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Asunto:NoticiasdelCeHu 631/09 - Agro-capitalismo extractivo y depredador en la Argentina del bicentenario
Fecha:Martes, 22 de Septiembre, 2009  01:45:06 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 631/09
 

Agro-capitalismo extractivo y depredador en la Argentina del bicentenario

 

CACACE, Graciela;

MORINA, Osvaldo

División Geografía, Departamento de Ciencias Sociales, UNLu

 

Resumen

En un contexto internacional caracterizado por los rasgos seniles del capitalismo, es objetivo general de esta ponencia interpretar y explicar algunos comportamientos de una geografía periférica como la Argentina, circunscriptos a la evolución reciente del capitalismo agrario en nuestra formación social histórica. El camino metodológico seleccionado se inicia presentando brevemente un marco teórico-conceptual que se apoya en recordar algunas ideas y conceptos que resultan básicos, desde el materialismo histórico, para describir e interpretar al modo de producción (y a la vez sistema geográfico mundial) capitalista. Luego, y reconociendo que transitamos la fase senil del capitalismo, se avanza en la identificación de las tendencias inherentes al modo de producción dominante a través de un análisis acotado a los grandes cambios acaecidos en el agro argentino en las últimas décadas, sobre todo con la acelerada expansión de la agricultura industrial que, en nuestro país, tiene su expresión más contundente (y preocupante) en el denominado proceso de sojización. Este proceso es interpretado y explicado en base a información cualitativa y cuantitativa, principalmente a partir de fuentes secundarias.

Entre ellas, datos estadísticos de origen estatal o privado que, por un lado, permiten apreciar la gran difusión de la soja en el territorio nacional desde la liberación e imposición comercial de la semilla transgénica. Por otro, nos muestran la evolución que paralelamente han tenido otros elementos clave del paquete tecnológico, como es el caso de la siembra directa y el incremento exponencial que tuvo el uso del principal agrotóxico aplicado. La concentración y centralización del capital en el agro se torna cada vez más aguda; las consecuencias son cada vez más dramáticas.

Palabras Clave: agricultura industrial; concentración; especulación; sojización.

 

1. Introducción

En este trabajo se presentan avances de investigaciones en curso sobre las características y consecuencias de la explotación de perfiles productivos exportables en la Argentina, en la última década del siglo XX y la primera del siglo XXI. Específicamente, nos ocupamos aquí de la acelerada expansión de la agricultura industrial transgénica en el país, tomando como caso paradigmático el proceso de sojización. Para ello, hacemos hincapié en la geografía económica y en la economía política del agro-capitalismo, haciendo apenas mención de algunas consecuencias sociales, territoriales y ambientales, que no desarrollamos en la ponencia. El análisis se realiza desde el enfoque materialista-histórico y se contextualiza en la fase actual del sistema internacional, con énfasis en la incidencia de la concentración, centralización y especulación capitalista.

 

2. Marco Teórico-Conceptual

El trabajo humano es la única fuente de valor y generación de la riqueza social. En el capitalismo, la Fuerza de Trabajo (FT) tiene como misión la valorización del capital. Pero este proceso de valorización del capital, ocurre en el marco de una relación objetiva (más allá de la voluntad de los capitalistas) que tiende a desplazar a la mano de obra por la máquina. A medida que avanza el proceso de acumulación, el aumento de la inversión de capital en Medios de Producción (MP) (maquinaria, materias primas y auxiliares) va siendo progresivamente mayor que la parte de ese aumento invertida en FT. Esta relación entre los MP y la FT es lo que se llamó Composición Orgánica del Capital (COC) (Marx, 1946). En otras palabras, el avance de la acumulación capitalista implica el aumento de la COC y, con ello, el dominio creciente del capital sobre el trabajo.

De acuerdo con el párrafo anterior, en tanto avanza la acumulación la fuente de obtención de capital se reduce. Esto es lo que Marx denominó ley tendencial decreciente de la tasa de ganancia. Es así que, al avanzar la acumulación, para “emplear” el mismo número de obreros hace falta cada vez un mayor capital a invertir en cada rotación. Se explica entonces la tendencia hacia la centralización del capital que supone la lucha intercapitalista.

La tasa de ganancia media del capital se forma en el mercado. Los capitalistas extraen plusvalía y se la reparten luego a instancias de la ley del valor, por intermedio de la ley de oferta y demanda según su grado de competitividad. Los más eficientes se quedan con su plusvalía y con parte de la de los menos eficientes. Mientras algunos crecen, otros pasan a las filas del trabajo asalariado.

La acumulación de capital conduce a la concentración de los MP en manos de capitalistas individuales y, como contrapartida, a la expropiación de las formas precapitalistas de producción.

Sin dudas, en el siglo XXI, es plena la vigencia (señalada por un destacado geógrafo de nuestro tiempo) del concepto de “acumulación por desposesión”, al que hicieran sus aportes nada menos que Rosa Luxemburgo y Carlos Marx (Harvey, 2004).

De ese modo, concentración y centralización son dos aspectos de un mismo proceso: el avance de la acumulación de capital. La concentración es impulsada por la penetración de las relaciones capitalistas en nuevos campos de producción; la centralización los es por la competencia que se establece entre los capitales ya existentes para ganar escala y competitividad. En esta fase senil del capitalismo se siguen desarrollando ambas tendencias. La centralización adquiere enormes proporciones a impulsos del capital financiero y su alta incidencia en los recurrentes procesos especulativos que tanto afectan la evolución de los precios internacionales del petróleo, del cobre, del litio, de cereales y oleaginosas, etc. Se torna cada vez más evidente que “aumenta el volumen mínimo de capital individual necesario para explotar un negocio en condiciones normales” (Marx, op. cit.).

Tanto a escala nacional como internacional, los oligopolios y monopolios dominan el escenario y controlan el conjunto de eslabones de cada proceso productivo en particular. Al mismo tiempo, el Estado capitalista cumple a pie juntillas con las funciones para las que fue creado, tomando claramente partido por el capital concentrado monopólico y oligopólico, en desmedro de la pequeña producción y los trabajadores urbanos y rurales.

La agricultura capitalista se potencia con el desarrollo de las ciudades y sus demandas, demandas que son hoy internacionales. A medida que el capitalismo avanza va imponiendo su propia lógica: la concentración barre las formas precapitalistas y la centralización hace lo suyo con la pequeña propiedad. Las semillas, que históricamente eran reproducidas en el propio predio, con el desarrollo de la acumulación fueron transformándose en mercancía y dieron lugar a la aparición de pequeñas empresas especializadas en esta rama. La lucha intercapitalista que lleva a la centralización en este campo, se expresó en los últimos años con la compra de más de 600 empresas productoras de semillas en todo el mundo por la corporación Monsanto (Chifarelli et al, 2007). Otro tanto puede decirse en materia de fertilizantes, insecticidas, herbicidas, maquinarias e instrumentos agrícolas, en todos los casos orientados a maximizar las ganancias en el menor tiempo posible. Esto es, privilegiando el horizonte temporal del lucro y la velocidad de rotación del capital por sobre los tiempos ecológicos de reposición del recurso natural explotado.

Por su parte, la competencia por precios, actúa presionando por el aumento de la escala de producción, definiendo una tendencia al aumento de la gran explotación frente a la pequeña, no sólo en materia de propiedad o control de la tierra, sino también en lo que hace a todo el paquete tecnológico impuesto por las grandes corporaciones y el Estado.

Hoy se hace más notoria la hegemonía del capital financiero, cuya conformación y avance fueran tan bien analizados hace casi un siglo por Lenin. Entre los aspectos destacados por Lenin acerca del fenómeno del capital financiero, está el de la exportación de capitales, que se vuelve dominante en desmedro de la exportación de mercancías y también marca nuestra época actual, en el sentido que las economías nacionales de los países dependientes como el nuestro, van quedando atrapadas en esta dinámica imperialista, sujetas al ciclo de inversión capitalista mundial. El nivel de escala alcanzado por estos consorcios financieros internacionales les permite imponer el tiempo social de producción y el nivel mínimo de competitividad, con incidencia en toda la economía (Teitelbaum, 2006; Chifarelli et al, op. cit.). Controlar el dinero, los insumos, la comercialización, las maquinarias, etc., les permite a estos grupos operar incluso, en condiciones de coyuntura económica muy desventajosas para otros actores, lo que acelera la ruina de la pequeña propiedad.

Otro aspecto clave en relación al desarrollo del capitalismo en el agro es el de la renta. La renta es el ingreso que corresponde al propietario de la tierra por poseer el monopolio de una parte del planeta. Kautsky (2002) mostraba como según progresa la acumulación, la renta diferencial, renta que surge de la puesta en producción de terrenos menos productivos o más distantes, tiende a crecer por el aumento de las demandas desde los centros urbanos. A esta renta diferencial “primaria” le sigue la renta diferencial II que es producto no ya del aumento de la producción mediante incorporación de nuevas tierras, sino del aumento de la inversión en las tierras que están siendo producidas. Esta renta es la que marca, si se esta produciendo una expansión capitalista.

 

3.Interpretaciones sobre el contexto internacional actual

Desde fines de los años sesenta e inicios de los setenta, el sistema geográfico y modo de producción capitalista atraviesa crisis cada vez más profundas y de mayor extensión social y espacial. Pero “esas crisis” son indivisibles e inseparables de la larga crisis de la economía global, que promueve niveles de concentración económica y exclusión (marginación) social como tendencias inherentes al capitalismo.

De todos modos, se ha difundido una especie de “consenso amplio” –gracias también al derrumbe de la primera experiencia de construcción de una alternativa socialista- sobre la idea de que el capitalismo representaría un horizonte insuperable. Pero claro, esta interpretación deja de lado una serie de características nuevas que expresan lo que se ha definido como la “senilidad” del sistema capitalista (Beinstein, 1999; Amín, 2002). Por cierto, cuando se nos presentan algunos discursos dominantes referidos a la nueva organización del trabajo (la llamada “sociedad en red”), o también a las transformaciones en la propiedad del capital (“modo de acumulación patrimonial”, o de modo más vulgar “capitalismo popular”), o cuando se menciona a la ciencia convertida en “factor fundamental de producción”, estamos en presencia de “ilusiones tecnicistas”. Por supuesto, esas ilusiones se repiten a lo largo de la historia, porque la ideología del sistema siempre ha tenido necesidad de ellas para evadir la verdadera cuestión: ¿ quién controla el uso de la tecnología? ¿quién controla los conocimientos necesarios para la producción?

En su expansión mundial, el capitalismo ha construido, reproducido y profundizado sin cesar, una asimetría entre sus centros de conquista y las periferias dominadas. Es por eso que podemos coincidir en definir al capitalismo como un sistema imperialista natural, representando el imperialismo la “fase permanente” del capitalismo (Amín, op. cit.). En el contraste expresado a través de las asimetrías crecientes, es interesante notar la contradicción principal del capitalismo, entendido como sistema geográfico mundial. Tal contradicción se manifiesta también en términos ideológicos y políticos, a través del contraste entre el discurso universalista del capital y la realidad de lo que produce su expansión, es decir, la creciente desigualdad entre los pueblos de la Tierra.

Todo parece indicar que el capítulo de la expansión constructiva (recordando el concepto “destrucción creadora” utilizado por Schumpeter) se ha cerrado de manera definitiva. El actual flujo de ganancias y de transferencias de capital “de Sur a Norte” supera con amplitud, y no sólo en términos cuantitativos, el reducido flujo de nuevas exportaciones de capital en sentido contrario. Este desequilibrio no es coyuntural, como pretende la prédica liberal, y se traduce en un vuelco en las relaciones entre la dimensión constructiva y la destructiva, ambas inherentes al capitalismo. Hoy, cada expansión –incluso marginal- del capital en las periferias implica destrucciones de alcance inimaginable. Por ejemplo, la apertura de la agricultura a la expansión del capital, marginal en términos de oportunidades potenciales para la inversión (y en términos de creación de puestos de trabajo modernos, de alta productividad), vuelve a poner en discusión la supervivencia del género humano (Amín, op. cit.). Más aún si pensamos en términos de agricultura industrial transgénica o de agrocombustibles, que presentados por sus propagandistas (en ocasiones partícipes de ámbitos académicos) como soluciones para el hambre y el agotamiento de los combustibles fósiles, no paran de producir miseria y destrucción de bosques nativos, a la par del violento corrimiento de pueblos campesinos. Sin dejar pasar que esto se produce con la complicidad activa de “los proxenetas de la desdicha” que integran los distintos poderes de las democracias formales a escala local, provincial y nacional (1).

 

4. Concentración y especulación en el sector agroalimentario a nivel mundial

Frente a la crisis financiera e inmobiliaria, que estalló en Estados Unidos en agosto de 2007, los grandes fondos de inversión especulativos trasladaron millonarias sumas de dinero a la plaza internacional de commodities. Cuando la burbuja inmobiliaria se pinchó, los especuladores rehabilitaron un viejo paraíso: los mercados de cereales y oleaginosas. Estos alimentos se han convertido en un objeto más del juego financiero, cuyos precios se modifican (y aumentan) por movimientos especulativos y no en función de los mercados locales o las necesidades de la población.

Según la FAO, entre marzo de 2007 y marzo 2008, el trigo ha aumentado 130 por ciento, la soja 87, el arroz 74 y el maíz subió 53 por ciento. El alza del precio de los alimentos se atribuye a una mayor demanda por parte de India y China, la disminución de la oferta a causa de sequías y otros problemas relacionados con el cambio climático, el incremento de los costos del combustible empleado para cultivar y transportar los alimentos, y la mayor demanda de biocombustibles, que ha desviado cultivos como el maíz para alimento hacia la producción de etanol. Poco y nada se habla de la especulación con el hambre.

En los últimos nueve meses de 2007, el volumen de capitales invertidos en los mercados agrícolas se quintuplicó en la Unión Europea y se multiplicó por siete en Estados Unidos. Los recientes aumentos especulativos en los precios de los alimentos condujeron a una ola de hambre mundial que no tiene precedentes por su escala. La producción mundial de granos en 2007/2008 fue estimada en 2108 millones de toneladas: un crecimiento de 4,7 % comparada con la del 2006/2007. Esto supera bastante la media de crecimiento del 2,0 % en la pasada década. Aunque la producción permanece en un nivel alto, los especuladores apuestan a la escasez esperada y elevan artificialmente los precios.

Mientras los especuladores de gran escala se benefician de la crisis actual, la mayoría de los campesinos y agricultores se ven perjudicados. La tierra se vuelve más cara. La especulación con la tierra agrícola va en aumento. Los desalojos a menudo forzados son la consecuencia. Los campesinos que se mantienen cultivan, pero la cosecha a menudo ya está vendida al que presta el dinero, a la compañía de insumos agrícolas o directamente al comerciante o a la unidad de procesamiento. Aunque los precios que se pagan a los campesinos han subido para algunos granos, ese aumento es muy poco comparado con los incrementos en el mercado mundial y con los ajustes que se han impuesto a los consumidores.

Las reglas del juego cambiaron dramáticamente en 1995, cuando el acuerdo sobre la agricultura en la OMC entró en vigor. Las políticas neoliberales socavaron las producciones nacionales de alimentos, y obligaron a los campesinos a producir cultivos comerciales para compañías multinacionales. Los tratados de libre comercio han forzado a los países a “liberalizar” sus mercados agrícolas: reducir los aranceles a la importación. Al mismo tiempo, las multinacionales han seguido haciendo dumping con los excedentes en sus mercados, utilizando todas las formas de subsidios directos e indirectos a la exportación. El resultado fue que Egipto, otrora granero de trigo, se convirtió en el primer importador; Indonesia, una de las cunas del arroz, ahora importa arroz transgénico; y México, cuna de la cultura del maíz, importa hoy maíz transgénico. Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá y Australia son los mayores exportadores.

Muchos países que hasta entonces producían suficiente comida para su propia alimentación fueron obligados a abrir sus mercados a productos agrícolas del extranjero. Al mismo tiempo, la mayoría de las regulaciones estatales sobre existencias de reservas, precios, producciones o control de las importaciones y exportaciones fueron desmanteladas gradualmente. Como resultado, las pequeñas explotaciones agrícolas y ganaderas de todo el mundo no han podido competir en los mercados (mundial y nacional) y muchos se arruinaron.

Mientras estallan los disturbios por hambre en todo el mundo, dirigentes mundiales como Pascal Lamy (director general de la OMC), Dominique Strauss-Kahn, director del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, están alertando de los peligros del proteccionismo. Según Ki-Moon, “más comercio, no menos nos sacará del agujero en el que estamos”. Bajo las reglas del libre comercio, la protección de los alimentos se ha convertido en una palabra sucia. Cuanto contraste con la ayuda de miles de millones de dólares que reciben los grandes bancos y financieras para evitar su quiebra ante los juegos especulativos.

La soberanía alimentaria de los pueblos no es un concepto de interés para esa dirigencia.

Robert Zoellick, actualmente presidente del Banco Mundial y antes Jefe de Negociaciones de Estados Unidos en la OMC, anuncia que los precios seguirán altos por varios años, y que es necesario fortalecer la “ayuda alimentaria” para gestionar la crisis. Desde su puesto anterior hizo todo lo que pudo para romper la soberanía alimentaria de los países, en función de favorecer los intereses de las grandes trasnacionales de los agronegocios. Incluso ahora, la receta de la “ayuda alimentaria”, es otra vez un apoyo encubierto a esas compañías, que tradicionalmente son quienes venden al Programa Mundial de Alimentos los granos que “caritativamente” les entregan a los hambrientos, con la condición de que ellos mismos no produzcan los alimentos que necesitan.

Los grandes ganadores de la crisis alimentaria son también actores centrales en la promoción de los agrocombustibles: las trasnacionales que acaparan el comercio nacional e internacional de granos, las empresas semilleras, los fabricantes de agrotóxicos. En estos dos últimos rubros son en muchos casos las mismas empresas: Monsanto, Bayer, Syngenta, Dupont, BASF y Dow. Estas seis empresas controlan el total de las semillas transgénicas en el mundo. Las semillas transgénicas y los agrotóxicos constituyen hoy la solución que proponen los poderosos a los nuevos problemas que ellas han generado. Cargill, ADM, ConAgra, Bunge, Dreyfus, dominan juntas más del 80 por ciento del comercio mundial de cereales.

En estos rubros (semillas y agrotóxicos) son las mismas empresas. A nivel global, Monsanto es la principal empresa de semillas comerciales y la quinta en agrotóxicos (2). Bayer es la primera en agrotóxicos y la séptima en semillas. Syngenta la segunda en agrotóxicos y la tercera en semillas, Dupont la segunda en semillas y la sexta en agrotóxicos. Junto a BASF y Dow (tercera y cuarta en agrotóxicos), estas seis empresas controlan el total de las semillas transgénicas en el mundo, que casualmente es la solución que proponen a los nuevos problemas, que ellas mismas han sido parte fundamental en provocar.

Cinco compañías dominan más del 80 por ciento del comercio mundial de cereales: Cargill, ADM, ConAgra, Bunge, Dreyfus. Todas han tenido ganancias absolutamente impúdicas, gracias a la escasez de alimentos, la promoción y subsidios a los agrocombustibles y el alza de los precios del petróleo, sobre todo por el factor especulativo en 2007 y 2008 (los agrotóxicos son petroquímicos). Un informe da cuenta de estas ganancias: para el 2007, Cargill aumentó sus ganancias 36 por ciento; ADM, 67 por ciento; ConAgra, 30 por ciento; Bunge, 49 por ciento; Dreyfus, 77 por ciento, en el último trimestre de 2007. Monsanto obtuvo 44 por ciento más que en 2006 y Dupont-Pioneer 19 por ciento (Diercksens, 2008).

Pese a esto, las trasnacionales no se dan por satisfechas y van por más. Ahora preparan el próximo paso, monopolizando a través de patentes los caracteres genéticos que consideran útiles para hacer plantas resistentes a la sequía, salinidad y otros factores de estrés climático. Algunos gobiernos, como el de México, en lugar de soberanía alimentaria y control campesino de las semillas e insumos, proponen transgénicos con aún más modificaciones y más riesgos; maíz transgénico para aumentar la contaminación y la dependencia, y que hasta los campesinos más pobres, con apoyos públicos, siembren agrocombustibles en lugar de comida.

 

5. Acerca del capitalismo agrario en la Argentina actual

El esquema “neodesarrollista” vigente en nuestro país desde 2002, tiene al sector agrario como uno de sus pilares. Pero la época dorada de Argentina en el comercio mundial ha concluido hace tiempo. A diferencia de la industria, el producto bruto de este sector viene creciendo sin interrupciones en los últimos 15 años a una tasa de 5,7 %, sin frenos significativos. La devaluación de 2002 incentivó este avance al generar una rentabilidad que bordea los máximos históricos (Giarraca, N.; Teubal, M., 2005; Rodríguez, 2006).

Ese impulso consolida un esquema apoyado en la preeminencia de la soja (transgénica en más del 95 %), la destrucción de cultivos regionales, el cierre de tambos, el desplazamiento de campesinos y pequeños productores y la fuerte concentración en la tenencia de la tierra (Pengue, 2005; 2006; 2008). Se estimula el monocultivo y se alienta la expulsión de trabajadores rurales.

También es afectada la ganadería que mantiene un plantel similar al de hace 50 años. Cuando repunta la demanda local o extranjera se encarece la carne. A pesar de las elevadas ganancias del sector, los ruralistas han retomado su periódica beligerancia contra el gobierno de turno, dado que siempre se han considerado propietarios del total de la renta agraria, identificando a las retenciones como una inaceptable interferencia impositiva del Estado sobre sus beneficios.

El avance del agro capitalismo (agronegocios) viene estructurando un modelo que también podemos definir como de agricultura sin agricultores, que se viene instalando gradualmente desde la década de los años ’60. Este proceso se conecta con la llamada revolución verde y se agudiza en la década del ’90. Este esquema, profundizado en toda la primera década del siglo XXI, se apoya en tres pilares fundamentales: a) Concentración de la tierra; b) Concentración de otros medios de producción (semillas, fertilizantes, maquinarias, herbicidas, plaguicidas); c) Concentración de la comercialización (Teubal; Rodríguez, 2002; Chifarelli et al, op.cit.).

a) Los datos presentados por el INDEC sobre el Censo Nacional Agropecuario (CNA) realizado en 2002, muestran una fuerte caída de la cantidad de explotaciones agropecuarias: un 24,5% menos que en 1988. Pero la proporción aumenta sustancialmente en provincias como Buenos Aires (-33%), Córdoba (-36,4%), Neuquén (-41,4%), Tucumán (-41,2%), Corrientes (-35,7%), San Luis (-39,3%) y Mendoza (31,6%). Esta tendencia a la concentración agraria había sido anunciada por estudios académicos, consultoras privadas y el mismo INDEC.

A fines de los ’90 se calculaba que desaparecían 435 tambos lecheros por año; en tanto que algunos trabajos académicos estimaban una disminución de explotaciones en el Alto Valle del Río Negro, en Santa Fe y en Tucumán. Algo similar anticipaban los estudios sobre la Región Pampeana. El equipo de investigaciones económicas de FLACSO había adelantado tiempo atrás la centralización agraria y medido la concentración de la tierra, con fragmentaciones ficticias (Basualdo; Bang, 1997). Poco después, se hizo referencia a los “megaempresarios” con notoriedad periodística, como George Soros, con campos en el Noroeste y el Noreste, en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, y el grupo Benetton expandiéndose hacia el sur (Murmis, 1999).

Según el CNA, la superficie media por explotación para el año 2002 es de 538 hectáreas; 68 más que las 470 ha. de 1988 (3). Esta cifra es muy significativa, comparada con los promedios de las explotaciones agrarias de Estados Unidos, que no superan las 200 hectáreas, o de la Unión Europea: menos de 50. En Estados Unidos, sólo en los Estados de Nuevo México, Nevada, Wyoming y Arizona existen ranchos cercanos a las 2.000 hectáreas. En Argentina, los “megaempresarios” agropecuarios poseen extensiones de hasta 350.000 hectáreas.

b) En los años setenta se establecen nuevas variedades de cereales y oleaginosas en la región pampeana, mientras se introduce la doble cosecha, a expensas del retroceso de la rotación agrícola-ganadera. En ese proceso fue esencial el uso de nuevas variedades que permiten sembrar cultivos de “segunda” que son combinados con la producción triguera. La producción de soja y la introducción del “germoplasma mexicano” en el trigo, permiten una rápida difusión del doble cultivo trigo-soja en áreas pampeanas, comenzando por la zona maicera tradicional. Esto implicó un reemplazo parcial del maíz, del sorgo y de actividades ganaderas que compartían sistemas de explotación mixta (Teubal, 2006).

Ya en la década de 1980 se torna más notoria la expansión del agronegocio de la soja hacia el resto de la región pampeana y también hacia el norte del país. En 1996 se aprueba en la Argentina la liberación comercial de la variedad transgénica RR (Roundup Ready) de la multinacional Monsanto (4). Roundup es la marca comercial del glifosato, herbicida al cual es resistente la soja RR. El paquete tecnológico combina la siembra directa de esta semilla (con labranza cero), mecanización total y aumento exponencial de la aplicación de agroquímicos (fertilizantes, herbicidas, pesticidas). Es de ese modo que se torna factible cultivar suelos antes considerados no aptos para agricultura. El precio internacional con fuerte tendencia alcista hasta 2008, más la drástica devaluación de 2002, llevaron a una cosecha de casi 48 millones de toneladas (ciclo 2006/2007), ocupando más de 16 millones de hectáreas, la mitad de la superficie agrícola de la Argentina (5).

Grandes corporaciones transnacionales se fusionan y avanzan en el control monopólico u oligopólico de los insumos. En agroquímicos, Novartis, Monsanto, Zéneca, Agroevo, Du Pont y Bayer, controlan casi todo el negocio mundial, operando en la Argentina de manera directa o mediante licenciatarias. En pocos años se consolidó una fuerte dependencia de los agricultores con respecto a las grandes empresas proveedoras de semillas e insumos (6). También Cargill y Dekalb participan de la provisión de semillas.

c) El sistema agroalimentario también presenta posiciones dominantes, con altos niveles de concentración, en almacenaje, procesamiento y comercialización. En alimentos para el mercado interno, la gravedad de la cuestión no es menor: dos empresas venden el 70 % de la leche fluida, chocolatada y yogures; otras dos, el 77 % de las galletitas saladas y el 73 % de las dulces; dos compañías concentran el 81 % en cervezas (Navarro, 2007). La concentración y centralización del capital facilitó el control de negocios de exportación, como es el caso de la cuota Hilton (colocación en el mercado europeo de 28.000 toneladas de carne bovina en cortes de alta calidad), con un 55 % en manos de cinco empresas y el 77 % en manos de diez (Teubal, op. cit.).

En la exportación de cereales siete empresas (Cargill, Bunge, Nidera, Vincentín, Dreyfus, Pecom-Agra y AGD) concentran el 60 %. En el sector oleaginoso, sobre todo por la soja, se produjo una creciente concentración del capital. El complejo oleaginoso se ha convertido en el principal grupo exportador de la Argentina. Un claro ejemplo se aprecia en las empresas exportadoras de aceite y de harinas de soja. Las cinco y las ocho primeras exportadoras de aceite de soja concentraron el 53 % y el 72 % del volumen respectivamente en 1990, pasando a exportar el 80 % y el 92 % en 2002. Para el caso de las harinas, las cinco mayores exportadoras pasaron del 50 % del volumen exportado en 1990 al 79 % en 2002. Las ocho primeras del rubro pasaron del 80 % en 1990 al 92 % en 2002 (CIARA, 2004).

En los últimos años aumentó la inversión en semillas de alta calidad, fertilizantes, agroquímicos y maquinaria de forma considerable. En fitosanitarios (herbicidas, fungicidas, cura-semillas, insecticidas), por ejemplo, la inversión pasó de 200 millones de dólares en 1990 a 900 millones en 2004 (7). Desde la introducción de la siembra directa (8), las semillas transgénicas y las nuevas cosechadoras, en un día de trabajo se realiza lo que antes requería un mes. Esa tecnificación incrementó sustancialmente el área y los rendimientos de varios cultivos. De 99 millones de toneladas producidas en el 2002 se pasó a 135 millones en 2008, y Argentina se afianzó como un gran exportador mundial de aceite, girasol, maíz, maní y soja. Este aumento de la productividad, en un marco de precios mundiales sostenidos o al alza, permitió el aumento de la plusvalía generada en el agro. Todo lo cual se tradujo en un incremento de la renta diferencial II (Astarita, 2006).

Los parámetros de los capitalistas de la inversión se conjugan de manera diferente con la concentración de tierras (que en ciertas áreas opera más desde el control que desde la propiedad).

Es tal la concentración del capital, que sólo 10 firmas aportan el 75% de la producción (Katz, 2009).

Los datos del CNA 2002, evidencian la transformación: en tres regiones del país –el Noroeste, el Noreste y la Región Pampeana– se observa, con relación a 1988, un aumento del 138%, 86% y 60% respectivamente de la superficie implantada con oleaginosas (mayormente soja); un escaso 23% de aumento de la superficie implantada con cereales en la Región Pampeana (9); y una significativa disminución de la superficie implantada con cultivos industriales en el Norte. Los cultivos industriales fueron los que conformaron el espacio social y rural de las economías regionales: la caña de azúcar en Salta, Jujuy y Tucumán; la yerba mate, el té y el tabaco en el litoral; la vinicultura en Mendoza, etcétera.

La sojización es sin dudas el proceso expansivo paradigmático del agro-capitalismo en el país. La fuerte expansión del área cultivada con soja, después de la liberación comercial de la semilla RR, colocó a la Argentina como el tercer productor mundial del grano, después de EEUU y Brasil, y primer exportador mundial de aceites y harinas. A los crecimientos porcentuales de las superficies implantadas con soja entre los CNA de 1988 y 2002, señalados en el párrafo anterior para el Noroeste, Noreste y Región Pampeana, entendemos interesante incorporar los datos de la producción de soja en provincias seleccionadas entre las campañas 1997/98 y 2006/07, período en el que la variedad transgénica se impuso en forma casi absoluta (Ver los Cuadros Nº 1 a Nº 8 inclusive en el Anexo) (10).

 

6. Consideraciones finales

Estos rasgos del agro argentino son el resultado de una década de políticas ultraliberales. A mediados de los ’90 se produjeron, por un lado, fuertes bajas en los precios internacionales de los productos argentinos, y por otro, marcados cambios en las condiciones internas generadas por la convertibilidad, las privatizaciones y la desregulación total del sector. En tal contexto, el camino elegido por los más fuertes actores económicos, con el apoyo del Estado y el manejo de los medios masivos de comunicación, pasó por el aumento de la producción agropecuaria con especialización en oleaginosas y por la exportación de sus derivados. Para ello, se optó por nuevas tecnologías, ya mencionadas, y por organizaciones empresariales con determinadas escalas de producción, complementadas por contratistas, subcontratistas y terceristas. El territorio elegido fue el país en su conjunto (Giarraca, 2003). Esta decisión comportaba cambios en las orientaciones productivas y en la estructura social agraria, con la consecuente desaparición de muchos agricultores. Es decir, el fuerte aumento de la producción de soja se produjo en detrimento de otros cultivos agropecuarios: los tambos en Santa Fe y Córdoba, la caña de azúcar y la horticultura en Tucumán; las yungas salteñas; los árboles frutales, las leguminosas, lentejas y arvejas, el ganado bovino, ovino y porcino en la provincia de Buenos Aires, etc. Y también en detrimento de una gran cantidad de campesinos con propiedad veinteañal (más de 20 años ocupando la tierra), desalojados por los nuevos inversionistas sojeros con el beneplácito de funcionarios provinciales y nacionales hasta 2009 inclusive.

Aunque resulta muy difícil responder categóricamente a este último punto, se sabe con certeza que los pequeños y medianos productores (hasta 200 hectáreas) no pudieron ingresar al nuevo “modelo sojero”, mientras que anteriormente, con la rotación productiva de sus 50 ó 100 hectáreas vivían dignamente, daban trabajo a su familia y a terceros, educaban a sus hijos y renovaban sus equipamientos agrarios. La desaparición de esta franja de productores que consumían y operaban en el lugar derivó en consecuencias nefastas para los poblados y ciudades intermedias que están rodeados por el campo y que vivían de sus actividades vinculadas (11).

Con el auge sojero, disminuyeron otras producciones alimentarias, como la de leche fluida. Los aumentos de los precios de los alimentos –en algunos casos a causa de estas disminuciones en la producción y en otros por la preferencia exportadora de los productores– sumados al grado de deterioro de los niveles de ingresos más bajos de la población y a la presencia de las fuertes cadenas de supemercados, condujeron a situaciones de hambre y desnutrición históricamente desconocidas en Argentina.

En el nivel productivo, el sector agrario logró cosechas récord y valores de exportación de las manufacturas de origen agropecuario cuyos niveles se duplicaron en una década. El negocio de la soja quedó concentrado en tres grandes sectores: a) Los pool de siembra que se nutren de fondos de inversión y operan a gran escala sobre las tierras arrendadas; b) Los proveedores de agroquímicos (Monsanto, Novartis, Dupont, Bayer), acaparando lucros mediante la fuerte dependencia que tiene la producción de soja de las nuevas semillas y fertilizantes; c) Las cinco grandes compañías exportadoras, que manejan el 90 % de las ventas: Cargill, Bunge, Dreyfus, Nidera y Aceitera General Deheza (Katz, op. cit.).

También se benefician otros sectores en forma directa o indirecta: contratistas, terceristas, estudios agronómicos, grandes comercios de agroquímicos y de productos para el agro, fabricantes de maquinaria, bancos, empresas aseguradoras, una franja de productores medios que toman más tierra, publicaciones agraristas que reciben avisos, etc.

¿A qué cantidad de población nos estamos refiriendo? ¿Tiene sentido poner a disposición y en riesgo el mejor recurso natural de Argentina para beneficiar a un número tan bajo de personas?

Los aportes al Estado de las retenciones a las exportaciones (fuertemente resistidas por los productores), ¿constituyen un beneficio suficiente para la población en general? A nuestro entender, la agricultura industrial extractiva liderada por la soja, destruye bosques (entre 2004 y 2007 se deforestó un millón de ha.), humedales y estepas, terminando con la biodiversidad, alterando los ciclos hídricos y contaminando suelos y aguas superficiales y subterráneas con agrotóxicos. Provoca el surgimiento de nuevas plagas, obligando a usar más pesticidas. Empuja a la ganadería bovina empresarial hacia tierras marginales, de las que a su vez son expulsados rebaños de cabras de campesinos arrinconados. En suma, vulnera la seguridad y la soberanía alimentaria.

No tratamos aquí los tremendos efectos cancerígenos de los agrotóxicos, confirmados por el Laboratorio de Embriología Molecular del CONICET-UBA, perteneciente a la Facultad de Medicina; ni de los costos ambientales implicados en la exportación de nutrientes y de agua que hoy ocupan a investigadores de reconocida autoridad en la materia, como es el caso de Walter Pengue; ni de las “guardias blancas”, que pagadas por grandes sojeros, incendian ranchos, matan animales y asesinan a campesinos.

 

7. Anexo de Cuadros:

Cuadro Nº 1. Soja: Evolución de la Superficie Sembrada y Cosechada, Producción y Rendimientos.

Total del País, 1997 – 2007.

Total país 1997/98 1998/99 1999/00 2000/01 2001/02 2002/03 2003/04 2004/05 2005/06 2006/07

Superficie

Sembrada 7.176.250 8.400.000 8.790.500 10.664.330 11.639.240 12.606.845 14.526.606 14.400.000 15.364.574 16.134.837

Superficie

Cosechada 6.954.120 8.180.000 8.637.503 10.400.193 11.405.247 12.419.995 14.304.539 14.037.246 15.097.388 15.974.764

Producción 18.732.172 20.000.000 20.135.800 26.880.852 30.000.000 34.818.552 31.576.751 38.300.000 40.467.099 47.460.936

Rendimiento 2.693 2.444 2.331 2.584 2.630 2.803 2.210 2.730 2.680 2.971

Superficie: expresada en hectáreas

Producción: expresada en toneladas

Rendimiento: expresado en kilogramos por hectárea

Fuente: Liberali, 2009, y SAGPyA.

 

Cuadro Nº 2. Soja: Evolución de la Superficie Sembrada y Cosechada, Producción y Rendimientos.

Provincia de Tucumán (NOA), 1997 – 2007.

Tucumán 1997/98 1998/99 1999/00 2000/01 2001/02 2002/03 2003/04 2004/05 2005/06 2006/07

Superficie

Sembrada 111.270 150.000 125.000 180.000 239.139 260.000 230.000 259.630 283.518 281.450

Superficie

Cosechada 109.820 147.000 124.850 180.000 229.139 257.000 224.353 244.572 278.378 281.450

Producción 261.777 360.000 312.100 329.400 660.000 570.000 489.100 578.238 835.903 876.008

Rendimiento 2.384 2.449 2.500 1.830 2.880 2.218 2.180 2.360 3.003 3.112

Fuente: Liberali, 2009 y SAGPyA.

 

Cuadro Nº 3. Soja: Evolución de la Superficie Sembrada y Cosechada, Producción y Rendimientos.

Provincia de Santiago del Estero (NOA), 1997 – 2007

Santiago del

Estero 1997/98 1998/99 1999/00 2000/01 2001/02 2002/03 2003/04 2004/05 2005/06 2006/07

Superficie

Sembrada 154.600 280.000 261.500 323.000 659.229 654.500 679.000 630.713 719.580 803.380

Superficie

Cosechada 129.900 250.000 258.500 272.700 617.729 647.000 674.000 528.586 702.080 797.880

Producción 279.900 520.000 631.400 509.400 1.380.000 1.473.600 1.219.900 713.920 1.572.281 1.974.800

Rendimiento 2.155 2.080 2.440 1.868 2.043 2.278 1.810 1.350 2.239 2.475

Fuente: Liberali, 2009 y SAGPyA

 

Cuadro Nº 4. Soja. Evolución de la Superficie Sembrada y Cosechada, Producción y Rendimientos.

Provincia de Salta (NOA), 1997 – 2007

Salta 1997/98 1998/99 1999/00 2000/01 2001/02 2002/03 2003/04 2004/05 2005/06 2006/07

Superficie

Sembrada 165.000 260.000 210.000 300.000 329.980 320.500 437.000 466.546 477.000 477.000

Superficie

Cosechada 157.000 257.000 208.000 298.000 325.980 289.500 421.200 439.483 474.700 477.000

Producción 237.100 660.000 535.700 671.200 750.000 743.000 821.200 733.748 1.367.338 1.361.000

Rendimiento 1.510 2.568 2.575 2.252 2.304 2.566 1.950 1.670 2.880 2.853

Fuente: Liberali, 2009 y SAGPyA.

 

Cuadro Nº 5. Soja. Evolución de la Superficie Sembrada, Cosechada, Producción y Rendimientos.

Provincia de Chaco (NEA), 1997 - 2007

Chaco 1997/98 1998/99 1999/00 2000/01 2001/02 2002/03 2003/04 2004/05 2005/06 2006/07

Superficie

Sembrada 130.000 215.000 350.000 410.000 600.000 768.000 772.000 664.475 642.309 710.350

Superficie

Cosechada 85.800 195.000 350.000 406.400 561.000 754.700 736.250 639.229 576.709 700.947

Producción 159.600 430.000 629.200 830.800 1.184.400 1.606.000 841.200 878.385 1.396.480 1.306.665

Rendimiento 1.860 2.205 1.800 2.044 2.111 2.154 1.143 1.370 2.421 1.864

Fuente: Liberali, 2009 y SAGPyA.

 

Cuadro Nº 6. Soja. Evolución de la Superficie Sembrada, Cosechada, Producción y Rendimientos.

Provincia de Santa Fe, 1997 - 2007

Santa Fe 1997/98 1998/99 1999/00 2000/01 2001/02 2002/03 2003/04 2004/05 2005/06 2006/07

Superficie

Sembrada 2.608.500 2.753.800 2.873.550 3.117.150 3.212.300 3.319.000 3.558.000 3.531.100 3.553.290 3.474.600

Superficie

Cosechada 2.546.200 2.741.200 2.863.400 3.087.650 3.148.850 3.260.000 3.531.500 3.483.587 3.524.318 3.433.555

Producción 7.310.500 7.300.000 6.637.500 8.657.700 8.350.300 10.223.500 9.141.950 10.448.196 10.257.415 11.295.735

Rendimiento 2.871 2.663 2.318 2.804 2.652 3.136 2.589 3.000 2.916 3.290

Fuente: Liberali, 2009 y SAGPyA.

 

Cuadro Nº 7. Soja. Evolución de la Superficie Sembrada, Cosechada, Producción y Rendimientos.

Provincia de Córdoba, 1997 - 2007

Córdoba 1997/98 1998/99 1999/00 2000/01 2001/02 2002/03 2003/04 2004/05 2005/06 2006/07

Superficie

Sembrada 2.096.800 2.564.600 2.729.000 3.151.500 3.452.900 3.564.352 4.172.940 3.981.146 4.343.718 4.477.882

Superficie

Cosechada 2.070.300 2.459.950 2.707.400 3.088.960 3.444.370 3.543.402 4.128.670 3.925.908 4.273.718 4.447.482

Producción 5.820.700 5.263.300 6.932.900 8.154.200 9.658.300 9.851.100 8.376.200 11.190.869 11.123.165 14.173.030

Rendimiento 2.811 2.140 2.561 2.640 2.804 2.780 2.030 2.850 2.603 3.187

Fuente: Liberali, 2009 y SAGPyA.

 

Cuadro Nº 8. Soja. Evolución de la Superficie Sembrada, Cosechada, Producción y Rendimientos.

Provincia de Buenos Aires, 1997 - 2007

Buenos

Aires 1997/98 1998/99 1999/00 2000/01 2001/02 2002/03 2003/04 2004/05 2005/06 2006/07

Superficie

Sembrada 1.604.000 1.732.300 1.808.450 2.413.010 2.188.090 2.475.653 3.205.523 3.324.129 3.709.800 4.057.028

Superficie

Cosechada 1.560.860 1.699.930 1.744.160 2.304.368 2.151.310 2.450.723 3.133.613 3.249.179 3.665.000 4.009.918

Producción 3.859.680 4.579.260 3.777.100 5.725.568 5.776.800 7.142.260 7.852.200 10.000.746 10.526.710 11.653.274

Rendimiento 2.472 2.694 2.166 2.485 2.685 2.914 2.510 3.078 2.872 2.906

Fuente: SAGPyA

 

8. Notas:

(1) Por cierto, nuestro país constituye un desgraciado ejemplo en materia de impulso oficial a las formas de expansión “modernizante”, con aniquilamiento de perfiles productivos y expoliación de recursos naturales, como es el caso de la sojización, la gran minería a cielo abierto, los cultivos forestales y otras tragedias (crímenes) actuales.

(2) Sobre la trayectoria, visión y acción de Monsanto a escala planetaria, consultar la obra de Robìn, 2008.

(3) Algo más atrás en el tiempo, entre 1960 y 1988, desaparecieron 51.000 explotaciones, es decir unas 1.800 por año. Esto se acentúa entre 1988 y 2002, al desaparecer 87.688 explotaciones, a un promedio de 6.263 por año. Esto ocurre especialmente por debajo de las 200 ha. En ese estrato se pierden 75.293, y otras 7.561 en el de 200 a 500 ha., mientras aumentan las de más de 500 ha., sobre todo las EAPs de 1.000 a 2.500 ha. Es notorio el retroceso de las unidades medianas y pequeñas, al tiempo que Grandes Grupos Económicos nacionales y extranjeros avanzan en el control de la tierra.

(4) Vale recordar que el impulso para esa liberación comercial contó con el aval del PEN, especialmente a través del presidente de la Nación (Menem) y del entonces Secretario de Agricultura, Felipe Solá, cumpliendo con el pedido de Monsanto.

(5) Hacia la mitad de mayo de 2009 el precio del poroto de soja acumulaba una suba del 33 % en dos meses y medio. El viernes 8 de mayo cotizó a 417 dólares la tonelada en el mercado de Chicago. Así, los precios se acercan al promedio de 2008 (456 dólares), 50 % más que el de 2007. Por la sequía, la cosecha de soja 2008-2009 rondará los 34 millones de toneladas, contra 48 millones de la anterior. Siendo la Argentina el tercer proveedor mundial, su menor producción incide en los precios (Bercovich, 2009).

(6) Monsanto y Novartis proveen la semilla más los agroquímicos que la acompañan, y los productores se ven obligados a comprar una vez que han introducido el transgénico. Cuando Monsanto transfirió la distribución de la semilla a su licenciataria Asgrow (adquirida luego por Nidera), siguió controlando el negocio y ejerciendo presión sobre los agricultores aunque su patente no tenga valor legal en la Argentina.

(7) El consumo de glifosato, herbicida principal en el cultivo de soja, fue de 100.000 litros en 1992/93. Fue aumentando hasta alcanzar 1.263.000 litros en 1996/97, período de liberación comercial de la soja transgénica. Llegó a 6.097.000 litros en 1999/00, con un crecimiento exponencial en 2000/01 (82.350.000 litros) y muy poco menos en 2001/02 (81.499.870 litros). En 2003 representó un mercado de 350 millones de dólares (Bisang; Sztulwark, 2007; Teubal, 2006).

(8) En 1988/89 sólo el 1 % de la soja cultivada utilizó el sistema de siembra directa. En 1996/97, el 43 %; en 2004/05 rondaba el 90 %. La soja RR pasó del 1 % de la producción de soja en 1996/97 a más del 95 % en 2002/03 (Bisang; Sztulwark, op. cit.).

(9) En la región pampeana la superficie sembrada con soja, entre 1994/95 y 2003/04, se ha incrementado en 6.850.013 hectáreas. De ese total, 2.576.000 ha. le correspondieron a Córdoba, 1.829.000 a Buenos Aires, 1.197.000 a Santa Fe, 1.070.000 a Entre Ríos, 142.000 a La Pampa y el resto a San Luis. Si se analizan los cambios en el uso del suelo y las producciones que habrían sido desplazadas por la oleaginosa, se advierte que el trigo y el maíz, salvo en algunas zonas, no han sufrido grandes retrocesos –lo cual resulta especialmente interesante en el caso del maíz, que compite directamente con la soja-, mientras que entre los que han perdido superficies de cierta magnitud se destacan la avena, que cedió 600.990 ha. y el girasol, 1.410.447 ha. En la región pampeana, alrededor de 4.800.000 ha. de soja no fueron implantadas en superficies correspondientes a otros cultivos de granos, sino que sustituyeron otros usos del suelo. Siguiendo la evolución del stock vacuno, a los efectos de comprobar si el incremento de la soja se corresponde con un retroceso similar de la ganadería, se puede observar que entre 1994 y 2002 las existencias descienden en poco más de 4,8 millones de cabezas, que sólo a modo de supuesto podrían equipararse a otras tantas hectáreas, pudiéndose afirmar entonces que en la región pampeana la soja se expandió alrededor de un 70% sobre terrenos antes dedicados a la ganadería –sobre todo en la zona mixta- y un 30% desplazando a otros cultivos, en especial al girasol. Asimismo, se pueden establecer dos etapas diferenciadas en el proceso de extensión del cultivo: la primera (1994-1998), donde la soja compite y desplaza centralmente al ganado ; y la segunda (1998-2002), en la cual se extiende en desmedro de otros cultivos (Martínez Dougnac, 2007).

(10) Para una revisión de la expansión sojera desde 1996/97 en el NOA, NEA y Región Pampeana, con sus características y consecuencias inmediatas, recomendamos consultar: Liberali, 2009.

(11) “El acorralamiento más oprobioso parece ser el de los nuevos periurbanos en ciudades sojeras como Charata, Santa Sylvina o Villa Ángela en la provincia del Chaco, pero la densificación de población local como efecto colateral de la pauperización es también rural, apareciendo en las Colonias aborígenes como por ejemplo a 25 Km de Tartagal o, en la Reserva Wichi Gral. Pizarro, hoy integrada a un área protegida de la APN en Salta, o en Bartolomé de las Casas en Formosa” (Morello; Rodríguez; Pengue, 2008: 2).

 

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Ponencia presentada en “La geografía ante la diversidad socio - espacial contemporánea” - 2º Congreso de Geografía de las Universidades Nacionales. Santa Rosa, La Pampa - Argentina. 15 al 18 de setiembre de 2009.






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