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Asunto:NoticiasdelCeHu 342/08 - La cuestión nacional en el Cáucaso y en Geo rgia ( Isaac Bigio )
Fecha:Viernes, 5 de Septiembre, 2008  19:58:04 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <ncehu @..................ar>

NCeHu 342/08

www.centrohumboldt.org.ar


Origen de los problemas en la región más multicultural del globo

La cuestión nacional en el Cáucaso y en Georgia

Isaac Bigio (*)
Rodelu.net, 17/08/08

www.socialismo-o-barbarie.org


 

Usualmente se suele hablar de la raza caucásica para referirse a los humanos de tez blanca. El Cáucaso es una cadena de nevados que separa a Europa y el Asia. Se supone que de allí se esparcieron hacia el resto del mundo la gente de piel color de nieve. Sin embargo, esta región tan transitada también es una de las que más ha recibido el flujo de tantos cientos de pueblos que han pasado entre las estepas de Europa del este y las mesetas, ríos y desiertos del Medio Oriente.

Enjambre caucásico

El ser un puente lleno de valles separados por montañas ha transformado al Cáucaso en el rincón más multi–cultural del planeta. Este es el lugar de Europa donde hay más naciones musulmanas y también el único (que en su periferia norte) tiene un pueblo de fe budista y lengua mongola (los kalmukos).

Allí hay naciones de lenguas turcas (como los de Azerbaiyán) que originalmente provienen del Asia Central. También hay enclaves de pueblos de lenguas griega o iraní. Hasta la II Guerra Mundial había áreas totalmente germanas en la cuenca del Volga (el mismo que desemboca en el Mar Caspio que da al Cáucaso). Hay por lo menos veinte lenguas originarias en el Cáucaso que tienen muchos hablantes (aunque de ellos solo los georgianos cuentan con un Estado propio). Los armenios son un pueblo nativo pero con otra matriz lingüística y que cuenta con su propio alfabeto e iglesia (la misma que se jacta de ser una de las primeras que tuvo el cristianismo). Los rusos tienen enclaves en distintas partes y especialmente en el norte del Cáucaso. En esta zona se usan diversos alfabetos tan distintos (el latino, el cirílico eslavo, el árabe–persa o el armenio).

Este enjambre de pueblos ha hecho que esta zona muchas veces se tiña de sangre. Los armenios, por ejemplo, fueron el primer pueblo en sufrir genocidio en una guerra mundial (durante 1914–18 un millón y medio de ellos fueron exterminados por Turquía).

La solución bolchevique

Durante la revolución rusa los bolcheviques quisieron ganar a todos los pueblos del Cáucaso y del antiguo imperio zarista prometiéndoles liberarles del yugo ruso y de darles autodeterminación nacional. Muchos de estos pueblos (sobre todos los que tenían muchas tradiciones nómades) apoyaron inicialmente a los opositores de Lenin y él buscó atraerles ofreciéndoles autonomía y redistribución de tierras.

Sin embargo, los ‘rojos’ invadieron Georgia en 1921 (la misma que entonces tenía un gobierno socialdemócrata) planteando que la autodeterminación nacional quedaba supeditaba a las necesidades de defender al ‘primer Estado obrero’ frente a la ‘contra–revolución pro–imperialista’.

Los comunistas oficializaron todas las lenguas y en algunos casos crearon sus primeros alfabetos, escuelas y bibliotecas. Ellos también crearon 3 repúblicas soviéticas en el Cáucaso (Armenia, Azerbaiyán y Georgia). Las tres estaban pobladas mayoritariamente por pueblos con idiomas y tradiciones religiosas disímiles. Azerbaiyán se convirtió en un lugar muy importante gracias a sus pozos petroleros y a que su capital (la industrializada Bakú) fue el reducto de la ‘ofensiva proletaria’ hacia el mundo musulmán.

Además, a los otros pueblos del Cáucaso se les permitió tener ‘repúblicas socialistas autónomas’ dentro de otras repúblicas soviéticas. Dentro de Georgia habían dos: Abjasia (en la frontera noroeste con Rusia) y Azdaria (en la frontera suroeste con Turquía); además de la región especial (‘Oblast’) de Osetia del Sur. Azerbaiján y Armenia quedaron extrañamente separadas y entrelazadas. Una zona armenia (el Alto Karabakh) quedó dentro de Azerbaiján y el oeste de Azerbaiján (Nakhchiván) quedó separado del resto de la república debido a Armenia.

En el Cáucaso norte dentro de la federación rusa quedaron las repúblicas autónomas socialistas de Chechenia e Ingushetia (luego separadas), Dagestán, Kabardino–Balkaria, Kalmukia y Osetia del Norte. Todas estas entidades, además de Adiguesia y Karacháevo–Cherkesia, han adquirido el rango de repúblicas dentro de la actual Rusia.

Dagestán apenas tiene 2,5 millones de habitantes pero allí se hablan unas 50 lenguas autóctonas, aunque ninguna de ellas llegue a ser el idioma madre de aunque sea un 30% de su población.

Tras la muerte de Lenin un caucásico (el más famoso que haya producido la historia, el georgiano José Stalin) se convirtió en el nuevo dictador soviético y él fue adoptando una extrema dureza contra las distintas nacionalidades buscando impulsar formas de ‘rusificación’. Muchos caucásicos, y sobre todo ucranianos, perecieron durante la ‘colectivización forzosa’. Cuando se desataron la II Guerra Mundial y la invasión nazi muchos pueblos caucásicos, al igual que los tártaros de Crimea o los alemanes del Volga, fueron deportados. Algunos, como muchos chechenes, volvieron. Las repúblicas socialistas autónomas de los tártaros y los germanos no solo fueron borradas del mapa sino que sus poblaciones fueron étnicamente limpiadas.

La caída del bloque soviético

El primer conflicto étnico que generó el desbande soviético ocurrió, precisamente, en el Cáucaso. En 1988 el Alto Karabakh, una región armenia en medio de Azerbaiyán, planteó su fusión con el resto de Armenia. La crisis produjo movilizaciones de masas, las mismas que luego fueron contagiando a Europa del Este y al oeste soviético. En 1991 la situación de dicha región generó una guerra entre las nuevas repúblicas independientes de Armenia y Azerbaiyán.

Cuando a fines de 1991 la Unión Soviética se desintegra, todas sus 15 repúblicas constitutivas de declaran independientes. Sin embargo, quedaba pendiente la situación de las regiones y repúblicas autónomas dentro de éstas. Varias de ellas se declararon independientes. Algunas, como el Alto Karabakh (en Azerbaiyán) o Abjasia u Osetia del Sur (ambas en Georgia), se han mantenido como repúblicas soberanas de facto, pese a que nadie les reconoce internacionalmente. Esta situación es similar a la de Transdniestria (la república rusófila oriental de Moldavia).

Rusia no se ha opuesto a éstas y en la mayoría de los casos las ha alentado buscando mantener una serie de satélites amigos que cuestionen los intentos de Georgia o Moldavia de acercarse a la Unión Europea y a la OTAN.

Sin embargo, dentro de su territorio se opone a cualquier forma de independencia de las repúblicas caucásicas, aunque eso haya llevado a la guerra más cruenta de todas en dicha región. Esta es la de Chechenia, la misma que ha conducido a la demolición de su capital y a que Moscú sea atacada por grupos de terror chechenos.

Hay repúblicas caucásicas en Rusia que están contentas en este país. Osetia del Norte, por ejemplo, más bien se siente agradecida que Moscú proteja a sus connacionales que viven en Georgia y que les haya ofrecido a éstos pasaportes rusos.

El ejemplo de Kosovo

Desde 1991 en adelante todas las 3 repúblicas socialistas de Europa oriental (URSS, Yugoeslavia y Checoeslovaquia) se desintegraron y todas sus 23 repúblicas componentes ya han sido reconocidas como miembros de las Naciones Unidas.

Osetia

Los 700,000 osetios son la única nación del Cáucaso que tiene una lengua iraní, aunque están lejos de Irán y no son musulmanes sino cristianos ortodoxos. Cuando la Unión Soviética se desintegró en 1991 Osetia del Norte se quedó en Rusia y Osetia del Sur en Georgia. Empero, esta última se independizó de Georgia, ratificó ello en un popular referendo y ha mantenido una soberanía de hecho.

Occidente ha reconocido que Kosovo se independice de su rival Serbia, pero se niega a contemplar que Osetia del Sur y Abjazia se separen de su aliada Georgia, cuyo presidente Saakashvili quiere que su país entre a la OTAN y acaba de hacer volver a sus 2,000 tropas desde Iraq.

Saakashvili, más bien, aprovechó el inicio de las olimpiadas para re–ocupar Osetia del Sur. Rusia ha respondido con rapidez y firmeza porque no quiere seguir retrocediendo en sus áreas de influencia, porque no está tranquila que Occidente haya inaugurado un ducto que saca gas desde el Mar Caspio hacia el Mediterráneo sin pasar por su suelo y porque no quiere que la OTAN y la UE sigan reclutando ex Estados soviéticos.

George y Georgia

Tras la desintegración de la Unión Soviética casi todos los gobiernos de Europa oriental han girado hacia la Unión Europea y hacia la OTAN. Las excepciones han sido Serbia, Bielorrusia y Rusia, quienes, si bien han restablecido el capitalismo, aún quieren mantener un rumbo distinto al que preconizan Washington o Berlín. Serbia ha quedado más aislada después que recientemente Montenegro y Kosovo se le han separado buscando entrar en la euro–zona. Rusia ha venido viendo como sus antiguas dependencias ex soviéticas a su oeste (como Lituania, Letonia, Estonia, Moldavia y Ucrania) giran en torno a la UE.

El presidente de Georgia Saakashvili, por su parte, se ha convertido en el mayor hincha de George Bush en el Cáucaso. A Rusia le inconforma ello y que hoy este país sea el puente por el que pasa un ducto que conecta los hidrocarburos del Mar Caspio con el Mediterráneo sin pasar por su territorio y rompiendo el monopolio gasífero ruso hacia Europa.

Para contrarrestar el avance de EEUU en su entorno, Moscú ampara a dos regiones separatistas de Georgia (Osetia del Sur y Abjasia). Estas dos, al igual que Transdniestria en Moldava, son repúblicas independientes de facto, aunque la ONU no les reconozca. Ahora que Occidente acepta la soberanía de Kosovo, Rusia quisiera pedir que estas naciones también tengan el derecho a la autodeterminación.

En Serbia George Bush impulsó la escisión de Kosovo, mientras que en Georgia hace lo opuesto. El hoy es incapaz de enviar tropas a socorrer a su aliado, pero necesita evitar que él sea derrocado y que la ofensiva militar rusa sea 'contenida' sin que escale más.

Nuevos Kosovos

La ONU reconoció la independencia de las 23 repúblicas que antes formaron parte de las federaciones socialistas de Checoeslovaquia, Yugoeslavia y la URSS. Sin embargo, dudaba en aceptar la soberanía de algunas regiones internas que estas repúblicas hubiesen tenido.

Una vez que se ha reconocido la separación de la provincia de Kosovo ante Serbia, entonces se abre la posibilidad legal para que otras naciones que ejercen una independencia de facto busquen entrar a la ONU. Estos son los casos de las repúblicas pro–rusas de Transdniestria en Moldavia y de Abjasia y Osetia del Sur en Georgia.

Washington aceptó la independencia de Kosovo porque quería minar a su rival serbio y porque ésta quiere entrar a la UE. Sin embargo, no puede aceptar dividir a países amigos como Moldavia y, especialmente, Georgia.

Rusia se erige como el gran protector de esas tres repúblicas, aunque en su propio territorio ha reprimido brutalmente a Chechenia cuando ésta declaró su soberanía. La autodeterminación nacional es un principio que proclaman Bush y Putin pero que ambos supeditan a sus ambiciones.

La fragmentación estatal es una forma de quebrar la anterior economía estatizada y planificada para dar paso a economías de mercado y a nuevas clases empresariales locales insertas en la globalización.

Ante el avance de la Unión Europea y de la OTAN que buscan ir cooptando a todas las nuevas repúblicas post–soviéticas en su seno, ha habido dos importantes resistencias: una es la de Rusia–Bielorrusia y otra es la de Serbia.

Esta última no ha rechazado el retorno al capitalismo, sino hacerlo bajo las condiciones de una Unión Europea dominada por Alemania.

Históricamente hay una relación entre el pan–eslavismo y el pan–germanismo. Cada vez que Alemania busca unirse y fortalecerse ésta requiere dividir a los eslavos del sur para ganar sus antiguas zonas de influencia en lo que antes fueron dependencias de Austria (tales como Eslovenia, Croacia o Bosnia). Cada vez que Berlín pierde una guerra Belgrado busca, más bien, unirse con esas naciones eslavas.

En su avance el eje Berlín–Viena ha logrado presionar para desintegrar a Yugoeslavia y aislar a Serbia. Ahora Occidente ha reconocido la independencia de Kosovo, una provincia que nunca tuvo antes el rango de república o estado autónomo en toda la historia.

Esto es un cambio en los principios internacionales, el mismo que abre la compuerta para que otras regiones que no fueron repúblicas dentro de la antigua Unión Soviética reclamen que se les reconozca su independencia de facto.

Hay tres casos muy claros: Transdniestria (una república eslava pro–rusa en el este de Moldavia) y Osetia del Sur y Abjasia (en el norte de Georgia). Mientras que Kosovo consiguió una independencia de facto recientemente y tras una ocupación militar extranjera, estos 3 países tienen una soberanía ganada desde inicios de los 1990’s.

Ninguno de ellos es reconocido por ningún otro país (algo que hace su situación legal más difícil que incluso la república turca del noreste de Chipre que solo es aceptado por Ankara). Sin embargo, dado el precedente de Kosovo éstos tienen todo el derecho de solicitar querer entrar a la ONU.

No obstante, Rusia no les anima a tal camino porque aceptar el derecho de la partición de las repúblicas post–soviéticas implicaría que Chechenia quisiese hacer lo mismo dentro de Rusia y eso permitiese que otras naciones de su Estado quisiesen seguir tal ejemplo.

La estrategia rusa consisten en mantener a estas ‘repúblicas’ como poderes independientes de facto, pero que no anuncien separarse de sus respectivos Estados, al mismo tiempo que Moscú les usa como instrumentos para minar a gobiernos que sean pro–Unión Europea.

El oro negro

El Medio Oriente es el principal reservorio de petróleo del planeta. El Cáucaso, que está en su encima, llegó a serlo a inicios del Siglo XX, y aún en su entorno mantiene cuantioso potencial.

Turkmenistán, que está en la costa oriental del Mar Caspio, es el Kuwait post–soviético y Occidente no le hace mayor problema pese a tener el régimen más autocrático y personalista de la zona. Azerbaiyán en la costa occidental produce gas que Occidente necesita.

Rusia siempre quiso ser el territorio por donde pasasen los gasoductos y que mantuviese una suerte de monopolio en la producción o exportación del gas del antiguo mundo soviético hacia la Unión Europea.

Sin embargo, recientemente se terminó de construir un largo ducto que conecta las plantas de hidrocarburos de Azerbaiyán en el Mar Caspio con el Mediterráneo, a través de Turquía, sin tener que pasar por Rusia, gracias a que Georgia les ha habilitado su territorio.

La guerra de Chechenia fue cruenta porque por su zona o su entorno debía fluir el gas que iba de los mares Caspio al Negro. La actual guerra georgiana también tiene un sabor a oro negro por que Rusia no ve con agrado el nuevo ducto y menos aún que EEUU trate de hacer que otra de las repúblicas ex soviéticas entre a la OTAN.

Antes con mucho desagrado pero con impotencia ha visto como todas sus antiguos dependencias o satélites de Europa del este han acabado entrando a la OTAN o a la UE, pero no quiere que ello acontezca en otras zonas, como el Cáucaso que es el puente entre Europa y la Mesopotamia.

Actual guerra y perspectivas

Al inicio de las olimpiadas Georgia envió a sus tropas para re–posesionarse de Osetia del Sur (entidad a la que ni si quiera reconoce como tal nombre). Así el presidente Mijail Saakashvili pretendía consumar su objetivo de intervenir en las regiones separatistas de Osetia del Sur y Abjasia aprovechándose de una coyuntura internacional favorable.

No obstante, Rusia respondió con firmeza y rapidez enviando sus tropas para ‘liberar’ Osetia del Sur y bombardear zonas georgianas aledañas.

Ante el peligro que Rusia quisiese tomar la capital (Tiblisi) y derrocar al presidente pro–Bush, Condi Rice les respondió que no estamos en 1968 y que Georgia no puede ser Praga. Efectivamente, no hay una paridad soviético–estadounidense sino una clara supremacía de EEUU. Por otro lado, Georgia no está atada a Moscú tras un Pacto militar como el de Varsovia. Más bien, apunta a aliarse con Ucrania para entrar juntas a la OTAN.

Rusia no se atreve a ocupar Georgia por temor a generar una situación peor que la de Chechenia, mientras que corre el riesgo de ser expulsado del Grupo de los 8 y de que varios de sus intereses en Occidente queden congelados.

Más, tampoco puede recular por que necesita demostrar que sigue siendo la superpotencia de la zona y que no se puede aplastar a sus aliados.

Las posibilidades de una guerra total quedan descartadas, aunque se vuelve a un escenario similar a la de la guerra fría. Esta vez no hay una contradicción entre dos sistemas antagónicos (uno basado en una economía estatizada y planifica con un partido único y otro en el capitalismo liberal) sino entre dos variantes de una economía de mercado y entre dos perspectivas geopolíticas (la de Occidente que quiere fortalecer la influencia de EEUU y la UE en el mundo y Rusia que quiere bailar con su propio pañuelo en la política mundial y mantener sus propias corporaciones empresariales).

Georgia demanda entrar rápido a la OTAN y que ésta envíe allí tropas. Afirma que no quiere quedar aislada y ocupada como pasó en 1921. Por su parte Occidente no se atreve a tal medida para no provocar una mayor confrontación. Putin, por su parte, no se atreve a ocupar Georgia y lo que quiere son garantías para que no se vuelva a ocupar las republiquetas aliadas de Sud–Osetia o se intente hacerlo con Abjasia, así como crear obstáculos para que Georgia o Ucrania se sumen a la OTAN o a la UE.

La autodeterminación de las naciones seguirá siendo una bandera que Moscú y Washington usen, abusen o nieguen a su antojo. Cuando a Bush le convenga la desplegará en Kosovo aunque la negará para los osetios y los abjases. Lo opuesto pasa con Putin.

Londres, 14 de agosto de 2008


(*) Isaac Bigio es un analista internacional formado en la London School of Economics & Political Sciences.