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Asunto:NoticiasdelCeHu 458/08 - De Gorbachov a Bush: de la tragedia a la comedia
Fecha:Martes, 4 de Noviembre, 2008  17:01:15 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <ncehu @..................ar>

NCeHu 458/08
 

De Gorbachov a Bush: de la tragedia a la comedia

                                                       

Alfredo César Dachary

 

A Mijaíl Gorbachov, último presidente de una de las potencias de la guerra fría, le tocó el proceso de desmantelar el imperio soviético, mejor conocido como la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), proceso que fue continuado por Boris Yeltsin, un neoliberal amoral y con poder que desmanteló un mega país como una tienda departamental, sumiendo a la sociedad en la más profunda de las crisis y una polarización extrema entre los oligarcas y la mayoría de pobres.

Pero ni la política gatopardista de Gorbachov, un neocapitalista que cambió cuando la situación se tornaba compleja, ni su continuación materializada en el remate de un país, empresas y servicios que realizó Yeltsin pueden compararse con el peor gobierno que ha tenido Estados Unidos en el siglo XX y XXI, donde grandes políticos dejaron su marca, desde Franklin Delano Roosvelt al general  Eisenhower, pasando por John Kennedy y  Jimmy Carter, hoy el único referente de derechos humanos en Estados Unidos con credibilidad.

George Bush ha logrado juntar en sus dos períodos de gobierno todos los errores posibles para poder hacer colapsar la hegemonía de Estados Unidos, algo que no se esperaba ocurriese en la década siguiente cuando las potencias emergentes, el grupo del BRIC, llegarán a consolidarse y así compartir la hegemonía del modelo.

 

Del fraude al fundamentalismo

George Bush es el primer presidente, reconocido, que logra llegar al poder a través de un fraude que incluso fue seguido por las principales cadenas de televisión, donde se definió el resultado en el Estado de La Florida, gobernado por su hermano, y donde recibió el apoyo de la ultraderecha cubana y del fundamentalismo cristiano de todo el país.

Pero es tan trágica la estrella de este hombre que si bien logro vencer a través del fraude al demócrata Al Gore, éste no entró en el olvido sino que por oposición a la carrera trágica de Bush, este político llegó en pocos años a un Premio Nobel y ser el referente mundial en el problema ambiental, lo opuesto a Bush que ha cosechado gran repudio mundial y, luego de este septiembre negro, la de sus propios socios del G7 y el G8.

El fraude del año 2000 generó un presidente deslegitimado, que debía buscar una manera de poder imponerse frente al escándalo de su aparente triunfo, una tarea que para unos lo llevó a lo más oscuro de los artilugios del poder, incluso a ocultar como ya es costumbre en la larga historia moderna de Estados Unidos, ataques a sus fuerzas para despertar el nacionalismo.

La ruptura del orden electoral y sus consecuencias llegarían para transformar el sistema de libertades internas, algo que no se podría pensar años atrás cuando ese país se erguía en el ícono de las libertades y democracia.

La segunda elección y reelección tuvo un proceso similar, la oscura mancha del fraude se extendió nuevamente y con ello el gobierno de Bush continuaba en medio del escándalo y grandes dosis de dudas, pero el fraude electoral y alianzas con los sectores más atrasados de la sociedad norteamericana seguían los dos rieles sobre los que se desplazaría éste, el gobierno más oscuro de Estados Unidos en un largo siglo. 

 

El 11 de septiembre: dudosa legitimidad

El 11 de septiembre no tiene justificación desde el punto de vista moral, como toda acción terrorista, pero el hecho que se haya dado y quienes lo llevaron a cabo, ha dejado para los principales analistas críticos de Washington, una gran duda.

Osama Bin Laden, aliado histórico del terrorismo norteamericano en Afganistán, financiado por la CIA y el gobierno de Arabia Saudita y socio económico en el mundo oscuro del petróleo, fundador de Al Qaeda, fue el operador de este atentado, el primero en territorio de Estados Unidos.

¿Tuvo luz verde de Bush?, ¿fue una operación encubierta del Estado norteamericano?, la desconfianza existe y al analizar las consecuencias de este atentado, no cabe duda que George Bush logró grandes beneficios.

Se legitimó al montarse en una ola antimusulmana y logró generar un gran consenso en la población que lo apoyó en guerras e invasiones que emprendió como los emperadores romanos para fracasar una vez más.

Pero no se limitó a la agresión externa, sino que se inició un grave proceso de pérdida de las libertades, con leyes que permitían que se pueda tener detenida a un apersona por largo tiempo sin juicio o acusación, el fin del clásico Habeas Corpus.

Pero el 11 de septiembre abrió una nueva etapa de conflictos en el mundo que llevó a la invasión de Afganistán primero y luego Irak, dos guerras cortas en la ocupación pero dos formas de desgaste en el largo tiempo de mantenerla, incluso se les consideran militarmente como guerras casi imposibles de consolidar.

Detrás de las invasiones militares estaba el apetito insaciable de los capitales buitres del capitalismo global, sin más identidad que el propio valor del dinero, que asolaron el mundo como los cuatro jinetes del Apocalipsis y hoy deben presenciar su caída y, con ello, la de la hegemonía financiera de Estados Unidos, otra guerra perdida por este Napoleón de las derrotas.

 

Bush en el Estados Unidos profundo

         El desmantelamiento de miles de fábricas que se trasladaron a otros países, la deslocalización, con grandes pérdidas de empleos no fue un límite a este capitalismo global inmoral, que no ha pensado en sus propias sociedades y menos lo haría por las de otros países.

         Convencido de que estaba llamado por Dios, el del petróleo texano, este fanático del sur, un hombre mediocre, que junto con su vicepresidente Cherney, sabían que les llegaba al ciudadano medio, lograron en menos de ocho años generar el mayor déficit y la mayor desregulación del manejo de fondos bancarios y capitales, a la vez que la mayor reducción de impuestos a los más ricos y de servicios a los más necesitados.

         Esta fórmula perversa hoy tiene sus resultados, la crisis interna de la sociedad norteamericana, un país que gira en torno a las banderas y al consumo, al discurso belicista y la soberbia imperial, todo ello hoy en remate, como los bancos, los fondos de jubilación y las grandes corredurías financieras.

         Luego de dos décadas de proclamar y pontificar a favor del libre mercado, de largos años condenando al Estado a un papel secundario, será el propio presidente Bush, que en un acto de desesperación pide al Congreso fondos para rescatar a los grandes bancos mientras la desocupación cunde y los afectados desde la época del último gran huracán, el Katrina, aún sufren las consecuencias sin ayuda del Estado.

         En medio de la tragedia, el candidato republicano Mc Cain, pretendía mantener la línea delirante de Bush, asegurando días antes de la caída estrepitosa de Wall Street, que hacía falta reducir los gastos de educación y salud en Estados Unidos, ignorando el tsunami que venía.

         La desocupación que atraviesa la economía y la sociedad de Estados Unidos permea a Latinoamérica de diferentes maneras, la caída de este país arrastra a México, el socio de segunda y Centroamérica, que al igual que México vive de las remesas, una nueva forma de exportación, mandar pobres para recibir dólares, una fórmula que Fox, un delirante que estuvo que en la presidencia del país, la consideraba de oro.

         El fin de la hegemonía financiera y el ocaso de la militar son obras que no se deben dejar de reconocer en George Bush, el perdedor eterno de la primera década del siglo XXI, el enterrador de sueños imperiales y el verdugo de una sociedad que creía en todos estos íconos e ideologías.

 

Epílogo

         Como epílogo a esta hoja trágica de la historia actual de la primera potencia del mundo hay cosas que parecen traídas de un cuento o simplemente construidas por la imaginación de Hollywood.

         Los dos candidatos a presidente tienen dos cosas en común: una, la nacionalidad y la otra que nacieron en territorios coloniales y no en el territorio histórico del país, Obama en Hawai y Mc Cain en Panamá, ¿coincidencias o un nuevo tiempo?

         Mc Cain representa el norteamericano medio, que desfila, tiene banderas en su casa y no mide el impactos de las guerras hasta que le toca de cerca, un anciano cuyo único gran cartel fue el de ser prisionero de una guerra que se perdió, la de Vietnam, un doble perdedor.

         Obama es el joven, negro, educado y quizás más duro que Mc Cain, pero más hábil y ubicado en su tiempo, representa a los que no están en la Sociedad del Rifle, los que no ven a los veteranos de guerra como héroes, sino a los que no tienen futuro, que son muchos más.

         El tiempo de la verdad se acerca y todos pensamos que se debe dar un profundo cambio en Estados Unidos, para que sea un verdadero aliado de las causas justas y no un justiciero de las guerras sucias.

 

alfredocesar7@yahoo.com.mx