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Asunto: 04/80 Narrativa Breve (IV) «El olvidado» por Enriq ue J. Martínez Llenas - Gibralfaro - Universidad de Má laga
Fecha:Martes, 15 de Octubre, 2013  12:04:43 (+0200)
Autor:GIBRALFARO.uma.es <edijambia @.....com>

«El olvidado» por Enrique J. Martínez Llenas - Gibralfaro - Universidad de Málaga

 

  

  

N.º 80

ABRIL-JUNIO 2013

4

   

   

  

  

  

  

  

EL OLVIDADO

  

Por Enrique J. Martínez Llenas

  

  

  

E

n toda historia hay siempre alguien que queda de lado, perdido y oculto entre el fárrago de hechos y comentarios, pese a que quizás su presencia hubiera sido una de las más determinantes para el desarrollo de la historia. La presente es un elocuente y demostrativo ejemplo de lo dicho. Me fue relatada hace ya un lejano y casi olvidado tiempo por un anciano hombre de campo que se encontraba muy próximo a la muerte, cuyo abuelo había sido un arriero riojano, de nombre Rosauro Ávila. Este Rosauro, el abuelo de quien me relató la historia, era en ese entonces, allá por 1840 o 1850, época de la incordiosa guerra entre Unitarios y Federales, un jovencito, y deambulaba por los pajonales y campos de la provincia argentina de San Juan buscando hacerse su lugar entre los veteranos arrieros de la zona. Ese imberbe muchacho tuvo el raro privilegio de ser no solo testigo, sino uno de los principales actores de un drama que luego se convertiría en leyenda popular.

Mi confidente escuchó este y muchos otros relatos de propia boca de su abuelo Rosauro, durante las pausas vespertinas en las que el calor menguaba y daba un merecido descanso, entre mate y mate, a los hombres y caballos que habían pasado el día en el arreo de las reses. Siempre retuvo estos cuentos en su memoria, tanto más por cuanto, al crecer, se percató de la importancia que tenían por provenir de uno de los personajes principales en el desarrollo directo del drama, la leyenda de la Difunta Correa, que no por ser de sobra conocida deja de asombrar y de suscitar devociones incondicionales hasta el día de hoy.

El abuelo Rosauro, por ese entonces un ignorado peoncito, cabalgaba habitualmente con otros dos arrieros también vecinos, como él, de la localidad de Malazán, Tomás Romero y Jesús Nicolás Orihuela, quienes lo habían tomado a su cargo para enseñarle los secretos de la vida del campo y de los animales. Llevaban arreos de ganado entre las provincias de San Juan y La Rioja, con ocasionales destinos a Córdoba o Santiago del Estero, discurriendo con las tropas de vacunos por los campos bajo un sol inclemente durante días y días, teniendo sólo el respiro de la noche y alguna solitaria aguada que, de tanto en tanto, les permitía abrevar en ella y refrescarse. Es una sacrificada vida la de arriero, que va lentamente minando la salud del hombre a fuerza de quebraduras, golpes y fiebres; pero Rosauro era joven y animoso, y en esa época tenía una comprensible sed de aventuras y ganas de aprender un oficio que, aunque duro, le daría patente de hombría y coraje. Además también tenía la inmensa suerte de contar con unos compañeros muy avezados en el oficio, nada reacios a transmitirle sus conocimientos.

  
              

              
 

Llevaban arreos de ganado entre las provincias de San Juan y La Rioja, con ocasionales destinos a Córdoba o Santiago del Estero, discurriendo con las tropas de vacunos por los campos bajo un sol inclemente durante días y días, teniendo sólo el respiro de la noche y alguna solitaria aguada que, de tanto en tanto, les permitía abrevar en ella y refrescarse.

 
  

La época era difícil; la guerra entre Unitarios y Federales ponía en peligro la supervivencia de las familias por los abusos que cometían los dos bandos, que saqueaban a los vencidos, reclutaban por la fuerza a los hombres para ir a combatir y no se detenían ante nada para saciar su lujuria con las mujeres de los muertos o reclutados. Pero por su juventud, y por contar con la protección de los dos veteranos arrieros, Rosauro se encontraba todavía a salvo de ser víctima de esos atropellos, y confiaba en que, ya cuando fuera mayor, hubiera llegado a su fin tan insensata como inútil contienda.

[...]

  
             
             
  

  

  

    

  

  

Enrique J. Martínez Llenas. Argentino de origen y con nacionalidad también española, ejerce la Medicina en Valencia desde el año 2002.

Ha comenzado muy recientemente a escribir de forma autodidacta, y ha descubierto en esa actividad lo que necesitaba para continuar su desarrollo personal hacia el futuro.

   

   

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Publicación Trimestral de Cultura. Año XII. II Época. Número 80. Abril-Junio 2013. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright © 2013 Enrique J. Martínez Llenas. © Las imágenes, extraídas a través del buscador Google de diferentes sitios o digitalizadas expresamente por el autor, se usan exclusivamente como ilustraciones, y los derechos pertenecen a sus creadores. Diseño Gráfico y Maquetación de la edición en CD: Antonio M. Flores Niebla. Depósito Legal MA-265-2010. © 2002-2013 Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Málaga.