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Asunto:[encuentrohumboldt] 12/05 - Archipiélagos urbanos en la periferia de la re gión metropolitana de Buenos Aires: las transformaciones socio-territoriales en la era de la globalización
Fecha:Lunes, 24 de Enero, 2005  19:12:07 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

Archipiélagos urbanos en la periferia de la región metropolitana de Buenos Aires:

las transformaciones socio-territoriales en la era de la globalización.

 

                                                                                                    Arq. DP. Sonia Vidal-Koppmann

                                                                                                    Investigadora Adjunta IMHICIHU/CONICET

 

                                                                                                        Colaboración cartográfica: Arq. Patricia Dietrich

                                                                                                       

                                                                                                        C.I.M./FADU/UBA

 

 

Introducción

 

La Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA) ha sido, durante varias décadas, una interesante área para todo tipo de investigaciones urbanas, dada su alta complejidad y su crecimiento, la mayoría de las veces, carente de toda planificación. Los agentes responsables de su gobierno han demandado, desde siempre, estudios para entender esta problemática tan compleja y poder actuar en consecuencia. En tanto que, los investigadores urbanos (sociólogos, urbanistas, economistas, antropólogos, geógrafos, etc.) han visto en estos escenarios hipertrofiados un vasto campo de análisis. Sin embargo, podemos afirmar que hasta el presente los estudios realizados no han abarcado la totalidad de los problemas que van surgiendo a medida que pasa el tiempo y que surgen nuevos factores exógenos que inciden en su dinámica.

 

Por este motivo, encarar como línea de investigación las transformaciones socio-territoriales de la RMBA no significa embarcarse en una temática trillada sino, por el contrario, en un nuevo abordaje para la profundización de cuestiones no resueltas.

 

Dado que la sola mención de la palabra "transformaciones" implicaría numerosos fenómenos que han acaecido en la región, es que nos hemos propuesto como objetivo de trabajo centrarnos en el estudio de las modificaciones socio-espaciales debidas a la aparición de una nueva forma de producción de espacios urbanos: las urbanizaciones cerradas.

 

Este fenómeno, desarrollado con lentitud a partir de la década de los setenta, hizo eclosión en los últimos diez años del siglo XX dentro del marco de una política económica neoliberal, que cedió terreno a las fuerzas de mercado y dejó al descubierto la ineficiencia y la falta de estrategias y políticas de planificación del sector público.

 

En consecuencia, el gran escenario configurado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los partidos que integran su área de influencia, muestra los efectos más palpables de la globalización: suburbios donde los estratos económicos más bajos de la población pugnan por sobrevivir hacinados en las llamadas "villas miseria"[1][1], y donde sectores elitistas de altos ingresos han decidido afincarse en enclaves amurallados para preservar su calidad de vida.

 

En esta ponencia pretendemos analizar brevemente los cambios socio-territoriales acaecidos, donde el comienzo de los 90 marca un punto de inflexión con respecto al aumento de las condiciones de pobreza de gran parte de su población y a una más notable diferencia entre ricos y pobres. Paralelamente con el deterioro de la situación socioeconómica, se ha ido evidenciando la degradación del medio urbano y la búsqueda por parte de los sectores de mayores ingresos de una forma de hábitat, libre de las crecientes patologías urbanas (violencia, inseguridad, contaminación, etc.). Dentro de este contexto puede empezar a explicarse el éxito inmobiliario de las urbanizaciones cerradas, denominadas condominios o cotos cerrados en otros países de la región, como uno de los factores de peso en la fragmentación del territorio. Así puede afirmarse que Buenos Aires se ha convertido en un caso emblemático, al presentar dentro de su periferia y en un radio entre 30 y 60 kilómetros del centro de la ciudad, más de 400 urbanizaciones cerradas entre las que se incluyen los proyectos de ocho ciudades privadas[2][2]. Dichos conjuntos poseen varias características en común: su acceso limitado por barreras, el cerco perimetral y los dispositivos de seguridad y vigilancia privada. Su extensión en superficie es variada; existen urbanizaciones de 4 hectáreas y otras que superan las 1.000. Su condición es híbrida; por un lado, cuentan con todos los servicios y equipamientos de la gran ciudad y por otro, se insertan dentro de ámbitos eminentemente rurales. No obstante, lo que es claro es el paisaje final que dichos conjuntos han delineado sobre el territorio: un archipiélago de “pedazos” de ciudad conectados por autopistas, superpuesto a una trama urbana pre-existente.

 

La transformación de espacios públicos en privados, la mundialización de las formas arquitectónicas, la convivencia de lo tradicional con lo nuevo son sólo algunas de las facetas de la globalización, aplicada al territorio de influencia de la Ciudad de Buenos Aires. Pero sin duda, en todas estas mutaciones han tenido un peso preponderante los cambios en los mecanismos de gestión urbana, que acompañaron a las políticas de liberalización, privatización y desregulación. El repliegue de la intervención del Estado, tanto en el orden nacional como en el orden local, fue dando lugar a la aparición de un nuevo actor protagonista del desarrollo urbano: el capital privado. Asimismo el vacío legal en materia de normativa urbanística, puso en evidencia las debilidades del sistema de planeamiento urbano de casi todos los municipios de la región metropolitana. Ante la ausencia de una planificación estratégica de parte de los gobiernos locales, el mercado y el capital privado se convirtieron en los agentes productores del desarrollo urbano. Coincidiendo con De Mattos (2002), puede agregarse que muchos de los obstáculos que habían sido establecidos en décadas anteriores a los 90, fueron sorteados dando lugar a una dinámica estrictamente capitalista en la producción de la ciudad, otorgando a la plusvalía urbana el rango de criterio urbanístico básico.

 

El cambio más notorio en la morfología urbana es, posiblemente, el cambio de referente; es decir, que del modelo compacto de la ciudad europea que sirvió de base para la mayoría de las ciudades latinoamericanas, se ha pasado al modelo difuso de la ciudad norteamericana. Tal vez los archipiélagos urbanos creados por los barrios cerrados en la periferia de la RMBA, sin ser la única forma  nueva en la ciudad global son  bastante representativos de esta territorialidad desarraigada. De hecho pretenden ser urbanos pero escapan de las denominadas zonas urbanizadas y pretenden ser rurales pero sólo comparten con los antiguos vecinos rurales una porción de territorio ocupado y no sus formas de vida.

 

Desde un punto de vista estructural, si hubiera que caracterizar topológicamente este nuevo tipo de espacio urbano, habría que apelar a la noción de continuo en lo que se refiere a las redes de enlace entre la ciudad principal y sus barrios diseminados, y a la noción de elementos discretos para describir al conjunto de pueblos privados, barrios cerrados y clubes de campo que se vinculan con ella a través de las redes mencionadas. Sintéticamente, podría describirse como un modelo organizado en base a nodos y redes. En este caso los fragmentos urbanos trascienden las fronteras de la ciudad primacial, se insertan dentro de las jurisdicciones administrativas de otros partidos de los cuales forzosamente deben participar a través del pago de impuestos por ejemplo; pero la trama de relaciones sociales se sigue manteniendo con la ciudad central. En la figura “Urbanizaciones privadas en la RMBA”, colocada al final de este trabajo hemos intentado representar gráficamente esta situación.

 

En cuanto a los aspectos funcionales, la noción de desanclaje propuesta por A. Giddens (1997), es clave para poder explicar esta nueva forma de inserción en el territorio. El distanciamiento del tiempo con relación al espacio puede verificarse en la modificación de las funciones urbanas, que en estos casos se encuentran sectorizadas entre la ciudad central y los núcleos desprendidos de ésta. La conexión con los canales de circulación y la nueva estructura de redes de comunicación provistas por la moderna tecnología, son los dos componentes fundamentales para que esta fragmentación de las funciones urbanas pueda concretarse.

 

La relación espacio-tiempo se advierte de manera diferente cuando se estudian los distintos tipos de asentamientos instalados en la periferia metropolitana. Por un lado las villas ilegales más conectadas con los centros tradicionales de los partidos y por otro, las urbanizaciones cerradas conectadas apenas con dichos centros y vinculadas exclusivamente con un conjunto de lugares que forman parte de la modernidad-mundo: los shopping centers, los hipermercados, los grandes centros de amenidades y por supuesto la ciudad de Buenos Aires. Su vinculación es posible sólo por medio del transporte privado automotor (el auto o los autos son los elementos infaltables para esta nueva comunidad-country).

 

Obviamente, y a pesar de su proximidad física, los asentamientos privados no tienen contacto con sus vecinos (las villas de los pobres). Las fronteras de unos y otros son infranqueables. Ambos grupos de población tienen muy claro quiénes son los de adentro y quiénes los de afuera. Algunos investigadores de las nuevas prácticas sociales emergentes (Svampa, 2001; Lacarrieu, 2003) han descrito un proceso incipiente de formación de círculos sociales homogéneos..."existiendo escasos espacios de interacción común entre los habitantes de la nueva red socio-espacial y los habitantes autóctonos...siendo una de sus consecuencias el colapso del antiguo modelo de socialización basado en la mezcla y la heterogeneidad social" (Svampa, 2001:116).

 

Resumiendo, el impacto de la tecnología informacional afecta a las ciudades. La trama urbana adquiere un nuevo significado; es atravesada por mensajes que desterritorializan a las personas y las viviendas. En Buenos Aires se nota el efecto de una ciudad estallada cuyos segmentos se han implantado a kilómetros del núcleo central pero siguen formando parte de ella gracias a la tecnología (redes de comunicación, autopistas, servicios virtuales, etc.). Sólo una parte, un segmento de la población de la ciudad acompañó y avaló este estallido: el de las clases altas y medio-altas que encontraron en la apropiación privada del espacio una resultante física adecuada para contenerlos, aunque sólo en este espacio desarrollen algunas funciones: el descanso, el habitar, la educación, el ocio, el consumo. El trabajo urbano, es decir, las ocupaciones en el sector terciario, se siguen localizando en la ciudad central, por eso el flujo de commuters es permanente y las relaciones con el CBD se siguen midiendo en tiempo (tal o cual barrio está sólo a 30 minutos del centro). Son cambios que rearticulan el mundo del trabajo y de la vida cotidiana.

 

Segregación social y fragmentación territorial. El caso del partido de Pilar.

 

Las grandes metrópolis de América Latina, y este es el caso de la región metropolitana de Buenos Aires, ingresan al siglo XXI presentando amplias zonas suburbanas con paisajes contrastantes. Por un lado, extensos asentamientos de población indigente que apenas pueden sobrevivir en medio de un territorio contaminado y degradado; y por otro, extensas porciones de territorio ocupadas por las denominadas "urbanizaciones privadas", provistas de alta tecnología, de servicios y equipamientos comunitarios y completamente segregados de su entorno inmediato.

 

En efecto, el mercado y la asignación de la renta urbana ya han configurado muchos paisajes urbanos. “El  populismo de libre mercado aloja a las clases medias en espacios cerrados y protegidos, pero no hace nada por los pobres, como no sea expulsarlos hacia un nuevo y pesadillesco paisaje posmoderno de los sin casa. En tanto, los arquitectos y diseñadores  urbanos han otorgado un nuevo énfasis a un aspecto potente de la acumulación de capital: la producción y el consumo de lo que Bourdieu llama "capital simbólico" (el acopio de bienes de lujo que garantizan el gusto y la distinción del propietario)” (Harvey, 97:1998).

 

La siguiente es una lúcida descripción elaborada por la escritora argentina Alicia Dujovne-Ortiz acerca de este nuevo paisaje urbano y de sus ocupantes “...de la clase media para arriba se llega a la Edad Media. Esa es la gran sorpresa del retorno y la mayor perplejidad: el sueño medieval argentino. No hay country que no tenga su castillo con almenadas torres donde esperamos ver a una princesa de bonete dorado. A ojos del revenant, el gran misterio del país actual es ese vuelco espectacular hacia un Medioevo de cinta para chicos. Un país en tres pisos, con la madrastra de Blancanieves por arriba, la Corte de los Milagros por abajo y, en el medio niñitos golosos como Hansel y Gretel, que pretenden comer sin ser comidos (y a gatas lo consiguen).” (Revista La Nación, 2001)

 

Por lo tanto, el paisaje “diseñado por el mercado” muestra un archipiélago de conjuntos urbanos en medio de territorios devastados. Puede leerse en este paisaje un doble código de diseño urbano: por un lado, un escenario que se modifica muy lentamente con el paso del tiempo (casas centenarias, cuadrícula fundacional con la disposición de los edificios arquitectónicos acorde a las Leyes de Indias) y por otro un collage de nuevos materiales, nuevas trazas urbanas, nuevos estilos de vivienda calcadas de catálogos internacionales encerrados entre murallas y siempre flexibles al devenir de la moda.

 

En este punto es preciso agregar que durante la década del 90, más exactamente durante el gobierno menemista, la región metropolitana de Buenos Aires sufrió una serie de importantes transformaciones tales como la privatización de empresas de servicios, el desarrollo del sector inmobiliario relacionado con nuevas formas de consumo y el aumento de la pobreza y de las desigualdades. 

 

Como bien lo señalan algunos autores (Prévot-Schapira, 2002; Janoschka, 2002) la región y especialmente la ciudad de Buenos Aires, ha sido el lugar privilegiado de la nueva economía y de la apertura hacia un posicionamiento dentro del conjunto de ciudades globales. Al igual que en otras grandes metrópolis de Latinoamérica, en este período se registró una fuerte penetración de inversiones extranjeras directas (IED) en sectores clave de la economía y de los servicios urbanos, generando nuevos patrones en la organización socio-espacial. Dichos patrones ponen en evidencia la espacialización de los procesos de dualización y de fragmentación de la sociedad. La crisis argentina, posterior a diciembre de 2001, mostró con gran claridad la tensión entre la metropolización "selectiva", que pretende la participación en las redes mundiales de comando, y la metropolización que aumenta las fracturas internas en el seno de los espacios urbanos. Paralelamente, el Estado fue renunciando a regular determinados dominios y fue dejando en manos de la iniciativa privada la producción "de lo urbano".  

 

En este contexto las áreas periféricas más alejadas de la ciudad de Buenos Aires (configuradas por los partidos integrantes del segundo y tercer cordón urbano) sufrieron el proceso de transformación más agudo, al yuxtaponerse un repertorio de nuevas formas urbanas sobre un paisaje de asentamientos tradicionales y de suburbios degradados por el avance de la pobreza. El contraste entre el "antiguo" proceso de suburbanización y el "nuevo", generado por la implantación explosiva de urbanizaciones cerradas y de equipamientos de rango superior destinados al consumo y las amenidades, se endurece en los años 90. Buenos Aires esparce sus fragmentos sobre la periferia en forma de urbanizaciones privadas desarraigadas de su entorno y encerradas dentro de sus murallas. Por fuera de ellas los asentamientos precarios sin servicios también forman islotes de pobreza, haciendo más evidente la brecha entre ricos y pobres.

 

Actualmente, en la región metropolitana de Buenos Aires se localizan más de 400 urbanizaciones privadas, abarcando una superficie aproximada de 300 Km2 (equivalente una vez y media a la superficie total de la Capital Federal), lo que significa que en los últimos diez años la urbanización creció en aproximadamente un 10% de la superficie de la región.

 

Uno de los casos más emblemáticos para estudiar este fenómeno de transformación es, sin lugar a dudas, el partido de Pilar situado en el noroeste del aglomerado metropolitano, en el tercer cordón del mismo. Lo hemos tomado como caso testigo ya que concentra dentro de su territorio aproximadamente una cuarta parte de los proyectos de urbanizaciones privadas de la región. Lo que equivale a decir que en el mencionado partido se emplazan 38 clubes de campo, 69 barrios cerrados y tres pueblos privados (Vidal, 2002:434). La localización de estos conjuntos residenciales asociada a las vías rápidas de circulación, y la necesidad de contar con vastas superficies de tierra para sus respectivos desarrollos, ha condicionado su emplazamiento a las denominadas áreas complementarias del partido (zonificación impuesta por la Ley Provincial 8912, de Ordenamiento Territorial y Uso del Suelo).

 

Asimismo, Pilar integra el conjunto de partidos del tercer cordón metropolitano que presentan un crecimiento notable de la población urbana en la última década del siglo XX. El porcentaje de crecimiento demográfico producido entre 1991 y 2001 es del 60,7 %, según puede constatarse en el Censo Nacional de Población, Vivienda y Hogares, publicado recientemente. De acuerdo con estos datos (INDEC, 2001) el partido cuenta con un total de 232.463 habitantes y una densidad promedio de 654,8 hab/Km2. Es interesante destacar que en el transcurso de una década la población de Pilar, que representaba un 3,1% del total de la provincia de Buenos Aires, pasó al 4,5%. Asimismo puede constatarse que la ciudad cabecera, que en 1991 poseía 40.671 habitantes, en el 2001 ya alcanzaba una cifra cercana a 50.000; es decir, que había sufrido un aumento de casi un 20% de su población; mientras que el partido en su conjunto creció alrededor del 61%. Esta cifra es muy notoria, como lo es también el aumento de la densidad promedio, ya que en 1991 la misma era de tan sólo 369,8 hab./Km2; vale decir, casi la mitad de la densidad actual.

 

Las urbanizaciones privadas en 1991 alcanzaban una cifra de alrededor de 50 proyectos. Entre 1995 y 1998 se observa la aparición de tres pueblos privados; o sea, conjuntos asociados de barrios cerrados con equipamiento de jerarquía superior y en el 2001, los proyectos instalados en el partido ya escendían a más de un centenar. Su posición de proximidad y casi de inclusión en el aglomerado bonaerense y la facilidad de comunicación a través de corredores de tránsito rápido, lo han colocado en una situación preferencial para el desarrollo de grandes empendimientos inmobiliarios.

 

La superficie afectada por los nuevos emprendimientos es casi un 20% de la superficie total del partido (352 Km2); es decir, que más de 6000 hectáreas han sido destinadas a usos urbanos. Por otra parte, se están construyendo tres proyectos de pueblos privados: Pilar del Este (550 hectáreas), diseñado para albergar alrededor de 25.000 habitantes y con un equipamiento que incluye, además de las áreas para deportes, la localización de un centro comercial y colegios privados;  Estancias del Pilar (450 hectáreas) con una capacidad locativa potencial de 46.000 habitantes y con un equipamiento planificado de sectores deportivos, comerciales y culturales, y Estancia San Miguel, un megaemprendimiento que concentrará 16 barrios privados, tres clubes y un colegio, en una superficie de 850 hectáreas. En el primero de estos pueblos privados, actualmente está habilitado un sólo barrio cerrado de los 14 proyectados; en el segundo se encuentran a la venta viviendas en dos de los siete barrios que componen la totalidad del conjunto y en el tercero, hasta el momento, no se ha terminado ningún barrio.

 

En la actualidad, las tres localidades con mayor cantidad de habitantes son la ciudad cabecera homónima que posee alrededor de 75.000 habitantes y que centraliza el equipamiento y los servicios para su átrea de influencia y las localidades de Presidente Derqui y Del Viso cuyas poblaciones oscilan entre los 30.000 y 80.000 habitantes. (Batalla, 2003)

 

Puede afirmarse que a principios del siglo XXI el partido de Pilar presenta un paisaje diferenciado. Por un lado, el de la ciudad tradicional y las localidades vecinas pequeñas y medianas, muchas de ellas originadas como paradas del ferrocarril. Estos centros, con excepción de la ciudad cabecera ostentan una fisonomía que no ha variado, a pesar de las grandes transformaciones producidas por la tecnología y las comunicaciones en el siglo pasado. Más aún, la pérdida de pobladores está directamente asociada a la merma en los servicios ferroviarios. Por otro, en el extremo opuesto, se halla la "otra cara de Pilar". En este caso no es un conjunto de pequeñas localidades en vías de extinción, sino un conjunto de nuevos productos urbanos, que podrían describirse como “islas urbanas”, rodeadas de terrenos degradados, de basurales a cielo abierto, de caminos de tierra y de asentamientos precarios.

 

Alrededor del kilómetro 50 del Acceso Norte - ramal Pilar se ha configurado un espacio de centralidad abordado por diversas investigaciones urbanas (Lacarrieu, Tella, Szajnberg). En este polo de servicios y equipamiento se han localizado sedes de oficinas (Bureau Pilar), bancos privados, shopping centers e hipermercados (Jumbo, Easy, Norte, Palmas del Pilar), sedes de universidades privadas (Universidad del Salvador, Universidad Austral), complejos de amenidades (Village Cinema) y hotelería internacional. En la figura “Urbanizaciones privadas y equipamiento” se puede ver reproducido el esquema de nuevos usos del suelo implantados en las proximidades del kilómetro 50, tal como aparece en uno de los suplementos de un diario nacional dedicado al tema. (Suplemento Countries y Barrios Cerrados, Diario La Nación, 2002)

 

Indudablemente, la localización de esta nueva tipología de equipamientos obedece a la demanda generada por la población residente en las urbanizaciones privadas y está condicionada al uso del automóvil. El área central de la ciudad de Pilar, típica de cualquier ciudad intermedia de la provincia de Buenos Aires (plaza principal, iglesia, edificios públicos y alineamiento comercial alrededor de la misma) y esta nueva área de centralidad en relación con las vías rápidas de circulación que van entrelazando a lo largo  pequeños fragmentos urbanos, constituyen  dos imágenes diferenciadas de un mismo territorio. Más aún si se considera que casi un 41% de la población total del partido vive en viviendas que no reúnen las condiciones adecuadas de habitabilidad (viviendas tipo B, ranchos, casillas, etc.), la situación entre pobladores ricos y pobres es decididamente evidente. No obstante, hablar de una “ciudad dual” sería una manera muy simplista para describir este fenómeno. En este caso, nos parece más acertado aplicar el concepto de quartered city (ciudad fragmentada), acuñado por P. Marcuse (c. fr. Veiga, 2004) en la medida en que las áreas de una ciudad están separadas temporal y espacialmente y constituyen el soporte de diferentes clases y grupos sociales, que interactúan entre sí reflejando su distancia y su desigualdad social.

 

Si se analiza el plano del partido de Pilar, podrá observarse que tanto la ciudad cabecera como las localidades menores han quedado rodeadas por las urbanizaciones cerradas. Como la implantación de estos productos de consumo ha obedecido a las conveniencias del mercado inmobiliario y se ha visto favorecida por los escasos controles del gobierno local, el resultado a nivel urbanístico ha generado mas inconvenientes que ventajas. Los dos planos que se han incluido al final del trabajo (“Urbanizaciones privadas en Pilar 1997” y “Pilar – Countries”) muestran dos etapas del crecimiento de los emprendimientos cerrados. La figura que reproduce la localización puntual de countries y barrios cerrados hacia el año 1997, fue sacada de la Guía Intercountries. En ella se observa un número más reducido de urbanizaciones (alrededor de cincuenta), que en el segundo plano, elaborado por el Centro de Información Metropolitana (FADU/UBA). Este último presenta la totalidad de barrios cerrados, clubes de campo, countries náuticos y pueblos privados que fueron relevados al año 2003 y que superan los 100 proyectos.

 

Resulta interesante destacar la presencia de los tres pueblos privados, que en su conjunto abarcan 1850 hectáreas, es decir, más de un 5% de la superficie del partido y que podrían albergar entre los tres alrededor de 120.000 habitantes. Pilar del Este, está localizado en el nodo vial formado por la intersección de la Autopista Panamericana a la altura del kilómetro 46 y la ruta provincial 25, en las afueras del pueblo de Villa Rosa. De cumplirse con los objetivos previstos por su "master plan", esta ciudad-satélite (obviamente de la ciudad de Buenos Aires) tendrá capacidad para unos 25.000 pobladores, o sea, que se constituirá en una ciudad intermedia con un peso demográfico que superará en más del 100% al pueblo mencionado, frenando la expansión del mismo. Es difícil suponer que los equipamientos y servicios contenidos dentro de esta ciudad privada se abran hacia la comunidad, ya que los servicios privados de salud y educación no son accesibles para los primitivos habitantes de Villa Rosa y sus alrededores. Por otra parte, el mayor tamaño poblacional y los equipamientos comunitarios de una jerarquía superior a los del pueblo vecino, están creando una nueva situación de centralidad.

 

Los otros dos pueblos privados Estancias del Pilar y Estancia San Miguel, localizados en el kilómetro 56,5 y 57,5 de la Autopista Panamericana respectivamente, suman entre ambos 1300 hectáreas y un total de 21 barrios cerrados, contenidos dentro de sus perímetros. Al igual que en el caso anterior, su ubicación es próxima a una localidad menor del partido: Manzanares. Por su ubicación, también en este caso se constituye una barrera para la extensión de la misma. De completarse la capacidad locativa de estos dos pueblos privados, alcanzarían una meta poblacional cercana a los 100.000 habitantes, casi 20 veces más alta que la de la pequeña localidad de Manzanares, que queda cercada por un cinturón de barrios privados. El equipamiento educativo y deportivo se encuentra abierto para la comunidad pilarense, aunque las medidas rigurosas de seguridad probablemente desalientan la visita de pobladores externos a los emprendimientos.

 

Del análisis surge que la ciudad de Pilar ha perdido zonas factibles de expansión futura. Por otra parte, un crecimiento posterior de la mancha urbana terminará englobando áreas de baja densidad y de características urbanísticas totalmente atípicas. Imaginemos un paisaje urbano compuesto por manzanas con edificación residencial consolidada, con diferentes tipologías de vivienda, rodeado por un barrio de gran extensión (por ejemplo, 250 hectáreas) cuyo perímetro está cercado por un muro, o en el mejor de los casos, por un alambrado bordeado de árboles. La discontinuidad de la trama urbana es evidente: dicho barrio deberá ser bordeado para ir de un lado a otro de Pilar.

 

La fragmentación pone de relieve la complejidad del cambio operado en el partido. En este sentido, coincidimos con los autores que destacan que la posición social ya no coincide con la posición geográfica y que la sociedad en "archipiélago" produce una superposición de distintos espacios y permite mostrar las diferencias de manera acrecentada.

 

Con el ejemplo de Pilar intentamos describir una situación que se repite en casi todos los partidos que integran el periurbano de Buenos Aires, o sea, una situación paradójica: mientras que en los bordes de la periferia las fronteras entre los barrios pobres y las "villas" se diluyen, las fronteras entre las urbanizaciones de lujo y su entorno inmediato se refuerzan.

 

La frontera real es un componente clave de las urbanizaciones cerradas y a su vez, el concepto de “frontera” constituye la llave para entender la relación global/local que se desprende de estas nuevas formas urbanas.  En cada una de estas urbanizaciones cerradas es un elemento que marca el lugar de pertenencia  de un conjunto de habitantes, cuyas prácticas cotidianas se desarrollan dentro de este ámbito y fuera del mismo.

 

En las urbanizaciones cerradas la frontera es tan sólo un elemento arquitectónico para materializar la separación del entorno, sin que ello implique un reforzamiento de la identificación de los habitantes con su barrio. Quizás porque en el caso de estas urbanizaciones lo local está más emparentado con lo global que con las costumbres propias del lugar. La identidad subyace en elementos sin historia. Los elementos aglutinadores son los eventos deportivos o algún otro acontecimiento no exento de frivolidad. La falta de historia vuelve necesario la creación de algo que la reemplace. El problema de echar raíces es más serio de lo que se supone porque muchos de los actuales habitantes no tienen en claro si este pueblo de fantasía será su lugar para toda la vida, ni siquiera pueden estar seguros de que sus hijos adolescentes decidan adoptar este modo de vida.

 

Coincidiendo con lo expresado por Giddens (1997), es factible señalar que en estos nuevos prototipos de urbanidad los aspectos locales son penetrados en profundidad y configurados por influencias sociales que se generan a gran distancia de ellos. Las formas de vida introducidas por la modernidad han modificado muchas las modalidades tradicionales del orden social. "Extensivamente han servido para establecer formas de interconexión social que abarcan el globo terráqueo; intensivamente han alterado algunas de las más íntimas y privadas  características de nuestra cotidianeidad. Lo que estructura lo local no es simplemente eso que está  en escena, sino que la forma visible de lo local encubre las distantes relaciones que determinan su naturaleza" (Giddens, 1997:30)

 

Las prácticas sociales generadas en las nuevas urbanizaciones, han variado sustancialmente en relación a las formas de vida e interacción urbana tradicionalmente instaladas en nuestra sociedad porteña. Estas formas de vida marcan un notable contraste entre la clase media-alta de los barrios cerrados, los pobladores de los primitivos asentamientos y los habitantes de los asentamientos marginales. Las prácticas sociales cotidianas en los countries y pueblos privados están más relacionadas con una forma de vida basada en los adelantos tecnológicos y en las comunicaciones, que con la vida de los pueblos tradicionales de campo. Sus habitantes se han apartado de la gran ciudad para recrear una nueva forma de vida urbana, basada en el uso del automóvil y en los contactos vía Internet. En rigor de verdad, el suburbio amurallado representa más el ideal del suburbio residencial de los EE.UU., que la vida del barrio en la ciudad de Buenos Aires de otras épocas.

 

La morfología que adoptan los barrios intramuros desde la casa californiana a la mediterránea y los caminos sinuosos totalmente opuestos al damero de nuestras ciudades, muestran claramente la penetración de lo global en lo local. Otros ejemplos más próximos son los shopping centers, ubicados en la periferia, conectados a estas urbanizaciones privadas y los lugares de recreación, también privados. Sin embargo, los diseñadores urbanos intentan todo el tiempo recrear una especie de identidad del lugar, situación que es muy difícil de lograr ya que los elementos emblemáticos no responden a un orden local, sino global.

 

Por este motivo, las nuevas urbanizaciones a pesar de su proximidad con los  emplazamientos de las ciudades tradicionales, no pueden llegar a dar la impresión de ser una mera extensión de las mismas. Es evidente una ruptura de la trama urbana y un diseño que obedece a un orden que no es el tradicional. Tal vez, no sea descabellado en este caso hablar de un urbanismo posmoderno; o como bien lo señala D. Harvey, el posmodernismo ha cultivado una concepción del tejido urbano necesariamente fragmentada, un palimpsesto de formas del pasado superpuestas unas a otras y un collage de usos corrientes, muchos de los cuales tenderán a desapartecer con el tiempo.

 

 

Globalización y territorio: la “angelinización” de la región metropolitana

 

Sería difícil negar que Buenos Aires y su  Área Metropolitana reúnen las características necesarias para integrar la red global global de ciudades, a pesar de su condición periférica compartida con otras grandes áreas metropolitanas de América Latina. Por lo tanto, no ha quedado al margen de los proceos de reestructuración económica y de las transformaciones socio-territoriales que como consecuencia de los primeros, se han desarrollado aceleradamente durante las década de los noventa.

 

Lejos está Buenos Aires de posicionarse como un centro de poder y control, tal como S. Sassen (2003) describe a las ciudades que juegan un rol de importancia dentro del proceso de globalización económica. No obstante, puede afirmarse que constituye la región urbana más austral que funciona como centro articulador entre las áreas subnacionales y los centros de poder mundial. De tal forma que al cumplir con un papel asignado dentro del proceso de globalización, los impactos del mismo sobre su territorio han tenido una fuerte repercusión. Así mientras que determinados enclaves urbanos se asocian al modelo global de ciudades, amplias áreas dentro de la región han quedado totalmente marginadas del proceso. El paisaje físico fragmentado es parte de una nueva realidad de la urbanización que marca el comienzo del siglo XXI.

 

En este punto es conveniente reiterar que la transformación económica estaría incidiendo en la formación de un nuevo modelo de ciudad, que sin perder del todo algunos elementos propios de su identidad, tiende a adoptar un nuevo patrón espacial de crecimiento. El concepto de “angelinización” planteado recientemente por la Red de Investigadores Iberoamericanos[3][3] da cuenta en forma muy gráfica de este fenómeno. En efecto, la expansión de la región metropolitana de Buenos Aires se asocia a formas territoriales dispersas, las nuevas superficies urbanizadas se distribuyen como un archipiélago de conjuntos cerrados por toda la periferia, concentrándose en mayor medida sobre el corredor noroeste. Vale decir, que estaríamos asistiendo a la transformación del modelo de un área urbana monocéntrica y compacta, en otro cuyas principales características son la dispersión y el policentrismo.

 

“La ciudad emergente en esta fase de modernización capitalista constituye la expresión de una sociedad organizada según un modelo estructurado en base a nodos y redes, donde – como afirma Castells (2001)- la lógica enfrentada del espacio de los flujos y del espacio de los lugares estructura y desestructura simultáneamente las ciudades, que no desaparecen en las redes virtuales, sino que se transforman en la interfaz entre la comunicación electrónica y la interacción física mediante la combinación de redes y lugares”.(De Mattos, 2002)

 

Por otra parte, cabe agregar que dentro de la dinámica de la globalización se ha intensificado la oferta de capital inmobiliario altamente especulativo, y que dicha oferta considera la tierra metropolitana como un medio privilegiado para su valorización y para su reciclaje. En este contexto puede explicarse el auge de los megaproyectos privados en la periferia del aglomerado bonaerense; y nos conduce a afirmar, dada la escala de las urbanizaciones en curso, que las mismas están modelando una estructura de ciudad cada vez más fragmentada y difusa.

 

Frente a este estado de situación se nos ocurre plantearnos algunas hipótesis. La primera de ellas es que si las urbanizaciones cerradas quedaran inconclusas, el paisaje final de la periferia lejana, se vería poblado a futuro de “pueblos fantasmas”. Por consiguiente, las áreas rurales  perderían su condición de ruralidad,  sin que un nuevo uso de la tierra ocupara el lugar del uso desaparecido.

 

En segundo lugar, si se verificara un aumento de los barrios cerrados la condición de fragmentación territorial del área seguiría avanzando. De hecho aunque sólo se trate de perímetros cercados con pocas edificaciones en su interior, la discontinuidad espacial ya ha sido producida. Se impone preguntarse, entonces, si en un futuro a largo plazo podrán integrarse estas urbanizaciones privadas con las tendencias de crecimiento de los centros urbanos existentes. 

 

A nuestro juicio, esta situación es bastante improbable, ya que no se trata de derribar murallas y conectarse con el resto de la mancha urbana. Sucede que el diseño de estos núcleos está totalmente divorciado del diseño general del entorno; por lo tanto, intentar encontrar elementos para una posible fusión resultaría bastante difícil. En este punto es necesario señalar que las urbanizaciones privadas junto con las autopistas y los grandes equipamientos, configuran una estructura reticular que deja afuera al resto de los componentes del territorio, es decir a las localidades menores vecinas (Vidal-Koppmann, 2003)

 

Por otra parte, esta falta de integración con el entorno también se manifiesta a través de los cambios físicos operados en componentes geográficos tales como el relieve urbano y los cursos de agua, modificando la topografía, desviando drenajes naturales, creando lagunas artificiales y produciendo metros cuadrados de edificación que han alterado las condiciones físico – ambientales del área de influencia.

 

Analizando las cifras publicadas del último relevamiento realizado para la Guía Intercountries[4][4] se desprende que aproximadamente un 60% de las urbanizaciones existentes no se han terminado; en muchos casos hay terrenos vendidos pero sin construir en otros casos hay viviendas sin vender y en los denominados pueblos privados hay una gran cantidad de barrios proyectados pero no materializados. ¿Qué sucederá con el mantenimiento de estos conjuntos si la cantidad de propietarios no es suficiente para afrontar los costos? ¿Cómo podrá funcionar un proyecto de veinte barrios cuando sólo logró concretar uno? ¿El equipamiento comunitario pensado para una demanda mayor se instalará igualmente, a sabiendas de que la situación ocasionará un déficit financiero? Las ventajas de la economía de la aglomeración no se cumplen cuando el resultado final de los proyectos de urbanización ha variado después de la crisis político – económica acaecida en la Argentina en diciembre de 2001.

 

En cuanto a la dimensión socioeconómica, las transformaciones producidas a partir de la localización de este nuevo producto urbano, son motivo de reflexión. Los countries y los barrios privados han puesto en evidencia los intereses de determinados sectores de la sociedad (clases medias en ascenso y clases medias-altas) de agruparse en comunidades homogéneas donde el “pasaporte” para ingresar a las mismas está condicionado al monto de sus ingresos. La suburbanización de las élites se ha justificado aludiendo a la necesidad de estos grupos de buscar una mejor calidad de vida y de escapar de los “males” de la ciudad abierta. Como bien lo destaca la socióloga M. Svampa, las urbanizaciones privadas han configurado una red socio - espacial homogénea en la que los colegios privados juegan un papel de importancia. En efecto, la población escolar esta compuesta casi exclusivamente por niños de las urbanizaciones privadas y por fuera los padres de estos comienzan a entretejer nuevos lazos de sociabilidad. “...el desarrollo incipiente de formas de sociabilidad no va en contra de los lazos externos previos, pero ciertamente dificulta su intensidad” (Svampa, 2001:151). Según lo expresado por Cabrales Barajas y Canosa “ es lógico suponer que esta población representa una conciencia de clase que intenta diferenciarse del resto de la ciudad. Se procura así formar una comunidad que utiliza un referente espacial y una barrera física para autodefinirse socialmente y autodefenderse de las patologías urbanas negativas. La exclusividad tiene por lo tanto un referente social y necesita ser salvaguardada y protegida mediante exclusivos mecanismos de seguridad. Esto se logra mediante dos fórmulas: la presencia del muro perimetral y la cancelación del derecho de paso.” (Cabrales Barajas y Canosa, 2000:6).

 

Todos los cambios señalados han contribuido a impulsar una singular modificación de la imagen y del paisaje urbanos, en consonancia con la ya aludida evolución desde la ciudad compacta y autocentrada hacia otra organizada reticularmente, abierta y difusa. En la configuración del paisaje urbano de esa nueva ciudad juegan un papel fundamental la diversificación de las actividades y los espacios urbanos que las contienen, condicionados y modulados por los requerimientos de la globalización.

 

En síntesis, los investigadores urbanos nos enfrentamos a un nuevo modelo de ciudad, que de a poco va reemplazando a la ciudad fordista, pero que conserva los cimientos tradicionales de su fundación. Quizás lo más contrastante de este modelo que algunos autores han bautizado como "ciudad posmoderna" (Giddens, 1997; Soja, 1999) es la convivencia de lo tradicional con lo moderno, de lo permanente con lo efímero, de las redes de urbanizaciones privadas con el tejido urbano consolidado a través del tiempo. Toda esta mélange ha tomado cuerpo, tanto en Buenos Aires como en San Pablo, México o Santiago, configurando un paisaje de archipiélagos urbanos, muy semejantes a ciudades - dormitorio, que todavía no han encontrado una vinculación con los núcleos urbanos vecinos. Este nuevo modelo de ciudad es el desafío a encarar a través de la propuestas de estrategias y políticas urbanas que tiendan a suavizar las cicatrices de la fragmentación y a instalar escenarios socio-territoriales más equitativos y humanizados.

 

Bibliografía de referencia

 

Batalla M. R., “Pilar ¿una ciudad intermedia?”. Trabajo presentado al IV Seminario Internacional de Estudios Urbanos, Tandil, 2003.

Cabrales Barajas L. y Canosa E., “Segregación residencial y heterogeneidad urbana: los fraccionamientos cerrados en Guadalajara”, trabajo presentado en el II Encuentro Internacional Humboldt, Mar del Plata, 2000.

De Mattos C., “Transformación de las ciudades latinoamericanas. ¿Impactos de la globalización?” en Revista EURE (Santiago), vol. 28, Nº 85, Santiago de Chile, 2002.

Dujovne Ortiz A., “Fantasmas y fantasías” artículo publicado en la Revista del Diario La Nación, Buenos Aires, abril, 2001.

Giddens A., Consecuencias de la modernidad, Madrid, Alianza editorial, 1997.

Harvey D., La condición de la posmodernidad, Buenos Aires, Amorrortu editores, 1998.

INDEC, Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda 2001, página web: www.indec.mecon.gov.ar.

Janoschka M., “El nuevo modelo de la ciudad latinoamericana: fragmentación y privatización” en  Revista EURE (Santiago), vol. 28, nº 85, Santiago de Chile, 2002.

Lacarrieu M. et al, “La gestión de la alteridad” en Ciudades Nº 59, Revista trimestral de la Red Nacional de Investigación Urbana, Puebla, Universidad Autónoma de Puebla, 2003.

Prévot-Schapira M., “Buenos Aires en los años ’90: metropolización y desigualdades” en Revista EURE (Santiago), vol. 28, Nº 85, Santiago de Chile 2002.

Soja E., Geografias Pos-modernas. A reafirmacao do espaco na teoria social critica, Rio de Janeiro, Jorge Zahar Editor, 1993.

Svampa M., Los que ganaron. La vida en los ciuntries y los barrios privados, Buenos Aires, Editorial Biblos,2001.

Tella G., Del suburbio a la post-periferia. Efectos de una modernización tardía en la región metropolitana de Buenos Aires, Buenos Aires, Ediciones de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, UBA, 2001.

Veiga D., “Sociedades fragmentadas y desigualdades: el caso uruguayo”, trabajo publicado en el VIII Seminario Internacional sobre Globalización y Territorio, Red de Investigadores Iberoamericanos, Río de Janeiro, 2004.

Vidal-Koppmann S., “Nuevas fronteras intraurbanas: de los barrios cerrados a los pueblos privados” en Latinoamérica: países abiertos, ciudades cerradas, Cabrales Barajas L. (Comp.), Guadalajara, Universidad de Guadalajara / UNESCO, 2002.

Vidal-Koppmann S., “Región metropolitana de Buenos Aires: reflexiones acerca de los barrios cerrados y los pueblos privados”, ponencia presentada en el V Encuentro Internacional Humboldt, Neuquén, 2003, versión en CD-Rom.              

 


 

 

 



 



[1][1] "Villa miseria": asentamientos ilegales de población de escasos recursos caracterizados por las viviendas autoconstruidas con materiales descartables.

[2][2] Las ciudades privadas denominadas comercialmente ciudadpueblo o pueblo privado, han sido proyectadas para poblaciones que van de los 20.000 a los 130.000 habitantes. Este tamaño de población es el que en la actualidad ostentan muchas de las ciudades del interior de la provincia de Buenos Aires y son consideradas como ciudades de tamaño mediano.

[3][3] En el VIII Seminario de la Red de Investigadores Iberoamericanos celebrado en mayo de 2004 en la ciudad de Río de Janeiro, se adoptó el neologismo angelinización para caracterizar un modelo de ciudad semejante al caso de Los Angeles. Para más detalles ver Actas del Seminario.

[4][4] Publicación bianual de la empresa Intercountries que condensa la información sobre barrios cerrados, clubes de campo y urbanizaciones especiales.


Ponencia presentada en el Sexto Encuentro Internacional Humboldt. Villa Carlos Paz, Argentina. Setiembre de 2004.







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