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Asunto:NoticiasdelCeHu 301/09 - Alimentos: entre el medio ambiente y el hambre (Segunda Parte)
Fecha:Sabado, 18 de Abril, 2009  20:36:19 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <ncehu @..................ar>

NCeHu 301/09
 

Alimentos: entre el medio ambiente y el hambre

(Segunda Parte)

                                                        Alfredo César Dachary

 

         La segunda parte del siglo XX, que se inicia con el boom derivado de la posguerra, Estados Unidos el país triunfador militar y económicamente y la Europa desvastada apoyada por el Plan Marshall, es el escenario del nacimiento de lo que se conoce como el American Way Life o modo de vida americano.

         La opulencia de la nueva sociedad de Estados Unidos, que había sacado durante la guerra a la mujer del hogar para ocupar gran parte de los puestos de trabajo, reinicia esta era con un mercado laboral duplicado, por hombres y mujeres.

         Esto fue el principal motivador para que la comida rápida hiciera una aparición casi  mágica en la vida de esta sociedad, ya que cada vez  eran más los hogares que disponían de menos tiempo para la preparación de las comidas diarias.

El doble ingreso fue la base para el boom de la sociedad consumista que al transformar las fábricas de guerra en productoras de bienes para el hogar lograron producir refrigeradores, congeladores, hornos y otros enseres a precios asequibles y ello aceleró la penetración de las comidas pre-cocidas o congeladas.

Según Harvey, historiador de la etapa del auge de la sociedad norteamericana, la industria ofrecía a las amas de casas y, en general, a la familia, más tiempo libre, para jardinería, hobbies, clubes y otras nuevas actividades que emergen de las posibilidades económicas y la inventiva de una nueva perspectiva de era.

La industria de las comidas o alimentos preparados ha dado desde el comienzo una gran batalla por incrementar su mercado, por un lado, y sus ganancias, por el otro, algo que era muy difícil para el productor agropecuario y que sólo podía lograr reduciendo sus costos de producción o incrementando su área de producción.

En 1950, la mitad del valor de los productos que pagaba el consumidor, iban a parar al productor, pero al final del siglo XX, este valor se había reducido a un 20% del valor de venta del producto, ¿si esto ocurre al interior del país más poderoso, que se espera de la relación con países más débiles?

Pero el consumismo tiene un alto costos y prueba de ello es que de cada dólar que se gasta en alimentos veinte centavos se han gastado antes en promociones, en el empaquetado, presentación, cupones de descuento y otros mecanismos para hacerlo más atractivo a grandes masas de consumidores.

Una prueba de ello lo dan los fabricantes de refrescos que gastan unos 700 millones de dólares anuales en propaganda y los fabricantes de cereales de desayuno que gastan unos 800 millones de dólares.

En síntesis, la industria alimenticia en Estados Unidos gasta unos 33,000 millones de dólares anualmente en marketing, más que la industria automotriz, pero ello tiene su explicación: sus gastos representan el 10% del gasto del consumidor de Estados Unidos.

Esto ha llevado a la creación de una clientela de marca que considera a la misma por encima del precio del producto, ya que las marcas más conocidas son proporcionalmente más caras que las menos conocidas que invierten menos en promoción.

Pero la promoción de los alimentos preparados se vuelca sobre la comida chatarra y no sobre los productos nobles, como frutas, pescado fresco o verduras,  por ser estos últimos los que tienen menos posibilidad de tener un incremento debido a la promoción.

Así los helados bajos en calorías, un “mejoradito” dentro del mundo de la comida chatarra, que logró imponer la transnacional Nestlé, se apropió de la mitad del mercado, al introducirse en el momento en que se desataba la batalla contra la obesidad, creando así un producto que genera 350 millones dólares sólo en Estados Unidos.

McDonald´s es otro de los grandes de la comida que se ha ido adecuando al cambio de gustos del mercado, ya que partiendo de sus dos premisas, ahorro de tiempo y la sencillez del consumo, crece al transformar esas premisas en comodidad del consumidor.

Los resultados son más que evidentes. En 1962, los consumidores estadounidenses gastaban en restaurantes un 28% de su presupuesto en alimentación; en el 2005, el 50% de los gastos de alimentación que se hacen en Estados Unidos y que representan 840.000 millones de dólares se hacen fuera del hogar y, de ellos, el 25% es comida rápida o “chatarra”.

En los países ricos, los alimentos son un consumo mayoritariamente orientado a gustos más que a necesidades, a ganar tiempo más que a ganar calorías, lo opuesto es en los países pobres donde la alimentación es parte de la batalla por la supervivencia o en países emergentes como México, líder mundial en consumo de bebidas y comida chatatarra, derivadas del efecto demostración de la propaganda y la convivencia con Estados Unidos, la sociedad con mayor nivel de consumo mundial.

En las sociedades ricas, la comida es un valor de clase, es un estilo  generado por una propaganda que transforma al producto alimenticio en casi un bálsamo, así parecen los alimentos como juego o como identidad, los Foodie.

La comida en kits con salas, colores brillantes que las hacen atractivas para los niños y otros consumidores, la salsa Ketchup de colores y otros productos que se hacen atractivos por la presentación.

Pero esto es el comienzo, en general, las empresas están ante una revolución en la comida, basada en dos grandes variables: el tiempo disponible y los nuevos gustos que se pretenden imponer.

Al comenzar a dar tiempos para comer, las fábricas y empresas, en general, daban una hora en la década de los 60´s y 70´s, pero eso se ha ido reduciendo y hoy es media hora, mientras los mandos medios comen muchas veces en sus escritorios o simplemente no comen, y el tiempo se reducirá en un 50% en dos décadas más.

El estudio del comportamiento del nuevo ciudadano, hoy auto empleado o auto explotado, es diferente al de la era anterior cuando el empleo era estable y la gente seguía manteniendo su tiempo como un patrimonio privado; hoy todo se mezcla y de ello sale un tiempo total a su trabajo, sin “vida privada”, en muchos casos.

Los estudios de mercado realizados por Datamonitor, una empresa inglesa  que evalúa el mercado de alimentos, presentan una situación nueva, el ciudadano de Estados Unidos salta un desayuno, comida y cena cada tres días y empieza a reemplazar las comidas por refrigerios.

Alli aparecen los snacks, aperitivos, antojitos, picoteo y, en general, todo lo que se come informalmente y rápido, comida informal, aunque lo de comida sale sobrando, ya que ésta es una de las formas de la comida chatarra en la mayoría de los casos en que se compre hecha.

En Estados Unidos, el 31% del total son papitas fritas y un 20.9% totopos; en México, según la Asociación Mexicana  de Estudios para la Defensa del Consumidor (AMEDEC), lideran este consumo las papitas fritas con el 35.5%  y las frituras a base de tortillas 21.3% y en tercer lugar los productos extrudidos (pellets) con un 15.4%.

Todos estos procesos alteran los sabores de los productos primarios y los finales, por ello, en paralelo ha crecido la industria del sabor; en el caso de las galletas, los procesos de cocción dañan los aromas naturales ya que sólo sobrevive un 3%.

Pero grandes empresas de creación de sabores y “colores naturales”  como Givaudan, IFF, Firmenich y Symrise, manejan un mercado de 18,000 millones de dólares al año, son la otra cara de la industria de las comidas precocidas o los snacks.

Junto a ellos están otros productos más, como los espesantes como la pectina y el xantano, que permiten ganar peso a menor costo, pero el maíz se ha transformado en un atractivo en esta industria, ya que además de ser la materia básica en panes y galletas, suministra hidratos de carbono que se añaden a las carnes  y hamburguesas procesadas.

Así la industria de los aditivos a los alimentos es otro de los grandes ganadores de este mercado que crece geométricamente. Un ejemplo es el benzaldehido a partir del cual se crea el sabor a cereza, mientras que el diacetil se convirtió en la mantequilla de muchos consumidores de palomitas de maíz de microondas, hasta que se le descubrió en el 2007 su impacto negativo, incidía en las afecciones pulmonares.

El auge de la comida rápida y congelada, la necesidad cada vez más acuciante de comer fuera del hogar, el menor tiempo disponible para las comidas, nos han empujado a un barranco de comida química, la base del nuevo hombre ese mutante que piensa que la naturaleza está amenazada y no descubrió que hoy su propia naturaleza ya está alterada.

 

alfredocesar7@yahoo.com.mx