-¿Y eso se procesa en un lugar concreto del cerebro? (se refiere a la decisión de practicar lo que se llama “castigo altuista”).
-Sí. Sanfey y Cohen habían comprobado que con el Ultimatum Game se activaba tanto la corteza prefrontal, que
regula el raciocinio y el juicio moral, como la amígdala, que procesa las emociones, pero eso no aclaraba mucho las
cosas, porque no sabes qué es causa y qué consecuencia. ¿Primero decides la acción y luego la juzgas, o primero
la valoras y luego decides? La estimulación magnética intracraneal nos ha permitido dar un paso trascendental.
Nuestra hipótesis era que la corteza prefrontal se activaba precisamente para inhibir la amígdala; y que si
bloqueábamos la corteza, los individuos aceptarían cualquier oferta que les hicieran porque predominaría el interés
egoísta. Y así ha sido.
En esta investigación, se ha visto que la disrupción del cortex dorsolateral derecho (y no el izquierdo) mediante estimulación
magnética intracraneal, reduce el impulso de rechazar las ofertas intencionadamente injustas.
Luis escribió:
“Lo de que existe una parte del cerebro encargada de los valores, la moral, la justicia y el altruismo resulta totalmente increible.”
Estoy de acuerdo con Luis: si bien estos estudios de toma de decisiones (tratando de encontrar estructuras neurales que
participan en esto y que al ser influenciadas o afectadas experimentalmente modifican las decisiones tomadas por el sujeto),
son indudablemente interesantes y valiosas, observo cierto riesgo de caer en una “frenología moderna”.
Me refiero a que se le asignen a zonas cerebrales funciones muy restringidas, tales como: “Esta zona cerebral se encarga de los valores y
la moral”.
Si recuerdan, los frenólogos intentaban parcelar toda la corteza cerebral de esa forma, asignándole a distintas zonas distintos “roles”: esto
resultó ser falso y un obstáculo al pensamiento, que es posible que todavía tenga repercusiones en el pensamiento de algunos.
Considero que la toma de decisiones (para las cuales la corteza prefrontal es un elemento importante, indudablemente) es un proceso
complejo y es inadecuado focalizarlo o localizarlo en una zona cerebral.
Como ejemplo, recuerdo que hace tiempo consideramos el vuelo de un pájaro:
Dirán: “Lo más importante para que el pájaro vuele son las alas: sin alas no puede volar y punto”.
Otras partes del pájaro no son tan importantes: el pájaro puede volar sin una pata, puede volar sin pico, sin ojos, etc.
¿Pero de estas observaciones se puede concluir que “La capacidad de volar del pájaro reside en las alas”?
¡No! Las alas son muy importantes, indudablemente, pero las alas solas no pueden hacer nada, es el pájaro (como un sistema complejo)
el que vuela.
Por lo tanto, si un neurocientífico me dice: “La corteza prefrontal es muy importante para la toma normal de decisiones, incluyendo a las
decisiones morales”.
Estoy completamente de acuerdo.
Pero si un neurocientífico me dice: “Hemos descubierto que la capacidad para tomar decisiones de un sujeto reside en la corteza prefrontal”.
¡No! Eso es un disparate: la corteza prefrontal es un elemento importante en un sistema complejo que toma decisiones, pero nada más
que eso: la corteza prefrontal sola no puede hacer nada (al igual que las alas solas). No existe ningún hombrecillo en la corteza prefrontal
cavilando si debe aceptar o rechazar tal o cual dilema moral. Rechacemos este tipo de propuestas “frenológicas”, que no es poco
frecuente escuchar, incluso desde los neurocientíficos.
Saludos cordiales,
Pablo