| Asunto: | [guerracivil] La represión en la posguerra, según Pio Moa | | Fecha: | 5 de Agosto, 2005 09:01:44 (+0200) | | Autor: | rafa65sanchez <rafa65sanchez @.....es>
|
Este es el artículo censurado...:
La represión de la posguerra en España
Cualquiera tiene derecho a identificarse en mayor o menor medida con semejante
"pueblo trabajador", pero no a intentar colar bajo esa capa una
falsificación esencial de la historia.Pío Moa
En su crítica a El derrumbe de la II República, el estudioso benedictino Raguer
afirma "la mayor responsabilidad de la represión nacional, sobre todo cuando la
guerra ya había terminado". Me temo que eso es hablar por hablar. El día
siguiente al final de una guerra es muy triste para el vencido. Tienden a cebarse
en él los vencedores que han sufrido más directamente sus violencias, y sobre
todo muchos que no han sufrido gran cosa, pero aprovechan la ocasión para
satisfacer sus peores instintos y para mostrar devoción al nuevo régimen. Un
sacerdote escribía de una zona de Castilla: "A los pobres desgraciados no se les
permite la estancia en otros pueblos, ni el demorar su vuelta, ni los admiten en
las cárceles o campos de concentración, sino que les obligan a volver a los
pueblos, donde por aquella parte les espera una muerte cruelísima a palos y
golpes". "En toda aquella zona impera la barbarie y la venganza; sólo seis rojos
han llegado hasta ahora al pueblo, y han asesinado a cuatro de ellos, dejando
malheridos a otros dos". Como los curas se opusieran a tales crímenes, "nos dicen
que procedemos con tal nobleza porque no nos han hecho nada los rojos; los
comentarios son que si queremos irnos, otros vendrán, que no ir a la iglesia,
etc.".
Una instrucción del obispo de Ávila, a finales de marzo de 1939, denunciaba
"hechos dolorosos y sangrientos" en algunos lugares, y en casi todos
"hostilidad y malos tratos". "Pues bien, ante este desbordamiento de
pasiones, odios y rencores, es preciso que el sacerdote recuerde a todos, y
mantenga con suave energía la verdadera doctrina (…) sobre el mandamiento por
antonomasia —el precepto de la caridad— sobre el perdón de las injurias…"
Recordaba también la responsabilidad que en el desencadenamiento de la guerra
habían tenido muchos que "ahora vociferan y toman terribles represalias", por sus
anteriores abusos, contrarios a "la justicia social". Etc.
Tales salvajadas ocurrieron, claro está, también en el resto de Europa al
terminar la guerra mundial, y con más extensión y sistema. Los useños (de Usa),
los franceses y no digamos los soviéticos, internaron a los prisioneros en campos
de concentración que tenían mucho de exterminio. En Francia o en Italia, las
ejecuciones legales fueron pocas, pero muchos miles de colaboracionistas fueron
liquidados de forma irregular. Parece claro que en ambos países las nuevas
autoridades optaron por un período corto, pero intenso, de ajustes de cuentas,
que les evitaba engorrosos y largos procesos judiciales. En España ocurrió
aproximadamente al revés: el gobierno eligió la represión judicial, permitiendo
comparativamente pocas venganzas más o menos espontáneas. Ello prolongó varios
años las ejecuciones, incluso después de la guerra mundial, cuando los intentos
del maquis de reanudar la guerra civil al abrigo del boicot internacional contra
Franco, intensificaron la dureza represiva. El número de ejecutados y asesinados
debió de pasar de 25.000, cifra muy elevada, pero no mayor, si tenemos en cuenta
las circunstancias, que las de Francia o Italia.
El señor Raguer, al igual que otros por él presentados como investigadores
honrados y veraces, comete además dos graves errores de apreciación. El primero
es el supuesto implícito de que un Frente Popular triunfante habría sido más
piadoso con los vencidos. Todos los datos —aparte de lo hecho por sus
correligionarios italianos y franceses— indican lo contrario. Veamos, por
ejemplo: "Lo ocurrido en las checas comunistas cuesta trabajo creerlo. Se
perpetraban crímenes que no tienen antecedentes". "Las torturas, los asesinatos
irresponsables, las cárceles clandestinas, la ferocidad con las víctimas,
culpables o inocentes, estaban a la orden del día". "A partir del 15 de mayo de
1937, cuando el Gobierno dice que empezó a ser dueño de los resortes del poder,
las mazmorras de la GPU se multiplicaron como infiernos de Dante"… Estas
denuncias, que podrían multiplicarse, no vienen del franquismo, sino de
anarquistas, y muestran una represión brutal entre las propias izquierdas. Si en
plena guerra se trataban de ese modo entre ellos, siendo oficialmente aliados, es
fácil imaginar la suerte de sus enemigos comunes, de haberlos tenido a su merced.
Otro error significativo es el empeño en hablar de represión en general,
metiendo en el mismo saco a las víctimas inocentes y a los criminales y
torturadores. Al terminar la guerra, los jefes del Frente Popular se pusieron a
salvo, abandonando sin la menor previsión de ocultación o de fuga a miles de
seguidores suyos, muchos de ellos autores de terribles atrocidades. Cogidos éstos
como en una ratonera, en Asturias y la zona centro, en menor medida en Cataluña,
el nuevo régimen pudo aplicarles todo el rigor de su castigo. Seguramente los
vencedores debieron haber mostrado más compasión, pero meter en el mismo saco,
como hace la propaganda, a Besteiro y un sádico como García Atadell, simplemente
por haber sido ambos perseguidos por el fascismo, no revela muy buena fe en
quienes lo hacen.
Ensalza Raguer la honradez intelectual de Joan Villarroya y Josep M. Solé y
Sabaté, autores de estudios sobre la represión en Cataluña. Mi impresión no es
tan buena. Según ellos, "la represión ejercida por jornaleros y campesinos, por
trabajadores y obreros y también por la aplicación de la ley entonces vigente,
era para defender los avances sociales y políticos de uno de los países con más
injusticia social de Europa. Los muchos errores que indudablemente se cometían
pretendían defender una nueva sociedad. Más libre y más justa. La represión de
los sublevados y sus seguidores era para defender una sociedad de privilegios".
Creo que esto resume toda la "honradez intelectual" de estos investigadores,
caros a Raguer: empiezan por identificar, insultante y falazmente, al "pueblo
trabajador" con la minoría autora de los crímenes, compuesta de sicarios
politizados, y terminan por presentar e estos sujetos y sus ideas, totalitarias,
liberticidas y genocidas en casi todos los casos, como la garantía de "una
sociedad más libre y más justa".
Describir a España como "uno de los países con menos justicia social" resulta
desde luego muy discutible, pero no el hecho de que el remedio propuesto por
tales "jornaleros y obreros" era mucho peor que la enfermedad, según revelan los
regímenes a que ha dado origen.
Como he dicho en otra parte, estos investigadores, o cualquiera, tienen derecho
a identificarse en mayor o menor medida con semejante "pueblo trabajador", pero
no a intentar colar bajo esa capa una falsificación esencial de la historia y una
ideología falsa y perversa. Al benedictino Raguer ese confusionismo interesado no
parece importarle mucho, y aplica el título de honestidad un tanto a la buena de
Dios. Permítaseme discrepar.
-~--------------------------------------------------------------------~-
Consultas recomendadas:
* Comunicación Audiovisual: http://egrupos.net/hs/28
* Cursos de Inglés: http://egrupos.net/hs/32
* Estudios de Master: http://egrupos.net/hs/79
-~--------------------------------------------------------------------~-
-~--------------------------------------------------------------------~-
CREA GRATIS TU PROPIA RED SOCIAL DE CONTENIDOS
O participa en las muchas ya creadas. ¡Es lo último, es útil y divertido!
¿A qué esperas? Visita ya mismo http://es.corank.com/
--~------------------------------------------------------------------~--
Compra o vende de manera diferente en www.egrupos.net
|