Cuando se ha cumplido cuarenta años ya
se han cometido los errores más grandes que vaya a cometer en su vida.
Aunque algunos ya los han cometido dos veces, es poco probable que vuelvan
a equivocarse en las mismas cosas.
De modo que a esa edad ya se está a
salvo de esas calamidades.
Además, ya sabrá distinguir a las
personas, saber a quién puede acercarse y a quién mantener alejado,
separar lo original de lo falso. Sabe reconocer a los amigos verdaderos.
Al llegar a los cuarenta una ha trabajado lo suficiente en su
profesión como para decir que sabe lo que está haciendo. También sabe cómo
ahorrar y en qué invertir su dinero. Aunque es cierto que ya no será quien
corra más rápido, ni podrá correr tantos kilómetros como antes, ahora sabe
la real importancia de llevar una vida saludable y de hacer ejercicios.
A los cuarenta uno lleva una vida mucho más saludable y es más
responsable con su alimentación y estilo de
vida.
Cuando se llega a esta
etapa, comenzamos a cosechar los frutos de nuestro esfuerzo, de criar a
nuestros hijos, de haber mantenido una amistad duradera. Tendrá la
oportunidad de trabajar en lo que quiere y no en lo que debe, y se puede
disponer del tiempo de trabajo de la manera que le plazca. En resumen,
uno ya aprendió qué es lo que no le gusta de la vida y logró
apartarlo de su camino.
Si se detiene a pensar, su tatarabuela
probablemente no haya vivido más de 45 años. Para el momento que había
cumplido los cuarenta, era una mujer mayor que había vivido todo lo que le
tocaba vivir: había tenido todos los hijos y los había criado, no le
quedaba mucho por aprender y estaba a la espera de ser abuela.
Los
próximos años serían una espera, no demasiado larga, hasta que le llegar
una de las tantas enfermedades incurables e inexplicables que azotaban al
mundo por aquellas épocas.
Una perspectiva alentadora también le
mostraría que era respetada como una mujer sabia que había vivido muchas
cosas. Sabía cómo llevar una familia adelante, cocinar para decenas de
personas con un presupuesto mínimo, cuidar cinco seis siete o más hijos, y
sobrevivir aquellos días difíciles.
Si observamos las estadísticas de
nuestros días, si usted tiene ahora cuarenta años, según donde viva y qué
nivel de vida lleve, tiene otros cuarenta años por vivir. Entonces a esa
edad usted tiene todas las cosas positivas que tenía su tatarabuela más
otros cuarenta años por vivir, puede seguir teniendo hijos, puede comenzar
una nueva carrera, una nueva profesión, puede casarse, ir a la
universidad, comenzar un negocio, tener el mejor sexo de su vida y
disfrutar por mucho tiempo más todo lo que ha aprendido, construido,
criado y
formado.
En pocas palabras, usted tiene la
oportunidad de vivir dos de las vidas que tuvo su tatarabuela. Doble en
duración y, probablemente, doble en
posibilidades.