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Asunto:[equipohumano] Boletin Equipo Humano nº 9
Fecha:Lunes, 26 de Noviembre, 2001  22:29:25 (+0100)
Autor:Boletin EquipoHumano <boletin @............com>

 

Número 9

Noviembre 2001


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EDITORIAL

¿Por qué viven las empresas?

Las empresas no crecen y se desarrollan porque algunos invirtieron capital en ellas. Tampoco porque tienen buenos socios, de alta cuna, que presidieron a su nacimiento. Ni por tener una organización y procedimientos elaborados, o sistemas de producción modernos. Ni siquiera se debe a que los clientes compran sus productos, porque no seguirían entregándoles su confianza si no fuera por la dedicación de todos los empleados en satisfacerles.

Las empresas crecen y se desarrollan porque hay personas que viven, sueñan y luchan por ellas.

SUMARIO

·         Adiós, Señor Taylor
Taylor fue el gurú empresarial de Henri Ford y marcó toda una época y la verdad es que sus recetas del alba del siglo XX surtieron efecto, pero ¿podemos seguir siendo tayloristas hoy en día? ¿Sigue teniendo cabida el modelo de trabajadores autómatas en nuestra sociedad actual?

·         De verdad ¿soy inteligente?
Blaise Pascal afirmaba que el corazón tiene sus razones que desconoce la razón, y que conocemos la verdad no sólo por la razón, sino por el corazón. Y la inteligencia, ¿dónde radica? en el pensamiento o en el sentimiento. Hasta hace poco, inteligencia y emociones parecían más reñidos que el Sol con la Luna. Hasta hace poco.

·         Echame un ancla (PNL 8)
Siempre se ha repetido que las paredes, algunas, tienen oídos, pero la PNL nos enseña que también hablan, y nos cuentan las emociones que hemos grabado en ellas. Y con la técnica apropiada, podemos anclar estados de recursos que nos permitan triunfar de los miedos que nos cohíben.

·         Cóctel sinergético
Sinergia suena a término culto, reservado para las grandes causas y las grandes ideas. Pero Patricia ha descubierto sinergia en las cosas más cotidianas y este concepto, tan fundamental cuando hablamos de cohesión de equipos humanos, le ha aparecido con toda el poderío que confiere la simplicidad.

 

ADIÓS, SEÑOR TAYLOR

Por Michel Henric-Coll  


A mediados del siglo pasado, el XX ya, después de las turbulencias económicas provocadas por las guerras, la principal preocupación de las empresas era producir más para atender una demanda dispuesta a absorberlo todo.

Cuando se saturaron las demandas principales y los empresarios descubrieron los stocks, crearon al vendedor, activo y agresivo, capaz de vaciar las naves en tres vueltas de lengua.

Al tiempo, el consumidor descubrió el poder que le otorgaba su derecho a elegir entre una plétora de ofertas competitivas y los especialistas en marketing (la ciencia de los intercambios satisfactorios con el mercado), dominaron en las organizaciones.

Los financieros también tuvieron su época dorada, porque financiar el crecimiento y gestionar los beneficios es cosa de especialistas y algunos sacaban más dinero de la gestión del dinero que de las propias ventas.

Hoy, la mayoría de las empresas controlan con similar eficacia la producción, las finanzas y el comercial.

¿Dónde entonces radica la ventaja competitiva?

En la concepción taylorista, el trabajador era una suerte de robot, cuya satisfacción no se cuestionaba y cuya entrega al trabajo era tanto mayor como era fácil de sustituir. Taylor separó las personas en dos grupos: los que piensan y los que ejecutan. Los primeros eran importantes, los segundos intercambiables.

Hoy, el trabajador es un ciudadano con ingresos multiplicados, un nivel de educación muy superior, una información transparentada por los medios de comunicación, un nivel de protección laboral y social sin precedente y una desarrollada actitud crítica frente a su entorno.

Si como ciudadano el hombre de hoy se hace más responsable, autónomo y exigente, pretende lo mismo en su entorno laboral. Sin embargo en muchos casos, las empresas no han sabido responder a este afán de responsabilidad, autonomía y decisión, sino por un mecanismo de autodefensa enfocado a impedir la emergencia de los nuevos valores, tapando la olla de presión con la ingenua esperanza de así apagar el fuego.

Por tanto, en lugar de aceptar la evolución y la integración de los nuevos valores, la empresa los ha negado, lo que no ha conseguido sino acentuar las tensiones.

El trabajador de hoy ya no sólo pretende ganarse la vida; también pretende conseguir satisfacciones sociales y afectivas personales así como desarrollar su personalidad.

Se puede, en gran medida, obligar a un trabajador a estar presente en su lugar de trabajo, pero no a ser productivo, ni a ser eficaz. No se le puede obligar a estar interesado en lo que hace, ni en hacerlo bien. Sin embargo, de la calidad del trabajo del personal depende la calidad de producción y de servicio de una empresa. Y es de su capacidad de satisfacer a sus clientes que dependen sus ingresos, presentes y futuros.

La fuente de la ventaja competitiva de las empresas de hoy, y que decir de mañana, radica en la competitividad de su personal. En el valor añadido de su equipo humano descansa el valor añadido de las empresas.

Debido al efecto de sinergia, un equipo es más que la suma de los individuos, lo que expresamos a veces por 2+2=5. Pero un equipo no nace de un decretazo, se construye.

Los equipos de trabajo pueden aportar mucho a las empresas, y exigen relativamente poco a cambio, pero lo necesitan de forma imprescindible, como por ejemplo la consideración personal. Si quieres recibir confianza, podríamos decir al jefe, empieza por darla, una y otra vez. Considera a los trabajadores como personas, no como matrículas en la lista de nóminas. Comprende que empresa y trabajadores son mutuamente dependiente, como los miembros y el estómago de la fábula contada por Cícero. Y antes de quejarte de lo que recibes, fíjate en lo que estás dando.

 

DE VERDAD ¿SOY INTELIGENTE?

Por José E. García  


Cuando yo era pequeño, vamos cuando iba al cole, comenzaron a evaluarnos el nivel de Coeficiente Intelectual, el tan conocido C.I. Entre los compañeros siempre existían pequeños comentarios como por ejemplo, quien era el empollón, quien era el más tonto, etc. Creo que estos comentarios eran únicamente para ver quien era el más ingenioso en hacer alguna gamberrada. En fin, cosas de chiquillos. Sin embargo nos decían, que eso del C.I. también afectaría a nuestro futuro porqué en función de él, tendríamos unas expectativas u otras. Así, los que tenían un alto C.I. podrían llegar a ser astronautas.

La verdad es que mi coeficiente era normalito, es decir, según mi profesor, para ser bombero.

¿Qué pensaría mi profesor si se le hubiera quemado la casa, y los bomberos con ese C.I. normalito le hubieran salvado su preciosa casita?. Bueno, esto no viene a cuento en estos momentos. Pero algún día se lo preguntaré.

El caso es que todo se basaba en el maldito Coeficiente Intelectual. Parecía como si llevaras una etiqueta detrás que dijera; “soy el empollón”, “soy el más burro de la clase”, “soy ....”.

Pero ahora me pregunto en multitud de ocasiones; ¿Cuánta I.E. poseía que no evaluaron mis queridos profesores?. ¡Hay perdón!, se me olvidaba ¿Cuánta Inteligencia Emocional poseía o al menos podían haber fomentado?.

Pues la misma pregunta me hago ahora sobre los empleados de múltiples empresas. ¿Pueden sus superiores inmediatos llegar a reconocer cuál es el potencial de inteligencia emocional que tienen sus empleados.? ¿Saben los propios directivos cuál es el potencial que pueden llegar a desarrollar?.

Personalmente considero que la inteligencia emocional puede ser tomada como un factor muy importante a la hora de determinar el éxito. Las emociones descontroladas pueden convertir en estúpida a la gente más inteligente. Del mismo modo, poseer y aprender a fomentar el control emocional puede ayudarnos a desarrollar nuestra propia inteligencia, facilitándonos así el camino hacia el triunfo profesional.

Al contrario que el C.I., la I.E. constituye un proceso de aprendizaje mucho más lento, que prosigue durante toda la vida y nos permite ir aprendiendo de nuestras experiencias.

Actualmente se subraya la importancia del C.I. pero, por sí solo, difícilmente puede dar cuenta del éxito o del fracaso en la vida: ”La investigación ha demostrado que la correlación existente entre el C.I. y el nivel de eficacia que muestran las personas en el desempeño de su profesión no supera el 25%, aunque un análisis más detallado revela que esa correlación no  suele superar el 10%  y a veces es incluso inferior al 4%.

Esto significa que, en el mejor de los casos, el C.I. deja sin explicar el 75% del éxito laboral y, en el peor, el 96% o, dicho de otro modo, que el C.I. no nos permite determinar de antemano quién triunfará y quién fracasará” (Daniel Goleman, 1998).

Por ello deberíamos replantearnos cuando alguien nos dice que tal persona es “inteligente”, a qué tipo de inteligencia se está refiriendo, porque no es el C.I. el que determina a los trabajadores con mayor potencial.

Las competencias emocionales implican cierto grado de dominio de los sentimientos, y combinan el pensamiento y la emoción. Esto se logra conociéndonos a nosotros mismos, y para eso debemos saber cuáles son nuestras capacidades y limitaciones, asumir los fracasos y aceptar las críticas, relacionarnos empáticamente con los demás, satisfacer sus necesidades, aceptar las diferencias e integrarnos activamente en el grupo.

En un mercado laboral cada vez más duro y competitivo, no es suficiente el tener una buena preparación académica, ni siquiera el tener una amplia experiencia laboral. Si aprendiésemos a mantener bajo control las emociones e impulsos conflictivos; a ser íntegros y responsables; a permanecer abiertos a las ideas y enfoques nuevos, y adaptarnos rápidamente a los cambios, tendríamos una mayor autorregulación que nos permitiría afrontar con más serenidad las situaciones estresantes y ser más productivos.

Antes de pretender ser un trabajador ideal, tal vez debamos intentar mejorar la propia persona y marcar la diferencia está al alcance de nuestra mano, sólo es cuestión de autoentrenamiento.

Si conseguimos desarrollar nuestro potencial e incrementar nuestra Inteligencia Emocional, nos convertiremos en personas más válidas y eficientes tanto en el trabajo como en nuestra vida personal. Si sabemos autocontrolarnos, también seremos capaces de controlar el ambiente que nos rodea consiguiendo así, que las situaciones ansiógenas de la vida diaria puedan pasar más desapercibidas. 

En los próximos boletines, daremos estrategias de autoconocimiento y desarrollo de la Inteligencia Emocional. Espero que sean prácticos y útiles.

 

ÉCHAME UN ANCLA  (PNL 8ª parte)

Por Michel Henric-Coll  


Cuando ves esta foto u oyes aquella canción del verano pasado, ¿no afluyen a tu mente una serie de recuerdos: la playa, el sol, la discoteca, los amigos -o lo que tocaba en tus últimas vacaciones- ? ¿No sientes una oleada de emociones, y no ilumina tu cara una dulce sonrisa? Pues acabas de activar un anclaje.

Un anclaje es una asociación entre un estímulo y una respuesta. El estímulo puede proceder de cualquier canal perceptivo: Visual, Auditivo, Kinésico u Olfativo. Por tanto puede ser la visión de una foto, el encuentro con un viejo amigo, una música, una mano en el hombro o el olor de la lavanda. Y la respuesta puede ser una estado emocional o un comportamiento.

Hay anclas positivas, que provocan estados emocionales agradables, refuerzan nuestra confianza, nos producen alegría o felicidad. Y hay anclas negativas que producen lo contrario.

Las paredes hablan

En una oportunidad, estaba dando la segunda sesión de formación a un grupo de catorce vendedores de una misma empresa, y les notaba tensos, prudentes y poco participativos, diferentes del clima que habíamos conseguido en la sesión anterior. La sala de formación, agradablemente acondicionada, estaba ocupada por otro departamento y nos habían alojado en la sala de reunión de los comerciales. Esto parecía lógico a la Dirección, teniendo en cuenta que esta sala era precisamente la de los vendedores. Pero algo no funcionaba.

Cuando un formador percibe que el grupo no funciona, es aconsejable que pase a la metacomunicación y haga reflexionar el grupo sobre su propia situación, lo que hicimos. A la cuestión: "¿Qué os recuerda esta sala?", contestaron primero con onomatopeyas: "Uff, ¡Ay!, Oh la la", y aclararon a continuación que ese era el lugar donde el Jefe de Ventas acostumbraba a echarles broncas o a dejar en mal lugar al vendedor con menores ventas del mes.

Se había establecido un anclaje negativo entre los vendedores y la sala, dónde todo les traía malos recuerdos.

Durante el descanso conseguimos recuperar la sala de formación que se había desocupado y volvimos a encontrar el clima de distensión y participación de la sesión anterior.

Nuestros estados de recursos

Todos conocemos situaciones en las que nos sentimos orgullosos y llenos de energía, situaciones en las que nos sentimos capaces de superar cualquier reto, como un alpinista que culmina el K2. Puede ser después de un partido de volley ball que hemos ganado contra un rudo adversario; en la entrega de premios por nuestro notable trabajo en el Gran Salón de Actos; o cuando conseguimos bajar en rappel en el Outdoor de cohesión de equipo.

Pues estos estados particulares y gratificantes son susceptibles de ser anclados, de tal forma que cuando activemos el ancla, volveremos a experimentar un estado emocional parecido al momento del anclaje, lleno de confianza y de energía.

Existe una relación directa entre los estados anímicos y los resultados que conseguimos. Cuando nos sentimos entusiastas y confia­dos en el éxito, las cosas nos salen mejor. Por el contrario, si nos sentimos decaídos, dudosos e inseguros, las cosas suelen salirnos mal.

 

 

Nuestros comportamientos son el reflejo de nuestros pensamientos conscientes. Si estamos convencidos de que vamos a suspender el examen del carné de conducir, hay una mayor probabilidad de que efectivamente, no aprobemos. Y nuestros pensamientos conscientes proceden, a su vez, de nuestras emociones más o menos inconscientes como los miedos, las dudas, la desconfianza, el decaimiento.

La PNL posee los medios de inducir en nosotros mismos los estados de recursos deseados. Aplicando sus métodos, pode­mos pasar de un estado negativo a otro positivo. Pero lo importante es que a su vez, pasamos de hacer mal las cosas a hacerlas bien. Se trata de activar en el momento adecuado nuestros anclajes positivos. Como tomar una copa con este divertido compañero del equipo de Volley Ball, escuchar el himno de We Are The Champions que tocaban en la entrega de premios o volver a mirar la foto de nuestra bajada en rappel.

La PNL presenta técnicas formales para anclar emociones positivas o desanclar miedos y emociones negativos, aunque os remito para su completa descripción a la literatura especializada.

Así, resulta posible anclar estados anímicos positivos (desgraciadamente también negativos y sin querer) y activar los anclajes a posteriori. Los aplausos que recibimos son anclajes emocionales, se anclan cuando los merecemos y se activan aplaudiendo antes y durante una prueba difícil.

Retomando el caso de los vendedores anteriormente comentado, los jefes deberían pensar en reforzar los comportamientos satisfactorios de sus colaboradores, y no solo destacar los errores e insuficiencias, sino provocarán anclajes negativos y la sola visión del jefe puede provocar emociones negativas, desestabilizadoras, y contraproducentes.

CÓCTEL SINERGÉTICO

Por Patricia Pérez


Probablemente debido a mi relativa corta edad y consecuente inexperiencia en muchos aspectos, la palabra sinergia no ha sido precisamente de las más utilizadas en mi vocabulario. Para ser sincera, tampoco le había prestado demasiada atención ya que se me antojaba un tecnicismo propio de corrientes neo-humanistas, que tan de moda están ahora, y cuyo significado poco me podía aportar salvo un concepto más para  engrosar mi diccionario particular.

Sin embargo, durante mi estancia en la universidad me vi obligada a estudiar este “extraño concepto” que resultó ser, para mi sorpresa, un término que además de explicar la eficacia de los equipos de trabajo que logran trabajar de manera sinérgica, se puede aplicar a muchas situaciones de la vida diaria.

Mi vida está llena de situaciones sinérgicas, y yo sin enterarme!!

Haciendo un repaso entre mis recuerdos, una de las primeras experiencias sinérgicas que me viene a la mente, hace referencia a un juego que compartía con mis primos durante mi infancia y que siempre he recordado con cariño.

El juego consistía en formar primeramente dos grupos con el mismo número de personas. Los componentes de uno de los equipos debían representar con mímica el nombre de una película, y los del otro equipo tenían que adivinarla en el menor tiempo posible. Si transcurridos tres minutos, el que representaba no lograba que los demás la adivinasen quedaba eliminado y el equipo contrario no se podía adjudicar el punto, por lo que ambos perdían.

El objetivo del equipo que representaba era que los otros adivinasen la película, pero en el mayor tiempo posible (porque el tiempo también contaba), mientras que el objetivo del equipo contrario era adivinar las película cuanto antes.

Me parecía sorprendente las estrategias que llegábamos a montar para la representación, y lo que más me sorprendía era la cantidad de ideas que se aportaban que a mi nunca se me habrían pasado por la cabeza, ya fuese para diseñar la estrategia, como para adivinar el significado de las representaciones del grupo contrario.

Todos nos implicábamos muchísimo en el juego y la victoria del grupo la sentía como propia, del mismo modo la derrota me sentaba fatal, tenía la sensación de haberle fallado al equipo y a mi misma.

La sinergia era capaz de producir un resultado que nunca se hubiese podido lograr sin la ayuda de dos o más cerebros reunidos con espíritu de cooperación y respeto, comunicándose y dejando fluir la intuición.

Gracias a la sinergia, el todo es mayor que la suma de las partes, y la aritmética tradicional  queda modificada (1+1=3). Viene a ser como sumar multiplicando, algo que sucede cuando todas las energías unidas se dirigen a un mismo blanco.

Por estos entonces, yo ni siquiera había oído hablar de la sinergia, sin embargo era capaz de experimentar la sensación de seguridad, entusiasmo y aventura que producía el comunicarse sinergicamente con los demás, dejando volar la imaginación, la creatividad y abriendo las expresiones a nuevas alternativas, nuevas experiencias, nuevas opciones. Respetando y aceptando a los demás, al tiempo que te sientes tu mismo respetado.

La sinergia forma parte de la vida, el propio universo está formado sinérgicamente y por tanto podemos ver sus acciones en muchas situaciones distintas.

Aún recuerdo los efectos de aquel cóctel con un montón de bebidas alcohólicas diferentes que mis amigos prepararon para celebrar mi 16 cumpleaños.

No bebí demasiado porque, la verdad, aquello era insufrible. Sin embargo, al día siguiente casi no me podía mover, sentía que la cabeza me iba a estallar de un momento a otro y no me recuperé completamente de aquella impresionante resaca hasta tres días después.

Ni por un momento se me pasó por la cabeza que la explicación a mis males la podía encontrar en la sinergia, pues no era consciente que la acción de una o más substancias tienen efectos diferentes cuando se juntan, a los que pueden tener individualmente.

Actualmente soy becaria en una empresa que se dedica a la consultoría de recursos humanos. Diariamente estoy viendo la importancia de la sinergia en los equipos de trabajo, y cómo mejoran  los resultados  aquellos en los que se consigue que la gente esté realmente implicada y sea capaz de sentir entusiasmo y confianza en el trabajo que realiza, así como en las personas que conforman su equipo.

La esencia de la sinergia consiste en valorar las diferencias, respetarlas y compensar las debilidades para construir a partir de ellas nuevas y mejores alternativas.

Si se consigue que los miembros de un equipo comprendan esta premisa, los resultados que obtengan serán mucho mejores, a la vez que las interrelaciones entre los miembros serán más distendidas y respetuosas, mejorando así el clima laboral.

En conclusión, si se consigue que un equipo trabaje sinérgicamente, estaremos mejorando no sólo los resultados y las aportaciones a la empresa, sino también estaremos asegurando bienestar personal de los miembros, que a su vez reportará mayor implicación por su parte, lo que permitirá obtener mejores resultados... Se conseguirá pues, establecer un paradigma de ganar-ganar. Una relación en la que todas las partes implicadas ganen y tanto empresa como trabajadores estén satisfechos con el trabajo realizado y los resultados obtenidos de él.

Este es el camino más fácil para conseguir una mejora constante y progresiva que nos conduzca hacia el éxito y a la vez nos haga sentirnos bien con nosotros mismo y con las personas que nos rodean.


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