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Asunto:[ept-venezuela] Plagio....
Fecha:Jueves, 18 de Octubre, 2012  16:48:59 (-0430)
Autor:juankujawa <juan.kujawa @.....com>

Juan Kujawa Haimovici
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Auge de la trampa en educación


Rosa María Torres

Cómo hacer trampa en los exámenes

En una revista académica estadounidense me topé hace tiempo con una investigación dirigida por un profesor de Etica Comercial en una universidad de New Jersey. La investigación, realizada entre 15.904 estu­diantes de 31 pres­tigio­sas univer­sidades estadounidenses, buscaba averiguar qué tan extendida está la trampa entre los estudiantes al momento de los exámenes y comparar los resul­tados entre distintas especia­lidades y carreras. Aquí, brevemente, las conclusiones.

El orden descendente de los más tramposos a los menos tramposos quedó así: estudiantes de carreras comerciales, ingeniería, medi­cina, servicio público, artes, leyes, y educación. Los más tramposos resultaron ser (¿previsiblemente?) los futuros comerciantes: 76% admitió haber hecho trampa alguna vez, 19% de manera regular. Los menos tramposos resultaron ser los estudiantes de Educación: 57% de ellos admitió hacer trampa, 8% de manera regular.

Los estudiantes de Leyes fueron los segundos menos tram­posos: 63% aceptó haber hecho trampa en los exáme­nes, 12% de ellos regularmente. El equipo de investiga­ción quedó asombrado ante la honestidad de los fu­turos abogados, en comparación con los estudiantes de otras carre­ras, llegando a sugerir que los estudiantes de Leyes "estén tan preocupados con la posibilidad de que sus récords se den a conocer, que no pueden admitir hacer trampa aún en una encuesta anónima".

La investigación mostró que los es­tudiantes más proclives a hacer trampa provienen de sec­tores sociales con ingresos económicos altos. Los estudiantes de familias con un ingreso mayor a los 150.000 dólares mensuales aparecieron con un 50% más de probabilidades de hacer trampa regularmente que aquellos provenientes de familias con ingresos inferiores a los 25.000 dólares. Una situación económi­co-social privilegiada - concluía el informe - puede ser dañina para la ética de un estudiante. En cuanto a la relación entre hombres y mujeres, ellas constituían el 74% de los tramposos.

El estudio concluía que entre el 57% y el 76% de los estudiantes universitarios estadounidenses han hecho trampa alguna vez en los exámenes, entre 8% y 19% de manera regular. En definitiva, más de la mitad ha practica­do alguna forma de engaño académi­co y entre una décima y una quinta parte termina y aprueba la carrera universitaria haciendo trampa. La conclusión, alarmada, era: la trampa es práctica corriente y aceptada en las aulas universitarias en Estados Unidos; a ello no escapan las universidades prestigiosas ni los mejores alumnos ni los provenientes de familias adineradas.

Casi dos décadas han pasado desde entonces, mucho se ha investigado y escrito al respecto, la trampa se ha convertido ya en campo específico de especialización en educación. Todos los estudios concluyen que la trampa académica va en aumento, a lo largo y ancho del sistema escolar, en todo el mundo. No solo recurren a ella los malos alumnos, atrapados en la lógica del "rezago" y de la supervivencia escolar, sino también los mejores, atrapados en la lógica de la competencia y la búsqueda de "excelencia", entendida como colocarse - a cualquier costo - en los primeros lugares. A la inocente "ayuda" de los padres de familia en las tareas escolares, en los primeros años de la escuela, se agregan la "ayuda" de los compañeros, la copia en el examen, el "cut & paste" (copiar y pegar) a mansalva, regalos, cuotas y lisonjas para asegurar mejores calificaciones y pases de año, etc. Ni de niños ni de adultos los estudiantes son formados en los valores de la ética y la honestidad intelectual, en las reglas del trabajo académico, el manejo y la cita de las fuentes, el uso de comillas, los derechos intelectuales. Hay evidencia, de hecho, de que muchos estudiantes hoy, desde la primera infancia hasta la edad adulta, no perciben con claridad la diferencia entre ideas propias y ajenas, entre crear y copiar.

Internet se ha convertido en un gran aliado de la trampa y de los tramposos a todos los niveles, así como en un instrumento cada vez más eficaz para su detección y denuncia. Estudios muestran que, a mayor número de aparatos electrónicos a disposición de los estudiantes, mayores son las probabilidades de que estos se tienten e incurran en prácticas dolosas. Hacer trampa se ha vuelto más fácil y más frecuente, asimismo, debido a factores tales como: el espíritu competitivo que rige y se alimenta hoy en la sociedad y en el sistema educativo en particular (pruebas, puntajes, ránkings, etc); la fama y el éxito rápidos como sentido y norte principal de la vida; el aflojamiento de estándares, valores positivos y códigos de ética; la tolerancia abierta o velada a la trampa y al engaño tanto en la familia como en el sistema escolar, en el trabajo y en las instituciones académicas; el creciente facilismo y ley del menor esfuerzo instalados en relación con el estudio, el aprendizaje, el desarrollo profesional; la obsesión con la evaluación y con las pruebas como componente central de las reformas educativas y de la reforma educativa mundial; la idealización del trabajo en equipo, que lleva a menudo a delegar en otros el propio esfuerzo y la propia responsabilidad; la promoción de exámenes libres o a realizar en la casa, que parten de una confianza en el estudiante muchas veces abusada o mal aprovechada dada la deficiente formación ética y los jalones en sentido contrario de la cultura dominante.

El plagio es pan de todos los días, o al menos cada vez más fácil de detectar gracias a la visibilidad de internet y a un sinnúmero de aplicaciones desarrolladas para descubrirlo. Escándalos renombrados de plagio salpican a las altas esferas de poder, a medios de comunicación y a prestigiosas instituciones académicas, Harvard entre ellas. Muchos de esos escándalos han terminado en juicios o renuncias de mandatarios, ministros, periodistas, académicos, investigadores, rectores, profesores.

La venta de exámenes (de alumnos, de profesores, de autoridades, de funcionarios, etc.) y de títulos académicos, incluyendo maestrías y doctorados, está extendida en el mundo, tanto en los países del Norte como del Sur. No hay nada que no pueda hoy venderse y comprarse: currículos vitae, tesis, marcos teóricos, resúmenes de lecturas, deberes listos, premios, medallas, títulos honoríficos, menciones de calidad y excelencia para planteles y personas, y toda clase de certificados y elogios. Una jugosa y próspera industria ha venido erigiéndose, cada vez más en internet, en torno a vanidades personales e institucionales, y a la presión social por acumular títulos, cartones, certificaciones de todo tipo.

Un caso concreto y escandaloso al que dimos seguimiento y denunciamos en numerosas oportunidades es el del llamado Consejo Iberoamericano en Honor a la Calidad Educativa (CIHCE) http://consejoiberoamericano.org , con sede en Lima, que realiza cumbres anuales y distribuye premios a troche y moche, a la vista de todos, a cambio de pagos de diversa índole. Pese a todas las denuncias, el mentado consejo sigue en pie, con página web y recientemente con cuenta en Twitter, exhibiendo su galería de premiados, entre quienes encontramos a políticos, ministros, rectores universitarios, académicos, etc. La próxima "cumbre" y entrega de premios se hará en Lima en noviembre 2012. Incluimos abajo la carta que, como Foro de ExMinistros de Educación del Ecuador, redactamos y divulgamos ampliamente en el año 2008 denunciando las actividades fraudulentas de dicho Consejo.

Si usted conoce un caso comprobado de trampa académica para compartir y denunciar, a cualquier nivel, por favor hágalo - preferentemente con nombres y datos concretos - en la sección Comentarios en esta misma entrada. Un aporte ciudadano a la urgente necesidad de poner freno al fraude y a la corrupción en el campo educativo.





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