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Asunto:NoticiasdelCeHu 08/02
Fecha:Martes, 15 de Enero, 2002  20:02:29 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 

ARGENTINA:
LAS DEBILIDADES DE UNA DIRIGENCIA.
Escribe Humberto Tumini
(Secretario General de la Corriente Patria Libre)

Cuando en los primeros meses del año pasado De la Rúa convocó a Cavallo a ser ministro de Economía de su gobierno (dicho sea de paso, con el apoyo de Chacho Álvarez, de Duhalde, del "grupo productivo" encabezado por De Mendiguren y hasta por el propio Alfonsín, que se comió ese sapo diciendo que el Mingo ya no era el mismo, que se había vuelto "keynesiano"), era claro que la crisis del modelo neoliberal argentino marchaba hacia un salto en calidad. El FMI, los grandes bancos y las empresas privatizadas no aceptarían ninguna "heterodoxia" (o, en otras palabras, ningún recorte, aunque fuera mínimo, a sus ganancias). Las propuestas de FIEL y del CEMA, propagandizadas por López Murphy y otros personajes similares, eran sus irreductibles banderas. Pero por otro lado, a los grandes empresarios nacionales, a los que Cavallo intentó expresar en ese nuevo paso por el gobierno y que como una triste reedición ahora representan Duhalde y Remes Lenicov, sólo les interesaba la porción de la torta que podían retener ellos. Respecto de lo que le tocaba al pueblo, pensaban igual que sus "adversarios" del establishment: recortes y ajustes. Claro, no era esto lo que estaban dispuestos a aceptar los desocupados y humildes de la sociedad, los trabajadores o la clase media.
El choque era entonces absolutamente inevitable. Sus actores principales, aunque eso a veces no se proyectaba con nitidez, eran -y son- los dueños del poder económico, por un lado, y el pueblo agredido por ellos desde hace décadas, por el otro. La mortadela del sándwich, el gobierno aliancista, antes, y el justicialista de Duhalde, ahora; siempre dispuestos a satisfacer a los de arriba a costa de los de abajo y de la nación. Pocas oportunidades, entonces, para que la dirigencia del campo popular pusiera en pie un nuevo Proyecto Nacional y una fuerza política que lo lleve al triunfo: vigorosa, firmemente opositora al modelo neoliberal, independiente de todos los dueños del poder -incluido de los que van siendo desplazados de éste, como los grandes empresarios argentinos, que lejos están de querer cambiar el modelo en serio y sólo pretenden rediscutir su lugar dentro del mismo.
No hemos tenido, desde 1976 a la fecha, una oportunidad como ésta. El modelo no tiene ninguna viabilidad; el liberalismo ha perdido claramente la batalla ideológica, sus representaciones políticas están desprestigiadas, divididas y a la defensiva; el pueblo va ganando decididamente las calles, recuperando protagonismo, dispuesto a no aflojar y buscando una salida distinta, de justicia distributiva, patriótica, democrática.
La ocasión es histórica. La responsabilidad de la dirigencia popular, muy grande. ¿Y que ha hecho una parte de ésta, la que se identifica a sí misma como de centroizquierda, progresista, y que hoy por hoy es la de mayor representatividad política y social? Para usar palabras sencillas y educadas, digamos que fue para atrás, que arrugó justo cuando debía ponerse al frente pasando de las palabras a las cosas. Hizo exactamente lo contrario que nuestros líderes patriotas en el Congreso de Tucumán cuando decidieron con valentía que fuéramos independientes costase lo que costase.
Analicemos esto mas en detalle, porque viene desde hace meses y desgraciadamente continúa en estos días. Después de subir Cavallo al gobierno aliancista con apoyo del PJ, era absolutamente claro que millones de argentinos se quedaban sin representación política y electoral. Había llegado el momento de convocar desde un nuevo proyecto de país a la más amplia unidad de nuestro pueblo. Las elecciones legislativas eran una exelente oportunidad para ello. ¿Qué hizo entonces la principal dirigencia progresista? Elisa Carrió, aconsejada por Chacho Álvarez y Alfonsín, no quiso ser candidata en Capital "para no herir de muerte al gobierno de la Alianza", y también se negó a todo acuerdo con otros sectores populares, no fuera que este se transformara en la primera fuerza política de los comicios con las responsabilidades que eso conllevaría. Luis Farinello y los dirigentes del Polo Social que se alineaban con sus posturas también rechazaron todo acuerdo con otras fuerzas opositoras (apenas aceptaron hacerlo con el Frente para el Cambio de Alicia Castro, y con forceps), y a poco de andar, ya comenzaron sus coqueteos con el duhaldismo, mellando así gravemente la credibilidad de su convocatoria. Por su lado, la CTA optó directamente por abstenerse del proceso electoral (aunque la mitad de su dirigencia se alineó con el ARI) con el irreal argumento de que no había nada en disputa allí.
¿Cuáles fueron las consecuencias de estas lamentables conductas políticas? Que cuatro millones de compatriotas se orientaron al voto "bronca", y el resto de los opositores optaron por representaciones diversas, ninguna de las cuales fue capaz de aparecer seriamente como una nueva esperanza. Agradecidos los enemigos del pueblo.
Pero la crisis y la confrontación de intereses siguieron su curso después del 14 de octubre, y vino el "corralito" cavallista. Con ello un salto abrupto en el parate económico, malestar generalizado, hambre por doquier. A nadie de la dirigencia política podía escapársele que la Argentina sería en breve escenario de una durísima colisión política y social entre los defensores del modelo y el pueblo. ¿Qué hizo entonces esta dirigencia centroizquierdista? Absoluto silencio. La Carrió, tan afecta a la exposición mediática, solo apareció para defender la banca de Alfredo Bravo. A Luis Farinello se lo tragó la tierra. Y la CTA, por su parte, dijo que había que prescindir de la coyuntura y ponerle toda la atención a la Consulta Popular del Frenapo, como si hubiera contradicción entre una y otra cosa; accediendo sólo a ir al paro pasivamente después de que las dos CGT lo habían decretado.
El pueblo, por supuesto, no los esperó, y el 19 y el 20 de diciembre echó por su cuenta y en ausencia de aquellos a Cavallo y a De la Rúa. Los dirigentes mencionados, bien gracias, en el mejor de los casos. En el peor, se dedicaron a explicar que todo lo sucedido era obra de los servicios y del PJ.
El pueblo, por supuesto, siguió sin esperarlos, y se tuvo que ir otro presidente. ¿Y qué hicieron ellos, entonces? Veamos: Carrió le hizo, en la Asamblea Legislativa, un guiño a Duhalde, con un discurso lavado y lamentable que después pretendió justificar en la gravedad del momento. Farinello directamente dio su apoyo para que el ex gobernador bonaerense se transformara en el nuevo presidente. Y la CTA decidió no opinar al respecto (¿o alguién vio aunque más no fuera una declaración explicando su postura?), mientras que algunos de sus principales dirigentes pregonan que hay que darle tregua al gobierno, que la situación es difícil y que tiene buenas intenciones; para agregar luego que si fracasa puede venir el caos, la represión, la guerra civil, etcétera.
Ahora bien, toda esta dirigencia hace años que sostiene que este modelo está agotado, que no sólo es tremendamente injusto sino que tampoco tiene salida. Es más, ha enarbolado propuestas alternativas muy interesantes y serias, las que por cierto compartimos, respecto de poder llevar nuestro país hacia otra realidad y otro futuro. Pero junto a ese discurso, ¿qué pensaban? ¿Que se podía ir en esa dirección sin luchar? ¿Que los grandes empresarios argentinos, a quienes tantas veces denostaban, y sus representantes políticos: los Duhalde, Alfonsín, Álvarez, Ibarra, Terragno, etcétera, coautores del drama nacional, iban a ponerse en su lugar a la cabeza de un nuevo proyecto nacional? Eso es, francamente, no tener valor político.
Por supuesto que con una postura así no hay ninguna posibilidad de encontrar una salida independiente y de progreso para nuestra patria. Este pueblo necesita y se merece una dirigencia que abreve en el espíritu de San Martín, de Moreno, de tantos líderes de coraje que ha dado nuestra historia. Entonces sí habrá luz al final del camino. Es responsabilidad de todos reflexionar sobre esto.