Inicio > Mis eListas > humboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 10118 al 10137 
AsuntoAutor
437/08 - Argentina Noticias
438/08 - NUEVO MOD Noticias
Charlas Cartografí Damián F
439/08 - Desarroll Noticias
=?UTF-8?Q?440/08_- Noticias
443/08 - TURISMO Y Noticias
441/08 - Los geógr Noticias
442/08 - Charla, A Noticias
444/08 - TEORIZAMO Noticias
447/08 - Geografía Noticias
446/08 - Planifica Noticias
445/08 - XI ENCUEN Noticias
448/08 - SEMINÁRIO Noticias
449/08 - LOS SUELO Noticias
Sobre la 1 Jornada Vicente
450/08 -. XII CONF Noticias
452/08 - Reflexion Noticias
451/08 - La vigenc Noticias
453/08 - La cuesti Noticias
454/08 - De la dis Noticias
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Noticias del Cehu
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 10376     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:NoticiasdelCeHu 452/08 - Reflexiones ante discursos mediático-políti cos sobre temas geográficos
Fecha:Domingo, 2 de Noviembre, 2008  12:09:16 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <ncehu @..................ar>

NCeHu 452/08

 

 

 

 

Reflexiones ante discursos mediático-políticos sobre temas geográficos.

Aporte contextual a partir de una entrevista.

 

Lic. Conrado Santiago Bondel[1]

 

En el marco de una nota periodística que se me hiciera entorno de la temática violencia y medio ambiente[2], se desarrolló el punteo de preguntas y respuestas expuesto más abajo y que retomo en la oportunidad a la espera de contribuir a la discusión de cuestiones geográficas que gozan de un empuje mediático y político de envergadura, diríamos, mundial.

Como indica el título, son sólo reflexiones, no elaboradas a modo de ponencia sino a partir de la consulta específica. Lejos estoy de poder sostener pruebas de tal o cual condición geográfica a escala planetaria, quedando, decididamente más cerca de las dudas que de las certidumbres. Pero nuestra tarea docente e investigadora a veces requiere posicionarse frente a una visión paradigmática, frente a planteos y discursos que se presentan a la sociedad, la cual, por otra parte, tiene el legítimo derecho de depositar su confianza en las conclusiones científicas. Nos decía Octavio Paz criticando posturas minimistas o exageradas "... la ciencia no tiene por objeto juzgar sino comprender" (1970:128)[3], y es esa la orientación buscada.

Con este posicionamiento general, pongo a consideración el desarrollo que sigue, entendiendo que reuniones de trabajo como la presente, se muestran como vías de canalización de la demanda social de conocimientos.

 

Desarrollo integral de la entrevista, con las preguntas originales y respuestas con unos pocos agregados tardíos:

 

- Partiendo de la base de que el informe central hablará sobre "Tiempos violentos", la idea es ver si también este concepto puede trasladarse al campo del medio ambiente. ¿Cuál es su visión respecto a este punto?

 Me parece prudente no caer en una generalización demasiado estricta de los significados que puede sugerir referirse a “tiempos violentos”. Estos dos términos en conjunto poseen una relatividad tan amplia que prefiero evadir un tanto su connotación profunda orientándome hacia rincones problemáticos más accesibles en relación con, diría yo, los tiempos y espacios inciertos de las últimas décadas.

A pesar de esta evasiva, no es cuestión de desentenderse de las múltiples y a veces violentas situaciones conflictivas que involucran al medio natural y el desenvolvimiento de los pueblos, es decir el medio ambiente. Es que si bien conflicto y violencia son términos muchas veces asociados, se debe rescatar del  primero de ellos su potencial constructivo.

Desde lo territorial y aunque gocen de menos reputación como tema científico que ciertos aspectos ecológicos (calentamiento global, contaminación, extinción de especies, etc.), las cuestiones geodemográficas contemporáneas aparecen como las temáticas más conflictivas, arrastrando las más de las veces situaciones medioambientales críticas. Será por necesidades de lugar, agua, abrigo o sustento, pero los rápidos desplazamientos de miles y a veces millones de personas sugieren impactos territoriales que no sólo impiden desarrollar estrategias correctivas sino que siquiera dan tiempo a simples inercias mitigadoras de los mismos. Resulta curioso destacar, además, que hoy en día no sólo se trata de las típicas y ásperas migraciones campo-ciudad o de región pobre a lugares más prósperos. Con la llamada posmodernidad los conflictos asoman aún en zonas receptoras de migrantes “por gusto”, por moda, y el medio natural, en estos casos, se muestra como la variable de ajuste. Hasta se asumen como propiedades, costas de lago, mar o río y, sin exagerar, sistemas montañosos completos.

Resulta paradójico, además que las explicaciones a tantas situaciones conflictivas aparezcan empalidecidas desde el abordaje científico por cierto gusto que pareciera encontrarse en explicaciones deterministas, al punto que se regresa a la temeraria dicotomía, superpoblación versus calidad ambiental; análoga a aquella nunca cerrada políticamente sobre superpoblación versus grado de desarrollo.

 

 

 

-¿Cuál considera que es actualmente la relación del hombre con el medio ambiente?

A mi juicio, los hechos muestran que esta pregunta no tiene respuesta; es un planteo erróneo que deja las decisiones políticas globales en manos de unas pocas ideas pretendidamente universales con justificativos más que opinables. Viene al caso la advertencia de Ortega Cantero respecto de la solidez de las construcciones teóricas y metodológicas contemporáneas, cuando toma de Goethe aquello de, "Conceptos generales y grandes opiniones llevan siempre camino de acarrear una desgracia horrible" (1988:12)[4].

Resulta irónico ver la desproporción que hay entre el despliegue que se monta para alguna acción de protección de la naturaleza desde las mismas esferas que saturan el consumo con sus consecuentes impactos. Más mordaz aún es el discurso que se  viene instalando últimamente y que da por sentada una homogeneidad mundial a partir de ideas como la aldea global y demás figuras simpáticas. Suena a algo así como: ahora que muchos ya pasamos la fiesta, disfrutando de los excesos, resulta que es momento que todo el mundo se convierta en austero y orgánico. ¿Algo violento, no?.

Salta a la vista que con la globalización, especialmente en materia de consumos, grandes temas ambientales, como la contaminación del mar y del aire, la alteración de los biomas y otros  aspectos medioambientales, están en situación de crisis, pero muchas veces lo que se propaga es un mensaje de fuerte peso negativo, como tendiendo a la parálisis. Mensaje sostenido en círculos ideológicos muy diversos (de derecha a izquierda y de izquierda a derecha) y de visión cardinalmente condenatoria, que en definitiva, impide enfrentarse con realismo a las macro estructuras de tipo multinacional y sus desmedidos poderes económicos.

Desde una visión científica y ligada a desarrollos tecnológicos notables, cabría atender que así como los enfoques sistémicos globales, llevan claridad progresiva respecto de la realidad compleja, en especial en materia meteorológica y climática, se muestran mucho más limitados cuando se penetra en el campo socio-cultural, donde la homogenización de variables es necesariamente abstracta.   

                                                                                                                                 

-¿Cuáles son las perspectivas para el mundo y específicamente Argentina en cuanto a los riesgos a futuro en función del famoso informe que se presentó en Paris sobre el cambio climático?

Para empezar y desde un lugar, diría periférico, tengo una postura escéptica respecto de aquel informe (02/2007). Es cierto que logró un consenso científico y mediático impresionante, pero llama la atención que para el primer caso pareciera que es suficiente aquello de está científicamente comprobado y poco nos ocupemos de atender opiniones muy importantes que no se condicen con la generalidad del argumento; para los medios y las gestiones políticas, directamente pareciera una herejía entrar en disenso; ni siquiera cuando hay climatólogos de primer nivel que, aún sin negar procesos de calentamiento en algunos lugares del mundo, se enfrentan con firmeza a los enunciados apocalípticos y mucho más a antropocentralizar su análisis.

Entre muchos, uno es John Daly[5] que denuncia falta de rigor científico en las proyecciones térmicas y habla de una falsificación de la historia climática para probar el calentamiento global. Otro, por ejemplo es Rui Moura[6] que publicó también un artículo riguroso en el que acusa de climatócratas a los responsables más visibles del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC); incluso asegura que al sostener un hipotético calentamiento global, en definitiva se está respaldando un falso argumento que pretende meter miedo como pretexto para imponer restricciones (y controlar) a la actividad humana. Este investigador basa el comportamiento climático especialmente en la dinámica de los grandes centros anticiclónicos del globo y considera que el lPCC se equivoca al fundir lo climático y la contaminación en un único cuerpo de análisis dado que son dominios científicos básicamente incompatibles. Nos dice Acot en su Historia del Clima, " ... tendremos que terciar entre las conjeturas, las hipótesis y las certezas y, también, luchar con un cierto catastrofismo mediático y el optimismo irreflexivo" (2005:17)[7].

La Argentina es un buen ejemplo en donde la historia climática regional casi no da descanso sobre situaciones críticas. Desde los primeros relatos de conquistadores y exploradores hasta las observaciones sistemáticas de todo el Siglo XX, nos muestran un país donde inundaciones, sequías, tormentas furibundas, deslizamientos y avalanchas, así como marejadas o témpanos flotantes, convivieron con rachas de veranos templados o ardientes e inviernos helados o moderados. Aquí la intervención humana ha tenido (y tiene) distintas consecuencias geográficas, desde la exitosa instalación humana en pueblos y ciudades sustentables en su conjunto, hasta los fracasos más rotundos (deforestaciones sin límite, sobrepastoreo, contaminación de ríos arroyos y acuíferos, expansión urbana desmedida, agotamiento de recursos del mar, etc.). Con todo, nuestro territorio, que de paso duplicó su población en los últimos 50 años, goza de cierta ventaja comparativa en términos de extremos meteorológicos. Su proyección a modo de cuña junto con Chile entre masas de aguas atlánticas, pacíficas y antárticas, nos posiciona en dominios de moderación propios de los ámbitos marítimos.

 

-¿Cuál considera que es la responsabilidad humana en este fenómeno?

Modestamente, insisto en dudar del fenómeno tal cual es presentado y destacar que en esta materia es bueno hablar de responsabilidades y no de culpables. Son responsabilidades con un sentido de compromiso. A decir verdad ya casi estamos en el absurdo de buscar culpables hasta por los períodos muy ventosos o lluviosos que puedan ocurrir en la Patagonia.

Es cierto que no hay pueblo o cultura que pueda eximirse de asumir obligaciones respecto del tipo de convivencia con el medio natural. Mucho más en nuestros tiempos donde las posibilidades tecnológicas parecieran desbordarnos. Tampoco parece razonable cuando, desde la comodidad de aquellos socio-económicamente 'acomodados', impulsamos a meter a todos en la misma bolsa, induciendo la inacción a decenas de miles de grupos sociales que simplemente tienen que atender su cotidianidad al borde o en la supervivencia. Es decir, no es cuestión de aceptar impulsivamente mandatos dogmáticos, violentos al fin, en lugar de asumir los riesgos de asegurarse por comprender los hechos y las propuestas en sus dimensiones verídicas. En ese sentido será fundamental la actitud responsable de quienes asumimos recorridos académicos.  

La agresión a nuestro propio ámbito de vida puede verse como un acto violento pero paradójicamente, las estrategias de vida de los pueblos difícilmente pudieran haber tenido éxito sin luchar en la naturaleza (a favor y contra ella). Si acotamos la óptica a ejemplos cercanos, sólo desde cierta hipocresía intelectual se podría aceptar como distendida la vida corriente en relación con nuestro medio natural. Así como nos alimentamos, vestimos, construimos, viajamos y demás, en una variedad gigantesca de escalas; todas son finalmente intervenciones, desde las sencillas a las grotescas. Es agresiva hacia la naturaleza una delimitación predial en un barrio o en una estancia, una explotación minera, el trazado de caminos, la construcción de una simple vivienda y así. Hasta la caza del guanaco por el Tehuelche o la preparación de un desmonte por el Mapuche, no escapan de esta relación espinosa. De modo que es fundamental tener presente que medio ambiente no es sinónimo de naturaleza; es ésta una componente esencial y debe contemplarse su conservación, pero no hay cuestión ambiental sin el cuerpo social que lo identifica y es por allí donde debe trabajarse con rigor y porqué no, con fervor.

 

-¿Cuál es su visión respecto a la relación del hombre patagónico con su medio en función de las actividades que se desarrollaran en estos suelos? (explotación y extracción de hidrocarburos, ganadería, pesca)

Es interesante que el turismo, siendo una actividad netamente territorial, no surja entre las actividades enunciadas a priori como las de mayor impacto. Pero esto es sólo para añadir un poco de pimienta a la charla. 

Como resulta conocido, la Patagonia goza de cierta reputación, diríamos mística, que de algún modo le permite eludir el análisis reflexivo a fondo. Es como si respondiera en buena medida a ficciones y a la vez, que éstas le han permitido ser objeto de proyectos y concreciones de la más variada condición.

En concreto y con apenas un millón y medio de habitantes para más de 700.000 km2, me puedo animar a decir que nuestra relación con el medio va de mala a muy mala. Y en verdad se puede afirmar que aún persiste cierto olor generalizado y característico a campamento. Es un hecho concluyente que, no importa la actividad, sea minera, ganadera, pesquera, turística o energética, esta relación medioambiental es en general poco auspiciosa. Se ha avanzado para obtener niveles productivos ecológicamente más equilibrados, sin embargo todavía estamos lejos de conformar un conjunto geográfico armónico.

Pensar en regiones arraigadas significa estar proyectadas en el tiempo, con géneros de vida que vayan más allá del mero acto productivo, involucrando la persistencia generacional con sus múltiples ingredientes culturales. Se trata de la apropiación genuina del espacio por parte de sus habitantes; que pampas, montañas, ríos, bosque y mar, aunque tengan un uso determinado, estén involucrados en lo que se llama el imaginario colectivo. Un ejemplo contundente lo tenemos con el mar y lo ajeno que nos es a la gran mayoría patagónica. También nos pasa con los campos, donde los alambrados no sólo sirven para manejar al ganado, sino para poner freno a la potencial actitud agresiva del cazador furtivo, del ladrón o del que no tiene escrúpulos para meterle fuego a las matas, dejar basura como si tal cosa; del propietario o la empresa, que sobrepastorea o interviene con voladuras y otras acciones, para fines de lucro apenas fugaces.

Ojo, hay signos de reversión de nuestra actitud y asoman circuitos turísticos, insinuaciones agroindustriales, ganaderas y minero-industriales con sus complementos silvícolas, tecnológicos, energéticos y pesqueros, que ojalá no sólo signifiquen actividades económicas.

Creo que llegar a que los lugares alcancen vocaciones productivas de razonable sustentabilidad sin depender con exclusividad de escritorios lejanos, aseguraría una convivencia con el medio ambiente mucho más amable que la de hoy.

 

¿Qué relación encuentra en nuestro paisaje patagónico entre violencia y contaminación visual?

Esta pregunta permite insistir en el terreno propio de la geografía y las cuestiones del medio ambiente que comentaba recién. Con el término contaminación nos referimos a situaciones de impacto negativo frente a una totalidad. Pero, ¿qué totalidad?. Si nos incumbe lo natural con exclusividad, entonces estaremos en la esfera de lo salvaje (con su belleza o fealdad intrínseca, según desde donde se lo mire), aquí lo humano no interviene y los resultados están del lado de la obediencia natural. Si, en cambio, trabajamos sobre el medio ambiente, será mejor tratar con el tradicional concepto geográfico de paisaje en su complejidad; aquí a lo estructural y funcional propio de las componentes sociales y económico-políticos de los territorios (en su medio natural), se le suma con vigor lo cultural, donde lo estético juega un rol significativo y la gente es participante indeclinable del mismo; incluso ¡como espectador!.

Es en este terreno, como dijimos más arriba, en que se hace incompatible la condición de 'naturalizar' a la sociedad en el paisaje o considerar a un espacio cargado de voluntades, historia y acción como una componente ecosistémica; diría en voz bajita: ¿Son comparables en su condición violenta, una cigüeña comiendo un escarabajo con una “cigüeña” extrayendo petróleo?. Si realmente lo fueran, también habría que preguntarle al escarabajo.

 

¿Para concluir?

Como adelantamos, a nadie escapa el retroceso de los cuerpos de hielo en la mayoría de los glaciares y remanentes glaciarios de nuestra región, también golpean duro instancias de sequías prolongadas, precipitaciones 'fuera de los normal', monumentales desprendimientos de hielo antártico[8] o situaciones especiales que resultan difíciles de comparar por quien no está en el ejercicio de la sistematización periódica. Con ello el interés por las cuestiones climáticas se ha visto, diríase, desbordado en nuestros días, lo cual, así como puede resultar una gran oportunidad para continuar tratando de buscar caminos explicativos de los fenómenos ocurrentes y trascendentes, también puede constituirse en una amenaza si se evade el rigor científico del análisis. Será nuestra responsabilidad no errar el rumbo y continuar con la búsqueda y tratamiento de la información de base, así como a mantener aceitado los vínculos multidisciplinarios y su potencialidad integradora.

 

 El Hoyo, Chubut. Abril de 2008

Panel La Cuestión Ambiental. Décimo Encuentro Internacional Humboldt. Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina. 13 al 17 de octubre de 2008.

 

 


[1] Geógrafo, profesor titular de Ambiente Natural II, Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.

[2] Entrevista a cargo de Mariana García. Violencia y Medio ambiente. En Saludhable, Revista de Clínica del Valle, N°11: Tiempos violentos. Comodoro Rivadavia (2007). La publicación eludió con mi consentimiento algunos párrafos.

[3] Paz, Octavio. Posdata. Ed. Siglo XXI Editores. México, 1984.

[4] Ortega Cantero, Nicolás. Geografía y cultura. Ed. Alianza Universidad. Madrid. 1988. (123 p.).

[5] Daly, John L. A falsificação da história climática a fim de "provar" o aquecimento global.

http://www.john-daly.com/hockey/hockey.htm (2006).(Versión en inglés y portugués).

[6] - Moura Rui G.. A fabricação do pânico.climático.

http://www.aguaonline.co.pt/arquivo/opiniao/panicoclimatico.htm (2006)

[7] Acot, Pascal. Historia del Clima. Desde el Big Bang a las catástrofes climáticas. Ed. El Ateneo. Buenos Aires. 2005. (268 p.).

[8] Al respecto, ver los ilustrativos mapeos del divagar de témpanos en el Atlántico Sur hasta latitudes netamente templadas, durante las primeras tres décadas del Siglo XX; Casal, P. S. Oceanografía.  Geografía de la República Argentina Tomo VII Sociedad Argentina de Estudios Geográficos. Buenos Aires. 1957.