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Asunto:NoticiasdelCeHu 358/09 - INCIDENCIA DE LOS CONTRATISTAS RURALES EN LA ESTRUCTURA AGRARIA DE UN SECTOR DE LA PAMPA CORDOBESA
Fecha:Martes, 26 de Mayo, 2009  00:56:56 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 358/09
 

INCIDENCIA DE LOS CONTRATISTAS RURALES EN LA ESTRUCTURA AGRARIA DE UN SECTOR DE LA PAMPA CORDOBESA. CON ESPECIAL REFERENCIA DE LOS CONTRATISTAS DE PRODUCCION.

Agüero, Ricardo O. 1(*);

Rivarola, Andrea D. V. 1;

Maldonado, Rita A. 1
1 - Universidad Nacional de Río Cuarto | (*) Argentina

 

INTRODUCCIÓN

 

Dentro de los grandes cambios productivos por los que atraviesa actualmente el agro pampeano, nos interesa exponer en el presente trabajo, el papel que desempeñan esos agentes laborales conocidos como “contratistas rurales” en las transformaciones que viene sufriendo la estructura agraria de la región. Desde hace veinte años aproximadamente se manifiesta especialmente en el área pampeana, una acentuada concentración de la producción (capital) que se refleja en un incremento sustancial de la superficie media de las explotaciones, acompañado al mismo tiempo por una disminución numérica pronunciada de los mismos. Esta profunda modificación de la estructura agraria, que los resultados del último Censo Nacional Agropecuario del año 2002 puso en evidencia, sin el desempeño del contratismo rural como instrumento de trabajo a gran escala y de expansión de las tierras trabajadas no hubiese sido posible que se llevase a cabo. Lo que demuestra la importancia que reviste este agente en el contexto de las actividades productivas agropecuarias pampeanas, donde la concentración económica aludida, viene acompañada a su vez –como no puede ser de otro modo-, de notorios cambios tecnológicos y organizacionales de punta y por una pronunciada demanda de la tierra bajo el sistema de arrendamiento y contrato accidental.

Con respecto a la caracterización de este sujeto productivo agrícola, al que se denomina de manera genérica bajo el nombre de “contratista rural”, vemos que dicha figura laboral, que se distingue por poseer como factor productivo de capital equipos de maquinarias agrícolas, conforma a su vez dos tipos de agentes productivos diferentes: “los contratistas de servicios”, que prestan servicios de laboreo y cosecha a terceros y los “contratistas de producción” llamados también “contratistas tanteros” o “contratistas capitalistas”, que arriendan campos casi siempre por un lapso no mayor a un año –arrendamiento accidental- y lo trabajan por su cuenta. Este último agente en sí es un arrendatario transitorio que arrienda campos por un tiempo limitado y le paga en general un porcentaje de la producción al dueño del predio. Pero, a su vez, los dos agentes productivos mencionados pueden ser dueños de explotaciones y por lo tanto investir también la figura de “productores agropecuarios”. Es más, pueden reunir ambas figuras de contratistas rurales, o sea, desempeñarse como “contratistas de servicios” y “contratistas de producción”, e incluso reunir las tres figuras de “productor agropecuario”, de “contratista de servicios” y de “contratista de producción” en una sola persona. En síntesis, en la tipología general de los contratistas rurales expresados en el Cuadro 1 distinguimos dos variantes principales, según el agente desarrolle una sola actividad agrícola productiva o más de una. El primer caso incluye a los dos tipos centrales de contratistas y en el segundo caso se incluyen las cuatro posibilidades de combinación de actividades que pueden desarrollar los mismos.

 

Cuadro 1: Tipología general de los contratistas rurales

Una sola actividad agrícola productiva

Contratista de servicios

Contratista de producción

Más de una actividad agrícola productiva

Contratista de servicios y productor agropecuario

Contratista de servicios y contratista de producción

Contratista de servicios, contratista de producción y productor agropecuario

Contratista de producción y productor agropecuario

Aparte de la riqueza de combinaciones en actividades laborales que puede desempeñar el contratista rural, lo que está indicando una fuerte flexibilidad de trabajo hacia la búsqueda de optimizar su capital, también corresponde destacar la dinámica de sus actividades al pasar eventualmente de un desempeño laboral a otro, a medida que se le van presentando mejores oportunidades de utilización plena de su equipo de maquinaria y de incrementar sus ganancias en general, lo que implica que a veces resulta muy difícil tabicar a estos agentes, cuando cumplen a su vez un doble o triple rol dentro de las actividades agropecuarias.

En este sentido resulta interesante referirnos a cómo generalmente han evolucionado secuencial y económicamente aquellos contratistas rurales que combinan más de una actividad.

Por ejemplo, en la dupla “contratista de servicios-productor agropecuario”, generalmente nuestro agente de referencia reviste primero el rol de productor agropecuario –entendiéndolo como propietario de la tierra y luego pasa también a desempeñarse como contratista de servicios. Esta secuencia evolutiva es clásica en toda la Región Pampeana (ForNi, 1991).

Tradicionalmente esta transformación se da a partir de una sobremecanización del productor de referencia, que lo lleva a ampliar sus tareas, utilizando asimismo sus máquinas en campos vecinos y de allí en más puede proyectar su trabajo a otras zonas de la llanura pampeana.

En el terceto “contratista de servicios -contratista de producción- productor agropecuario”, el camino es similar pero más largo. Primero se inicia como productor agropecuario, luego pasa a ser también contratista de servicios y por último pasa a desempeñarse como contratista de producción.

También existe la dupla “contratista de servicios-contratista de producción” –que en nuestra encuesta no se detectó, que es posiblemente de todas las combinaciones la más importante. Esta secuencia es un clásico del contratismo rural, dado que son cada vez más numerosos los casos de contratistas de servicios que, a fin de ampliar sus ingresos mediante la utilización plena de su maquinaria de punta, arriendan campos por un tiempo limitado y pasan también a desarrollar el rol de contratistas de producción. En muchas situaciones, luego rompen la dupla laboral y se convierten exclusivamente en contratistas de producción.

Con respecto a la historia de la conformación de esta fuerza laboral en la Región Pampeana, la mayoría de los autores que han estudiado estos agentes productivos (BAumeister, 1980; Tort, 1983; Llovet, 1991; Pucciarelli, 1993; ForNi y Tort, 1991; Barsky y Gelman, 2001, entre otros que también han tratado el tema) coinciden en que son el resultado de la conjunción de una serie de factores económicos, sociales, políticos y territoriales que dieron lugar en diferentes períodos históricos a la emergencia de los mismos.

Si bien estos prestadores de servicios están presentes desde los inicios de la explotación agropecuaria extensiva (Bialet Massé, 1986), empiezan progresivamente a sobresalir de manera relevante a partir de finales de la década del ’50 y principios de la década del ’60 (Llovet, 1991), que es cuando van a interactuar de manera conjunta políticas crediticias favorables a la mecanización, intervención del Estado en el mercado de arrendamiento (esta intervención se inicia en la década del ’40) que va a incidir en la desaparición del arrendamiento tradicional, el inicio de profundos cambios tecnológicos y el incremento paulatino y sostenido de la producción agrícola. Todas estas instancias concurrentes van a favorecer el incremento y la consolidación de los prestadores de servicios, que por cierto tienen una procedencia de lugar netamente rural.

Es así como para varios de aquellos pequeños productores que habían logrado mecanizarse, pero que contaban con una reducida explotación o se habían quedado sin ella,  dedicarse a las tareas de servicios agrarios representó como estrategia laboral –central o complementaria- la posibilidad de permanecer dentro del sistema productivo agropecuario (Tort, 1983).

Luego del afianzamiento del contratismo de servicios, a partir de la década del ’70 empieza a tomar forma la figura del “contratista de producción” (Llovet, 1991), alcanzando más adelante una gran difusión –siendo muchos de ellos contratistas de servicios que ampliaron sus actividades empresariales mediante el alquiler de campos a porcentaje de la cosecha a los dueños de los mismos-, que va a reemplazar hasta cierto punto la función de los clásicos arrendatarios y aparceros tradicionales (Llovet, 1991). Todo ello en consonancia con la nueva dinámica general de ampliar y multiplicar el capital en el menor tiempo posible.

En lo que respecta a los últimos años, con la intromisión  profunda del capitalismo avanzado en la economía agropecuaria, los contratistas rurales se han convertido en el motor imprescindible que impulsa y permite el espectacular ritmo productivo observable tanto en el área pampeana como extrapampeana.

Cabe acotar que en la actualidad (2009) se torna incierto el futuro del campo, y por ende de sus agentes productivos, a partir del conflicto por las retenciones a las exportaciones que mantuvo con el gobierno nacional en el año 2008, a lo que se suma la presente crisis económica mundial, con repercusiones negativas en todo sentido.

En síntesis, se parte de la idea que si bien es difícil conjeturar sobre la evolución a futuro de estos agentes rurales, es de suponer, por su alto grado de especialización en las labores agropecuarias, la sostenida capitalización y la proliferación cada vez más acentuada del “contratismo de producción”, de que el rol del productor agropecuario se desdibuje cada vez más  y la estructura agraria actual, impulsada por estos agentes- entre otros factores concurrentes-, siga sufriendo profundos cambios fundiarios y socio- económicos.

A continuación de este esbozo general, pasamos concretamente a explicitar la investigación que hemos emprendido. La misma contempla cuatro instancias: los contratistas de servicios -de manera suscinta, dado que en investigaciones anteriores se estudió en detalle a los mismos-, la opinión de los productores con respecto a los servicios que reciben de parte de los contratistas, la actuación del gremio que aglutina a esta fuerza laboral, y por último especialmente el desempeño de los contratistas de producción o capitalistas. Todo ello centrado desde una perspectiva geográfica, sobre las consecuencias modificatorias que el contratismo contribuye a desencadenar a nivel socio-territorial, en un área relativamente pequeña  dentro de la provincia de Córdoba. Ésta se ubica en el sector noroeste de la pampa cordobesa, correspondiente a una zona subhúmeda, entre los 50 a 100 km al norte de la ciudad de Río Cuarto (Figura 1). Comprende para nuestro estudio, las localidades de Alcira Gigena, Berrotarán y General Cabrera y sus respectivas áreas rurales de influencia, donde se llevaron a cabo las entrevistas correspondientes y el trabajo de campo en general. El tipo de tareas que se realiza en esta zona rural, se puede caracterizar como de actividad mixta con predominancia de la agricultura, pero con valores productivos intermedios, en concordancia con su ubicación periférica dentro de la llanura pampeana.

Figura 1: Localización del área de estudio

 

image description

Los problemas que esta investigación se propuso resolver, se resume en los siguientes objetivos:

-          Diferenciar básicamente el rol y la función laboral que cumplen en el sector productivo y a nivel territorial, los contratistas de servicios y los de producción respectivamente

-          Conocer la evolución y los puntos de contacto en el quehacer laboral de estos dos tipos de agentes mencionados

-          Estudiar la magnitud del perfil socio-económico-laboral de los contratistas de servicios

-          Conocer la opinión de los productores agropecuarios sobre la calidad de los servicios que brindan los contratistas

-          Indagar sobre las funciones y dimensionamiento de la entidad gremial que nucléa a estos agentes productivos

-          Establecer la magnitud del desarrollo socio-económico-laboral del contratistas de producción en su papel de arrendatario transitorio

-          Conocer en cuanto contribuye al crecimiento de la producción agrícola el accionar de los contratistas capitalistas

-          Detectar –como objetivo central- la contribución del contratismo rural en las transformaciones socio-territoriales, con especial referencia en lo atinente a las modificaciones acaecidas en los últimos tiempos en la estructura agraria pampeana.   

 

En relación a los Métodos y Técnicas  empleados podemos especificar que este trabajo tiene una orientación eminentemente empírica, de corte analítico cuanti-cualitativo y que se complementa con aportes de estudios teóricos y de información general. La tarea de campo se torna central, a fin de obtener una información de primera mano que no se puede captar a nivel de información proveniente de análisis generales. Para ello se opto por elegir una acotada y no muy grande “unidad territorial” donde resulta factible medir en detalle las variables que nos interesan.

Se sustenta principalmente en entrevistas a interlocutores claves y en “encuestas por muestreos”  realizadas a los contratistas rurales, y acude a su vez, a la indagación de diversas fuentes como: de los Censos Agropecuarios,  del gremio que nucléa a los contratistas y de información de procedencia académica y periodística. Se emplearon técnicas estadísticas destinadas al manejo de los Censos Agropecuarios y al ordenamiento y sistematización de datos de fuentes diversas. Las técnicas de campo utilizadas, consistieron en la elaboración de entrevistas cuyos cuestionarios son de tipo semi-estructurado.

A continuación pasamos  a describir el accionar de los contratistas de servicios en nuestra área de estudio.

 

 

ANÁLISIS DEL DESEMPEÑO DE LOS CONTRATISTAS DE SERVICIOS

 

La organización social del trabajo al interior de la empresa

El tipo de “fuerza laboral” que predomina en las empresas contratistas de servicios es la familiar, y dentro de esta fuerza, el peso laboral de los jefes de familia es pronunciado.

En relación a los “ingresos” que perciben los familiares, todos reciben un ingreso equivalente a un porcentaje del trabajo total, que representa un 7% y 8% promedio de la actividad que se lleva a cabo en cada período de trabajo. Sobre los “empleados dependientes” del contratista en nuestro caso observamos, que el 60% se desempeña como trabajadores permanentes y el 40% como transitorios, siendo el promedio por empleador de dos empleados. El grueso de los mismos se desempeñan como operadores especializados en el manejo de máquinas, y el pago que reciben también es equivalente a un porcentaje del trabajo total realizado. Este representa un 8% para los maquinistas y entre un 6% y 7% para los tractoristas. El promedio de contratación en el caso de los transitorios es de 6 meses al año.

Con respecto al “tiempo de trabajo” que a los contratistas entrevistados les demandan sus tareas fluctúa  entre los tres y nueve meses, y el promedio se establece entre los cinco y seis meses. En suma, corresponde resaltar el rol eminentemente familiar del contratismo de servicio en nuestra área. Vemos que la empresa gira alrededor de la dirección e impulso del jefe de familia con el apoyo central de su descendencia masculina.

 

Características locacionales

En nuestra encuesta, prácticamente todos los contratistas entrevistados, residen en las localidades ya citadas, lo que refleja la tendencia locacional de los mismos.  La gran mayoría proviene del entorno rural cercano a las mismas, y unos pocos siempre vivieron en los centros urbanos.

En cuanto a las causas que provocaron el cambio de lugar de residencia de las zonas rurales hacia los pueblos, en nuestro trabajo figura en primer lugar por dificultades económicas, seguido por razones educativas, problemas de salud o por búsqueda de comodidades urbanas.

En lo que se refiere a sus viviendas, vemos que los contratistas se manifiestan como sólidos propietarios de casas en buenas condiciones y con un aceptable confort. No cabe duda de que los centros urbanos para los contratistas son el lugar más apropiado como base operativa de sus tareas. Todo lo anterior obviamente esta relacionado con la localización “fija” de estos agentes, pero debemos recordar que prácticamente la mitad del año residen fuera de su localidad. Practica por lo tanto una suerte de nomadismo, trasladándose permanentemente durante el período de trabajo de un punto a otro por las zonas rurales del país, con su casilla rodante a cuestas (CICARÉ, 2004).

 

La dotación de los recursos en equipamiento y manejo tecnológico

A juicio de los contratistas entrevistados el nivel de equipamiento en general, fluctúa  entre aceptable a bueno. En relación con la maquinaria básica, la mayoría de los agentes disponen de dos a tres “tractores” por empresa, de una potencia media promedio y de una antigüedad más bien elevada.

La totalidad de los encuestados disponen de “máquinas cosechadoras de grano”, en general una unidad por empresa, con una potencia promedio que se puede considerar de valores intermedios y de modelos no muy antiguos. Existe una clara disposición por renovar los equipos a fin de poder competir adecuadamente. Es de destacar el buen nivel de tecnología comunicacional de que disponen las empresas entrevistadas. Por otra parte, todos los contratistas reciben algún tipo de “asesoramiento tecnológico”.

En síntesis, por la dotación de recursos en equipamiento y manejo tecnológico de que disponen  los contratistas bajo estudio se puede decir que están en sintonía con el resto de los colegas del país.

 

Las actividades que desarrollan y el nivel de ingresos

Con respecto a los servicios específicos que puede realizar un contratista, en esta investigación se ha prestado atención a dos de ellos, la “siembra” y la “cosecha” de granos. En el primer caso, el 33,3% de los contratistas prestan servicios de siembra directa de grano grueso (soja y maíz). En el segundo caso la totalidad de los encuestados realizan cosecha de granos, ya sea fino o grueso. En la cosecha de grano fino (trigo, avena, cebada y trébol) la realizan el 73,3% de los contratistas. La cosecha de grano grueso la realizan todos los contratistas, en la cual predominan la soja, el maíz y el girasol.

La cantidad de hectáreas anuales trabajadas de todos los agentes involucrados, promedia las 1700 has, pero corresponde aclarar que el promedio de hectáreas trabajadas por los contratistas de servicio puros, es muy superior al valor arriba dado.

En cuanto al tratamiento ambiental, especialmente de suelo, y protección de las instalaciones, los contratistas manifiestan tener el cuidado suficiente. Dicen cuidar mucho estos aspectos, a fin de conservar al cliente para la próxima temporada de trabajo.

En relación a lo “niveles de ingresos”, la forma de pago al contratista por el servicio de “cosecha” es el siguiente: el 60% de los agentes cobra un monto fijo por hectárea trabajada, en este caso quintales fijos por hectárea, y el 40% restante cobra por porcentaje de producción. Para ambos casos, los valores varían según el cultivo y el rendimiento por hectárea. Para el caso de la “siembra directa”, los contratistas cobran un monto fijo en pesos por hectárea trabajada. Los principales cultivos realizados sobre siembra directa son el maíz, soja y trigo.

Con respecto al “costo en porcentaje por trabajo realizado” que tiene el contratista, según la opinión de los encuestados, por ejemplo durante la “cosecha” asciende al 45% o 50% de los ingresos brutos- sin considerar los gastos ocasionados por la compra de maquinarias todavía no amortizada-, mientras que para la “siembra” el costo es un poco menor (40%). El costo incluye el gasto de combustible, mantenimiento de maquinaria, empleados, gastos domésticos, desplazamiento, entre otros.

La mayoría de los agentes contrata “seguro de riesgo de trabajo” para sus empleados. En suma, corresponde destacar que a pesar de los onerosos costos de producción que tiene los contratistas, los ingresos netos son considerables. Por cierto que depende de la cantidad de hectáreas trabajadas, pero en general representan cifras más que importantes.

 

Las relaciones sociales

El Núcleo Familiar constituido por los miembros que viven bajo un mismo techo, esta conformado por un promedio de cuatro integrantes por familia. La edad promedio de los contratistas jefes de familia es de 49 años, lo que indica que la jefatura de la fuerza laboral de los hogares encuestados es más bien madura.

El “nivel de instrucción” alcanzado por los jefes de familia es más bien limitado, donde el 70% asistió a la esuela primaria, de los cuales el 54% completo el ciclo. El 30% restante  asistió a la esuela secundaria, de los cuales el 7,5% completó el ciclo.

En lo atinente al nivel de vinculación que existe entre colegas, en general todos los encuestados declaran no tener mucho contacto entre ellos. Por otra parte, manifiestan no estar afiliados al gremio que los representan. Los vínculos que establecen los contratistas con sus clientes suelen ser sólidos y de mutua confianza.

En síntesis, las relaciones sociales que suele establecer el contratista con los actores sociales que trata, suele ser fluida, respetuosa y de un espectro muy amplio.

 

El origen de la actividad y perspectivas futuras

Lo interesante es ver que cierta tendencia y características que dieron lugar a este fenómeno del contratismo, se reproducen en los resultados obtenidos en las encuestas realizadas. Vemos así, que predominan con un 33,3% aquellos agentes cuya iniciación se debe al hecho de ser “hijos de contratistas” o “antiguos empleados” del patrón, que cuando este se retiró les vendió las máquinas. Luego, el 26,7% corresponde a “ex- productores” que en la actualidad no poseen campo pero su oficio de origen es el de agricultor. Siguen también, con el 26,7% aquellos contratistas que revisten a su vez la categoría de “productor” y “contratista de producción”, cuya motivación central de desempeñarse asimismo como contratistas de servicios, ha consistido en ampliar sus ingresos económicos. Por último, el 13,3%  recae en aquellos “productores agropecuarios” que se han dedicado también al contratismo, a fin de incrementar sus ingresos por posesión de explotaciones pequeñas.

Con respecto a la “obtención del capital para la compra original del equipo”, el grueso de los contratistas obtuvo el capital base ya sea a través de la ganancia obtenida como productor, del crédito bancario o de la venta del campo, o mediante la combinación de algunas de estas variantes.

Por último, en lo referente a la “orientación futura de la actividad empresarial” de los encuestados, vemos que solamente el 20% de los mismos piensa seguir el mismo nivel de aprovechamiento económico. El 66,7% piensa incrementar sus ganancias sin modificar su esquema de trabajo, a través de la intensificación de sus tareas, concretamente trabajando más hectáreas. En cambio, el 13,3% restante pretende incrementar sus actividades modificando su esquema de trabajo, por medio del arrendamiento accidental –o sea, pasarían a cumplir el rol de contratistas de producción- o incorporando a sus actividades un nuevo servicio. En suma, se evidencia en general una clara intencionalidad de ampliar sus ingresos personales mediante la práctica de diferentes estrategias laborales.

 

En conclusión, de acuerdo a los resultados de las encuestas arriba descriptas, podemos comprobar en líneas generales que las características intrínsecas, funciones y desarrollo de los contratistas de servicios encuestados, no se diferencia en lo sustancial con respecto a sus colegas de otras zonas del país.

También corroboramos que su origen y posterior evolución laboral se asemeja a lo observado empíricamente  y planteado en términos teóricos por diversos autores que han estudiado el tema del contratismo.  

Por otra parte, queda en claro que los contratistas de nuestra área,  que responden a una realidad con ciertas limitaciones físico- territoriales, no detentan el nivel de empresas de punta, como sí lo tienen muchas de las unidades establecidas en la Pampa Húmeda.

En síntesis, podemos decir, en general los contratistas encuestados conforman unidades bien constituidas, con experiencia laboral y con éxito económico en el trabajo que realizan.       

 

OPINIÓN DE LOS PRODUCTORES AGROPECUARIOS CON RESPECTO A LA CALIDAD DE LOS SERVICIOS QUE LES BRINDAN LOS CONTRATISTAS DE SERVICIOS

 

Nos pareció importante que una vez efectuada la encuesta pertinente a los contratistas de servicios, realizáramos una pequeña cantidad de entrevistas a los Productores Agropecuarios que hacen uso de estos agentes, a fin de conocer la opinión que tienen con respecto a la calidad de los servicios que reciben. Además para conocer  otras especificidades de tipo laboral y económico que se establecen entre estos dos agentes productivos. A tal fin, se elaboró un  cuestionario que contempla todos los interrogantes que interesa dilucidar, empezando por los servicios que solicita a los contratistas, los gastos que le demanda, control de trabajo que realiza y evaluación general del trabajo, entre otros varios aspectos que también se consideran.

Los establecimientos de los productores entrevistados, corresponden a pequeñas y medianas explotaciones de actividad mixta, y la agricultura que se practica, está  orientada básicamente a los cultivos de granos de verano con algo de forrajeras.

Los resultados se los puede resumir en los siguientes términos. Con respecto a los servicios que solicitan a los contratistas, un tercio de los productores requiere asistencia en la “siembra directa” de grano grueso, en cambio el 100% reciben asistenta en la “cosecha” de grano grueso. También una mayoría requiere servicio en la “preparación de reservas forrajeras” y en “mantenimiento de cultivos”. A juicio de los productores entrevistados, el tamaño de las cosechadoras de los contratistas empleados, fluctúa entre medianas y grandes, y el estado de las máquinas es bueno.

El laboreo que los productores realizan por su cuenta, es el de “roturación” (el 50% de los entrevistados) mediante el empleo de labranza vertical (cincel) para forrajes, de “siembra directa” (los dos tercios restantes que no acuden a los contratistas) y también la mayoría realiza “mantenimiento de cultivos” en lo referente a fumigación y fertilización. El estado de las maquinarias de los productores varía de buena a muy buena.

Todos los productores pagan la cosecha por cantidad fija por hectárea, y dicho pago se efectiviza a la terminación del trabajo. La mayoría de los productores pagan al contratista combinando ahorro personal con la venta de la cosecha. Con respecto a la pregunta “si consideran razonable el monto que le pagan al contratista”, los dos tercios respondieron que: más o menos, y el tercio restante respondió que: no. Queda claro que es difícil conformar a este aspecto de los productores.

Solamente la mitad de los productores trabaja con contratistas de servicios puros. Por otro lado, dos tercio de los agricultores acuden al servicio de más de un contratista para todas las labores que deben realizar. Asimismo dos tercios trabajan con el mismo contratista que levanta la cosecha. El total de los productores consideran que la vinculación laboral que mantienen con los contratistas es buena a muy buena.

Con respecto al control del trabajo que realiza el contratista, la mayoría de los productores lleva a cabo un control permanente y la minoría un control más bien mediano. A su vez todos al iniciar el trabajo del contratista, le dan indicaciones de algún tipo. Especialmente referidas al cuidado del suelo y evitar perdida de calidad del cultivo cosechado.

En relación a los diferentes aspectos a considerar referidos al cuidado de las explotaciones por parte de los contratistas, a juicio de los productores, son muy pocos los que cuidan bien el suelo. En cambio consideran que la mayoría de los contratistas respetan las curvas de nivel, todos tienen el cuidado de evacuar los desechos en tambores. En lo referente al cuidado de los caminos adyacentes a las explotaciones, la mayoría de los productores entienden que los contratistas los preservan, como asimismo a las instalaciones de los establecimientos.

En suma, el 50% de los productores consideran que el 50% de los contratistas les cuidan bien las explotaciones, y el resto consideran entre deficiente y regular el cuidado que llevan de los establecimientos.

Por último, con respecto a la pregunta clave al productor sobre “como evalúa en general el trabajo del contratista”, la dos terceras partes de los entrevistados “esta conforme”, y en algunos casos plenamente, y el tercio restante esta “medianamente conforme”.

En conclusión, en base a todas las respuestas de los productores, se entiende que la opinión de los mismos sobre los servicios que reciben de los contratistas, en general es favorable, más allá de ciertas deficiencias que puedan tener en su trabajo.

 

 

COMPORTAMIENTOLOS CONTRATISTAS DE PRODUCCIÓN: CARACTERIZACIÓN SOCIO-ECONÓMICA-LABORAL

 

A través de la encuesta pertinente se analizaron en esta categoría diez empresas de  “contratistas capitalistas”, pertenecientes a las localidades de Alcira Gigena, Elena,  Berrotarán y General Cabrera, que se iniciaron en la actividad sin ó con muy pequeña superficie en propiedad, y mediante la adopción de determinadas estrategias productivas hoy se encuentran operando explotaciones de 1.600 ha o más mediante contratos de renovación anual.

 

Componente económico

Las unidades productivas categorizadas en este segmento responden a una lógica productiva con directa participación de los productores responsables en la toma de decisiones y en las tareas laborales. Del grupo de agentes encuestados en el área de estudio se puede hacer la siguiente clasificación: contratista capitalista puro (10%); contratista capitalista, productor agropecuario, contratista de servicio (10%); contratista capitalista, actividades complementarias –principalmente rubro comercial- (20%); contratista capitalista, productor agropecuario (60%). Como se observa esta última figura de contratista es la que predomina.

La tenencia de tierra en propiedad es escasa en la mayoría de los entrevistados, con un  tamaño promedio de 278,5 has. Es de destacar que en uno de los casos la propiedad de tierra fue adquirida con las ganancias logradas como contratista de producción.  Es por ello que estos sujetos buscan el acrecentamiento en la escala operada a través de diferentes formas de la posesión de  tierras.  En los casos consultados prevalece por unanimidad el arrendamiento accidental, cuyas principales particularidades son:

*       contratos escritos avalados legalmente por un juez de paz ó escribano público,

*       renovables anualmente,

*       el valor se estipula en quintales fijos por hectárea de soja, cotizados a valor pizarra de Rosario.  (En el año 2007 el valor oscilaba entre los 13 a 15 qq/ha según la calidad de los suelos de los predios, pero en el año 2008 los alquileres disminuyeron notablemente a valores entre 7 a 8 qq/ha),

*       El tamaño de los predios en arrendamiento promedia las 1582 ha.

Una característica en común entre los entrevistados es que las explotaciones son dedicadas exclusivamente a la actividad agrícola, que según los promedios obtenidos resultan ser  los cultivos principales: la soja (927 ha), maní (725 ha), trigo (660 ha), maíz (524 ha), forrajeras (250 ha). Cabe resaltar que el esquema que se está desarrollando a nivel nacional se reproduce en este sector periférico de la región pampeana, es decir un predomino exacerbado de la soja sobre el resto de cultivos (cereales y oleaginosos), beneficiado por el precio y el margen de rentabilidad que ofrece dicho cultivo.

Los predios arrendados se distribuyen en un promedio de 7 parcelas en un radio de 50  a 100 km. de distancia en los alrededores de las cuatro localidades involucradas, alquilados a  propietarios diferentes.  En este caso sumando por cada contratista capitalista encuestado, encontramos que más de 38 propietarios de tierras (que se convierten muchos de ellos en ex-productores agropecuarios) son desplazados por 10 empresas contratistas. Lo que demuestra por un lado la fuerte injerencia activa de este actor en la estructura agraria y por otro la tendencia de una mayor presencia de propietarios que se alejan de la actividad agraria, pasando a una situación pasiva como es la de rentistas.

Los sujetos  entrevistados pueden identificarse como empresarios capitalistas de origen agropecuario, ya que provienen de familias con padres formados en la  producción agraria.  Jurídicamente estos contratistas conforman  mayoritariamente sociedad con familiares (40%) y no familiares (20%) y en menor proporción la forma jurídica de persona física (40%),  obteniendo el capital para iniciarse en esta actividad de tres formas principales: una a través  del aporte directo de ganancias agrícolas de la familia agropecuaria del padre;  venta de campo por parte de familiares productores y por las ganancias obtenidas en la actividad comercial.

La adopción tecnológica, tanto de maquinarias de punta y contratación de seguros, es un factor relevante en productores que operan grandes dimensiones, no sólo por la garantía ofrecida a los propietarios de la tierra en cuanto al cuidado de un recurso altamente requerido por ellos (obligación establecida previamente en los contratos de arrendamiento), sino básicamente por una cuestión de operatividad en el manejo del tiempo, de los costos y la maximización de la productividad por hectárea alquilada.

Los contratistas capitalistas entrevistados observan un nivel de equipamiento de aceptable a muy bueno, de última generación y con alta tecnología.  Esto nos indica que poseen un fuerte predominio de capital operativo, generalmente adquirido de acuerdo con la financiación existente en el mercado - financiación a cargo de concesionarias, créditos disponibles en la banca oficial y privada- que les permitió incrementar paulatinamente su escala de producción.   También se observa que un gran porcentaje de ellos contratan seguros de riesgo climático, principalmente sobre granizo para  todos los cultivos, como una forma de resguardarse y cubrirse básicamente sobre los costos iniciales de la producción.

Por lo tanto estos contratistas capitalistas disponen de un moderno parque de maquinarias, todas acordes con la implementación de tecnologías de tipo conservacionista, como la labranza reducida y la siembra directa. El 60% de los entrevistados piensan acrecentar el parque de maquinarias a través de la compra de equipos usados (cosechadora y fumigadora autopropulsada), utilizando las facilidades crediticias de las concesionarias regionales. En cuanto al resto piensa ir renovando su equipamiento, manteniendo la última tecnología disponible en el mercado, sin aumentar el parque de maquinarias, utilizando facilidades otorgadas por las mismas empresas de venta de maquinarias.  Complementan la disponibilidad tecnológica y de seguros, con asesoramientos de equipos de ingenieros agrónomos,  provenientes de los comercios de venta de agroquímicos y de los consorcios de conservación de suelos.

En cuanto al costo  para llevar a cabo la producción (incluyendo pago de alquileres, empleados, compra de insumos agrícolas) se eleva alrededor de 50 a 65% del total de las ganancias obtenidas, “sin considerar los gastos ocasionados por la compra de maquinarias todavía no amortizadas. Generalmente  un promedio del 30 % de la producción obtenida se destina al pago de arrendamientos.

Los contratistas encuestados tributan ingresos brutos, IVA, impuesto a las ganancias y retenciones por  venta de cereales. La diferenciación se produce en el tipo de categoría en la que se encuentran inscriptos cada uno de ellos, de acuerdo al movimiento de capital financiero que realicen durante el año fiscal.

En cuanto a la orientación futura en la actividad que desarrollan los contratistas el 50% piensan acrecentar su escala productiva, incorporando mayor superficie de trabajo, considerando que el escenario político-económico a nivel nacional e internacional sea favorable ó rentable a los comidities agrícolas (precios, costos de producción y alquileres).

 

Componente social

En cuanto a la composición familiar, predomina la familia tipo constituida por el matrimonio y dos hijos, cuya edad promedio  no supera los 15 años. La jefatura de la familia se caracteriza por ser de adultos jóvenes, con una edad promedio de 42 años.  En la actualidad todos residen en las áreas urbanas de sus respectivas localidades, pero su procedencia es de la zona rural y un caso que proviene de otra localidad.  Los motivos principales que originaron el cambio de residencia ha sido la educacional, por razones laborales y por matrimonio.

Las viviendas que habitan en las localidades, son confortables y de buena calidad, pero no ostentosas.

El nivel de instrucción en general, no supera el nivel secundario completo, sólo en dos casos los jefes de familia son profesionales universitarios. Las  esposas en su mayoría cuentan con instrucción secundaria y terciaria, y en el caso de los hijos se encuentran realizando el nivel medio en su mayoría y uno el universitario. Se puede decir que en relación al nivel de instrucción que poseen estos agentes laborales, el mismo es bastante aceptable.

Con respecto al nivel de vinculación entre los contratistas, vemos el 85 % se encuentra participando de algún organismo cooperativo o consorcista (cooperativa agrícola, consorcio de conservación de suelo) pero no a nivel gremial.

De todos los contratistas entrevistados, el 54 % manifestaron tener escasa vinculación entre ellos, solamente comparten información sobre la disponibilidad del mercado de tierra en la región donde se desempeñan. En todas las localidades, que comprende el área de estudio, manifestaron no estar afiliados a ninguna institución gremial, ya sea a nivel provincial o nacional.

 

Componente laboral

En cuanto a la fuerza laboral del contratista de producción se compone de la siguiente manera: una PEA agropecuaria conformada únicamente por el jefe de familia y en ninguno de los casos existe familiares que trabajen en la actividad agropecuaria; una PEA no agropecuaria constituida principalmente por la esposa (act. docente, comercial, cuentapropista) y  familia dependiente conformado mayoritariamente por los hijos adolescentes.

La organización laboral que caracteriza a este tipo de unidades productivas es diferenciada.  Los contratistas-productores a cargo de las explotaciones se dedican a su organización y administración, pero no de participan activamente en la realización de las labores físicas, tomando para ello asalariados permanentes y transitorios exclusivamente para la realización de estas tareas.

Los contratistas entrevistados tienen un promedio de 5 trabajadores permanentes y 2 trabajadores transitorios por empresa. En cuanto a la “forma de pago” en el primer caso se les paga un sueldo fijo mensual más un porcentaje de lo producido y en el caso de los transitorios son contratados por un período de 2 a 3 meses, con un sueldo fijo mensual, con un promedio al año entre 5 a 6 meses.  En ninguno de los asalariados media contrato formal, pero si se le realizan los aportes sociales pertinentes. En general tanto los trabajadores permanentes como transitorios, realizan todo tipo de tareas, especialmente en lo atinente al manejo de diversas maquinarias.

 

Conclusión

En general se puede concluir en que los  contratista de producción, manejan con experiencia y oficio su actividad.  El perfil y las características de los contratistas capitalista están muy vinculados al tipo de requerimientos que exige hoy en día el modelo económico imperante a nivel nacional, adaptándose a las distintas situaciones que se puedan producir. Los contratistas capitalistas en la región de estudio se caracterizan por una lógica productiva flexible, en pos de ampliar su escala productiva, basados en un sobredimensionamiento del capital operativo y una limitada posesión de capital fijo (tierras en propiedad).

Existe un criterio cortoplacista como factor dominante y al mismo tiempo homogéneamente presente en  los contratistas- productores.

 

En general, disponen de un manejo tecnológico aceptable y un interés acusado por estar permanentemente actualizados. El nivel de ingresos, a pesar de los altos costos operativos de las empresas, se puede considerar como muy rentables.

 

En lo referente al origen de cómo el contratista se inició en esta actividad, predominan aquellas que se relacionan con una actividad agraria original. El apoyo de la fuerza laboral familiar del contratista es más bien reducido.

 

Los contratistas capitalistas encuestados conforman unidades empresariales bien constituidas con experiencia laboral y con éxito económico en el trabajo que realizan.

 

Por último, se evidencia una fuerte incidencia del contratismo rural en las tareas agropecuarias, que en forma notoria las simplifica, convirtiéndolas en eficientes y altamente productivas.

 

 

ACTUACIÓN DEL GREMIO QUE NUCLEA A LOS CONTRATISTAS DE SERVICIOS

 

A nivel nacional existe la “Federación Argentina de Contratistas de Máquinas Agrícolas” (FACMA), creada en 1986, con sede en la ciudad de Casilda (Santa Fe), y que tiene como antecedente el “Gremio de Trabajadores de Máquinas Rurales” –el primer sindicato creado del sector- fundado en 1948 en la misma ciudad. Dicha entidad esta integrada por doce agrupaciones de distintas provincias y nucléa a las asociaciones, cámaras y centros de contratistas de cosecha, laboreo de suelos, siembra y fumigación del país.

En el caso particular de la provincia de Córdoba existe la “Asociación de Trilladores del Centro de la Provincia de Córdoba (ATCPC), con sede en la localidad de Almafuerte. Los servicios que presta la Federación entre otros, son:

-            Realizar gestiones oficiales ante el gobierno nacional, gobierno provincial, autoridades municipales, sindicatos, entidades intermedias, en todo lo referente a la defensa de los derechos e intereses que atañen al sector.

-            Brindar asesoramiento de profesionales especializados en dichas actividades.

-            Elaborar ante el inicio de cada campaña, los costos y precios orientativos de cosecha y laboreo.

-            Implementar cursos de capacitación para la habilitación de operarios de maquinarias.

-            Poner a disposición de sus afiliados en forma paralela, una “cooperativa de servicios”, donde la venta de seguros ocupa un lugar privilegiado.

Se estima que de 17.000 contratistas que existen en todo el país, solamente 3000 asociados cuenta el FACMA, motivo por el cual esta trabajando firmemente para incrementar el número de afiliados. Las dificultades para captar asociados son varias, pero hay dos inconvenientes que sobresalen para lograr tal fin, que son: el fuerte individualismo del contratista y los lugares de trabajo dispersos de los mismos. Si bien es cierto que la gama de tareas que realizan los contratistas es muy amplia, y se debe considerar a aquellos que realizan servicios en cultivos no pampeanos, FACMA se preocupa especialmente por ahora, debido a razones de capacidad operativa, en aglutinar a los maquinistas de agricultura extensiva, que se calcula en 8000 el número de contratistas de cosecha y siembra.

De las problemáticas que afectan al sector podemos mencionar las siguientes: la proliferación en los últimos tiempos, de un nuevo contratista como subproducto de la bonanza del campo, y que repercute negativamente en los contratistas profesionalizados. Son aquellos productores que gracias a los muy buenos ingresos percibidos en las últimas campañas, parte de sus ganancias las han volcado en la compra de maquinarias para realizar trabajos a terceros, con un criterio netamente especulativo y cortoplacista, a fin de incrementar más su capital global, sin tener los conocimientos suficientes para desempeñar este oficio. Consecuencia: trabajan mal, perjudican al empleador y desacreditan a los contratistas de servicios auténticos.

Otra dificultad que procura solucionar el gremio, esta en relación a las actuales normativas de tránsito en las rutas, que solamente autoriza la circulación de maquinaria hasta 3,50 metros de ancho, cuando los nuevos equipos son de mayores dimensiones.

El gremio también esta trabajando en la mejora del acceso al crédito para renovar o cambiar la maquinaria, dado que en la actualidad los créditos bancarios están muy limitados y aplican  una alta tasa de interés.

Otros de los puntos de la agenda que están abocados a solucionar, es con respecto al abastecimiento de combustible y a problemas de tipo impositivo.

En lo que respecta a la actuación política de la federación, es interesante observar que en el curso del conflicto por las retenciones a las exportaciones, suscitado entre el campo –cuya figura central estuvo representada mayoritariamente por los productores agropecuarios- y el gobierno nacional en el 2008, el gremio apoyó explícitamente a los productores. Lo que pone de manifiesto, la estrecha asociación de intereses que median entre estos dos agentes rurales.

Por último, cabe resaltar que la dirigencia de FACMA, más allá de los vaivenes de coyuntura que sufre periódicamente la producción  agropecuaria, entienden que el futuro del contratista es promisorio y que su rol se va a consolidar cada vez mejor. Interpretan que de acuerdo al actual esquema productivo en vigencia, su desempeño es insustituible.

 

 

CONCLUSIONES GENERALES

 

Una vez analizado y descripto estos agentes productivos en sus características intrínsecas y de desempeño general, cabe ahora referirnos al papel que cumplen en las transformaciones socio- territoriales en el área de estudio, que por la información que poseemos, pareciese que resultan ser muy similares a las alteraciones que se manifiestan  en otros espacios rurales del país.

En este sentido, y en un plano de aproximación general y eminentemente cualitativo, corresponde destacar el papel del contratista rural en:

a)      su contribución al despoblamiento del campo, al reemplazar eficazmente, mediante la acción de su maquinaria, a gran parte de la fuerza laboral que residía en el mismo, y facilitando indirectamente el traslado de esta población rural hacia las localidades pequeñas e intermedias más cercanas de su ámbito original;

b)      su contribución a la modificación de las estructuras agraria en los siguientes aspectos:

*     en el aporte al mantenimiento e incremento de hectáreas trabajadas por parte de los productores agropecuarios (Lódola, 2003), (aquí interviene solamente el Contratista de Servicios);

*     en poner un límite a la concentración de la propiedad, al evitar en muchos casos que los pequeños productores salgan de la escena productiva, al convertir en rentables sus reducidas explotaciones(aquí interviene solamente el Contratista de Servicios);

*     en la disminución acentuada de explotaciones y por ende de productores
–observable entre los dos últimos censos agropecuarios (1988 y 2002)–, la cual sin el aporte del trabajo del contratista de servicios y producción no hubiese sido posible. Este fenómeno no implica un incremento de la concentración de la propiedad, pero sí en cambio un incremento de la concentración en la producción (capital) (Barsky, 2003);

*     en un incremento de los pequeños propietarios rentistas como consecuencia de lo anteriormente descripto, al dejar en manos de los empresarios capitalistas la explotación de sus campos:

*     en un aumento de los arrendamientos a corto plazo, bajo la figura de contratos accidentales, donde el contratista de producción se convierte en el personaje central, por ser principalmente el demandante de este tipo de contratos;

*     en el incremento en el promedio del tamaño medio de las explotaciones como consecuencia de la reducción numérica de las mismas.

 

En suma, todos los cambios arriba expuestos tienen implicancias geográficas, a veces observables claramente en el paisaje rural, y en otros de manera no tan detectable pero sin embargo poseedores de una fuerte connotación socio-territorial.

Corresponde reconocer que no cabe la menor duda de que los contratistas rurales, en general, contribuyen eficazmente a las modificaciones territoriales, o sea a la estructura agraria anteriormente descripta, pero a fin de delimitar –y evitar posibles confusiones- los diferentes niveles de participación y responsabilidad, según se trate de contratistas de servicios o de producción, se debe recordar que centralmente el punto de contacto entre los dos tipos de agentes mencionados, consiste en que para ambos, la base de su capital operativo se apoya en la posesión de equipos integrados de maquinaria agrícola de alto valor económico y también en lo que respecta a la evolución como agentes productivos, dado que generalmente el contratista de producción se inicia como contratista de servicios, para luego derivar a su actual rol.

Pero a su vez se debe distinguir que la participación de contratista de producción en lo referente a las modificaciones territoriales y productivas que genera, las lleva a cabo en su rol de arrendatario transitorio como “agente activo responsable” de los mismos, en cambio los contratistas de servicios ofician –en tanto presten exclusivamente servicio a terceros- como “instrumentos” o “agentes pasivos” de los verdaderos sujetos que producen las alteraciones en el quehacer productivo y territorial.

Por otra parte, la fuerte incidencia del contratismo rural en las tareas agropecuarias, que en forma notoria las disminuye y simplifica, convirtiéndolas en eficientes y altamente productivas, no soluciona otro tipo de problemas estructurales, como los medioambientales y el de aquellos productores a quienes el mismo sistema de funcionalidad agropecuaria de alta exigencia tecnológica y de disponibilidad financiera los retira de la escena productiva (Barsky Y Gelman 2001), convirtiéndolos ya sea en pequeños propietarios rentistas o directamente expulsándolos del sistema agropecuario.

En síntesis, no cabe la menor duda que de acuerdo al actual sistema económico vigente, los contratistas rurales van a seguir cumpliendo un rol clave en el proceso productivo agropecuario. Lamentablemente este éxito y papel relevante que desarrollan estos agentes, no se refleja en otros actores laborales agrarios, como ser, en ciertos pequeños productores, campesinos y asalariados rurales, dado que la actual política agraria en marcha, no los incluye en su esquema productivo de corte eficientista.

 

 

 

 

 

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Ponencia presentada en el 12do EGAL (Encuentro de Geógrafos de América Latina). Montevideo, Uruguay. 3 al 7 de abril de 2009. 


 

 

 

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