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Asunto:[ept-venezuela] Tecnología... ¿ideología del siglo XXI?
Fecha:Lunes, 21 de Febrero, 2011  12:22:44 (-0430)
Autor:Jorge Emilio Cañizalez Gonzalez <jorgeemiliocg @.....com>

Tecnología... ¿ideología del siglo XXI?

El autor desmenuza los riesgos y las oportunidades de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en el futuro inmediato de la humanidad.

Edición Impresa: lunes, 21 de febrero de 2011
Tecnología... ¿ideología del siglo XXI?

Miguel Ángel Gutiérrez - Licenciado en Ciencias Políticas. Doctor en Historia. Preside el Centro Latinoamericano de Globalización y Prospectiva, nodo argentino del Millennium Project

La caída del Muro de Berlín inició la fase final de las ideologías del siglo XX: la economía de mercado y el comunismo. Francis Fukuyama tituló un libro “El fin de las ideologías”. En él, como parte de la victoria final del capitalismo sobre el “socialismo real”, proclamó la hora del liberalismo como estado homogéneo universal, Hipótesis ésta que fue mundialmente criticada, y que hechos tales el ingreso de China al mundo capitalista, la crisis global de 2008, los PIGS, los BRIC mostraron que era totalmente errónea.

El mundo cambió, pero no sólo los sistemas políticos; los negocios cambian al impulso de las tecnologías, las que al mismo tiempo, están destruyendo los modelos de negocio tradicionales. La innovación ha dejado de ser una opción respecto a lo que se puede hacer, dado que si no se innova, quedaremos fuera del juego.

La crisis financiera impulsará cambios en la industria automovilística y en materia energética. Las investigaciones promovidas por gobierno e inversores privados de USA tras el descubrimiento del genoma humano, modificarán dramáticamente las industrias médica y farmacéutica; el espectáculo, la música y los medios de comunicación, transitan profundas transformaciones, las que en los próximos años pondrán bajo asedio empresas en áreas tales como seguros, comercio minorista, transporte aéreo y terrestre y los servicios públicos o privados.

Las ideologías cumplen una función simplificada de la realidad. Si asistimos al fin de las ideologías del siglo XX, ¿cabe preguntarnos cuál ocupará su lugar? Así como la idea de progreso impregnó la sociedad industrial, hoy la “fe” en que la tecnología por sí sola, traerá el paraíso a la tierra, está muy extendida. La “confianza científica” dice que para cada problema hay una solución y que la tecnología constituye la variable motriz de la innovación y de la transformación productiva. Pero la experiencia -como la burocracia- siempre encuentra uno o varios problemas para cada solución.

Surge así una pregunta crítica: ¿cuáles son los criterios no económicos para estimar el real valor de la innovación? Lo cierto es que la I&D se realiza exclusivamente bajo criterios de utilidades empresariales y los riesgos que implica su uso no son cubiertos por las corporaciones ni los gobiernos.

Recordemos los recientes desastres del golfo de México, la mina San José en Chile o las minas de carbón La Preciosa, y La Escondida en Colombia.

Pero no sólo hay riesgos por accidentes tecnológicos, hay una variedad cada vez mayor de desastres potenciales, por descuidos inocentes y también por intención malévola. No debe descartarse el uso de tecnologías avanzadas aplicadas a objetivos criminales, como podría ser el uso de drones para traficar drogas.

La computación e internet son -en el imaginario colectivo- el centro y eje de todos los cambios operados en la transición del milenio. Ahora, éstas se encuentran en pleno proceso de dejar de ser tecnología de innovación para devenir en “commodities” o facilidades incorporadas a todas las cosas que forman parte de nuestra vida, con la denominada computación ubicua. Y cuando ésta se encuentre operando a pleno conformando un mundo de infinitas conexiones, prácticamente todo cambiará para los negocios y la política.

Pero son muchas las reservas respecto a la aceptación ingenua del valor real de las tecnologías. En relación con la conectividad nada hace suponer que el acceso universal a la información signifique una reducción de la ignorancia.

Para empezar ¿cuál es el límite de las tecnologías? Ninguna de ellas queda confinada a la función que su creador original imaginó; las tecnologías se entrecruzan, se potencian, se modifican y generan nuevas aplicaciones, por lo que se hace necesario conocer cuáles pueden ser sus consecuencias, más allá del producto o servicio que la incorporen inicialmente.

También se alza una oposición, residualmente ideológica, que afirma que la incorporación indiscriminada de tecnología al sistema productivo produce más desempleo, precipitando a generaciones de adultos mayores fuera del mercado laboral, lo que sumado a la globalización del trabajo, implica un serio riesgo de marginalidad y exclusión.

En mi visión, esto puede ser real en lo inmediato, pero no necesariamente a largo plazo, por que las nuevas tecnologías generan otras necesidades y nuevas oportunidades laborales, se abren a poco andar.

No es cuestión de oponerse a cambios que se impondrán más allá de nuestra voluntad, como intentaron los luddites, aquellos artesanos textiles que destruían los telares británicos en la primera década del siglo XIX, sino de tomar conciencia que las tecnología requieren mayores conocimientos que su mera aplicación a la producción, tales como sus consecuencias, tanto técnicas, como sociales, económicas o políticas.

Los riesgos son múltiples y de gran importancia: el trabajo vale no sólo por su renumeración sino y principalmente porque confiere dignidad de persona al trabajador; la vigilancia electrónica cruzará todo el espacio público incluso los ámbitos más privados y personales, sin posibilidad que la gente pueda acceder al poder de controlar a quienes nos vigilan; la posibilidad de neos frankenstein, productos de la modificación genética, tecnológica, química, o psicológica, puede significar un primer paso hacia un mundo manipulado por la eugenesia. ¿Cuál es el espacio de la libertad humana cuando se programa un individuo?

Un riesgo no menor es una suerte de regla no expresamente formulada de que cuando la tecnología es más especializada, el entender sus consecuencias queda confinado a muy reducidos círculos “selectos”.

El poder se relaciona con la tecnología: potenciando la competitividad y brindando un sistema de creencias, pero, si como sostiene C.S. Levis, “cada nuevo poder ganado por el hombre es también un poder más sobre el hombre”... estas tecnologías pueden escapar al control social o político y dar lugar al terrorista con una bomba atómica en su portafolio o al Simad (siglas en inglés para designar a un solo individuo con armas de destrucción masiva) u otras formas sofisticadas de imponer unilateralmente una voluntad a toda la sociedad.

Tenemos que ser capaces de repensar todos los aspectos de la experiencia humana con relación al producto, servicio o aplicación tecnológica. Una tecnología al servicio del hombre y la sociedad y sólo, después de la economía; el desarrollo de tecnologías control de la innovación y una responsabilidad que cubra desde el ambiente hasta la disposición final del producto; son algunos de los criterios que debieran considerarse a la hora de establecer los límites de la ciencia y la tecnología, porque como las fuerzas armadas, el poder económico, el poder demográfico, las tecnologías tiene que ser puestas bajo un serio control social, para que no terminen controlándonos a todos.

Las opiniones vertidas en este espacio, no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.


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