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Asunto:NoticiasdelCeHu 490/08 - Un complejo y largo día
Fecha:Domingo, 16 de Noviembre, 2008  01:35:11 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <ncehu @..................ar>

NCeHu 490/08
 

Un complejo y largo día

                                                                           Alfredo César Dachary

 

El 4 de noviembre del año 2008 quedará en la historia de América como una fecha referente, ya que en el mismo se han dado dos hechos opuestos que van incidir significativamente en dos de los grandes países de América del Norte: Estados Unidos y México.

La victoria del primer afroamericano, designación disfrazada que agrupa a la mayoría de los descendientes de esclavos que fueron explotados por angloamericanos, los conquistadores y colonizadores de lo que hoy es Estados Unidos, fue un hecho si bien era posible, no se esperaba tan rápidamente.

Esto debido a que Estados Unidos fue el último país de América y el penúltimo del mundo en levantar las restricciones sobre la población de color, a mitad de la década de los 60´ y el último fue Sudáfrica, al final del siglo XX.

La “democracia norteamericana” funcionó hasta hace cuatro décadas con diferencias raciales legalizadas y, por eso, no es de extrañar que a los ciudadanos del siglo XXI se los refiera por el lugar de origen de ellos, padres o abuelos: hispanos, asiáticos y afroamericanos, entre los más significativos.

En el momento en que se comenzaban a dar los resultados de la elección de Estados Unidos en el espacio de más alto ranking de la televisión de todo el mundo y muy especialmente de México, que también se jugaba como socio una importante carta, ocurre un hecho difícil de explicar pero fácil de imaginar en la actual situación de México.

La aeronave en la que viajaban el Secretario de Gobernación, el principal responsable de la lucha contra el crimen organizado y un reducido grupo de personas de su entorno, estalla y cae en pleno centro de la ciudad de México, noticia que acapara la atención de toda la sociedad y nos invita una vez más a una larga y profunda reflexión.

Mientras en un importante parque de Chicago, Barack Obama festejaba en medio de más de cien mil simpatizantes una victoria muy clara y contundente y la consolidación de un frente legislativo favorable para poder impulsar sus reformas, en Los Pinos, la residencia presidencial, el jefe del ejecutivo presidía una reunión del Consejo de Seguridad Nacional.

Dos momentos opuestos de estos país aliados e integrados en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, dos puntos de partida diferentes, uno el de la esperanza que plantea Obama y el otro, el de la reflexión y necesidad de una respuesta, porque si fue un atentado, algo que ya pasó la línea de la murmuración, el país está más cerca de hacer realidad la Colombianización que tanto hemos rechazado.

Como casualidad o destino, los personajes de esta noche tenían algo en común además de su juventud y su gran responsabilidad política, ya que ambos habían nacido de matrimonios entre un extranjero y una nacional, ambos eran una expresión de un nuevo orden demográfico, un mundo atravesado por la inmigración.

La victoria de Barack Obama se festejó en muchos países, como un acto de exorcismo de casi una década de guerras y amenazas operada por el hoy designado por una gran mayoría de estudiosos, como el peor presidente de Estados Unidos, George Bush.

Hasta en un pequeño pueblo de Nigeria, lugar de nacimiento del padre de Obama se realizaron festejos porque un nacional era el padre del nuevo presidente. Por oposición, en España país que revindica la nacionalidad del secretario Mouriño, la sorpresa fue seguida por la condena, ya que tocaba a un connacional.

Pero en el fondo de esta aparente dualidad de escenarios y diferentes tipos de hechos, hay muchas cosas en común, que en el mediano plazo comenzarán a emerger y a comprometer los tiempos que vienen.

Dos preguntas son necesarias de hacer. La primera es ¿por qué la guerra de los carteles pasó de Colombia a México, y con ello por qué a Colombia se lo ha apoyado más que México en este conflicto que compromete la seguridad de Estados Unidos?

¿Por qué el ejército más importante del planeta y sus sistemas de inteligencia no han podido afectar al crimen organizado del cuál el narcotráfico es sólo una parte?

Si bien es posible entender por qué el ejército de Estados Unidos no puede derrotar a los talibanes y sus aliados ni consolidar un poder en Irak, porque éstos tienen apoyo popular, algo que debería haber aprendido de la guerra que perdió en Vietnam, es difícil entender porque no ha derrotado al narcotráfico, que una guerra de guerrillas controla grandes espacios en México y en el propio Estados Unidos, ¿es que los narcotraficantes tienen apoyo popular o solamente de la clase política y los factores de poder como la policía?

La actual situación de México, una similar a una guerra civil no declarada, emerge apenas sube al poder el presidente Calderón, pero viene de varias décadas atrás, no es un hecho nuevo, ¿por qué sobrevive donde está el tratado de integración o ya la corrupción permeó ambas fronteras y estamos ante un nuevo escenario de zonas de bajo control?

Barack Obama como futuro presidente tiene muchas tareas pendientes derivadas de la actual situación económica y su consecuencia mundial más inmediata, la pérdida de la hegemonía de Estados Unidos, un hecho diferente de forma pero en el fondo similar a la caída de la URSS, es el fin de los grandes imperios.

Pero la guerra de Irak y de Afganistán, el conflicto de Oriente Medio y los de África central, entre los más graves, forman parte de una prioridad fundamental del nuevo gobierno de Estados Unidos, pero hay otra parte que es también fundamental y es la que sirvió de base para el triunfo de Obama: el ocaso del modo de vida americano.

Pero para reordenar la sociedad, donde la clase media está totalmente endeudada y los sectores populares en el límite de la pobreza, deberá enfrentar grandes retos, desde obtener fondos para salvar a esta parte de la sociedad como otras acciones para protegerla de los flagelos internos del cual destacan las drogas.

Así los dos grandes escenarios del día cuatro de noviembre aparecen cada vez más cerca, no son hechos aislados, no son causales, se trata de dos países que luchan por liberarse de las cargas de guerras perdidas, desde las del exterior a las del interior.

Mundialmente no hay países que hayan logrado reducir a las mafias en guerras directas y el ejemplo más emblemático en la primera década del siglo XXI es Italia, país gobernado por un neofascista, que plantea volver a nacionalismos olvidados, persecuciones de razas y otras formas de ver enemigos, mientras el país se ha polarizado en dos partes, con una mafia consolidada, pese a la larga guerra que se ha librado.

Barack Obama es una nueva esperanza para la sociedad norteamericana, que debe dejar su visión de pueblo elegido y de poder absoluto luego de varias décadas de derrotas hasta el colapso del septiembre negro.

Enron, donde se perdieron grandes capitales y fondos de jubilación, y apareció la parte más obscura del estado norteamericano, buscando un responsable y no las políticas de apertura con sus costos que hicieron posible estas megaquiebras, fue el primer llamado de atención; en septiembre fue el colapso real.

En México, tras  largos meses de una guerra sin control con las bandas cada vez más organizadas del narcotráfico, guerra a la que se incorporó al ejército sin grandes resultados, más que como en Estados Unidos, se encontraron cabezas. Pero en el gran sistema, las cabezas son fácilmente reemplazables: el hecho del cuatro de noviembre se ha transformado en un verdadero parteaguas o punto de inflexión.

La muerte del Secretario de Gobernación y de altos funcionarios en la guerra contra el crimen organizado, no puede pasar como en la administración anterior, cuando muere en un accidente el Secretario de Seguridad Pública, sin ser verdaderamente resuelta.

La sociedad y los diferentes estamentos del Estado están alarmados por el hecho, ya que ha tocado el centro del poder y con ello la sensación de inseguridad se potencializa mucho más, a la vez que se reduce la imagen de poder del Estado frente a estas bandas que son mucho más que lo que pensamos, sino tendrían que haber sido exterminadas hace décadas.

La guerra en Afganistán tiene un gran punto de contacto con la situación actual, ya que es el principal abastecedor de heroína de oriente, o sea, que la droga es una vez más el centro de la lucha, ¿coincidencias o consecuencias de políticas altamente irresponsables y gobiernos corruptos por este gran poder?

El cuatro de noviembre ha pasado a ser un verdadero parteaguas en México como en Estados Unidos, y es de esperar que la guerra que hoy se da en México sea atenuada con una operación eficiente de la DEA, la CIA y demás organismos de inteligencia, que dejen de juzgar a los países y que se autoevalúen, porque no es coincidencia que hace muchas décadas que no pueden ni siquiera limitar al crimen organizado y sus terribles secuelas.

 

alfredocesar7@yahoo.com.mx