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Asunto:NoticiasdelCeHu 103/03 - Guerra imperialista, crisis internacional
Fecha:Viernes, 21 de Febrero, 2003  17:25:42 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

Ataque radial

NCeHu 103/03

Guerra imperialista, crisis internacional

LUIS OVIEDO


Alrededor de la guerra de Irak se ha desatado una violenta crisis política internacional, que enfrenta a Estados Unidos (respaldado por Gran Bretaña) con Francia y Alemania, y que tuvo como escenarios el Consejo de Seguridad de la ONU y la Otan. Los enfrentamientos en la Otan fueron tan violentos que, cualquiera sea la evolución futura, "los daños son irreparables" (Le Monde, 13/2).

 

Crisis mundial

Según el corresponsal del Financial Times (14/2) en París, "hubo un gran cambio en las posiciones, las tácticas y las actitudes de Francia en el último mes". Hasta la aprobación de la resolución que envió a los inspectores a Irak, dice, Francia siguió una política de "cooperación" con Washington, pero desde entonces, observa, "se sintió obligada a construir una alianza contra Estados Unidos".

¿Qué llevó a Francia a "sentirse obligada" a armar una alianza con Alemania para enfrentar a Bush? La percepción de que, bajo la ofensiva norteamericana, Francia y Alemania estaban perdiendo el control político de la Unión Europea. Gran Bretaña, España, Portugal, Italia, Dinamarca y la totalidad de los países de Europa del Este (es decir, quince de los 25 miembros de la UE "alargada") habían firmado diversas declaraciones comunes, al margen de la UE, respaldando la invasión norteamericana a Irak. "Las huellas norteamericanas en estas declaraciones están por todos lados" (Le Monde, 9/2). Aunque no firmó, Holanda se encuentra bajo una presión insoportable para incorporarse a este bloque.

El "eje norteamericano" que se está formando en Europa amenaza la hegemonía franco-alemana. Los países de Europa del Este, por ejemplo, confiaron su reequipamiento militar a empresas norteamericanas, en medio de grandes protestas de las empresas alemanas y francesas y de sus gobiernos, que los acusan de "ingratos" y de "traicionar el espíritu europeo" (Le Monde, 9/2).

Así, cuando la prensa mostraba a Estados Unidos como "aislado" en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, los que se encontraban realmente aislados en Europa eran Francia y Alemania, que sólo podían contar con el modesto respaldo de Bélgica.

En la "crisis transatlántica" destapada por la guerra, lo que se disputa es quién manda en Europa. La ofensiva norteamericana, que combina la promoción de crisis políticas en Alemania y Francia con la presión diplomática, política y económica y la subordinación militar, busca convertir a Europa en un satélite.

 

Una oposición imperialista a la guerra imperialista

Chirac y Schroèder se oponen a la Casa Blanca en nombre de una política tan imperialista como la de Bush y cuyo objetivo es, también, la rendición incondicional de Iraquí.

Como Bush, Francia y Alemania reclaman el desarme de Irak, sólo que, por ahora, pretenden hacerlo reforzando las inspecciones de las Naciones Unidas, aumentando el número de aviones espía, y la intervención política y diplomática en Irak. Como Bush, consideran a Irak como el agresor y no como la víctima. No ponen en cuestión la necesidad de la completa subordinación de Irak al imperialismo, ni de su "apertura" a la penetración del gran capital extranjero. En lo que divergen con Bush es en que consideran que estos objetivos pueden alcanzarse, todavía, por la vía de la presión diplomática, apoyada en la amenaza directa de la guerra. No los enfrenta una política sino los medios con que cada uno pretende imponerla y, por su puesto, la manera en que debe distribuirse la "torta petrolera" irakí.

La confianza en el supuesto "pacifismo" de Chirac y Schroèder es el camino más directo y seguro a la frustración.

 

De Bagdad a Berlín

Su aislamiento en Europa y la perspectiva de "perder el Este" desataron una crisis política mayúscula en Alemania. La burguesía alemana no parece dispuesta a sostener el choque en que se ha empeñado Schroèder con los Estados Unidos. Pero la posición de la burguesía alemana no es el único factor de crisis política; tanto o más importante es la presión norteamericana.

El influyente presidente del Consejo para la política de la Defensa de Estados Unidos, Richard Perle, traza el siguiente cuadro: "El canciller actual se irá y Alemania volverá a la normalidad, es decir a reconocer la importancia de la relación norteamericano-alemana, y comprenderá que el enfrentamiento no es la mejor manera de proteger los intereses alemanes" (Le Monde, 13/2). Es claro que los norteamericanos están promoviendo la caída de Schroèder. Exactamente ésas son las intenciones que el International Herald Tribune (11/2) le atribuye a Rumsfeld y al gobierno norteamericano: "promover la aniquilación política del canciller Gerhard Schroèder y un cambio de régimen en Alemania".

Pero quebrar a Alemania, a la que Estados Unidos ve como "el miembro vulnerable de la resistencia" (ídem), es el primer paso para luego quebrar a Francia. Algunos de los planteos norteamericanos son excluir a Francia de la Otan y "transferir" su banca permanente en el Consejo de Seguridad a la Unión Europea (ídem).

 

Crisis políticas en todos lados

Pero si Schroèder enfrenta una crisis política por no ir a la guerra, Blair, Berlusconi y Aznar las enfrentan por su apoyo a la aventura militar. Todos ellos enfrentan un masivo repudio popular; Blair, además, cuenta con una masiva oposición en el Partido Laborista, en los sindicatos y hasta en su propio gabinete. Blair, dice el Financial Times (12/2), enfrenta "una pesadilla que se volvió real": una rebelión dentro del laborismo y los sindicatos y un abierto repudio popular si apoya la invasión sin una resolución específica de las Naciones Unidas. Peor todavía sería la crisis política si, bajo la presión interna, retrocede y abandona al "aliado americano".

Pero ni siquiera Bush está a salvo. Si va a la guerra sin el respaldo de las Naciones Unidas, enfrentará una oposición interna mayoritaria (que se agravaría si la aventura militar se complicara). Pero si en estas condiciones reculara, comenzaría una descomposición imparable del derechismo norteamericano que haría tambalear a todo el régimen político.

 

Un acuerdo precario

En las últimas horas, una cumbre de emergencia de la Unión Europea (de la que fueron excluidos los países de Europa Oriental), llegó a un acuerdo en torno a Irak. Por primera vez, la UE acepta ir la guerra contra Irak, lo que constituye una indudable victoria política norteamericana.

Chirac y Schroèder utilizaron rápidamente su fortalecimiento por la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y por las marchas multitudinarias del fin de semana para capitular ante Bush. Esta capitulación había sido anticipada, unos días antes, por la decisión alemana de proveer a Turquía a través de una "triangulación" con Holanda (El País, 12/2).

La afirmación, por parte de la UE, de que la guerra es el "último recurso" sólo sirve para disimular la capitulación franco-alemana. Ahora, dice el Financial Times (18/2), las divergencias "se han reducido a una cuestión de tiempo –para ser precisos, a una quincena". La "diferencia crucial", después de la resolución, es si debe considerarse el 28 de febrero (como reclama Estados Unidos) o el 14 de marzo (como plantean Francia y Alemania) "como fecha límite para el desarme de Irak" (ídem).

A los empujones, Europa se está subiendo al carro de guerra norteamericano, lo que sin embargo no le ahorrará nuevos choques y disputas. En las próximas semanas, según el desarrollo de los acontecimientos, las crisis políticas golpearán a unos o a otros. Lo que está cantado es que, de conjunto, se marcha a un agravamiento de las disputas interimperialistas y al estallido de gruesas crisis políticas en las principales potencias imperialistas.

La guerra de Irak y la crisis europea son una manifestación de la agudeza que han alcanzado la crisis mundial y los enfrentamientos interimperialistas. Es la confirmación de que no hay una salida "económica" a la crisis mundial y que el imperialismo norteamericano busca esa salida por la vía de la fuerza, de la guerra y de la presión militar para producir un completo reordenamiento político de las relaciones entre los Estados y las clases a nivel mundial, no sólo respecto de los países atrasados sino también entre los propios países imperialistas.


Fuente: Prensa Obrera Nro 790, Buenos Aires, del 20 de febrero de 2003.