pleno proceso de “transnacionalización”, de consolidación de las geografías capitalistas desarrolladas. Apuntamos a reconocer allí dos elementos determinantes de estos acontecimientos: 1) la densidad creciente de los denominados bloques, comprendiéndolos como la expresión geográfica de los imperialismos concretos; y 2) la extrema desconexión periférica de estos circuitos de demanda concentrada, primordiales, básicos para la expansión de las periferias, de los capitalismos periféricos. Utilizaremos para esta tarea el cuadro Nº 4.

Cuadro Nº 4: América Latina frente al regionalismo imperialista (1963 – 2002)

A)                                                                                                            Europa Occidental

 

X

M

X

M

Europa Occidental

64,1

56,1

67,3

67,3

Europa Oriental

4,0

4,2

6,3

6,5

Europa

68,1

60,3

73.6

73,8

América del Norte

8,8

13,9

10,2

7,3

Asia

7,6

7,0

7,8

11,3

Centro

84,5

81,2

91,6

92,4

África

7,7

7,6

2,5

2,8

Oriente Medio

2,5

4,3

2,6

1,6

Latinoamérica

4,5

6,2

2,1

2,0

Periferia

14,7

18,1

7,2

6,4

 

Japón

 

X

M

X

M

Asia

34,9

28,2

45,5

48,4

América del Norte

30,2

35,6

30,7

19,7

Europa  Occidental

13,3

10,0

10,0

14,4

Europa Oriental

3,3

2,7

0,7

1,4

Centro

81,7

76,5

86,9

83,9

Oriente Medio

3,2

11,2

2,7

12,1

África

6,3

3,9

0,9

1,7

Latinoamérica

5,8

8,4

2,5

2,6

Periferia

15,3

23,5

6,1

16,4

 

B)                                                                                                            América del Norte

 

 

X

M

X

M

América del Norte

35,4

34,3

40,3

24,8

México

2,7

2,5

10,5

10,1

Am.Norte + Méx.

38,1

36,8

50,8

34,9

Asia

17,6

15,9

21,5

34,0

Europa Occidental

27,6

24,3

17,9

19,8

Europa Oriental

1,1

0,4

0,4

0,2

Centro

84,4

77,4

90,6

88,9

América Latina

9,6

14,4

5,6

5,5

Oriente Medio

1,9

1,8

2,1

2,6

África

3,5

3,8

1,2

1,8

Periferia

15,0

20,0

8,9

9,9

Fuente: O.M.C. (2003) / CeHu.

 

Y comenzaremos por el caso europeo occidental. Puede verse en él nítidamente el papel creciente del propio bloque o región para el fenómeno comercial, sobre todo al hablar de las importaciones. En la práctica casi ¾  partes de su comercio exterior se desarrolla al interior de Europa, quedando establecida una tendencia al incremento del peso específico de Europa Oriental, apuntando, probablemente, a restablecer una conexión histórica intra-europea, bloqueada por la Revolución Rusa y por su proyección a Europa Oriental tras la Segunda Guerra Mundial. Si se lleva la mirada un poco más allá, quedará en evidencia que la vinculación intra-central –o interdependencia de los centros- expresa más del 90 % de la realidad comercial europea. Concomitantemente, aparece en toda su magnitud la envergadura del retroceso de la periferia, que pasó de representar casi el 20 % de las importaciones euro-occidentales hace 40 años a significar hoy simplemente algo más del 6%, una caída en términos relativos apabullante, superior al 60 %.

El segundo caso que analizaremos es el de Japón, que es el último de los capitalismos centrales derrotados reconstituidos y el más dependiente de las importaciones de materias primas, a priori una ventaja para las periferias.

Los números, empero, refuerzan lo visto para el ejemplo europeo. Se consolidan las cifras del comercio internacional con un impresionante vuelco hacia la importación en su propia área de influencia, un fenómeno digno de ser estudiado en profundidad: en cuarenta años hay casi 16 puntos de avance asiático en las importaciones niponas; movimiento que es padecido, evidentemente, por Estados Unidos, el principal responsable de la reconstrucción del capitalismo oriental insular.

Pasando a la observación de la relación con la periferia, los registros no dejan lugar a duda alguna. La caída de las importaciones desde las regiones no desarrolladas es constatable, siendo profunda tanto en América Latina como en África; no así, sin embargo, con Medio Oriente, el proveedor petrolero por excelencia de la economía asiática. La factura petrolera se mantiene intacta, incólume, lo que define claramente a la matriz consumidora japonesa. Alguna palabra adicional merece el caso de las exportaciones japonesas a la periferia. Allí la declinación  es aún mayor, lo que delata el hundimiento de los mercados no desarrollados en los últimos años, y la falta de adaptación del imperialismo nipón en zonas donde sus multinacionales no han sentado sus reales [12]

Por último nos queda el caso norteamericano, de suma importancia para nuestra región, por constituirse en el imperialismo de referencia. Aquí también notaremos las tendencias vistas para los ejemplos anteriores, claro que con algunas modificaciones. La circulación intra-central luce incontrastable, constituyendo el 90% del comercio norteamericano. Es remarcable además el enclaustramiento exportador de esta región central, hecho que no se verifica en las importaciones por la notoria dependencia de los productos asiáticos[13].

En cuanto a la relación con la periferia nuevamente es abrumador lo acontecido. Para las importaciones, por ejemplo, éstas caen 10%, desde 20% a menos de 10%. En particular, es América Latina la gran perdedora, al reducirse su participación efectiva  un 9%, una colosal declinación que casi da cuenta en su totalidad de la pérdida efectiva del conjunto de las periferias.

 

A modo de resumen 

Nuestra región tiene una participación marginal en el comercio mundial; ella no se ha modificado durante los años de la “transformación”, los de las “reformas estructurales”.

Ahora bien, esta marginalidad no es nueva y forma parte de una tendencia temporalmente profunda, ya que desde la Crisis del 30, o desde fines de los años cuarenta, ha sido el signo prevaleciente. Ese contexto de posguerra ha consolidado la primacía central y la decadencia de las regiones periféricas, sobre todo de aquellas que no han podido jugar el papel de retaguardias activas en el proceso de conformación de los bloques, fenómeno este último que no es otra cosa que el resultado de la renovada puja interimperialista, llevada al plano material, concreto.

En estas condiciones, hablar de “crecimiento sostenido”, de “desarrollo sustentable” y  de algunas otras futilidades sólo indica desconocimiento cuando no encubrimiento.

 En América latina siguen estando a la orden del día, por lo tanto, las transformaciones estructurales. Claro que le damos a “estructural” un sentido diferente al utilizado por los propagandistas sistémicos y que, por ende, también re-significamos aquello de las “reformas”, escala de los cambios que creemos que queda estrecha al confrontarla  con las reales necesidades de la historia en general, y de la nuestra en particular.

 

Bibliografía citada

BEINSTEIN, Jorge (1999): “La larga crisis de la economía global”. Corregidor. Buenos Aires.

CALLONI, Stella y Du Crot, Víctor Ego (2004): “Recolonización o independencia. América Latina en el siglo XXI”. Norma. Buenos Aires.

Centro Humboldt (2003): Estadísticas Geoeconómicas. Serie Informes, nº 3. Buenos Aires.

DOS SANTOS, Theotonio (2004): Neodesarrollismo ¿hacia dónde vamos? , en www.rebelion.org

GEJO, Omar (1995): “Sistema y Economía Mundiales”, en Benítez, J; Liberali, A y Gejo, O. Estructura Económica y Comercio Mundial. Ediciones Pharos. Buenos Aires; pp. 77-142.

GEJO, Omar y LIBERALI, Ana (2001): Globalización y regionalización. Algo más que una contradicción aparente. En Anuario de la División Geografía 2000-2001. Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Luján, pp. 187-201.

GEJO, Omar; LIBERALI, Ana y MORINA, Jorge (2001): Los Límites de la globalización. En Actas del Octavo Encuentro de Geógrafos de América Latina. Santiago de Chile. En CD, pp.316-322.

GEJO, Omar y Morina, Jorge (2004): Más allá de los noventa. Boletín del Centro de Estudios Alexander von Humboldt. Año 7, nro. 11. Buenos Aires, pp. 3-11.

HOBSBAWM, Eric (1999): “Historia del siglo XX”. Crítica. Buenos Aires.

MADDISON, Angus (1997): “La economía mundial 1820-1992. Análisis y Estadísticas”. Perspectivas OCDE. París.

ORGANIZACIÓN MUNDIAL DEL COMERCIO (2003): “Estadísticas del comercio internacional 2003”. Ginebra.

 

 

[1] Luego de la crisis de deuda de los años ochenta, y cuando en 1989 se reinició el flujo de capitales externos hacia América Latina, se generó el Consenso de Washington, un conjunto de recomendaciones de reforma económica originado en el trabajo de John Williamson, investigador del Institute for Internacional Economics (Instituto Internacional de Economía) de la capital estadounidense. Pero más allá de este padrinazgo intelectual, el Consenso de Washington expresaba en verdad el acuerdo general del establishment político imperialista respecto del curso de los futuros acontecimientos político-económicos de nuestra región (Calloni y Ducrot, 2004).

[2] Los ejemplos de Paul Krugman y Joseph Stiglitz, alcanzando notoria visibilidad en los últimos años, son una muestra de este giro.

[3] Al respecto puede consultarse un reciente artículo de Theotonio Dos Santos (2004), en el que expresa ajustadamente los alcances de este tibio regreso del desarrollismo.

[4] Todo indica que el surgimiento del concepto de mercados emergentes fue fruto de la imperiosa necesidad de diversificar el portafolio de inversiones de los inversores norteamericanos. Aquejados por la crisis de las instituciones de ahorro y préstamo en 1985, y luego del traspié de la bolsa neoyorkina de 1987, los escaldados inversores estadounidenses, remisos en continuar sus apuestas mercantiles domésticas, fueron tentados con la alternativa periférica, previo lavado de cara de estos arrabales por la mala imagen que arrastraban tras la cesación de pagos regional del año 1982, la que como se sabe fue detonada por la caída en desgracia de México. Esta metamorfosis fue producto de un consecuente trabajo de marketing de los circuitos de corredores de bolsa de Wall Street.

[5] Varios autores en los últimos cinco años han incursionado en el tema del imperialismo y su vinculación con la globalización. Uno de ellos, en Argentina, Jorge Beinstein (1999), ha sido por demás preciso, didáctico y geográfico en sus apreciaciones al respecto.

[6] No desconocemos que el giro “neoliberal” data de más de una década. En realidad se podría decir que ya desde mediados de la década del setenta varios países de la región registraron programas económicos basados en los denominados ajustes estructurales. Los tempranos casos de Chile y Argentina son ejemplos ilustrativos de ello.

[7] El comercio mundial de mercancías para el año 2002 registraba un total de 6,2 billones de dólares. Teniendo en cuenta a las cincuenta economías más importantes comercialmente, que dan cuenta del 95 % del movimiento mercantil mundial, se observa allí un abrumador predominio de los países desarrollados: 16 países de Europa Occidental (40,4 % de las exportaciones); 13 países de Asia (27,2 %) y América del Norte, Estados Unidos y Canadá (14,6 %). Las regiones no desarrolladas o periféricas, en tanto, participan marginalmente: América Latina, con 5 países (4,5 %); Europa Oriental, con 6 países (3,9 %); Medio Oriente, con 5 países (2,9 %) y África, con 3 países (1 %).

[8] Estos 5 países reúnen más del 80 % de la participación exportadora regional (83,2 %, para ser más exactos). Un indicador elocuente de la concentración del fenómeno comercial.

[9] Para el año 2001, por ejemplo, las exportaciones mexicanas a los EE.UU. alcanzaban los 133.000 millones de dólares, es decir casi el 90 % de ellas tenían como único destino a su vecino norteño. Esto da una idea del significado de la globalización para México, que es evidente se escribe en clave norteamericana.

[10] Australia y Nueva Zelanda en el año 1948 representaban casi el 4 % de las exportaciones mundiales; cincuenta años después, para el año 1999, estos dos países pasaron a significar tan sólo el 1,3 % de ellas. Aún estando en la región de mayor crecimiento comercial  del mercado mundial, y de registrar Asia, como toda región desarrollada, una fuerte propensión al incremento del comercio intra-regional, las dos economías oceánicas no pudieron sobreponerse a la mutación de posguerra, en general, y a la declinación de la economía británica, en particular.

[11] El desempeño exportador de Brasil, Argentina y México durante el cuarto de siglo que va desde 1950 hasta mediados de los años setenta es una muestra contundente de la falta de perspectivas de la industrialización tal como se la había planteado luego de la crisis de los años treinta, en los marcos de la organización social en vigencia.

[12] Resulta sintomático que el principal mercado para el Japón en la región lo constituya el diminuto Panamá, superando a mercados de la talla de Brasil y de México. En el año 2001, el Japón colocaba en Panamá mercancías por 4.800 millones de dólares; en México, 4.100 millones de dólares; y en Brasil, 2.500 millones de dólares (CeHu, 2003)

[13] En el año 2001, los EE.UU. presentaban un déficit comercial respecto de China y Japón que bordeaba los 160.000 millones de dólares, producto de unas importaciones desde esos dos países cercanas a los 240.000 millones de dólares (CeHu, 2003).

 

 

 

Expone el Prof. Juan José Berolino, de Villa Mercedes (San Luis). A su lado la Dra. Brisa Varela (de la Universidad Nacional de Luján). Modera el Lic. Santiago Böndel, de la Universidad Nacional de la Patagonia (Comodoro Rivadavia - Chubut).

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La Lic. Ana María Liberali (Centro Humboldt – Argentina) junto con los humboldtianos mexicanos Dr. José Omar Moncada Maya, Dr. Álvaro Sánchez Crispín y Dr. Álvaro López López (de la Universidad Nacional de México).

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CENA DE DESPEDIDA del 7mo Encuentro

  msoD916C      

Ana María Liberali, Omar Gejo y Martín Benítez (Buenos Aires – Argentina)

 

 

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Fátima Alí y Florencia Canestro (Mar del Plata – Argentina)

 

 

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José Milton Lago (Brasil)

 

 

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Ampelio Liberali y Nelly Sensini (Buenos Aires – Argentina)

 

 

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César Bentancor (Uruguay), Horacio Bozzano (La Plata – Argentina) y Carmen Varela Araya (Chile)

 



 




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