Inicio > Mis eListas > encuentrohumboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 944 al 963 
AsuntoAutor
538/04 - EL PRESEN Centro H
539/04 - Argentina Centro H
540/04 - AMERICA L Centro H
541/04 - Merlo y C Centro H
542/04 - LA CONFIG Centro H
543/04 - UBICACIÓN Centro H
544/04 - SOYA, AMB Centro H
545/04 - Circuito Centro H
546/04 - CAMBIOS E Centro H
547/04 - Camino de Centro H
548/04 - Coordinad Centro H
549/04 - HUMBOLDT Centro H
550/04 - ATRACTIVO Centro H
551/04 - ESTUDO PR Centro H
552/04 - Restauran Centro H
553/04 - GAS, EL R Centro H
554/04 - Aeropuert Centro H
555/04 - DA NATURE Centro H
556/04 - ACTIVIDAD Centro H
557/04 - ALTO COS Centro H
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
ENCUENTRO HUMBOLDT
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 988     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[encuentrohumboldt] 546/04 - CAMBIOS EN LA ESTRATEGIA DE NEGOCIACION DE LOS PAISES DEL CONO SUR FRENTE AL ALCA
Fecha:Jueves, 18 de Noviembre, 2004  00:12:33 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...............ar>

CAMBIOS EN LA ESTRATEGIA DE NEGOCIACION

DE LOS PAISES DEL CONO SUR FRENTE AL ALCA.

 

Silvia Quintanar*

Marina Cifuentes**

 

 

Introducción

 

El propósito de este trabajo es analizar las cambios en la estrategia de negociación de los dos principales socios del Mercosur -Argentina y Brasil- y de Chile, -como país asociado al bloque subregional- frente a la propuesta norteamericana de integración económica hemisférica a partir de los últimos recambios gubernamentales, en particular de Brasil, pero posibles en el cambio de políticas de los nuevos gobiernos de Argentina hasta la reunión ministerial de Miami de noviembre de 2003.

El ALCA se ha venido discutiendo por años, remontándose sus antecedentes a la Iniciativa de las Américas del entonces presidente George Bush. Es un tema controversial, tanto entre los gobiernos como hacia el interior de las sociedades nacionales.

Una percepción bastante aceptada y que sirve al menos como punto de partida para entender la posición de los distintos países en el proceso de negociación es que los países con economías más pobres y menos desarrollados de América Latina, con economías ya abiertas –que son la mayoría- un Acuerdo de Libre Comercio con Estados Unidos aparece como una opción positiva, ya que su limitada estructura productiva y les permite participar del comercio mundial sólo con un reducido número de productos.

Sin embargo, para los países más industrializados, como Brasil y Argentina, ALCA es un riesgo eventual. Dadas sus respectivas estructuras económicas, productivas e industriales –en particular la brasileña- la negociación de un ALCA que no contemple el acceso al mercado norteamericano y la eliminación de los subsidios al sector agrícola no es una opción posible de aceptar [1].

En los tiempos previos la Tercera Cumbre de las Américas que se realizó en Quebec el ritmo de las negociaciones por el ALCA se había acelerado, y el flamante presidente norteamericano George Bush parecía decidido a terminar la tarea iniciada por su padre con nada discretas presiones y complejas maniobras que dividían posiciones en América Latina y en los países del bloque subregional Mercosur.

Estados Unidos estaba utilizando la posibilidad de firmar acuerdos de libre comercio bilaterales como instrumento para dividir y fragmentar a América del Sur, en particular al Mercosur y aislar al Brasil. Y parecía estar resultando, el gobierno de Jorge Batlle en Uruguay insistía en una negociación bilateral con Washington a la manera que lo estaba haciendo Chile, y el compromiso de lealtad del gobierno de De La Rúa se tornaba cada vez más ambivalente en especial después del nombramiento de Cavallo como Ministro de Economía [2].

Durante el 2002, dos acontecimientos de importante relevancia ocurrieron en el continente americano que podrían determinar el rumbo de las negociaciones del ALCA.

El primero de ellos, en orden cronológico fue la promulgación el 6 de agosto de 2003 de “Autoridad para la Promoción Comercial”, denominada con anterioridad “vía rápida” o fast trak, por parte del Congreso norteamericano, que le permite al presidente de los Estados Unidos suscribir tratados comerciales con terceros países o bloques comerciales, que el Congreso sólo puede refrendar o rechazar, pero no enmendar. El segundo hecho de importancia fue la elección en octubre, como presidente de Brasil de Luiz Inácio Lula da Silva, el candidato del izquierdista Partido de los Trabajadores  que asumiría el 1 de enero de 2003.

Con la gestión de Duhalde, la posición en favor de negociar el ALCA desde el bloque regional y privilegiar la integración con Brasil se había tornado clara y evidente.

La idea de relanzar el Mercosur no era exclusividad del presidente argentino. La realidad indicaba que Duhalde se estaba acoplando al discurso del presidente electo en Brasil. Desde su plataforma electoral hasta los discursos presidenciales, el primer mandatario brasileño había dejado en claro que en política externa, las prioridades del estado estarían centradas en el fortalecimiento del Mercosur.

En el ámbito regional, la prioridad asignada a la región sudamericana por parte de ambos gobiernos fue confirmada en ocasión de la II Cumbre Regional de Guayaquil, durante el mes de julio de 2002 [3].

Cuando asumió como presidente Lula, se comenzó a manejar la posibilidad de postergar los plazos de las negociaciones. El contexto negociador no era favorable desde el punto de vista de los intereses de Brasil y Argentina y sujeto a un calendario que dejaba escaso margen para una eventual corrección de rumbos..

En la Cumbre de Quebec de abril de 2001 se habían ratificado los plazos acordados en la Sexta Reunión Ministerial sobre Comercio realizada en Buenos Aires. Las negociaciones por el ALCA debían concluir a más tardar en enero de 2005, para tratar de lograr su entrada en vigor lo antes posible, no más allá de diciembre de 2005.

Estados Unidos insistía en mantener un proceso de negociación multilateral en el que los distintos países se comporten individualmente. lo que conduce en la práctica a relaciones bilaterales de Estados Unidos con cada uno de los países latinoamericanos, debido a la  influencia derivada de las fenomenales asimetrías de  poder político y económico..

Tal como se venía desarrollando en las negociaciones, el ALCA iba mucho más allá de lo que denota la expresión "libre comercio" en sentido estricto. Se proponía como un proyecto integral, omnicomprensivo en el que se negociaban diversos temas: En efecto, las propuestas en discusión incluían aspectos normativos para servicios, inversiones, compras gubernamentales y propiedad intelectual que inciden directamente sobre la capacidad reguladora de los países

Por otro lado, no parecían estimulantes las perspectivas de obtención de libre acceso al mayor mercado del hemisferio para los productos en que tenemos ventajas comparativas Se habían excluido de las negociaciones aspectos de importancia prioritaria para nuestros países, como los subsidios agrícolas y las medidas antidúmping. Las discusiones sobre acceso a mercados habían sido de hecho fragmentadas, de modo que al MERCOSUR fuera reservado el tratamiento menos favorable, con plazos de apertura más largos que los ofrecidos a otros países del continente.

Las relaciones con Brasil quedaron en el más alto nivel, aún cuando estaba por finalizar el mandato de Eduardo Duhalde.

El presidente brasileño dio claras señales de apoyo y respaldo a la candidatura a la presidencia de Néstor Kirchner quién era partidario de continuar con la idea de privilegiar las relaciones con Brasil y el Mercosur. Es necesario mencionar que en esa oportunidad Kirchner recibió también el respaldo político del presidente chileno Ricardo Lagos.

Luego de asumir Kirchner como presidente argentino puso de manifiesto la idea de desplegar una estrategia compartida para desarrollar el Mercosur, particularmente, en la valoración del bloque como plataforma estable para enfrentar las negociaciones del ALCA.

En el horizonte de Lula, esta alianza despejaba los fantasmas de las rivalidades que envenenaron las relaciones en los 90 por lo que crecía la expectativa sobre un escenario más auspicioso para la construcción de una nueva agenda política en la región

Con Argentina normalizada y más fuerte, Lula podía pensar en alianzas regionales, sin quedar completamente sujetos a la hegemonía de la primera potencia mundial.

Por otra parte el reconocimiento del canciller Rafael Bielsa acerca del liderazgo de Brasil en el marco de una política autónoma de integración regional, aunque recibido con modestia por su par brasileño, Celso Amorín creaba innegables posibilidades para fortalecer la política externa de Brasil y sus ambiciones de ser un actor mundial [4].

Como cabe recordar para Chile el TLC con los Estados Unidos constituyó, desde el lanzamiento de la Iniciativa de las Américas en 1990 un objetivo que se había impuesto el país como política de Estado y por el contrario de los países del Mercosur [5], Chile priorizó lo bilateral de la negociación con Estados Unidos lo que significó definir un curso de acción propio, de carácter unilateral [6].

Sólo cuando la Administración Clinton desistiera de su esfuerzo en conseguir de su Congreso el fast trak o “via rápida”, el gobierno de Frei negoció satisfactoriamente un status de miembro asociado del Mercosur en 1996.

En junio de 2000, el presidente Ricardo Lagos manifestó su compromiso de adhesión plena al Mercosur. A fines de noviembre de ese año, Chile privilegió nuevamente el camino de las negociaciones bilaterales con Estados Unidos y reinició confidencialmente conversaciones con la Casa Blanca, hasta lograr la formalización de negociaciones para avanzar en un TLC con Estados Unidos. Los avances fueron dados a conocer como primero por Clinton en diciembre de 2000. Este inesperado giro de la política exterior chilena tensó las relaciones de Brasil con el país trasandino, pese a los intentos más contemporizadores del gobierno de De La Rúa. Su consecuencia inmediata fue el congelamiento del previsto ingreso de Chile al Mercosur.

Tras casi 12 años de trabajosas negociaciones, el 6 de junio en Miami, Chile firmó un Tratado de Libre Comercio (TLC) bilateral con Estados Unidos..

La decisión del anuncio puede ser leída como una manera de Washington de romper el frente progresista sudamericano que se insinuó a todas luces en la concurrencia de presidentes a la asunción como primer mandatario de Néstor Kirchner.

Para Brasil el acuerdo Washington-Santiago fue una jugada estratégica de Estados Unidos para condicionar las negociaciones en la Asociación de Libre Comercio de las Américas al modelo del pacto chileno-norteamericano.

Como en su momento sucedió a México que fuera visto cuando ingresó al NAFTA como dando la espalda a América Latina, con la firma del TLC Chile-Estados Unidos, el presidente Ricardo Lagos debe enfrentarse a un delicado equilibrio en el discurso de prelación de sus relaciones externas, entre Washington y el resto de América Latina.

Durante la Tercera Cumbre de las Américas en Quebec –ya aceleradas las negociaciones del TLC Chile-Estados Unidos- el presidente chileno se vio constantemente en aprietos al procurar definir dónde estaba la prioridad geográfica de la diplomacia chilena. Al final, el gobernante pareció optar por seguir con aguas divididas, al preferir a Estados Unidos para hacer negocios y a los países latinoamericanos para ser amigos[7]

Esto quería significar que si bien Chile firmó un tratado de libre comercio con Estados Unidos, lo que estrechaba aún más los vínculos con la potencia norteamericana, esto tendría implicancias sólo en el ámbito económico.

Lo que es claro, es el acercamiento en lo político, que el presidente Ricardo Lagos procura con el Mercosur. Así lo manifestó en reiteradas oportunidades, al señalar la necesidad de robustecer el bloque subregional, de manera tal de fortalecer el poder de negociación de la región frente al mundo. Chile no se ha desvinculado de su ámbito geográfico inmediato. Ejemplo de ello es su participación en las negociaciones que se están desarrollando junto al Mercosur con la Comunidad Andina de Naciones para conformar una zona de libre comercio. Como veremos a continuación, aunque a cierta distancia ha seguido al Mercosur en las negociaciones formales globales integrando el G-20 plus.

 

La nueva estrategia

 

El cambio en la estrategia de negociación comercial de los países del Cono Sur ha sido una iniciativa del gobierno brasileño de Lula, consensuada posteriormente con los diversos actores involucrados.

Implica reforzar el Mercosur, promover la integración de América del Sur a partir de la expansión del Mercosur, explorar nuevas asociaciones comerciales .sobre todo con los grandes países en desarrollo- y participar activamente de los ejercicios negociadores en curso en la OMC, en el proceso del ALCA y entre el Mercosur y la Unión Europea.

El presidente de Brasil señaló en el artículo La política exterior del nuevo gobierno publicado en la revista Foreing Affairs En Español-, que uno de los obstáculos principales en las negociaciones por el ALCA es que Estados Unidos actúa selectivamente cuando propone que algunos asuntos, cuya solución presenta dificultades en el ALCA, se discutan en la Organización Mundial del Comercio, mientras, al mismo tiempo, intenta apresurar; en la negociación del Area del Libre Comercio de las Américas, la discusión de temas más complejos, aún no resueltos en la OMC [8]

Las líneas maestras del posicionamiento brasileño en las negociaciones sobre el ALCA. trataría de conciliar intereses “ofensivos” y preocupaciones “defensivas” y se redimencionaba en tres carriles:

1) la sustancia de los temas de acceso a mercados en bienes y de forma limitada, en servicios e inversiones sería tratado en una negociación 4 + 1 entre el Mercosur y los EE.UU.;

2) el proceso ALCA propiamente dicho se focalizaría en algunos elementos básicos, tales como la solución de controversias, tratamiento especial y diferenciado para países en desarrollo, fondos de compensación, reglas fitosanitarias y facilitación del comercio;

3) los temas más sensibles y que representarían obligaciones nuevas para Brasil, como parte de la normativa de la propiedad intelectual, servicios, inversiones, y compras gubernamentales, serían transferidos a la OMC, a ejemplo de lo que reclaman los EE.UU. sobre los temas que le son más sensibles, como los subsidios agrícolas y reglas antidumping. [9].

En palabras del canciller Celso Amorin los plazos no podían prevalecer sobre el contenido, y explicaba que “en lugar de aferrarse a conceptos irreales de un ALCA, en torno a los cuales el consenso se imagina inalcanzable, Brasil prefiere concentrarse en el “ALCA posible” que concilie de manera más productiva los objetivos necesariamente diferenciados de los 34 países participantes. Aseguró además, que “la noción de un ALCA abarcador era un mito, dada la negativa norteamericana para tratar cuestiones de nuestro interés fundamental, como antidumping y subsidios agrícolas”[10].

Estados Unidos insistía que el tema de las subvenciones agrícolas se debatieran en el seno de la Organización Mundial del Comercio y no en el ámbito del ALCA, aún cuando en repetidas ocasiones Brasil había manifestado que no se sentaría a discutir nada si el tema de los subsidios agrícolas quedaba excluido. Los negociadores norteamericanos explicaban que su país no podía incluir la reducción de subsidios agrícolas a menos que los europeos y los japoneses hicieran lo mismo. Y eso es sólo era posible en el marco de la OMC.

 

Los hechos

 

En los encuentros que tuvieron oportunidad en la asunción de Kirchner, Lula consiguió el apoyo del Mercosur para negociar su estrategia en el encuentro que tendría el 27 de mayo con Robert Zoellick, el representante comercial norteamericano.

El canciller Celso Amorín dijo que habían coincidido con Zoellick en encaminar las negociaciones comerciales del Mercosur y Estados Unidos por tres sendas simultáneas: la bilateral, el ALCA y la OMC. De acuerdo con el ministro, el gobierno de Bush prefiere dejar para negociar en la OMC las normas antidumping que según como se apliquen pueden ser verdaderas barreras al acceso al mercado estadounidense. Un tema que será resuelto en la OMC es el de los subsidios agrícolas, prioritarios para Argentina y Brasil. Pero los dos grandes países del Mercosur decidieron “castigar” a Estados Unidos, dejando también para la OMC lo que más interesa: el libre comercio de servicios y la liberación de las compras de los gobiernos. Eso implica que Brasil y Argentina mantendrán el compre nacional frente a las ofertas de empresas norteamericanas[11].

Como lo demostraron los acontecimientos posteriores, uno de los grandes giros delineados en la estrategia de negociaciones comerciales de Argentina y Brasil fue la decisión de acceder a resolver en la OMC el tema clave de los subsidios agrícolas y al mismo tiempo presionar a Estados Unidos, dejando también para la OMC lo que más le interesa: patentes, inversiones, compras estatales y servicios.

Para el presidente brasileño y el canciller Celso Amorin, las discusiones en el ALCA se habían vuelto ociosas, debiendo pasar a una instancia superior: la Organización Mundial del Comercio. En función de esa nueva línea de política externa, Lula y Amorin anunciaron el 7 de junio, la constitución del G-3, un grupo constituido por Brasil, India y África del Sur, núcleo en que las “potencias intermedias tendrían un rol protagónico” al que más tarde se sumarían otros países, entre ellos Argentina, Paraguay y Chile constituyéndose en el G-20. La función de ese bloque sería disputar las políticas proteccionistas de las potencias mundiales con las mismas armas que aplican contra los países emergentes. Esto sucedería en las negociaciones de la OMC en el mes de septiembre en Cancún, en el marco de la Ronda de Doha [12].

El cambio en la estrategia de negociación del ALCA se hizo explícita, paradójicamente, en una reunión “informal” a puertas cerradas de ministros de economía de la región, desarrollada entre el 12 y el 13 de junio por invitación del Representante de Comercio de los Estados Unidos, Robert Zoellick, y que se desarrolló en la vieja plantación restaurada Wye en las afueras de Washington. El objetivo de la reunión era discutir un enfoque realista, que permitiese concretar el compromiso de concluir las negociaciones del ALCA en enero de 2005. Esa fue la ocasión en la que “se destrabaron las negociaciones por el ALCA”. Oficialmente se declaró que el tema de los subsidios agrícolas pasaría a negociarse en el marco de la OMC. Durante la reunión, Zoellick y los 13 ministros presentes, incluido Roberto Lavagna y el canciller Celso Amorín, coincidieron en adoptar un “enfoque muy pragmático y realista”.

La mayoría de los temas sustantivos de la agenda comercial del continente se negociarían dentro del ALCA con los países de la región, pero algunos de los temas más conflictivos que podrían trabar la negociación quedarían bajo un paraguas afuera:, se derivarán a la Organización Mundial del Comercio. El acceso a mercados de bienes agrícolas e industriales y la eliminación de los subsidios a las exportaciones agrícolas, serían abordados en el marco del ALCA. Pero la eliminación y/o reducción de programas de ayuda interna distorsivos del comercio de producción agropecuaria y los derechos antidumping y compensatorios -rechazados por el Mercosur- serían discutidos en la OMC [13]. El Mercosur aceptó que eso sucediera siempre y cuando se estableciera dentro del ALCA un mecanismo de compensación hasta que no se llegase a un acuerdo a nivel mundial. Como contrapartida, Estados Unidos aceptó dejar en la OMC un tema que le interesaba mucho a los productores norteamericanos, el derecho a la propiedad intelectual[14].

En la XXIV Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur, realizada en Asunción que cerró el 18 de junio se prosiguió con la estrategia de insistir en la intención de negociar en bloque el ALCA [15].

La decisión de adoptar el “4 más 1”, con el propósito de fortalecer la posición negociadora, desconocía la voluntad de Washington de avanzar en negociaciones bilaterales, como lo había hecho con Chile semanas antes.

La realidad también empujanba en este sentido. De hecho en la negociación por el ALCA la delegación norteamericana decidió dividir su oferta de desmantelar aranceles en tres, una para los países del Caribe, otra para los países andinos y por último, le reservó el trato menos favorable al Mercosur, Es lo que llaman el hemisferio a tres velocidades.

Desde hacía un par de años argentinos y brasileños intentaban revitalizar el modelo  de relación conocido como 4+1. .Percibían que tenían más para perder que para ganar en el contexto amplio del ALCA. Es muy difícil hacer acuerdos con tantos países que tienen distintos niveles de desarrollo. En cambio sabían que había más chances de arrancar concesiones en el esquema de relación bilateral.

Durante la visita que Luiz Inácio Lula da Silva realizó a Washington, el 20 de junio, el gobierno de George Bush terminó por aceptar la realidad: el Mercosur negociaría en bloque. Por su parte, Brasil dejó de lado la pretensión insinuada hacía dos meses, de atrasar por dos años el cronograma del ALCA. Estados Unidos estaba jugado a que no fracasase la cumbre ministerial de noviembre en Miami que iniciaría la recta final hacia el establecimiento del ALCA.

Fue a partir de ese enfoque consistente y realista que la declaración conjunta en la reunión de los presidentes Lula y Bush en Washington expresó el entendimiento de que los dos países cooperarán por la conclusión exitosa de las negociaciones en los plazos previamente acordados.

Asimismo, las recientes tratativas de asociar al Mercosur a los países sudamericanos, es funcional a esta estrategia. Así lo dejó entrever el mismo Lula da Silva, en vísperas de un viaje a Bogotá, a la reunión cumbre con los presidentes de la Comunidad Andina en el mes de septiembre, cuando recomendó a Colombia asociarse al Mercosur. “América del Sur debe integrarse, hasta físicamente. De lo contrario, quedará llorando siglos y siglos por el fin de los subsidios agrícolas norteamericanos y europeos. Ellos no nos van a dar nada porque somos pobres. Ellos sólo nos van a dar el día que perciban que nosotros no precisamos más de ellos”. Agregó además, que Sudamérica debe unirse para negociar desde una mejor y más fuerte posición en distintos escenarios internacionales[16].

Así, Brasil decidió acelerar los tiempos de la integración sudamericana, una estrategia acompañada de cerca y con mucho interés por el gobierno argentino. La velocidad que tomó la política exterior brasileña podía ser un espejo del avance de Estados Unidos en los acuerdos bilaterales con diversos países del continente. Lula fue quien sugirió la existencia de esa corrida por ocupar espacios antes que el ALCA este concluida. “Queremos convencer a Uribe que para Colombia es mejor aproximarse a la región que permanecer pegado a Estados Unidos creyendo que lo van a ayudar”[17].

Lula vuelve a poner el acento en América del Sur, y en un proyecto de integración que pasa por la expansión del Mercosur y no tanto por una negociación de ese bloque con la Comunidad Andina de Naciones.

 

La respuesta concertada en Cancún y Trinidad y Tobago

 

En la reunión ministerial de la Organización Mundial del Comercio celebrada en Cancún, México, entre el 10 y el 14 de septiembre último, el grupo de 22 productores agrícolas G-22 ó G-20 plus -como prefieren llamarlo sus integrantes- mantuvo una postura dura y enfrentó a Estados Unidos y Europa por los subsidios agrícolas[18].

Durante las reuniones de estos países el ministro de Relaciones Exteriores brasileño Celso Amorín cumplió una función de coordinador, por lo que se convirtió para muchos asistentes a la reunión en la cara visible del G-22.

La Argentina jugó un rol fundacional en el G-20 plus y aunque en Cancún hubo fuerte protagonismo de la delegación argentina fue vista por los analistas de la cumbre en un segundo escalón dentro del G-20, escoltando a Brasil en el liderazgo del nuevo y poderoso grupo, con un profesionalismo y una firmeza mayores que los de otras cumbres, pero con flexibilidad a la hora de buscar consensos. Argentina formaba parte del grupo de países que dijeron “es necesario ver, es necesario negociar” [19] Sin embargo los pies de la Argentina siempre estuvieron en el plato del G-20, frente a otros países que proponían ceder ante la presión a la que los sometió la diplomacia de la Unión Europea y Estados Unidos.

Luego de Cancún el Secretario de Comercio Internacional Martín Redrado que integró la delegación argentina encabezada por el canciller Rafael Bielsa, diseñó una política exterior comercial con “fuerte apuesta por G-20 plus y la opción estratégica ya tomada por el Mercosur”. A su vez el funcionario manifestó no creer en falsas antinomias y anunció que “la Argentina se va a sentar en todas las mesas posibles de negociación” dando continuidad a su estrategia comercial multipolar de apertura y desarrollo de mercados [20].

Brasil consideró que la estrategia que lideró había sido un éxito. “En Cancún -dijo eufórico Lula en una reunión en Río de Janeiro ante empresarios latinoamericanos- ocurrió una novedad extraordinaria: cambió nuestra relación con el mundo desarrollado. Si bien no conseguimos aprobar lo que queríamos tampoco permitimos que ellos (Estados Unidos y la Unión Europea) aprobaran lo que querían que era consolidar la política de subsidios”[21].

De igual manera se refirió al encuentro la ministra de Relaciones Exteriores de Paraguay, Leila Rachid en conferencia de prensa “Para nosotros, dentro del grupo de 20 y más, que así ya nos autocalificamos, fue exitoso, porque con la estructura que creamos logramos marcar la diferencia entre el pre y post Cancún”[22].

El Gobierno argentino parece haber tenido otra interpretación de los hechos de Cancún. En la reunión de Kirchner con el presidente mexicano Vicente Fox, realizada durante el transcurso de la Asamblea General de las Naciones Unidas el presidente argentino respaldó la opinión de que no es motivo para festejar el fracaso de aquella reunión en una velada crítica a la política intransigente de Brasil en la cumbre[23].

La razón de estos comentarios puede encontrarse en el recelo surgido entre los presidentes en medio de la negociación argentina con el FMI. En aquella oportunidad varios mandatarios extranjeros se solidarizaron con nuestro gobierno. Tales fueron los casos del chileno Ricardo Lagos y del mexicano Vicente Fox. El gobierno de Lula da Silva guardó un significativo silencio. La tensión fue subiendo, en Argentina hasta llegó a pensarse en reeditar el juego de alianzas que se contrapesan mutuamente imponiéndole límite una a la otra que caracterizaron a la política exterior de Menem.[24].

Las alianzas que se insinuaron fueron una alianza estratégica entre Kirchner y los dos presidentes latinoamericanos cuyos países tienen un TLC con Estados Unidos: Lagos y Fox.

El acercamiento político de Chile a la Argentina fue reafirmado en la visita que el presidente Ricardo Lagos realizara a la nuestro país a fines del mes de agosto de 2003. En esa oportunidad, Lagos y Kirchner resaltaron el carácter “estratégico” de la relación entre los dos países y coincidieron en la necesidad de coordinar posiciones en política exterior.

En sus declaraciones Lagos había reafirmado la idea de forjar un vínculo estratégico más fuerte entre Chile y Argentina como puntal de un liderazgo mayor integrado por Argentina, Brasil, Chile y proponiendo la incorporación de México. Llama ABC + 1 al escenario concreto de alianzas regionales, pero el distanciamiento entre Lula y Kirchner parecieron dibujar alianzas de contrapeso al liderazgo regional de Brasil.

Se mostró con cierta ostentación que la relación de Argentina y Chile pasaban por su mejor momento y se planificó cuidadosamente la entrevista que Kirchner mantendría con Fox en oportunidad de la realización de la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre de 2003. A estas turbulencias en la relación entre Argentina Y Brasil No fueron ajenos los esfuerzos de un sector pro Estados Unidos que persiste en la diplomacia argentina.

Precisamente en esa reunión de la ONU, Lula se planteó como objetivo político que sería necesario recomponer su relación con Kirchner.

El presidente brasileño sorprendió con un discurso excelente, donde el único país que nombró expresamente fue a la Argentina. “Nos movemos más allá de nuestra historia y geografía para crear un único sentido de hermandad y asociación. En este contexto nuestra relación con Argentina sigue siendo crucial”[25].

Al parecer en la reunión en que sortearon las diferencias de la relación entre Kirchner y Lula, el gobierno argentino acordó convertir la estrategia unilateral de acercamiento argentino al libre comercio con México en estrategia concertada con el bloque Mercosur.

Después de Cancún Brasil profundizó sus diferencias con Estados Unidos sobre la creación del Area de Libre Comercio de las Américas. Al respecto de la falta de acuerdo en la reunión de Cancún, el ministro de Agricultura Roberto Rodríguez señaló en Brasilia: “Esto abre dos hipótesis o se vuelve a discutir el fin de los subsidios agrícolas en el seno del ALCA o el ALCA se frena”, concluyó el funcionario de Lula[26].

El escenario que se configuró en Cancún, creó un clima tenso en la reunión viceministerial que se realizó en Puerto España, en los primeros días de octubre. A su vez la falta de un acuerdo en la reunión de Trinidad y Tobago pondría en peligro los eventuales acuerdos de la reunión ministerial del ALCA anunciada para el 20 y al 21 de noviembre próximo en Miami.

En Trinidad y Tobago Macedo Soares, jefe de la delegación brasileña a la reunión del comité negociador de ALCA criticó la propuesta norteamericana de crear un “ALCA teológico” y sugirió en cambio un “ALCA light”, de contenido mucho más reducido. Su discurso fue el más severo que pronunciaba un funcionario de Brasil contra el plan desde la asunción del gobierno de Luiz Lula da Silva. “No hay una sola vía para todos los países del ALCA la visión de un código comercial único para todos llevaría, probablemente, a la opresión y a la exclusión, cuando lo que deseamos es la solidaridad y el desarrollo”, dijo Macedo Soares de acuerdo con el diario Folha de San Pablo.

Se refirió a la extraordinaria asimetría entre la potencia económica de Estados Unidos y algunas de las economía menos privilegiadas en el contexto internacional. “Por eso es infantil y hasta malintencionado acusar a los que llaman la atención sobre esas dificultades de utilizar una retórica destructiva”, insistió el enviado de Brasilia. La frase era una respuesta a las críticas del encargado de Comercio de Estados Unidos, Robert Zoellick, y de otros funcionarios norteamericanos sobre la presunta falta de disposición de Brasil a negociar la creación del ALCA.

La reunión realizada en Puerto España capital de Trinidad y Tobago preparatoria de la ministerial de Miami fracasó debido a las diferencias irreductibles de Estados Unidos y del Mercosur. Era un final previsible, el fracaso de la cumbre de Cancún de la OMC lo anticipó. Estados Unidos insistió en exigir a las naciones del sur una apertura comercial asimétrica rechazando discutir los subsidios agrícolas que cierra los mercados a los países en desarrollo, y al mismo tiempo reclamando negociar los temas más sensibles para su interés.

La diplomacia se Brasil se encargó de difundir su pensamiento “Si los norteamericanos pueden sacar de la agenda los temas sensibles para el gobierno de George W. Bush, también el Mercosur tiene derecho a eliminar aquellos asuntos que consideren vitales para sus economías” afirmaron fuentes oficiales.

La frustración del proceso continental se insinuó cuando el Mercosur presentó un proyecto de declaración. Allí se describían los “caminos del ALCA posible” que no eran exactamente lo que imaginaba Estados Unidos. Por eso los negociadores norteamericanos no aceptaron la propuesta. Según Ross William, jefe de la delegación de la misión estadounidense, el gobierno de Bush está “comprometido con un ALCA ambicioso y que cumpla el cronograma previsto”.

Los representantes norteamericanos acusaron a Brasil de buscar el fracaso del ALCA. También se esmeraron en diferenciar a Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil. El embajador Sigal, subsecretario de Integración Económica, dijo que gracias a la acción contemporizadora de Argentina “el Mercosur logró mantener su unidad”. La razón habría sido el antagonismo entre los negociadores brasileños y los delegados del gobierno de Uruguay.[27].

 

Se buscan acuerdos para la Cumbre ministerial de Miami.

 

Durante la visita oficial del primer mandatario brasileño a la Argentina a mediados de octubre de 2003 los presidentes Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva ratificaron su compromiso con la consolidación de la “alianza estratégica” con la firma del llamado Consenso de Buenos Aires, en el que dieron señales conjuntas sobre la deuda externa y de su común rechazo hacia las políticas neoliberales de los años ’90. 

En su paso por el Congreso argentino, el presidente de Brasil destacó que “la expresión alianza estratégica, con todo lo fuerte que pueda parecer, no alcanza para describir la fortaleza de la relación que tenemos que construir”. Ensayó entonces la figura de “una estrecha sociedad donde no haya lugar para liderazgos” [28].

En las negociaciones en Cancún y Trinidad y Tobago, la diplomacia brasileña pudo medir la fuerza que la sociedad estratégica argentino-brasileña. tiene para ejercer un rol de peso en las negociaciones comerciales [29].

Así lo declararía el mismo Lula: “La sociedad entre  Argentina y Brasil es esencial para un ALCA equilibrado en beneficio de todos” [30]. Sugirió entonces el peso político que tiene la Argentina, que representa un reaseguro brasileño contra los intentos de aislamiento en las negociaciones hemisféricas, donde Brasil tiene mucho que perder (sobre todo, en servicios y en política de inversiones). Lula dejó claro el alivio que le trae esta alianza. Por otro lado, el canciller Celso Amorin aventando desconfianzas reforzó la idea: “La decisión de Lula es reafirmar el camino de un liderazgo compartido con Argentina.”[31].

En este marco, se preveía un nuevo fracaso de las negociaciones en Miami, y un estancamiento en las negociaciones por el ALCA. No obstante, los funcionarios de Bush continuaron con su estrategia de “ablande” sobre el Mercosur. A veces, con meditada beligerancia: “El ALCA puede existir sin Brasil y sin la Argentina”, dijo uno de los negociadores norteamericanos, primero en Brasilia y después en Buenos Aires. Otras veces, con estrategias menos ostentosas pero acaso más efectivas: cerrar cada vez más acuerdos bilaterales, como el firmado con Chile o el que negocia con Centroamérica [32]..

El negociador norteamericano era el subsecretario de Comercio de Estados Unidos, Peter Allgeier, quien visitaría nuestro país, Brasil y Uruguay, días después del encuentro entre Kirchner y Lula en Buenos Aires. La gira tenía un claro significado: básicamente era una fuerte ofensiva política de Estados Unidos en las dos capitales clave de Sudamérica, buscando cerrar acuerdos que dividieran a los socios del “conspirador del ALCA”..

De todos modos, la estrategia no surtiría los efectos esperados por Washington. Tanto Argentina como Brasil, señalaron que no modificarían sus posiciones con respecto a las negociaciones. El canciller argentino, Rafael Bielsa, declararía ante la prensa de nuestro país: “Argentina va a negociar junto con Brasil, codo con codo, los procesos de integración”, reafirmando que “preferiría hacer un ALCA con Brasil que sin Brasil”[33], esto en obvia referencia a las declaraciones de distintos funcionarios norteamericanos que manifestaban que el ALCA se haría con o sin Brasil.

Así se presentaba la antesala de la cumbre ministerial sobre comercio que tendría lugar a fines de noviembre en Miami. Sin embargo, y en una decisión que intentaba demostrar la disponibilidad a negociar la Argentina y Brasil ofrecieron a EE.UU. abrir distintas ramas de los sectores de servicios.

No era una oferta muy amplia ya que excluía a los servicios considerados “sensibles”. El grado de apertura económica que ofrecieron era diferente según los sectores y las distintas regiones del continente. Para Canadá y EE.UU. la oferta era distinta que para México, que difería respecto de los países andinos y así con relación a los demás bloques del continente.

En una operación para evitar que la próxima conferencia de ministros del ALCA fracasara antes de empezar, Estados Unidos y el Mercosur intentaron acortar diferencias en una minicumbre de cancilleres que se realizó en los primeros días de noviembre, en Washington, convocada por la oficina comercial de ese país. Se reunieron con Robert Zoellick un pequeño número de países, entre ellos Argentina y Brasil.

Las diplomacias brasileña y argentina consideraron importante presentar nuevas ofertas para demostrar la “buena voluntad del Mercosur para negociar y ver qué grado de reciprocidad encontraban en Estados Unidos.

Presentaron a cada uno de los otros 30 socios del ALCA las ofertas sobre garantías a las inversiones extranjeras, capítulo de gran interés para los norteamericanos.

En la reunión restringida de Washington, donde también estaban entraron en el debate todos los temas en litigio, desde agricultura hasta compras de los gobiernos y propiedad intelectual. Antes de su viaje a la capital norteamericana el negociador argentino Martín Redrado, había señalado que se trataba de llegar a la conferencia de ministros del ALCA, en Miami, “con un disenso ordenado”. Ante la pregunta de la prensa de que clase de disenso era ese, el funcionario respondió que “nosotros hicimos propuestas para abrir nuestro mercado de servicios a cada uno de los 30 países socios del Mercosur en el ALCA. Y otro tanto se hará con inversiones. Son negociaciones bilaterales y no una oferta única y general como deseaba Estados Unidos”. “En las negociaciones bilaterales tenemos más capacidad de negociación. Así, al hacer una oferta a EE.UU. podremos mejorarla si ellos a su vez nos mejoran el acceso de nuestros bienes al mercado norteamericano”[34].

Los resultados de la minicumbre fueron un anticipo de lo que sucedería en la cumbre ministerial de Miami. Brasil y Argentina negociaron con Estados Unidos hacer un Área de Libre Comercio de las Américas “a la carta”. Así lo reveló el ministro Celso Amorin. Esto significaba que en el ALCA cada gobierno podría elegir qué incluir en negociaciones bilaterales, sin necesidad de extender los beneficios a los otros 32 socios.

Según Redrado, este procedimiento de acuerdos bilaterales dentro del ALCA le permitiría finalmente al Mercosur sentarse a negociar con Estados Unidos bajo el formato “4 más 1”[35].

 

La octava cumbre ministerial de Miami

 

Contrariamente a lo que se esperaba, y teniendo en cuenta los fracasos de Cancún y Trinidad y Tobago, la octava cumbre ministerial sobre comercio realizada en Miami en noviembre de 2003, no fracasó.

Previéndose que sería imposible salvar la propuesta en los términos y plazos convenidos originalmente surgieron dos propuestas, una impulsada por Estados Unidos y Brasil, denominada “ALCA flexible o estrategia gradualista” (o ALCA light) –que sería en definitiva la aprobada- y otra, “ALCA alternativo” (o “ALCA intermedio), impulsada por Chile, México y Canadá.

Durante el desarrollo de la reunión ministerial de Miami surgieron diferencias entre Kirchner y Lula por un lado y ,Lagos y Fox por el otro, rompiéndose el consenso alcanzado entre estos países en la Cumbre Iberoamericana realizada en Santa Cruz de la Sierra [36].

En la antesala de la reunión ministerial las delegaciones de Chile, Canadá y México se opusieron a la propuesta acordada por Brasil y Estados Unidos, considerándola una versión “descafeinada” del tratado. Reclamaron airadamente que se mantuviese el proyecto original –que por otra parte la Casa Blanca y su representante comercial habían defendido con uñas y dientes hasta último momento-., se declararon en contra de un ALCA “light” en el que cada país podría negociar bilateralmente los temas más conflictivos. En un documento de cuatro páginas, Chile, México y Canadá dijeron que querían un acuerdo “integral, equilibrado y multilateral” [37].

La propuesta de estos últimos reflejada dos cuestiones, por una parte, .el temor de perder las ventajas relativas que les brindaba el hecho de contar con sus respectivos Acuerdos de Libre Comercio con Estados Unidos y por la otra de que no consideraron justo que sus países hayan tenido que pagar mayor costo por el acceso al mercado norteamericano.

Chile, al igual que México y Canadá, al firmar sus respectivos acuerdos bilaterales de libre comercio con Estados Unidos, para acceder al mercado norteamericano tuvieron que adoptar leyes o tratados que brindan protección a las inversiones extranjeras, la propiedad intelectual o que les otorga acceso a las compañías norteamericanas a competir en las compras del Estado. Esa legislación fue, y continua siéndolo la principal causa de disenso entre los dos más fuertes del Mercosur y Estados Unidos,

La argumentación  de Chile, México y Canadá sostenía que la falta de obligaciones por parte de otras naciones podría significar una competencia con desventaja para ellos; en tanto los contenidos que propusieron restringían la flexibilidad al cumplimiento de una de una de dos condiciones: a) ser limitada en el tiempo, o b) que favoreciera solamente a las economías pequeñas, lo que excluía automáticamente a Brasil y Argentina [38].

Cerrando filas con Brasil para negociar el ALCA, en la vieja idea del 4+1, Martín Redrado, declaró con respecto al desarrollo de las negociaciones: “México y Chile quieren un ALCA hemisférico en los temas que interesan a EE.UU., mientras que nosotros, con Brasil, preferimos un trato bilateral, así calibramos mejor qué cedemos y qué nos da Norteamérica[39].

Por la “estrategia gradualista” que finalmente se impuso, impulsada por Estados Unidos, Brasil y sus socios del Mercosur (especialmente Argentina) se trata de un ALCA a dos niveles uno incluye compromisos y obligaciones mínimas para todos los países, referidos a comercio de bienes y con un cronograma de liberalización que llega hasta 15 años. Permite a los países demorar el inicio de la desgravación arancelaria a productos sensibles que una importación rápida y amplia desplazaría, por menor competitividad, como producción nacional.

En el otro nivel están los temas “duros” (compras del sector público, políticas de competencia, regímenes de inversión, propiedad intelectual, subsidios agrícolas, derechos compesatorios y otros) que podrán ser motivo de acuerdos bilaterales o multilaterales, con la extensión que cada signatario prefiera [40]

La cumbre de Miami salvó el proyecto ALCA de un fracaso. Sin determinar pautas concretas, los países encontraron una fórmula para salir del estancamiento. El costo fue sacrificar sus objetivos más ambiciosos. El acuerdo negociado entre Estados Unidos y Brasil permitió evitar y reiterar la situación ocurrida poco tiempo atrás, en la reunión de Cancún. Estados Unidos se avino a reducir el perfil de la pretensiones en la medida que se convenció que Brasil estaba dispuesto a abandonar las negociaciones –y con él- el resto de los países del Mercosur, principalmente Argentina [41]

Las elecciones en Estados Unidos, en noviembre de 2004, tuvieron un rol fundamental en la flexibilización de algunas posiciones norteamericanas. George Bush procuró impedir que la reunión de Miami fracasara, pero, a la vez, instruyó a Robert Zoellick para que no arriesgase el apoyo electoral de ningún sector económico en su reelección del año entrante, minimizando los costos políticos de lo que se pudiese otorgar.

Como se adelantó el mayor acuerdo había sido alcanzado durante la reunión en Washington, en donde Zoellick aceptó, por primera vez, la idea de un ALCA a varias velocidades en el que quedarían excluidos de la negociación los subsidios agrícolas y las medidas antidumping como quería Estados Unidos y las reglas de juego comunes en inversiones, compras gubernamentales y propiedad intelectual, como quería Brasil. Si ello se confirmaba ahora en Miami, el resultado sería un ALCA, conocido como ALCA “light”, y que dista mucho del tipo de área de libre comercio que imaginó el presidente George Bush padre[42].

Robert Zoellick, se atrevió a decir que “la propuesta acordada por Brasil y Estados Unidos era en realidad una lápida para el ALCA” y, más significativo aún, ponía a la vista de todos el nuevo cuadro geopolítico en el hemisferio.

En definitiva Brasil, -respaldado desde diferentes ángulos y con distinta consistencia por otros dos países clave de la región, Venezuela y Argentina- impuso su posición y se elevó como contraparte continental de Estados Unidos y, más significativo aúl, ponía a la vista de todos el nuevo cuadro político en el hemisferio [43].

A tal punto fue insostenible la posición de Washigton que la reunión, pautada para dos días, concluyó en la primera jornada. El resultado fue tan obvio que incluso los esfuerzos del canciller Celso Amorín por no evidenciar la derrota estadounidense aparecen como irónico alfilerazo adicional de una diplomacia reconocida por su ácida firmeza n

De todas maneras, Estados Unidos dejó en claro en Miami que no esperaría de brazos cruzados y continuaría con su estrategia es firmar acuerdos por separado, con los países o grupos que lo deseen. En este sentido, lanzó durante la misma cumbre una serie de negociaciones paralelas con algunos países y grupo de naciones que quieren avanzar rápido en la apertura comercial. Robert Zoellick, anunció el inicio de negociaciones con los andinos: Colombia, Perú, Bolivia y Ecuador.

Estados Unidos ya tenía acuerdos comerciales con Canadá y México (en el NAFTA) y con Chile. El acuerdo con los países de Centroamérica estaba avanzando Y a todo eso se sumaría eventualmente un acuerdo con los países andinos. La ofensiva debe interpretarse como un instrumento de presión sobre el Brasil.. De hecho, si el ALCA fracasa, Brasil, Argentina y los demás países integrantes del Mercosur podrían ser al final los únicos países sin acuerdo comercial con los EE.UU.

 

Conclusiones

 

En este trabajo se han desarrollado los cambios en la estrategia de negociación de los países del Cono Sur, liderados por Brasil y sus socios del Mercosur (especialmente Argentina). El caso chileno presenta notables diferencias y solamente se ha sumado a los anteriores, a cierta distancia, y específicamente, en el llamado G-20..

Cabe señalar dos consideraciones : en primer lugar determinar si esta estrategia ha sido exitosa o no en términos de los intereses de nuestros países, tiene que ver más con nuestras propias convicciones que con los resultados concretos obtenidos. En segundo lugar las conclusiones no pueden ser más que preliminares tratándose de un proceso del cual parece todavía distante un escenario establecido. De hecho luego de la reunión viceministerial de Miami, siguieron aconteciendo negociaciones que no han sido analizadas en este trabajo.

En todos estos años que siguieron a la propuesta de integración hemisférica norteamericana, se ha visto a Brasil con una posición cautelosa , que ha estado obstaculizando el avance de las posiciones norteamericanas. Lo cierto es que más allá de lo retórico y aunque parezca que camine “arrastrando los pies” no ha dejado de caminar hacia el ALCA. Como lo ha señalado el propio canciller brasileño, el mayor interés en negociar el ALCA reside en la expectativa de acceso al mercado norteamericano, el cual, por su dimensión y dinamismo, no puede ser ignorado [44]

En este sentido, los cambios en la estrategia de negociación propuestos por el gobierno del presidente Lula y posibles a partir del cambio de actitud de los gobiernos de Duhalde y de Kirchner han sido un triunfo para Brasil. Después de todo, fue su gobierno el que propuso la idea de un ALCA limitado y el que logró imponerla a Estados Unidos, que quería un acuerdo más ambicioso.

Los negociadores brasileños, liderados por Celso Amorin, no sólo fueron quienes propusieron el nuevo enfoque, sino que también lograron imponerlo a países como México, Chile y Canadá, que, si bien aprobaron la declaración final, fueron muy críticos durante la reunión[45].

En esta etapa Brasil ha utilizado como instrumento para aumentar su capacidad de negociación la construcción de alianzas ad-hoc con países o grupos de países que tengan una visión y necesidades comunes, sea el Mercosur, Argentina, Venezuela, la expansión del Mercosur a Sudamérica o el G-20 (en el que participan países de gran peso económico como China e India) y ha desdoblando negociaciones en OMC, ALCA o Mercosur-Estados Unidos., buscando los foros que sean más funcionales con al fin de reconfigurar un ALCA y un escenario comercial mundial a la medida de los intereses de los países en desarrollo.

Los gobiernos de Brasil y de Argentina han sostenido con firmeza una negociación que no implique un desarme unilateral que facilite como ocurrió en el pasado el acceso a los mercados domésticos sin recibir nada a cambio.

Con referencia a lo anterior cabe tener en cuenta que en la Argentina la desregulación está muy avanzada desde los años ’90 en el tema inversiones y otros temas conflictivos, es decir no tendría mayores problemas en firmar un acuerdo bilateral con EE.UU. Sin embargo, Brasil mantiene restricciones, por lo que puede presentar una posición dura a la hora de negociar, y esa es una de las razones por las cuales a Argentina le conviene negociar en alianza con el vecino. Según uno de los miembros de la delegación argentina, “consideramos que con su peso comercial vamos a obtener más concesiones”[46]. Por otro lado, según Eduardo Sigal, a la Argentina no le conviene romper con el Mercosur. “Brasil no es sólo un enorme mercado sino que además  todavía tiene cosas para negociar. Nosotros no tenemos casi nada” [47].

La estrategia del gobierno brasileño buscaba que el ALCA fuera menos abarcador que lo que pretende Estados Unidos, que se estableciera como un conjunto de normas generales sobre libre comercio y solución de controversias para negociar directamente en un acuerdo de 4+1 con Estados Unidos la liberalización del comercio de bienes agrícolas e industriales dejando los asuntos más importantes para ulteriores negociaciones. En este sentido su estrategia ha sido exitosa.

No obstante lo anterior, cabe poner en duda el convencimiento que tienen los países del Sur de que hay más para ganar con la apertura de mercados que con la protección de sus propios mercados internos. En este sentido releva de pruebas la propia declaración de Pascal Lamy, comisario europeo a cargo de las negociaciones comerciales en nombre de los 15 miembros de la Unión Europea, el 19-3-03, ante una comisión especial de la Cámara de los Comunes en Londres en la que se refirió evocando el “toma y daca” de las negociaciones comerciales de la siguiente manera: “Respecto del tema del acceso al mercado, debemos conceder en la agricultura, pues podemos ganar mucho en industria y servicios” [48].

Al cierre de este trabajo, en la reunión de la OMC en Ginebra, Estados Unidos y Europa han comenzado a hacer concesiones en la agricultura. Brasil como interlocutor del G-20 ha negociado en el más pequeño y selecto G-5 (integrado además de Brasil- por los representantes de Estados Unidos, Unión Europea, Australia e India). Este tema trababa las negociaciones del ALCA ¿cuanto ritmo podrán readquirir?, ¿que países, sectores económicos y sociales serán los ganadores y perdedores?. ¿Exito o fracaso?



* Master en Relaciones Internacionales. Directora de la Licenciatura de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional del Centro. Profesora titular de Geografía de América Latina, Relaciones Internacionales de América Latina, Geografía Política y Relaciones Internacionales y Teoría de las Relaciones Internacionales. Co-directora del Proyecto de Investigación Políticas Exteriores Comparadas de Argentina, Brasil y Chile, SECyT, UNC.

** Licenciada en Relaciones Internacionales, alumna de la Maestría en Integración Económica, Mercosur, Centro de Estudios Avanzados, UBA.

[1] Raúl Bernal Meza : Estados Unidos y América Latina: Las distintas visiones y desafíos de seguridad y las opuestas perspectivas en la construcción de las Américas”, trabajo presentado en International Conference: Building the Americas, Montreal, Canadá, 5 al 8 de noviembre de 2003.

[2] El artículo Argentina : entre o Mercosur e a ALCA  de Raúl Bernal Meza y Silvia Quintanar , publicado en la Revista Brasileira  de Política Internacional, Ano 44, N°2, 2001, ofrece un análisis de lo que los brasileños denominan “efecto Cavallo” en el Mercosur.

[3] Allí acudieron los primeros mandatarios de los países pertenecientes al Mercosur y a la Comunidad Andina de Naciones (CAN) además de Chile, Guayana y Surinam. Siguiendo la idea que surgió en la I Cumbre Sudamericana de Brasilia de 2000 que fuera iniciativa del ex presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso -conformar un bloque económico sudamericano-, el texto aprobado en esta oportunidad reiteró la voluntad de que la CAN y el Mercosur concluyeran a fines de ese año, las negociaciones para cerrar un tratado de libre comercio que los fortaleciera ante futuras negociaciones sobre el ALCA.

[4] Sin embargo, al parecer la administración norteamericana le preocupa que la Argentina no siga una política exterior independiente de Brasil. Poco se difundió lo que hablaron Rafael Bielsa y Colin Powell después de asistir el 9 y 10 de julio de 2003 a la trigésima asamblea anual de la OEA, en la hora y media de vuelo desde Santiago a Buenos Aires, pero se sabe que el secretario de Estado se interesó por el nivel de equilibrio en la relación con Brasil. Y sugirió en una frase cuál debería ser el papel de la Argentina: “Brasil tiene un liderazgo natural de peso, pero la Argentina debe conservar un liderazgo de concepto. Es el trabajo que tienen por delante”, le dijo Powell a Bielsa. En Detrás de Brasil, la Argentina sale a buscar su lugar en em mundo, Clarín, 13 de junio de 2003.

[5] Los países del Mercosur privilegiaron desde el primer momento la negociación conjunta frente a Estados Unidos. Un interesante desarrollo sobre estos comienzos se encuentra en el artículo de Celso Amorín y Renata Pimentel “Iniciativa para as Américas. O Acordo do Jardín das Rosas, José Augusto Guilhon Albuquerque: Sessenta anos de Política Externa Brasileira (1930-1990), Volume II, Diplomacia para e desenvolvimento, Cultura Editores Asociados, Núcleo de Pesquisa en Relacoes Internacionais sa USP.

[6] Más información puede encontrarse en Francisco Rojas Aravena: Chile y estados Unidos: hacia un acuerdo de libre comercio, en Francisco Rojas Aravena (editor ) América Latina y la Iniciativa para las Américas, FLCSO-Chile, 1993; o en Raúl Bernal Meza: Chile, entre el NAFTA y el Mercosur. Los desafíos de una economía pequeña y en expansión, en Realidad Económica, Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE), N° 133, 1 de julio-15 de agosto de 1995.

[7] Cumbre de Québec: ALCA comienza el 2005, en www.tercera.cl, 23 de abril de 2001.

[8] Lula da Silva: La política exterior del nuevo gobierno brasileño, en Foreing Affairs En Español, Enero-Marzo, 2003.

[9] Celso Amorin, Comercio y Desarrollo: ¿qué ALCA es posible?, Clarín, 1 de Agosto de 2003..

 [10] Celso Amorin, Siete mitos sobre el ALCA, La Nación, 10 de septiembre de 2003.

[11] Brasilia, Lula-Zoellick; 4+1, La Nación, 27 de mayo.

[12] Brasilia, Lula-Zoellick, 4+1, op. cit.

[13] Destraban las negociaciones del ALCA, Clarín, 14 de junio de 2003.

[14] Ahora EE.UU. acepta negociar con el Mercosur como bloque, Clarín, 24 de junio de 2003.

[15] Hugo Chávez, formó parte de la reunión como invitado especial. El presidente venezolano, crítico de la CAN y del ALCA, había solicitado  formalmente en mayo de 2001 su ingreso al bloque.

[16] Lula ofrecerá a Colombia ingresar al Mercosur, Clarín, 5 de septiembre de 2003.

[17] Estrategia para ganar poder negociador, Clarín, 6 de septiembre de 2003.

[18] Trece países latinoamericanos: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile; Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Guatemala, México, Paraguay, Perú, Venezuela (El Salvador se retiró). Los otros integrantes son China, Egipto, India, Pakistán, Filipinas, Sudáfrica, Tailandia y Nigeria (luego se sumó Turquía).

[19] El Canciller Rafael Bielsa calificó el último borrador de la declaración de la cumbre –la que nunca se emitió- como un punto de partida para el diálogo, mientras Brasil e India la tacharon de inaceptable.

[20] Es sabido que el funcionario nunca privilegió la relación comercial con su socio, por el contrario ha venido bregando por una política agresiva de inserción comercial argentina en busca de incrementar nuestras ventas a través de negociaciones simultáneas en varios escenarios. En su nota realizada en días previos a la reunión de Cancún titulada. Claves del despegue exportador señaló :Durante años escuché decir que la Argentina sólo podía venderle a Brasil y que: si perdemos ese mercado desaparecería la industria de nuestro país. La realidad hoy nos demuestra la falacia de dichas afirmaciones: los acuerdos celebrados con México y Chile en los últimos meses permitieron incrementar un 29% las ventas de automotores al mercado mexicano y un 47% las destinadas al país trasandino. Clarín, 2 de septiembre de 2003.

[21] Eleonore Gosman: Lula, eufórico porque el Tercer Mundo dijo “no” a las grandes potencias. Clarín, 16 de septiembre de 2003.

[22] http://www.reuters.com., 17/9/03.

[23] Martín Rodríguez Yebra, enviado especial: El Presidente almorzó con Fox para hablar de libre comercio, La Nación, 25 de septiembre de 2003.

[24] Para mayor detalle acerca de cómo funcionaron o debían funcionar el juego de alianzas con Brasil y Argentina puede verse al artículo de Carlos Escudé, La Argentina y sus alianzas estratégicas, en Archivos del Presente, Nª13, Buenos Aires, Julio/Agosto/Septiembre 1998

[25] Un cafecinho para subir la temperatura con Lula, Página 12, 24 de septiembre de 2003.

[26] Eleonore Goosman, corresponsal en San Pablo: Lula, eufórico porque el Tercer Mundo dijo “no” a las potencias”, Clarín, 16 de septiembre de 2003.

[27] Brasil advierte a Estados Unidos que sólo aceptará un ALCA “lightLa Voz de Tandil, 2 de octubre de 2003.

[28] “Unidos podemos ser una potencia”, entusiasmó Lula a los legisladores, Clarín, 17 de octubre de 2003..

[29]  El concepto de “sociedad estratégica” en reemplazo del de “alianza estratégica”, de alcance más restringido y con connotaciones temporales es desarrollado en el reciente libro de Roberto Russell y Juan Gabriel Tokatlian El lugar de Brasil en la política exterior argentina, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2003.

[30] “El plan de Brasil y el rol argentino”, Clarín, viernes 17 de octubre de 2003, p. 9.

[31] Ibídem.

[32] “Otro round con Estados Unidos por el ALCA”, en www.clarin.com, miércoles 12 de noviembre de 2003.

[33] Bielsa: "En el ALCA, codo a codo con Brasil”, en www.clarin.com,  jueves 23 de octubre de 2003.

[34] Oscar Raúl Cardoso, “El Mercosur hace concesiones para evitar el naufragio del ALCA”, en www.clarin.com, martes 4 de noviembre de 2003.

[35] Argentina y Brasil negocian "un ALCA a la carta" con EE.UU., en www.clarin.com, viernes 14 de noviembre de 2003.

[36] En un desayuno en el marco de la XIII Cumbre Iberoamericana, en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, de Chile, Ricardo Lagos, de México, Vicente Fox, y el presidente argentino, Néstor Kirchner, arribaron al consenso para que los cuatro países afrontaran el ALCA “con el mismo concepto”. Según lo sintetizo el canciller, Rafael Bielsa, se acordó conformar “un bloque férreo en lo conceptual y articulado en lo puntual”. Los cuatro juntos harían fuerza para que el Acuerdo de Libre Comercio que impulsa Estados Unidos sea también beneficioso para los países más empobrecidos del continente. Tras el encuentro, Fox aseguró que el “ALCA está avanzando”, pero sostuvo que la prioridad de los cuatro países del ALCA “tenga flexibilidad y beneficie a los más pobres, sino no tiene sentido”. En Kirchner, Lula, Lagos y Fox acuerdan cómo encarar el ALCA”, Clarín, domingo 16 de noviembre de 2003, p. 3.

[37] “Los reclamos a Washington se mudaron ahora a otros países”, en www.clarin.com, martes 18 de noviembre de 2003.

[38] Ambito Financiero, Buenos Aires, 18 de noviembre de 2003.

[39] “Para Argentina, el ALCA no es el acuerdo más importante”, en www.clarin.com, lunes 17 de noviembre de 2003.

[40] Ambito financiero, Buenos Aires, 19 de noviembre de 2003.

[41] Raúl Bernal Meza : Estados Unidos y América Latina: Las distintas visiones y desafíos de seguridad y las opuestas perspectivas en la construcción de las Américas”, op. cit..

[42] “EE.UU. negocia con poco margen”, en www.clarin.com, lunes 17 de noviembre de 2003.

[43] Cabe destacar que en la Declaración Ministerial de Miami mientras que los demás países reafirmaron su compromiso, Venezuela reiteró su reserva en cuanto a la entrada en vigor del ALCA. En Octava Reunión Ministerial sobre Comercio, Declaración Ministerial, Miami, estados Unidos, 20 de noviembre 2003. en el 2005rlDeclara

[44] Celso Amorín: Comercio y Desarrollo: ¿ qué ALCA es posible?, Clarín, 1 de Agosto de 2003..

[45] “Un día antes, terminó la cumbre del ALCA con un acuerdo limitado”, Clarín, 21 de noviembre de 2003.. 

[46] “EE.UU. aceptó negociar subsidios a las exportaciones agrícolas”, en www.clarin.com,  miércoles 19 de noviembre de 2003.

[47] Redrado ratificó la alianza con Brasil”, Clarín, viernes 21 de noviembre de 2003, p. 9.

[48] Jacques Berthelot: Las tres aberraciones de las políticas agrícolas”, en Le Monde diplomatique.  Septiembre 2003.


Ponencia presentada en el Sexto Encuentro Internacional Humboldt. Villa Carlos Paz, Argentina. Setiembre de 2004.


Algunos de los cientos de artículos en venta o subasta en eGrupos.net
 
  • Equipo hifi marantz ( 900 EUR) 
     
  • Vendo Panera y mostrador de vidrio ( 350 ARS) 
     
  • Libro: "En las cenizas encontré la vida" ( 10 EUR) 
     ¿Tienes algo que deseas vender? ¿O comprar? ¿Quieres ver tu anuncio aquí, gratis? 
    ¡ Visita hoy mismo EGRUPOS.NET !