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Asunto:NoticiasdelCeHu 413/08 - PAISAJE Y PATRIMONIO: CUESTIONES EN TORNO A SU PR OBLEMÁTICA EN SAN MIGUEL DE TUCUMÁN
Fecha:Viernes, 10 de Octubre, 2008  10:55:40 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <ncehu @..................ar>

NCeHu 413/08
 

PAISAJE Y PATRIMONIO:

CUESTIONES EN TORNO A SU PROBLEMÁTICA EN SAN MIGUEL DE TUCUMÁN.

 

Lic. Alejandro LLanes Navarro

Ms Jacqueline Salim Grau

Instituto de Estudios Geográficos UNT

allanes@webmail.filo.unt.edu.ar

jacqui@webmail.filo.unt.edu.ar

 

INTRODUCCION

El paisaje de San Miguel de Tucumán, y en especial su centro histórico, (Mapas Nº 1 y 2) atraviesa hoy una situación conflictiva debido al intenso proceso de degradación que se viene materializando desde hace varias décadas. Como resultado de dicho proceso, se asiste a la pérdida de su identidad y a la disminución de su calidad paisajística.

El patrimonio cultural, en tanto expresión de la historia de la ciudad; refleja las marcas de un proceso incesante de indiferencia, destrucción y descaracterización de los valores heredados del pasado. Situación resultante de una concepción globalizadora de los responsables de su gestión (pública o privada) y de la falta de conciencia de la sociedad respecto de la importancia de su preservación.

El objetivo de este trabajo consiste en analizar las cuestiones en torno a la problemática que afecta al patrimonio cultural de la ciudad, proceso que se ha suscitado desde la década de 1980 hasta nuestros días, en orden a su gestión y conservación.

Esta investigación se llevó a cabo respectando la siguiente metodología: análisis bibliográfico, indagación de documentos y legislación, especialmente las leyes referidas a la protección del patrimonio cultural, 7.500 y 7.535 del año 2005, y la 7.990 del 2007. Asimismo análisis semiótico de discursos que se pronuncian desde los diferentes actores sociales involucrados en el conflicto. Relevamiento in situ, confección de base de dato y cartografía. Elaboración de conclusiones

Analizar la problemática del patrimonio, en cuanto testimonio del proceso de configuración del paisaje de San Miguel de Tucumán, implica posicionarnos en los conceptos de Paisaje. Por un lado, el defendido por la Estrategia Territorial Europea (1999), quién ha entendido que el sentido actual del paisaje se carga de una figura patrimonial y de recurso. El paisaje es un elemento de identidad y de calidad de vida. Interesan los paisajes de la cotidianeidad, tanto urbanos como rurales, donde la relación perceptiva, multisensorial, como imagen percibida es un elemento importante para esta nueva política del territorio.

Por otro, y en una línea de interpretación semejante, las nociones de Martínez de Pisón (2003), quién concibe al paisaje como la forma que adoptan los hechos geográficos, la configuración de la superficie terrestre, la realidad objetiva. De la misma manera, pertenecen al paisaje las representaciones, los significados, los valores, lo que es visto y contemplado, lo subjetivo, las percepciones distintas, y que hoy son tenidas en cuenta como vía de participación pública para la gestión sostenible del territorio.

Asimismo la problemática que se ha suscitado actualmente, nos ha llevado a analizarla desde la perspectiva del bien común como bien público examinada por Sánchez Agesta (1976, 99). En la historia del pensamiento político de occidente, los autores más diversos pero autorizados en la materia, han expresado siempre “un juicio sobre lo que es bueno para la comunidad política”, que no es otra cosa que el Bien público. Un juicio crítico que implica un fundamento ético de la actividad del político, llámese gobernante, legislador o jurista.

En este sentido, expresa Sánchez Agesta (1976,99), este Bien Común o Bien Público está relacionado necesariamente con el poder político, quien es el encargado de gestionar y de decidir qué es lo que conviene hacer para alcanzar ese “bien humano en vida social”. Es la conocida “suficiencia de vida” por Aristóteles, que consiste en una serie de bienes relacionados primero con los bienes necesarios para la subsistencia, luego con los bienes intelectuales, morales y culturales y por fin, como los bienes integrales que se distribuyen a todos los ciudadanos.

Este Bien Público se diferencia del Bien privado o particular, en un sentido cualitativo de común, “que no es de ninguno y es de todos, materializado en los bienes colectivos o patrimoniales”, expresión de las instituciones sociales, políticas, económicas o judiciales que se dibujan en el territorio, y que la historia muestra como las señas de identidad correspondiente a las distintas etapas de ese proceso histórico. Es un “Bien común difusivo” que comprende todas las realizaciones culturales que hacen posible la vida del hombre en sociedad. (Sánchez Agesta 1976, 97-102).

 

Proceso de configuración del paisaje urbano

La fisonomía y el desarrollo de la ciudad son el resultado de los diversos procesos socioeconómicos, culturales y políticos, que se manifiestan de manera diferente en cada época, explica Higueras Arnal (1989,160). En este sentido, el paisaje de San Miguel de Tucumán refleja en sus formas, los acontecimientos que se han sucedido desde 16851 hasta el presente como parte de su proceso de conformación como centro urbano; y en donde, el devenir azucarero constituye el hecho que ha impreso su sello a la ciudad.

La ciudad argentina, en opinión de Nicolini (1987, 1) reconoce cinco grandes etapas: Hispánica (1550-1860); Liberal (1860-1920); Ciudad Jardín (1920-1950); C.I.A.M (Congresos Internacionales de la Arquitectura Moderna) (1950-1960) y Posmoderna a partir de 1960 (Nicolini, 1998, 110). Etapas que es posible identificar en San Miguel de Tucumán, gracias al patrimonio arquitectónico e histórico que ha logrado perdurar hasta nuestros días.

Si analizamos la imagen (Mapa Nª3) de la evolución histórica de la ciudad, afirma Salim Grau (2006, 35), podemos inferir el escaso número de edificios de la etapa hispánica, solo el 6,7%. El patrimonio de esta época está relacionado al momento del traslado de la ciudad de San Miguel de Tucumán al actual sitio en 1685. En contraposición, corresponden a la etapa liberal el 54,3% de los edificios, esta arquitectura estuvo ligada a un momento de grandes acontecimientos históricos, económicos y sociales, que se reflejaron en los importantes cambios que se produjeron en la ciudad desde el punto de vista urbano.

La Ciudad Jardín reúne el 38,8% de los bienes patrimoniales, si bien se observa un porcentaje elevado de edificios, se hace necesario identificar en esta etapa dos momentos. De 1916 a 1930 muestra una expansión, pero de una manera menos intensa que la etapa liberal y un segundo momento de 1930 a 1950, donde la principal actividad (Industria Azucarera) de la provincia muestra un letargo, que se refleja indudablemente en el paisaje urbano.

1 San Miguel de Tucumán se funda primitivamente en el paraje de Ibatín (Dpto Monteros) en 1565 por Diego de Villarroel y traslada posteriormente al actual sitio en 1685 por Don Fernando Mate de Luna.

 

Etapa Hispánica 1550-1860

Los edificios de esta etapa se hallan emplazados en el casco fundacional de la ciudad, (limitado al norte por las actuales calles Santiago del Estero, al oeste Salta-Jujuy, al sur General Paz y al este por Av. Avellaneda-Saénz Peña) sector conocido con el nombre de calles de ronda.

De 1685 se conserva la plaza de armas (hoy Plaza Independencia), la Iglesia Matriz (hoy Iglesia Catedral), la Iglesia de San Francisco y el convento de los Mercedarios (hoy Escuela Sarmiento). Elementos muy significativos del paisaje urbano de la época, por cuanto sus características y su ubicación atestiguan el arquetipo urbano instaurado por los españoles al momento de la conquista y colonización.

Modelo donde el sitio clave de las actividades urbanas fue la plaza central que concentró los edificios más representativos: la iglesia matriz y el cabildo, pero también la residencia del fundador y otros vecinos calificados. Más allá de la plaza sólo se precisaron en el plano las funciones públicas de culto, enseñanza y salud concretados en los edificios de conventos y hospitales. En este sentido un texto citado por T. Ricci (1967, 56) expresa, San Miguel de Tucumán colonial tuvo una arquitectura sencilla y sin pretensiones, tal como cuadraba a un grupo de esforzados colonos que venían a instalarse a estas tierras desconocidas.

Del siglo XVIII solo perdura una vivienda con una significación histórica excepcional, la Casa Histórica, data de 1768 y constituye el solar donde se declaró la Independencia Argentina en 1816, hoy monumento histórico nacional.

De la primera mitad del siglo XIX subsisten dos viviendas, la casa de José Manuel Silva (hoy Museo Avellaneda) de 1836, y la casa del Obispo Colombres (hoy Museo Folclórico) de 1850.

Salvo los edificios descriptos construidos al momento del traslado de la ciudad, hasta 1850 la arquitectura de esta época fue muy sencilla, ya que San Miguel de Tucumán en este momento era una ciudad pequeña y de aspecto modesto. Los muros anchos y lisos desprovistos de ornamentación y construidos con adobe, atestiguan estas características.

Sobre fines de la etapa hispánica comienza la lenta transformación edilicia de la ciudad, donde las casas de estilo colonial son reemplazadas por construcciones de estilo europeo. Estos cambios estuvieron relacionados a la lenta evolución de la economía, resultante de la expansión y diversificación agrícola como asimismo de los numerosos rubros industriales como curtiembres, ingenios azucareros, destilerías de aguardiente, aserraderos, entre otros que surgían en la provincia.

 

Etapa Liberal 1860 -1920

La etapa Liberal coincide con el período de esplendor de la actividad azucarera, entre 1880 y 1920. Como reflejo de esta época la ciudad muestra los signos de la prosperidad. No es casual que el 54,3 % del total de los edificios del patrimonio se hallan construidos en la misma, caracterizada, no sólo, por el número de inmuebles sino por la variedad de sus estilos arquitectónicos y de su significación histórica.

En 1870 se definieron los límites de la ciudad, extendiéndose por el norte hasta calle Marcos Paz, al sur Lavalle, al este Av. Avellaneda-Saénz Peña y al oeste José Colombres-Alberdi, es decir desbordó el perímetro de lo que se conocía como calles de ronda. Encerrando 143

manzanas, casi el doble de las edificadas, consecuencia del crecimiento de la población, la que por entonces ascendía 23 000 habitantes (Marranzino. 1988, 24).

Este auge económico se tradujo no sólo en un aumento considerable de la población, sino además, en las características edilicias de la ciudad. Un hecho interesante de destacar es que 1869 la población era de 17 438 habitantes y en 1914 de 100 000 habitantes (Censos de población 1869-1914). A tal punto que, no era exagerado afirmar que San Miguel de Tucumán se había transformado en la capital del Norte Argentino y en una de las ciudades más prósperas de la República Argentina.

El despegue de la actividad azucarera estuvo ligado a una serie de acontecimientos históricos y económicos. Entre ellos debemos destacar, la llegada del Ferrocarril en 1876 a Tucumán, él cual permitió la modernización de la industria azucarera, determinando una mayor capacidad fabril y, en consecuencia, un aumento de la superficie cultivada. Junto a este surgieron otros medios de comunicación como el telégrafo (1873) y teléfonos (1880) y transportes como el tranvía (1877), explica Nicolini (1973, 12)

El ferrocarril significó, desde el punto de vista del paisaje urbano, el trazado de ramales a modo de circunvalación en la ciudad. El Ferrocarril Bartolomé Mitre y General Belgrano con sus estaciones Central Norte, El Provincial y Central Córdoba confirman este diseño, conocido como cinturón de hierro.

El aporte de las estaciones ferroviarias a la arquitectura urbana fue muy valioso, explica Nicolini (1973, 13), edificios civiles que ofrecen espacios cubiertos de gran tamaño, donde aparecen como nuevos la utilización del hierro, el acero y el vidrio.

Otra característica de la época está representada por los bulevares o avenidas (1877), diseño importado de Francia, con el fin de agilizar la circulación urbana. Este nuevo elemento fijó los límites de la ciudad en las cuatro avenidas que demarcan nuestro sector de estudio: al norte Av. Sarmiento, al oeste Mitre-Alem, al sur Av. Roca y al este Av. Avellaneda-Saénz Peña.

Hasta principios del siglo XX, las construcciones respondieron a la inventiva limitada de albañiles o constructores, razón por la cual, el paisaje arquitectónico poseía una gran unidad, los pocos edificios que sobresalían eran los representativos más por su tamaño que por las discordancias de sus formas, expresa Nicolini (1973, 23)

En cuanto a las edificaciones, es notable la diferencia con la etapa hispánica. A partir de la segunda mitad del siglo y finalizado él mismo, surgen nuevos tipos y formas de viviendas: la casa en altos, la casa chorizo (tres patios consecutivos) y el conventillo. Estas se construían según el modelo manierista italiano del Siglo XVI, explica Nicolini (1973,23), el plano total de fachada se lograba mediante una división en paños con impecables órdenes clásicos de pilastras o semicolumnas.

El elemento español se incorpora con la instalación de las rejas como cierre de ventanas o en el espacio que comunica el zaguán con el patio como la casa Ángel C. Padilla (1875) y otras viviendas de la ciudad.

Entre 1860-1880 se destacan construcciones relevantes como la iglesia Matriz, San Francisco, la Merced y Santo Domingo, algunas en su etapa de reconstrucción y remodelación. Estos edificios constituyen en la actualidad, las manifestaciones más importantes de la arquitectura religiosa de San Miguel de Tucumán. De esta época perduran otros edificios como la Escuela Normal, la sede de la Legislatura y el Mercado del Norte.

Otros componentes distintivos del paisaje urbano hacia 1870, serán la incorporación de los árboles a los espacios verdes existentes y el diseño de las plazas Urquiza (1872) y Belgrano (1872), como plazas de barrio. Esta última se trazó en lo que, históricamente, se conoce como campo de las carreras, donde se libró la Batalla de Tucumán en 1812. Finalmente, en 1889, surge la Plaza Alberdi como un sitio complementario a la dinámica generada por la estación del FFCC Mitre

Dentro de la etapa liberal, señala Nicolini (1973, 10), es sin duda el período 1880-1900 el momento central de las transformaciones urbanas, iniciadas a fines de la década del 70. A los medios de transportes y comunicaciones existentes, debemos agregar otros componentes que modificaron la fisonomía de la ciudad como el ochavado de las esquinas, el telégrafo, alumbrado eléctrico, delineación de fachadas y agua corriente, entre otros. Hacia 1897, de las 252 manzanas comprendidas entre los cuatro bulevares, 115 estaban edificadas y 137 quedaban baldías o cultivadas, afirma Nicolini, (1973, 12)

Al final de la etapa Liberal, la ciudad se proyectaba traspasando los límites de los cuatro boulevares, con la incorporación de grandes espacios verdes públicos como el Parque 9 de Julio. Este se ubicó hacia el este, entre la ciudad y el río Salí, diseñado por el urbanista francés Carlos Thays. Su trazado consigna los conceptos de jardín paisajista del XVIII, en cuanto hay una renuncia a las formas geométricas rígidas y las líneas rectas, expresa Paterlini de Koch (1987)

Por esta época, las plazas fueron dotadas de equipamiento acorde a la función que desempeñaban. Se implantaron especies vegetales y se colocaron esculturas, como La libertad de Lola Mora en al Plaza Independencia y las estatuas de Gral. San Martín y Gral. Belgrano en las plazas de sus respectivos nombres.

En el perímetro de las cuatro avenidas surgen dos nuevos sectores urbanos, uno en torno a la Plaza Urquiza, el cual, entre 1900 y 1916 se jerarquiza por la presencia de edificios como el Teatro Odeón (hoy San Martín), el Hotel Savoy, la Cámara de Diputados, el Colegio Nacional y el Complejo Teniente Ledesma, entre otros.

El otro sector corresponde a la Plaza Belgrano, en sus alrededores surge en 1883 el Hospital Angel C. Padilla, junto a él se emplazan numerosos establecimientos educativos de gestión privada o pública como El Colegio Sagrado Corazón de las Hermanas Esclavas de 1911 y la Escuela Gral. Belgrano de 1915.

La construcción de la Casa de Gobierno (1908 y 1912)2 y los establecimientos educativos como la Escuela Belgrano, Moreno, Uladislao Frías (hoy Rivadavia), surgidas entre 1913 y 1915, reafirman la expresión de Nicolini (1973,10), al designar a este período como el de las mayores transformaciones urbanas y arquitectónicas.

La industria azucarera generó el movimiento de importantes capitales, razón por la cual, fue necesaria la presencia de destacadas entidades bancarias. De este modo se construyen las sedes del Banco de la Provincia y Banco Constructor (1908) y el Banco Español del Río de la Plata (1909). En 1911, se edifican los Bancos de la Nación Argentina y Francés del Río de la Plata y, por último el Banco Municipal de Préstamos.

El ámbito de la cultura reflejó, también, el esplendor azucarero, así lo atestiguan las Sociedades de Socorros Mutuos, fundadas por inmigrantes italianos, franceses y españoles, con funciones sociales y culturales. Los teatros como el Alberdi, el Odeón (hoy San Martín) y

2 La casa de Gobierno, de estilo francés, reemplazó en 1912 al Cabildo, construcción de la época colonial.

el desaparecido Teatro Belgrano, advierten sobre la importante actividad teatral desarrollada. No podemos dejar de mencionar las bibliotecas Sarmiento y la del Círculo del Magisterio como signos de la época.

En cuanto a las viviendas, la mayoría eran de una sola planta y construidas en ladrillo; el resto correspondían a tipos de edificaciones precarias en madera, paja y otros elementos. Las casas de dos pisos eran escasas. Se comienza a observar, explica Nicolini (1973,13), una sectorización en cuanto a la ubicación de las viviendas, siendo el cuadrante noreste del centro histórico, el elegido por las casas de dos pisos y un considerable número de población; mientras que las viviendas colectivas como conventillos e inquilinatos se emplazaron en el cuadrante sudeste.

La casa chorizo de tres patios sucesivos, fue reemplazada por el petit hotel de cuatro plantas, a través de las cuales se distribuyeron los espacios con sus diferentes funciones. Las casas de Luis F. Nougués y de Cainzo, ubicadas en torno a la Plaza Independencia, constituyen la mejor expresión en este tipo de innovación.

La arquitectura de la época pondrá de manifiesto el progreso económico- social de la Provincia por un lado y, por otro, la llegada de los inmigrantes europeos, quiénes dejaron su sello en lo referente a estilos, modalidades, técnicas y materiales provenientes de diversos países, elementos que se mezclaron y generaron una gran confusión. Tal lo expresa Nicolini (1973, 15), en el caso de Tucumán, tenemos albañiles y constructores italianos y españoles, ingenieros ferroviarios ingleses, ingenieros sanitaristas y cartógrafos alemanes y publicaciones francesas.

La influencia de la inmigración italiana se reflejó en el diseño de las fachadas, las cuales presentan una serie de cambios en la composición, ornamentación, conjunción de estilos y en consecuencia en el paisaje urbano, explica Corral (1982, 14).

Entre 1880 y 1900 la ornamentación se expresa por medio de las líneas rectas y semicirculares, creando figuras de distintas formas geométricas, siendo los diseños más característicos los tímpanos triangulares y semicirculares, las pilastras con capitel jónico-corintio, las cornisas rectas y la terminación en balustradas. Como ejemplo podemos señalar el edificio del senado de la Provincia.

Entre 1900 y 1930 se destaca la aparición de figuras humanas, plantas y flores alternando con las figuras geométricas, como lo demuestra la construcción del Teatro Alberdi. En los últimos años de este período las características antes mencionadas se utilizan pero con mayor exceso, como el caso del Teatro Splendid (hoy Cine Teatro Parravicini) (Corral, 1982, 14).

El efecto sobre el paisaje urbano de la arquitectura incorporada por los inmigrantes italianos, radica en la construcción de edificios destinados a una única función. Así se diferencias de las edificaciones coloniales, donde estas desempeñaban múltiples funciones. Por otra parte se trataba de arquitectos y constructores que desarrollaron sus ideas a través del estilo italianizante de sus construcciones.

A comienzo del siglo XX se llevó a cabo la remodelación de las fachadas, especialmente en las construcciones privadas, este hecho estuvo ligado a la presencia en el país y en Tucumán, de ingenieros o arquitectos de formación superior, gran parte de los cuales fueron extranjeros. La incorporación de los árboles a los espacios públicos, fue un criterio incorporado por éstos, explica Nicolini (1973,15)

El estilo que perduró por bastante tiempo fue el denominado tratadismo, caracterizado por la libertad formal, eliminación de cánones, reglas y recetas, y sustitución de las formas clásicas

por diseños geométricos-abstractos o sinuosas formas vegetales y seudo vegetales, o por la combinación de ambas.

En Tucumán estuvo representado por el modernismo catalán, a través de las obras del ingeniero José de Bassols. Por otro lado el progresismo Sezessión-Floreale de Domingo Selva en construcciones como la Casa de Gobierno y otras más.

En opinión de Nicolini (1973, 25), el Art. Nouveau-Floreale introdujo una modalidad originalísima y alegre, quedando aislado posteriormente por la tradición académica, que utilizó como progresista a la arquitectura borbónica. Arquitectura ésta representada por los denominados petit hotel y por numerosos edificios de la primera mitad del siglo como el Banco Municipal de Préstamos, El Colegio Nacional, las sociedades extranjeras, El Jokey Club, al Caja Popular de Ahorros, el edificio de Tribunales, entre otros.

Otra forma presente en esta etapa es el Neogótico personalizado por la arquitectura religiosa de la Capilla de las Hermanas Dominícas (1899), Iglesia de San Roque (1910) y de 1909 la Capilla del Colegio de las Hermanas.

 

Etapa Ciudad Jardín 1920-1950

La actividad azucarera comenzará a partir de 1916 a sobrellevar una serie de altibajos, que determinará que hasta 1930 la expansión continúe, pero no de manera explosiva como hasta ahora.

A partir de 1930 y hasta mediado de los años cincuenta, la industria azucarera y en consecuencia toda la vida económica de la provincia atraviesa un proceso de inestabilidad. La población de la ciudad, por el contrario, muestra un aumento a pesar de este proceso, pasando de 104 000 habitantes en 1916 a 203 555 según el Censo de 1947.

El sector central de la ciudad concentra cada vez más población, se observa un crecimiento en forma vertical y de manera especial se intensifican las actividades comerciales, financieras y administrativas, convirtiéndose en el centro difusor de bienes y servicios. En forma paralela se inicia el proceso de suburbanización, como consecuencia de la atracción que ejercía la ciudad de San Miguel de Tucumán sobre la población rural que venía en búsqueda de fuentes de trabajo o mejores condiciones de vida.

Diferentes elementos irán mejorando la imagen de la ciudad como el pavimento de las calles fuera del centro histórico, la incorporación de los ómnibus al transporte público de pasajeros o la red de trolebuses que funcionaron entre 1954 y 1958.

Si bien desde el punto de vista económico hubo avances en esta etapa, no se igualó a la anterior, al menos en lo que a la calidad y número de construcciones se refiere. Aún así, el 38,8 % de los edificios que hoy forman parte del patrimonio urbano se levantaron en esta etapa, fundamentalmente predominan aquellos destinados a viviendas, comercios y a la actividad cultural.

La estructura de la ciudad jardín es heredera del trazado de los parques de la ciudad liberal. En Argentina, y en menor medida en Tucumán, este esquema se aplicó a las áreas residenciales periféricas, las que se transformaron en áreas dormitorios, actuando en forma complementaria con los núcleos urbanos. (Nicolini, 1987, 14)

Durante esta etapa los centros de las ciudades fueron sometidos a una cirugía urbana para dar lugar a nuevas construcciones acordes a la época y a las necesidades modernas. En opinión de Nicolini (1987, 16), el paisaje urbano presenta la paradoja entre el paisaje pintorresquista de la ciudad jardín y las composiciones académicas de la etapa liberal, con

lo que se transformaron o se intentaron transformar los centros históricos. Coexistieron en franca contradicción, el lenguaje clásico depurado de ornamentación, el neo-colonial originado en el movimiento de la Reconstrucción Nacionalista, el Art. Decó y los comienzos del movimiento Moderno.

Entre los estilos de esta época fue preponderante el racionalismo presente en edificios como el Hospital de Niños, El Banco Hipotecario Nacional, el Mercado del Norte, Edificio de altura La Continental y varias viviendas como las Casas Di Lella, Juan B. Terán, entre otras, señala Nicolini (1973, 17)

El Art Decó es claramente visible en construcciones como el Cine Edison, el Círculo del Magisterio, la Sociedad Argentina de Socorros Mutuos y la Caja Popular de Ahorros, en la cual se combina con el racionalismo.

Algunas viviendas como la Casa Libanesa y la Casa Curia expresan los rasgos del neo colonialismo. El academicismo de la época liberal perdurará en edificios educativos como el Colegio Santa Rosa, la Escuela Normal, otros con funciones políticas como el Palacio de Tribunales y en viviendas como la Casa Mario Posee.

 

Etapa Posmoderna: a partir de 1960

A partir de los años '60 la teoría de la ciudad, según Nicolini (1998:110), incorporó ideas como la memoria colectiva, el sentido de lugar, el valor de la ciudad construida como patrimonio, la importancia de los centros históricos, entre otras. En nuestro caso, aunque tardíamente, estas concepciones permitieron formular normativas que admitan esta manera de mirar y encarar las intervenciones en el centro histórico.

De esta forma, explica Salim Garu (2004, 8), surgen en la década del noventa las primeras reglamentaciones respecto del centro histórico y de la importancia de la preservación de su patrimonio arquitectónico y urbano, como la Ordenanza Municipal 1773 de 1991, la cual "establece las acciones de preservación de aquellos bienes considerados Componentes del Patrimonio Cultural de la Ciudad..."

También el Catálogo sobre “Identificación y Valoración del Patrimonio Urbano-Arquitectónico del Centro Histórico” de 1992, cuyo aporte fue fundamental en este proceso de consideración los inmuebles de valor patrimonial de la ciudad.

El Código de Planeamiento Urbano (Ordenanza 2648) de 1998 establece, en su capítulo III, la zonificación en distritos para el Centro Histórico. Mientras que en el capítulo VII Art. 41, reglamenta las disposiciones urbanísticas y de edificación para áreas especiales.

Desde estas primeras reglamentaciones, pasará más de un década hasta la aprobación y promulgación, en el año 2005, de las Leyes de Protección del Patrimonio Cultural, sobre las cuales nos centraremos posteriormente.

Pero, paralelamente a las normativas la realidad de las últimas décadas parece oponerse a ellas, el centro histórico ha recepcionado serias intervenciones sobre obras existentes y por otra parte, la construcción de edificios en altura en reemplazo de los antiguos inmuebles han transformado, aún mas, el paisaje urbano actual.

La presión en el uso del suelo se ha intensificado como consecuencias de su rol de área central de la ciudad con una máxima concentración de funciones comerciales, financieras, administrativas, políticas y culturales. A su vez, el sector constituye el nudo esencial de las redes de transportes y comunicaciones donde, además del tráfico necesario para su

funcionamiento, sostiene una parte importante de los flujos engendrados por la ciudad: tránsito, penetración y distribución interna.

Si a ello sumamos su población, representada por el 11,7% (55 484 habitantes) (1991) y 14,1 % (74 446 habitantes) (2001) de la población de San Miguel de Tucumán, respectivamente; refuerzan su condición de centro multifuncional, con un poder polarizante sobre el resto de la ciudad, la provincia y en muchos casos, la región del Noroeste Argentino.

El corolario de este proceso histórico, es una yuxtaposición de construcciones y obras reflejo de las ideas y necesidades de las sociedades que habitaron la ciudad y se sucedieron desde 1685 hasta nuestros días. De manera que, podemos afirmar, que se trata de un centro histórico no consolidado, donde se conservan las funciones históricas más importantes y donde los edificios o áreas restringidas de valor arquitectónico se encuentran sumidos en una trama urbana débil, lo que resulta una imagen híbrida, sin una identidad definida que caracteriza a la ciudad de San Miguel de Tucumán en la actualidad.

 

Percepción y comportamiento social ante la pérdida del Patrimonio Cultural.

Los Tucumanos marchan alrededor de la Plaza Independencia los días viernes por la noche en defensa del Patrimonio, con pancartas de “Tucumán no se vende, la Cultura no se vende, la Historia no se vende, la Identidad no se vende, la división de poderes no se vende, la democracia no se vende”.

El 21 de diciembre de 2007 la Legislatura de Tucumán sancionó la Ley 7.990 por la cual cinco edificios que formaban parte del patrimonio podían ser enajenados por el Poder Ejecutivo. Por ello, desde ese viernes 21 de diciembre de 2007 y hasta el viernes 4 de abril de 2008, se realizaron 16 marchas en defensa del Patrimonio por un grupo de tucumanos, en su mayoría universitarios, a los que se adhirieron muchos más, preocupados por la sanción de esa ley. (Piossek Prebisch, 2008)

Por esta ley quedaban parcialmente sin efecto las leyes 7.500 y 7.535, promulgadas en enero de 2005, que contemplaban el “Sistema de Protección del Patrimonio Cultural y de los Bienes Arquitectónicos” (Honorable Legislatura de Tucumán).

Los antecedentes inmediatos de esta protesta, pueden buscarse en la sanción de la Ley 7142 conocida como “Activo por Activo” promulgada el 29 de junio del año 2001. Por esta ley, bienes patrimoniales de la provincia podían ser enajenados y manejados discrecionalmente por el Poder Ejecutivo con la posibilidad de realizaciones inmobiliarias, sin controles formales de rigor. Así, en el año 2004 se resolvió aplicar la ley en el territorio de la ciudad capital.

La respuesta desde el ámbito de la cultura fue inmediata, presentándose Recurso de Amparo Colectivo por parte de la Junta de Estudios Históricos de Tucumán y de la Coordinadora por el Patrimonio, y notas del Rector y de la Facultad de Arquitectura de la UNT. Esta fue la causa de la promulgación de las dos leyes de 2005 mencionadas de protección del patrimonio.

El Juzgado Federal Nº 2 de Tucumán hizo lugar, en los primeros días de abril, a una medida cautelar ordenando al Poder Ejecutivo a no “alterar la situación jurídica o física de 7 inmuebles” del patrimonio cultural de la ciudad (La Gaceta, 04/04/08). Esta medida se concreta en el marco de una acción de amparo presentada por los abogados Pedro Manuel Pérez y José Manuel Páez, en representación de la Federación Económica de Tucumán y de la Federación de

Entidades Profesionales Universitarias de Tucumán. Los abogados habían cuestionado la constitucionalidad de las Leyes 7.900 y 7.955, de diciembre pasado, por la que se desafectaban una serie de inmuebles protegidos por las Leyes 7.500 y 7.535.

A pesar que el Poder Ejecutivo había derogado parcialmente la Ley 7.900, volviendo a proteger a 3 inmuebles, cuales son, la Dirección de Rentas, el del SIPROSA (casa Paz Posse), asiento del Sistema Provincial de Salud y la Secretaría de Educación (que ocupa una manzana), quedaban otros para una posible venta, los edificios de la ex Dirección de Comercio y de la ex Brigada de la Policía.

Los considerandos del Juez Mario Racedo resultan del todo contundentes, expresando que “resulta indudable que los bienes cuya protección se solicitan integrarían el sistema de protección del patrimonio cultural, conforme lo previsto por las leyes Nº 12.665/40 y Nº 24.252, razón por la que los amparistas se encuentran, en principio, con derecho a peticionar que no se altere el status jurídico y material de los inmuebles en cuestión”. (La Gaceta 04/04/08).

Análisis de la Ley 7.500/2005 que tiene por objeto el establecimiento de un “Sistema de Protección del Patrimonio Cultural de la Provincia de Tucumán”, sancionada por la Honorable Legislatura de Tucumán, el 29 de diciembre de 2004.

Esta ley tiene como fin establecer un sistema de protección que contemple la preservación, promoción y valorización del patrimonio cultural de provincia compuesto por los “bienes de valor histórico, artístico, arqueológico, paleontológico, antropológico, documental, paisajístico y científico tecnológico”, de la Provincia de Tucumán.

Estos “bienes inmuebles, muebles e intangibles, que componen el Patrimonio Cultural serán declarados de ‘Interés Cultural’.

La Secretaría de Estado de Cultura será la autoridad de aplicación, responsabilizándose por las políticas de preservación y expansión del patrimonio, estableciendo las “áreas protegidas” y de “reservas arqueológicas o paleontológicas”, garantizando el acceso a todos los ciudadanos a los bienes que integran el Patrimonio Cultural para su conocimiento.

Asimismo, coordinar accionas y celebrar acuerdos a fin de proteger el patrimonio; registrar las denuncias que se formulen sobre obras o trabajos que afecten a los bienes, y aplicar las disposiciones de la ley Nº 25.743 de la Nación.

En este sentido se crea dentro del ámbito de la Secretaría de Cultura una “Comisión Provincial del Patrimonio Cultural”, integrada por el Secretario de Cultura, y representantes de los entes siguientes: Honorable Legislatura, Consejo Provincial de Cultura, Dirección de Patrimonio de la Provincia, la UNT, la UTN y la UNSTA, y Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos.

Esta Comisión también entenderá en todas las cuestiones referidas a la declaración como bienes patrimoniales, siendo sus dictámenes vinculantes. En caso necesario, la Comisión podrá convocar a una Comisión Técnica ad hoc para la clasificación de los bienes.

Las atribuciones de esta Comisión Provincial se refieren a la propuesta de políticas de custodia, preservación y acrecentamiento del Patrimonio; a la celebración de convenios de cooperación con otros organismos; a proponer acuerdos con propietarios de bienes relativos a su custodia y protección; a la divulgación y formación ciudadana respecto del Patrimonio; a dictaminar sobre estudios de impacto ambiental; a realizar valuaciones de los bienes declarados Patrimonio Cultural y dictaminar sobre traslado y destino de los bienes.

La Ley 7.500 también prevé el “registro provincial del Patrimonio Cultural”, que será de libre acceso a los ciudadanos; y la inscripción de los bienes.

Un capítulo importante es el que se refiere a la “Declaración de Interés Cultural” de los bienes que, una vez declarado Patrimonio Cultural e inscripto en el Registro Inmobiliario, “un bien no podrá, por particulares ni por el Estado, ser transferido, gravado o enajenado total o parcialmente, ni constituirse derecho real o personal alguno sobre el mismo”. Tampoco podrá desvirtuarse la finalidad ni ser materialmente modificado, sin una autorización expresa de la autoridad de aplicación.

El capítulo VI denominado “De la preservación de los Bienes” referidos a piezas pertenecientes a particulares declaradas Patrimonio Cultural, su probable exhibición o traslado y hasta compra por parte del estado provincial. Quizá lo más destacado de este capítulo sea la “acción de amparo cuando se afecte el Patrimonio Cultural de la Provincia” que puede ejercer cualquier persona, cosa que viene ocurriendo en nuestra ciudad, como ya fue anotado más arriba, y la obligación dela necesidad de “efectuar el estudio de impacto cultural previo a la realización de obras públicas o privadas”, para “conciliar la utilidad de la obra con la conservación de los eventuales vestigios, restos y/o yacimientos arqueológicos, paleontológicos o paisajes culturales que aquella pudiera afectar”.

En relación con este capítulo de la ley, hemos tenido ya la amarga experiencia del atropello que sufrió hace dos años el ex Mercado de Abasto, declarado Bien inmueble del Patrimonio Cultural cuando fue destruido en casi en un 50% para construir en su lugar un centro de compras. Se levantó la denuncia por parte de la Comisión ad hoc de Patrimonio, pero no hubo caso, se siguió con la obra que en estos momentos está interrumpida.

Más adelante la Lay habla de la denuncia de los bienes descubiertos y del registro que deben llevar los Municipios y Comunas Rurales de los bienes culturales y su denuncia e información ante la autoridad de aplicación.

La concesión de autorizaciones para realizar excavaciones o investigaciones por parte de investigadores e instituciones reconocidas está contemplada en la Ley bajo la supervisión directa de la autoridad. En caso de autorizarse “una obra o emprendimiento determinado sobre alguno de los bienes incluidos dentro de las disposiciones de esta ley, se apartare de manera intencionada o no, de las condiciones establecidas por la autoridad competente, quedará obligado a recomponerlas y a restituir el bien en el estado en que lo hubiera recibido o descubierto”. Esto tampoco se cumplió con el Mercado de Abasto, que se demolió más de lo que se había autorizado, y la obra civil siguió adelante.

El tema de las penalidades por “destrucción total o parcial”, daño o alteración, saqueos o sustracción de los bienes protegidos, o el que desvirtuare su valor, será sancionado con una multa que no tiene ningún sustento racional, teniendo en cuenta el valor de esos bienes, equiparable al monto de un número de salarios de empleados públicos.

Para finalizar este análisis, la ley prevé un “fondo para la protección del patrimonio cultural” y unos “incentivos y fomentos” para los propietarios de un bien de interés cultural.

Análisis de la Ley 7.535 que tiene por objeto la creación de un “Sistema de protección de un conjunto de bienes integrantes del Patrimonio Cultural de la Provincia”, sancionada por la Legislatura de la Provincia de Tucumán, el 17 de diciembre de 2004

Los legisladores “entienden por bienes culturales a todos aquellos objetos y sitios que constituyen la expresión o testimonio de la creación humana, la evolución de la naturaleza y que tienen un valor arqueológico, histórico, artístico, científico o técnico”. Además, describen qué son estos bienes, y así lo expresan “son bienes culturales históricos-artísticos todas las obras del hombre u obras conjuntas del hombre y la naturaleza, cuya peculiaridad, unidad, rareza o antigüedad les confiere un valor excepcional desde el punto de vista histórico, etnológico, antropológico y paleontológico, así como obras arquitectónicas, escultóricas, pictóricas y las arqueológicas”.

A continuación se declaran 155 bienes, la mayoría de ellos en la ciudad capital de San Miguel de Tucumán, y comprenden edificios del centro político-administrativo-financiero-judicial; plazas y parques; poblados; ruinas; museos; edificios educacionales; hospitales; comisarías; mercados; cementerios y edificios ferroviarios como las estaciones.

Esta ley, por lo tanto, enumera los bienes hasta el momento de su sanción, no de una manera definitiva, porque expresa, que se pueden incorporar en el futuro otros bienes inmuebles, y será un anticipo jurídico de un sistema protección más completo del patrimonio cultural, materializado en la Ley 7.500, como vimos.

Así, prevé todo lo relacionado con la conformación de una Comisión Provincial del Patrimonio de Bienes Culturales, como autoridad de aplicación y con sede en la Secretaría de Estado de Cultura de la Provincia, autoridad que luego de la sanción de la Ley 7.500, recaerá en ésta Secretaría.

De igual modo con el registro, la declaración, la conservación, la custodia, de los bienes, las obras que pudieran afectarlos y su inmediata suspensión, y la creación de un Fondo del Patrimonio Cultural.

Análisis de la Ley 7.990 sancionada por la Legislatura el 21 de diciembre de 2007, que tiene por objeto la desafectación de las disposiciones de la Ley 7.535 de algunos inmuebles.

Así en su artículo 1º se desafectan de las disposiciones de la Ley 7.535 cinco inmuebles: Dirección de Rentas de la Provincia, SIPROSA, Dirección Provincial de Comercio, Cine Parravicini y manzana que ocupa la Secretaría de Educación.

El artículo 2º expresa “desaféctense” de las disposiciones del la Ley 7.142, promulgada el 29 de junio de 2001 y denominada Activo por Activo, los siguientes inmuebles: Manzana de la Secretaría de Educación, Dirección de Rentas de la Provincia, Dirección Provincial de Comercio, Títulos de la Secretaría de Educación.

Por el artículo 3º se autoriza el PE a “disponer la enajenación de los inmuebles”: Rentas, SIPROSA, Comercio, Cine, Manzana Educación y Títulos.

Los artículos 4º y 5º autorizan a la Caja Popular de Ahorros a “disponer la enajenación de los inmuebles” de Comercio y del Cine; y al SIPROSA del inmueble que ocupa.

Estas venta se realizarán por “licitación pública” y la “finalidad de las ventas y de los fondos obtenidos de las mismas será para desarrollo urbano y social “, aclarando que el PE, la CPA y el SIPROSA, “en su caso, podrán fijar el destino preferente de la venta”.

Esta Ley dio motivo, como lo expresamos, a la inmediata respuesta, a través de las marchas, de muchos tucumanos que en un primer momento representaban al ámbito de la cultura, pero que luego se sumaron representantes de diversos organismos e instituciones tanto provinciales como nacionales, y hasta familias enteras.

Por todo ello, el Poder Ejecutivo y la Legislatura, reconsiderando la “desafectación de las disposiciones de la Ley 7.535 cinco inmuebles”, sancionan la Ley 8.043 del 17 de marzo de 2008, donde expresa en su artículo 2º “Aféctense nuevamente los inmuebles de Rentas, SIPROSA y Manzana de Educación”. Pero se puede advertir que siguen afectados el cine Parravicini y Comercio.

 

Consideraciones finales

Hasta aquí podemos concluir por un lado, que San Miguel de Tucumán y más específicamente su centro histórico, transmite hoy una imagen compleja, sin una identidad

definida; resultado de la yuxtaposición de construcciones y obras, en respuestas a las ideas y necesidades de las diferentes etapas que han permitido su configuración como centro urbano.

Que en la actualidad la centralización funcional y el incumplimiento de las reglamentaciones vigentes, provoca el reemplazo de los edificios o sitios más significativos de nuestro pasado, por modernas obras en discordancia con las características de cada sector de la ciudad. Por otra parte, la remodelación de algunos de ellos, a través de las nuevas fachadas, vidrieras y marquesinas, resultan en disconformidad total con la ciudad histórica que pretendemos preservar.

A lo que debemos agregar el estado de deterioro de los inmuebles y sitios existentes, producto de un uso inadecuado, especialmente aquellos de propiedad estatal como sede de organismos de gobierno, instituciones culturales, deportivas, recreativas, parques y plazas, entre otros. Aunque, actualmente, se observan atisbos de una mayor preocupación para mejorar esta situación, comparada con las gestiones anteriores.

Este proceso asociado a la centralización funcional, al incumplimiento de la legislación vigente, han provocado un crecimiento anárquico, la pérdida de sus valores arquitectónicos, históricos y ambientales. Y en consecuencia, se evidencia una disminución de la calidad del paisaje urbano y, de manera especial, la de su centro histórico.

Por otro lado, ante la cuestión originada por la enajenación del patrimonio provincial, nos preguntamos ¿Qué debemos hacer?. Cambiar los hábitos de comportamiento de los ciudadanos, a través de una educación honesta, porque el modelo que transmiten los políticos y gobernantes en la Argentina de hoy, incluido los de Tucumán, nos conduce a esta situación de confusión. El Bien Común, donde el Patrimonio forma parte de él, ha perdido el sentido de su valor y se ha confundido su formalidad, su finalidad. Ahora se puede disponer de él a su antojo, sin importar el simbolismo que representan esos distintos tipos de bienes culturales para la sociedad.

Las 16 marchas en defensa del Patrimonio que se realizaron alrededor de la Plaza Independencia, todos los viernes a partir de las 21:00 horas desde el 21 de diciembre de 2007 y hasta el 04 de abril de 2008, son una expresión de las señas de identidad, de la herencia, de la memoria y de la cultura que siente el pueblo tucumano, y que los dirigentes de la sociedad deben escuchar.

La nueva onda de la globalización nos ha dejado una dura enseñanza, “el desplazamiento de poder político al poder económico, con lo que la finalidad deja de ser el bien común para ser el lucro….así, la sociedad y la cultura serán subordinadas a la economía de mercado” (González de Zuttión, 2001,s/p)

Creemos que ante los profundos cambios que afectan a la sociedad y ante las continuas amenazas a que se halla sometido este patrimonio, es que entendemos la importancia del reconocimiento social, la puesta en valor y el aprovechamiento de esta herencia común y nuestra obligación como sociedad, de rescatar y conservar este legado para nuestro beneficio y para las generaciones venideras

 

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Ponencia presentada en las X Jornadas Cuyanas de Geografía. La geografía frente a la necesidad de integrar territorios y voluntades. Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad nacional de Cuyo. Mendoza, Argentina - 28 al 31 de mayo de 2008.