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Asunto:NoticiasdelCeHu 107/02
Fecha:Lunes, 25 de Febrero, 2002  22:52:00 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

CUADRO DE SITUACIÓN

 
  La inminencia de la "híper"  y de un nuevo derrumbe político
                       
    Jorge Altamira
 

Al cumplirse los dos meses de la sublevación popular y luego de 45 días de gobierno peronista, la desorganización económica es más intensa que nunca. Duhalde ya ha fracasado en toda la línea; la incapacidad para superar el proceso de la disolución económica, condena al presente gobierno a la caída.
 
Desorganización económica
La llamada pesificación ha generado un completo derrumbe de las relaciones comerciales; que no ha servido para desmontar el "corralito", lo demuestra precisamente la salida constante de depósitos bancarios y la fuga de los pesos hacia el dólar. Ha liquidado tambien los contratos privados, ante la natural demanda de los deudores de que sus pasivos se conviertan 1 a 1 y la de los acreedores que exigen el cumplimiento original de los compromisos dolarizados. Para reforzar todavía más esta quiebra de las relaciones contractuales capitalistas, el gobierno aceptó la exigencia de los exportadores de cobrar en dólares los 700 millones que el Estado les adeudaba en concepto de devolución del IVA y de otros reintegros. Este desvergonzado negociado con los grupos capitalistas más poderosos, que por otro lado vieron pesificadas sus deudas bancarias y que reclaman lo mismo con sus deudas internacionales, sólo ha servido para acentuar las disputas comerciales entre quienes no aceptan la desigualdad de trato, además de que vacía aún más las arcas del Tesoro y del Banco Central. ¡No sirvió, sin embargo, para que los exportadores liquidaran
las divisas obtenidas por las ventas al exterior, a pesar de la disposición legal que los obliga a hacerlo! Como consecuencia de este boicot de los Cargill, Techint, Perez Companc, Arcor, el dólar se está disparando a pesar de la parálisis del mercado de cambios que es provocada por la falta de circulante.
La desorganización económica creciente se manifiesta en los continuos cierres de empresas, en los despidos masivos y en la inminente quiebra de los bancos. El "corralito" le dio un golpe de muerte al trabajo informal o en negro, afectando brutalmente a una gran parte de los trabajadores semidesocupados (y hay gente que dice que el "corralito" es una preocupación exclusiva de la clase media aventajada).
 
La quiebra del Estado
Ya se habla de la seudonacionalización del Banco Galicia, que sería asimilado por el Nación. A través de éste, el Estado asumiría la enorme cartera de créditos incobrables del Galicia y, por sobre todo, su fantástica cartera de títulos públicos desvalorizados, con lo cual estaría amortizando por anticipado una parte de la deuda externa a pesar de haber declarado la cesación de los pagos de ella. Las quiebras bancarias probablemente se aceleren a partir de la disposición que permite usar dinero del "corralito" para la compra de bienes registrables, esto porque provocaría un retiro de depósitos de los bancos más débiles y su traslado, por parte de los que vendan esos bienes, a bancos más sólidos. Una asimilación del Galicia por el Nación agravaría la insolvencia de éste y de los bancos públicos en general.
No solamente se ha agravado la crisis fiscal como consecuencia de la caída de la recaudación que provoca el parate económico (la caída del PBI para el año se calcula entre un 15% y un 20%). El gobierno, para peor, sigue aceptando que el pago de impuestos se pueda hacer con títulos de la deuda externa que valen un 80% menos que el valor que les reconoce el Estado. También tiene que aceptar los diversos bonos-monedas y en particular el Lecop. Contabilizado en pesos el déficit
fiscal es abismal y sólo podría financiarse con una emisión monetaria descontrolada.
Pero no es el déficit fiscal lo que está provocando ese descontrol, sino el sostenimiento del sistema bancario quebrado. Los bancos ya han recibido unos 11.000 millones de pesos del Central, que acepta a cambio los títulos desvalorizados que tienen los bancos, a su valor original. En los últimos sesenta días, el Central ya ha emitido el 80% de lo que tiene autorizado para todo el año, o sea dos mil millones de dólares. A este ritmo la hiperinflación está a la puerta. Las reservas del Central se reducen a papel pintado. La bancarrota ha puesto al desnudo el carácter confiscatorio de la jubilación privada: con la pesificación, los aportes forzados de los trabajadores se han desvalorizado en un cincuenta por ciento y lo mismo ocurre con los pagos de las AFJPs y compañías de seguros a los que se van jubilando. Es muy claro que las autoridades del Central están generando concientemente un estallido hiperinflacionario, cuyo ritmo está en gran parte condicionado a las maniobras políticas que se preparan para tumbar a Duhalde y reemplazarlo por gente directamente designada por el Tesoro norteamericano.
 
"Default" político
La emisión de falsa moneda no para: los bonos provinciales y Lecops alcanzan al 30% del circulante *unos 4.000 millones de pesos. En todos lados se aceptan sólo con descuento; en Corrientes y en Entre Ríos llega ya al 45%. La hiperinflación comienza por el lado de la moneda basura. El desabastecimiento de medicamentos, que empieza a ser brutal, cuenta con la complicidad del gobierno; no en vano los llamados laboratorios nacionales (CILFA) constituyen una parte importante de la base social de Duhalde. En consecuencia, el gobierno ha decidido reducir la prestación médica obligatoria de las prepagas y obras sociales, dejando a la población en la vía. Del mismo modo, la producción de los llamados genéricos, siempre escasa, introduce un medi camento inferior para pobres y deja a la población sin el acceso a las drogas más importantes. Con el aumento de los combustibles, se generalizará ahora el proceso de la inflación y el desabastecimiento a una escala mayúscula.
Lo dicho hasta aquí demuestra que la experiencia de Duhalde y del gobierno peronio-radicheta-frepasoide, ha ingresado en el "default" político. El Banco Central no puede regular la circulación monetaria, porque no puede fijar una tasa de interés oficial, porque nadie aceptaría un título del Estado emitido por el Banco. En estas condiciones, es apenas un canal de emisión hiperinflacionario, una licuador de las deudas de los bancos y un mecanismo de fuga de capitales y liquidación de reservas, en definitiva un instrumento de disgregación social. Tampoco puede haber un Presupuesto, por la simple razón de que el Estado debería reconocer en esas cuentas el jubileo de deudas de los Techint, la compensación a los bancos por la pesificación, el seguro de cambio por las deudas privadas externas, o sea cerca de 100.000 millones de pesos ¡tres veces más que el más optimista de los cálculos de recursos! En una monumental muestra de ingenuidad, Duhalde cree que la salida a la crisis presupuestaria podría pasar por reducir al 35% la coparticipación de impuestos a las provincias, cuyas deudas bancarias, de paso, pesificó a 1.40, cuando a los capitalistas les dio el uno a uno.
 
Yanquis, con pulgar para abajo
Pero la más idiota de las suposiciones de Duhalde es que el Tesoro norteamericano podría financiarle, con un préstamo internacional, el jubileo a los capitalistas locales y a los bancos. Para el capital internacional la bancarrota argentina es una oportunidad para ejercer su derecho de acreedor sobre los activos nacionales; para eso necesita que la bancarrota llegue hasta el final, no detener su curso.
Este mismo punto de vista lo sostiene frente a la crisis japonesa; tiene que ver con las leyes de la concentración capitalista y con la supremacía que han alcanzado unos pocos pulpos financieros internacionales. Por eso el Tesoro yanqui exige la derogación de la ley de quiebras y que los trabajadores carguen con todos los costos de la crisis; este resultado no se obtiene con un "presupuesto equilibrado" o con "un Banco Central independiente", que no son más que palabras, sino con una hiperinflación y una megadevaluación. Sólo después de esto vendrá el préstamo internacional. Pero la híper y la mega serían el final de la experiencia duhaldista.
La descomposición capitalista, que adquiere cada vez más un carácter internacional, coloca a la clase obrera, al movimiento piquetero, a las asambleas populares y a las masas todas, de cara frente a la crisis política inminente. En el escenario se dibuja un "replay" acentuado del 19 y 20 de diciembre. La burguesía internacional está armando un recambio con los Reutemann, López Murphy, De la Sota y Solá, de la mano de las fuerzas armadas y de seguridad. El golpe vendría esta vez acompañado de elecciones nacionales y se justificaría como una salida última al "caos hiperinflacionario".
 
Las Asambleas frente a la crisis
Esto plantea que el ritmo de desarrollo del movimiento popular, a partir de su creciente conciencia y de la creciente autoridad de las organizaciones territoriales de base y piqueteras, se verá espoleado y acicateado por la crisis de conjunto. Para no dejarnos "madrugar" por el agravamiento de la crisis desde arriba y por las operaciones que realizan los de arriba para cabalgar sobre un escenario de catástrofe, armado por ellos mismos, es necesaria una consigna de conjunto, o sea un eje político unificador del pueblo. A esto responde el planteo de echar a Duhalde y al conjunto del régimen saqueador y que una Asamblea Constituyente se haga cargo del poder en todos los órdenes.
Mientras las asambleas populares y piqueteras se desarrollan al ritmo que les dicta la asimilación de la crisis cotidiana, ellas se enfrentan por otro lado a una precipitación de la crisis de conjunto y política general, que exige como respuesta una consigna nacional. Exactamente por estas razones, la nueva etapa verá la irrupción de luchas del propio movimiento fabril, como muy inteligentemente lo plantearon en la Asamblea Piquetera del fin de semana pasado, la CGT de San Lorenzo y el Sindicato Ceramista de Neuquen. O sea que, en condiciones nuevas y explosivas, se abre paso la huelga general.
En esta misma medida, se abre la perspectiva de un congreso nacional de las asambleas piqueteras y las asambleas populares, con los comités de fábrica y empresa y los sindicatos combativos, no para el ejercicio alegre de la "democracia directa", sino como un instrumento directo de lucha.
La consigna de la Constituyente tiene una importancia mayúscula para que las asambleas populares y piqueteras y el movimiento fabril, puedan convertirse en una alternativa de poder, porque sólo esta capacidad de ofrecer una salida de conjunto las puede poner en una situación de alternativa nacional, en contraposición a las salidas truchas o reaccionarias directas de la burguesía. Cuando todavía no están reunidas las condiciones para oponer los explotados a la burguesía en términos de socialismo o capitalismo, o de dictadura burguesa versus dictadura proletaria, sirven a ese propósito fundamental las consignas de la democracia, como la Asamblea Constituyente soberana. Estamos reconociendo con ello el carácter transicional de la situación política y de la evolución de las masas; no es una consigna que ata al pueblo al Estado capitalista en descomposición, sino que lo ayuda a enfrentar y a derrocar a ese Estado.
 
Siempre, la cuestión del poder
La Constituyente soberana sirve para plantear el problema del poder en las condiciones concretas de la crisis; ninguna otra consigna tiene esa capacidad, y por eso se aparta enérgicamente de la pura prédica y del propagandismo. Al decir fuera el gobierno saqueador, asamblea constituyente; no a elecciones parciales y truchas, asamblea constituyente; no a una asamblea constituyente que coexista con el gobierno de turno, asamblea soberana; no a una asamblea limitada, asamblea constituyente en la nación, provincias y municipios; al decir esto, desbaratamos todas las maniobras concretas y realmente existentes de la burguesía y de la pequeña burguesía contra las masas en lucha.
La lucha de la clase obrera, del pueblo y del movimiento piquetero está enteramente condicionada por la perspectiva de un nuevo derrumbe político. Por esto, constituye un verdadero despropósito la política de la CTA, de procurar un acuerdo con el gobierno en torno al presupuesto, o de la CCC y del FTV, de arribar a "un acuerdo por separado", con Duhalde y la Iglesia, para obtener un reconocimiento legal como organizaciones oficiales de desocupados. Es muy acertada la posición
de la Asamblea del Bloque Piquetero que denuncia con exactitud el desvarío de esta política y su potencial carácter anti-obrero, y llama a las organizaciones mencionadas a abandonar esa política y unir a todo el movimiento piquetero en una lucha común



Extraído del Semanario Prensa Obrera, Nro 742, del 21 de febrero de 2002.