¿Cuándo Venezuela perdió la
Inocencia?
Felipe Torrealba
Venezuela es una bella
mujer de padres Inmigrantes Europeos. Como todo comienzo en una tierra extraña
pero rica en recursos, en oportunidades, para los padres de Venezuela, sus
metas y fantasías sólo estaban limitados por la imaginación de un nuevo y
esplendoroso futuro. Aunque él desafió era inmenso, la voluntad era aun mayor.
Los Padres de Venezuela, no estaban solos, contaban con muchas familias que se
establecieron al igual que ellos en América, eran como veinte más, que a sangre
y fuego les toco labrar el camino y el derecho a vivir en libertad y de ser
dueños de su propio destino.
A Venezuela, como
a las otras hijas de la libertad, les toco lidiar con los antiguos
administradores y de otras lejanas tierras. Como en toda familia que desea
establecerse, debía contar con buenos administradores, trabajar en el presente y
planificar el futuro, para lograrlo. Venezuela generosa en riquezas y cultura,
no fue bien cuidada y protegida por esos Administradores. Se aprovecharon de la
Inocencia de Venezuela y para abrogarse el derecho de malversar, hipotecar,
robar, despilfarrar su herencia, Algunos la han abusado sin la menos
misericordia, la han puesto al servicio de oscuros, propios y foráneas
intereses, como otros han pretendido entregarla en matrimonio a siniestros
personajes.
Es tal la inocencia de
Venezuela, que en los años que tiene de existencia, ha cambiado de
administradores, como cambiar de traje o moda. No importan las normas que se
inventen para administrar sus bienes, son letra muerta, lo que importa es
ponerle mano a sus riquezas y hacer uso indebido de las mismas.
En el último medio
siglo, Venezuela no ha terminado de salir de un chopo e piedra, para caer en
manos de las turbas blanquecinas sin experiencias, pero ávidos de poder y de
riquezas. Hombres mezquinos, pequeños de estatura, se han disputado el derecho a
malversar a su antojo y enojo la herencia de Venezuela. Pero cada cambio de
Administrador, a la inocente de Venezuela se le llenaba de esperanza y de
alegría. Ella como siempre con su inocencia creía en las palabras y promesas de
los nuevos Administradores. En cada cambio, se hacían blanquecinas y verduscas
promesas de sancionar a los anteriores administradores, pero terminaban siendo
peores que sus predecesores.
Así llegamos por la
desesperación a lo peor que le ha ocurrido a Venezuela, porque era tal la rabia,
por tanto engaño y despilfarro, que Venezuela se fijo en un oscuro militar, que
se alzo contra sus mandos naturales, engañando a Venezuela con un discurso de
honradez y lleno de pasajes con pensamientos de los padres de Venezuela y esto
hizo renacer los recuerdos y cariño por ellos, para resultar ser el más
peligroso de los estafadores que le ha tocado como administrador a Venezuela.
Este último administrador pretende que Venezuela se entregue en concubinato a un
oscuro bandido, asaltante de caminos y depredador de su propio empleador. Todo
esto a espalda de Venezuela, que en ningún momento le autorizó, ni
aceptó tal concubinato.
Ahora que se
niega a poner su cargo a la orden, Venezuela ha tenido que buscar ayuda de un
tercero para encontrar una salida y hacerle entender a este Administrador, que
no termina de entender que es sólo eso, UN ADMINISTRADOR y no el dueño de
Venezuela. Pero resulta que en el concurso de aspirantes a lograr el empleo para
un nuevo administrador, los que están concursando son los mismos que
antes fueron despedidos por malos administradores, y por ser responsables
de que Venezuela se equivocara al elegir a último de ellos, al Díos de la
robolución. Venezuela por primera vez, esta triste, ya no es posible
engañarla con nuevas promesas de los candidatos a ocupar la
nueva administración de la herencia de Venezuela. Ya Venezuela
perdió la inocencia, ya no cree en promesas, ni virtudes, ni en buenas
intenciones. Como ahora, cuando los viejos y actuales administradores
discuten como se van a repartir lo que queda de la herencia de
Venezuela.
En la Lucha por la Justicia
Social, La Libertad y la dignidad del ser humano no son negociable. Felipe
Torrealba
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