Página 10 • domingo 08 de marzo de
2003
SEIS AUTORES,
NUEVE DIRECTORES, DIECINUEVE ACTORES Y EL
PÚBLICO
Por Julio
Cejas
EL CENTRO
EXPERIMENTAL ROSARIO IMAGINA MONTÓ UN IMPRESIONANTE DISPOSITIVO TEATRAL EN EL
CEC, BAJO LA DIRECCIÓN DE RODY BERTOL. EL PÚBLICO INTERACTÚA EN LAS HISTORIAS DE
CAFÉ.
El concepto de
performance que ha ido variando desde los años 70 con un resurgimiento en
los 80 pareciera cobrar vigencia a partir de la nueva significación que
se le da al término en estos tiempos Muy cercana al término “instalación”,
en la medida que trabaja el espacio como semi-construido o semi-montado. la
performance ha desplazado la idea tradicional del escenario para transformarla
en un ámbito donde interactúan los actores con el público. Algo que se mantiene
es esta idea del proceso de evolución de una creación que va mutando, esta
sensación de que no hay una forma acabada sino que ésta se va completando a
medida de que el espectador se contacta y experimenta con
ella.
Por esta razón es un desafío que no puede instalarse
dentro de un mercado de productos teatrales terminados y listos para ser
consumidos, la performance tiene una duración acotada a su propio
circuito de producción.
En Rosario, ciudad siempre en deuda con este ríspido
tema, la experimentación y los canales de expresión casi siempre
divorciados de los apoyos económicos, no han podido generar muchos performers
que se animen a desandar un camino propio.
En este sentido la impresionante movida que
nace de convocar a autores, actores y directores para hacerse cargo de un tema
que los implique sobre el cual experimentar es ya algo auspicioso e
inédito.
El Centro
Experimental Rosario Imagina es una de las agrupaciones que viene
generando propuestas de trabajo que necesariamente tenían que confluir en
experiencias como Lo mismo que el
café.
Por varias razones otra vez la Mirada y la pasión de
Rody Bertol sirve como disparador para tratar de reunir a tanta
gente dispuesta a poner el cuerpo y la cabeza en un proyecto de
características inéditas.
Podría decirse también que el Centro de Expresiones
Contemporáneas era el espacio propicio para una movida que se
encuentra en los fundamentos iniciales de su creación La idea de apropiarse de
ese emblemático galpón y transformarlo en un sitio de encuentro con la
nostalgia, en sitio de homenaje a una de las pasiones preferidas de los
rosarinos dibuja un mapa de expectativas, más que tentadoras.
La impostergable
racionalización del número de espectadores, su previa sectorización dentro
dcl juego, van preparando el terreno para resignificar la idea tradicional de
espera previa al ingreso a la sala.
Una actriz actúa su rol de anfitriona a la manera de
aquellos típicos presentadores de barracas de feria, prometiendo el
misterio de una vida distinta más allá de las sugerentes cortinas
transparentes.
Pronto el misterio descorre sus velos y penetramos
el sitio del ritual, el sagrado espacio que ahora se transforma en lugar
urbano reconocible. familiar, más allá de las luces sugerentes y las
sombras prometedoras del fondo.
Un mundo de mesas y de sillas. de mozos y bandejas,
de seres que se mueven sigilosamente en penumbras mientras los
parroquianos reemplazan a los espectadores y juegan a escuchar
historias de café.
Un mundo pirandeliano donde somos parte de la espera
y las intrigas de seres que se adueñan de nuestra existencia y nos incluyen
en la trama de sus recorridos a ciegas por un espacio tan caótico como
placentero, casi tan parecido a la vida.
Una vorágine dc
actores lanzados sobre las ‘mesas que nunca preguntan”, un mundo de seres
anónimos presentándose, defendiendo sus historias cara a cara con
asombrados interlocutores.
Algunos no
pueden con la tentación de responderles, invitarlos a tomar algo, jugar ese
juego apasionante de entrar dentro de una grafía que mueve los hilos
de estas marionetas que se contorsionan tan cerca, hasta humedecemos con su
transpiración o con sus lágrimas. En un mundo de desencuentros, lleno de bares
con gente que monologa su rutina, este roce de una mano. de una cara, esta
necesidad de transformarnos en seres vivos, se transforman en signos vitales que
trascienden la ficción para replantearnos una manera de conectarnos con ese
ser anónimo que es nuestro semejante.
Impresionante el
dispositivo que se propone la dirección para coordinar seis historias que
se producen simultáneamente en un mismo espacio sin que se produzca la
dispersión de los actores ni de los
espectadores.
Meritorio el diseño lumínico, la ambientación
sonora, el discreto bosquejo de lo escenográfico para borrar los límites entre
los espacios ficcionales y aquellos que tienen que ver con las
vivencias del público.
Experiencia
sensorial que trasciende lo teatral para transformarnos algunas veces
en voyeur, otras en coguionistas de las historias, siempre atentos
protagonistas.
“Lo mismo que
el calé” no es una obra sino una perfomance teatral como hacía mucho no se
veía
Magistrales
actores desde sus diferentes estilos de actuación logran romper la
indiferencia