175
Del
principio de individuación al de unicidad.-
Cuando algún poderoso conocido sufre un hecho trágico que nos conmueve hasta la
médula, experimentamos, ipso facto, un anómalo sentimiento de placer y de
desasimiento simultáneo. Ante el poder dionisíaco de la existencia –auténtico
dios de la tragedia– vemos al poderoso sufriente arrodillarse, desenmascarar su
vacuidad y anonadar su poder terrenal: diluirse el principium
individuationis; el apego pierde toda sustancia, desaparecen las diferencias
que nos separan de la otredad y terminamos fundidos en un único sentimiento de
unidad con todo lo creado.
¿Era ese el
sentido de la tragedia?
176
Aforemas.- Mis aforismos tienen un
componente metafórico y otro poético; de allí su nombre: aforemas.
Como sucede con
la metáfora o con la poesía, cada interpretante le dará, a cada uno, el
significado que corresponda mejor a su forma de percibir.
177
Vana
ilusión.- Sentimos una malsana satisfacción ante
el desconsuelo de alguien que, en trágicas circunstancias, pierde a un familiar
directo. Agradecemos a los santos del cielo el no haber sido nosotros los
destinatarios de semejante drama –que haya sido otro–; el seguir compartiendo
con nuestro familiar directo (de la misma condición del desaparecido),
ante quien, para sorpresa de él, nos acercamos anonadados con vivencias
primigenias, como si recién regresara después de una larga ausencia desde las
profundidades de lo desconocido. Realmente, que sean los otros los sufrientes y
no nosotros, es un sentimiento de agradecimiento, una catarsis que nos hace
valorar lo que tenemos; un placer que evitamos expresar a toda costa y que
disimulamos como si fuese un crimen.
178
Pregunta
incómoda.- Días pasados un mediocre por el que
tengo sincero afecto, ante el uso frecuente que hago del mencionado sustantivo
me interrumpió sorprendido para preguntarme con ingenua curiosidad, qué era ser
mediocre y quién de mis conocidos lo era. Había dado, sin saberlo, su primer
paso. Con la segunda pregunta..., no pude ser sincero.
179
Nuestros
hijos.- Venían tomados de la cintura por la
vereda luminosa y desolada de una calle cualquiera; tenían la mirada puesta en
la nada...; parecían pajaritos abandonados en medio del desierto (o del
infierno). Eran dos adolescentes enamorados. Sentí impotencia y absurda
melancolía.
180
Escepticismo y fe.- Prefiero la duda
del escéptico a la fe del creyente.
El escéptico
mantiene los reflejos intelectuales en acción, en estado de alerta..., aunque
inútilmente.
La fe, por el
contrario, embota la mente, vuelve perezoso al cerebro;
inútilmente.
181
Cómo
fue...- ¿Cuándo despertó la conciencia; en
quién...?
182
Cómo
sigue....- Y ahora qué...!
183
Las
apariencias no engañan....- El andar callejero
trasluce el interior de los personas.
Ayer vi a una
caminar a paso vivo, movía la cabeza eléctricamente de un lado para el otro; era
como un pájaro carpintero. Otro lo seguía con las manos en su chaqueta, su
movimientos suaves y cansinos parecían responder a una especial energía nacida
de las profundidades.
184
Ejercicio
de imaginación....- Si pudiéramos poner de
frente, y mirándose a la cara, a un grupo de homínidos y a un grupo de
hombres..., ¡qué avergonzado me sentiría!
185
Espacios
cambiados....- “Sí, la ciencia y la tecnología”,
es la única respuesta posible del necio actual ante la pregunta: “¿Ha
evolucionado el hombre desde sus ancestros, los homínidos, a la
fecha?”
Confundir lo
exterior con lo interior, o, para ser más precisos, darle preeminencia a lo
exterior con relación a lo interior, es el pecado capital del hombre actual.