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| Asunto: | ]HA[ Los peligros del "que se vayan todos" | | Fecha: | Jueves, 5 de Diciembre, 2002 23:12:47 (-0300) | | Autor: | Timoteo <sertorres @......com>
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Hola a todos:
Aquí va un artículo en relación a lo que
Fernando expresa a histarg., que ya envié en otra oportunidad, y nadie
comentó.
Los
peligros del “que se vayan
todos”
La
autora, una ardiente defensora de las políticas y estrategias de Menem, ve
riesgosa la posibilidad de terminar con todos los cargos. Cree que es una idea
poco cuerda y bastante irresponsable
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Hacer
caducar todos los mandatos es echar nafta en un incendio, dice la ex
diputada Mosso. |
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Después
de casi cuatro años de recesión, el último con la economía en caída libre y con
altísimos índices de pobreza y desempleo, hay un clamor de la sociedad por
mejores resultados que nunca llegan y que, en cambio, después de la devaluación
se han vuelto insoportables. El sentimiento de furia y desesperanza por la suma
de las crisis económica, social, política e institucional se resume en la frase,
“que se vayan todos”, que expresa la necesidad de que venga alguien a hacer las
cosas bien cuanto antes. Es urgente dar una respuesta a la demanda social,
cuidando de no caer en errores que pueden aumentar la frustración y la distancia
entre la sociedad y su dirigencia. Creo que tras el “que se vayan todos” hay una
exigencia de transparencia y recambio que no es tan difícil de satisfacer:
bastaría con elegir rápidamente presidente y vice de la Nación y sancionar dos
leyes; una eliminando las listas sábana y otra prohibiendo las reelecciones
indefinidas. El problema central de Argentina es que está sin poder político y
sin rumbo. El presidente Duhalde, que llegó al cargo votado por una gran mayoría
de legisladores, ha licuado su poder a raíz del fracaso de sus políticas, aunque
se dio el gusto de terminar con “el modelo”, tal como lo venía anunciando desde
1997. Hay que reconocer su convicción, aunque para el país haya resultado una
desgracia. Esta destrucción del poder político se remonta a las renuncias
anticipadas del vicepresidente, primero, y del presidente, después, es decir de
la fórmula completa de ese gran fracaso que fue la Alianza. Estamos en
emergencia. Por lo tanto, una vez establecido el diagnóstico y las prioridades,
no hay que distraerse ni gastar energías en nada más. Por eso resulta
irrelevante e inconveniente la propuesta de la caducidad de todos los mandatos,
además de inconstitucional. A pesar del ansia de recambio, esta propuesta, en
esta situación límite puede confundir, retrasar, y terminar en que no se vaya
nadie. Porque seguramente en el apuro se van a volver a presentar los mismos y
no se va a aprobar ninguna ley que asegure el recambio y la transparencia hacia
el futuro, como las que ya mencioné. Un nuevo caso de gatopardismo: que todo
cambie para que no cambie nada. Si en cambio recuperamos la paz social y el
crecimiento a partir de un nuevo gobierno con legitimidad popular, podremos sí
encarar una reforma constitucional para llevar adelante los cambios que exigen
los nuevos tiempos con serenidad y seriedad. Otra razón fundamental para no
meter al país en una elección de todos los cargos, con múltiples internas desde
concejales a gobernadores, con reformas constitucionales, con conflictos
institucionales, con unas provincias sí y otras no, es que no hay tiempo. La
economía cayendo al 17% y la pobreza al 51,5% no esperan. Hace falta rapidez,
liderazgo y reencontrar el rumbo. Veo en esta riesgosa propuesta de terminar con
todos los cargos vigentes muy poca cordura y bastante irresponsabilidad. También
mucho marketing político y especulación. Es como echar nafta en un incendio: ya
que tenemos el Poder Ejecutivo Nacional en crisis, hay que barrer con los
poderes provinciales, con los cuerpos legislativos y de paso con la Corte
Suprema de Justicia. Un verdadero fujimorazo, pero sin líder. Aunque a la
diputada Carrió, que como buena radical tiene una urna en la cabeza, le convenga
mejorar el número de diputados antes de perder las elecciones a presidente;
aunque muchos políticos importantes sostengan esta posición movidos por la
encuesta; aunque otros lo hagan de buena fe; aunque la
prensa se adhiera a la fuerza de la consigna, “que se vayan todos” ya mismo no
es lo que más le conviene a la Argentina. Sí, en cambio, hay que sancionar nueva
legislación para provocar verdaderos cambios, no de ocasión, sino que vayan a la
estructura misma del sistema para impedir que, como ha ocurrido, los mismos
dirigentes se eternicen en los cargos, con las consecuencias de pocas
oportunidades de participación y muchas veces de poca transparencia. Deberían
prohibirse por ley las reelecciones sucesivas indefinidas para todos los cargos
electivos, siguiendo el sistema que rige para presidente y vice en la
Constitución Nacional. Esto produciría un recambio inmediato desde las próximas
elecciones, que si se cumple con el cronograma electoral, serán sólo seis meses
después que las del llamado de marzo. Sería una oxigenación de la política
inmediata y efectiva, que permitiría el acceso a los cargos de nuevos
protagonistas. Para el caso de los diputados y senadores nacionales, yo presenté
un proyecto el año pasado, cuando todavía era diputada nacional, que establece
la posibilidad de una sola reelección sucesiva consecutiva. A pesar de las
ansias reformistas que aparecen en los discursos de muchos legisladores, aún no
ha sido tratado. Tal vez porque muchos de los que más deciden deberían dejar el
Congreso a partir del año que viene o a más tardar del 2005 si se sancionara.
Ana María
Mosso
Mendoza, Argentina. Diario UNO, 15/07/2002 |


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