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Asunto:NoticiasdelCeHu 454/08 - De la disyuntiva al dilema en la investigació n en Geografía: apuntes para pensar el legado discipli nar y la formación y práctica de los profesores
Fecha:Domingo, 2 de Noviembre, 2008  13:41:51 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <ncehu @..................ar>

NCeHu 454/08
 

De la disyuntiva al dilema en la investigación en Geografía: apuntes para pensar el legado disciplinar y la formación y práctica de los profesores

 

  

Omar Tobío

Centro de Estudios Geográficos

Escuela de Humanidades

Universidad Nacional de San Martín

 

 

En esta exposición comunicaré algunas reflexiones surgidas a partir del proceso de investigación que realicé referido al papel que juegan las distintas organizaciones de trabajadores desocupados en la configuración de mercados de trabajo secundarios en economías regionales, particularmente en el norte de Salta realizado en el marco de las actividades del Centro de Estudios Geográficos de la UNSAM.

 

  La perspectiva general de dicha investigación se orientó en torno a dos preguntas-eje: la primera referida al interrogarse sobre las condiciones para el paso de la estructura a la acción y la segunda orientada hacia las posibilidades y límites del paso de actor social a sujeto político. Esto supuso hacer entrar en diálogo la tradición de los estudios centrados en la posición de los actores dentro de la estructura con aquella volcada al estudio la acción de los mismos, las cuales han tendido a desarrollarse por senderos paralelos. Al implementar el trabajo de campo tuve que reconstruir el objeto de estudio atendiendo a la profunda heterogeneidad de los actores, que excede largamente las clasificaciones y tipologías presentes en la bibliografía especializada. El volver a pensar la tarea en el campo implicó una aproximación que se aleja tanto del planteo de dicotomías como de grandes generalizaciones, constituyéndose un problema técnico el poder dar cuenta de, por ejemplo, la multiplicación de los movimientos de protesta social, la rápida mutación de sus discursos, sus frecuentes escisiones, sus volátiles alianzas, sus enfrentamientos, sus competencias territoriales, y las inestables vinculaciones con el gran capital. Lo dicho ha requerido que volviese sobre mis pasos y me afirmase en una postura metodológica caracterizada por ejercitar una duda permanente, la cual asumió el carácter de "radical": consistió y consiste en revisar permanentemente los propios presupuestos, lo cual subordina el manejo de las técnicas a dicha duda. En otros términos: todo dato construido fue sometido a una nueva interrogación y mucho más aún lo fueron aquellos ofrecidos por fuentes secundarias. No obstante esta duda no impugna los datos ni sugiere que los mismos son sólo productos discursivos, sino que se pone en juego una tensión entre la "tranquilidad" que aporta un dato numérico o de otro tipo (y la posterior cartografía que profundiza dicha tranquilidad) y la necesidad de dar cuenta de la multiplicidad de especificidades que se encuentran en el campo.

 

Se entendió y se decidió aquí que la mejor manera de aproximarse al objeto construido no fuese en términos dicotómicos, binarios, de disyuntiva, sino que se trató de un pensar de manera dilemática, es decir: considerar que el objeto de estudio construido se encuentra atrapado, envuelto, aprisionado en una malla de relaciones de fuerzas que requieren por parte del investigador de una decisión que ordene y jerarquice los hilos de la red a sabiendas de que el investigador también está constreñido por una red de fuerzas que incide en esa toma de decisiones. Reconocer la malla de poderes en el objeto construido y en uno mismo es, además de encerrar los problemas, abandonar la pretensión de solucionarlos. Pero todo lo dicho me remite a una pregunta previa: ¿para qué hago lo que hago? o ¿para qué investigo? interrogante que, ahora, necesito mirarlo desde dos lugares. 

 

El primero de estos lugares está en relación al objeto con el que guardo un relativo distanciamiento crítico. Podría, tal vez, darle un sentido a esta tarea tratando de acercarles a los actores alguna sugerencia sobre lo que consideraba sus "errores políticos" pero la posición que asumo es la de no ser depositario de "la verdad" ni que cuento con el derecho de decirle a los actores qué hacer, aunque reconozco que esta postura no resuelve plenamente los dilemas éticos que de ella se desprenden. Acaso se trate, más sutilmente, de acercarles conceptualizaciones de algunos elementos del campo de fuerzas sociales en el que se encuentran inmersos para contribuir al enriquecimiento de su cartografía política. Entonces retomo la pregunta realizada más arriba cuando me refería a la heterogeneidad: ¿cómo construir esos elementos presentes en el campo de fuerzas sociales? Como geógrafo, me resultó especialmente nutritiva la relectura para esta investigación de Revolución y guerra de Halperin Donghi: traté de ver cómo para este historiador la noción de que la elite se legitima como elite letrada no es una noción de él sino una noción que la elite colonial tenía de sí misma. En efecto, para mí fue importante hacer el esfuerzo (que implicó revisar mis categorías teóricas y encuadres metodológicos previos) de acercarme a la manera cómo se entienden a sí mismos algunos movimientos de trabajadores desocupados, cómo se nombran y legitiman incluso en aquellas organizaciones que responden a partidos de izquierda con un discurso que pretende estar unificado a nivel nacional pero que necesitan considerar especificidades. También necesité ver cómo desde su capacidad de “geografización” en tanto lucha por el espacio y el territorio como afirmación social (en términos cercanos a los de Porto Gonçalves) se define el poder relativo y jerarquías de cada uno de ellas. Dicho esto, si el sentido de la tarea es acercarles algo a los actores mi nueva pregunta es ¿cuánto (o qué) de lo que estoy buscando y pensando en el campo es útil, pertinente o relevante para ellos? No la puedo contestar, pero si intentar un desplazamiento de la misma: ¿cómo acercar los mundos de quienes son investigados con el mío? No encontrar respuesta a este nuevo interrogante podría eventualmente llevarme a un cierto desencanto: que investigue sólo para mi carrera académica o que investigue sólo en función de poder brindar algún material para la optimización de políticas públicas sobre las cuales no tendré mayor injerencia (y mi papel sería, a lo sumo, el de ser un técnico, especialista o experto). No digo que estas últimas sean decisiones erróneas: no soy yo quien para verter semejante afirmación, más aún habiendo realizado ambos recorridos; tan sólo digo que si hoy realizase estas tareas exclusivamente por esos dos senderos (el del currículo personal o el de la intervención del experto), sé que me encontraría alejado de mi propia potencia, en una situación cercana a la tristeza spinoziana.

 

El segundo de los lugares desde el cuál observé el tema del para qué hacer investigación se vincula a mí mismo como sujeto que investiga, dado que, como dije, estoy también atrapado en una red con fuertes hilos que me restringen.  Me detendré sólo en dos obstáculos, dos de esos hilos: el primero de ellos está en relación con el marco institucional de la producción de Geografía en nuestras Universidades y el segundo sobre las formas en que circula la producción de saberes académicos.

 

El primer obstáculo o hilo de la red que opera en mí como sujeto que investiga refiere a la dificultad de la producción académica en Geografía, que si bien en los últimos veinticinco años ha dado muestras de una importante capacidad de pensar y construir categorías teóricas, aún debe saldar cuentas pendientes con el legado que porta, caracterizado por un fuerte empirismo y una persistente tendencia al encierro de carácter defensivo frente a otras disciplinas, con indudables consecuencias institucionales. En efecto, considero que una (relativamente) exigua presencia de la Geografía en las distintas Universidades argentinas puede deberse a la persistencia de este legado no reconocido plenamente, lo que se expresará en una mayor dificultad para acceder a fuentes de financiamiento bajo los parámetros exigidos para la producción científica. Asimismo lo afirmado debe contextualizarse en el panorama abierto en los últimos quince años en el mundo de la producción científica en donde no queda del todo clara la línea divisoria entre, por un lado, el mérito científico y académico necesario para la obtención de algún tipo de financiamiento y, por el otro lado, el "espíritu neoliberal" de la época caracterizado por el estímulo permanente y la premiación de aquellos postulantes que logren mayor capacidad de acumulación de "papers", demuestren eficiencia en el manejo de recursos y a su vez sean eficaces al momento de completar las formas necesarias para aplicar a algún programa de financiamiento. Esto último torna "desaconsejable" invertir tiempo (y dinero) en devoluciones a los actores que no redundarán en un engrosamiento del currículum personal del investigador, más aún teniendo en cuenta la relativa debilidad institucional de esta comunidad académica.

 

El segundo problema o hilo que quiero observar está vinculado a la difusión de las producciones académicas en Geografía: así como es árido el pensar cómo hacer llegar a los actores estudiados los resultados de las propias investigaciones, también es particularmente difícil establecer puentes con los profesores que se desempeñan en el sistema educativo y poder contribuir repensar sus prácticas, reconociendo especificidades, diferencias y tratando de generar hibridaciones entre saberes. Este problema cobra especial relevancia debido a que la comunidad académica de geógrafos se interroga con especial énfasis sobre la utilidad social de este campo del conocimiento y se menciona permanentemente el desconocimiento social sobre la disciplina, presentándose una situación paradojal consistente en que se cuenta con un vasto número de profesores en el sistema educativo que podrían constituirse en una adecuada correa de transmisión que, en apariencia, no está funcionando. En efecto, se supondría que los profesores del nivel medio podrían cumplir la doble tarea de transferir saberes geográficos y, desde allí, generar instancias emancipadoras. Sostengo aquí que habitualmente en la comunidad académica se menciona que los profesores egresados de instituciones no universitarias no están en condiciones de apropiarse de los materiales académicos porque desarrollaron su formación inicial en un ambiente ajeno al de la producción científica. Sin negar una cuota de verdad en dicha afirmación propongo aquí generar una nueva pregunta que no se limita a una disyuntiva, sino que es dilemática y propone entender que el problema no es sólo de formación académica sino también de profunda despolitización en los Profesorados. Pero… ¿la despolitización es sólo de los Profesorados no universitarios? ¿No sería factible pensar que en el mundo universitario de la Geografía esa despolitización está sutilizada en algunos casos o disfrazada en otros, o que no tiene tanta visibilidad? ¿Cuánto se ha estudiado sobre lo que hacen y dejan de hacer los profesores en las aulas del sistema educativo y cuánto no se ha estudiado sobre el carácter de los vínculos que guarda el mundo académico con el mundo de los profesores (lo que implicaría estudiarse a sí mismo o al menos atender a las condiciones de producción del objeto a estudiar, el “Otro”, el profesor escolar)? Estas preguntas, por su carácter dilemático, no tendrán respuesta cerrada pero requieren hacer ver estos dos mundos (academia y escuela) con sus propias especificidades dentro de un legado compartido: la Geografía. Y todos los interrogantes serían tributarios de una de las preguntas efectuadas anteriormente, aquella que dice ¿cómo acercar los mundos de quienes son investigados con el mío?

 

Por último y a modo de cierre, todo el conjunto de preguntas y problemas planteados tanto en relación a la construcción de los objetos de estudio, como a la posición de los investigadores y al conjunto de fuerzas sociales que envuelven y encierran a unos y a otros no son exclusivos de la comunidad geográfica, pero éste es el lugar en el que estamos parados y desde el cual puede resultar estimulante seguir pensando, justamente porque es la disciplina que elegimos para dedicar nuestros esfuerzos, la que nos gusta y la que creemos o deseamos que pudiese tener alguna proyección más allá de lo que el legado propone como límite para este campo. Reconocer las diferencias y desde ahí tender puentes horizontales creo que será la mejor manera de que colectivamente nos hagamos cargo de este legado, discutamos con él, lo reelaboremos y dejemos algo potente para la próxima generación de geógrafos.


1er. Encuentro de Graduad@s de Geografía UBA. Plenario. Consigna ¿hacia qué proyecto de Argentina orientamos nuestras praxis? Sábado 18 de 0ctubre de 2008.