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Asunto:[ept-venezuela] Demasiado tiempo sin hacer nada
Fecha:Sabado, 17 de Julio, 2010  21:28:59 (-0430)
Autor:EPT-Venezuela <ept.venezuela @.....com>


Demasiado tiempo sin hacer nada

Efrén Rodríguez Toro

Caracas, 17 de julio de 2010

Hablar de educación en Venezuela es casi como hablar de política. Uno suele percibir dos polos claramente diferenciados entre educación pública y educación privada, entre mediocridad y excelencia, pero la testaruda realidad insiste en enseñarnos la lección de los matices: ni todo lo público es malo ni todo lo privado es bueno.

Sin embargo, la lección de los matices tampoco puede prescindir de las tendencias y nadie en su sano juicio puede negar el creciente deterioro que la educación pública ha venido sufriendo desde hace ya varias décadas. Hablamos de la educación de las mayorías, la educación que no puede esquivar la pérdida de clases, la exoneración de materias y la conformidad ante la nefasta creencia de “si no pago, no puedo reclamar”.

En un país donde los sistemas de evaluación del sistema educativo han sufrido numerosos altibajos y donde la rendición de cuentas del Ministerio del Poder Popular para la Educación presenta severos problemas de forma y fondo, además de la dificultad para acceder a ellas, el testimonio de niños y adolescentes excluidos de las aulas confirman dicho deterioro.

En un acucioso y demoledor reportaje publicado el pasado 4 de julio de 2010 en El Nacional, la periodista Mireya Tabuas desgrana el devenir de cinco alumnos que por distintas razones y en diferentes niveles abandonaron la escuela y que nos muestra, sin cortapisas, el estado de la educación pública de nuestro país.

Problemas de infraestructura, pertinencia de los contenidos, violencia dentro y fuera de las escuelas, falta de profesores, familias disfuncionales, entre otros temas, aparecen con pasmosa naturalidad. Uno de ellos, Fabricio, nombre ficticio utilizado por la periodista para la protección de la fuente, resume la complejidad del tema: «A veces no venían los profesores, no tenía clases en todo el día, o había días en los que tenía una hora de clase a las 7:00 y la siguiente al mediodía (…) demasiado tiempo sin hacer nada». [1]

Una frase, ésta última, que bien puede resumir el estado actual de la educación pública en Venezuela y que deja para el recuerdo, según el testimonio de nuestros padres y hermanos mayores, la distinción de haber estudiado en el Andrés Bello, el Gustavo Herrera o el Instituto Experimental de Formación Docente, por citar tan sólo algunos de ellos.

Hoy, la realidad es otra. Los hijos de ministros y militares, así como los hijos de las clases económicamente más favorecidas estudian en instituciones educativas privadas. Un hecho perfectamente contrastable y comprensible, pero que, a fin de cuentas, revela la poca confianza que tienen las élites venezolanas en la educación pública.

Según la última Memoria y Cuenta del Ministerio del Poder Popular para la Educación (2008-2009), en el sistema educativo formal venezolano cursan estudios, excluyendo universidades y misiones, un total de 7.702.749 personas: 6.071.687 en la educación pública y 1.631.062 en la educación privada.

Tristemente, con sus honrosas excepciones nacionales, estadales y municipales, millones de venezolanos siguen recibiendo una pobre educación bajo la rectoría de un gobierno mimetizado en Estado, el cual, salvo intentar ideologizar, tiene «demasiado tiempo sin hacer nada» en la inaplazable tarea de ofrecer una educación coherente con nuestros principios constitucionales.

La educación privada, con una reputación variable, representa tan sólo el 20% de la oferta educativa. No podemos obviar esta realidad. No actuar hoy, sobre todo en lo que concierne al rescate de la educación pública, implicará pagar las consecuencias mañana. En eso, los venezolanos tenemos sobrada experiencia.

E-mail: er251173@gmail.com
Twitter: @er251173

[1] Tabuas, M.: “Escolaridad truncada”, en El Nacional, Cuerpo Siete Días, Domingo 4 de julio de 2010, pág. 2
Demasiado tiempo sin hacer nada

Efrén Rodríguez Toro

Caracas, 17 de julio de 2010

Hablar de educación en Venezuela es casi como hablar de política. Uno suele percibir dos polos claramente diferenciados entre educación pública y educación privada, entre mediocridad y excelencia, pero la testaruda realidad insiste en enseñarnos la lección de los matices: ni todo lo público es malo ni todo lo privado es bueno.

Sin embargo, la lección de los matices tampoco puede prescindir de las tendencias y nadie en su sano juicio puede negar el creciente deterioro que la educación pública ha venido sufriendo desde hace ya varias décadas. Hablamos de la educación de las mayorías, la educación que no puede esquivar la pérdida de clases, la exoneración de materias y la conformidad ante la nefasta creencia de “si no pago, no puedo reclamar”.

En un país donde los sistemas de evaluación del sistema educativo han sufrido numerosos altibajos y donde la rendición de cuentas del Ministerio del Poder Popular para la Educación presenta severos problemas de forma y fondo, además de la dificultad para acceder a ellas, el testimonio de niños y adolescentes excluidos de las aulas confirman dicho deterioro.

En un acucioso y demoledor reportaje publicado el pasado 4 de julio de 2010 en El Nacional, la periodista Mireya Tabuas desgrana el devenir de cinco alumnos que por distintas razones y en diferentes niveles abandonaron la escuela y que nos muestra, sin cortapisas, el estado de la educación pública de nuestro país.

Problemas de infraestructura, pertinencia de los contenidos, violencia dentro y fuera de las escuelas, falta de profesores, familias disfuncionales, entre otros temas, aparecen con pasmosa naturalidad. Uno de ellos, Fabricio, nombre ficticio utilizado por la periodista para la protección de la fuente, resume la complejidad del tema: «A veces no venían los profesores, no tenía clases en todo el día, o había días en los que tenía una hora de clase a las 7:00 y la siguiente al mediodía (…) demasiado tiempo sin hacer nada». [1]

Una frase, ésta última, que bien puede resumir el estado actual de la educación pública en Venezuela y que deja para el recuerdo, según el testimonio de nuestros padres y hermanos mayores, la distinción de haber estudiado en el Andrés Bello, el Gustavo Herrera o el Instituto Experimental de Formación Docente, por citar tan sólo algunos de ellos.

Hoy, la realidad es otra. Los hijos de ministros y militares, así como los hijos de las clases económicamente más favorecidas estudian en instituciones educativas privadas. Un hecho perfectamente contrastable y comprensible, pero que, a fin de cuentas, revela la poca confianza que tienen las élites venezolanas en la educación pública.

Según la última Memoria y Cuenta del Ministerio del Poder Popular para la Educación (2008-2009), en el sistema educativo formal venezolano cursan estudios, excluyendo universidades y misiones, un total de 7.702.749 personas: 6.071.687 en la educación pública y 1.631.062 en la educación privada.

Tristemente, con sus honrosas excepciones nacionales, estadales y municipales, millones de venezolanos siguen recibiendo una pobre educación bajo la rectoría de un gobierno mimetizado en Estado, el cual, salvo intentar ideologizar, tiene «demasiado tiempo sin hacer nada» en la inaplazable tarea de ofrecer una educación coherente con nuestros principios constitucionales.

La educación privada, con una reputación variable, representa tan sólo el 20% de la oferta educativa. No podemos obviar esta realidad. No actuar hoy, sobre todo en lo que concierne al rescate de la educación pública, implicará pagar las consecuencias mañana. En eso, los venezolanos tenemos sobrada experiencia.

E-mail: er251173@gmail.com
Twitter: @er251173

[1] Tabuas, M.: “Escolaridad truncada”, en El Nacional, Cuerpo Siete Días, Domingo 4 de julio de 2010, pág. 2

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Foro Educación para Todos (EPT-Venezuela)
Coalición venezolana en favor de una educación de calidad para todos
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