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Asunto:NoticiasdelCeHu 418/08 - EL CASO DE LA COMUNA DE CASABLANCA (VALPA RAÍSO) Y EL DEPARTAMENTO DE LUJÁN DE CUYO (MEN DOZA)
Fecha:Martes, 21 de Octubre, 2008  15:03:27 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <ncehu @..................ar>

NCeHu 418/08
 

EL CASO DE LA COMUNA DE CASABLANCA (VALPARAÍSO) Y EL DEPARTAMENTO DE LUJÁN DE CUYO (MENDOZA)

 

Margarita Riffo Rosas

Departamento de Geografía, Universidad de Chile

mriffo@uchile.cl

 

1.- Introducción

Los espacios rurales de Chile y Argentina están experimentando profundas transformaciones derivadas de la modernización productiva que ha permitido su inserción en la economía mundial gracias a sus ventajas comparativas. Los cambios se expresan entre otros, en la reconversión productiva hacia productos que presentan fácil penetración en los mercados externos en términos de precio y calidad, lo cual explica la especialización que presentan ciertas áreas en torno a productos dominantes.

Uno de estos rubros de especialización son los viñedos orientados a la producción de vinos finos, los cuales han ido sustituyendo gradualmente a los cultivos agrícolas tradicionales y a las viñas destinadas a la producción de vinos corrientes para el consumo interno. Junto con la reconversión productiva, está operando un activo proceso de expansión de la frontera agrícola hacia el piedemonte y la ocupación de laderas de cerros, lo cual ha implicado inversiones significativas en habilitación de tierras, técnicas de riego y de producción, que han sido financiadas en gran parte por acuerdos de “uniones venturosas” (Joint Ventures) entre agentes nacionales y extranjeros.

Pero la Modernización es selectiva respecto a las áreas que privilegia para desarrollar la actividad, valorizándose aquellas que presentan ventajas comparativas en términos de ubicación, clima, suelo y agua, para la producción de vinos finos con Denominación de Origen (D.O) destacando las áreas específicas que permiten producir vinos únicos bajo el contexto de Terroir. Como resultado, surgen nuevos paisajes caracterizados por la especialización productiva vitícola, donde la diferenciación se expresa respecto a las variedades plantadas, sean blancas o tintas, lo que a su vez deriva de las condiciones geográficas de los lugares. Como complemento, se localizan en el área las Agroindustrias o Bodegas de Vino, las cuales se articulan con los viñateros –integración horizontal y/o bien establecen sus propias viñas para la producción primaria -integración vertical de actividades-.

Entre las áreas modernizadas en el rubro destaca en Chile la comuna de Casablanca (Provincia de Valparaíso), especializada en la producción de vinos blancos –Chardonnay principalmente- y en Argentina el Departamento de Luján de Cuyo (Provincia de Mendoza), reconocida por la producción de vinos tintos, destacando el Malbec.

Aunque la tradición vitícola en Mendoza es de larga data en comparación con Casablanca, en ambos lugares se inicia un activo proceso de reconversión productiva a partir de la década de los 90, la cual es mucho más radical en el área chilena, por cuanto la comuna antes de ello era fundamentalmente agrícola –cereales y charcas- y ganadera, en tanto el área argentina inicia un proceso de cambio dentro de la misma actividad, sustituyendo cepas comunes o corrientes por variedades finas.

Ello explica en tanto, que las Bodegas sean más antiguas que en el área chilena y constituyan Patrimonio histórico. Ambas áreas además han sacado partido de la actividad con fines Turísticos, estableciendo las denominadas Ruta del Vino (Chile) o Caminos del Vino (Argentina), lo que han permitido vender la imagen de áreas especializadas en este rubro.

 

2.- Antecedentes Generales de la Vitivinicultura en Ambos Países

2.1.- La Vitivinicultura en Chile

Los primeros viñedos plantados en Chile fueron introducidos por los jesuitas en el Siglo XVI en el contexto del proceso de la Conquista Española, siendo preferentemente cepas comunes, situación que se ha modificado en el tiempo hasta llegar hoy día al predominio de las cepas finas con D.O.

En términos generales, las actuales zonas vitivinícolas con D.O. se extienden desde la latitud 30º 15’ Sur, con el Valle del Limarí en la IV Región de Coquimbo, hasta la latitud 37° 00’ Sur, con los valles del Bío-Bío e Itata en la VIII Región de Concepción, en una extensión aproximada de 770 kilómetros de Norte a Sur, donde se ubican los principales viñedos con vocación vinícola, situados tanto en el sector costero como al interior del continente.

Los valles que se encuentran hacia el sur y hacia la costa son más fríos y tienden a producir mejores cepas blancas, ya que son zonas de clima más templado que mantienen los pre-cursores de los aromas. Hacia el norte y tierra adentro, donde hace más calor, existen ven-tajas para las variedades tintas debido a la diferencia de temperatura entre el día y la noche, lo que favorece la formación de polifenoles responsables del cuerpo y color de los vinos producidos con estas cepas.

Desde el punto de vista de la legislación vigente, la definición de las zonas vitivinícolas de Chile se apoya en el Decreto Nº 464 de 1994, según el cual Chile define una zonificación geográfica con D.O, basada en los valles transversales generalmente delineados por ríos importantes que fluyen de cordillera a mar. Esta zonificación divide al país en cuatro grandes regiones vitivinícolas (Coquimbo, Aconcagua, Valle Central y Región Sur) y 10 subregiones, dentro de las cuales se encuentra el valle de Casablanca en la región vitivinícola del Aconcagua.

La más importante de las regiones vitivinícolas de Chile es la del Valle Central, donde des-taca el Valle del Maipo que es el que posee la mayor tradición en esta actividad, con las variedades tintas Cabernet Sauvignon (la más vendida del país), Merlot y Carmenère. Otra subregión con tradición vitivinícola es el Valle del Rapel, que comprende los Valles de Cachapoal y Colchagua, que fueron los primeros en incorporarse a la modernización del sector con la introducción de cepajes tintos en asociación con capitales extranjeros (españoles y franceses). El Valle del Colchagua destaca también por haber implementado más tempranamente su propia Ruta del Vino, siendo actualmente la más consolidada del país.

La Región Norte (Valles del Limarí y Choapa) es más conocida por la producción de viñas para la agroindustria del pisco, siendo reciente la incorporación de cepas vinícolas (tintas), en tanto la región del sur (Valle del Bío-Bío) tiene mayor tradición en la producción de variedades para vinos comunes (como la cepa “país”), encontrándose en proceso de reconversión hacia las cepas finas blancas, como Chardonnay y Sauvignon Blanc.

 

2.2.- La Vitivinicultura en Argentina

En la Argentina, país productor y consumidor tradicional de vinos del hemisferio sur, la vitivinicultura es una actividad de larga data, orientada esencialmente hacia el mercado interno. Por la superficie con viñedos (217.000 ha) ocupa el séptimo lugar en el mundo. Esta superficie se redujo notablemente en la década del 80 por problemas de sobreproducción. A partir de 1992 se consigue detener el retroceso con la implantación preferencial de variedades de alta calidad.

Según datos de la Organización Internacional de la Vid (O.I.V.) correspondientes al año 2004, el país ocupa el octavo lugar por la producción de uvas, es el quinto productor mundial de vinos y séptimo consumidor. El descenso de consumo en el mercado interno incentivó, a fines de los 90, la inserción de la vitivinicultura argentina en el comercio de exportación, ocupando el onceavo lugar entre los países exportadores (DIRECOM, 2006).

La actividad se desarrolla en una extensa franja al oeste del país junto al macizo andino, desde los 22º a los 40º de latitud sur, en las provincias de Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza, Neuquén y Río Negro. En este conjunto destacan Mendoza y San Juan, donde se ha establecido una “economía regional” sobre la base de la vitivinicultura, pero Mendoza ocupa un primer lugar muy significativo de acuerdo con los indicadores del año 2004.

La vitivinicultura se introdujo en Mendoza en la segunda mitad del siglo XVI y tuvo un desarrollo modesto hasta fines del siglo XlX, cuando se impone como agroindustria para satisfacer las demandas del mercado nacional.

Tras un largo período de crecimiento con crisis esporádicas sigue otra etapa en la cual se agudizan problemas de sobreproducción y distorsiones entre los agentes del sector, con una injerencia estatal contradictoria e ineficaz. Las desarticulaciones se generalizan y originan una crisis sostenida durante la década del 80. Aproximadamente a partir de 1990 se inicia una reestructuración de la actividad, con el ingreso de capitales locales, nacionales y extranjeros e incorporación de innovaciones tecnológicas - organizativas y la implantación preferencial de variedades de alta calidad. Se consigue, así, detener el retroceso.

La provincia cuenta con condiciones ecológicas privilegiadas para el viñedo. El déficit hídrico ha sido superado mediante la sistematización del agua aportada por los Ríos Mendoza, Tunuyán, Diamante y Atuel. El riego superficial y subterráneo ha estructurado el espacio de los dos oasis, norte y sur, que ocupan 3% de la superficie provincial de 150.000 km².

Durante los últimos años, en el marco de la apertura del comercio, la exportación mundial de vinos tuvo una evolución positiva, a pesar de las tendencias descendentes de la producción y el consumo. De manera que, en cifras globales, la relación entre vino exportado y consumido pasó de 18,2 en el quinquenio 1986/90 a 28,7 % en 2001. Entre los factores in-ternos a la vitivinicultura que explican esta dinámica de las operaciones en el mercado inter-nacional, se destaca el incremento de la oferta por parte de países productores tradicionales y nuevos, incentivados los primeros por el descenso del consumo interno y los segundos por el crecimiento de su producción.

 

3.- Antecedentes Geográficos de las Áreas de estudio

3.1.- Chile: Comuna de Casablanca

La comuna de Casablanca se ubica en el sector Sur-Este de la provincia de Valparaíso, V Región. Sus coordenadas geográficas básicas son 33° 15’ latitud Sur y 71° 30’ Longitud Oeste. Posee una superficie de 952.50 Km² y una altitud promedio de 240 msnm. Casa-blanca posee una centralidad espacial entre los vértices formados por: Santiago (con el Aeropuerto Internacional), el Puerto de Valparaíso (a través de la Ruta 68) y el Puerto de San Antonio (Ruta F90), lo que constituye una ventaja para la actividad productiva, facilita el flujo de materias primas, servicios complementarios y la distribución hacia diversos mercados (Mapa 1)

 

Mapa 1

Accesibilidad a la Comuna de Casablanca

Fuente: Atlas Geográfico, V Región.

La comuna de Casablanca dispone de una superficie de 952,5 km2, una población total de 21.874 (2002) y una densidad de aproximadamente 23 hab/km2. La población es predominantemente urbana (69,5%) y se concentra mayormente en la ciudad de Casablanca, capital de la comuna. La población rural (30,5%) es relativamente alta en relación al promedio del país (13,5% en 2002), y se distribuye en 48 entidades, como aldeas y caseríos.

Desde el punto de vista estructural, la comuna de Casablanca está integrada por la gran cuenca de Casablanca-Vinilla y otras subcuencas, como Los Perales de Tapihue, Lo Ovalle, Lo Orozco, Pitama, Lo Orrego, Lagunillas y El Rosario, las cuales han sido rellenadas con material sedimentario de variada procedencia (Mapa 2).

 

Mapa 2

Fuente: Troncoso, 2006.

La cuenca de Casablanca se ubica en la vertiente occidental de la Cordillera de la Costa prolongándose hacia las planicies litorales. Es una depresión tectónica asimétrica, cuyo eje mayor se orienta de sureste a noroeste con tres prolongaciones hacia el noreste. Aunque los bordes montañosos están muy erosionados y no conservan elementos estructurales origina-les el conjunto mantiene las características de fosa tectónica.

Esta cuenca forma parte de una zona de fracturas de gran relevancia geográfica en la Cordillera de la Costa; la parte montañosa ha sido profundamente modificada por fosas y pilares tectónicos que han influido en la distribución de la red de drenaje. La cuenca es recorrida por el Estero Casablanca constituyendo el colector del drenaje local junto con sus tributarios. Se origina en las proximidades del Cerro Manco en la Cordillera de la Costa y su dirección es SE-NO y luego hacia el oeste (Mapa 3).

 

Mapa 3

Fuente: Troncoso, 2006.

 

El clima de la comuna de Casablanca es templado-cálido con lluvias invernales y una esta-ción seca prolongada de 7-8 meses, con gran nubosidad derivada de la acción marina. Es-tas neblinas matinales penetran al interior, quedando aproximadamente sólo 180 días despejados al año y contribuyen a atenuar la aridez climática, reduciendo la amplitud térmica, la evapotranspiración y el déficit hídrico.

Los veranos secos y calurosos presentan temperaturas hasta 30ºC, y los inviernos húmedos, temperaturas menores a 5ºC, aunque puede llegar a los 0ºC. La temperatura media anual es de 13,6ºC y la oscilación térmica anual entre verano e invierno es de 9ºC; la precipitación anual del área es de 483 mm. concentrándose preferentemente en invierno. Un rasgo distintivo del clima de Casablanca es el extenso período libre de heladas (10 meses aprox.), las cuales se presentan entre julio y agosto, lo que constituye una ventaja comparativa para el desarrollo de la viticultura.

Influido por el Océano Pacífico y particularmente por la fría corriente de Humboldt, este valle ubicado en medio de la Cordillera de la Costa pero en un sector de baja altura, permite recibir la influencia del mar convertido en frías brisas, pero también en neblinas que tienen una importancia radical en la forma en que maduran las uvas y por lo mismo, en la manera en que se deben manejar en el viñedo. Como el valle corre de Este a Oeste, los sectores orientales –también conocidos como “alto Casablanca”- están más lejos del mar y son más cálidos que aquellos del llamado “bajo Casablanca”, hacia el occidente. Esto tiene un efecto directo en el carácter de los vinos: un Sauvignon del alto Casablanca tiende a ser más maduro y con una acidez menos chispeante en comparación con uno del bajo Casablanca. Sin embargo, si se compara con un Sauvignon del Maipo, su alcohol y su madurez lo delatan de inmediato. La diferencia de la fecha de la vendimia puede llegar a ser de dos semanas entre ambos extremos del valle (tomando como frontera el camino a Algarrobo) y de un mes si se toma el Maipo y el bajo Casablanca como referencias (Tapia, 2003).

La neblina que viene del Pacífico es otro tema relevante. Desplazándose a altas horas de la madrugada como un gran manto de humedad, esta neblina obliga a los viticultores a tomar precauciones en el manejo del follaje. Permitir que los racimos estén en contacto con el sol y reciban una buena aireación, es la solución más común para evitar que la madurez se retar-de en exceso y que las enfermedades producidas por hongos ataquen la fruta.

Respecto de las heladas, éstas ocurren en noches despejadas y tranquilas. Las nubes, las neblinas o los vientos atrapan el calor acumulado en el suelo y en la piel de las plantas durante el día. En ausencia de estos factores, el calor se escapa y el aire se enfría, provocan-do heladas cuyo principal efecto es el de quemar las plantas. Como el aire frío es más denso que el caliente, los mayores daños ocurren en los sectores planos donde el aire cae por su propio peso, mientras que en las laderas, al ubicarse a una mayor altitud quedan libres del daño. En Casablanca se han usado varios métodos para prevenir los daños de las heladas: hélices, combustión, helicópteros y, en algunos casos, riegos por aspersión. Sin embargo, lo gratificante se encuentra en el hecho de que hasta ahora el valle sigue siendo el lugar ideal para los blancos y una seria posibilidad para tintos de madurez corta como el Pinot Noir y en cierta medida, el Cabernet Franc y el Merlot.

Desde el punto de vista de la disponibilidad de agua para riego, en el valle de Casablanca y en ausencia de cursos de agua principal como ríos, el uso de las napas subterráneas para fines agrícolas es el más importante, siendo más intensivo entre los meses de Octubre y Abril y casi nulo en invierno. La superficie regada con estas aguas se estima en aproximadamente 5.200 hás. Cuando existe suficiente disponibilidad de recursos superficiales, debido a la buena operación de los embalses, la explotación de aguas subterráneas actúa como un complemento importante del riego superficial, que siempre resulta insuficiente para satisfacer la demanda.

La importancia de las aguas subterráneas en el valle de Casablanca se puede inferir a través del 49% del uso de las napas acuíferas destinado al riego, así como de la cantidad de pozos (109) existentes en el área (Mapa 4); y la superficie total regada con este tipo de fuente (65,1%).

 

Mapa 4

Fuente: Troncoso, 2006.

 

Los 5 embalses existentes en la comuna cuentan con una reducida capacidad para almacenar (35 millones de m3 de aguas lluvias), lo que permite en la práctica el regadío de sólo 2.400 has, en circunstancias que en el valle de Casablanca existe la posibilidad de poner bajo riego una superficie mayor a las 14.000 hás. Además, estos embalses están en un pro-ceso de obsolescencia como consecuencia de su antigüedad (1932), por la baja capacidad de almacenamiento y de nuevas formas de riego, mediante aprovechamiento de las aguas subterráneas a través de la captación y distribución optimizada; los embalses tienen una importancia relativa debido a que en las épocas de sequía se produce una notoria disminución de su caudal, con lo cual se ve afectado el regadío que producen los mismos.

 

3.2.- Argentina: Departamento de Luján de Cuyo

La escala o nivel de resolución espacial es un fenómeno consustancial a todo análisis geográfico. En este trabajo es imposible soslayar el juego interescalar: la pequeña y gran escala. Por ese motivo la primera aproximación al área de estudio es la Provincia de Mendoza, caracterizada por los contrastes territoriales entre oasis y desiertos, montañas y llanuras (Mapa 5).

 

Mapa 5

 

La provincia de Mendoza, situada en el centro oeste argentino, tiene una superficie de 166.900 km² y forma parte de las regiones áridas y semiáridas del país. Los especialistas opinan que un tercio de su extensión corresponde a la montaña. Las tres cordilleras paralelas, que se extienden en sentido N-S, constituyen por su forma, orientación y disposición no sólo un importante relieve, sino que se destaca su valor como factor climático. La otra unidad morfológica es la llanura con contrastes ambientales. En la montaña, gracias al aporte de nieves y glaciares, se genera una densa red hidrográfica que sólo llega a la planicie a través de sistemas como el de los ríos Mendoza y Tunuyán al norte, y el Diamante-Atuel en el sur de la provincia. Desde el punto de vista de la organización territorial, estos cursos de agua tienen gran significación (Mapa 6).

 

Mapa 6

El mendocino puso en valor el recurso a través de su sistematización en una compleja trama de diques, canales, acequias…, logró generar los reconocidos “oasis” mendocinos: el norte de 300.000 ha y el “oasis” sur de 200.000 aproximadamente. Ellos concentran el 97% de la población con un 70% de población urbana.

Sin duda, las condiciones naturales de Mendoza ofrecieron y ofrecen posibilidades y obstáculos a la actividad agraria dominante en los oasis. Las temperaturas adecuadas y el agua suficiente favorecen el cultivo de la vid. Si bien el clima es templado continental desértico, los niveles térmicos se ajustan a las necesidades vegetativas. La heliofanía, las marcadas temperaturas y las temperaturas medias de 20º C, logran acentuar las diferencias en la graduación alcohólica de las uvas. Un obstáculo es el déficit de humedad ambiental, dado que las precipitaciones medias anuales registran valores de 200 mm. y la mayor parte de ellas se concentran en el verano. Pero, la sequedad favorece la mínima incidencia de las enfermedades criptogámicas en la vid. Este condicionamiento natural ha sido superado por la dotación de agua suficiente que proviene del riego superficial a partir de la sistematización de los ríos.

La mencionada actividad está regida por una “Ley de Aguas” de 1884 que establece un orden legal moderno al sistema de riego. Contiene prescripciones en torno a privilegios, con-cesiones, gobierno y sostenimiento económico del sistema de riego. Se ejecuta y hasta el momento la aplicación en general, es satisfactoria. Completa la dotación de agua, la riqueza de “acuíferos libres” que agregan la posibilidad de agua subterránea. Las tecnologías actuales optimizan el recurso utilizando otros métodos como el riego por goteo. Sin embargo, la producción vitícola de Mendoza disminuye por la acción destructiva de dos flagelos climáticos: el granizo y la helada, accidentes climáticos con impactos notables por su magnitud y frecuencia. El granizo afecta más del 10% de la vendimia en el oasis norte. Como la vid es un cultivo de tipo permanente, los rendimientos decrecen no sólo cuando sucede el evento, sino que el efecto repercute durante varios años. Hasta el momento se utilizan diversos métodos con diferentes resultados para disminuir su acción.

El Departamento de Luján de Cuyo se localiza al noroeste de la provincia de Mendoza, Re-pública Argentina. En su extenso territorio —4.847 km2—, que se extiende en sentido oeste-este, contrasta el sector oriental que integra el oasis norte de la provincia con la zona oeste ocupada por majestuosas montañas. El río Mendoza está totalmente integrado al departamento, como eje que atraviesa la planicie valorizada del este o como límite norte en el área cordillerana de esa unidad administrativa. Sobre este curso de agua se han construido dos obras fundamentales de infraestructura, el dique derivador Cipolleti y el dique Potrerillos. A este sitio de privilegio, se suma una posición ventajosa histórica y vigente, como paso obligado de las comunicaciones hacia el sur, con destino al otro oasis provincial y hacia el oes-te, como parte del canal bioceánico hacia Chile.

Integrado por 13 distritos, su población de 104.470 habitantes según el censo del año 2001 sostiene una dinámica de crecimiento y sigue un modelo de distribución notablemente con-centrado en el sector nororiental del departamento, espacio que ya integra la aglomeración del Gran Mendoza. Al sur del río el poblamiento es más disperso. El área de estudio específica dentro del Departamento de Luján de Cuyo (Distritos de Perdriel, Agrelo, Ugarteche y El Carrizal) se encuentra ubicada al sur del río Mendoza, en la llanura, pero más precisamente en el denominado “piedemonte”. Esta estrecha faja articula unidades morfoestructurales de regiones montañosas con otras zonas “planizadas” (terrazas, abanicos fluviales y planicies aluvionales). El sector corresponde a una superficie de erosión denominada “glacis y pedimentos”, enmarcada hacia el oeste por el piedemonte y al este por la zona de “huaquerías”.

Los piedmonts con frecuencia cumplen la función de ser el soporte de la expansión agrícola y urbana, cuando las planicies han sido ocupadas casi totalmente. Con respecto al resto de las condiciones ambientales, participa en general de las características de Mendoza. No existen estudios locales, que permitan diferenciarlos.

Sin duda el área situada en el Departamento de Luján de Cuyo, al sur del Río Mendoza, aporta las cualidades de la gran escala, como la posibilidad de captar información con mayor capacidad factual, además de fenómenos manifiestos contrastados que justifican la se-lección de los cuatro distritos: Perdriel, Agrelo, Ugarteche y El Carrizal como estudio de caso de la vitivinicultura mendocina. Los cuatro distritos ocupan una superficie total de 862 km2 concentrando una población de 26.436 habitantes según censo del 2001, lo que da como resultado una densidad de 30,7 hab/km2.

 

Cuadro 1: Área de Estudio

Distritos

Superficie km²

Población 2001

Perdriel

72

11.628

Agrelo

150

6.114

Ugarteche

130

4.592

Carrizal

510

4.102

Total

862

26.436

 

Ponencia presentada en las X Jornadas Cuyanas La geografía frente a la necesidad de integrar territorios y voluntades, realizadas en Mendoza, Argentina entre el 28 y el 31 de mayo de 2008.