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Asunto:NoticiasdelCeHu 638/09 - Cuestión agraria y lucha por la tierra en San tiago del Estero
Fecha:Domingo, 27 de Septiembre, 2009  02:11:37 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 638/09
 

Cuestión agraria y lucha por la tierra en Santiago del Estero

 

DE ESTRADA, María

FADEG-UNMdP-CONICET

 

Resumen

Este trabajo busca problematizar la lectura del espacio rural argentino incorporando la perspectiva de la “cuestión agraria” que busca estudiar de forma crítica el movimiento del conjunto de problemas relativos al desarrollo de la agricultura y de las luchas de resistencia de los trabajadores, que son inherentes al proceso desigual y contradictorio de las relaciones capitalistas de producción. (Mançano Fernandes, 2003). Así, incorporando al análisis categorías adecuadas que den cuenta de elementos que, lejos de ser secundarios o accidentales, hacen parte del modo de reproducción del capital en el espacio rural, se busca realizar un análisis general de las principales características que hacen a esta “cuestión agraria en Argentina”.

Como ya está ampliamente abordado, sabemos que la expansión del cultivo de soja transgénica en el país representa un rasgo sobresaliente en todo el territorio desde la década del 90, pero que su impacto ha sido mayor en las regiones extra-pampeanas donde se ha producido la expansión de la frontera agropecuaria y la transformación de los aparatos productivos anteriormente vinculados al mercado interno. En este sentido el Noroeste ha sido la región más afectada, destacándose las provincias de Chaco y santiago del Estero, donde el proceso ha tenido un espectacular crecimiento.

Este trabajo busca, justamente, acercarnos desde esta perspectiva al territorio santiagueño.

Haciendo un análisis de su configuración espacio-temporal y las transformaciones durante este último período y poniendo énfasis en un rasgo que creemos crucial para la comprensión de estos territorios: la conflictividad inherente al desarrollo capitalista en el agro, se analizará el surgimiento y conformación del MOCASE (Movimiento Campesino de Santiago del Estero) como movimiento socio-territorial. Se trata de poner en relieve la construcción de estas territorialidades emergentes por parte de organizaciones sociales que resisten al avance de la “territorialidad excluyente” que plantea el agronegocio como hegemónica. Interpretar estos territorios de los movimientos como parte de las contradicciones intrínsecas del desarrollo del agronegocio, resulta un aporte, tanto para el desarrollo de una geografía crítica del espacio rural argentino, como para pensar estrategias de intervención que incorporen estas territorialidades campesinas cuya invisibilización (por parte de la prensa, la academia, y las instituciones) lleva a la pérdida de invalorables saberes, prácticas y conocimientos necesarios para pensar espacios rurales que garanticen la soberanía alimentaria y el acceso a la tierra para quienes la trabajan. La construcción de un mundo más justo no puede dejar de ser un objetivo central a la hora de edificar una geografía crítica en este momento histórico.

La elaboración del presente trabajo incluyó como herramientas metodológicas el trabajo de campo, la realización de entrevistas, la revisión bibliográfica y el trabajo con los datos del Censo Nacional Agropecuario de 1988 y 2002 y se vincula a trabajos realizados como doctoranda en Ciencias Sociales por la UBA.

 

palabras clave: Cuestión agraria – movimientos socio-territoriales – Santiago del Estero.

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Este trabajo pretende analizar desde una perspectiva crítica el espacio rural argentino y sus transformaciones desde la década del 90. Distintos aportes, principalmente desde la sociología rural, y en menor medida desde la geografía, han desarrollado interpretaciones al respecto. La geografía crítica argentina presenta una gran deuda en este sentido, ya que sociólogos han hecho uso de conceptos y marcos de análisis provenientes de la geografía crítica brasilera y anglosajona (Richard Peet, David Harvey, Milton Santos, Bernardo Mançano Fernandes, Rogelio Haesbert entro tantos otros) y han sido escasas las utilizaciones de esos marcos de análisis para la interpretación de los territorios en argentina desde nuestra disciplina.

Este esfuerzo por interpretar el surgimiento de nuevas territorialidades en resistencia en el país, con características diferenciales a las resistencias de la década del 70 y del 80, tanto en torno a su organización, repertorios de acción, marcos de alianzas, etc., en el marco del desarrollo y reproducción del capital en el agro argentino, se inscribe en este sentido que consideramos necesario.

La lucha por la tierra, lejos de ser un plano cerrado del desarrollo del capitalismo en nuestro país, continúa vigente y se re-significa de acuerdo a las características específicas de cada formación espacio-temporal. Centrar aquí el análisis es centrarlo en el desarrollo desigual y combinado del capitalismo en el agro, en la reproducción de contradicciones propia de un modo de acumulación excluyente, que a la vez que destruye al hombre destruye la naturaleza. Por ello pretendo especificar el modo en que esto se territorializa en una región específica: el Noroeste Argentino, y en especial, la provincia de Santiago del Estero, una de las más pobres del país, que ha sido expoliada como periferia de la región central, y que ahora es incorporada a los territorios del agronegocio gracias a la expansión del paquete tecnológico Soja RR-glifosato-siembra directa. Es aquí donde a la par de registrarse cifras impensables para el agronegocio, se registra el movimiento social campesino de mayor peso del país, el MOCASE-VC1. Comprender esto como parte de un mismo proceso, implica una aproximación desde las contradicciones del avance de la frontera agropecuaria mediante la expansión del agronegocio.

 

CUESTIÓN AGRARIA Y TRANSFORMACIONES TERRITORIALES EN ARGENTINA A PARTIR DE LA DÉCADA DEL 90.

Para centrar nuestro análisis en la lucha por la tierra, es importante retomar como eje la cuestión agraria, definida por el geógrafo brasilero Mançano Fernandes, como “el movimiento del conjunto de problemas relativos al desarrollo de la agricultura y de las luchas de resistencia de los trabajadores, que son inherentes al proceso desigual y contradictorio de las relaciones capitalistas de producción. En diferentes momentos de la historia, esta cuestión se presenta con diversas características, relacionadas a los distintos estadíos de desarrollo del capitalismo” (Mançano Fernandes, 2003, p.3). Así, se entiende la cuestión agraria desde una visión crítica como un elemento estructural del capitalismo, inherente a la expansión de este modo de producción en los espacios rurales; la cuestión agraria comprende dimensiones políticas, sociales y económicas, a lo que nos atrevemos a sumarle los aspectos ambientales, complejizando procesos que en muchos casos se tratan de ver como “naturales”,  “inocuos”, etc.; y donde se tiende a invisibilizar gran parte de las consecuencias que el desarrollo de la agricultura implica. Como señala este mismo autor, los problemas referentes a la cuestión agraria están relacionados esencialmente a la propiedad de la tierra, consecuentemente a la estructura fundaria, a los procesos de expropiación y expulsión de trabajadores rurales, a la lucha por la tierra, por la reforma agraria y por la resistencia en la tierra; la seguridad alimentaria, los modelos de desarrollo agrario y sus patrones tecnológicos, las políticas agropecuarias, entre otros aspectos que conforman la complejidad de este proceso, abordado muchas veces de forma simplista.

La implementación de políticas neoliberales en todo el continente generó fuertes transformaciones en los espacios rurales de América Latina, vinculadas a una reprimarización de las economías, que en el marco de políticas desregulatorias por parte de los Estados nacionales dieron lugar al fuerte ingreso de capitales extranjeros principalmente de empresas multinacionales vinculadas al capital financiero y sectores internos que a esta estrategia se plegaron. En este sentido, y generados los marcos normativos necesarios para este fin2, el territorio latinoamericano en general, se vio fuertemente modificado tanto en su realidad material como en las lógicas que conducían los procesos de territorialización. Como afirma Maristella Svampa, la concepción del espacio geográfico en este contexto se volcó hacia la de “territorios eficientes” (Svampa, M., 2008, p.15) cuyo eje estaba puesto en la rentabilidad que de los distintos territorios se podía obtener. Según la misma autora en la actualidad nos encontraríamos en una segunda fase del capitalismo neoliberal en América Latina caracterizada por la generalización de un modelo extractivo-exportador, basada en la extracción de recursos naturales no renovables.

Dentro de este marco se destaca en nuestro país la implementación del “modelo sojero”3 pasando a ser la Argentina una de los principales economías exportadoras de transgénicos a nivel mundial.

Los cambios en la estructura agraria le ponen cifras a esta involución y demuestran de lleno la regresividad de este proceso en ciertos ejes fundamentales como la diversidad productiva, la distribución de la tierra, el tamaño medio de las explotaciones, entre otros, como se aprecia en el siguiente cuadro:

 

CNA 1988 CNA 2002 Variación Variación (%)

Tamaño promedio de las EAPs con Límites definidos

469 ha 588 ha 119 has. 25,37

Cantidad de EAPs

421.200 333.500 -87.700 -20,82

Sup. Implantada en primera y segunda ocupación con soja

4.328.847 has. 10.835.300 has. 6.506.453 has. 150%

Fuente: Censo Nacional Agropecuario 2002

 

AGRONEGOCIO Y TERRITORIOS

A partir de la década de los 90 se producirán grandes transformaciones en los espacios rurales latinoamericanos ligados a este sector del poder económico multinacional dado a conocer como “agronegocio” o “agrobussiness”. Según Mançano Fernandes, este nuevo concepto es también una construcción ideológica para renovar la imagen de la agricultura capitalista y “modernizarla”; un intento de ocultar el carácter concentrador, depredador, expropiador y excluyente para dar relevancia solamente al carácter productivista, destacando el aumento de la producción, de las riquezas y de las nuevas tecnologías y presentándose como el responsable absoluto de la producción agropecuaria de los países; otra característica central es que vende la idea de que su modelo de desarrollo es la única vía posible (Mançano Fernandes, B., 2009,p.1).

Distintos autores han resaltado los importantes cambios que la incorporación masiva de territorios al agronegocio implicó para los espacios rurales del continente (Teubal y Giarracca, 2005; Domiguez y Sabatino, 2006) y es importante destacar que si bien esto se traduce en distintos cultivos como la soja, la caña de azúcar, la palma africana, etc., se trata de un mismo modelo de agricultura capitalista cuyos pilares son la incorporación de semillas transgénicas y paquetes tecnológicos asociados a grandes empresas multinacionales, el traspaso de la lógica industrial al espacio rural, la expansión de monocultivos, la expulsión de pequeños y medianos productores, la orientación de la agricultura por los mercados financieros, la importancia de los complejos agroindustriales, etc.

Cuando centramos nuestro análisis en la territorialización de estos procesos, la teoría desarrollada por Arivaldo de Oliveira4 nos proporciona elementos importantes para comprender estos procesos de forma más compleja; Arivaldo nos enseña, al concebir el territorio como producto de la lucha de clases, que no se lo puede tomar como una expresión homogénea ni como cristalización en un determinado momento histórico de un supuesto saldo final de las luchas trabadas: sino que allí tenemos que encontrar las contradicciones derivadas de los conflictos de clase para comprender el territorio en su dinámica (Tomiasi Paulino, E., 2007,p.341); Analiza la territorialización capitalista como hegemónica, que se organiza con vistas a la acumulación ampliada, resaltando que las luchas concretas trabadas por la existencia llevan a clases opuestas a controlar fracciones de ese territorio capitalista, organizado por y para el capital, dándoles una configuración dinámica, coherente con la lógica de reproducción que las mueve.

Esto nos sirve para comprender al espacio desde una visión dialéctica, como resultado y como locus de procesos sociales contradictorios; no como un receptor pasivo de procesos hegemónicos, sino también como el lugar donde “en el choque de antagonismos, inherentes al proceso desigual y contradictorio, ocurren exclusiones y también resistencias, generando conflictos que culminan en las más diversas formas de violencia” (Bagli y Mançano Fernandes, 2003,p.2). Ligando esto con lo hasta ahora desarrollado sobre la territorialización del capital y el agronegocio, es importante recalcar que si bien el agronegocio se ha instaurado en la última década como hegemónico y esto ha generado fuertes procesos de exclusión y expulsión de familias campesinas hacia las ciudades, este proceso no es unívoco, y que la reproducción del

capital tiene como correlato el aumento de la conflictividad en la tierra, resignificándose la lucha por la tierra y el territorio en el marco de estas nuevas características y dando lugar también a nuevos espacios de resistencia; Ante reconfiguraciones territoriales excluyentes (que avanzan sobre las tierras y los bienes naturales de pueblos originarios y comunidades campesinas, que generan contaminación ambiental por el uso de fuertes agrotóxicos, que no requieren mano de obra en el campo); la conflictividad aumenta y con ella la resistencia; una resistencia territorializada, que tiene como uno de sus mayores símbolos de identidad la pertenencia a una cierta tierra; y que resistiendo, recrea nuevas formas de socialización, de organización, de lucha.

Nos posicionamos dentro de las corrientes de pensamiento que no creen que el único destino posible para el campesinado es su desaparición o su transformación hacia la economía capitalista (mediante su incorporación a la denominada “agricultura familar” o como asalariados de los complejos agroindustriales), hay suficientes evidencias que muestran que esto no es una especie de destino ineludible, sino que en ello mucho tiene que ver el pensar las políticas desde estas lógicas, lo cual genera una especie de efecto de “profecía autocumplida”: se busca incorporar al campesino a la economía capitalista, mediante el apoyo con ciertos estímulos a la incorporación de capital (ya sea con subsidos, pero principalmente con insumos específicos), sin pensar o problematizar los rasgos de carácter estructural que entran en juego, como la tenencia

precaria de la tierra, el no reconocimiento de su importancia como sector social, cultural y económico, etc;

Preferimos afirmar que el proceso que vivimos actualmente de territorialización del capital es contradictorio, y por lo tanto heterogéneo. Como sostiene Oliveira, “El desarrollo del modo de producción capitalista, entendido como proceso contradictorio de reproducción ampliada de capital, presupone la creación capitalista, de relaciones no capitalistas de producción, una vez que el capital al reproducirse, reproduce también de forma ampliada sus contradicciones” (Oliveira, A., 2007.p.20).

Cuando buscamos comprender el modo en que esto ocurre en nuestro país, con las particularidades que Argentina presenta por su importancia mundial en la agricultura, y en el esquema de las principales empresas del agronegocio dentro de su política de reproducción ampliada a nivel global5, nos lleva a prestar especial atención no sólo a lo que ocurre en el corazón de la pampa húmeda, sino también en aquellos espacios donde ocurre esta expansión y donde, como sostuvimos, también se recrean las contradicciones: estamos haciendo referencia a las regiones extrapampeanas, en especial en Noroeste argentino, y el Noreste (en este caso la provincia de Chaco en particular), donde no es sólo que el cultivo de soja se ha multiplicado, sino que esta expansión territorial se realiza a expensas del corrimiento de la frontera agropecuaria. El siguiente cuadro muestra la variación intercensal del cultivo de soja por provincias y regiones:

 

PROVINCIA

Sup. Soja CNA 88 (Has.)

Sup. Soja CNA 2002 (Has.)

% VARIAC

Mendoza 5 0 0%

San Juan 0 0 0%

CUYO 5 0 -100%

Chaco 16745 407445 2333%

Corrientes 7087 5801 18%

Formosa 774 6574 750%

Misiones 8083 2380 -71%

NEA 32689 422200 1192%

Catamarca 30164 413%

Jujuy 5877 1120 -67%

La Rioja 3389 0 0%

Salta 0 296982 202%

Santiago deL Estero 98305 413382 549%

Tucuman 63722 201959 49%

NOA 306590 943606 208%

Buenos Aires 1041463 2573963 147%

Cordoba 1319837 3281168 149%

Entre Rios 36993 870767 2254%

La Pampa 17837 95372 435%

San Luis 369 45078 12106%

Santa Fe 1573065 2603147 65%

PAMPEANA 3989563 9469495 137%

Chubut 0 0 0%

Neuquen 0 0 0%

Rio Negro 0 0 0%

Santa Cruz 0 0 0%

Tierra del Fuego 0 0 0%

PATAGONIA 0 0 0%

Fuente: INDEC.

 

Este proceso de transformación en el agro argentino es denominado de “pampeanización” o “agriculturización”; identificando así, no sólo la expansión de un cultivo de forma hegemónica, sino la de todo un modelo productivo propio de un espacio del país que es transterritorializado hacia espacios cuyas características son completamente diferentes; tanto en lo natural, como en lo social, económico, cultural, etc. Sin embargo, las características que ha alcanzado el llamado “paquete tecnológico”6 permiten justamente esta expansión a regiones que estaban excluidas, lo cual ha transformado el paisaje de Chaco, de Santiago del Estero, de Salta, homogeneizando los mares de soja que se extienden hasta las banquinas de las rutas; recordemos que al utilizar el concepto de territorio, estamos entendiéndole en su complejidad, como un espacio articulado de acuerdo a relaciones de poder, a relaciones de producción específicas, a una historia que se encuentra materializada en las que Milton Santos denominó las rugosidades del espacio (Santos, M.,1996) y que irán imponiéndole su huella al paisaje, materializando relaciones sociales del pasado que serán el la base de ese espacio en constante dinamismo.

Al buscar comprender que es lo que ocurre en estos espacios concretos, de que forma esto se materializa, se espacializa, como sostuvimos no sólo en su forma de reproducción hegemónica, sino también en el modo en que esas contradicciones, esa conflictividad inherente al desarrollo capitalista en el agro y sus resistencias, es preciso buscar registros al respecto; lo cual se hace difícil, por un lado porque los medios de comunicación justamente ocultan estos conflictos y muy rara vez logran tomar visibilidad y por el otro lado, porque justamente muchos de estos espacios son zonas “marginales”, espacios periféricos de lo que poco se conoce y mucho menos se muestra, además de no existir dentro del estado ningún organismo que tenga como tarea registrar estos hechos. Desde la academia existen aportes en este sentido; El análisis de la conflictividad en los espacios rurales en Argentina para el año 2007 realizado por Diego Domínguez y Pablo Sabatino (2008) permite tener una noción espacial de lo que ocurre, poniendo en evidencia su centralidad en los espacios extrapampeanos7: región patagónica (vinculada principalmente a los conflictos que viven los pueblos originarios en torno a la tenencia de la tierra), NOA y NEA, donde es importante la presencia de comunidades campesinas y aborígenes. En estas dos últimas regiones la conflictividad se vincula directamente con la expansión del cultivo de soja; En el Noreste la variación intercensal de superficie de este cultivo muestra un espectacular aumento del 1.192%, en su mayoría producto de la expansión en la provincia del Chaco; mientras que para el Noroeste el aumento promedio fue del 208%, destacándose la provincia de Santiago del Estero, que quintuplicó las hectáreas de soja en el lapso de 14 años. (CNA, 2002). El trabajo desarrollado por estos autores demuestra también que la mayor parte de las demandas en los conflictos se vinculan al acceso a la tierra (23,1%) y contra los desalojos (37,4%); en total consonancia con lo que venimos desarrollando.

En el próximo apartado, buscaremos centralizar el análisis en la provincia de Santiago del Estero. La elección se sustenta en que es allí donde ha emergido uno de los procesos de resistencia de mayor importancia a nivel nacional contra esta territorialización del capital: el Movimiento de Campesinos de Santiago del Estero, MOCASE, cuya visibilización ha ido en constante aumento y en muchos sentidos ha resignificado muchas de las discusiones sobre campesinado en el país. En consonancia con lo antes expuesto, realizaremos una aproximación histórica a este espacio, para comprender al territorio santiagueño en su dimensión espaciotemporal.

 

Configuración territorial de Santiago del Estero: una aproximación histórica

Para interpretar este territorio hay que remitirse casi sin salidas a los cambios que se produjeron desde la colonización española en esta región. El NOA fue incorporado al esquema económico de la corona como abastecedor de recursos agrícola-ganaderos y humanos; una región periférica si pensamos en la centralidad localizada en las minas de Potosí. Esto implicó una profunda reorganización espacial en torno a la fundación de núcleos urbanos que actuaban como puntos de partida para la apropiación de las tierras aledañas y la mano de obra y para la articulación de un sistema de caminos que permitiera el aprovisionamiento de Potosí. A esto le siguieron las profundas transformaciones espaciales vinculadas a la etapa de inserción de Argentina dentro de la División Internacional del Trabajo a fines del siglo XIX como proveedora de granos y carnes hacia Inglaterra. En esta etapa las fértiles llanuras pampeanas actuaron como núcleo articulando el resto del territorio en torno a las mismas y el resto de las regiones aportaban mayormente las mercaderías para consumo interno y para abastecer a esta región central que absorbía recursos de todo el espacio nacional.

La expansión del ferrocarril cumplió un rol fundamental en la articulación de las regiones periféricas para la provisión barata de materias primas. En Santiago del Estero, podemos hablar de la tríada ferrocarril - explotación forestal - latifundio (Dargoltz, 2003,p.71) como una unidad compleja y dinámica que modificará completamente la estructura socio-económica de esta provincia así como las condiciones ecológicas de la misma a fines del siglo XIX. La llegada del ferrocarril permitió la incorporación de numerosas hectáreas de monte al esquema productivo nacional. Allí donde el ferrocarril llegaba, se instalaban los obrajes y los hacheros se adentraban en las profundidades del monte para sacar los quebrachos de los que empresas inglesas obtendrían el tanino para las curtiembres. El gobierno provincial llevó a cabo la venta masiva de tierras fiscales, que fueron obtenidas por un grupo pequeño de empresarios radicados en Buenos Aires. Este período es fundamental ya que sentará algunos aspectos constitutivos de la territorialidad santiagueña.8

Fuertemente empobrecida por la doble sobreexplotación de mano de obra y naturaleza, esta provincia se fue consolidando como uno de los mayores núcleos expulsores de población que se dirigía a Buenos Aires principalmente a emplearse en las fábricas en el marco del proceso de Industrialización Sustitutiva de Importaciones (ISI) durante las décadas del 50 y 60. La venta de tierras fiscales fue un recurso ampliamente utilizado por el Estado provincial para cubrir déficit fiscales (Barbetta, P., 2007,p.24). En los 70, en el marco de importantes beneficios para la ganadería se produce la expansión hacia estas tierras de la frontera agropecuaria, lo que significó una llegada de capitales foráneos a la región caracterizados por un uso intensivo de capital, acentuando uno de los rasgos principales de este territorio: la polarización de la estructura agraria; hacia 1970 el 75% de la tierra provincial en manos de establecimientos de más de mil hectáreas cohabitando con un minifundismo significativo (Aparicio, 1987; citado en Díaz Estévez, P.; 2007.) y aun hoy es la provincia con mayor proporción de población campesina del país.

Durante la última dictadura militar y apoyándose en este marco represivo comienza un proceso de “exclusión silenciosa” (Barbetta y Lapegna, 2004,p.311.) puesto en marcha por empresas que con escrituras avaladas desde Buenos Aires y Santa Fe se presentan como dueñas de tierras ocupadas por campesinos. Los pobladores de estas tierras no poseen títulos en la mayoría de los casos ya que viven y trabajan en estos lugares desde tiempos remotos. El desalojo violento de campesinos se llevó adelante pese a la existencia de la “Ley Veinteañal” que garantiza la propiedad de la tierra para quienes la ocupan desde hace 20 años o más, y que será una herramienta fundamental para la organización campesina en el futuro. El retorno a la democracia en 1983 implicará también el regreso mediante elecciones del Juarismo a la provincia. Se trata de una caso de “caudillismo” que se repite en muchas otras provincias del interior del país, donde, en este caso Carlos Arturo Juárez, gobierna directa o indirectamente la provincia durante más de 40 años, mediante la sistemática represión de libertades civiles y políticas, así como el control de los principales medios de comunicación y el aparato judicial provincial. Este elemento constitutivo de las prácticas políticas en Santiago del Estero es de suma importancia para comprender el accionar que tendrán las distintas instancias estatales, así como el aparato represivo y el nivel de impunidad con que actúan algunos sectores.

 

MOVIMIENTOS SOCIALES Y MOVIMIENTOS SOCIO-TERRITORIALES

Las tradiciones sociológicas de análisis en torno a la acción colectiva y a la protesta tienen su núcleo más fuerte en Estados Unidos y en Europa. Dos han sido los paradigmas principales: el de la interacción estratégica y el paradigma de la identidad, cada uno basado en presupuestos y perspectivas diferentes.

El primero, oriundo como dijimos de Norteamérica, tiene dentro de sus pensadores destacados a Sydney Tarrow y Charles Tilly, entre otros. Se cuestionan como central el hecho de que conflictos sociales existen de forma permanente, pero que de esto no se desprende instantáneamente acciones colectivas, y el indagar en aquello que sí las genera, y que no es la conflictividad estructural, debe ser el núcleo de los análisis al respecto. De esta forma generan categorías como estructura de oportunidades políticas, repertorios de acción, incluso cálculo de costos y beneficios, ciclos de protesta, marcos de acción, etc. Siempre comprendiendo la acción colectiva como una acción racional (muchas de las variaciones dentro de este paradigma se sitúan en torno a si se trata de una racionalidad económica, cultural, política, etc.)

El paradigma de la identidad, de origen europeo, se posiciona desde una matriz conflictiva de las relaciones sociales vinculada al tipo de dominación. Busca diferenciarse del marxismo ortodoxo complejizando la acción colectiva más allá de la lectura clasista y desarrollando categorías y marcos interpretativos que le permitan evitar concepciones normativas al respecto. Alan Toureine y Alberto Meluchi, son dos de los destacados pensadores que han ido construyendo este paradigma desde el estudio del movimiento obrero hasta los nuevos movimientos sociales presentes con fuerza en Europa (feministas, ecologistas, etc.). Plantean, y ponen énfasis allí, que en el marco de la acción colectiva se desata una disputa de sentidos, de orientaciones del sistema de acción histórico; es decir, de articulación entre la confrontación con el sistema de dominación y a su vez de orientaciones culturales propias. Los movimientos sociales se proponen como “retos simbólicos” hacia ese orden establecido con el que confrontan (es el caso de las feministas construyendo relaciones sociales no patriarcales, el caso de los ecologistas que plantean la construcción de otra relación sociedad-naturaleza, etc.) y hacia toda la sociedad en general, y esta es una dimensión a la que este paradigma propone darle importancia por su potencial transformador y porque es una característica común el hecho de que la forma no es un elemento más, sino un fin en sí mismo. Todos estos planteos y debates recaen en la fuerza que toma dentro de esta corriente el concepto (o las prácticas más que el concepto) de identidad.

La identidad como parte de la estrategia, como construcción, interacción y oposición.

Si bien consideramos que tanto los debates de índole conceptual, así como muchas  e las categorías analíticas propuestas por estos dos paradigmas (y en mayor medida por el segundo) ofrecen marcos de análisis que permiten acercarnos a las realidades estudiadas e incluso que estas realidades retroalimenten los debates ampliando los sentidos propuestos, hay dos elementos que son importantes resaltar a la hora de proseguir el debate; por un lado el hecho de que se trata de marcos interpretativos construidos sobre la base de otras realidades completamente diferentes, donde tanto los aspectos estructurales como las acciones colectivas se desarrollan de forma disímil, por lo que en cierta medida se estaría “encorsetando” lo que nuestra realidad latinoamericana nos muestra. Esto sin dejar de lado la importancia en la búsqueda de teorías amplias e incluyentes, pero sí marcando el riesgo que muchas veces implica el traspase geográfico en el marco de la academia. Por otra parte, en lo referente a los aspectos disciplinares, los debates provenientes de la sociología, si bien aportan elementos fundamentales, se insertan dentro de marcos de análisis y debates que a los geógrafos muchas veces nos resultan ajenos.

Es por estos motivos, que elegimos abordar el análisis desde de los “movimientos sociales como categorías geográficas” siguiendo el desarrollo conceptual elaborado desde la academia brasilera (Mançano Fernandes, Porto Gonçalves, Ruy Moreira, etc.) que ponen en el centro del debate al territorio como categoría analítica, proceso de producción científica seguramente ligado a las realidades que allí se comenzaron a vislumbrar como de relevancia y con un potencial dentro de la acción colectiva que lo ameritaba. Siguiendo a Mançano Fernandes, él plantea como reto dentro de la geografía el construir conceptos que den cuenta de de los movimientos sociales como constructores y productores de espacios, y como transformadores de espacios en territorios (Mançano Fernandes, 1994). Al distinguir la territorialización de los movimientos, así como los procesos de desterritorialización y reterritorialización, como constitutivos de su accionar, se planteó como desafío “pensar las dimensiones geográficas de las acciones y de las relaciones construidas por los movimientos sociales, en el sentido de reconceptualizarlos a partir de una lectura geográfica del proceso”. Las formas de organización, de acción, de relaciones, se realizan en el espacio geográfico en todas sus dimensiones: cultural, económica, social, política; por lo que debemos incorporarlas para comprender las formas de organización y el modo en que las relaciones sociales definen y delimitan los territorios de acción de los movimientos. Como afirma este autor, las formas de organización guardan relación con el territorio, el espacio y el lugar.

Territorialidades aisladas o movimientos sociales territorializados son claves de análisis a tener en cuenta; si bien todos los movimientos socio-territoriales comienzan de manera aislada, es la ruptura con la escala local, lo que los lleva a territorializarse, a dimensionar sus espacios y organizarse ampliando su sus acciones. Los movimientos territorializados son aquellos que actúan en macroregiones y forman una red de relaciones con estrategias políticas que fomentan su territorialización; es decir, que comprenden que en esas territorialidades construidas donde se condensan múltiples dimensiones, constituyen uno de los objetos de su lucha, que los permite a su vez ampliar esta lucha hacia escalas más amplias, mientras que a su vez se trata de espacios propositivos, donde se plasman en acciones las prácticas políticas: como dice Mançano, de forma clara: no existe transformación de la realidad sin la creación de espacios”.

Llevando este análisis geográfico a lo anteriormente desarrollado, tanto en torno a la cuestión agraria, como a la conflictividad de la tierra y la territorialización del capital; podemos aquí encontrar algunos ejes que nos permitan avanzar en la comprensión de la realidad. En un inicio planteamos el modo en que el capitalismo se territorializa mediante el agronegocio; no de forma unívoca, sino de forma contradictoria, reproduciendo y ampliando a su vez estas contradicciones intrínsecas, que traban en su seno disputas territoriales. Al llevar este marco interpretativo el espacio argentino, pudimos observar las transformaciones producidas por este proceso de “agriculturización”, teniendo en cuenta las diferencias regionales; dado que nuestro análisis se centra en las resistencias que se erigen contra estas territorialidades excluyentes, analizamos junto a Domínguez y Sabatino, la conflictividad en los espacios rurales, tratando de distinguir ciertos actores, ejes de disputa, etc. Y distinguiendo algunos territorios que en este sentido parecían mostrar especificidades, uno de ellos lo constituye la provincia de Santiago del Estero, por lo que procuramos adentrarnos en los procesos que permiten denotar la configuración territorial santiagueña. Para culminar este trabajo buscamos comprender una de las mayores organizaciones sociales campesinas del país desde esta perspectiva territorial: el MOCASE-VC, considerando que el análisis de la cuestión agraria debe incorporar esta disputa territorial entre el capital y el campesinado, no sólo por el peso cuantitativo que estas resistencias están implicando, sino por sobre todo, porque además de ello, contienen en su interior un potencial transformador que no podemos dejar de estudiar quienes creemos que urge una transformación de los espacios rurales por fuera de los parámetros de desarrollo actualmente impuestos (que son confusos, contrapuestos e inviables, además de negativos para la mayoría de la población) .

 

PENSANDO AL MOCASE COMO MOVIMIENTO SOCIO-TERRITORIAL

Como venimos sosteniendo, una de las especificidades de la cuestión agraria en Santiago del Estero, es su resignificación a la luz de las transformaciones operadas con la expansión del cultivo de soja hacia estas tierras. Esto, como materialización de un conjunto de procesos de diversa índole que corrieron en este sentido desde la década del 70 : apertura de la economía a la importación de alimentos, eliminación de los organismos de regulación estatal, inserción de tecnologías ligadas al capital, desplazamiento de la frontera agropecuaria, etc. en una de las provincias con mayor presencia campesina, donde la “tenencia precaria de la tierra” es uno de los rasgos sobresalientes combinándose con la represión sistemática de las libertades civiles y políticas fruto del entramado político clientelar trazado por el gobernador Carlos A. Juárez hasta la intervención de la provincia en el 2004 (Barbetta, P, 2007, p.12).

El origen del MOCASE-VC como organización, ligado directamente a este proceso de expulsión de los campesinos de la tierra, nos lleva a poner el territorio, la tierra, como un eje central. Es por ello que muchos lo consideran como el elemento de mayor relevancia para pensar la identidad del movimiento; lo cual a su vez lo liga con la mayoría de las luchas desarrolladas en los espacios rurales. Pero más allá de eso es crucial comprender esto que planteaba Mançano Fernandes, de que sin espacio no hay movimiento; Es decir, que la disputa es territorial, es la disputa entre el agronegocio, el desmonte o el latifundio, y los territorios campesinos; y en esta disputa es que emerge la organización, justamente, para llevar adelante estas consignas de la lucha por la tierra y (re)significarlas a la luz del movimiento. Y entonces allí la cuestión territorial es preciso pensarla como la creación de espacios de resistencia, de una resistencia, que a la vez que creativa debe incorporar y saber conservar esos “saberes de la tierra”.

“El criterio, la política del MOCASE es tratar de que no sea mi problema, sino que el problema sea de todos, y no verlo como mi problema de tierras porque yo la quiero para mi individualmente, que la tierra sea comunitaria; casos individuales no, porque es un caso, un caso, otro caso... más vale encaremos un solo caso pero con la mirada más general. Por eso se suman comunidades, no se suman personas.”

(Entrevista realizada a miembro del MOCASE, julio de 2007)

Aquí estamos hablando justamente de esto, ante la fragmentación e individualización a la que se refiere el sistema jurídico (abarcando los casos como específicos, lo cual permite a la vez la judicialización de la protesta) el movimiento plantea una respuesta conjunta y organizada, en defensa de su “territorialidad campesina”,que hace que se incorporen nuevos elementos que a la vez son herramientas para la defensa y la “pre-figuración” de esa sociedad por la que se lucha: la defensa de la soberanía alimentaria, la incorporación de elementos de agroecología, la recuperación de las experiencias de luchas históricas, el abordaje de la “cuestión de género”, el trabajo con el área de salud campesina, la formación política de sus miembros, la incorporación de elementos de economía social, estrategias de comunicación, etc.

En la zona Norte de Santiago del Estero, en el departamento de Copo, la conflictividad se da principalmente debido al desmonte para la incorporación de tierras a la explotación forestal.

Empresas madereras de la zona ligadas a testaferros del poder local compran estas tierras campesinas en inmobiliarias, ya que de acuerdo al catastro oficial, o bien pertenecen a grandes propietarios individuales y en menor medida hacen parte de las escasas tierras fiscales de la provincia:

“La soja está más al sur, pero aquí también lo quieren para sembrar soja, o para desmontar todo y alambrar. Capaz que no lo usan ellos, pero lo quieren para vender. Nosotros la tierra la usamos para sembrar, mismo para el consumo humano y los animales. Producimos carne con cabras, vacas, chanchos.

No tenemos alambrados así de decir yo ocupo esto y esto, tengo esta cantidad de tierras y el otro vecino se queda sin nada. Cada uno tenemos un límite de donde hay que trabajar, cada uno sabe hasta donde puede, cada uno se respeta”. (Entrevista realizada a P., mujer, miembro del MOCASE-VC)

La incorporación de estas tierras como territorio del agronegocio, ha implicado para estas familias la llegada de la conflictividad, de la violencia, del riesgo de perder su tierra:

“Estamos dentro de la organización desde hace 3 años y medio. Nosotros empezamos con la organización fue por el conflicto de tierras. Aun nos organizamos antes que tengamos los desmontes, antes que llegaran las topadoras a voltearnos todo. Fue cuando empezamos a notar que venían aviones, que venían camionetas y no sabíamos que era realmente lo que estaban haciendo. Cuando conocimos la organización entendimos qué es lo que estaban haciendo los aviones que se bajaban en la ruta; los aviones bajaban a revisar la tierra, si había gente viviendo, por dónde podían entrar. Una de las empresas era Conectar SA que aun todavía no se sabe de donde es, y la otra es madera Dura del Norte SA, son dos empresas. Una es la empresa Madera Dura del Norte, tuvimos fuertísimos atropellos con paramilitares, con gente armada que realmente eran militares retirados que se les compraba el vestimiento y se les daba. Eran para reprimir a los campesinos, tuvimos en una un enfrentamiento con ellos, con la topadora. La topadora iba desmontando con los paramilitares que iban custodiando, y aun teníamos varios compañeros golpeados, varios compañeros con perdigonazos de balas de goma, más de 100 perdigonazos, una compañera golpeada, nos tiraban gases lacrimógenos. Fue el anteaño pasado.

También tenemos un compañero muerto por la lucha, que le pasó un tractor por arriba y otro compañero que se le rompió una pierna, pero seguimos en la lucha.” (Entrevista realizada a P., mujer, miembro del MOCASE-VC)

El proceso de desmonte para la venta de maderas dentro de la explotación forestal es un paso previo para la expansión de cultivos y la incorporación de tierras al agronegocio. Empresas de la zona desmontan estos lotes para la utilización de las maderas duras (ejemplares centenarios de quebrachos y algarrobos, mistoles y todo este ecosistema en su conjunto), permitiendo así el avance de la frontera agropecuaria:

“Antes no hachaban tanto como ahora; yo me acuerdo cuando tenía 6 años entraban pero hachadores a mano; que las plantas grandes que servían, y las más pequeñas las iban dejando. Iban haciendo un camino y listo. Estos no, estos vienen a arrasar con todo y a prender fuego, lo que perjudicaban antes no era tanto daño como ahora sí.” (Entrevista realizada a B., mujer, integrante del MOCASE-VC)

Para culminar este trabajo, el siguiente fragmento de entrevista refleja ciertos aspectos sobre los que se viene centrando el análisis: tiene que ver con la lucha por la tierra, con el modo en que esa conflictividad se materializa, pero también el cómo se transforma a la luz de la organización:

“Cuando vienen las topadoras tenemos bronca, pero también tenemos la tranquilidad para usar las tácticas y las estrategias. Tenemos que estar tranquilos y pensar en el contrario de nosotros también, pensar como pueden reaccionar, porque ellos también usan su estrategia. Vamos una mujer, simplemente se paramos en frente de la topadora y decimos basta, hasta aquí llegaron. Lo único que nos saben decir como amenaza es: te pasamos por encima. Yo siempre me he parado en frente y dije: hasta aquí no más, y de aquí se vuelven. Y me decían te voy a pasar con la topadora por encima, pásenme. Yo sé que voy a morir dentro de mi tierra, voy a dejar la sangre por mi tierra, sé que voy a morir luchando. Y que los que quedan después de mi, seguirán con la lucha. En esta zona hay cerca de 3000 familias, en lo que es el Norte.

A mi me cambió muchísimo estar dentro de la organización, porque yo no tengo estudios vamos a decir, tengo tercer grado; siempre vivía dentro del monte y no conocía nada; y aun ahora hacia adentro de la organización aprendí a como cuidarme a yo misma, a como defenderme. Me cambió muchísimo la manera de pensar. Yo ahora estoy por entrar a estudiar agroecología, que me gusta tanto porque tiene que ver con aprender a cuidamiento de bosques, el mejoramiento de la producción animal, como se cuida la tierra.

No cambiaría el monte por nada, porque yo pienso que el campo es la vida para uno. Nosotros como jóvenes tenemos que ir cuidando todo porque es para nuestros hijos, de generación en generación que se viene, que nuestros hijos se críen aquí en el monte y si se tienen que morir se mueran aquí en el monte”. (Entrevista realizada a P., mujer, miembro del MOCASE-VC)

 

Reflexiones finales

Este trabajo constituye un aporte para la utilización de marcos teóricos y categorías analíticas provenientes de la geografía crítica hacia un espacio particular, la provincia de Santiago del Estero. Si bien se trata de un abordaje general, el trabajo de campo y las entrevistas realizadas ponen en evidencia la utilidad de los mismos para que desde la academia sean abordados estos procesos que se suceden día a día en el interior del país.

Como venimos sosteniendo, no se trata de experiencias aisladas, sino que esas disputas territoriales son un elemento fundamental a la hora de comprender el desarrollo del capitalismo en el espacio rural, no de modo unívoco, sino en su desarrollo desigual y contradictorio.

La incorporación de territorios al agronegocio implica también el surgimiento de nuevos conflictos y resistencias, que nos llevan a pensar los movimientos socio-territoriales, no sólo como una expresión o consecuencia, sino también como los forjadores de estas nuevas territorialidades campesinas que poseen en su seno elementos propios los “saberes locales o campesinos”, así como nuevas construcciones que emergen como constitutivas de estas territorialidades. El diálogo entre los “saberes académicos” y los “saberes campesinos” de seguro traerá importantes aportes para re pensar territorios justos, para no invisibilizar procesos, conflictos, resistencias que se traban en el día a día y buscar necesariamente marcos de análisis que den cuenta de los mismos. En ese sentido, se dirige este aporte.

 

Bibliografía utilizada:

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• Barbetta, Pablo (2007). “El Movimiento Campesino de Santiago del Estero: entre el juarismo y la subjetivación política”. En IV jornadas de Jóvenes del Instituto Gino Germani. 20 y 21 de septiembre de 2007.

• Censo Nacional Agropecuario 1988. INDEC.

• Censo Nacional Agropecuario 2002. INDEC.

• Dargoltz, Raúl E., (2003). “Hacha y quebracho. Historia ecológica y social de Santiago del Estero”. Santiago del Estero: Marcos Vizoso.

• De Estrada M. Lucha por la tierra en Santiago del Estero [on line]. 11 julio 2005 Disponible en: http://www.prensarural.org/deestrada20051125.htm

• Díaz Estévez, Pablo (2007). “Tierra y educación en el campesinado de Santiago del Estero”. Buenos Aires: Nuestra América.

• Domínguez, D. y Sabatino, P. (2006). “Con la soja al cuello: crónica de un país hambriento productor de divisas”. En: Los tormentos de la materia. Aportes para una ecología política latinoamericana. Alimonda, Héctor. Buenos Aires: Ed. CLACSO.

• Dominguez, Diego. ¿Movimiento Campesino en Argentina?

• Domínguez, Diego; Sabatino, Pablo (2008). “El conflicto por la tierra en la actualidad latinoamericana: del acceso a la tierra a la luchas por el territorio”. Informe final del concurso: Las deudas abiertas en América Latina y el Caribe. Programa Regional de Becas. CLACSO.

• Domínguez, Diego; Sabatino, Pablo (2008). La conflictividad en los espacios rurales de Argentina. En: Lavboratorio/n line. Instituto Gino Germani. año X. número 22.

• Fernándes, Bernardo Mançano (2005). “Movimentos Socioterritoriais e movimentos socioespaciais” en Revista OSAL (Buenos Aires: CLACSO) Año VI, Nº 16.

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• Mançano Fernandes, Bernardo (1994). “Espacialização e territorialização da luta pela terra: formação do MST - movimento dos trabalhadores rurais sem terra no Estado de São Paulo”. Dissertação de Mestrado. Universidade de São Paulo. São Paulo.

• Mançano Fernandes, Bernardo (2003). A questão agrária no limiar do século XXI.

• Mançano Fernandes, Bernardo (2008). O MST e as reformas agrárias do Brasil. En OSAL, 2008. (Buenos Aires: CLACSO) Año IX, Nº 24, octubre.

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• OLIVEIRA, Ariovaldo Umbelino (1986). Modo de produção capitalista e agricultura. São Paulo: Ática.

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• Santos, Milton (1996). “La naturaleza del espacio”. Barcelona: Ariel.

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• Teubal M. (2001) “Globalización y nueva ruralidad en América Latina”. En: Giarracca N. (org). ¿Una nueva ruralidad en América Latina? Buenos Aires: Ed. CLACSO, p. 45-66.

• Tomiasi Paulino, E.(2007) ”Geografia e Questão Agrária”. In: Mançano Fernandes e otros. Geografia agrária: teoria e poder. São Paulo: Expressão Popular. p.339-351.

 

Notas al pie:

1 Movimiento campesino de Santiago del Estero, integrante de la Vía Campesina.

2 En el caso de nuestro país es de destacar la aprobación por parte del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca y Alimentos de la Nación del ingreso de la soja modificada genéticamente (Soja RR) en el año 1996.

3 se trata de un nuevo paradigma en torno a la producción agraria, que por un lado es funcional a cambios en la estrategia de acumulación del capital que vemos en otras actividades productivas en el tercer mundo (elementos similares se pueden identificar en la minería, la pesca, etc. ) y por otro implica la articulación de numerosos aspectos que van desde la implementación de ciertas leyes, la concepción de la tierra como mercancía, la dependencia de insumos y tecnología externos, concentración de tierras y riquezas, deterioro de los suelos, pérdida de soberanía alimentaria, expulsión de medianos y pequeños productores hacia los centros poblados, etc. (de Estrada, M., 2008)

4 Arivaldo de Oliveira es uno de los referentes más importantes de la geografía agraria crítica de Brasil e impulsor de muchos de los debates que actualmente guían gran parte de la actividad académica en esta área.

5 Hay que recordad que Argentina es el tercer país productor de soja a nivel mundial, con un 16,84% de la producción, sólo superado por estados Unidos y Brasil. Un dato que llama la atención es que en nuestro país el 98% de la soja es transgénica. (SAGPyA, 2004)

6 De trata del conjunto de los insumos que son requeridos para llevar adelante esta producción: semillas genéticamente modificadas, un tipo especial de herbicida de amplio espectro –glifosato-, cuya toxicidad ya está demostrada, el sistema de siembra directa, que necesita grandes maquinarias que suelen ser arrendadas a un contratista, ingenieros agrónomos que se encarguen de la aplicación correcta de esta “receta”, etc.

7 Con seguridad esto cambió para el año 2008 y 2009 donde la centralidad de los conflictos en lo referente al espacio rural va a estar centrada en el llamado “conflicto del campo” que se desarrolló justamente en las áreas sojeras en una disputa por la apropiación de la renta diferencial entre los productores y el estado Nacional.

8 Entre 1898 y 1903 el gobierno provincial vende en remates públicos más de cuatro millones de hectáreas de bosques vírgenes que fueron adquiridos por un Sindicato denominado “Capitalistas para la adquisición de tierras en Santiago del Estero”, formado en la Capital Federal para explotar las riquezas de estos inmensos quebrachales. (Dargoltz, R., 2003)

 

Ponencia presentada en “La geografía ante la diversidad socio - espacial contemporánea” - 2º Congreso de Geografía de las Universidades Nacionales. Santa Rosa, La Pampa - Argentina. 15 al 18 de setiembre de 2009.

 

 





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